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Full text of "Palmas y ombńes, poesías"

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BIBLIOTECA   DE  AUTORES  URUGUAYOS 


PALMAS  Y  OMBÚES 

POESÍAS 

DE 

Alejandro    Magariños    Cervantes 

(Miembro  coircspondientc  de  la  R.  Academia  Españole) 


SEGUNDA    SERIE 


(  EDICIÓN     REVISADA  ,     CORREGIDA     T    ANOTADA    POR    EL    AUTOR ) 


MONTEVIDEO 

IMPRENTA     ELZEVIRIANA,     DE     C.     BECCHI 

97  —  Cerro  —  97 

1888 


...       -   -^ 


V  ■  i; 


£1  autor  se  reserva  sus  derechos  de  propiedad  , 
y  está  dispuesto  á  ejercitarlos  contra  el  que  reim- 
prima cualquiera  de  las  obras  que  le  pertenecen, 
sin  su  permiso. 


AL  QUE  LEA. 


En  cumplimiento  de  la  palabra  empeñada,  siguiendo  el  orden  y 
el  mismo  plan  adoptado  en  la  primera  serie  de  Palmas  y  Ombúes, 
enviamos  hoy  á  la  imprenta  los  originales  que  hemos  podido 
proporcionarnos,  pertenecientes  á  la  segunda  serie  de  la  colec- 
ción, que  tuvimos  que  dividir  en  dos  tomos  por  las  razones  con- 
signadas en  las  páginas  229-230  del  anterior  volumen. 

Pedimos  disculpa  por  la  tardanza  á  los  suscritores,  y  damos 
las  más  espresivas  gracias  á  los  que  en  la  prensa  y  fuera  de  ella, 
de  éste  y  del  otro  lado  del  Atlántico,  nos  han  dispensado  el 
honor  de  ocuparse  de  nuestro  último  libro  con  benevolencia  al 
autor  é  interés  por  las  letras  uruguayas,  que  mucho  les  agrade- 
cemos. 

Sin  insistir  sobre  lo  que  ya  hemos  dicho  á  propósito  de  comen- 
tarios y  glosas  en  el  tomo  primero  (pág.  298),  sin  perjuicio  de 
intercalar  oportunamente  en  el  cuerpo  del  volumen  algunos  pá- 
rrafos de  otros  poetas  y  escritores  de  nota,  entresacamos  de  los 
diversos  artículos  que  se  han  publicado,  y  damos  cabida,  por 
ser  escritores  extranjeros,  al  frente  de  esta  segunda  serie,  á  los 
que  pertenecen  á  don  Francisco  Gomes  de  Amorin,  ilustre  poe- 
ta y  literato  lusitano;  al  distinguido  escritor  ibero,  doctor  don 
Daniel  Granada,  versado  como  pocos  en  las  letras  españolas  y 
americanas,  ex-catedrático  de  literatura  en  el  Ateneo  del  Uru- 
guay,  y  al  reputado  publicista  don  José  A.  Rocha  Gallo,  ex-re- 
dactor  en  jefe  de  A  Patria,  órgano  de  la  numerosa  población 


AL  aUE  LEA 


brasilera  en  esta  República ;  espíritu  elevado  y  generoso  como  el 
doctor  Granada,  alma  y  corazón  de  fuego  como  Gomes  de 
Amorin. 

Prescindiendo  de  lo  que  nos  es  personal,  en  esos  artículos  en- 
contrará el  lector  algunas  observaciones  y  noticias  interesantes 
para  la  historia  literaria,  la  marcha  y  el  progreso  de  las  ideas  en 
esta  región  de  América. 

Séanos  permitido,  pues,  recordar  por  conclusión  un  incidente 
entre  periodistas  uruguayos  y  peninsulares,  ocurrido  en  Monte- 
video á  fines  de  1885. 

Interpelado  por  don  Jacinto  Albístur,  el  veterano  redactor 
de  El  SiglOy  que  en  la  defensa  de  las  instituciones  ha  conquis- 
tado títulos  al  aprecio  de  los  hijos  de  esta  tierra,  con  motivo 
de  una  polémica  en  que  se  negaba  á  los  extranjeros  el  derecho 
de  escribir  sobre  política  en  la  prensa  militante,  si  querían 
conservar  sus  inmunidades,  le  envié  como  la  mejor  respuesta 
tres  cartas  'que  acababa  de  recibir  de  España. 

Entre  otros  periódicos,  las  reprodujo  una  importante  Revista 
platina,  precedidas  de  algunas  consideraciones  que  tienen  estre- 
cha atingencia  con  el  tópico  que  dejamos  indicado. 

«Aunque  publicadas  ya  por  algunas  hojas  diarias,  paréceme 
bien  reproducir  en  estas  páginas  de  los  Anales  del  Ateneo 
del  Uruguay  y  las  tres  honoríficas  cartas  que  sigiíen,  dirigidas 
por  tres  eminencias  de  la  literatura  española  contemporánea,  al 
decano  afamado  de  las  letras  uruguayas.  Perdidas  en  el  fá- 
rrago inmenso  de  cosas  malas  y  buenas,  serias  y  fútiles,  ne- 
cias y  sensatas,  que  tienen  cabida  en  la  confección  de  un 
periódico  cotidiano,  pronto  serían  olvidadas  y  perdidas  qui- 
zás para  la  gloria  del  Parnaso  nacional.  Porque  refluye  verda- 
deramente en  honra  y  prez  de  la  literatura  oriental,  el  que  un 
bardo  uruguayo  reciba  de  jueces  tan  competentes  tan  lisonje- 
ros como  merecidos  elogios.  Y  será  también  una  satisfacción 
para  nuestro  ilustrado  colaborador  el  Dr.  D.  Luis  Melian  La- 
finur,  que  tan  discretamente  opinó  en  estos  Anales  acerca 
del  libro  Palmas  y  Ombúes,  el  ver,  por  así  decir,  ratificados 
sus  elogios  por  escritores  de  universal  renombre  cuales  son 
los  señores  Antonio  Cánovas  del  Castillo,  Gaspar  Nuñez  de 
Arce  y  Emilio  Castelar. 


AL  aUE  LEA 


Y  bueno  es,  además,  que  el  futuro  historiador  de  este  pe- 
ríodo de  la  literatura  uruguaya,  halle  á  la  mano,  en  un  pe- 
riódico de  la  naturaleza  del  presente,  aquellos  documentos 
que  puedan  servirle  de  luz  para  el  esclarecimiento  de  su  te- 
ma. Ni  á  nadie,  que  no  sea  profano  en  las  letras  puede  ocul- 
társele la  importancia  que  en  dicha  historia  tiene  el  cantor 
de  las  Brisas  del  Plata,  que  recorrió  tanto  y  tan  dilatado 
trecho  del  campo  de  las  Musas,  y  en  la  poesía  lírica  como 
en  la  dramática,  en  la  oratoria  parlamentaria  como  en  la  fo- 
rense, en  la  novela  como  en  la  crítica  histórica,  dejó  huellas 
indelebles  de  su  paso.  Admirado  ó  discutido,  con  arreglo  á 
los  cánones  del  buen  gusto  generalmente,  y  otras  veces  al 
través  de  los  lentes  empañados  de  las  pasiones  políticas,  su 
talento  es,  sin  embargo,  reconocido  de  todos;  y  no  es  indi- 
ferente para  nadie  el  que  á  ese  talento  se  rinda  un  testimonio 
tan  elocuente  como  autorizado,  cual  lo  es,  sin  duda  alguna,  el 
de  las  tres  cartas  cuya  reproducción  creemos  está  suficiente- 
mente justificada. — Luis  D,  Desteffanis^, 

Los  que  opinen  de  otro  modo,  pueden  correr  algunas  ho- 
jas y  pasar  por  alto  los  artículos  y  las  notas. 


Si  por  circunstancias  independientes  de  nuestra  voluntad  se 
dilatara  demasiado  la  impresión  del  tomo  completo,  lo  dividire- 
mos en  dos  entregas  encuadernadas,  sin  aumento  de  precio  para 
los  Sres.  suscritores,  en  el  importe  del  tomo,  sea  cual  fuere  el 
número  de  páginas  de  cada  una. 

Y  como  en  el  pecado,  aunque  cometido  por  fuerza  mayor,  lle- 
varemos la  penitencia,  según  la  intencionada  frase  de  un  inge- 
nioso colega,  séanos  permitido  por  conclusión  reproducir  al- 
gunas líneas  consagradas  á  los  reincidentes  en  esta  clase  de  de- 
litos literarios  por  uno  de  los  primeros  Diarios  de  Buenos  Aires. 

Si  son  exactas  nuestras  noticias,  el  autor  de  ellas  cojea  del 
mismo  pié,  y  es  evidente  que  no  debe  ser  mal  sastre  el  que 
tan  bien  conoce  el  paño. 


8  AL  Q.UE  LEA 


^En  estos  tiempos  de  positivismo  mercantil,  es  obra  digna 
de  admiración  y  aplauso  la  obra  de  nuestros  poetas,  pues  ellos, 
sin  aliciente  de  ningún  género,  por  impulso  propio,  conservan 
el  fuego  sacro  en  el  templo  de  Apolo ;  ó  por  mejor  decir,  cui- 
dan de  que  no  se  marchite  el  frondoso  laurel  del  Parnaso  uru- 
guayo. 

j  Noble  tarea,  y  cuan  pocos  perseveran  en  ella  I 

Algo  superior  á  todo  cálculo  arrastra  al  poeta  inspirado  y  le 
obliga  á  entonar  las  estrofas  que  bullen  en  su  mente.  Algo  supe- 
rior á  todo  cálculo,  porque  entre  nosotros  la  poesía  no  da  para 
vivir,  y  apenas  sí  con  ella  se  consigue  un  aplauso  que  en  breve 
apagan  otras  preocupaciones  más  prosaicas. 

Reincindir^  pues,  en  la  publicación  de  libros  poéticos,  acu- 
sa en  quien  lo  hace,  no  sólo  fuerza  de  voluntad,  sino  vocación 
incontrastable. 

Es  la  llamarada  que  arde  en  un  cerebro  inspirado  y  cuyos 
resplandores  no  pueden  ocultarse». — La  Prensa. 


Montevideo,  i.®  de  Enero  de  1888. 


A.  M.  C 


PALMAS    Y    OMBUES    <'> 


poesías 


De  Alejandro  Magariños  Cervantes 


I 


Emquanto  os  povos  europeus  de  todas  as  ra9as  luctan,  quasi 
sem  esperan9a^  entre  dois  oppostos  mares,  ambos  turvos  e  re- 
voltos, — um  que  os  leva  para  as  praias  inhóspitas  e  descon- 
soladoras da  duvida,  outra  para  as  do  fanatismo  feroz  e  in- 
transigente— uma  das  mais  jovens  na9oes  da  America,  em  todo 
o  esplendor  da  mocidade  da  alma  e  do  corpo,  canta,  coroa- 
da  de  palmas,  os  triumphos  dos  seus  martyres,  os  feitos  dos 
seus  héroes,  as  glorias  dos  seus  filhos  dilectos.  Vencedora  ñas 
guerras  da  independencia,  inspirando-se  no  amor  santo  da 
liberdade  e  do  direito,  ella  caminha  para  o  futuro,  cheia  de 
fé  en  Deus,  e  nos  altos  destinos  que  Ihe  promettem  as  suas 
cren^as. 

Que  valemos  nos,  com  as  nossas  philosophias  positivistas, 
os  nossos  naturalismos  e  realismos,  as  nossas  escolas  de  vas 
palavras,  sem  nexo  nem  sentido,  diante  de  uma  poesia  que 
se  inspira  quasi  exclusivamente  no  amor  da  patria,  e  cele- 
bra só  o  que  é  bello  é  grande  no  céu  é  na  térra?  Pobres 
pigmeus,  gafos  pelas  paixóesinhas ,  que  nos  atrophiam  o 
peito  I 

E  nao  nos  faltam  virtudes,  todavia.  Percorrendo  a  historia, 
achar-nos-hemos  em  grande  maioria,  nos,  os  da  ra9a  latina, 
em  todas  as  emprezas  que  honraram  a  humanidade.  Mas  cal- 
mos desde  muito,  por  indolencia  e  inercia,  no  culto  das 
coisas  pequeñas.  Deixamo-nos   influenciar  por  uma  das  duas 


(i)   Un   tomo  de  333  págs.   en  4.*  mayor. — Establecimiento  tipográfico  de 
la  Librería  Nacional  de  A.  Barreiro  y  Ramos.  — Montevideo,  1884. 


10  JUICIO    DE 


seitas  philosophicas  que  entre  si  disputam  a  posse  do  velho 
mundo;  e  nao  fazemos  quasi  nunca  o  que  queremos,  embora 
tambem  nem  sempre  fa9amos  o  que  de  nos  pretendem.  Dei- 
xamos  cair  no  chao  os  fructos  da  experiencia;  por  pregui9a 
de  os  apanharmos  maduros,  na  ancore,  comemol-os  podres, 
derrubados  pelo  vento  da  indiíferen9a  I  Adiamos  tudo  para  o 
dia  seguinte,  porque  o  nosso  ideal  único,  é  nao  fazer  nada. 

Ciumesinhos,  invejinhas,  odiosinhos,  tudo  na  Europa  é  pe- 
queño, mesquinho:  só  a  maledicencia  excede  a  craveira 
commum  I 

Temos  aínda  talentos  extraordinarios;  mas  deixamol-os  mo- 
rrer  esquecidos  e  ignorados,  em  lucta  com  as  difTicuItades  da 
vida :  se  algum  rompe  o  involucro,  e  se  mostra  en  toda  a  luz, 
deprimimol-o  ou  o  difamamos.  Falseamos  o  nosso  carácter, 
por  falta  de  vontade  e  de  energía.  Sabemos  amar  o  que  é 
bom;  mas  acceitamos  o  máu,  porque  nao  temos  animo  de  o 
repelir.  Preferimos  a  vírtude  ao  vicio,  e  toleramos  que  este 
nos  avassalle,  corrompendo-nos,  por  covardia  e  indecisáo! 

Nos,  portuguezes,  especialmente,  que  tantas  e  táo  gloriosas 
victorias  ganhámos  por  esses  mares  e  térras  descobertas,  que 
tivemos  sempre  grandes  poetas  para  cantal-as,  qual  foi  a  voz 
que  se  ergueu,  quando,  aínda  ha  pouco,  desembarcaram  em 
Lisboa  esses  beneméritos  da  sciencía  e  da  patria,  que  acaba- 
vam  de  atravesar  a  África?  Este  feito,  que  por  todos  os  mo- 
tivos era  digno  de  epopeia  nao  teve  o  poder  de  despertar  de 
seu  longo  e  pesado  somno  as  musas  que  inspiraram  Camoes, 
Vasco  Mousinho  Quevedo,  Francisco  de  Sá  de  Menezes,  Jero- 
nymo  Corte  Real,  e  tantos  outros  aínda  1. Que  significa  este  de- 
samor da  poesía,  n'uma  na^áo  que  tanto  primava  na  cultura 
d'ella,  senáo  a  consciencia  de  que  estamos  velhos,  e  o  receio 
de  que  nos  tomem  por  insensatos,  ouvindo-nos  os  cantares?! 
Tivemos  medo  de  tornar  pequeñas  as  grandes  ac95es  dos  no- 
ssos  africanos  illustres,  porque  se  nao  nos  morreu  de  todo  o 
engenho,  tornámol-o  amaneiradp.  Fizemo-nos  Romeus  de 
contrabando,  Petrarchas  das  duzías,  historiando  amorsinhos 
de  má  morte,  quando  nao  damos  a  preferencia  a  essas  descrip- 
95es  repugnantes,  hediondas  e  immundas,  imitadas  da  escola 
depravada  dos  Zolas  e  BaudfUaires. 


GOMES  DE  AMORIM  II 


II 


N'essa  joven  e  formosissima  térra  da  America,  para  onde 
o  meu  affecto  me  leva  a  cada  hora  o  pensamento,  a  poesía  é 
mais  visivel  e  mais  elevada,  porque  é  crente.  O  gosto  derran- 
cado  de  varrer  o  pó  dos  caminhos  com  a  fé,  que  fez  obrar  pro- 
digios a  nossos  paes,  é  ali  considerado  indigno  de  entrar  nos 
peitos  generosos,  que,  em  vez  de  rebaixar  o  nivel  moral  dos 
povos,  se  esfor9am  por  levantal-o  ás  maiores  eminencias  á  que 
pode  subir  o  sentimento.  Quanto  maior  é  lá  o  talento  do 
poeta,  mais  elle  senté  a  necessidade  d^  erguer  o  estro  que 
Deus  Ihe  deu  e  de  impregnar  todos  os  seus  cantos  de  perfu- 
mes, que  attraiam  as  naturezas  delicadas  para  as  aspira9oes 
do  bello. 

Alejandro  Magariños  Cervantes,  iniciador  da  poesia  nacio- 
nal em  ambas  as  margens  do  Rio  da  Prata,  é  a  mais  comple- 
ta personifica9áo  d^esta  verdade.  Nos  seus  livros  Horas  de 
Melancolía,  Brisas  del  Plata,  e  sobretudo  n*este  ultimo — 
Palmas  y  Ombúes  jamáis  obrigou  a  sua  nobre  e  elegante  mu- 
sa a  apparecer-nos  em  trajes  menores,  ou  a  dar  á  nossa  vista 
a  roupa  suja  ao  rol  da  lavadeira,  segundo  usam  na  Europa 
até  homens  de  incontestavel  merecimento. 

Nada  de  positivismos  e  de  realismos  obscenos,  que  attes- 
tam,  primeiro  que  tudo,  a  podridáo  que  devora  o  seio  dos 
escriptores;  nada  de  ideias  ou  de  palavras  que  nos  fa9am 
tingir  as  faces  de  vergonha,  se  alguem  nos  vé  o  livro  na  no- 
ssa estante.  Pelo  contrario:  a  leitura  de  Pahuas  y  Ombúes 
deve  aconselhar-se  á  mocidade,  para  Ihe  formar  o  cora9áo  e 
Ihe  robustecer  os  briosos  sentimentos,  do  amor  da  patria. 

Nao  se  baseia  n'essa  estéril  philosophia,  que  vendo  única- 
mente a  evolu9áo  em  tudo,  e  acreditando  só  na  transforma- 
9áo  successiva  da  materia,  nao  pode  deixar  de  ser  transitoria  ; 
inspira-se  n'aquell'outra,  immensamente  consoladora,  que  tem 
por  principios  á  fé  em  Deus,  a  moral,  a  justÍ9a,  e  o  direito, 
e  que,  por  tanto,  é  eterna,  como  o  Creador  divino,  de  cujas 
sublimes  fontes  emana. 


12  JUICIO   DE 


Segundo  a  bella  imagen  de  Pedro  Goyena,  «a  alma  do  poeta 
é  a  urna  que  encerra  os  dores  do  seu  seculo».  Os  misos  que 
transbordam  da  de  Magariños  Cervantes,  fazem  com  justificada 
causa,  as  delicias  dos  scus  contemporáneos.  O  apparecimento 
d'  esta  sua  ultima  obra  foi  saudado  no  Rio  da  Prata  como  uma 
nova  gloria  para  Montevideu.  Próximo  dos  sessenta  annos,  pro- 
vou  Magariños  Cervantes,  do  modo  mais  solemne  e  brilhante, 
que,  se  o  corpo  soffréra  um  pouco  os  achaques  da  idade,  nenhu- 
ma  das  potencias  do  seu  formosissimo  espirito  envelhecéra;  e 
que  as  suas  opinióes,  en  materias  de  arte  e  gosto,  bem  como 
as  suas  cren^as,  estavam  cada  vez  mais  arreigadas  e  ardentes. 

Na  lyra  do  grande  poeta  uruguayo  ha  cordas  que  afinam  em 
todos  os  tons,  como  viram  os  leitores  das  Melancolías  é 
das  Brisas  del  Plata:  mas,  com  quanto  se  encontrem  ainda 
n'este  livro  alguns,  posto  que  raros,  versos  consagrados  ás  recor- 
da9oes  amorosas  da  primeira  juventude,  predomina  aqui  a  musa 
austera  do  patriota,  lembrando  datas  celebres  e  merecedoras  de 
memoria  eterna. 

A*  redemp^áo  da  patria  associa-se  o  culto  da  liberdade  e  do 
progresso,  de  tudo  quanto  desperta  o  amor  davirtude  e  da  honra. 

Desde  a  primeira  até  á  ultima  pagina,  é  uma  sementeira  de 
ideias  generosas,  grandes,  bellas,  que  predispóem  as  almas  para 
o  bem,  o  verdadeiro  e  o  justo. 

A  sua  concep9ao  attesta  ao  mesmo  tempo  ter  sido  escripto 
por  um  pensador,  um  philosopho  digno  de  ser  amado,  e  a  vita- 
lidade  e  for^a  da  na9áo  onde  foi  concebido. 


III 


Dedicou  o  dAxciox  Palmas  y  Ombúes  a  sua  mulher;  porque 
n'aquelle  paiz  de  tantas  maravilhas,  ha  tambem  ainda  a  do  mari- 
do nao  parecer  ridiculo,  ousando  fazer  d'  estas  dedicatorias. 

—  E  termina  com  estes  formosos  pensamentos: 


«Alzélo  para  tí,  mi  compañera 
En  la  hora  del  dolor  y  la  alegría, 


GOMES  DE  AMÜRIN  I3 


Mi  tesoro  en  el  mundo  más  precioso, 
Tu  nombre  entrelazando  con  el  mió, 
Para  que  viva  ó  muera 
Con  el  olvido  ó  gloria  de  tu  esposo! 

Recoge  tú  mi  postrimer  suspiro, 
Y  sea  para  tí  mi  último  canto  I 

A  pagina  6  sob  o  titulo  de  Palmas  y  Onibúcs  (Proemio),  en- 
contra-se  urna  das  mais  bellas  composÍ95es  que  encerra  este 
livro  admiravel.  Peza-me  nao  poder  dar  aqui  senáo  pequeñas 
mostras  d'ella.  E*  profundamente  religiosa,  e  dá-nos  a  mais 
alta  ideia  das  qualidades  poéticas  e  moraes  de  quem  a  escreveu. 
Assim  é  que  é  ser  poeta  I 

«¿Y  hay  cielo  en  realidad?. .  .  Será  aire  vano 
Como  pretende  la  orgullosa  ciencia? . . . 
Fuerza  y  materia  .  . . .  hé  ahí  todo  el  arcano 
Qué  al  fin  descifrará  la  inteligencia  ? 

Los  adoif  dos  seres  que  la  ingrata 

Parca  nos  robó  fiera,  nunca,  nunca 

Tomaremos  á  ver? . . .  Dó  se  reata 

El  lazo  que  una  vez  la  muerte  trunca  ?  .    .   .  . 


Verdad,  justicia,  libertad,  belleza. 

Sin  sombra  y  sin  ocaso  ¿  el  alma  dónde 

Podrá  admirar  en  toda  su  pureza 

El  principio  inmortal  que  en  sí  os  esconde  ? 


Arriba  corazones ! 
La  vida  poco  vale, 


14  JUICIO    DE 


Si  en  indignas  prisiones 
Perdemos,  raza  espúrea, 
Valor,  virtud,  y  fé: 
El  despotismo,  el  vicio, 
El  desaliento,  el  tedio, 
En  hondo  precipicio 
Sobre  las  frentes  reprobas 
Estamparán  el  pié! 

Vejam-se  as  tres  ultimas  estrophes,  porque  é  impossivel  trans- 
crever  tudo. 


«América  altanera, 
Al  mal  nunca  te  humilles. 
Ni  arrolles  tu  bandera. 
Republicano  lábaro 
De  honor  y  libertad. 
Tu  sed  ardiente  sacia 
En  el  raudal  purísimo 
De  santa  democracia. 
Que  libre  reconcilia 
En  Dios  la  humanidad! 

Erguida,  noble  palma. 
Cuando  el  dolor  me  postre. 
Aliento  dá  á  mi  alma, 
Lumbre  á  la  mente  lóbrega. 
Vigor  al  corazón: 
Cual  tromba  de  aquilones 
Sacude  tu  penacho, 
Y  á  sus  potentes  sones 
Que  el  eco  sea  mi  cítara 
De  mi  generación! 

Que  se  alzen  los  que  tienen 
El  porvenir  delante, 


GOMES  DE  AMORIM  1 5 


Y  á  reemplazarnos  vienen, 
Cual  la  columna  ígnea 

Y  el  vengador  Querub : 
Mostrando  á  la  abatida 
Grey,  de  salud  la  senda. 
La  tierra  prometida, 

Las  tablas  del  Decálogo. . . 
Arriba,  juventud! 


IV 


Que  versos  para  os  nossos  republicanos,  que  nao  admitten  De- 
us  na  sua  república,  e  até  para  tantos  monarchistas  que  nao  ere- 
em  n'Elle  nem  no  diabol 

Que  lÍ9áo  para  todos  os  que  excluem  Deus  da  sua  política  e  da 
sua  litteratura,  que  o  obrigam  a  desamparar  a  Europa  entregan- 
do-a á  loucura  que  a  ha  de  perder,  para  ir  refugiarse  na  Ame- 
rica entre  essas  mesmas  palmas,  queoutr'ora  coroaram  as  fron- 
tes de  seus  martyres  I 

Da  pega  La  sombra  de  la  luí  destaco  esta  ultima  estrophe. 

c< —  En  lü  batalla  de  la  vida  ondea 

Ya  victorioso  tu  pendón  ;  oh  vate ! 

Y  el  tumulto  y  el  polvo  del  combate 

Arrancan  un  gemido  á  tu  laúd? 

La  humana  criatura  sólo  es  grande 

Por  la  lucha,  el  dolor,  el  sentimiento. ... 

Quien  eleva  hasta  Dios  el  pensamiento 

Comprende  PORauE  hay  sombra  en  toda  luz. 

• 

A  allianfa  indissoluvel  da  ideia  de  Deus  com  a  da  liberdade 
moderna  é  o  que  profundamente  caracterisa  o  genio  poético  de 
Magariños  Cervantes;  o  que  Ihe  dá  logar  preeminente,  e  o  assig- 
nala  como  a  individualidade  mais  poderosa  na  litteratura  do  Rio 
da  Prata. 


l6  JUICIO   DE 


Colon  y  el  nuevo  mundo,  composÍ9áo  formosissima,  em  que 
o  héroe  nos  apparece  coroado  pelas  grinaldas  florentes  das 
térras  que  descobriu;  Fibras  vitales  y  preciosa  joia,  que  termina: 

<L<La  redención  es  la  lucha, 

Y  el  que  lucha  con  fé,  vence!»: 

Educar  es  redimir,  thesouro  de  philosophia,  superior  a  todo 
o  elogio,  onde  se  léem  versos  d'estes: 

«Juventud  de  mi  patria!  nunca  vuelvas 
A  buscar  en  los  campos  de  matanza. 
Con  el  hierro  sangriento  de  la  lanza, 
Al  rayo  fratricida  del  cañón. 
La  grave  solución  de  tus  problemas.  .  .  . 
No  se  desata  el  nudo  con  un  tajo: 
Lo  desata  el  estudio  y  el  trabajo. 
La  fé  en  la  libertad  y  en  la  razón.» 

Querer  es  poder,  em  que  o  pensamento  de  Magariños  Cer- 
vantes se  encontra  com  o  de  Garrett,  na  Victoria  da  Villa  da 
Praia : 

«En  la  embriaguez  del  triumfo  encarnizados. 
No  manchemos  después  nuestros  laureles; 
Piedad  con  los  que  ilusos  ó  arrastrados 
Por  la  fuerza,  á  la  Patria  son  infieles! 
Entonces  si  en  el  polvo  los  miramos. 
Abriendo  nuestros  brazos  fraternales. 
Con  el  llanto  en  los  ojos  repitamos: 
Hermanos  somos,  todos  orientales!» 


E  vos,  illusas  victimas 
Da  tyrannia  pérfida, 
Vinde,  acolhei-vos  ao  amparo  amigo 
Da  bandeira  leal. 


GOMES  DE  AMORIM  I7 


Vencidos,  vencedores,  abracados, 
Todos  triumpham  na  ganhada  gloria; 
Da  mesma  causa  todos  sao  soldados, 
E  unidos  cantam  a  commum  victoria»,  (i) 

En  la  Cumbre,  considerada  pelos  poetas  de  ambas  as  margens 
do  Prata  como  urna  das  melhores  produ95es  de  Magariños  Cer- 
vantes; Al  ángel  de  mi gnarda^  cheia  de  sublimes  pensamentos; 
a  excellente  nota  (16)  sobre  a  pe9a  Sin  piedra  ni  palo,  intitulada 
La  ontra  vida;  e  muitas  outras,  além  das  citadas  anteriormente: 
—  quasi  todas  as  composÍ95es  d'este  livro,  emfim,  —  attestam  o 
mais  sincero  espiritualismo  :  accentúam  profundamente  as  cren- 
9as  do  auctor  acerca  da  immortalidade  da  alma  e  dos  futu- 
ros destinos   da  humanidade. 

E,  repito,  livro  bom  e  saudavel,  que  faz  bem  ao  corpo  e 
ao  espirito;  que  nos  eleva  ácima  de  todos  os  cálculos  e  con- 
bina9des  materialistas. 

Lendo-o,  sentimos  Deus  encher-nos  o  cora9áo;  fazemos-nos 
melhores  do  que  somos;  aspiramos  con  mais  vehemencia  a 
urna  existencia  superior,  e  menos  imperfeita. 

E  note-se  que  Palmas  y  Ombi'tes  nao  é  únicamente  uma 
obra  en  que  abunda  a  originalidade  e  a  riqueza  e  elegancia 
da  linguagem  castelhana,  alliadas  ás  bellas  imagens  e  a  versi- 
fica9áo  melodiosa  de  um  mestre:  e  tamben  un  excellente 
modelo   de  esthetica. 

Na  immensa  variedade  das  notas  que  a  illustram,  ha  mui- 
ta  e  proveitosa  lÍ9áo  para  os  estudiosos;  muitas  opinióes  dos 
mais  notaveis  escriptores  sobre  a  ideia,  o  sentimiento  e  a 
forma. 

Confesso  ingenuamente  a  admira9áo  que  de  mim  se  apo- 
•déra  á  vista  d'essas  notas.  Todos  aquelles  homens  foran  mais 
ou  menos  defensores  da  independencia  e  da  liberdade  das 
suas  respectivas  patrias,  tanto  bn  Montevideu  como  em  Bue- 
nos Ayres;  e  quer  uns  quer  outros,  poetas  ou  literatos,  ge- 
neraes  ou  soldados,  todos  sao   eloquentes,   no  campo  ou  na 


(1)   Garrett,  Flores  scm  f rucio ,  pag.  123,  134,  edi?.  1874. 


l8  JUICIO    DE 


tribuna;  fallam  como  Leónidas,  com  grande  despreso  da  vida, 
com  a  mais  nitida  consciencia  do  dever  e  da  honra !  A  virtu- 
dc,  n'elles,  é  tradicional;  tem  o  que  quer  que  seja  de  trágica 
c  de  fatal,  como  um  destino!  Desde  o  chefe  supremo  da  Ye- 
publica  até  ao  menos  graduado  subalterno,  todos  revelam  a 
mesma  eloquencia  soberana  para  defender  a  patria;  todos  váo 
impellidos  por  un  sópro  ardente  de  enthusiasmo  para  o  ca- 
mino que  pode  conduzir  a  immortalidade! 


Tao  vivas  e  profundas  sao  as  impressóes  que  se  recebem 
conr  a  leitura  d'este  livro,  d'estes  cantos  heroicos  e  briosos, 
onde  palpita,  altivo  e  indomavel,  o  amor  da  independencia  e 
da  liberdade,  que  nos  acódem  á  memoria  as  batalhas  terriveis 
que  por  toda  a  America  hispanhola  se  pelejaram  contra  os 
que  lá  chamavam  opressores  e  inimigos.  Lembra,  involunta- 
riamente, a  proclama9áo  de  Bolivar  victorioso,  exclamando: 
^< Faltan  ya  enemigos  á  Colombia?  No  hay  más  españoles  en 
el  mundo  ?>> 

E  ess'outra  guerra,  nao  menos  tremenda,  de  Peruvianos  e 
Chilenos;  esses  formidaveis  combates  navaes,  merecedores  de 
sorem  cantados  por  Camóes,  que  já  tinha  descripto  outros  si- 
mil  hantes,  na  térra : 

'xDeu  signal  a  trombeta  castelhana, 

9 

Horrendo,  fero,  ingente,  e  temeroso: 
Ouvio-o  o  monte  Artabro,  e  o  Guadiana 
Atraz  tornou  as  ondas,  de  medroso; 
Ouviu-o  o  Douro,  e  a  térra  Transtagana; 
Corren  ao  mar  o  Tejo  duvidoso: 
E  as  máes,  que  o  som  terrivcl  escutaram, 
Aos  peitos  os  íilhinhos  apertaram»  (i). 


(i)    Camocs,  LnsiadaSf  C.  IV.  E.  XXVIII. 


GOMES  DE  AMORIM  I9 


E  a  defeza  heroica  de  López,  tyranno  detestavel  e  detesta- 
do, mas  perante  o  valor  e  intrepidez  do  cual,  a  lembran^a  das 
suas  crueldades  cede  o  logar  á  admira9áo  e  ao  espanto.  E  o 
proprio  Rosas,  sanguinario  abutre,  que  se  comprazia  no  mor- 
ticinio de  seus  irmáos,  acaso  nao  mostrou  igualmente  cora^áo 
da  tempera  do  a9o,  que  Ihe  teria  dado  verdadeira  estatura  de 
gigante,  se  em  vez  de  deixar-se  inspirar  pelo  genio  do  mal, 
seguisse  os  passos  do  anjo  divino  da  sua  guarda?! 

A  poesia  de  Magariños  Cervantes,  avivando  a  recorda9áo 
de  tantos  factos  históricos,  da  gloriosa  defeza  de  Montevideu, 
das  luctas  e  sacrificios  em  que  tantos  martyres  pagaram  com 
a  vida  a  regenera^áo  politica  da  sua  térra,  tem  um  carácter  de 
grandeza  épica  a  que  só  podem  compararse  composi^óes  de 
egual  natureza,  como,  por  exemplo,  a  Victoria  da  Villa  da 
Praia,  de  Garret;  Ave,  Cesar,  de  Mendes  Leal;  All' Italia, 
de  Leopardi ;  O  coro,  de  Caramagnola,  de  Manzoni ;  ou  Lo 
cant  dé  la  Victoria,  em  catalán,  do  meu  excellente  amigo 
D.  Victor  Balaguer: 

«Sí,  querer  es  poder,  el  alma  humana 
Todo  en  la  tierra  con  la  fé  domina 

Y  ni  el  mismo  cadalso  la  amilana : 
Al  sacrificio  intrépida  camina 

Sin  más  escudo  que  su  fe  cristiana, 

Y  ni  aún  para  morir  la  frente  inclina 

Bajo  el  hacha  fatal su  pié  en  el  suelo 

Toca  el  cadalso,  su  mirada  el  cielo  1 

Al  pavoroso  golpe  del  verdugo. 

Saltará  dividida  la  cabeza, 

Que  doblarse  no  quiso  al  torpe  yugo. 

Ni  ceder  al  dolor  y  la  tristeza 

Con  que  probar  su  temple  al  hado  plugo  ; 

Mas  vestida  de  luz  y  fortaleza, 

Libre  y  serena  volará  su  alma. 

Del  sumo  Juez  á  recibir  la  palma  I » 


20  JUICIO    DE 


Morre,  mas  nao  se  curva  senáo  a  Deus.  Tal  é  o  pensar  e 
o  sentir  d*essa  ra9a  altiva  de  poetas  montevideanos,  symboli- 
zada  pelo  autor  de  Palmas  y  Ombúes.  Que  elles  cantem, 
pois,  sempre,  com  a  mesma  f é  e  o  mesmo  amor!  E  oxalá 
que  a  su  voz  nao  tenha  d'ora  em  diante  que  celebrar  senáo 
as  victorias  incruentas  do  progresso !  Possam  as  conquistas 
pacificas  da  civilisa9áo  entrar  n*essas  regióes  aben^oadas,  sem 
o  cortejo  de  vicios  e  de  crimes,  que  arruinaram  o  velho  mundo  I 
E  possamos  nos,  tamben,  regenerar-nos,  inspirados  por  essa 
poesia  salutar  e  benéfica,  com  que  a  America,  nossa  filha, 
vem  piedosamente  acalentar  o  ber^o  da  nossa  segunda  in- 
fancia ! 


Cintra,  27  de  Setembro  de  1885. 


Francisco  Gomes  de  Amorim. 


ANTECEDENTES 


EN  EL  BIO  DE  LA  PLATA  (i) 


I 


CULTURA    DE    AMÉRICA,    Y    EN   ESPECIAL    DEL    RIO    DE    LA    PLATA, 

DURANTE    EL    PERÍODO    COLONIAL. 

Es  creencia  vulgar,  propagada  por  escritores  que  han  gozado 
de  merecida  reputación  y  fama  por  sus  luces  y  posición  política, 
que  España  tenía  sepultados  en  las  tinieblas  de  la  ignorancia  á 
los  pueblos  de  América  sujetos  á  su  dominio.  El  Repertorio 
AmericafiOf  publicación  altamente  acreditada  por  la  erudición 
y  nombradía  de  sus  autores,  y  que  veía  la  luz  en  Londres  cuando 
las  colonias  hispano-americanas,  recien  emancipadas  de  la  Me- 
trópoli, trabajaban  por  constituir  definitivamente  su  nuevo 
modo  de  existencia  política,  estampaba  en  sus  páginas  como  ex- 
presión de  la  verdad  histórica,  los  siguientes  conceptos:  «Mas 
no  bastaba  privar  á  los  americanos  de  la  libertad  de  acción,  sino 
se  les  privaba  también  de  la  del  pensamiento.  Persuadidos  los 
dominadores  de  la  parte  más  hermosa  y  más  considerable  del 
Nuevo  Mundo,  de  que  nada  era  tan  peligroso  para  ellos  como 
dejar  desenvolver  la  mente,  pretendieron  mantenerla  encade- 
nada, desviándonos  de  la  verdadera  senda  que  guía  á  la  ciencia 
menospreciando  y  aun  persiguiendo  á  los  que  la  cultivaban». 
Después  de  referir  el  modo  con  que  se  dispensaba  la  enseñanza 


( I )  La  reciente  publicación  del  libro  Palmas  y  Ombues,  nos  ha  sugerido 
la  idea  de  emprender  el  presente  trabajo,  que  dedicamos  al  erudito  histo- 
riador y   sabio  agrónomo,  Dr.    don    Domingo   Ordoñana. — D.  G. 


22  ESTUDIO   DE 


á  los  hijos  del  habitante  de  América  en  las  escuelas  de  prime- 
ras letras,  agrega:  <í:De  ahí  pasaban  á  los  estudios,  conventos  y 
demás  establecimientos  de  enseñanza,  ó  á  los  colegios  y  uni- 
versidades, en  las  pocas  ciudades  donde  los  había.  Eran,  em- 
pero, semejantes  establecimientos  un  monumento  de  imbecili- 
dad», etc.  Más  adelante  afirma:  «En  Buenos  Aires,  á  pesar 
de  que  había  Audiencia,  no  se  permitió  nunca  establecer  una 
academia  teórico-práctica  de  leyes,  como  la  había  en  Chuqui- 
saca :  tampoco  se  le  concedió,  en  medio  de  repetidas  instan- 
cias, fundar  una  Universidad».  Semejantes  imputaciones,  que 
pudieran  ser  uno  de  tantos  anatemas  como  en  la  época  de  la 
emancipación  se  fulminaron  contra  España,  enardecidas  las  pa- 
siones por  la  sangrienta  lucha  que  entonces  se  produjo,  se 
han  venido  repitiendo  sucesivamente  hasta  el  día  por  escri- 
tores de  nota,  menos  justos  é  imparciales  que  otros  de  sus 
coetáneos.  Pero  examinadas  las  cosas  á  la  luz  de  la  verdad 
histórica,  pronto  se  advierte  la  falta  de  fundamento  de  tan 
duros  fallos  condenatorios. 

El  descubrimiento  y  población  de  las  Indias  Occidentales, 
como  entonces  se  decía,  coincidió  con  el  florecimiento  de  las 
Universidades  españolas,  que  en  el  siglo  décimo-sexto  alcanza- 
ron un  esplendor  tal  que  á  algunas  de  ellas  les  dio  fama  por  el 
mundo.  España  comunicaba  naturalmente  á  América  el  espíritu 
de  cultura  que  en  su  propio  seno  se  difundía.  La  historia  lo 
acredita.  Luego  que  las  circunstancias  de  la  conquista  permi- 
tían constituirse  de  un  modo  estable  á  las  colonias  que,  en 
medio  de  vicisitudes  azarosas,  se  iban  estableciendo  en  Amé- 
rica, la  enseñanza,  no  ya  de  primeras  letras,  sino  de  los  estu- 
dios mayores,  era  promovida  por  los  colonos  ó  por  sujetos  de 
calidad,  secundada  por  las  autoridades  inmediatas  y  autoriza- 
da por  los  Monarcas.  Otras  veces  el  impulso  procedía  de 
aquellas  autoridades  y  aun  de  la  Metrópoli.  Esto  sucedió  en 
todas  épocas,  desde  los  primeros  pasos  de  la  conquista  hasta 
el  momento  mismo  de  la  emancipación  de  las  colonias.  Así 
Méjico,  Lima,  Quito,  el  Cuzco,  Chile,  Chuquisaca  y  Córdo- 
ba, tuvieron  excelentes  universidades  y  colegios.  Por  cédula 
de  Carlos  111  se  mandó  asimismo  instituir  una  en  Buenos 
Aires. 


EL  DR.  GRANADA  23 


Méjico,  que  por  la  prioridad  de  su  conquista  y  mayor  pro- 
ximidad á  la  Metrópoli,  pudo  recibir  más  inmediatamente  que 
otras  partes  de  América  los  efectos  de  la  nueva  civilización 
que  Colon  importó  el  primero  á  las  recien  descubiertas  tierras, 
vio  florecer  en  su  seno,  pasada  la  primera  mitad  del  décimo- 
sexto  siglo,  una  de  las  más  insignes  universidades  de  los  tiem- 
pos modernos.  Erigióla  el  emperador  Carlos  V  por  cédula  de 
21  de  Setiembre  de  1551.  La  mayor  parte  de  los  estudios  que 
se  enseñaban  en  las  famosas  universidades  de  Salamanca,  Paris, 
Bolonia  y  Oxford,  eran  también  allí  enseñados  por  maestros 
sapientísimos.  «Poco  á  poco  fueron  creciendo  estas  cátedras, 
dice  el  eximio  escritor  don  Luis  Fernández  Guerra,  refirién- 
dose á  aquella  universidad,  hasta  venirse  á  contar  cinco  de 
Teología,  una  de  Disciplina  Eclesiástica,  siete  de  Jurispru- 
dencia. Canónica  y  Civil,  cinco  de  Medicina,  dos  de  Filo- 
sofía, una  de  Matemáticas,  otra  de  Retórica,  y  dos  de  lenguas 
mejicana  y  otomí.  Logró  reunir  su  claustro  insigne  más 
de  doscientos  doctores;  mientras  para  los  cursos,  matrículas 
y  grados  veía  sujetos  á  sí  aquel  emporio  de  las  letras  nu- 
merosos colegios  en  la  capital,  y  nueve  seminarios  de  ciu- 
dades sufragáneas.  De  él  salieron,  por  último,  cien  obispos, 
otros  tantos  consejeros  reales,  y  no  se  pueden  reducir  á  nú- 
mero los  varones  eminentes  para  todas  las  carreras  del  Estado ;• 
(2).  Testimonio  elocuente,  negado  á  toda  otra  nación  con- 
quistadora, del  generoso  celo  con  que  los  colonizadores  espa- 
ñoles se  empeñaron  en  formar  de  las  Indias  Occidentales  una 
segunda  patria,  no  menos  culta  que  la  nativa. 

Al  fijar  la  consideración,  conforme  á  nuestro  propósito,  en 
las  antiguas  provincias  del  Río  de  la  Plata,  conviene  advertir 
que  se  han  encontrado  en  un  caso  muy  distinto  que  Méjico  y 
el  Perú.  Aparte  de  las  trabajosas  vicisitudes  en  que  los  colo- 
nizadores de  las  vastas  regiones  descubiertas  por  Solis  y  Ga- 
boto  estuvieron  envueltos  sin  descanso  con  las  tribus  de  indios 
que,  como  los  charrúas  y  guaranís,  se  mostraban  indomables, 
á  diferencia  de  las  que  menos  feroces  se  fueron  sometiendo  al 
imperio  de    la  vida   civil,   concurrían    causas  excepcionales   á 


(2)     Don  Juan  Ruíz  de  Alarcon  y  Mendoza. 


24  ESTUDIO  DE 


dificultar  un  movimiento  progresivo,  más  acelerado  que  el  que 
se  produjo  en  aquellas  provincias.  Los  países  del  Río  de  la 
Plata  y  Paraguay,  mientras  formaron  parte  del  virreinato  del 
Peni,  no  llegaron  á  adquirir  una  regular,  aunque  todavía 
muy  deficiente  y  precaria  organización,  hasta  que  Hernan- 
do Arias  de  Saavedra  promovió  y  obtuvo  de  la  real  Coro- 
na la  división  de  tan  vasto  territorio  en  las  provincias,  bajo 
el  mando  de  sus  respectivos  gobernadores  con  asiento  en 
la  Asunción  y  en  Buenos  Aires.  Por  entonces  (primer  tercio 
del  décimo-séptimo  siglo)  comenzaron  las  depredaciones  de 
los  Paulistas,  toleradas  cautelosamente  por  los  portugueses  es- 
tablecidos en  el  Brasil,  y  las  usurpaciones  de  territorio  con  que 
éstos,  en  Río  Grande  y  la  Banda  Oriental  del  Uruguay,  in- 
quietaron sin  cesar  á  los  españoles.  La  continua  alarma  en  que 
vivían  no  tuvo  término  hasta  que  el  primer  virrey  del  Río  de 
la  Plata,  don  Pedro  Zevallos  (año  de  1777)  arrojó  á  los  portu- 
gueses del  suelo  que  hoy  forma  la  República  Oriental  del 
Uruguay,  siendo  detenido  en  la  carrera  de  sus  triunfos,  cuan- 
do se  encaminaba  á  Río  Grande,  por  despachos  de  la  Corte 
de  Madrid  que  le  comunicaban  la  suspensión  de  hostilidades 
concertada  con  Portugal. 

Tan  frecuentes  é  inopinadas  habían  sido  en  todo  tiempo,  du- 
rante casi  dos  centurias,  aquellas  invasiones,  que  aun  en  me- 
dio de  la  paz  y  á  pesar  de  las  más  formales  protestas  de  buena 
armonía  y  correspondencia,  distraían  seriamente  la  atención 
de  las  autoridades.  El  gobernador  don  Francisco  de  Bucareli, 
en  memoria  dirigida  á  su  sucesor  don  Juan  José  de  Vertiz, 
año  de  1770,  se  expresaba  en  estos  términos:  «Aunque  las 
órdenes  de  la  Corte  en  el  estado  presente,  del  de  Londres  y 
Portugal  y  el  de  esta  provincia,  indican  el  evidente  claro  co- 
nocimiento de  la  amigable  unión,  buena  armonía  y  correspon- 
dencia que  mutuamente  se  observa,  importa  mucho  desconfiar 
y  prevenirse  para  resistir  con  vigor  cualquier  insulto ,  porque 
el  artificio  y  astucia  con  que  proceden  los  portugueses,  han  he- 
cho, indispensablemente,  precisar  en  todo  tiempo  estas  pre- 
cauciones, y  por  la  misma  razón  se  halla  la  mayor  parte  de 
nuestras  fuerzas  en  la  Colonia,  islas  de  Martín  García  y  Dos 
Hermanos,  Montevideo,  Maldonado,  Santa  Teresa,  San  Miguel 


EL  DR.  GRANADA  25 


y  demás  puertos  de  la  banda  del  Río  de  la  Plata,  y  los  del  Río 
Grande»  {}), 

Dejamos  insinuado  que  si  bien  la  división  gubernativa  pro- 
puesta por  Hernando  Arias  de  Saavedra  trajo  consigo  una  me- 
jora de  mucha  importancia,  todavía  el  complexo  de  la  adminis- 
tración general,  distribuida,  según  el  sistema  de  los  monarcas 
españoles,  en  diversas  ramas  independientes  entre  sí,  presen- 
taba dificultades  y  defectos  poderosos  á  entorpecer  la  prospe- 
ridad de  las  provincias  del  Plata.  Basta  recordar,  en  efecto,  que 
la  Audiencia  de  Charcas  se  hallaba  á  una  distancia  considerable 
de  estas  comarcas  que  de  ella  dependían:  que  la  de  Buenos 
Aires,  con  jurisdicción  en  las  provincias  del  Río  de  1^  Plata, 
Paraguay  y  Tucuman,  se  instituyó  pasada  la  primera  mitad  del 
décimo-séptimo  siglo,  atendiendo,  decía  Felipe  IV,  entre  otras 
justas  causas  y  consideraciones,  al  bien  de  Jos  vecinos  de  las  di- 
chas  provincias  y  por  lo  que  deseo  el  lustre  y  ploblacion  de  ellas; 
y  que  la  creación  del  virreinato  del  Río  de  la  Plata,  Paraguay, 
etc.,  data  del  año  1776.  Sólo  desde  esta  época  vinieron  á  que- 
dar equiparadas  á  Méjico  y  el  Perú  las  mencionadas  provincias 
disfrutando  los  beneficios  de  una  gobernación  expedita,  en 
cuanto  era  posible  entonces  y  lo  permitían  las  leyes  de  Indias. 

Con  todo,  la  instrucción  de  la  juventud,  á  que  siempre  es- 
tuvieron atentos,  como  queda  indicado,  los  colono^  de  Amé- 
rica, y  en  especial  los  regulares  de  la  Compañía  de  Jesús,  que  se 
distinguían  por  su  evangélica  solicitud,  perseverancia  y  sabidu- 
ría, hizo  señalados  progresos  en  las  provincias  de  que  veni- 
mos hablando.  No  puede  desconocerse,  por  otro  lado,  á 
vista  de  los  documentos  oficiales  que  lo  testifican,  que  los 
Gobernadores  y  Virreyes  y  particularmente  los  Monarcas, 
prestaban  un  eficaz  apoyo  á  los  Estudios  generales  cuando 
se  les  representaba  la  conveniencia  ú  oportunidad  de  erigirlos . 
Que  velaban  por  ilustrar  la  geografía  é  historia  del  Nuevo 
Mundo,  lo  acredita  bien  la  cédula  expedida  por  Felipe  II 
para  que  se  observase  el  eclipse  de  luna  que  debía  haber 
por  el  mes  de  Julio  de  158 1  á  fin  de  tomar  las  verdaderas 
alturas  de  las  provincias  del  Río  de  la  Plata  y    averiguar  con 


(3)  Rev.  de  la  Bibl.  Públ.  de  Buenos  Aires,  por  don  Manuel  Ricardo  Trelles. 


26  ESTUDIO  DE 


precisión  su  longitud  y  distancia  del  reino,  según  cumplía  se 
consignase  en  las  cartas  geográficas,  ordenando  asimismo  que 
se  reconociesen  y  recogiesen  los  documentos  y  papeles  á 
propósito  para  la  historia  de  dichas  provincias,  con  encargo 
de  proceder  en  ello  con  mucho  cuidado,  solicitud  y  diligen- 
cia: cédula  inserta  en  la  importante  Revista  del  Archivo  Gene- 
ral de  Buenos  Aires,  í\xnázá2i  bajo  la  protección  del  Gobierno 
de  la  provincia,  por  el  erudito  y  diligente  historiador  don  Ma- 
nuel Ricardo  Trelles.  Son  dignos  de  mención  los  conceptos 
que  al  escritor  nombrado  le  ha  sugerido  la  cédula.  ^íNo  pue- 
de negarse,  dice,  que  los  Monarcas  españoles  pusieron  bas- 
tante empeño  en  conservar  la  memoria  de  los  sucesos  que  se 
producían  en  sus  dominios  de  Indias,  reconociendo  la  nece- 
sidad de  una  historia  basada  en  el  más  exacto  conocimiento 
de  los  hechos,  para  que  de  lo  pasado  se  pueda  tomar  ejem- 
pío  en  lo  futuro,  como  dice  la  ley.  Del  mismo  modo  pro- 
cedieron respecto  de  la  Geografía  y  de  la  Historia  natural 
de  sus   colonias//. 

Considerando  las  instituciones  docentes  de  América  bajo  el 
dominio  de  la  Metrópoli,  á  la  luz  de  los  principios  que  la 
sana  crítica  prescribe  para  el  estudio  y  exacto  conosimiento  de 
la  historia,  fuerza  será  reconocer  que  en  el  particular  se  hizo 
cuanto  racionalmente  era  entonces  posible.  Ya  á  principios  del 
décimo-séptimo  siglo,  por  iniciativa  y  generoso  desprendi- 
miendo  del  obispo  de  Tucuman,  don  Fray  Fernando  de  Trejo 
y  Sanabria,  se  fundaron  en  Córdoba  y  Santiago  del  Estero 
colegios-seminarios,  en  los  cuales  se  debían  leer  por  religio- 
sos doctos  todas  ciencias,  según  se  explica  el  obispo  en  peti- 
ción al  Gobernador  don  Luis  de  Quiñones  Osorio,  para  que 
le  hiciese  merced  de  las  tierras  necesarias  al  establecimiento 
de  los  Padres  Jesuítas,  á  cuvo  careo  estaban  los  estudios  v 
demás  fines  de  la  Institución  (4^.  El  Colegio  de  Córdoba,  lla- 
mado de  Loreto,  fué  aprobado  por  cédula  de  Felipe  111.  fecha 
el  25  de  Julio  de  lOoo.  Dióle  fomento  el  Or.  1).  Julián  de  Cor- 
tazar,  su  inmediato  sucesor  en  la  silla,  /^ersona  de  grandes  le- 
tras, dice  el  P.    Lozano,  jue  ons/aba,  cuando  se  lo  pertnitian 


(4)     En  la  Rcv.  de  Trcllcs  cslá  inserta  la  peiicuMi. 


EL  DR.  GRANADA  27 


las  ocupaciones,  de  asistir  á  las  funciones  literarias  (5).  Por 
este  tiempo  fué  el  Colegio  de  Loreto  erigido  en  Universi- 
dad, que  pronto  había  de  ser  famosa,  llegando  á  rivalizar  con 
las  mejor  organizadas  y  más  sabias  de  América.  El  Dean  Fu- 
nes, después  de  insinuar  que  los  estudios  y  organización  de  la 
Universidad  de  Córdoba  nos  dan  á  conocer  el  progreso  que  ha- 
cía en  estas  partes  el  espíritu  humano  en  la  carrera  de  las 
letras,  se  expresa  del  modo  siguiente:  «Buenos  libros  doctri- 
nales, sin  ese  cúmulo  de  pequeneces  que  hacen  gemir  la  me- 
moria; buen  régimen  y  buenos  preceptores:  todo  concurrió 
desde  un  principio  á  que  se  lograse  un  ventajoso  aprovecha- 
miento. Los  autores  de  la  más  culta  latinidnd  y  los  mejores 
poetas  se  hicieron  familiares  á  los  alumnos;  quienes  se  emu- 
laban en  imitarlos  por  sus  composiciones  prosaicas  y  en  ver- 
so 2>  (6).  Se  distinguía  también  en  aquella  ciudad  por  lo 
aventajado  de  los  estudios  y  la  sabiduría  de  sus  maestros,  el 
Colegio  de  Monserrate.  El  de  Salta,  en  que,  como  en  todas 
las  casas  de  los  regulares  de  la  Compañía,  se  distribuía  la  en- 
señanza, se  fundó  en  el  primer  tercio  del  siglo  décimo-octavo. 
Pasada  la  primera  mitad  de  éste,  se  establece  otro  en  la  Asun- 
ción del  Paraguay,  para  la  educación  de  la  juventud,  por  el 
estilo  de  los  de  Córdoba.  Del  año  1726  data  la  creación  de 
la  Universidad  de  Chuquisaca,  á  la  cual  se  le  otorgaron  las 
mismas  prerrogativas  que  gozaba  la  de  Salamanca. 

A  consecuencia  del  extrañamiento  que  en  el  reinado  de  Carlos 
III  se  hizo  de  los  regulares  de  la  compañía  en  todos  los  domi- 
nios españoles,  se  mandó  por  real  cédula  comunicada  el  8  de 
Abril  de  1770,  que  los  bienes  que  con  tal  motivo  les  fueron  ocu- 
pados, se  aplicasen,  entre  otras  cosas,  á  mejorar  la  educación  de  ' 
la  juventud  y  la  enseñanza  en  los  estudios  correspondientes  á 
cada  país,  pueblo  ó  provincia.  El  entonces  gobernador  de  las  del 
Río  de  la  Plata,  don  Juan  José  de  Vertiz,  tomó  providencias  al  * 
respecto,  oyendo  á  los  Cabildos  eclesiástico  y  secular.  Merecen 
consignarse  aquí  las  ideas  que  dominaban  el  espíritu  de  estas 
corporaciones,  por  donde  se  verá  que  estaban  muy  lejos,  como 


(^)     Historia  de  la  conquista  del  Parag.,    Rio  de  la  Pl.  y  Tac. 
(6)    Ensayo  de  la  Hist.  Civ.  de  Bs.  As.  Parag.  y  Tuc. 


28  ESTUDIO  DE 


equivocadamente  se  supone  que  sucedía  durante  el  período  co- 
lonial, de  seguir  la  rutina  escolástica  en  materias  de  enseñanza 
superior  y  de  rendir  parias  á  los  contrahechos  ídolos  que  la 
ignorancia  había  ido  entronizando  en  las  escuelas  y  que  habían 
conducido  á  tan  deplorable  estado  á  las  Universidades  de  Espa- 
ña desde  fines  del  décimo-séptimo  siglo  hasta  el  último  tercio 
del  décimo  octavo,  y  aun  más  adelante.  «Son  necesarios,  decía 
el  Cabildo  eclesiástico  en  su  informe  al  Gobernador,  dos  cáte- 
dras de  Filosofía.  Los  maestros  que  las  regenteen  no  tendrán 
obligación  de  seguir  sistema  alguno  determinado,  especialmente 
en  la  física,  en  que  se  podrán  apartar  de  Aristóteles,  y  enseñar  ó 
por  los  principios  de  Cartesio  ó  de  Gasendo  ó  de  Newton,  ó 
alguno  de  los  otros  sistemáticos,  ó  arrojando  todo  sistema  para 
la  explicación  de  los  efectos  naturales,  seguir  sólo  la  luz  de  la  ex- 
periencia por  las  obser\'aciones  y  experimentos  en  que  tan  útil- 
mente trabajan  las  Academias  modernas».  El  Cabildo  escolar, 
por  su  parte,  no  le  iba  en  zaga  en  este  punto,  antes  bien  declara- 
ba sin  rebozo:  que  «la  Fisolofía  ó  amor  á  la  sabiduría,  es  al 
estudio  de  la  naturaleza,  tanto  más  esencial  cuanto  es  proficua 
su  penetración,  particularmente  si  se  busca  ésta  á  la  luz  de  la 
experiencia  y  bajo  las  reformas  que  el  gusto  moderno  ha  útilmen- 
te introducido  en  las  escuelas»  (7).  De  resultas  se  estableció  en 
Buenos  Aires  el  Real  Colegio  de  San  Carlos  ó  Real  Convictorio 
Carolino,  acerca  del  cual  decía  años  adelante  el  mismo  Vertiz, 
siendo  virrey,  en  su  memoria  al  marqués  de  Loreto,  su  sucesor, 
que  era  un  csiablecimienlo  no  sólo  conveniente  á  muchos  fines 
públicos,  sino  dun  necesario  en  esta  capital  para  recoger  su 
juventud  dotada  generalmente  de  claros  entendimientos,  reco- 
mendando, por  último,  una  enseñanza  tUil  y  libre  de  preocupa- 
ciones de  escuelas.  La  fundación  de  la  Universidad  de  Buenos 
Aires,  instituida  por  reales  cédulas,  quedó  pendiente. 

Vertiz ,  tan  solícito  en  promover  instituciones  de  pública 
utilidad,  autorizó  igualmente  el  establecimiento  de  un  teatro  en 
Buenos  Aires,  cuidando  atentamente  de  que  se  purificase  de 
cuantos  defectos  pudieran  corromper  la  juventud,  como  lo  niani- 


( 7 )     Estos  informes  se  encuentran  en  las  Noticias  históricas  sobre  la  enseñan- 
za pública  en  B.  A.  por  D.  Juan  M.  Gutiérrez. 


EL  DR.  GRANADA  2Q 


fiesta  en  su  citada  memoria.  «Así  acr  solado  el  teatro  (continúa), 
no  sólo  le  conceptúan  muchos  políticos  una  de  las  mejores 
escuelas  para  las  costumbres,  para  el  idioma  y  para  la  urbanidad 
general,  sino  que  es  conveniente  en  esta  ciudad  que  carece  de 
otras  diversiones  públicas». 

El  mismo  virrey  Vertiz,  á  virtud  del  secuestro  de  los  bienes  de 
la  Compañía,  hizo  trasladar  á  Buenos  Aires  y  arreglar  conve- 
nientemente una  imprenta  vieja  y  maltratada  que  los  regulares 
poseían  en  el  Colegio  de  Monserrate  de  Córdoba,  teniendo  para 
ello  en  vista  que  ademas  de  rendir  algunos  ingresos  á  la  Casa  de 
ExpósitoSf  proporcionaba  al  público  los  útiles  efectos  de  la  pren- 
sa. Las  mejoras  introducidas  por  Vertiz,  y  sus  generosos  esfuer- 
zos en  orden  á  la  propagación  de  las  luces  y  á  la  cultura  general 
del  pueblo,  tuvieron  dignos  prosecutores  en  los  que  le  sucedie- 
ron en  el  mando.  Entre  ellos  se  distinguió  el  virrey  don  Baltasar 
Hidalgo   de  Cisneros,   bajo   cuya   protección    fué    fundado    el 
Diario   del    Comercio,    en  el   que,  aparte  de  otros  objetos  de 
utilidad  pública,  eran  tratadas  con  lucidez  y  erudición  materias 
científicas,  históricas  y  literarias.  «Cisneros,  refiere  un  historia- 
dor ilustre  (8),  circuló  el  Prospecto  por  todo  el  virreinato,  inci- 
tando á  las  corporaciones  á  suscribirse,  diciendo  que  le  merecían 
toda  la  protección  y  fomento  que  podían  dispensarse,  los  obje- 
tos del  nuevo  periódico,  deseando  que  se  empleasen  los  medios 
que  se  habían  propuesto  sus  redactores  en  la  propagación  de  las 
luces  y  conocimientos  útiles,  por  cuanto  jamas  podrán  obtenerse 
esos  objetos  sin  la  ilustración  y  educación  de  los  pueblos».  For- 
móse asimismo  en  Buenos  Aires  una  Sociedad  patriótica,  litera- 
ria y  económica,  de  la  que  fueron  miembros,  según  dicho  histo- 
riador, los  más  notables  literatos  argentinos  de  la  época. 

Tales  eran  los  elementos  de  vida  intelectual  que  bajo  la  Me- 
trópoli, en  los  últimos  tiempos  de  su  dominación  aquende  el 
Océano,  abrigaban  en  su  seno  las  provincias  del  Río  de  la  Plata. 
Preparadas  estaban,  á  no  dudarlo,  para  una  era  de  floreci- 
miento literario.  Destellos  que  lo  anunciaban,  y  que  lo  anuncia- 
ban nutrido  en  las  ideas  que  á  la  sazón  estaban  transformando 
hondamente   las  sociedades  europeas,  aparecieron  en  el  hori- 


(8)    £1  General  don  Bartolomé  Mitre,  en  sa  «Historia  de  Belgrano. 


ESTUDIO  DE 


zonte  del  Plata.  Demostración  manifiesta  de  ello  nos  la  ofrecen 
entre  otros  muchos  argentinos  de  nota,  los  poetas  y  escritores 
don  Manuel  José  de  Labardén,  don  Patricio  Basabilbaso,  don 
Cayetano  José  Rodriguez,  don  José  Antonio  Miralla,  el  doctor 
don  Juan  Baltasar  Maciel,  director  de  los  Reales  Estudios,  el 
historiador  don  Francisco  Javier  Iturri,  y  el  orador  sagrado  don 
Fray  Pantaleon  García  (9).  Oigamos  al  General  Mitre  en  el  si- 
guiente pasaje:  «La  República  Argentina  ha  sido  fecunda  en 
oradores  sagrados,  sobre  cuya  cabeza  inspirada  han  descendido 
más  de  una  vez  las  lenguas  de  fuego  del  Espíritu  Santo.  Entre 
todos  ellos  sobresale  Fray  Pantaleon  García,  como  el  cedro  que 
domina  al  hisopo.  Este  ilustre  argentino,  nacido  en  Buenos  Ai- 
res, émulo  de  Fray  Luis  de  Granada,,  y  digno  bajo  algunos  con- 
ceptos de  ser  comparado  á  Masillen  por  su  sabiduría  y  su  elo- 
cuencia, es  apenas  conocido  en  su  país,  y  sus  sermones  han 
sido  impresos  en  tierra  extraña». 

Los  principios  de  la  Ciencia  Económica,  traducidos  por  don 
Manuel  Belgrano,  la  memoria  sobre  los  medios  de  fomentar  la 
agricultura,  animar  la  industria  y  proteger  el  comercio,  original 
del  mismo,  y  los  periódicos  intitulados  Telégrafo  mercantil,  ru- 
ral, político-económico  é  historiógrafo  del  Río  de  la  Plata, 
Semanario  de  Agricultura,  industria  y  comercio,  y  Diario  de 
Comercio,  todos  publicados  por  la  imprenta  de  Buenos  Aires 
y  anteriores  á  la  revolución  del  año  1810,  desmienten  la  errónea 
cuanto  generalizada  creencia,  elevada  por  numerosos  escritores  á 
la  categoría  de  verdad  histórica  incontrastable,  de  que  la  difusión 
de  los  conocimientos  útiles  y  el  comercio  intelectual  con  el  resto 
del  mundo  sabio  estaba  completamente  vedado  á  los  pueblos  de 
América.  Y  áua  cuando  no  era  fácil  que  á  sus  manos  llegasen  las 
producciones  con  que  Francia  y  otras  naciones  aventajadas  en- 
riquecían las  ciencias  y  las  letras  (sin  que  se  pueda  negar  con 
todo  que  muchas  de  las  principales  obras  literarias  y  científicas 
que  producía  la  Europa  recorrieran  la  América  y  fuesen  estudia- 
das por  sus  literatos),  todavía  es  preciso  convenir  en  que  de  Es- 
paña venía  lo  poco  bueno  que  allí  se  publicaba.  Feyjóo  y  Cam- 


(9)  V.  los  ApumUs  Biografieos  de  escrit,  orad,  eis\  de  h  Ref.  Árgeníinj,  por 
el  doctor  don  Juan  M.  Gnticnez. 


EL  DR.   GRANADA  3 1 


pomanes,  que  seguían  con  denuedo  el  movimiento  científico  y 
progresivo  del  siglo  en  que  germinara  la  revolución  francesa, 
eran  harto  conocidos  y  gozaban  de  valimiento  en  el  Río  de  la 
Plata.  Feijóo,  disipando  las  nieblas  de  la  superstición  é  ignoran- 
cia que  cubrían  el  cielo  de  España,  y  Campomanes,  enseñando 
y  abriendo  la  senda  del  progreso,  ¡  cómo  no  habían  de  ser  gra- 
tos á  los  ojos  de  pueblos  que  á  vista  de  las  riquezas  y  fertili- 
dad del  suelo  que  pisaban,  hacía  casi  tres  centurias  que  venían 
luchando,  para  bien  vivir,  con  la  naturaleza  y  con  los  hombres! 

Los  primeros  alientos  de  la  vida  intelectual  de  las  provincias 
del  Río  de  la  Plata,  coincidían  justamente  con  la  época  de  la 
restauración  de  las  letras  y  del  buen  gusto  en  España,  invadida 
hasta  entonces  desde  el  reinado  de  Carlos  II  por  una  plaga  de 
poetas  y  escritores  conceptistas  y  culteranos,  que  confundían 
los  conceptos  sutiles,  estrambóticos  y  enrevesados,  desleídos  en 
un  lenguaje  no  menos  extraño  c  ininteligible,  con  las  galas  y  la 
fertilidad  de  ingenio.  Las  colonias  que,  como  Méjico  y  el  Perú 
habían  alcanzado  á  dar  de  sí,  á  fines  del  siglo  décimo-séptimo  y 
principios  del  siguiente,  poetas  y  escritores  de  fama,  como  la 
célebre  monja  de  Méjico  sor  Juana  Inés  de  la  Cruz  y  el  doctor 
don  Pedro  de  Peralta  Barnuevo,  que  compuso  el  poema  Lima 
fundaday  experimentaron  el  contagio  del  gongorismo.  No  parece 
sin  embargo  que  hubiese  tomado  allí  las  proporciones  que  en 
España  la  perversión  del  gusto  literario.  Los  corruptores  del 
buen  gusto  influían  inmediatamente  en  sus  discípulos,  que  lo 
propagaban  con  la  rapidez  que  las  emanaciones  deletéreas  de  un 
pantano  inficionan  la  atmósfera.  Los  productos  más  informes  de 
esta  malhadada  escuela  morían,  tarde  ó  temprano,  en  España;  al 
paso  que  sólo  atravesaban  los  mares,  en  manos  de  historiadores, 
cronistas,  jurisconsultos,  teólogos  y  profesores  eruditos,  los  que 
respetando  los  fueros  del  sentido  común,  merecían  algún  aprecio 
de  los  espíritus  regularmente  cultivados. 

Los  contados  ingenios,  algunos  de  gran  erudición,  que  en  los 
dos  primeros  tercios  del  siglo  décimo-octavo  aparecieron  en 
España,  no  constituyen  lo  que  propiamente  se  llama  movimiento 
literario  de  una  nación.  El  movimiento  literario,  variado  y  rico 
en  producciones  de  relevante  mérito,  se  verificó  en  el  último 
tercio  del  mismo  siglo.   A   él  pertenecen  Meléndez,  Jovellanos, 


32  ESTUDIO  DE 


Forner,  Cadalso,  Cienfuegos,  Iriarte,  los  Moratines,  y  tantos 
otros  poetas  y  escritores  de  primera  nota,  inmortalizados  por  sus 
obras.  La  mayor  parte  de  ellos  sobresalían  por  su  espíritu  filosó- 
fico y  esmero  en  la  ejecución.  Historiadores  y  críticos,  excepción 
hecha  de  los  sectarios  de  Hermosilla,  presentan  á  Meléndez,  en 
cuanto  poeta,  como  el  astro  más  brillante  de  aquellas  lucientes 
pléyades.  Consideradas  las  cualidades  de  este  poeta,  ¿quién 
podrá  desconocerla  magnificencia  de  la  nueva  era  literaria?  Con 
ella  coincidían,  según  decíamos,  los  puros  y  hermosos  albores  de 
las  letras  en  las  provincias  del  Plata.  Un  extraordinario  aconteci- 
miento alteró  profundamente  ks  relaciones  de  éstas  con  la 
Metrópoli.  Los  ingenios  americanos  tomaron  rumbos  hasta  en- 
tonces apenas  columbrados.  La  poesía  ofrecerá  caracteres  deter- 
minados, correspondientes  á  la  nueva  situación  social  de  las 
recien  emancipadas  colonias,  de  lo  que  trataremos  en  el  artículo 
siguiente. 


II 


RASGOS  DISTINTIVOS  DE  LA  POESÍA  AMERICANA  DESPUÉS  DE  LA 
EMANCIPACIÓN  DE  LAS  COLONIAS. —  POETAS  DEL  RÍO  DE  LA  PLA- 
TA.— JOSÉ    MÁRMOL    Y    ALEJANDRO    MAGARIÑOS    CERVANTES. 

Hemos  expuesto  con  la  posible  brevedad  y  según  nuestras 
cortas  luces  nos  lo  han  permitido,  las  condiciones  de  vida 
intelectual  de  que  América  y  en  especial  las  provincias  del 
Río  de  la  Plata  estaban  en  posesión  cuando  sobrevino  la  in- 
dependencia. Este  acontecimiento  abría  á  los  ojos  de  los  pue- 
blos hispano-americanos  un  horizonte  ilimitado,  y  debieron 
creer  que  el  genio  de  la  libertad  los  conduciría  á  merecer  el 
venturoso  porvenir  que  depara  al  patriotismo  y  la  virtud.  Tan 
generoso  anhelo  los  persuadió  á  escribir  en  sus  códigos  fun- 
damentales la  forma  que  juzgaron  más  adaptable  á  la  vida 
política  que  inauguraban.  Pero  la  manifestación  de  sus  senti- 
mientos y  aspiraciones  necesitaba  de  un  lenguaje  inspirado 
por    el    entusiasmo    creador  y   profético.    Los   poetas    (como 


EL  DR.  GRANADA  33 


siempre  sucede)  fueron  sus  intérpretes.  A  algunos  de  éstos, 
como  al  cantor  de  Junin,  les  cupo  en  suerte  desplegar  su 
voz  entre  las  aclamaciones  del  triunfo.  Otros  lo  hicieron  más 
tarde;  pero  á  raíz  y  por  consiguiente  bajo  la  inmediata  in- 
fluencia de  los  sucesos.  En  tal  caso  se  encuentran  en  el  Río 
de  la  Plata,  el  argentino  Mármol  y  el  uruguayo  Magariños 
Cervantes,  á  quienes  por  asentimiento  general  y  espontáneo 
de  los  pueblos  cuyo  patriotismo  inflamaban,  se  les  ha  discer- 
nido el  lauro  de  la  primacía  como  representantes  legítimos 
del  espíritu,  sentimientos,  aspiraciones  y  tendencias  de  la 
América  emancipada.  Echeverría,  Cuenca,  Juan  Cruz  Várela, 
Gutiérrez,  en  la  República  Argentina;  Figueíoa,  Berro,  Juan 
Carlos  Gómez,  en  la  Oriental,  como  tantos  otros  de  no  menos 
renombre,  ornamento  imperecedero  de  sus  respectivas  nacio- 
nes, enriquecieron  el  Parnaso  del  Río  de  la  Plata  con  produc- 
ciones de  mérito  sobresaliente.  ¿Quién  con  más  idealidad  y 
aticismo'  que  Echeverría ?  ¿Quién  más  ingenioso  y  correcto 
que  Figueroa?  Pero  Mármol  y  Magariños  consagraron  con 
preferencia  la  caudalosa  abundancia  de  su  numen,  cual  si 
fuera  el  resultado  de  una  vocación  nativa,  á  cantar  las  glorias 
nacionales,  á  recoger  el  aliento  de  sus  compatriotas  para  de- 
volverlo transformado  por  su  genio  creador  en  imágenes  sor- 
prendentes, á  profetizar  el  porvenir.  Y  estos  son  precisamente 
los  rasgos  distintivos  del  poeta  americano  castizo,  en  el  ciclo 
poético  que  comienza  en  el  acto  de  la  emancipación  política 
de  los  pueblos  de  América  y  que  todavía  no  ha  agotado  los 
ideales  de  que  se  alimenta:  ciclo  que  pudiéramos  llamar  pa- 
triótico ó  ciclo  de  la  Independencia. 

Así  caracterizada,  como  debe  serlo,  la  poesía  hispano-ame- 
ricana  posterior  á  la  emancipación  de  las  colonias,  fácilmente 
se  concibe  la  razón  de  la  preponderancia  que  en  ella  se  ad- 
vierte de  la  idea  sobre  la  forma.  Esa  poesía  no  es  el  resulta- 
do de  una  elaboración  mental  precedente,  no  trae  su  origen 
de  un  movimiento  literario  anterior;  por  el  contrario,  nació 
con  la  vida  política  de  los  pueblos  en  que  se  ha  manifestado. 
Cuando  los  productos  del  ingenio  son  efecto  de  un  movi- 
miento literario  preexistente,  la  idea  y  la  forma  en  ellos  es- 
tán, digámoslo  así,  equilibradas,  porque  juntamente  se  han  ido 


34  ESTUDIO    DE 


cultivando.  La  forma,  manifestación  extema  del  arte,  se  pre- 
para: el  asunto  existe  por  sí  mismo  ó  nace  de  las  circunstan- 
cias. El  poeta  americano  ha  cantado  por  la  patria  y  para  la 
patria:  no  sometía  sus  composiciones  á.  los  fallos  de  la  crítica 
académica.  Es  más:  llegó  hasta  mirarse  con  desden  el  cultivo 
de  la  lengua  nativa.  ¿Xo  hubo  esclarecido  vate  que  predicara 
el  exterminio  del  idioma  español  en  América? 

Por  otra  parte,  la  gran  revolución  literaria  efectuada  en  Euro- 
pa por  el  romanticismo,  tuvo  fácil  acogida  en  América  como 
más  conforme  á  los  principios  de  independencia  que  acababa  de 
proclamar.  Aquella  escuela,  rehacia  á  toda  autoridad  de  que  se 
había  emancipado  por  completo,  y  extremando  sus  ideas  de 
libertad  literaria  en  la  más  amplia  extensión  de  la  palabra,  en  el 
apogeo  de  su  entusiasmo  hubo  de  descuidar  calculadamente  la 
forma.  No  le  bastó  promulgar,  que  era  lo  legítimo,  la  libertad 
en  el  arte.  Lo  que  tuvo  poco  valimiento  en  el  Nuevo  Mundo, 
iluminado  por  el  sol  de  la  libertad  y  solamente  atento  al  por\'e- 
nir,  fueron  las  nebulosidades  fantásticas  y  ultrasepulcrales  de  las 
producciones  románticas. 

Las  circunstancias  que  concurrieron  al  establecimiento  de  los 
ingleses  en  la  América  del  Norte  y  el  sistema  de  administración 
y  gobierno  empleado  en  sus  colonias,  que  difiere,  como  es 
sabido,  del  que  España  adoptó  para  las  suyas,  debieron  ser 
causa  de  que  al  tiempo  en  que  unas  y  otras  se  emanciparon  de 
las  antiguas  Metrópolis,  quedaran  constituidas  en  un  estado 
social  diverso.  Eso  no  obstante,  las  observaciones  que  vamos  á 
trasladar  aquí  de  un  publicista  ilustre,  son  aplicables  á  los  esta- 
dos hispano-americanos  en  el  tiempo  presente,  pues  dicen 
relación  á  todo  país  democrático.  Describiendo  Tocqueville  la 
fisonomía  literaria  y  las  fuentes  de  poesía  en  las  sociedades 
democráticas,  presenta,  entre  otros  rasgos,  los  siguientes:  «La 
aristocracia  conduce  naturalmente  el  espíritu  humano  á  la  con- 
templación de  lo  pasado,  y  hace  quetín  lo  pasado  se  complazca. 
La  democracia  por  el  contrario,  comunica  á  los  hombres  una 
especie  de  aversión  instintiva  hacia  todo  lo  antiguo.  Bajo  este 
punto  de  vista  la  aristocracia  es  mucho  más  favorable  á  la  poesía, 
porque  abultándose  de  ordinario  y  velándose  los  sucesos  que  se 
van  alejando  de  nosotros,  se  prestan   mejor  á  la   pintura  del 


EL  DR.  GRANADA  35 


ideal (En  cambio)  los  pueblos  democráticos  se  complacen  en 

lo  que  será  mañana,  y  en  este  terreno,  su  imaginación,  dilatán- 
dose y  engrandeciéndose  sin  cesar,  no  reconoce  límites.  Esto 
ofrece  un  vasto  campo  á  los  poetas,  permitiéndoles  ver  de  lejos 
el  cuadro  en  que  se  inspiran:  cerrando  los  ojos  á  lo  pasado, los 
abren  al  porvenir Los  destinos  humanos,  el  hombre,  consi- 
derado no  con  respecto  á  su  tiempo  y  á  su  país,  sino  frente  á 
frente  de  la  naturaleza  y  de  Dios,  con  sus  pasiones,  sus  dudas, 
sus  sorprendentes  prosperidades  y  sus  miserias  incomprensibles, 
vendrán  á  ser  para  estos   pueblos  el   objeto  principal  y  casi 

único  de  la  poesía La  literatura  de  los  siglos  democráticos, 

considerada  en  su  conjunto,  no  presentará,  como  en  los  tiempos 
de  aristocracia,  la  imagen  del  orden,  de  la  regularidad,  de  la 
ciencia  y  del  arte ;  en  ella  se  encontrará  generalmente  descuida- 
da la  forma,  y  tal  vez  despreciada:  el  estilo  será  incorrecto, 
vago,  superabundante,  arbitrario,  y  casi  siempre  atrevido  y 
vehemente   (10). 

Tocqueville  presenta  las  proposiciones  precedentes  en  tér- 
minos generales  y  absolutos.  Los  rasgos  por  que  se  distingue 
actualmente  la  poesía  hispano-americana,  corresponderán,  según 
nuestro  modo  de  ver,  á  un  espacio  de  tiempo  más  ó  menos 
indeterminado  que  comienza  en  el  acto  dé  la  emancipación  de 
las  colonias.  Por  eso  nos  ha  parecido  darle  la  denominación  de 
ciclo  de  la  Independencia,  La  poesía  americana  no  es  producto 
necesario  de  una  civilización  particular,  sui  generis^  no  de  la 
vida  íntima  y  condiciones  ingénitas  de  un  pueblo :  no  está  en 
igual  caso  que  la  poesía  griega,  la  poesía  árabe,  el  teatro  español 
del  Siglo  XVII,  el  humorismo  inglés,  el  romanticismo  alemán. 
La  poesía  americana  es  manifestación  accidental  de  un  período 
de  la  vida  política  de  los  pueblos  americanos,  del  período  sub- 
siguiente á  la  emancipación  de  las  colonias.  Cuando  se  habla  de 
literatura  americana,  poesía  americana,  poetas  americanos,  en  el 
concepto  de  presentar  los  caracteres  que  le  hemos  reconocido, 
no  debe  entenderse,  pues,  una  literatura  peculiar  d  los  pueblos 
de  América.  Una  literatura  semejante  es  propia  de  todos  los 
pueblos  viriles  y  generosamente  apasionados  que  se  encuentran 


( xo )    De  la  Democratie  en  Aniérique. 


36  ESTUDIO  DE 


en  la  situación  y  estado  social  en  que  los  de  la  América  española 
se  han  encontrado  desde  que  se  emanciparon  de  la  Metrópoli. 
Los  poetas  americanos  han  cantado  con  preferencia  á  la  patria,  á 
la  libertad,  al  progreso,  no  porque  la  poesía  que  se  inspira  en 
esas  aspiraciones  sea  la  peculiar  de  los  pueblos  de  América,  sino 
porque  los  sentimientos  que  nacen  de  ellas  son  los  que  más 
hondamente  han  agitado  hasta  el  día  de  hoy  su  espíritu:  porque 
están  aún  recibiendo  el  inmediato  influjo  de  los  extraordinarios 
acontecimientos  que  hicieron  brotar  las  ideas  que  su  fantasía 
creadora  embellece  y  agiganta;  porque  rotos  los  vínculos  que 
reducían  la  acción  de  los  recien  emancipados  pueblos  á  un 
movimiento  acompasado  y  mecánico,  buscan  en  la  esfera  sin 
límites  de  la  libertad  individual  las  formas  más  perfectas  por  que 
han  de  modelar  su  vida.  ¿Quién  más  que  Quintana  cantó  á  la 
patria,  á  la  libertad,  al  progreso,  á  la  virtud  cívica?  Imbuido  en 
las  ideas  del  décimo-octavo  siglo,  remontó  su  vuelo  á  las  más 
altas  esferas  del  pensamiento,  que  enardeciendo  su  fantasía  ante 
los  nuevos  horizontes  que  anhelaba  ver  abiertos  á  su  patria, 
hicieron  brotar  al  numen  que  le  agitaba  los  levantados  conceptos 
y  la  vigorosa  entonación  de  sus  cantos.  La  invasión  francesa 
excitó  mayores  bríos,  los  del  patriotismo  indignado,  á  su  siem- 
pre generosa  musa. 

Sugiere,  por  otra  parte,  el  conjunto  de  la  actual  literatura 
hispano-americana  una  observación  que  juzgamos  conducente  á 
la  idea  que  venimos  desarrollando.  La  poesía  descriptiva,  el 
drama,  la  novela,  la  epopeya  misma,  que  fijan  los  ojos  en  lo  pre- 
sente ó  en  los  tiempos  pasados,  han  sido  ya  cultivadas,  á  raíz  de 
la  emancipación,  por  los  literatos  de  América.  Y  es  muy  digno 
de  tenerse  en  cuenta  para  calcular  las  variaciones  de  que  es 
susceptible  la  poesía  de  los  pueblos  hispano-americanos,  que  al- 
gunos de  sus  más  encumbrados  ingenios  han  tomado  para  asunto 
de  sus  composiciones  en  prosa  ó  verso,  ora  episodios  del  período 
colonial,  ora  escenas  que,  sin  serlo,  retratan  sin  embargo  cos- 
tumbres tradicionales,  ora  los  últimos  alientos  de  una  raza 
indígena  extinguida.  Dan  testimonio  elocuente  de  ello,  contra- 
yendo nuestra  consideración  á  los  países  del  Río  de  la  Plata,  la 
Novela  del  hereje,  de  Vicente  Fidel  López,  Caramurú,  Celiar  y 
otras  de  Alejandro  Magariños  Cervantes,  y  el  poema  inédito 
Tabaré  de  Juan  Zorrilla  de  San  Martin, 


EL  DR.   GRANADA  37 


Los  preceptos  de  Aristóteles  y  Horacio,  los  cánones  de 
Boileau,  habían  perdido  ya  su  fuerza  obligatoria  en  el  orbe  lite- 
rario. ¡  Qué  prestigio  les  era  dado  alcanzar  por  lo  mismo  en  el 
nuevo  mundo  emancipado,  en  la  América  independiente  I  Lo 
único  que  había  de  ocupar,  ó  lo  que  había  de  ocupar  con  prefe- 
rencia el  entendimiento  de  los  poetas  americanos,  era  el  asunto 
de  sus  composiciones.  Espontaneidad  en  la  concepción,  valentía 
en  los  pensamientos,  novedad  en  las  imágenes,  lujo  de  imagina- 
ción, con  poco  miramiento  á  las  delicadezas  del  estilo:  tales 
debían  ser  sus  más  generales  y  prominentes  cualidades.  Ahora, 
si  se  quiere  saber  cuáles  son  los  principios  á  que  obedece  esta 
poesía,  inútil  es  buscarlos  en  tratados  didácticos  que  no  los 
pueden  enseñar.  Se  les  encuentra  en  las  alocuciones,  en  las  pro- 
fesiones de  fé  literaria,  digámoslo  así,  que  han  hecho  los  poetas, 
los  críticos,  los  publicistas  de   América. 

Magariños  Cervantes,  tntciador  de  la  poesía  nacional  en  su 
país  (como  ha  dicho  un  erudito  escritor  que  ha  dotado  al  país  de 
trabajos  históricos  de  relevante  mérito,  el  doctor  don  Domingo 
Ordoñana);  Magariños  Cervantes,  el  poeta,  elnovelista,  el  histo- 
riador, el  jurisconsulto,  el  publicista  ilustre  á  quien  tributamos 
el  humilde  homenaje  de  que  nuestro  pobre  ingenio  es  capaz  en 
estos  mal  hilvanados  artículos,  esplanaba  sus  ideas  acerca  de  la 
literatura  americana,  el  año  1844,  en  las  elocuentes  páginas  des- 
tinadas á  manifestar  el  espíritu  que  presidía  á  la  publicación  de 
las  Brisas  del  Plata,  Quien  desee  conocer  la  índole,  espíritu  y 
tendencias  á  que  obedece  la  literatura  americana,  lea  ese  trozo 
ciceroniano:  no  se  puede  decir  más  ni  mejor  en  este  punto:  todo 
está  allí  expuesto  y  descrito  de  mano  maestra.  ¿Quién  mejor  que 
el  patriarca  ilustre  de  la  literatura  uruguaya  podía  señalar,  desde 
la  cumbre  del  Parnaso,  la  fuente  Hipocrene  de  la  América  eman- 
cipada ?  Entresacaremos  algunas  proposiciones  de  aquel  discurso 
que  en  realidad  mutilamos,  porque  es  preciso  leerlo  íntegro  para 
apreciarlo  debidamente.  Pondremos  por  encabezamiento  de  cada 
una  de  ellas  la  clasificación  que  en  resumen  les   corresponde : 

Objeto  de  la  poesía,  — «No  participamos  de  la  creencia  vulgar 
y  egoísta  que  no  le  asigna  otro  que  el  de  una  música  más  ó  menos 
armoniosa,  destinada  únicamente  á  encantar  el  oído  de  las  muje- 
res y  de  los  hombres  frivolos,  sin  conmover  el  corazón  ni  la  inte- 


38  '       ESTUDIO  DE 


ligencia. — El  sentimiento  de  lo  bello  y  de  lo  bueno,  el  amor  á  la 
libertad,  la  redención  de  los  oprimidos,  la  fe  en  la  Providencia, 
el  triunfo  de  la  idea  sobre  el  hecho  y  del  espíritu  sobre  la  materia 
se  levantan  por  todas  partes  como  una  elocuente  protesta,  y  bajo 
la  misteriosa  ley  del  progreso,  doquiera  que  volvamos  los  ojos, 
se  cumple  la  gran  palabra  de  Bossuet :  el  hombre  se  agita  y  Dios 
¡o  llevan. 

Poesía  lírica — «Hijos  de  la  revolución,  hemos  procurado 
penetrar  en  las  entrañas  de  nuestra  sociedad,  buscando  sin  más 
norte  que  la^fé,  como  Colon  el  Nuevo  Mundo,  la  resolución  del 
problema  político  y  social,  cuyos  misterios  ha  de  revelamos  el 
triunfo  definitivo  de  la  democracia.  Volvemos  atrás  la  vista  para 
cantar  los  gloriosos  días  de  nuestra  independencia.  Para  ensalzar 
la  inteligencia,  el  patriotismo,  la  virtud,  buscamos  sus  más  altas 
manifestaciones  en  los  hombres  que  en  el  poder  supremo,  en  los 
campos  de  batalla,  en  las  luchas  de  la  prensa,  en  los  debates  de 
la  tribuna,  han  merecido  las  bendiciones  de  la  patria.  Heraldo 
del  porvenir,  adalid  de  la  justicia  y  de  la  verdad,  el  poeta,  y  el 
poeta  americano  más  que  ningún  otro,  tiene  una  misión  eminen- 
temente  social  que  cumplir,  si  quiere  merecer  ese  honroso 
dictado». 

Recursos  de  la  poesía  lírica  y  de  la  poesía  descriptiva,  — «Para 
humedecer  nuestra  paleta,  hemos  pedido  á  la  naturaleza  sin  rival 
del  Edén  americano,  sus  tintas  magníficas,  y  en  sus  vírgenes 
selvas,  en  sus  extraños  animales,  en  sus  inmensas  cordilleras,  en 
sus  ñores  desconocidas,  en  sus  ríos  gigantestos,  en  las  escenas  ori- 
ginales de  la  vida  de  nuestros  campos,  hemos  tratado  de  sorpren- 
der el  sello  de  grandeza  y  poesía  con  que  los  marcó  la  divina 
mano  al  resbalar  por  la  frente  de  América  con  el  cariño  de  un 
padre  á  la  hija  predilecta  de  su  corazón».  Estas  frases  encierran 
una  doctrina  filosófica  del  arte  literario :  ese  es  el  modo  de  es- 
piritualizar el  mundo  físico,  en  que  consiste  la  poesía:  sorpren- 
der el  sello  de  grande:{^a y  poesía  con  que  marcó  la  divina  mano  á 
la  naturaleza  creada:  ese  es  el  lenguaje  que  sale  de  los  labios  de 
aquellos  elegidos  vates  que  pertenecen  á  la  estirpe  de  los  Hugo 
y  Lamartine,  de  los  Fray  Luis  de  León  y  los  Manzoni. 

Poesía  dramática  y  épica.  Novela  y  leyenda. — «Perdidos  en 
las  páginas  de  la  historia  del  nuevo   hemisferio,  ó  trasmitidos 


EL    DR.  GRANADA  39 


de  padres  á  hijos  por  la  tradición  popular,  existen  hechos,  epi- 
sodios, rasgos,  que  son  verdaderos  diamantes:  sólo  esperan  la 
mano  del  lapidario  que  ha  de  pulimentarlos^^.  El  mismo  Magari- 
ños  dio  el  primero  el  ejemplo  en  producciones  que  pueden  ser- 
vir de  modelo.  En  la  República  Oriental  sólo  recordamos  que  lo 
haya  seguido  en  una  preciosa  leyenda  José  Román  Mendoza, 
que  hace  años  ha  entregado  á  la  prosa  forense  su  privilegiado 
talento.  El  poema  inédito  Tabaré,  del  inspirado  autor  de  la  Le- 
yenda  Patria,  es  esperado  con  ansiedad  por  los  amantes  de  la 
belleza  artística.  Parece  que  el  autor  lo  sujeta  cuidadosamente  al 
toque  de  lima,  siguiendo  el  ejemplo  de  los  grandes  maestros. 

La  tradición  hispana, — «Descendientes  de  un  pueblo  heroi- 
co, no  hemos  renegado  de  sus  bellas  tradiciones,  ni  roto  el 
eslabón  que  une  nuestra  vida  á  su  vida». 

La  idea  y  la  forma, — «Sin  descuidar  la  forma,  opinamos 
que  en  la  poesía  americana  debe  predominar  la  idea  sobre  las 
condiciones  mecánicas  del  arte,  aunque  será  doble  el  mérito 
del  que  logre  vencer  todas  las  dificultades». 

Elocución,  —  «Conviene  tener  presente  que  el  más  bello  y 
original  pensamiento,  mal  expresado,  es  como  la  moneda  de- 
fectuosamente acuñada,  que  siendo  de  buena  ley,  parece  falsa». 

Los  defectos  de  elocución,  no  sólo  afean  el  discurso,  sino 
que  oscurecen  y  alteran  el  sentido  de  los  pensamientos.  El 
ejercicio  de  hablar  y  escribir  convenientemente  la  lengua  na- 
tiva, debiera  empezar  en  las  escuelas  de  primeras  letras,  des- 
pertando en  los  niños  la  afición  á  los  modelos  de  dicción 
castellana.  Hemos  insistido  sobre  este  particular  siempre  que 
la  ocasión  se  nos  ha  venido  á  las  manos. 

.Hoy  se  nos  presenta  de  nuevo,  y  la  aprovechamos  para  la- 
mentar el  menosprecio  en  que  se  tiene  generalmente  aquel 
importante  ramo  de  la  enseñanza.  Nuestro  lamento  es  hoy 
mucho  mayor  que  en  otras  ocasiones,  á  vista  de  haberse 
introducido  recientemente  en  las  escuelas  un  libro  (11)  en 
que  campean  los  vicios  de  elocución:  la  sintaxis,  la  ortogra- 
fía, la   prosodia,   el  diccionario,   la  propiedad   en   el   uso   de 


(xi)    Serie  gradual   de   libros   de  lectura,  por  el  Dr.  D.  Alfredo  Vásqncz 
Acevedo. 


40  JUICIO    DE 


las  voces,  su  estructura  misma,  todo  en  él  se  menoscaba. 
Añádase  á  esto  que  el  libro  goza  de  un  extraordinario  pres- 
tigio y  autoridad  por  emanar  de  una  persona  altamente  co- 
locada en  los  establecimientos  públicos  de  enseñanza  y  á 
quien  se  atribuyen  vastos  conocimientos  pedagógicos.  Vamos 
á  presentar  una  corta  lista  de  los  defectos  en  que  abunda, 
para  que  se  le  ponga  el  oportuno  remedio,  si  se  estiman  útiles 
nuestras  advertencias.  Sirva  esta  digresión  de  descanso  á  nues- 
tros lectores. 


III 


ADVERTENCIA  ACERCA  DE  LA  NATURALEZA  Y  FIN  DEL  ARTE.  —  NOTI- 
CIAS BIOGRÁFICAS  DEL  POETA  URUGUAYO  ALEJANDRO  MAGARI- 
ÑOS    CERVANTES. 

Al  considerar  los  caracteres  distintivos  de  la  poesía  ameri- 
cana en  nuestros  tiempos,  nos  ha  venido  naturalmente  á  la 
memoria  la  trascendental  contienda  en  que  filósofos  y  críticos 
están  empeñados  acerca  de  la  naturaleza  y  ñn  del  arte.  En 
las  conferencias  que  hace  algunos  años  dimos  en  el  Ateneo 
del  Uruguay  cuando  se  nos  encomendó  la  cátedra  de  literatura 
que  juntamente  con  otras  varias  se  había  instituido  entonces, 
conferencias  que  fueron  publicadas  en  este  mismo  diario,  sos- 
tuvimos que  la  esfera  del  arte  está  circunscrita  á  la  manifes- 
tación de  la  belleza.  Esta  doctrina,  que  reputamos  lógicamente 
fundada  en  principios  fundamentales,  no  es  empero  la  que 
más  partidarios  tiene  así  en  América  como  en  Europa;  ex- 
ceptuando quizás  la  Alemania.  Sea  como  fuere,  aunque  es 
punto  esencial  en  la  ñlosofía  del  arte,  no  interesa  directamente 
á  la  historia  critica  de  la  literatura  de  una  nación.  La  influen- 
cia que  hubieren  ejercido  en  ésta  las  doctrinas  aludidas,  debería 
tenerse  en  cuenta  al  apreciar  el  movimiento  literario  de  que 
se  trata;  la  legitimidad  de  cada  una  de  ellas  es  enteramente 
extraña.    Nuestro   primer    intento    fué   extendemos    sobre    el 


EL  DR.  GRANADA  4 1 


particular,  y  habíamos  escrito  algunas  páginas  que  formarían  el 
presente  artículo;  pero  luego  desistimos  de  la  comenzada  tarea 
por  la  consideración  antedicha.  Lo  que  sí  conviene  recordar 
es  que  la  poesía  debe  ser  producto  espontáneo  del  suelo  y 
atmósfera  social  en  que  aparece,  sin  sujeccion  á  reglas  siste- 
máticas ni  á  inñuencias  de  escuela.  Así  será  la  expresión 
de  la  sociedad  que  la  produce,  tendrá  colorido  natural,  loza- 
nía y  originalidad.  Tal  es  el  mérito  y  la  importancia  que  la 
poesía  americana  alcanza  en  la  historia  crítica  de  la  lite- 
ratura. 

Estábamos  escribiendo  las  precedentes  líneas,  cuando  llega  á 
nuestras  manos  el  tomo  2.°  del  Estudio  sobre  Artigas  y  su 
época,  por  don  Justo  Maeso.  El  interés  que  despiertan  los 
trabajos  de  un  escritor  que,  como  el'  señor  Maeso,  reúne  á 
una  variada  instrucción  un  vasto  caudal  de  conocimientos  y 
papeles  inéditos  sobre  la  historia  del  Río  de  la  Plata,  nos 
movió  á  hojear  sus  páginas.  En  buena  hora  lo  hicimos,  pues 
en  ellas  encontramos  alguna  noticia  interesante  al  asunto  que 
nos  ocupa;  á  saber,  una  canción  patriótica  del  año  1812,  y 
unas  décimas  escritas  en  Canelones  en  181 5.  La  canción  alusi- 
va á  los  triunfos  de  Artigas,  fué  publicada  el  21  de  Enero  de 
1 8 12  en  un  suplemento  del  Censor  de  Buenos  Aires  que  dice: 
«es  una  hermosa  marcha  militar  con  que  he  visto  un  ejército 
de  5,000  patriotas  cantándola  con  lágrimas  de  entusiasmo :i>. 
Las  décimas,  que  el  Sr.  Maeso  atribuye  á  don  Antonio  Ga- 
bito  y  que  fueron  presentadas  al  Exento.  Sr,  Protector  de  los 
Pueblos  Libres  (Artigas)  por  el  mismo  Gabito,  don  Antonio 
Jesús  de  la  Fuente  y  don  Francisco  Moran,  por  lo  cual  son 
dignas  también  de  mención,  están  inspiradas  en  sentimientos 
apacibles,  generosos  y  humanos,  circunstancias  que  las  hacen 
tanto  más  notables  cuanto  los  tiempos  eran  fragorosos.  Dice 
así  la  primera: 


La  gloria  del  vencedor 
Es  perdonar  al  vencido, 
Dar  la  mano  al  abatido. 
Prodigarle  su  favor: 
Porque  es  ventura  mayor 


42  ESTUDIO  DE 


Hacer  un  solo  dichoso, 
Que  en  pena,  muerte  y  destrozo 
Abismar  el  mundo  entero. 
Aunque  con  esto  el  guerrero 
Adquiera  un  nombre  famoso. 

En  la  advertencia  preliminar  del  presente  trabajo,  manifesta- 
mos que  la  reciente  publicación  del  libro  Pahuas  y  Ombúes 
nos  había  sugerido  la  idea  de  emprenderlo.  Iniciador  de  la 
poesía  nacional  en  su  país,  y  representante  legítimo,  en  el  Río 
de  la  Plata,  de  los  sentimientos  y  aspiraciones  de  la  América 
emancipada,  nadie  con  mejores  títulos  que  él  debe  ocupar  un 
puesto  preferente  en  un  estudio  de  literatura  americana.  Su  glo- 
rioso nombre  pasará  á  la  posteridad,  y  en  los  estudios  histórico- 
criticos  que  en  lo  sucesivo  se  emprendan,  han  de  ser  buscados 
con  avidez  toda  clase  de  datos  referentes  á  su  vida.  Algunos 
poseemos  nosotros,  y  reser\'ándonos  ampliarlos  en  tiempo  opor- 
tuno si  logramos  adquirir  mayores  luces,  sólo  daremos  ahora 
aquellos  de  que  tenemos  entera  certidumbre. 

D.  Alejandro  Magariños  Cer\'antes  nació  en  Montevideo  el  3 
de  Octubre  de  1825.  Fueron  sus  padres  D.  José  María  Magariños, 
de  la  misma  ciudad,  y  Dña.  Encamación  Cervantes,  natural  de 
Cartajena  en  el  reino  de  Murcia.  Su  padre  se  distinguió  en  la  ca- 
rrera militar,  cuyos  estudios  hizo  en  el  Colegio  de  Cadetes  de 
San  Femando  en  España,  alcanzando  por  sus  méritos  el  empleo  de 
coronel  de  infantería  de  línea.  Tuvo  D.  Alejandro  por  primeros 
maestros  á  D.  Manuel  Besnes  Irigoyen,  famoso  calígrafo,  y  al 
eminente  educacionista  D.  Juan  Manuel  Bonifaz.  Estudió  hu- 
manidades en  el  Colegio  del  Dr.  D.  Manuel  Rafael  de  Vargas, 
canónigo  de  Guadix,  y  los  idiomas  latino,  inglés,  francés  é 
italiano,  que  tanto  habían  de  ser\'irle  para  discurrir  desembara- 
zadamente por  los  dominios  del  saber  y  en  especial  de  las  bellas 
letras,  á  que  con  marcada  predilección  le  llamó  siempre  su 
talento.  Acababa  de  ingresar  en  la  Universidad ,  cuando  fué 
cerrada  el  año  1843  ^  consecuencia  del  sitio  de  la  capital  por  el 
ejército  de  Rosas;  pero  el  Gobierno  de  la  Defensa,  conocedor 
de  las  sobresalientes  dotes  que  le  adornaban,  le  permitió  por 
gracia  especial  continuar  sus  estudios  de  derecho  con  el  Dr. 


EL  DR.  GRANADA  43 


Alsina.  Pasó  al  Brasil  á  fines  del  ai\o  1844,  permaneciendo  en 
Río  Janeiro  durante  algunos  meses,  ocupado,  como  siempre,  en 
estudiar  y  escribir  versos.  Allí  elevó  el  corazón  y  el  pensamiento 
á  las  más  sublimes  esferas  de  la  belleza  poética,  dotando  á  la 
América,  dotando  al  orbe  literario,  de  una  de  esas  creaciones 
excepcionales  que  revelan  por  entero  al  artista.  Aludimos  á  la 
composición  dedicada  al  Mburucuyd,  ó  flor  de  la  pasión,  que  no 
hubiera  merecido  conceptos  más  altos  y  originales,  acentos  más 
delicados  y  tiernos  á  la  musa  de  Lamartine.  Magariños  cerró  el 
camino  á  todo  otro  poeta  que  intente  describirnos  aquella  flor 
misteriosa.  |Qué  estrofa  podrá  presentarse,  en  ninguna  litera- 
tura, que  encierre  un  pensamiento  más  oportuno  y  feliz,  y  que 
esté  ejecutada  en  un  tono  más  profundamente  melancólico  que 
aquella  en  que  el  poeta  cristiano  busca,  enlutada  el  alma,  el 
origen  de  la  flor? 

Y  acaso  cuando  El,  herido. 
Ya  sin  fuerzas,  tristemente 
Al  pecho  inclinó  la.  frente 
Sin  exhalar  un  gemido. 
De  aquella  sangre  inocente 
Una  gota  cayó  al  suelo; 

Y  la  tierra  sin  consuelo 
Brotó  una  flor  de  esperanza, 
Como  prenda  de  alianza 
Entre  los  hombres  y  el  cielo. 

Leímos  por  primera  vez  hace  años,  esta  composición,  fechada 
en  Río  Janeiro,  en  un  periódico  que  poseemos.  La  Antorcha , 
publicado  en  Barcelona  por  el  célebre  frenólogo  don  Mariano 
Cubí  y  Soler,  de  quien  luego  tendremos  que  hacer  una  curiosa 
referencia.  A  mediados  del  año  45  regresó  Magariños  á  Monte- 
video. Parece  como  que  un  genio  inquieto  le  persiguiera  sin  des- 
canso, y  no  le  abandonara  hasta  que  en  ambos  mundos  hubiese 
dejado  las  brillantes  huellas  de  su  paso.  En  Diciembre  de  1846 
se  embarca  para  España.  ¡Dejadlo,  que  va  á  recoger  laureles  im- 
perecederos, y  á  honrar  á  su  patria  en  tierra  extraña!  No  sabe- 
mos á  punto  fijo  el  itinerario  que  siguiera  Magariños  antes  de 


44  ESTUDIO  DE 


establecer  su  residencia  eo  Madrid,  que  mantuvo  hasta  el  año 
185 1,  en  que  pasó  á  Francia;  pero  sí  sabemos  que  en  ese  espacio 
de  tiempo  recorrió  la  mayor  parte  de*las  provincias  de  la  penín- 
sula. También  ignoramos  hasta  el  día  los  pormenores  de  su 
vida  literaria  durante  esas  peregrinaciones.  Podemos,  no  obstan- 
te, ofrecer  á  los  lectores  de  El  Siglo,  una  interesantísima  noti- 
cia que  nos  proporciona  el  periódico  antes  citado.  Don  Mariano 
Cubí  y  Soler  fué  uno  de  los  hombres  verdaderamente  sabios  de 
que  puede  gloriarse  España  en  nuestros  tiempos.  Baste  saber  á 
los  que  no  conozcan  sus  obras,  que  rompió  lanzas  con  el  célebre 
Balmes:  que  mereció  el  singular  honor  en  nuestra  época  de  ser 
procesado  por  sus  doctrinas  filosóficas;  y  que  llegó  á  hacerse 
arbitro  de  la  mente  por  la  inspección  de  los  cráneos,  con  asom- 
bro de  las  gentes.  Pues  bien :  en  el  número  correspondiente  al 
16  de  Junio  de  1849,  ^^^  periódico  La  Aiitorcha,  se  registra  una 
correspondencia  de  Cubí  fecha  en  Granada  el  }  del  mismo  mes, 
que  entre  otras  cosas,  dice  lo  siguiente:  «Hablando  de  Málaga 
no  puedo  dejar  en  silencio  el  nombre  de  don  Alejandro  Maga- 
riños  Cer>'antes.  A  este  aventajado  joven,  que  en  lugar  de 
hablar  de  la  Frenología  sin  comprenderla,  quiso  antes  estudiarla 
y  buscar  la  verdad  que  en  ella  halló,  le  reconocí  la  cabeza,  y  le 
dije  que  nació  para  escritor,  poseyendo  en  grado  aventajado  to- 
dos los  elementos  ó  facultades  para  la  poesía.  A  los  tres  ó  cuatro 
días  me  enseñó  unos  versos  de  un  mérito  sobresaliente  de  que 
era  autor.  En  la  actualidad  publica  en  la  Biblioteca  del  Mediodía 
una  novela  intitulada  La  Estrella  del  SuJ,  que  no  puedo  menos 
de  recomendar.  Es  autor  del  testimonio  público  que  me  dieron 
los  malagueños,  y  de  otro  artículo,  muy  bien  escrito,  respecto  á 
la  Frenología  y  sus  tendencias  morales,  que  haría  honor  á  cual- 
quier autor  por  elevado  que  fuese  su  mérito.  Al  pensar  yo  en 
los  innumerables  juicios  frenológicos  que  de  esta  clase  he  hecho 
con  respecto  á  personas  determinadas  y  en  las  dificultades  y 
obstáculos  que  se  me  han  presentado,  no  me  canso  de  repetir: 
«pobre  de  mí  si  la  Frenología  no  fuese  verdad».  De  este  docu- 
mento se  deduce  que  el  poeta  Magariños  hubo  de  verse  sedu- 
cido por  los  admirables  inventos  del  famoso  frenólogo.  En  la 
misma  tentación  cayeron  por  entonces  la  mayor  parte  de  los 
poetas,  novelistas  y  demás  gentes  de   imaginativa.  Y  por  cierto 


EL  DR.  GRANADA  45 


que  de  ellos,  como  que  eran  hombres  notables  y  celebri- 
dades contemporáneas,  fué  de  quienes  sacó  mayor  provecho  el 
incansable  frenólogo  para  la  propagación  de  su  sistema. 

En  Madrid  publicó  Magariños:  Caramurú,  Ccliar,  La  Estrella 
del  Sud,  Las  plagas  de  Egipto,  Horas  de  Melancolía,  la  traduc- 
ción de  la  Conspiración  de  Catilina{^áe  Salustio  ),  varias  obras 
dramáticas  y  otras  producciones  literarias,  escribiendo  al  mismo 
tiempo  en  periódicos  como  LaIlustracion,LaSemanayLa Patria, 
El  Orden.  Trabó  relaciones  de  afectuosa  é  íntima  amistad  con  los 
literatos  más  distinguidos,  que  conocían  su  talento.  Zorrilla,  Ven- 
tura de  la  Vega,  Cánovas  del  Castillo,  el  historiador  Lafuente, 
Castelar,  Olivan,  Rúa  Figueroa,  Baralt,  Orgaz,  y  otros  poetas,  es- 
critores y  sabios,  se  ocuparon  en  aquilatar  los  méritos  del  vate 
americano  que  presentaba  ante  sus  ojos  la  espléndida  y  maravi- 
llosa naturaleza  y  originales  costumbres  y  episodios  interesantes 
del  mundo  de  Colon.  En  el  libro  Vio  lelas  y  Ortigas,  publicado  ha 
poco  por  Magariños,  se  encuentran  la  mayor  parte  de  esos  honro- 
sísimos testimonios.  Trasladóse  á  Paris  el  año  185 1  en  donde  pu- 
blicó La  Revista  de  Ambos  Mundos,  periódico  el  más  erudito  de 
los  que  á  la  sazón  veían  la  luz  pública  en  lengua  española,  siendo 
á  la  vez  corresponsal  de  varios  periódicos  de  América,  entre  ellos 
El  Mercurio  de  Valparaiso  y  La  Constitución  de  Montevideo, 
•redactada  por  el  Dr.  D.  E.  Acevedo.  Dio  también  á  la  pren- 
sa los  Estudios  históricos,  políticos  y  literarios  sobre  el  Rio  de  la 
Plata,  Las  veladas  de  invierno  y  otras  producciones  de  índole  li- 
teraria. Hizo  algunas  excursiones  por  Inglaterra  y  Bélgica.  Por 
el  año  1855  regresó  á  su  patria.  En  Buenos  Aires  publicó  la  Bi- 
blioteca Americana,  que  consta  de  ocho  volúmenes,  y  en  Mon- 
tevideo las  Brisas  del  Plata,  el  drama  Amor  y  Patria,  La  Iglesia 
y  el  Estado,  el  Álbum  de  Poesías  Uruguayas,  etc. etc.  En  la  página 
304  del  libro  Palmasy  Ombúes,  recientemente  publicado,  está  la 
lista  de  sus  obras. 

Las  noticias  que  accidentalmente  hemos  recogido  de  sus  labios 
las  repetidas  ocasiones  en  que  de  largos  años  á  esta  parte  he- 
mos tenido  el  placer  de  tratarle,  y  las  que  pudiéramos  adqui- 
rir de  sus  deudos  más  allegados,  con  quienes  nos  ligan  vínculos 
de  atenta  amistad,  aparte  de  las  que  resultan  de  los  periódicos  y 
demás  fuentes  aprovechables,  nos  habilitarían  para  seguirle  paso 


46  ESTUDIO   DE 


á  paso  desde  que  volvió  á  pisar  playas  americanas  hasta  el  día 
de  hoy.  Pero  no  nos  ptirece  que  debamos  hacerlo,  ni  á  la  gene- 
ralidad de  los  lectores  de  este  diario  les  son  desconocidos  los 
hechos  m«^s  culminantes  de  su  vida  literaria  y  política  en  el  Río 
de  la  Plata.  Basta  á  nuestro  intento  dejar  consignado:  que  la 
ocupación  constante  y  predilecta  de  su  vida  ha  sido  en  todas 
partes  el  cultivo  délas  letras:  quesu  corazón  ha  estado  siempre 
abierto  á  las  afecciones  y  sentimientos  más  puros,  elevados  y 
nobles,  y  su  lira  templada  para  los  arrobamientos  que  infunde 
la  belleza  y  sublimidad  que  la  divina  mano  ha  estampado  en 
la  naturaleza  creada,  en  las  heroicas  acciones  y  en  los  mundos 
invisibles  del  pensamiento :  que  ama  entrar.ablemente  la  juven- 
tud de  su  patria  á  quien  quisiera  ver  sublimada  con  los  lauros 
inmarcesibles  que  coronan  su  venerable  frente,  y  que  esa 
juventud,  llena  de  entusiasmo  y  admiración,  lo  proclama  y  salu- 
da como  al  Patriarca  ilustre  de  las  letras  Uruguayas.  El  día  que 
la  juventud  le  rinda  el  homenaje  que  le  espera  de  una  manifes- 
tación pública  y  solemne  de  reverente  cariño  y  reconocimiento 
á  sus  virtudes  y  méritos  todavía,  oirá  de  ;su  voz,  algo  apagada, 
pero  varonil  y  llena  de  fuego,  cuáles  han  sido  los  escondidos 
agentes  que  agitaran  su  alma  en  todo  el  curso  de  su  vida:  ¡Dios, 
la  patria,  la  libertad! 

En  el  artículo  siguiente  daremos  á  conocer  algunas  de  las 
flores  poéticas  que  la  cuidadosa  mano  del  viejo  cultivador  ha 
puesto  al  abrigo   de  las  Palmas   y  los   Omhúes. 


IV 


r.MMAS  Y  ombOfs:   roFSÍ.vs  r»K  alkj andró  magarixos  Cervantes 

Kl  arte  os  idealista  iM>r  esencia»  Si  limitamos  el  orden  de  las 
existencias  á  los  objetos  v^ue  caen  baio  la  acción  de  los  sentidos, 
la  belleía  desaparece  de!  mundo.  No  e$  una  cosa  real,  corpórea, 
sino  el  retleio  de  la  soberana  esencia  difundido  por  los  espacios. 
Kl  concepto  vjue  de  ella  so  forma  el  artista  por  intuición  espon- 
tánea á  vista  de  la  naturaloia  y  de  la  vida»  es  la  fuente  única 


EL  DR.  GRANADA  47 


de  la  poesía.  Por  eso  la  noción  de  un '  ser  absoluto,  creador 
del  Universo,  es  inseparable  del  concepto  del  arte.  Por 
eso  todos  los  poetas,  todos  los  artistas  merecedores  de 
ese  altísimo  dictado,  han  creído  en  la  existencia  de  Dios ; 
ó  si  con  la  lengua  lo  han  negado  alguna  vez  por  incomprensible 
extravío,  lo  han  reconocido  y  proclamado  elocuentemente  por 
medio  de  sus  obras,  de  los  productos  fieles  de  su  ingenio. 
¿Cómono,si  de  aquella  soberana  frente  de  vida  y  de  luz  recibían 
el  mens  divinior  que  agitaba  su  espíritu?  Por  eso,  repetimos, 
todos  los  poetas,  todos  los  artistas,  han  creído  en  Dios  y  en  el 
mundo  suprasensible.  La  duda,  el  excepticismo,  el  mismo  sarcas- 
mo pudo  haber  contaminado  los  cantos  de  tal  cual  otro  poeta 
que  pagara  tributo  á  la  corriente  pasajera  de  las  ideas  de  su 
tiempo.  Pero  nunca  esos  mismos  poetas  han  abandonado  en  sus 
creaciones  verdaderamente  artísticas  los  recursos  que  sólo  la 
idealidad  extrasensible  les  ha  podido  suministrar  para  cumplir  el 
ministerio  excelso  de  que  intentaban  revestirse.  El  realismo  en 
el  arte,  equivalente  al  materialismo  en  filosofia,  no  es  arte:  es  la 
corrupción,  es  la  repugnante  y  menguada  relajación  de  las  artes. 

Por  dicha,  el  Patriarca  de  las  letras  Uruguayas  nació  poeta  en 
toda  la  extensión  de  la  palabra,  y  desde  los  primeros  albores 
de  su  inteligencia  hasta  el  día  presente  profesó  manifiestamente, 
con  incontrastable  firmeza,  los  principios  más  puros  del  espiri- 
tualismo.  Cuando  en  1844  desplegó  su  valiente  Lábaro  al  vien- 
to, la  América  vio  brillar  en  él  las  letras  de  fuego  de  una  ins- 
cripción sublime.  Poetas  americanos,  decía,  tenéis  una  misión 
eminentemente  social  que  cumplir;  confiad  en  la  Providencia; 
tratad  de  sorprender  el  sello  de  grandeva  y  poesía  con  que  la  di- 
vina mano  marcó  la  naturale:^a  sin  rival  de  nuestro  magnifico 
hemisferio. 

Empapadas  en  las  purísimas  aguas  de  aquella  fuente  de  vida, 
pasan  hoy  á  manos  de  las  gentes  las  flores  poéticas  que  la  cuida- 
dosa mano  de  su  viejo  cultivador  ha  puesto  al  abrigo  de  las 
Palmas  y  los  Ombúes.  A  su  frente  llevan  el  mismo  Lábaro  que 
en  1844  levantó  arrogante.  Se  complace  á  vista  del  afán  con  que 
la  juventud  de  su  país  se  lanza  en  pos  de  los  maravillosos  descu- 
brimientos y  sorprendentes  teorías  científicas  de  los  tiempos  que 
alcanzamos;  más  no  deja  de  advertirle  que  «desgraciadamente 


48  ESTUDIO   DE   ^ 


con  la  eliminación  del  recto  y  genuino  concepto  de  Dios,  por 
más  que  crean  con  sinceridad  ó  aparenten  otra  cosa  sus  oposito- 
res, se  vienen  al  suelo  las  creencias,  ideas  y  sentimientos  que  han 
sido  hasta  ahora  el  lábaro  santo,  la  gran  fuerza  moral,  la  columna 
más  firme  del  derecho  y  la  justicia,  y  en  suma,  el  ideal  de  la 
humanidad». 

Tal  vez  el  humano  pensamiento,  considerando  en  la  naturale- 
za y  sus  causas,  perdida  aquella  luz  que  viene  de  lo  alto,  se 
sumerge,  en  inútiles  contemplaciones.  Entonces, 

«El  pavoroso  espectro  de  la  muerte 
En  la  callada  oscuridad  asoma, 

Y  ante  el  frío  glacial  que  en  torno  vierte, 
Del  hombre  más  audaz  la  fibra  doma. 

En  vano  quiere  levantar  la  frente: 
lina  mano  invisible  le  atenaza, 

Y  extraña,  horrible  punzadura  siente 
Que  el  alma  y  corazón  le  despedaza». 

Desengañado  ante  las  falaces  promesas  de  una  ciencia  presun- 
tuosa, considera  su  pequenez;  pero  levantando  los  ojos  al  cielo, 
vuelvo  á  columbrar  la  luz  que  había  perdido. 

«Soy  mísero  gusano, 
Pero  en  mi  pecho  bulle 
De  un  Dios  el  soberano 
Aliento,  que  titánicas 
Alas  al  hombre  dá: 

Y  un  niyo  de  la  llama 
Del  luminar  etenio 

Mi  pensamiento  inñama, 

Y  el  ideal,  su  imagen. 
En  mi  ccrcbrv>  csti!» 

Ouauvlo  el  pv^sitivismo  empeiv^  i  adquirir  las  proporciones 
colo^^lc^i  que  ha  alcaniado,  quiso  Magaññcvs  sujetar  sus  preten- 
íiiv>uc$  a  U  picxlra  vlc  tc^que  de  una  r»xvMi  compleumente  despre- 


EL  DR.  GRANADA  49 


ocupada,  y  se  entregó  á  la  lectura  de  los  más  renombrados  maesr 
tros  de  aquella  nuevamente  resucitada  escuela.  Penetróse,  no 
menos  ahora  que  siempre  lo  había  estado,  de  la  mísera  consis- 
tencia de  U  nueva  armazón  científica  que  se  nos  presenta,  cuya 
clave  consiste  en  descartar  del  humano  saber,  por  decreto  de  sus 
fundadores,  los  principios  incontrastables  en  que  reposa  el  orden 
suprasensible;  y  de  entonces  más  no  ha  dejado  de  combatir  la 
deplorable  facilidad  conque  los  jóvenes  inexpertos  suelen  ser  lle- 
vados del  viento  de  la  moda.  Alguna  vez  pierde  la  paciencia, 
como  en  el  caso  de  aquel  pretenso  naturalista ^  á  quien  después 
de  leer  el  manuscrito  que  le  presentaba  para  que  le  diese  su  pa- 
recer, echó  á  rodar  con  el  siguiente  requiebro : 

¡Cargue  contigo  el  diablo  y  con  tu  casta! 
Yo  soy  viejo,  ¡pardiezl  y  el  alma  siento 
Más  que  la  tuya  joven  y  entusiasta. 
No  imprimas  tu  librejo;  es  nauseabundo. 

Mas  luego,  deponiendo  un  tanto  su  enojo,  le  previene  que 

Apenas  entreabierta,  se  deshoja 
La  flor  de  la  ventura  y  la  belleza, 

Y  que  sólo  en  la  virtud  debe  cifrar  el  bien  de  la  vida. 

Una  de  las  composiciones  más  delicadamente  ejecutadas,  es  la 
que  lleva  el  simbólico  título  La  sombra  de  la  luí,  poemita  dialo- 
gado cuyos  interlocutores  Oberdy  Poremay  simbólicos  también, 
del  idioma  guaraní,  significan  respectivamente  resplandor  y  puré- 
;{a.  Véanse  aquí  las  dos  primeras  estrofas,  y  quien  quiera  adivinar 
el  desenlace,  traiga  á  la  memoria  las  fuentes,  indicadas  al  prin- 
cipio, en   que  el  autor  ha  bebido  la  inspiración  para  sus  cantos. 

OBERÁ 

El  serafín  envidia  tu  hermosura 

Y  acabado  modelo  de  belleza. 

En  tu  ser  derramó  naturaleza 

Del  cielo  y  de  la  tierra  el  doble  imán, 


50  ESTUDIO  DE 


Y  cuando  nada  á  tu  ventura  falta, 
Juventud,  ilusión,  amor,  fortuna, 

¿Por  qué  empaña  una  lágrima  importuna 
De  tus  ojos  el  brillo  celestial? 

POREMA 

Bardo,  la  gloria  te  ÍDesó  en  la  frente, 

Y  te  dieron  humildes  á  porfía 
Su  trino  el  ave,  su  fulgor  el  día, 
La  luz  sus  alas  y  su  hoguera  el  solí 

Y  cuando  el  mundo  que  te  aclama,  pone 
La  corona  del  genio  en  tu  cabeza, 

¿Por  qué  vela  una  nube  de  tristeza 
El  astro  de  tu  ardiente  inspiración? 

El  Áspid  de  Misiones,  animal  pegunto  y  vil,  ofreció  al  poeta  la 
imagen  de  la  envidia,  compañera  inseparable  de  la  difamación  y 
la  calumnia,  perseguidora  incansable  del  mérito.  Oculto  entre 
la  yerba  el  venenoso  reptil,  en  acecho  de  su  víctima. 

Hiere,  y  veloz  se  pierde, 
Cual  dardo  que  siniestro 
Arroja  desde  un  bosque 
Segura  la  traición. 

La  envidia,  á  quien  la  víctima  mira  con  desprecio,  forja  y 
difunde  la  calumnia  y  propaga  la  difamación,  hurtándose  as- 
tutamente al  castigo.   De  igual  manera 

Ni  el  animal  ni  el  hombre 
A  su  enemigo  miran. 
Que  entro  Li  grama  huye 
Tan  ;uil  como  vil. 

Su  ataque  y  su  tamaño 
Desprecio  les  inspiran ; 
Mas  ¡ayl  que  su  veneno 
La  mucnc  da  sutil. 


EL  DR.  GRANADA  5 1 


El  libro  abunda  en  rasgos  magistrales.  Léanse  las  composi- 
ciones A  la  inauguración  del  primer  Ferro^carril  de  la  Re^ 
pública,  Colon  y  el  Nuevo  Mundo,  Querer  es  poder.  Sin  pie^ 
dra  ni  palo,  A  Francia  en  la  derrota,  En  la  cumbre,  de 
vigorosa  entonación  y  esmaltadas  de  altísimos  pensamientos  y 
deslumbradoras  imágenes. 

Al  contemplar  el  cuadro  ofrecido  por  Blanes  al  pueblo  ar- 
gentino con  motivo  del  centenario  de  San  Martin,  despiértan- 
se  en  la  mente  del  poeta  del  Uruguay  las  glorías  comunes 
de  ambos  pueblos  á  quienes 

El  astro  de  Ituzáingo  los  vio  juntos 
Arrollar  á  las  huestes  imperiales. 

La  composición  en  octavas  reales,  La  Madre  Patria  y  su 
prole  americana,  es  magnífica.  Juzgúese  de  los  sentimientos 
que  dominan  en  ella  por  estos  versos: 

La  frente  levantad,  hijos  de  España, 

Esta  tierra  que  holláis  no  es  tierra  extraña 

No  ha  sido  nuestro  objeto  hacer  un  análisis  de  las  bellezas 
de  la  obra.  El  público  las  disfrutará  por  entero.  Plácenos  ha- 
ber dado  á  conocer  el  espíritu  dominante  de  las  produccio- 
nes que  contiene,  las  cuales,  aparte  de  su  mérito  artístico, 
tienen  una  grande  importancia  social  por  lo  que  pueden  in- 
fluir en  la  juventud  los  elevados  conceptos  del  maestro,  mag- 
níficamente expresados. 

Daniel  Granada. 

1885. 


El  renombrado  crítico,  autor  del  libro  Escritores  españoles 
i  hispano^americanosy  en  su  estudio  sobre  Olmedo,  dice: 
<i:No  me  cansaré  de  lamentar  la  indiferencia  ó  descuido  con 
que  hasta  ahora  han  solido  prescindir   los  eruditos  ameríca- 


52  ESTUDIO    DE 


nos  de  allegar  noticias  relativas  á  sus  escritores  y  poetas. 
Sin  ese  censurable  abandono,  tanto  más  censurable,  cuanto 
que  los  hombres  estudiosos  de  la  América  española  no  nece- 
sitan engolfarse  en  hondas  investigaciones  para  encontrar  y 
reunir  datos  exactos  con  que  trazar  la  biografía  de  cuantos 
después  de  la  emancipación  han  ilustrado  con  su  ingenio  y 
saber  las  nuevas  naciones  de  aquel  hemisferio,  no  se  encon- 
trarían las  lagunas  que  necesariamente  se  han  de  hallar  en 
este  bosquejo   biográfico,  etc.». — Manuel  Cañete. 


1884. 


UN   POETA  AMERICANO 


CARTA    AL    AUTOR    DE 


PALMAS  Y  OMBÚES 


Mi  querido  poeta : 

Tengo  entre  manos  sus  Palmas  y  Omhúes  y  cuyas  páginas 
acabo  de  devorar  con  la  febril  avidez  de  quien  tiene  sed  de 
cosas  grandiosas. 

Estoy  convencido  de  que  el  encantado  jardin  en  que  mi  amigo 
cultivó  sus  Violetas  y  Ortigas  transformóse  en  floresta  tropical, 
poblada  de  melodiosos  zorzales,  —  esos  poetas  vagabundos  de 
las  selvas, — impregnada  de  perfumes  de  magnolias  y  jazmines — 
esas  estrellas  de  la  diadema  de  la  naturaleza. 

En  cada  rama  un  nido,  en  cada  nido  un  vislumbre  maravi- 
lloso de  vida,  una  aurora  de  existencia,  emergiendo  del  mis- 
terio del  amor  como  una  claridad  sideral  de  las  profundidades 
sombrías  del  azul. 

No  soy  poeta,  pero  comprendo  lo  que  hay  de  sublime  en 
los  cánticos  de  esas  arpas  vivientes,  de  esos  espíritus  errantes 
— especie  de  lúcidas  mariposas  hechas  de  armonías  y  murmu- 
llos, que  revoletean  sobre  los  abismos  de  la  existencia  sacu- 
diendo de  sus  alas  intangibles  el  polvo  dorado  de  las  ilusio- 
nes. 

Dios  es  un  poema  eterno,  una  epopeya  de  mil  cantos;  el 
poeta — yo  lo  sé — es  una  estrofa  de  ese  poema,  de  esa  epope- 
ya gigante.  Lo  que  hay  de  extraordinario  es,  que,  como  la 
divina  obra  está  en  el  cielo,  esa  estrofa  habrá  probablemente 
caído  al  planeta  envuelta  en  un  rayo  de  estrella. 

Es  por  eso  que  ustedes,  los  poetas^  esparcen  tanta   luz;  una 


54  UN  POETA 


luz  de  astros  dislocados  de  su  órbita,  disgregados  de  miste- 
riosas constelaciones,  como  perlas  de  un  inmenso  collar  que 
se  hubiese  roto  en  el  firmamento. 

Me  ha  hecho  usted  pasar  una  noche  de  gratas  emociones 
bajo  la  lluvia  torrencial  de  los  destellos  de  su  Numen.  Ten- 
go el  alma  deslumbrada  como  si  fuese  una  retina  inmaterial 
vibrada  por  las  irradiaciones  cambiantes  de  una  aurora  boreal. 

¿Y  qué  más  es  el  alma,  sino  una  delicada  retina  tejida  en 
los  abismos  de  nuestro  ser? 


Después  de  haber  leído  á  Lamartine,  ruiseñor  de  la  poesía, 
nota  melancólica  en  el  concierto  sagrado  de  las  Musas,  lle- 
gué á  comprender  que  la  poesía  era  el  dolor  desbordándose 
en   cánticos  y  plegarias. 

Más  tarde  leí  á  Heine,  esa  carcajada  de  Aristófanes  en 
labios  germánicos,  y  creí  que  era  la  alegría  armada  de  látigos, 
un  panal  con  gotas   de  hiél  en  su  interior. 

Musset,  colmena  de  deleites  en  Jacques  Rolla  y  Namouna^ 
y  Baudelaire,  modelador  de  Phrinés  desnudas,  ese  Hans 
Macquart  literario,  me  la  enseñaron  en  seguida  por  la  faz 
febricitante  de  la  sensualidad,  y  la  tomé  entonces  por  el  gri- 
to de  los  Deseos  enroscados  como  víboras  en  las  formas  de 
una  Madona  romana,  que  hubiese  salido  de  las  manos  de  un 
escultor  bizantino.  Es  decir:  la  serenidad  mística  de  Rafael 
confundida  con  la  languidez  mórbida  de  la  voluptuosidad  en 
la  silueta  de  una  Odalisca. 

Sólo  en  Víctor  Hugo,  el  semi-dios,  la  lira  de  cien  cuerdas, 
como  dijo  el  portugués  Guerra  Junqueira,  comprendí  la 
poesía  en  toda  su  vasta  significación :  una  grandiosa  ópera 
compuesta  en  colaboración  por  Beethowen  y  Homero,  Haédl, 
y  Virgilio,  Cimarrosa  y  Dante,  Meyerbeer  y  Savonarola,  en 
que  todos  los  sentimientos,  todas  las  pasiones  —  artistas  idea- 
les en  el  teatro  de  la  vida  humana  —  cantan  su  papel  acom- 
pañados, ya  por  las  tempestades  y  truenos  que  son  los  meta- 
les de  la  orquesta,  ya  por  las  ilusiones  y  esperanzas,  que 
pulsan  en  ella,  dulcemente,  los  violines  y  las  arpas. 


AMERICANO  55 


Pero,  en  mi  concepto,  la  verdadera  poesía  es  la  que  brota 
del  alma,  espontánea,  dulce,  sentimental;  ya  embebecida  en 
la  perla  de  una  lágrima,  ya  librada  en  el  ala  vaporosa  de 
una  esperanza. 

«Las  grandes  ideas  —  dijo  Vauvenargues  —  nacen  del  cora- 
zón 2^.  Las  grandes  inspiraciones  —  pienso  yo  deben  también 
nacer  de  esa  crisálida  de  los  sentimientos,  lampos  de  nues- 
tro ser  inmaterial. 


El  Jano  latino  tenía  dos  faces.  La  poesía — Jano  universal 
—  tiene  también  dos  faces:  mira  los  dos  infinitos  de  la  crea- 
ción, las  dos  naturalezas  del  universo  con  sus  múltiples  con- 
trastes y  aspectos. 

Verifiquemos. 

Las  imprecaciones  coléricas  de  Moisés  y  los  salmos  de 
David;  la  pasión  de  Jesús  —  el  poeta  del  Génesis  —  y  la  lá- 
grima de  Magdalena;  las  canciones  impúdicas  de  las  orgías 
de  Baltasar  y  los  cánticos  celestiales  de  las  Vírgenes  de  Sion; 
el  odio  de  Caín  y  los  amores  místicos  de  Santa  Teresa :  he 
ahí  los  grandes  contrastes  de  la  naturaleza  humana  que  ame- 
nudo  resplandecen  en  la  Biblia,  que  es  el  poema  místico  de 
la  creación. 

Las  iras  ciclópeas  del  Océano,  en  la  hora  culminante  del 
huracán,  y  la  tranquila  placidez  de  la  tierra  en  las  silencio- 
sas noches  de  los  trópicos;  el  volcan  y  el  lago;  la  montaña 
y  la  planicie ;  la  aurora  y  el  crepúsculo  vespertino ;  el  per- 
fume de  la  flor  y  el  miasma  infecto  de  los  charcos  —  gota  de 
muerte  suspensa  en  el  aire :  he  ahí  los  grandes  contrastes  de 
la  naturaleza  física  en  esa  otra  Biblia  —  la  ciencia,  —  que  es 
el  poema  realista  de  la  inteligencia  humana. 

Ahora  bien,  esos  contrastes,  esas  dos  naturalezas,  forman 
el  universo  de  la  poesía,  puesto  que  la  poesía  es  el  univer- 
so en  las  cuerdas  de  una  lira,  una  agrupación  de  ignotos 
mundos  con  cielos,  mares  y  espacios  azules,  que  vibran  como 
un  arpa  misteriosa^  dentro  del  pecho  de  los  inspirados  seres 
que  nacieron  para  cantar,  como  las  aves  del  Paraíso  de  Mílton. 


56  UN  POETA 


Ya  vé,  mi  venerando  vate,  si  sabré  lo  que  es  la  encanta- 
dora Psyché  de  sus  cultos,  y  si  habré  comprendido  los  him- 
nos de  su  alma  —  zorzal  armonioso  —  en  la  floresta  de  Pal- 
mas y  Omhúcs, 

Hay  entretanto,  mi  querido  amigo,  diversos  modos  de  ser 
poeta.  Ticiano  de  Veronese,  Miguel  Ángel  y  Mozart  lo  fue- 
ron por  el  arte;  Humboldt,  Lavoisier  y  Ferdinand  Lesseps 
por  la  ciencia;  Michelet,  Thiers  y  Guizot  por  la  historia; 
Chenier,  Lamartine  y  Alfredo  de  Musset  por  la  inspiración; 
Víctor  Hugo,  esa  quinta  esencia  de  la  poesía,  por  todo  á  la  vez. 

¿De  qué  modo  es  Vd.  poeta? 

Antes  de  pronunciar  mi  opinión  deseo  contarle  una  breve 
historia. 


Hay  en  el  planeta  una  región  encantada  que  fué  probable- 
mente el  maravilloso  jardin  de  los  dioses  de  la  antigüedad  paga- 
na. Dos  grandes  genios,  el  genovés  Cristóbal  Colon  y  el  portugués 
Alvarez  Cabral  —  árabes  sedientos  de  infinitos — lo  encontraron 
cuando  vivían  ansiando  devorar  mares  y  espacios.  A  Ae  en- 
cuentro se  llamó  descubrimiento. 

Vinieron  en  pos  de  esos  divinos  salteadores  de  lo  descono- 
cido unas  inmensas  cruzadas  de  gentes  que  daban  miedo  á 
las  inocentes  razas  nativas.  Traían  la  espada  y  la  cruz — dos 
símbolos  antitéticos — dos  términos  que  se  excluyen,  pero  que 
en  ese  entonces  se  complementaban.  La  prueba  es  que  las 
espadas  antiguas  tenían  una  cruz  en  la  empuñadura. 

Con  una  implantaron  la  dominación  de  las  metrópolis  en 
nombre  del  Rey,  con  la  otra  el  imperio  de  la  fé  en  nombre  de 
Dios.  Las  dos  escribieron  el  prólogo  de  la  civilización,  pero  la 
tinta  fué  la  sangre  de  los  Incas  y  de  los  adoradores  de  Tupan. 

Ahora  bien,  como  crece  el  hombre  en  la  historia  de  la  hu- 
manidad, ese  jardin  misterioso  creció  en  la  historia  de  la  ci- 
vilización: transformóse  en  un  mundo  lleno  de  maravillas  v 
opulencias. 

Surgió  un  continente  del  mar;  saltó  una  inmensidad  de  otra 
inmensidad  al  choque  eléctrico  del  genio  con  lo  desconocido. 


AMERICANO  57 


Ese  continente,  esa  inmensidad  es  la  América — cóndor  ani- 
dado entre  dos  océanos — y  ella  es  la  Musa  inspiradora  de  sus 
cantos,  la  inmaculada  Psyché  de  sus  gloriosos  ensueños  de  vate. 

Y  así  como  otros  poetas  lo  han  sido  respectivamente,  exclu- 
sivamente, por  el  arte,  por  la  ciencia,  por  la  historia,  por  la 
inspiración,  usted,  como  Olegario  Andrade  y  Mármol,  lo  es 
por  la  América,  por  este  pedazo  de  cielo  caído  de  las  ma- 
nos de  Dios  en  el  seno  de  los  mares. 

América,  mi  madre. 
Tierra  del  Porvenir,  bendita  seas! 
Alcázar  esplendente 
De  una  futura  raza  de  Titanes, 
Donde  puede  ya  el  hombre  alzar  la  frente 
Con  el  viril  orgullo 
Del  esclavo  que  ha  roto  su  cadena : 
América  mi  madre,  en  fiero  arrullo. 
Te  saludan  rugiendo  tus  volcanes, 

Y  al  sacudir  altiva  tu  melena 

De  bosques,  de  laureles  y  de  palmas. 
El  grito  salvador  que  es  himno  y  ruego, 
Dios  y  la  Libertad!  brota  en  tus  labios 

Y  electriza  magnético  las  almas. 

De  la  fé  y  de  la  Patria  el  santo  fuego 
En  tu  mirada  audaz  relampaguea, 

Y  arrollando  las  sombras,  vencedora. 
Avanzas  imponente, 

El  lucero  del  genio  en  la  alta  frente. 
En  la  siniestra  el  faro  de  la  idea, 

Y  en  la  diestra  la  espada  redentora! 


América  mi  madre. 

Yo  te  saludo  con  amor  profundo. 

Vestal  que  en  tus  entrañas  puro  guardas 

El  verbo  que  otra  vez  salvara  al  mundo  I  ( i ) 


(i)    Palm,  y  Omb.  T.  11.  —  El  Lcon  Cautivo.  Véase  en  el  texto  la  nota  á  las 
palabras:  Dios  y  la  libertad. 


58  UN  POETA 


Sus  himnos  tienen  en  la  clave  el  signo  de  una  adoración  fa- 
nática por  todo  lo  que  es  americano.  Una  hermosa  virtud,  un 
bello  rasgo  característico  de  la  originalidad  de  su  ingenio. 

En  las  páginas  de  sus  poemas,  palpitantes  de  verdad  é  ins- 
piración, he  contemplado  muchas  veces  la  América  de  los 
tiempos  de  la  conquista,  barrida  por  el  huracán  impetuoso  de 
la  civilización;  porque  la  civilización  tiene  en  ciertas  circuns- 
tancias la  violencia  de  los  ciclones :  por  donde  pasa  deja  un 
rastro  de  escombros:   destruye  para   que  el  hombre   edifique. 

Así  en  virgínea  selva  del  suelo  americano. 
Cual  raudo  meteoro,  de  pronto  hin-iente  llama 
Se  extiende,  centellea,  salta,  se  enrosca  y  brama 
En  lenguas  mil  de  fuego;  flamígero  occeano. 
Que  destrucción  y  muerte  por  donde  va,  derrama! 

Cae  la  gigante  palma  y  el  ara:{d  rastrero; 
El  fuego  al  par  devora  la  ortiga  y  el  aroma; 
La  tórtola  inocente  y  el  tigre  carnicero; 
El  crótalo  y  el  árbol  que  su  veneno  doma ; 
El  vil  carancho  imbécil  y  el  trinador  jilguero! 


¿Por  qué  tan  ciego  encono?  furor  tan  implacable?..   . 
Cual  torvos  enemigos,  la  selva  y  el  desierto. 
Tendían  sobre  el  hombre  su  manto  impenetrable ; 

Y  el  hombre  entre  sus  pliegues,  anonado,  yerto, 
Auxilio  pidió  al  fuego,  verdugo  inexorable. 

La  tea  ardió  en  su  mano,  y  el  ígneo  torbellino. 
Giró  por  el  espacio  cumpliendo  su  destino. 
Que  era  cubrir  la  tierra  de  fecundante  abono, 

Y  dar  al  genio  humano,  ya  espédiio  el  camino. 
Nuevo  horizonte  inmenso  donde  elevar  su  trono!  y 2). 


(3)     Palm,  r  Omh.,    T.    ii.  — Lo  qüc  sintió   mi    alma   al  divisar  las  cestas 
uraguayas  Tolriendo  de  Europa. 


AMERICANO  59 


Por  eso  creo  que  ella  es  hecha  de  electricidad  y  vapor, 
del  plomo  con  que  Gutemberg  fundió  los  primeros  tipos  y 
del  fierro  con  que  Stephenson  fabricó  las  primeras  locomo- 
toras. Una  bomba  Orsini  cargada  con  la  dinamita  explosiva 
de  las  grandes  ideas. 

Pero  no  importa  que  hubiese  destruido  las  florestas  vírge- 
nes y  penetrado  hasta  el  vientre  de  las  montañas,  pasando  so- 
bre el  cuerpo  inerte  de  Atahualpa.  Quedaron  todavía  muchas 
maravillas  para  ser  cantadas  en  las  cuerdas  de  su  lira,  mi  ve- 
nerando vate. 

Y  sino  que  lo  digan  los  Andes  y  sus  hermanos  el  Potosí, 
el  Chimborazo  y  el  lUimani  —  Cíclopes  de  la  naturaleza — que 
miran  al  Pacífico,  el  tenebroso  mar  de  los  antiguos,  desde 
sus  gigantes  tronos  de  granito. 


Hablé  de  Olegario  Andrade  como  poeta  americano,  sin 
acordarme  que  su  cerebro  volcánico  vivió  brotando  cascadas 
de  bellezas  griegas  sobre  el  mundo  de  Colon. 

No  tan  fecundo  en  imágenes  como  él,  pero  más  que  él  fe- 
liz en  la  concepción  y  ejecución  de  su  admirable  Colon  y  el 
Nuevo  Mundo,  usted  supo  cantar  la  América,  empleando  en 
esa  apopeya  colosal  materiales  puramente  americanos. 

Andrade  hizo  de  la  América  una  estatua  modelada  por  el  cin- 
cel de  Fidias,  el  griego.  Sus  estrofas  son  cariátides  hechas 
con  los  metales  arrancados  de  las  entrañas  del  Chimborazo 
y  el  Potosí,  pero  cariátides  al  fin.  Cuando  tentó  modelar  el 
indio  nativo,  salió  de  sus  manos  una  figura  helénica  tostada 
por  el  fuego  de  los  volcanes,  abrasada  por  el  Sol  de  Amé- 
rica, cuyos  rayos  solía  condensar  en  las  misteriosas  cavida- 
des de  su  cerebro. 

Un  gran  poeta  es  Andrade,  pero  un  gran  poeta  que  be- 
bió sus  inspiraciones  en  las  copas  de  oro  de  los  diosas  olím- 
picos,  allá  en  la   Grecia  antigua. 

Mármol  es  Andrade  al  revés;  es,  como  usted,  un  poeta 
americano,  pero  con  esta  diferencia:  si  canta  un  Dios  de  la 
mitología  griega,  produce  un  ídolo  indígena;  si  un  héroe  ro- 


6o  UN  POETA 


mano,  da  un  cacique  armado  de  arco  y  ñechas,  ceñido  de 
plumas  multicolores. 

Pero  I  cuánta  suavidad  en  los  cantares  de  Andradel  cuánta 
dulzura  en  sus  cuadros  de  la  naturaleza  americana!  Su  Pro- 
meteo es  un  coloso. 

Vd.  me  lo  hace  recordar  en  su  Colon ^  quizás  la  más  ame- 
ricana de  sus  bellas  concepciones. 

Tú  fuiste  el  meteoro  que  súbito  y  violento 
Del  Maracáibo  rasga  la  antes  dormida  faz : 
La  Europa  electrizada  se  despertó  á  tu  acento, 
Y  un  nuevo  mundo  en  todo  se  reveló  vivaz. 

Las  ciencias  y  las  letras,  la  inspiración  y  el  arte, 
Surgir  en  las  tinieblas  vieron  enorme  Sol, 
Que  sin  ocaso,  en  triunfo,  doquiera  su  estandarte 
Flameando  en  tierra  suya  mostraba  al  Español!  (3) 

Y  digo  la  más  americana  de  sus  composiciones  porque  Vd. 
condensó  en  ella,  como  en  una  tela  del  Renacimiento,  todos 
los  tonos  del  localismo,  todas  las  opulencias  de  esta  natu- 
raleza eternamente  risueña,  esculpiendo  en  el  centro  de  esa 
•turcola  de  destellos  la  más  digna  y  también  la  mis  justa 
apología  de  la  raza  viril  que  la  Europa  engendró  en  el  seno 
colosal  del  Nuevo  Mundo,  al  calor  fecundante  de  su  avanza- 
da civilización. 

Xosotri^s,  los  americanos,  somos  como  dijo  Vd.  en  la  crí- 
tica de  un  luminoso  trabajo  de  Alberdi,  hijos  de  la  Europa 
y  no  de  los  infortunados  hombres  de  color  cobrizo ;  ( 4 )  raza 
que  diríamos  modelada  por  Pluton,  en  las  fraguas  candentes 
del  planeta,  si  Pluton  en  vez  de  herrero  hubiese  sido  es- 
cultor. 

La  America  de  sus  cantos  es  la  siempre  virgen,  la  siem- 
pre grandiosa,  sí  se  encara   pv>r  el  aspecto  de  la  naturaleza; 


\  4  ^    F.ttmJt^*s  4i«lwt»t«w$«  /vCi/N>fv$  r  «^>jkVi  1^^  ii  Iti*  it  i»  Pímím,  Kg.  40QL 


AMERICANO  6 1 


es  una  maravilla  de  progreso  y  civilización  si  se  observa  por 
la  faz  histórica,  desde  la  conquista  que  inició  el  cruzamiento 
de  las  razas,  y  de  consiguiente  el  perfeccionamiento  de  la 
especie  humana  en  este  hemisferio,  hasta  la  Independencia 
que  señala  el  período  de  la  organización  política  de  las  na- 
cionalidades  que   hoy  ñorecen  en   su   dilatado  seno. 

Grandes,  muy  grandes  deben  ser  los  grandes 

Destinos  que  te  guarda  el  Poderoso, 

Para  que.  Reina,  en  el  planeta  mandes, 

Y  brillante  fanal  claves  radioso 

Allá  en  la  sien  de  los  nevados  Andes 

Lleno  de  gloria  tu  pendón  hermoso, 

A  cuya  sombra  brotará  fecundo 

Árbol  que  cubra  con  su  sombra  al  mundo!  (5) 

Por  eso,  aconsejando  la  unión  á  todos  los  Estados  del  nuevo 
continente,  ve  Vd.  ya  en  las  cúspides  de  la  inmensa  Cordi- 
llera, escalonadas 

Como  hileras  de  armados  paladines ; 
el  antemural  de  sus  conquistas  pasadas  y  futuras. 

Muralla  que  á  los  siglos  desafía, 

Y  encadena  los  mares  y  torrentes; 
Tu  espíritu  y  tu  fuerza  así  algún  día 
Se  levanten  ¡oh  América!  imponentes. 

Y  donde  quiera  que  el  peligro  asome 
Tus  huestes  formen  una  sola  tropa, 

Y  la  alianza  americana  dome 

La  ambición  y  el  orgullo  de  la  Europa!  (6) 


(5)  Palm,  y  Omb.,  T.  i.  — La  madre  patria  y  su  prole  americana. 

(6)  Brisas  del  Piafa.  —  Baluarte. 


6a  UN  POETA 


Volviendo  á  su  admirable  Colon  y  percibo  en  la  música  de 
esa  concepción  los  murmullos  de  las  cascadas  que  se  despe- 
ñan de  las  cumbres  de  los  Andes;  de  allá,  donde  los  cón- 
dores y  las  águilas  tejen  sus  grandes  nidos  y  el  poema  de 
sus  misteriosos  amores.  Oyese  en  ellos  el  ruido  subterrá- 
neo de  los  cráteres  y  las  melodías  suaves  de  las  selvas  ani- 
madas por  miriadas  de  aves  y  constelaciones  de  flores. 

Allí,  como  en  los  cantos  consagrados  á  La  Bandera  Tri- 
color, á  La  Urna  de  Rivadavia,  Al  Blasón  del  Legionario, 
domina  la  nota  heroica,  que  les  da  una  expresión  acentua- 
damente guerrera. 

No  de  otro  modo  puede  cantar  un  nieto  de  los  hijos  del 
Sol — los  Incas — y  de  los  aguerridos  Guaraníes. 


No  emitiré  juicio  sobre  el  plan  de  su  libro  en  cuanto  se 
refiere  á   la    colocación   de    las   composiciones   que    encierra. 

Cuando  miro  al  cielo  no  me  preocupo  de  investigar  la 
posición  astronómica  de  esas  microscópicas  islas  de  luz,  que 
flotan  como  camalotcs  incendiados  en  los  mares  insondables 
del  infmito.  Admiro  en  ellas  la  grandiosidad  de  la  obra  del 
Creador,  el  mecánico  sublime. 

¿Es  usted  poeta  uruguayo,  por  lo  que  es  americano  y  vive 
bajo  el  mismo  pedazo  de  cielo  que  cubre  la  cuna  de  Figue- 
roa,  de  Juan  C.  Gómez,  de  Adolfo  y  Aurelio  Berro,  de 
Zorrilla  de  San  Martin,  de  Melian  Lalinur,  de  Washington 
Bermudez,  de  José  Sienra  Carranza  y  de  Estanislao  Pérez 
Nieto? 

No.  Lo  es  porque  grabó  las  leyendas  Mangora,  En  la 
cumbre  y  Sin  piedra  ni  palo  en  la  historia  de  la  poesía 
uruguaya;  porque  exaltó  el  valor  de  los  hijos  de  esta  he- 
roica tierra  americana  en  esa  otra  leyenda  Quen-r  es  poder; 
porque,  en  tin,  dio  en  mil  estrofas  lúcidas  como  estrellas  el 
alma  á  esta  patria  y  la  lira  á   sus  glorias  imperecederas. 

El  ganclto  fiero — cosaco  de  las  campiñas  uruguavas — ¿apeó- 
se á  las  puertas  del  rancho,  á  la  hora  de  la  oración,  y  tomó 
la    guitarra   para   acompañar   unas   décimas  lánguidas,   nostál- 


AMERICANO  63 


gicas,  como  el  dulce   recuerdo  de  una   patria  ideal  en   leja- 
nos horizontes? 

Usted  recoge  esa  cascada  de  armonías  y  hace  de  ellas  ma- 
terial para  sus  admirables  cuadros  de  la  vida   local. 

Tan  cortés,  cual  valiente  y  desprendido, 
La  flor  y  nata  de  los  gauchos  es, 

Y  en  sus  galas,  arreos  y  vestido 

El  lujo  ostenta  y  vanidad  de  un  rey. 

Se  distinguen  las  ñores  de  su  veste 
Mal  prendido  su  rico  vichará^ 

Y  de  gamuza  el  tirador  celeste, 

Y  de  crujiente  seda  el  chiripá. 

Las  botas  son  de  potro;  no  se  siente 
El  rumor  de  su  huella  en  la  extensión: 
Es  de  plata  el  puñal  resplandeciente, 
Hacia  atrás  suspendido  con  primor. 

Cuando  rendido  el  parejero,  apenas 
Sigue  de  otro  la  carrera  audaz, 
La  estrella  colosal  de  sus  chilenas  {'j) 
Sangrienta  brilla  como  luz  fatal. 

Y  al  correr  del  caballo  estrepitoso, 
Que  ya  toca  la  meta  vencedor. 
Golpea  la  caronay  y  armonioso 
Silva  el  /a^o  prendido  en  el  arzón. 


( 7 )  Espuelas  de  domar.  El  significado  de  casi  todas  las  palabras  .  america- 
nas de  este  fragmento,  se  encuentra  en  las  notas  de  la  composición  XVI  del 
tomo  1 :  Sin  piedra  ni  palo,    ( N.  del  A.) 


64  UN  POETA 

^ 

Escarchado  de  rica  argentería 

Y  combinado  en  armoniosa  unión, 
El  magnífico  apero  más  lucía 
Llevado  por  el  joven  seductor. 

Resonaban  los  broches  y  cadenas 

Al  trote  del  indómito  corcel, 

Que  al  sentir  en  los  flancos  las  chilenas 

No  pudiendo  su  furia  contener, 

Con  blanquecina  espuma,  más  brioso 
Tascaba  el  freno,  sacudía  la  crin, 

Y  flexible  arqueando  el  cuello  airoso. 
Hinchaba  y  comprimía  la  nariz. 

Entonce,  confiado  el  buen  ginete 
Le  soltaba  las  riendas,  y  veloz, 
Como  lanzado  por  ciclópeo  ariete 
Iba  el  caballo  de  su  sombra  en  pos!  (8) 

El  caudillo  valiente  ¿pasó  por  lo  alto  de  la  cuchilla,  sobre 
el  brioso  pingo^  adiestrado  en  las  escaramuzas  de  las  guerri- 
llas, el  oído  acostumbrado  al  estrépito  de  los  encuentros? 

Usted  lo  sorprende  en  la  mis  gallarda  postura,  y  con  la 
fidelidad  de  una  máquina  fotográfica  le  imprime  la  silueta  en 
rasgos  iluminados  de  verdad  é  inspiración. 

Perseguido  por  un  grupo 
Se  detiene  en  la  cucHUIj: 
Con  el  facón  una  niva 
Hace  en  la  tierra*  se  inclina. 
La  barranca  y  selva  próximas 
Con  ojo  avizor  registra; 
A  su  pi9ig<^  palmetea « 
Lo  aprictJi  U  flv\ia  cincha. 
Se  recuesta  en  el  rtcado. 


$^    C^bMr  CAtt^>  IV^  c\>rTtí|ri4\>  f\v   el  jiiBt^r. 


AMERICANO  65 


Cruza  una  pierna,  se  alisa 
La  negra  rizada  barba ; 
Entona  una  vidalita,  (9) 

Y  cuando  á  breve  distancia 
A  sus  contrarios  divisa, 
Vuelve  á  montar,  los  espera 
Sereno  y  la  frente  erguida: 
Los  embiste,  se  abre  paso 
Al  través  de  la  guerrilla 
Muda  de  asombro,  golpéase 
La  boca,  en  la  diestra  gira 
Sus  terribles  boleadoras. 
Que  silban  como  Boiquiras; 
Endereza  á  la  barranca, 

De  un  salto  se  precipita 
Con  su  caballo  en  el  río, 
A  nado  llega  á  la  orilla, 

Y  como  el  centauro,  rápido 
A  escape  en  la  selva  umbría 

Se  pierde,  y  vengan,  chimangos,  (10) 
Si  acaso  hombres  son les  grita.  (11) 


Esta  noche  le  vi,  solo, 
De  los  tiros  á  la  lumbre, 
Cargar  á  la  muchedumbre 
Como  toro  en  albardon;  (12) 
Y  cada  bote  de  lanza 
Al  que  hondo  clamor  seguía. 
Con  sangre  en  tierra  imprimía 
Las  huellas  de  su  bridón!  (i^) 


(9)  Cantares  de  los  ganchos,  generalmente  tristes,  qne  tienen  por  argn4uento 
sos  infortonios  y  desdichas.  (  N.  del  A.) 

(10)  Chimando. — Ave  de  rapiña  que  se  alimenta  de  cuerpos  muertos,  muy 
Toraz  y  chillona.  El  vocablo  se  emplea  en  sentido  de  cobardia  y  desprecio. 
(AT.  del  A.) 

( 11 )  Palm,  y  Omh.    T.    11.  —  El  caudillo  del  Pago. 

(13)  Los  toros  ál\adoSy  ganan  las  alturas  {albardones),  viven  allí  con  sus 
hembras,  aislados,  y  no  permiten  en  su  radio  más  ó  menos  extenso,  que  se 
les  acerquen  hombres  ni  animales.  {N.  del  A.) 

(i^)    Celiar.  Canto  XX,  corregido  por  el  autor. 

5 


66  UN   POETA 


Así,  como  observa  el  autorizado  crítico  redactor  y  director 
político  áe  L'Iialia  (14),  Vd.,  en  compañía  de  los  poetas 
nombrados  y  otros  edifica  el  modesto,  pera  precioso  monu- 
mento de  la  poesía  uruguaya,  tan  llena  de  originalidad,  tan 
ataviada  de  aspectos  deslumbrantes  como  la  naturaleza  de 
estas    encantadoras  regiones. 

He  notado,  entretanto,  que  no  siempre  sus  versos  son 
arrullos  de  paloma  mansa.  Suele  Vd.  á  veces  desbordarse  en 
torrentes  de  cólera  c©n  las  voces  iracundas  del  trueno.  En- 
tonces no  es  sublime,  es  solemnemente  terrible;  parece  que 
un  león  hubiera  pulsado  su  arpa.  • 

Para  dejar  bien  sentado  mi  aserto,  sólo  me  detiene  la  di- 
ficultad de  la  elección.  No  es  posible,  por  ejemplo,  transcri- 
bir íntegras  todas  las  enérgicas  y  vibrantes  estrofas  de  Las 
dos  orillas,  que  resuenan   dentro  del  pecho  como  el   redoble 


( 14)  Atteso  da  Inngo  teiupo,  qaesto  bel  volume  ríesce  accctto  a  tnUele  anime 
gentili,  amante  del  bello,  ed  aggiungc  una  nnova  foglia  d'alloro  alia  sempre  ver- 
de corona  del  principe  della  letteratura  nazionale,  che  da  quasi  qoarant^anni 
mantiene  saldo  nellc  robaste  sue  mani  lo  scettro  della  patria  letteratura:  e  regna 
riverilo  ed  amalo  dalla  pleiade  degli  epigoni  che  lo  salatano  maestro  ed  amico,  e 
fra  i  quali  primeggiano  Giovanni  Zorrilla  de  San  Martin,  Cario  Maria  Ramirez, 
Luigi  Melian  Lafinar,  Danielc  Muñoz,  Giovacchino  Saltcrain,  Emanuele  Herre- 
ro y  Espinosa  ed  altri  parecchi  che,  fora  lungo  enumerare. 

Le  qualitá  intrinseche  di  questo  poeta,  che  sonó  una  nota  mclanconica  che  s* 
apre  cammino  anche  in  mezzo  alie  piú  smaglianti  descrizione  di  cui  é  ricca  la  sua 
tavolozza,  un  dubbio  interno  tra  le  veritá  della  scienza  ed  il  fascino  de  la  fede, 
ed  un  splendore  di  forma,  che  raramente  íagli  difetto,  sonó  piú  che  mai  accen- 
tualc  nel  nuovo  volume. 

II  deísmo  del  poeta  oriéntale  non  é  per  altro,  affretiamoci  a  dirlo,  la  cieca 
fede  del  fanático;  nó  glimpedisce  di  rendere  il  debito  omaggio  alie  meraviglie 
della  scienza  umana.  £  siane  pro  va  queslo  fram  mentó  che  togliamo  dal  beliis- 
simo  canto  ispiratogli  dalHuaugurazione  della  prima  linea  ferroviaria  nella  sua 
patria : 

Conquistas  de  la  ciencia  y  del  derecho 
Por  el  ingenio  humano  idealizadas  ! 
Aspiración  sublime  á  cuanto  grande 
Del  hombre   en   este   mundo 
£1  corazón    espande ! 


AMERICANO  67 


del  tambor,  de  ese  himno  en  que  Vd. ,  « desde  el  cielo  de  la 
inspiración,  como  dice  Carlos  M.  Ramirez,  abraza  con  una 
mirada  sola  el  cuadro  lúgubre  de  las  dos  orillas  (Montevideo, 
Buenos  Aires),  y  con  desesperación  llora  sobre  el  infortunio 
común  de  los  dos  pueblos,  y  maldice  valientemente  al  cruel 
fantasma  de  la  peste,  al  demonio  impío  de  la  guerra  civil, 
y  pide  al  Plata  sus  tormentas  y  al  Pampero  sus  furores,  para 
purificar  allí  la  atmósfera  del  cuerpo,  y  aquí  la  atmósfera  del 
alma;  y  evoca  el  temple  estoico  de  los  hombres  ciudadanos 
para  salvar  la  vida  allí,  aquí  la  honra,  la  libertad,  la  paz.  (ij) 

Recorre  tus  linderos,  ¡oh  magestuoso  Plata, 
Hacia  la  mar  hirviendo  tus  ondas  arrebata, 
Y  llama  á  la  tormenta  con  tu  gigante  voz! 


Y  esta  imprecación  al  que  Mármol  apellidó  nuevo  Conde 
Don  Julián,  entregado  en  cuerpo  y  alma  al  Nerón  argentino: 

Infame  parricida  I  si  el  genio  del  abismo 

Mi  maldición  oyera,  de  tí  cansado  ya, 

Te  tragaría  el  infierno,  si  hasta  el  infierno  mismo 

Tus  huesos  execrados  no  arroja  más  allá  I  (16) 

Y  este  apostrofe,  lanzado  el  día  mismo  de  la  inundación 
de  la  ciudad  por  la  campaña,  al  rostro  de  los  que  querían 
prorrogar  la  dictadura,  afrenta  contra  la  que  se  subleva  todo 
pueblo  libre,  que  prefiere  el  exterminio  de  los  mártires  del 
2  de  Mayo  en  Madrid,  á  la  deshonra  de  la  matrona  violada 
en  Roma  por  el  hijo  de  Tarquino. 

Al  oír  nombrar  un  déspota,  se  ierguen  cimbradores 
La  palmas  y  laureles  del  Plata  al  Tacuarí: 
El  Uruguay  no  es  cuna  de  Sylas  ni  traidores, 
El  árbol  de  los  siervos  no  tiene  ráiz  aquí! 


(15)    Palm •  y  Omb,,  T.  i,  fág.  177. 
(  x6 )    El  2$  de  Mayo  de  1H44,  —  Folleto. 


68  UX   POETA 


Un  pueblo  libre  digno,  como  Lucrecia  audace, 

Al  deshonor,  altivo  prefiere  el  ataúd: 

¿Si  hay  quien  ofrezca  el  yugo  no  habrá  quién  lo  rechaze? 

¿  Ha  muerto  en  este  pueblo  la  cívica  virtud  ? 


Herid  la  carne,  ilusos,  escarneced  la  idea. 
Rasgad  las  santas  hojas  de  la  Constitución, 
Romped  todos  los  diques,  llevad  la  roja  tea 
A  lo  que  en  pié  dejara  la  horrible  inundación. 

Hacedlol el  aire  infecto  se  encargará  de  ahogaros, 

Y  en  alas  del  silencio  la  sombra  al  descender. 

En  las  conciencias  mudas  apagará  los  faros 

Que  marcan  á  los  pueblos  la  ruta  del  deber  I  (17) 

Oigo  ahora  la  nota  filosófica  y  profundamente  humana. 
Contemplo  al  poeta  en  larga  noche  de  insomnio,  meditando 
en  los 

Arcanos  de  la  mente  y  corazón. 


Como  bandada  de  nocturnas  aves 
Vuelan  en  su  cabeza  enardecida, 
Todos  los  arduos,  insondables,  graves 
Problemas  de  la  muerte  v  de  la  vida. 


¿Si  átomos  son  los  orbes  siderales 
Con  todas  sus  grandezas  y  esplendores, 
Qué  somos  ay!  los  míseros  mortales 
De  este  ruin  globulillo  habitadores? 


[  17^    J\iÍfn,  I*  Owh.,  T.  II.   -  Imuulacu^n, 


AMERICANO  69 


¿Siempre,  Señor,  dominarán  el  suelo 
El  crimen,  la  demencia,  la  falsía? 
Tinieblas  en  la  tierra  y  en  el  cielo, 
Iniquidad  doquier  y  tiranía?....  (18) 

Cuan  amargas,  pero  á  la  vez  cuan  sentidas  y  conmove- 
doras las  reflexiones  que  le  sugiere  á  Vd.  el  triste  espec- 
táculo que  amenudo  ofrece  el  mundo,  presa  de  las  malas 
pasiones,  la  ambición,  la  fuerza,  la  mentira;  el  arcano  inson- 
dable del  destino  del  hombre,  especialmente  para  los  que 
no  aceptan  el  dogma  católico;  la  contemplación  de  las  llagas 
sociales,  la  eterna  lucha  del  mal  y  del  bien,  que  empieza  en 
el  Paraíso,  según  el  texto  sagrado,  y  acaso  ni  aun  más  allá 
de  la   tumba  terminal 

¿No  es  un  valle  de  lágrimas  el  mundo, 
Crisol  de  prueba  la  existencia  humana?.... 
¡Y  todos,  infelices,  sollozamos 
Por  invisible  dardo  herida  el  alma!  (19) 


Es  mentira?  es  verdad?. ...  el  hombre  nace, 
Con  buena  ó  mala  estrella?..  ..  no  lo  sé  I 
Mas  si  él  tan  sólo  su  destino  hace. 
Quién  le  empuja  en  la  vida? Dios?  Luzbel? 

Impenetrable  arcano!  ....  el  alma  mía 
Retrocede  ese  abismo  al  sondear, 

Y  torpe  acaso  la  razón  impía 
Arranca  una  blasfemia  al  labio  audaz. 

[Tan  propicia  para  unos  la  fortuna 
Desque  abren  sus  ojos  á  la  luz! 

Y  para  tantos  ¡ay!  desde  la  cuna 
Sólo  llanto,  miseria,  esclavitud! 


(18)  Palm,  y  Omb.,  T.  i. —  Proemio. 

(19)  Palm,  y  Omb.jT.  11.  —  Mirando  al  Crucero. 


70  UN  POETA 


Usurpada  corona  ostenta  ufano 
El  que  menos  la  supo  merecer! 

Y  ciega  la  Fortuna  abre  su  mano 

Y  así  reparte  fama,  oro  y  poder! 

Y  así  del  bueno  para  mengua  y  daño, 
Es  un  sarcasmo  la  virtud  y  honor, 
Porque  el  crimen,  la  audacia  y  el  engaño 
Sobre  él  pasan  en  carro  triunfador!  (20) 

El  grito  del  ángel  rebelde  y  del  Titán  aherrojado  en  el 
Cáucaso,  por  haber  querido  robar  su  fuego  al  cielo,  en 
presencia  del  crimen,  el  desorden  y  la  maldad  triunfantes; 
interrogación  sombría  que  dirige  al  Supremo  Juez  el  hombre 
exasperado  por  sus  dolores,  ante  el  enigma  que  no  compren- 
de ni  acierta  á  descifrar,  que  perturba  á  veces  su  razón  y 
hiere  como  una  burla  sangrienta  el  sentimiento  de  la  jus- 
ticia, inseparable  de  la  idea  de  un  ser  perfecto,  omnipoten- 
te y  misericordioso  como  el  Eterno,  ese  grito  que  repiten 
los  siglos,  pugna  por  escaparse  de  sus  labios;  pero  sofo- 
cado por  la  energía  de  la  voluntad  educada  por  una  madre 
piadosa,  que  supo  infundir  á  usted  desde  niño  con  su  vida 
y  su  muerte  cristiana  (21),  el  respeto  á  lo  divino  y  el  amor 
á  los  grandes  ideales  de  la  humanidad,  le  obliga  á  inclinar 
la  frente  resignada  ante  el  resplandor  de  la  conciencia,  cuya 
luz  como  usted  afirma  con  íntima  convicción,  vence  cuando 
fulgura f  al  Astro-rey  en  el  zenit;  y  cambiase  en  su  lira  aquel 
grito  del  alma  desolada,  en  la  valiente  nota,  altanera  y  hu- 
milde á  la  vez,  que  nada  tiene  que  envidiar  al  varonil 
acento  del  más  libre  pensador  ni  á  la  férvida  invocación  y 
protesta  del  más   sincero   creyente  contra  el  excepticismo. 


(30)  Horas  de  Melancolia. — £1  Destino. 

( 31 )  Tave  ana  madre  religiosa  y  buena  — ella  me  enseñó  con  sn  vida  y  muer- 
te cristiana,  que  donde  está  el  espíritu  del  Seflor  aUi  existe  la  verdadera  dicha, 
la  verdedera  libertad,  alma  de  la  civilización,  ley  eterna  del  progreso  y  bien  su- 
premo de  esta  vida  y  la  futura.  —Xa  Iglesia  y  el  Estado. 


AMERICANO  7 1 


En  ella  funde  y  resuelve  usted  en  definitiva  la  duda  in^ 
terna  entre  las%verdades  de  la  ciencia  y  la  fascinación  de  ta  fé, 
según   la   frase  de   uno  de   sus  ilustrados  críticos. 

Si  no  hay  tal  destino....  ¿por  qué  un  solo  hombre 
A  un  pueblo  avasalla,  cual  si  fuera  Dios? 

Y  la  tierra  muda  se  inclina  á  su  nombre, 

Y  cae  de  rodillas  temblando  á  su  voz? 

Si  no  hay  tal  destino ¿por  que  esos  matices 

En  brío  y  talento,  belleza  y  color?. . . . 

Y  el  loco? el  perverso? y  los  infelices, 

Que  en  el  vientre,  esclavos,  ya  tienen  señor? 


Y  el  mal? el  pecado?...,  la  vejez? la  muerte? 

Y  la  eterna  lucha  del  mal  y  del  bien? 

Y  esa  oculta  mano,  que  el  veneno  vierte 
En  la  flor  primera  del  nativo  Edén? 

Esa  oculta  mano,  que  del  libro  eterno 
Borronea  las  hojas  y  el  sublime  plan! 
La  que  el  Paraíso  cambia  en  un  infierno, 

Y  eternas  venturas  en  eterno  afán! 

¿Será  que  á  esa  mano  terrible,  maldita. 
Oh  Dios!  en  castigo  legaste  tu  grey?  — 
O  en  el  orbe  nadie  su  fuerza  limita, 

Y  tu  mismo  acaso  respetas  su  ley? 

Necedad  I  blasfemia! tu  solo,  Dios  mío! 

Eres  grande  y  fuerte,  tu  solo  eres  Dios! 

Y  si  el  mal  existe,  si  existe  el  impío 
Destino,  de  hinojos  escuchan  tu  voz!  (22) 


(  33  )     Horas  de  melancolia.  —  El  Destino. 


72  UN  POETA 


Como  se  ve,  las  sinceras  y  arraigadas  convicciones  del 
poeta  cristiano,  se  sobreponen  á  la  duda  excéptica  é  impri- 
men un  sello  especial  á  sus  varoniles  conceptos. 

Es  Vd.  todavía  más  explícito  en  otras  composiciones. 

Ahí  bien  lo  sabes  tú,  valiente  atleta: 
Cárcel  de  prueba  el  mundo  en  que  vivimos, 
Donde  eternos  del  mal  arden  los  focos, 
Nuestra  mísera  estirpe,  aun  redimida, 
(Arcano  impenetrable  I ) 
Entregada  parece  al  desenfreno 
De  bandidos,  de  histriones  y  de  locos  I 

Cual  tentador  demonio,  negra  duda 
En  hora  abominable  asalta  ñera 
La  soberbia  razón  del  hombre  vano, 
Más  la  blasfemia  en  la  garganta  anuda 
La  humildad  resignada  del  cristiano.  (23) 

Otras  voces  oigo  plegarias  de  ángeles,  un  conjunto  de  ar- 
monías serenas,  de  timbre  infantil,  que  me  hacen  suponer 
que  Vd.  confío  su  lira  á  un  bando  de  criaturas  rubias,  ino- 
centes, y  las  dejó  jugar  libremente  con  las  cuerdas  á  condi- 
ción de  no  romperlas. 

Entonces  es  Vd.   candoroso  v  sublime  como  la  misma  ino- 

m 

cencía.  En  cada  ver>o,  un  beso,  en  cada  beso  algo  como  una 
caricia  Jf  padre. 

Son  ángeles  los  niños 
De  paz  y  de  alegría. 
Guirnaldas  que  coronan 
L4  fícente  maiemaK 


<— ^HU  <iLtrs'^&  hi  s¿4«>  instituida  |vt$teri\^rxe::e.  cv>3o  ai»  exacti  r  expresn. 


AMERICANO  73 


Palomas  mensajeras 
Que  Dios  al  suelo  envía, 
Para  traer  al  hombre 
La  oliva  celestial. 

Por  eso  hay  en  los  niños 
Irresistible  encanto, 

Y  el  alma  estremecida 
Palpita  de  placer, 

Cuando  al  mirar  sus  gracias, 
A  la  pupila  el  llanto 
Se  agolpa,  y  dulcemente 
Sentímosle  caer. . . . 

Qué  arranca  aquella  lágrima? 
La  luz  de  la  inocencia. 
Que  brilla  protestando 
Contra  el  sufrir  común; 

Y  esparce  en  torno  de  ellos 
La  virginal  esencia 

Del  alma  no  manchada 
Por  el  delito  aún.  (24) 


¿Y  el  amor?  ¡Ahí  ese  infinito  del  corazón  humano  lo  ha 
Vd.  cruzado  con  los  rayos  de  la  inspiración.  Para  el  amor 
de  virgen  ó  de  esposa  un  poema;  para  el  amor  de  madre 
una  epopeya.  Dos  inmensidades  dentro  de  dos  grandezas;  lo 
que  excede  es  todavía  inñnito,  algo  que  se  extiende  de  la 
tierra  hasta  el  cielo. 

Permita,  mi  adorable  poeta,  que  yo  repita  aquí,  como 
prueba  de  lo  que  afirmo,  este  amoroso  acento  de  su  alma 
de  esposo: 

A  mitad  de  mi  vida,  niña  hermosa, 

Te  encontré  como  un  Hada  en  mi  camino. 


(  24 )    Horas  de  melancolia.  —  Inocencia. 


74  UN  POETA 


Astro  de  amor,  que  con  su  luz  me  baña 

Y  por  doquier  amante  me  acompaña ! 
Talismán  que  preservas  mi  existencia 

Y  que  siempre  á  mi  lado  fiel  encuentro, 
Si  del  hombre  me  hiere  la  vil  saña  , 

O  me  postra  del  cielo  la  inclemencia! 


Recoge  tú  mi  postrimer  suspiro, 
Y  sea  para  tí  mi  último  canto.  (2^) 


Antes  de  dejar  el  oasis  de  PjImjs  y  Omhües  para  conti- 
nuar el  viaje  de  la  existencia,  quiero  agradecerle,  venerando 
cantor,  las  horas  de  venturoso  solaz  que  me  proporcionó  en 
sus  poéticos  dominios. 

No  es  esto  una  página  de  crítica,  es  un  comentario  de  lar- 
ga cola,  como  los  cometas;  pero«  no,  como  los  cometas, 
luminoso. 

Doy  á  Vd.  las  gracias  por  el  inapreciable  autógrafo  con 
que  ha  querido  honrarme,  al  remitirme  su  libro.  Lo  acep- 
to con  gratitud,  pero  en  la  culpa  va  el  castigo,  por  la  im- 
pnuiencia  de  confiar  diamantes  á  manos  de  un  ciego.  Xo  se 
dedica  impunemente  un  tesoro  de  inspiración  á  quien,  para 
iluminarlo  con  las  clarídades  de  una  crítica  concienzuda  y 
condigna,  no  dispone  de  otros  recursos,  que  una  alma  llena 
do  admiración  y  un  cerebro  lleno  de  problemas  económico- 
pv^liticos. 

Si  yo  pudiese  aprisionar  auroras,  acumular  rayos  de  cs- 
tn^Uas,  condensar  iv^das  las  músicas  de  la  naturaleza,  va  ten- 
dna   como  fes;ejar  dicnamcn:e  su  clona  literaria. 

RCSCEA   GaIIO. 


AMERICANO  75 


Le  envío,  corregido,  el  único  ejemplar  que  conservo  del 
artículo  en  forma  de  carta  que  le  dirigí,  y  que  usted  hoy 
me  pide  para  darle  cabida  en  su  libro. 

Consi'dero  como  un  honor  esa  distinción,  y  con  tal  mo- 
tivo he  juzgado  conveniente  para  corroborar  mis  juicios  res- 
pecto de  la  obra  poética  de  usted,  en  su  conjunto,  que  no 
todos  conocen,  agregar  algunas  observaciones  y  citas  tanto 
del  libro  actual  como  de  otros  trabajos  de  usted  publicados 
antes;  citas  que  omití  cuando  vio  la  luz  mi  carta,  por  falta 
de  espacio  en  el  Diario,  y  también  para  no  postergar  su  in- 
mediata publicación. — Rocha  Gallo, 


PALMAS  7  OmÚES 


PARA  OTROS 


(I). 


(Á   MIS   hijos) 


*   *   * 


Cuando  inunda  mi  alma  la  alegría, 
O  la  angustia  me  prensa  el  corazón 
Aire  buscando  y  luz,  al  campo  vuelo. 
Cual  si  debiese  allí  encontrar  á  Dios. 


Mis  ojos  no  le  ven;  pero  adivino 
Su  presencia,  y  percibo  en  el  rumor 
De  las  flores,  las  aguas  y  los  vientos, 
El  murmullo  lejano  de  su  voz. 


Allá  sobre  la  margen  de  un  gran  río 
Que  sombrean  el  Tala  y  el  Laurel, 
Se  levanta  gentil  Santa  Lucía 
Como  un  pedazo  del  perdido  Edem.  (2) 


78  PARA  OTROS 


Con  el  sudor  bendito  de  mi  frente 
Allí  un  risueño  albergue  levanté, 
En  las  tormentas  de  mi  vida,  oasis, 
Para  las  prendas  de  mi  amor,  vergel ! 


Los  más  preciados  árboles  y  flores 
Su  frescor  y  perfume  al  viento  dan: 
Hay  sombra  y  agua  por  doquier,  y  al  fondo 
Corre  entre  sauces  límpido  raudal. 


En  un  cantero  del  jardin  frondoso. 
Un  CEDRITO  del  Líbano  planté. 
Árbol  gigante  que  si  vive  siglos, 
Muchos  años  al  par  tarda  en  crecer. 


Al  pasar  junto  á  él  sonrisa  irónica 
En  más  de  un  necio  labio  vi  asomar, 
Y  alguno  preguntóme  ¿cuándo  sombra 
Brindarte  pueda,  tú,  dónde  estarás?.... 


— Mi  cuerpo  en  polvo,  fecundando  el  limo 
Que  su  envoltura  terrenal  formó ; 
Mi  espíritu  en  el  éter,  de  astro  en  astro, 
Depurado  ascendiendo  á  su  Creador! 


Mas  un  día  mis  hijos  ó  mis  nietos, 
A  la  sombra  de  este  árbol  colosal, 
Por  el  que  le  plantó  pensando  en  ellos, 
Tierna  plegaria  acaso  elevarán. 


PARA  OTROS  79 


La  más  bella  paloma  de  mi  estirpe 
Quizá  bajo  su  copa,  al  caer  el  Sol, 
Alguna  estrofa  del  abuelo  cante 
Arrullando  al  hijuelo  de  su  amor! 

Pensadores,  apóstoles,  atletas. 
Que  regáis  con  sudor  de  sangre  y  yel 
El  hondo  surco  do  germina  el  grano, 
De  ciencia  y  libertad  próvida  mies: 

Mártires  ignorados  ó  famosos 
De  la  ley  inflexible  del  Deber, 
Los  que  supisteis  afrontar  por  otros. 
Mazmorras  y  puñales,  hambre  y  sed: 

¿Qué  importa  que  se  cierren  vuestros  ojos. 

Sin  que  vean  espléndida  surgir 

La  cosecha  que  aguarda  en  el  futuro 

A  vuestra  sucesión  libre  y  feliz? 


¿Qué  importa  que  no  brote  la  semilla 
Mientras  marchando  vais  al  ataúd. 
Si  para  otros  rasgará  la  tierra 
En  espigas  de  oro,  gJoria  y  luz?.. . . 

1881. 


(i)  Plácenos  abrir  las  notas  con  algunas  palabras  afectuo- 
sas de  un  poeta  y  escritor  uruguayo  á  quien  mucho  aprecia- 
mos, el  autor  de  Mi  ahijado  Mauricio,  La  tejedora  de  Ñatt" 
diity  y  de  los  Parónimos  de  la  lengua  castellana. 


8o  PARA  OTROS 


El  lector  inteligente  encontrará  íntima  relación  entre  el 
tema  y  la  dedicatoria  A  mis  hijos  de  la  composición  Para 
OTROS,  tanto  en  lo  que  dice  el  inolvidable  Dr.  Avellaneda, 
como  los  Sres.  Montes  y  Martí,  patriota  cubano,  también 
poeta  de  inspiración  y  escritor  que  se  distingue  por  la  origi- 
nalidad y  valentía  de  las  ideas  y  por  su  acerado  estilo,  co- 
rresponsal en  Nueva- York  de  La  Nación  bonaerense,  cuyas 
notables  cartas  reproduce  amenudo  toda  la  prensa  del  Río 
de  la   Plata. 

El  libro  á  que  se  refiere  este  último,  titulase  Ismaelillo,  y 
forma  un  pequeño  pero  precioso  volumen  de  poesías,  cuyo 
protagonista  en  todas  es  su  hijo.  Inútil  agregar  que  el  libri- 
to,  en  reducido  espacio  encierra,  como  el  brillante,  altísimo 
precio.  Puede  verse  en  el  núm.  53  de  los  Anales  del  Ateneo 
del  Uruguay,  correspondiente  al  5  de  Enero  de  1886,  el  jui- 
cio detenido  que  de  él  hicimos. 


Siento  verdadero  placer  en  decirle  que  aquí  (Tucuman) 
como  en  Buenos  Aires  ha  obtenido  una  acogida  espléndida 
Palmas  y  Ombúes,  á  cuya  sombra  bienhechora  reposarán  de 
las  fatigas  de  la  vida  diaria  las  generaciones  del  porvenir, 
como   han  reposado  las  del  presente. 

El  doctor  Ernesto  Colombres  redactor  de  El  Orden  es 
uno  de  sus  más  apasionados  admiradores  en  esta  provincia, 
lo  que  no  es  extraño  para  los  que  conocemos  el  talento  del 
ilustrado  periodista. 

Uno  mis  plácemes  á  los  que  resuenan  en  las  dos  márge- 
nes del  Plata  por  el  fulgurante  volumen  con  que  un  hijo 
de  la  República  Oriental  acaba  de  enriquecer  la  joven  y  ya 
gloriosa  literatura  americana. —  Victoriano  E,  Montes, 

1885. 


Hasta   el  18   de  este  mes  (Octubre)  no  llegó  á   mis  manos 
la  generosa  carta  de  Vd.  que  premia  el  cariño  con  que  desde 


PARA  OTROS  8 1 


hace  muchos  años  vengo  escribiendo  y  loando  su  nombre.  De- 
terminado á  llevar  mi  vida  por  donde  á  mí  me  parece  que  va 
bien,  que  es  por  donde  se  va  solo  y  duele  andar,  me  per- 
mitirá Vd.  que  le  diga  que  estos  afectos  de  la  valía  y  es- 
pontaneidad del  suyo,  son  la  única  recompensa  que  apetez- 
co y  el  único  alimento  que  necesito,  para  tenerme  firme  en 
mi  vida  sencilla,  que  querría  yo  hacer  tan  limpia  y  majes- 
tuosa como  uno  de   sus    versos. 

No  he  dejado  una  línea  por  leer  en  su  hermoso  libro, 
que  me  puso  en  seguida  la  gluma  en  la  mano ,  y  me  dio 
una  de  esas  raras  horas  de  lanza  y  de  luz  que  aclaran  y 
mantienen  la  existencia;  pronto  enviaré  á  Vd.  publicadas 
las  páginas  que  he  escrito :  ya  había  anunciado  yo  la  obra 
apenas  me  llegó  la  importante  Reseña  hihliográfica  del  se- 
ñor General  Mitre. 

Muy  cariñosamente  doy  á  usted  las  gracias  porque  hizo 
memoria  de  mí,  y  por  el  vivo  placer  que  me  ha  causado 
la  lectura  del  volumen,  que  es  uno  de  los  pocos  libros  vi- 
vos—  altos  y  bien  compuestos  —  que  salen  ahora  de  manos 
de  los  que  hacen  versos  en  lengua  de  Castilla.  —  Si  no  le 
hubiera  usted  llamado  Palmas  y  Ombúes,  así  lo  hubiera  lla- 
mado todo  el  mundo. 

Me  hace  la  merced  de  llevar  á  usted  esta  carta  uno  de 
los  hombres  á  quien  más  quiero  y  estimo,  el  doctor  don 
Enrique  M.  Estrázulas,  en  quien  he  aprendido  á  querer  al 
Uruguay,  y  con  mi  más  afectuoso  saludo  envío  á  Vd.  por  él 
mi  libro  de  versos  á  mi  hijo,  que  sólo  vio  la  luz  porque 
eran  suyos,  y  yo  sólo  me  amo  en  él :  va  á  Vd.  el  libro 
como  á  una  palma  va   una   mariposa. — José  Martí. 

1885. 


El  cónsul  argentino  en  Burdeos,  don  Felipe  A.  Picot,  me 
envió  su  carta  y  un  paquete  certificado  con  el  notable  libro 
que  acaba  Vd.  de  publicar,  y  copia  de  la  composición  que 
le  pedí  á  mi  paso  por  Montevideo. 


82  PARA  OTROS 


Le  anticipo  un  caluroso  aplauso,  y  buscaré  sombra  y  alivio 
bajo  sus  Palmas  y  OmbíicSy  ocupándome  del  libro  tan  pronto 
como   mejore. 

No  me  sienta  el  clima  de  París  y  en  Octubre  próximo  ó 
en  Noviembre  á  más  tardar,  partiré  con  mi  familia  para 
Buenos  Aires.  Así  me  lo  aconsejan  los  midicos  que  me  asis- 
ten, temerosos  que  el  invierno  agrave  mis   dolencias. 

¡Cómo  le  envidio,  oh  mi  altíiimo  poeta,  su  empeñosa  afi- 
ción á  las  letras,  y  su  cultivo  asiduo,  en  medio  de  las  con- 
trariedades de  cada  día  en  pueblos  como  los  nuestros,  sin  que 
nada  ni  nadie  doblegue  su  voluntad  y  le  aparte  de  su  camino ! 

Qué  bien  lo  dijo  Vd.   en  su  canto  á  Azara  I 

<r.  Puede  en  él  darle  tumba  su  destino. . . . 
Más  no  obligarla  á  desviar  el  piél>/ 

He  admirado  siempre  á  los  que  en  el  último  período  de  la 
existencia,  bajo  el  peso  abrumador  de  los  anos  y  de  los  do- 
lores físicos  y  morales,  que  son  su  cortejo  inevitable  para 
casi  todos  los  hombres,  trabajan  sin  embargo  empeñosamente 
para  otros,  porque  ellos  en  rigor  no  necesitan  ya  conquistar 
gloria  ni  renombre. 

¿Y  el  tomo  II,  cuándo  le  veremos? 

Adiós,  mi  querido  poeta  y  viejo  amigo.  Hace  mucho  tiem- 
po que  no  leo  versos :  mándeme  los  suyos  siemprfe  que  los 
dé  á  luz,  y  ahora  más  que  nunca,  porque  un  alma  enferma 
y  herida  no  puede  confiarse  sino  al  vuelo  seguro  de  una  mu- 
sa amiga.  —  Nicolás  Avellaneda. 

1885. 

(2)  Recorrí  ayer  la  parte  de  este  espléndido  país  que  me- 
dia entre  la  Capital  y  Santa  Lucía.  Admiraba  la  encantadora 
variedad  de  los  sitios  y  de  las  producciones,  la  gracia  por 
donde  quiera  enlazada  con  el  vigor  y  la  fecundidad, — como 
en  esos  árboles  de  las  regiones  amadas  del  sol,  que  brindan  á 
un  tiempo  la  nieve  fragante  de  sus  azahares  y  los  dorados  fru- 
tos de  su   oscuro  follaje.  —  Pablo  Groussac, 

1883. 


II 


RADIACIÓN 


A   DON   REMIGIO    CASTELLANOS,    EX-GEFE   POLÍTICO 

DE    CERRO-LARGO   (O 


I 


El  tiempo  y  el  dolor,  cjuerido  amigo, 
Han  devastado  mi  florido  huerto : 
El  que  antes  fué  jardin,  páramo  yerto, 
Sólo  hojas  secas  brinda  al  Aquilón! 
Del  suelo  una  recojo,  y  te  la  envío, 
A  tí  que  por  doquier  dejas  la  huella 
De  tu  mente  creadora  y  de  tu  bella 
Noble  alma  de  patriota:  radiación. 
¡Que  ella  brille  en  tu  fre  te  como  el  rayo 
Que  enlazó  nuestro  nombre  en  la  Florida, 
Cuando  la  imagen  de  la  Patria  erguida 
Dióle  al  pueblo  oriental  su  bendición!  (2) 


Qjtnbre  }  de  1887. 


84  RADIACIÓN 


II 


RADIACIÓN 


«     *    * 


Velado  el  firmamento  por  ráfagas  y  nieblas 
Que  anuncian  al  viajero  la  zona  tropical, 
El  mar  abre  á  la  nave  que  cruza  en  las  tinieblas  • 
Sus  brazos  de  alabastro,  su  lecho  de  coral. 


Qué  dice  el  mar?....  la  nave  se  queja?....  algún  suspiro 

Con  el  rumor  de  un  beso  modula  un  tierno  si? 

No  sé pero  en  la  popa  yo  con  asombro  miro 

El  místico  himeneo  que  se  consuma  allí. 


Al  imantado  choque  de  la  ferrada  quilla, 
Fosfórica  la  onda  con  vivo  resplandor, 
Cual  roja  catarata  se  enciende,  ruge,  brilla. 
Un  círculo  de  fuego  trazando  en  derredor. 


\ 


De  esmeraltadas  chispas  himente  remolino 

Serpea  en  los  costados  del  rápido  bajel, 

Y  luminosa  estela  señala  su  camino 

Cual  ígneo  puente  alzado  por  mano  de  Azrael: 


El  ángel  de  la  muerte  que  á  Dios  lleva  anhelantes 
Las  almas  que  á  la  tierra  ya  nunca  volverán, 
Cual  llevan  en  sus  crestas  las  ondas  fulgurantes 
Relámpagos  que  saltan  é  ignoran  donde  van. 


RADIACIÓN  8s 


Sublime  es  el  incendio  que  esmalta  el  Océano 
Y  tiñe  el  horizonte  lejano  de  carmín! 
Sublime  el  majestuoso  prodigio  soberano 
Que  bfota  al  centelleo  de  un  infusorio  ruin!  (3) 


Señor!  tu  Omnipotencia  cuan  esplendente  brilla 
Hasta  en  lo  más  pequeño  que  observa  la  razón ! 
Qué  efectos  tan  grandiosos  la  causa  más  sencilla 
Produce  en  tu  animada  ó  inerte  creación! 


Qué  lazo  á  los  planetas  detiene  allá  en  su  esfera, 
Y  en  torno  al  sol  los  lanza  con  invencible  imán? 
Por  qué  el  raudo  cometa  jamás  en  su  carrera 
Tropieza  con  los  astros  que  en  su  camino  están? 


Tú  como  el  rey  del  día  para  el  mortal  has  hecho 
¡Oh  Dios!  un  sol  humano  con  nombre  de  mujer: 
El  hombre  al  contemplarlo ,  bullir  siente  en  el  pecho 
Un  mundo  de  ilusiones,  de  ensueños  y  placer. 


En  ella  está  escondida  como  en  celeste  vaso 
La  gota  más  preciosa  del  cáliz  terrenal ; 
Fulgor  de  la  alborada,  fragancia  del  ocaso, 
Que  aroma  la  existencia  del  mísero  mortal. 


Qué  importa  que  la  nieve  salpique  ya  el  cabello, 
Si  amante  sus  recuerdos  evoca  el  pecho  fiel, 
Y  guarda  ef  alma,  aun  joven  para  lo  grande  y  bello. 
Palabras  de  ambrosía,  coronas  de  laurel? 


86  RADIACIÓN 


Si  ostenta  el  firmamento  guirnalda  de  luceros, 

Que  apaga  con  sus  rayos  el  regio  luminar ; 

Del  corazón  y  el  alma  los  fúlgidos  veneros 

En  esplendores  vencen  la  tierra,  el  cielo,  el  mar!  (4) 


Y  en  vano  en  las  tinieblas  la  nave  de  la  vida 

Relucha  con  las  olas  en  hórrido  vaivén; 

Al  fin  luz  misteriosa  la  tierra  bendecida 

Le  muestra  como  al  genio  su  virginal  Edén.  (5) 


Amor,  gloria,  esperanza,  vago,  infinito  anhelo, 
Que  sois  de  otra  existencia  divina  emanación, 
Llevadme  en  vuestras  alas  hasta  el  remoto  cielo, 
Iluminad  mi  tumba  con  vuestra  radiación!  (6) 


^n  Con  motivo  de  la  fiesta  literaria  organizada  para  la  inau- 
guración de  la  Biblioteca  páblica,  fundada  por  él  en  la  Capital 
del  departamento.  Vea-e  el  Art\:^:.F. 

ií>  O.  Romiiilo  Ostellanos,  con  los  Sres.  D.  Pablo  Xin  v 
Cíon.Mlo/,  n.  Manuel  E.  Rovira  v  Dr.  D.  José  Vázquez  Sa- 
gasuime»  ío'niv^  pane  de  la  comisión  presidida  por  el  que 
tra:a  estas  lineas,  v  que  tuvo  á  su  carjjo  la  erección  del  Mo- 
numento a  la  Independencia,  levantado  en  la  plaza  de  la  Flo- 
rida, c  inaucnrado  el   t.>  de  Mavo  do    iS--». 

ví^  la  tosíorcsconc.a  del  mar,  que  tan  adrr*:r¿bles  efectos 
prvvluce  en  !a  oscav.dad  de  la  n.vhc,  es  ir.uy  trecuenie  en  el 
mar  do  Ion  trópicos  v  en  *as  rec:oncs  r.^'.ares:  se  obser\-a 
tamb'.cn  en  o;  Mcd;:erranco  v  co>:,:s  de'  Atlántico.  La  opinión 
mas  act editada  es  que  esta  !;:r  proviene  ¿e  una  asombrosa 
can;ul,ul  vle  antmalillos  ;n:uso:;os,  v:vo<  unos  v  o:tos  en  es- 


RADIACIÓN  87 


tado  de  descomposición.  Yo  he  visto  el  fenómeno  en  las  costas 
del  Brasil  viniendo  de  Europa,  y  lejos  de  haber  exageración 
en  el  cuadro  que  he  trazado,  es  apenas  un  pálido  bosquejo  de 
la  honda  impresión   que  despertó   en   mi  ánimo. 

(4)  Dame,   en  el  Canto  XXX  del  I\<raíso,   dice: 

O  splendore  di  Dio,  per  cui  io  vidi 
L^alto  trionfo  del  regno  verace^ 
Dammi  virtú  á  dir  come  io  lo  vidi! 

.;Ah  resplandor  de  Dios,  por  el  que  pude  notar  el  inmenso 
triunfo  del  imperio  de  la  verdad,  concédeme  el  don  de  po- 
derlo describir  como  lo  logró  ver! 

Y  el  cantor  de  El  lustro  horrible^  en  la  última  estrofa  de 
su  poesía,  titulada  Inspiración: 

Oh!  inspiración! corriente 

De  una  luz  divinal;  hálito  blando 

Del  céfiro  naciente. 
Si  aquel  concento  en  que  tu  genio  exhalas. 
En  el  mundo  has  de  ir  siempre  infiltrando, 

Jamas  pliegues  tus  alas! 

Luis  Melian  Lajinur. 
1879. 

(5)  En  la  noche  del  12  de  Octubre  de  1492,  Colon  descubrió 
el  nuevo  mundo,  y  tuvo  en  cierto  modo  la  revelación  de  la 
proximidad  de  la  tierra  por  una  luz  distante  que  oscilaba  en 
la  playa.  Nuestro  compatriota  y  amigo  don  Heraclio  Fajardo,  en 
su  bello  canto  á  Colon,  ha  expresado  admirablemente  el 
efecto  que  debió  producir  aquella  luz  en  el  alma  del  inspi- 
rado marino,   combatida  por  tantas  amarguras, 

«Era  un  vivo  destello  de  topacio. 
Flotando  de  las  aguas  al  nivel, 
Como  estrella  caída  del  espacio 
Para  alumbrar  la  ruta  del  bajel >/. 


88  RADIACIÓN 


(6)  La  lectura  de  las  cosas  bellas,  el  conocimiento  de  las 
armonías  del  universo,  el  contacto  mental  con  las  grandes  ideas 
y  hechos  nobles,  el  trato  íntimo  con  las  cosas  mejores  que  en 
toda  época  ha  ido  dando  de  sí  el  alma  humana,  avivan  y  en- 
sanchan la  inteligencia,  ponen  en  las  manos  el  freno  que  su- 
jeta las  dichas  fugitivas  del  hogar,  producen  goces  mucho  más 
profundos  y  delicados  que  los  de  la  mera  posesión  de  la  for- 
tuna, endulzan  y  ennoblecen  la  vida  de  los  que  no  la  poseen,  y 
crean  por  la  unión  de  hombres  semejantes  en  lo  alto,  el  alma 
nacional. — José  Martí, 


1886. 


La  luz  y  siempre  la  luz  como  faro  perenne  en  la  vida  de 
todos  los  seres:  luz  para  los  cielos,  luz  para  el  océano,  luz 
para  las  profundidades  de  la  tierra :  luz  eléctrica,  luz  magné- 
tica,  luz  química. 

Por  donde  quiera  la  fosforescencia;  por  todas  partes  la  lla- 
ma. No  son  las  estrellas  las  únicas  fuentes  de  ese  fluido  di- 
vino que  llena  el  mundo  de  resplandores.  Los  polos,  el 
Ecuador,  la  roca,  el  mineral,  la  planta,  el  animal;  el  agua, 
el  aire,  por  donde  quiera  la  luz:  por  donde  quiera  Dios  I 
— Aristides  Rojas  (Venezolano). 

1876. 


III 


EL  LEÓN  CAUTIVO 


(■) 


A   DON   AURELIO    BERRO 


*   «   * 


1 


En  el  altar  desierto  de  sus  proscriptos  Dioses, 
Rotas  las  cuerdas,  puso  —  su  lira  el  trovador: 
Su  paz  pidió  á  los  muertos  el  luchador  rendido ; 
El  viejo  bardo  inútil,  dijo  á  la  musa:  Adiós! 

Almas  como  él  enfermas,  cual  bálsamo  á  su  herida, 

Trayendo  el  arpa  rota,  le  piden  su  cantar 

Al  verla,  contra  el  pecho,  él  la  estrechó  sombrío, 
Y  el  arpa  á  sus  latidos,  agreste  nota  dá. 


QO  EL  LEÓN  CAUTIVO 


¿Es  himno  ó  elegía,  imprecación  ó  ruego? 

Respondan  por  él  otros,  que  en  horas  de  dolor, 

A  herir  de  su  alma  el  bronce,  vinieron  imprudentes, 

Y  herido  el  bronce,  sordo,  rugió  como  el  león; 

Que  hundióse  de  repente  bajo  la  verde  trampa, 

Y  sólo  vio,  terribles,  al  pretender  luchar. 
Abajo  el  duro  suelo,  cerrado  como  tumba, 

,  Y  arriba  los  flecheros  que  el  arco  tienden  ya! 

Protesta  es  el  rugido  del  pobre  león  cautivo, 

Y  el  alma  del  poeta  que  sabe  traducir. 
Cuantos  gemidos  lanza  la  creación  entera; 
¡  Vencidos,  arad  hondo!  contesta,  varonil. 


II 


¡ARAD     HONDO! 


Amad  el  bien,  amadle  con  delirio. 
Con  ardiente  pasión,  con  la  fe  ciega 
Que  llevaba  al  cristiano  hasta  el  martirio. 

Sujetar  al  espíritu  la  carne. 

Y  á  la  razón  la  voluntad  rebelde, 
Saber  querer  con  fuerza  incontrastable, 

Y  hacer  de  la  virtud  supremo  objeto. 
Al  placer,  al  dolor,  al  hierro,  al  rro, 
Al  triunfo  y  la  derrota,  invulnemble. 
Ese  es  todo  el  secreto. 

La  eterna  libra  que  en  la  historia  late. 

De  cuanto  bello  y  grande  el  mundo  admira 


EL  LEÓN  CAUTIVO  91 


Ay!  de  la  vida  en  el  mortal  combate, 
Bajo  la  mano  impía 

Del  infortunio  que  al  más  bravo  doma, 
¿Quién  la  altiva  cerviz  no  dobló  un  día 
Ante  la  acerba  realidad  impura? 

Únicamente  el  justo,  el  varón  fuerte: 
Superior  al  desorden  transitorio. 
Que  es  el  mal,  que  es  la  lucha,  que  es  la  muerte, 
Todas  las  hieles  resignado  apura; 

Y  víctima  expiatoria,  aunque  inocente. 
Por  invisibles  alas  sostenido. 
Dentro  del  orden  eternal  se  siente : 
Premio  inefable  del  deber  cumplido ! 

Hay  alguno  allí  arriba  que  le  mira, 

Y  aliento  sobrehumano  á  su  alma  inspira! 

Lo  dudáis?....  observad  á  ese  mancebo: 

Al  borde  de  la  pira 

Que  en  rojiza  espiral  humeante  gira, 

«Abjura  de  tu  error,  tu  fé  reniega. 

Cristiano  impenitente, 

El  falso  sacerdote  le  decía; 

Y  Jove  te  perdona, 

Y  en  vez  de  cruel  suplicio, 

Te  reserva  la  dicha  su  corona». 

El  mártir  silencioso 

Contemplaba  el  horrible  sacrificio, 

Y  sintiendo  la  angustia  postrimera. 
En  el  cielo  clavaba  una  mirada 
Que  á  Dios  acaso  vengadora  llegue ; 


92  EL   l.EOX   CAUTIVO 


Y  ariogante  y  sereno  respondía: 

«  Primero  que  mi  fé,  cobarde  niegue, 
^<Alas  para  volar  me  dé  la  hoguera  \» 

Dejad  que  el  vulgo  necio 

Y  algunos  Bizantinos  de  la  Europa, 

A  quienes  llaman  sabios,  con  desprecio 

Hablen  de  Dios,  de  libertad,  de  todo 

Lo  que  engrandece  y  dignifica  al  hombre. 

Ni  tampoco  os  asombre 

Si  enterrar  se  imaginan  en  su  lodo 

El  derecho,  y  el  alma,  y  la  conciencia.  (2) 

Quien  destronar  á  Dios  loco  pretende; 
El  que  niega  al  Creador  en  su  demencia, 
Al  que  es  luz  y  verdad,  freno  y  escudo, 
¿A  qué  abismos  sin  fondo  no  desciende? 
¿Ante  qué  valla  detenerse  pudo? 

Tan  sublimes,  magníficas  conquistas. 
Hoy  proclaman  mil  sectas  humanistas, 

Y  una  constelación  (¿no  será  el  cáncer?) 
De  eruditos,  profundos  cuadrumanos. 
Tudescos,  rusos,  galos  y  britanos; 
Despeñados  cometas  que  amenazan 

En  sus  convulsos  brazos 
Nuestro  mundo  moral  hacer  pedazos; 
Arúspices -Mesías,  ellos  saben 
Cuánto  será,  cuánto  es  y  cuánto  ha  sido. 
¡Basta  ya  de  ilusión!  vacío  está  el  cielo. 
Todo  arcano  patente,  y  descorrido 
De  la  insondable  eternidad  el  velo. 
No  ha  habido  creación,  ni  la  primera 
Causa  existió  jamas;  el  movimiento 


EL  LEÓN   CAUTIVO  t)^ 


Unido  á  la  materia  explica  todo, 

Y  es  todo  evolución,  cambio  incesante, 
Sin  principio  ni  fin.  —  Sol  apagado, 

El  derecho  reside  en  la  tonante 
Boca  de  los  cañones;  nuestra  alma 
(Que  por  cierto  no  vale  ni  un  ochavo,) 
No  es  entidad  divina,  es  resultante 
Del  humano  organismo ;  el  pensamiento 
Es  simple  secreción,  eco  sonoro ; 
La  libertad,  el  sueño  de  un  esclavo ; 

Y  Dios  un  mito,  explotación,  impía 
Farsa,. ignorancia,  miedo,  hipocresía!  íi) 

Sin  Dios,  sin  libertad,  sin  el  derecho. 

Desbocada,  frenética,  insegura, 

¿Dónde  asilo  hallará  la  criatura. 

Que  su  pié  no  le  pongan  sobre  el  pecho 

La  opresión,  la  ignominia  y  desventura?  (4) 

Recoges  lo  que  siembras,  vieja  Europa, 

Y  bacante  brutal,  nos  envenenas 

Al  brindarnos  impúdica  tu  copa.  (5) 
Buen  licor  nos  ofreces!  Amenudo 
En  medio  de  \us  pompas  y  grandezas. 
La  fuerza  sin  más  ley  que  su  albedrio. 
En  la  balanza  del  derecho  arroja 
Su  espada  ensangrentada, 

Y  á  los  pueblos  impone  su  fortuna. 
La  infeliz  sociedad  muda,  aterrada, 
Bajo  el  furor  del  vendabal  impío 
Ahoga  á  la  República  en  su  cuna, 

Y  con  febril  congoja 

Pasa  del  Cesarismo  á  la  Comuna ! 


91  EL   LEOX  CAUTIVO 

No  lo  extrañéis,  los  hombres  son  enanos 

Y  aceptan  sin  pudor  todos  los  yugos, 
Cuando  dejan  cegar  en  vil  orgía 

De  las  grandes  verdades  la  alma  fuente; 

Y  se  ha  visto  doquier,  eternamente, 
Detrás  de  los  sofistas,  la  anarquía, 
Detrás  de  la  anarquía,  los  tiranos, 
Detrás  de  los  tiranos,  los  verdugos!  (ó) 

Cuando  el  hombre  desciende  hasta  la  innoble 

Condición  de  la  fiera. 

En  medio  á  las  tormentas  populares 

Y  á  la  atroz  subversión  de  las  ideas. 
Con  la  candente  barra  y  el  temido 
Látigo  que  la  piel  rasga  sangrienta, 
Surgiendo  como  el  rayo  de  la  nube 
Terrible  domador  salta  en  la  arena! 

Sectarios  de  la  fuerza,  campeones 

De  la  estoica  moral  independiente. 

Los  que  á  Dios  y  al  derecho  dais  la  espalda, 

Sed  consecuentes,  lógicos,  sinceros, 

Y  aceptad  con  la  rosa  las  espinas ; 
Llegó  el  solemne  instante  en  que  se  mide 
El  alcance  y  valor  de  las  doctrinas, 

Y  el  temple  del  apóstol  se  revela: 
He  ahi  vuestro  ídolo  que  os  pide 
Para  ceñir  su  sien  roja  guirnalda, 

Y  por  capricho  anhela 
Que  humildes  cual  corderos 

La  garganta  tendáis  á  los  aceros. 

¿Tamaña  aberración  no  eréis  posible? 


KL  LHON  CAUTIVO  95 


En  pos  de  un  día  sereno 

A  orillas  del  Río  Negro  ¿nunca  visteis 

En  noche  tormentosa  de  verano 

Al  continuo  brillar  de  los  relámpagos, 

Azorados  los  potros  y  novillos 

Con  pánico  indecible 

En  el  tendido  llano 

Bufar,  mugir,  inquietos  agolparse, 

Y  de  repente  al  estallar  un  trueno, 
En  súbito,  espantoso  remolino. 
Como  un  río  que  sale  de  su  lecho. 
Como  tromba  que  arrastra  el  torbellino. 
En  furiosa  carrera  despeñarse 

Por  el  alta  barranca  y  valle  estrecho? 

Animada  columna  que  ondeante 
Marcado  deja  el  rastro  de  sus  huellas 
Entre  ruinas  y  escombros  y  gemidos; 
Cuanto  encuentra  se  lleva  por  delante, 
Al  serpeador  tronar  de  las  centellas. 
Corrales,  cercos,  ranchos,  todo  cede 
A  su  violento  empuje; 
Nada  su  vuelo  ataja. 
Ensordecen  el  aire  sus  bramidos. 
Bajo  el  sonoro  casco  el  suelo  cruje 

Y  parece  que  el  cielo  se  desgaja! 

Las  tintas  de  la  jaurora  sonrosadas 
Al  viajero  le  muestran  esparcidos. 
Montones  de  cadáveres  tendidos 
Por  cuchillas^  lagunas  y  quebradas. 

Convertid  la  mirada  al  viejo  mundo: 
Recordad  cuántas  veces  como  ahora, 


i)b  EL  LEÓN   CAUTIVO 


De  un  sultán  ó  un  autócrata,  el  relámpago 
Que  encendiera  efi  sus  ojos  la  esperanza 
De  una  loca  ambición,  fué  lo  bastante 
Para  arrojar  con  cínica  insolencia 
A  la  civilización  su  férreo  guante, 

Y  á  sus  míseros  pueblos,  poseídos 
De  un  vértigo  infernal,  á  la  matanza; 
Asentando  en  pirámide  de  cráneos, 
Al  sangriento  fulgor  de  negras  teas. 
Sus  tronos  maldecidos. 

Donde  ellos,  microscópicos  pigmeos. 
Jueces  en  vez  de  reos, 
Pretenden  ¡oh  demencia! 
Parodiar  la  divina  Omnipotencia! 

América  mi  madre, 

Tierra  del  porvenir,  bendita  seas! 

Alcázar  esplendente 

De  una  futura  raza  de  Titanes, 

Donde  puede  ya  el  hombre  alzar  la  frente 

Con  el  viril  orgullo 

Del  esclavo  que  ha  roto  su  cadena : 

América  mi  madre,  en  fiero  arrullo 

Te  saludan  rugiendo  tus  volcanes, 

Y  al  sacudir  altiva  tu  melena, 

Do  bosques  de  laureles  y  de  palmas, 
Kl  grito  salvador  que  es  himno  y  ruego 
¡  Dios  y  la  libertad!  (7^  brota  en  tus  labios 

Y  electriza  magnético  las  almas!' 

W'  la  Ké  y  do  la  Patria  el  santo  fuego, 
Hn  tu  mirada  audaz  relampaguea, 

Y  arrollando  las  sombras,  vencedora, 
Avanzas  imponente, 

\\\  huero  del  genio  en  la  alta  frente, 
Hn  la  siniestra  el  faro  de  la  idea 

Y  en  la  diostra  la  espada  redentora! 


EL  LEÓN  CAUTIVO  97 


Si  alguno  de  tHS  pueblos  retrocede, 

Si  por  ventura  cae  bajo  el  Pampero, 

Que  implacable  y  sañudo 

Hasta  postrarle  con  furor  le  azota,  ** 

Al  lúgubre  clamor  que  en  torno  zumba 

El  brío  de  los  otros  no  se  agota, 

Y  sin  cejar  un  punto  del  sendero 
Que  indomable  trazara  la  República, 
Al  caído  levantan  en  su  escudo, 

Y  el  alma  al  desaliento  amurallada, 
Esperan  confiados  la  alborada. 

Que  ha  de  alzar  á  los  muertos  de  la  tumba, 

Cuando  llegue  á  sus  lares,  gigantea 

La  sombra  del  pendón,  que  allá  en  la  cumbre 

Del  Andes,  victoriosa  clavó  un  día 

La  inmortal  democracia,  y  que  hoy  ondea 

Y  en  triunfo  por  la  Américi  pasea, 
Envuelto  en  rayos  de  invencible  lumbre! 

América  mi  madre, 
Yo  te  saludo  con  amor  profundo. 
Vestal  que  en  tus  entrañas  puro  guardas 
El  verbo  que  otra  vez  salvará  al  mundo ! 

Jóvenes  bardos  de  la  patria  mía. 
Si  queréis  de  las  almas  ir  al  fondo, 

Y  que  eterna  corona  os  ciña  un  día 
La  virgen  uruguaya  poesía, 

Y  os  aduerma  la  gloria  en  su  regazo. 
Creed  en  Dios,  esperad,  y  firme  el  brazo, 
Cual  buenos  labradores,  arad  hondo!  (8) 

1878. 


[)8  1£L  LHON   CAUTIVO 


(  i)  Leída  por  el  Dr.  D.  Luis  M¿lian  Lafinur  en  la  conferen- 
cia literaria  celebrada  en  el  Ateneo  del  Uruguay  la  noche  del 
7  de  Setiembre  de  1878,  en  conmemoración  del  primer  ani- 
versario de  su  fundación. 


M.  le  Dr.  Ramírez  (Charles),  président  de  TAihinée,  a  pro- 
noncó  le  discours  d'ouvcrture. 

<sCest  dans  cette  enceinte,  dit-il,  que,  planant  dans  les  re- 
gions  sereines  de  la  science,  Tesprit  vient  s'aíTranchir  des 
préocupations,  des  désceptions,  des  amertumes  que  laissent 
aprcs  elles  les  luttes  de  la  vie.  C*est  ici  que  les  proscrits 
dans  lour  propro  pays  viennent  parler  de  liberté  et  de  patriotis- 
me;  c'est  ici  qu*acceptant  momentanement  les  faits  ajcomplis, 
mais  gardant  au  ca^ur  le  droit  de  protestation,  se  r¿ser\*ant 
pour  les  luttes  de  Tavenir,  ils  viennent  s'entrctenir,  ceux  qui 
rófusent  de  courber  la   tctel>> 

L'cmotion  contenue  do  Torateur,  Taccent  sévcre  de  sa  parole, 
la  dignitó  de  rathlole  lassé  mais  non  vaincu,  ont  vivement 
improssioné  Tauditoire  qui  a  couvert  ses  derniéres  paroles  de 
sos  applaudissemonts. 

Mr.  lo  Dr.  Melian  Latlnur  á  lu  ensuite  une  poésie  de  Mr. 
.Moxandre  Magariños  Ccrwmtes.  Le  Liox  Captif.  La  beauté  de 
la  formo»  la  richesso  dos  images,  Téclat  et  la  profondeur  des 
penseos  s\dliont  dans  coao  piece,  digne  pendan t  des  chefs 
d\tnivro  do  co  maiiro  do  la  liitoraiuro  de  rt'ruguay. 

IVllo  ;i  otó,  a  grands  traits.  cotto  soiróe  qui  laissera  trace 
dans  los  souvonií-íí  do  la  iounosso  du  pays.  Son  assiduite  á 
tontos  los  contVroncos,  los  applaudissomcnts  don:  elle  á  salué 
sos  po^^ios  01  sos  oraiounü  aimos.  prouvoni  une  fois  de  plus 
un  fonds  suidioux  ohcr  oUc.  ur.o  avidiré  d\ipprendre  qui  fait 
son  o  logo,    -(r*;,í'<\'>^  tí,;*,;. 

^2^  Yo  vongo  a  vo^ouv>  con  el  al:na  entristecida  por  el 
ospootaouío  v^uo  |MVsonca:\  los  pueblos  civJirjdos  en  la  ac- 
tiuluLuL  Fn  ninguna  epvva  do  \.x  h;s:on,i  la  humanidad  ha 
pivsontavlo  una   ta,*  mas  5u>:o  v   inas   doscv^nsoladorj. 


EL  LliON  CAUTIVO  99 


Parece,  pues,  una  realidad  el  derecho  .que  todos  procla- 
man y  que  todos  enaltecen.  Sin  embargo,  nada  es  menos 
cierto;  lo  que  hacía  decir  á  uno  de  los  más  ilustres  de  nues- 
tros contemporáneos,  el  doctor  López:  el  mal  de  nuestra 
época   es   la    mentira! 


Para  mí,  el  resultado  de  mis  reflexiones  y  el  resultado  de 
mi  experiencia,  me  dice  que  ese  desiderátum  de  la  humanidad, 
eso  que  garantiza  el  presente,  eso  que  debe  salvar  el  porve- 
nir de  las  naciones,  es  la  ley  moral;  que  debemos  buscar  en 
esa  ley  la  efectividad  del  derecho  y  la  seguridad  de  las  socie- 
dades.— Juan    C.   Gome{. 

1884. 

(})  Las  ciencias  en  boga,  la  literatura  prevalente,  todo 
nos  lleva  á  desviar  del  ideal  de  la  humanidad,  nos  lleva  al 
epicureismo    sensual,    que   conduce   las   sociedades  al  abismo. 

La  fealdad  moral  presentada  por  el  naturalismo  en  litera- 
tura, la  adoración  servil  de  la  naturaleza,  nos  hace  repugnantes 
á  nosotros  mismos,  mientras  que  el  bello  ideal  de  las  crea- 
ciones del  arte,  levanta  los  corazones  y  la  inteligencia  á  la 
concepción  de  lo  bello. 

La  astronomía,  la  geología,  la  física,  la  química,  y  las  de- 
más ciencias  naturales,  todas  nos  ensordecen  con  la  misma 
sonata: — «Todo  es  materia».  ¿Y  el  alma  humana? — No  es 
más  que  una  agregación  de  átomos  brillantes,  como  decía  la 
filosofía  antigua. — Juan  C.   Gome^. 

1884. 

(4)  Véanse,  en  Ludia  eterna,  la  nota  4  y  siguientes. 

(5)  Si  el  cólera  y  la  fiebre  amarilla  vienen  de  las  regiones 
del  Asia  ó  de  las  paludosas  tierras  de  la  India,  la  atmósfera 
universal  puede  traernos  estas  epidemias.  Esto  mismo  viene 
á  efectuarse  en  las  sociedades  humanas.  Vivimos  no  sola- 
mente enviciados  por  los  miasmas  de  nuestra  propia  atmós- 
fera, sino  por  los  de    la  atmósfera   universal — Juan   C.    Go- 

1884. 


100  EL  LEÓN  CAUTIVO 


En  el  juicio  crítico  de  la  novela  Los  amores  de  Marta  nos 
ocupamos  incidentalmente  de  la  subversión  de  algunas  ideas 
capitales  en  el  orden  filosófico,  político  y  económico,  y  de 
los  medios  estrafalarios  que  se  proclaman  por  ciertas  escuelas 
como  panacea  á  tan   grandes  males. 

Señalamos  con  nuestra  habitual  franqueza  el  peligro  de 
pretender  trasplantar  y  aclimatar  en  el  nuevo  mundo  esas  teo- 
rías, cuando  no  existen  en  él  las  causas  perturbadoras  y  las  enor- 
mes injusticias,  que  las  explican,  ya  que  no  las  justifican,  en 
el   viejo  hemisferio. 

Abundando  en  las  mismas  ideas,  aunque  disintiendo  en 
algún  detalle  de  poca  monta,  dijo  con  este  motivo  uno  de 
los  órganos  más  autorizados  del  elemento  extranjero  en  el 
Plata : 

«Pero  noi,  dissentendo  in  parte,  dal  valente  scriltore  uru- 
guayo, lodiamo  altamente  ch'  egli  faccia  della  critica  filosófica 
e  studi  i  grandi  problemi  sociali,  mostrando  cosí  come  la  le- 
teraiura  abbia  uno  scopo  ben  altrimenti  maggiore  che  quello 
di  divertiré,  —  quello  cioé    d'  educare. 

«E  ci  piace  eziandio  vederlo  toccare  sebbene  alia  sfuggita  — 
come  non  poteva  a  meno  di  farlo  —  la  gran  questione  sociale, 
troppo  trasandata  e,  che  ¿  peggio,  malintesa  dalla  general  tá 
della  stampa. 

«A  risolvere  la  qualc  giova  si  dedichino  per  tempo  i  pub- 
blicisti  e  gli  uomini  di  Stato,  se  vogliono  evitare  quell'abisso 
al  quale  con  giusto  terrore  accenna  il  poeta  uruguayo. 
'  «Ed  il  suo  criterio,  che  é  quello  di  molti  fra  i  piú  distin- 
ti  uomini  di  questo  paese,  gioverá  a  daré  a  giornalisti  italiani 
che  fanno  troppo  a  fidanza  colla  loro  fantasia  e  ne'  giornali  della 
bella  penísola  foggiano  un'  America  latina  per  loro  uso  e  con- 
sumo, un'  idea  piú  esatta  del  come  pensino  in  materie  sociali  e 
letterarie  gli  uomini  che  stanno  alia  testa  del  progresso  morale 
e  scientifico  di  questi   paesi. — L'  Italia. 

1884. 

(6)  Formar  en  el  espíritu  de  la  mayoría  de  un  pueblo  el 
culto  del  derecho,  de  la  justicia,  de  la  libertad,  y  pedirle  que 
se  someta  al  régimen  despótico  de  lo  arbitrario,  es  preten- 
der un   imposible. 


.&.  '  _  ittjmn 


EL  LEÓN  CAUTIVO  lOI 


Llegado  ese  caso,  el  pasaje  del  presente  al  porvenir,  de  la 
vieja  á  la  nueva  forma,  del  error  á  la  verdad,  de  la  tiranía 
á  la  libertad,  no  puede  hacerse  ni  se  hace  sino  por  medio 
de  una  de  esas  explosiones  populares  que  como  la  lava  del 
volcan,  según  la  frase  de  Víctor  Hugo,  arrasa  primero  para  fe- 
cundar después. — Julio  Herrera    y    Obes, 

i88r. 

(7)  Dios  y  la  Libertad  f  con  estas  palabras,  extendiendo  los 
brazos  en  actitud  de  bendecirle,  saludó  Voltaire  al  nieto  de 
Franklin. 

La  religión  y  la  moral  son  las  bases  del  bien  público,  y  en 
vano  exigiría  los  elogios  debidos  al  patriotismo  quien  intenta- 
se desquiciar  esos  des  grandes  apoyos  de  la  felicidad  humana 

La  razón  y  la  experiencia  no  permiten  lisonjearnos  de  que  la 
moral  pueda  tener  la  fuerza  que  le  es  propia  sin  los  princi- 
pios religiosos. — Jorge  Washington. 


Yo  también  soy  filósofo,  y  sé  que  en  sociedad,  sea  cual 
fuere  ésta,  nadie  puede  pasar  por  virtuoso  y  justo,  si  no  sabe 
de  donde  viene  y  adonde  va.  La  simple  razón  no  basta  por 
sí  sola  para  resolver  el  problema:  sin  la  antorcha  de  la  reli- 
gión, el  hombre  marcha  siempre  en  tinieblas. —  'Napoleón  I. 


El  gr.\n  deseo  que  me  anima  es  que  la  ciencia  en  Amé- 
rica esté  siempre  unida  á  la  fé,  que  sea  inseparable  de  la  fé. 
—  Andrés  Bello. 

En  cuanto  á  las  ciencias  positivas  no  son  de  cierto  sus  pro- 
gresos los  que  pueden  alarmarnos.  Nada  tiene  que  temer  de 
ellos  la  moral  y  el  derecho,  y  sí  mucho  de  que  felicitarse.  Una 
verdad  jamas  es  enemiga  de  otra  verdad,  y  en  vez  de  repe- 
lerse tienden  á  abrazarse  é  identificarse.  Por  un  falso  miraje 
suele  verse  una  contradicción,  siempre  aparente,  entre  ambas, 
pero,  tarde  ó  temprano,  ha  de  resultar  que  ambas  están  de 
acuerdo  y  se  armonizan. — Juan   Carlos  Gome:^. 

1884. 


i_.  ■* . 


102  EL  LEÓN  CAUTIVO 


Pongamos  la  fe  en  nuestra  conciencia,  la  esperanza  en  nues- 
tro corazón,  la  idea  en  nuestro  espíritu,  la  acción  en  nuestra 
voluntad,  la  labor  en  nuestra  actividad,  y  los  americanos  ha- 
bremos convertido  nuestra  patria,  la  América  latina,  en  el  foco 
principal  de  la  nueva  y  futura  civilización  universal.  —  Eduar-- 
do  Flores, 

1877. 

(8)  La  personalidad  del  Dr.  Magariños  Cervantes  es  la  más 
alta  expresión  de  la  literatura  nacional,  y  siempre  ha  ejercido 
sobre  la  juventud  de  su  patria  la  arrobadora  seducción  del 
genio. 

En  íntimo  y  natural  consorcio  se  encuentran  reunidas  en 
la  preciosa  composición  de  que  nos  ocupamos,  las  armonías 
y  cadencias  admirables  del  verso,  y  la  extraordinaria'  eleva- 
ción del  pensamiento.    Es  un  cuadro  artístico  y  completo. 

El  bardo  pensador  combate  con  decidido  valor  la  preten- 
ciosa sabiduría  de  la  época,  haciendo  un  verídico  y  profundo 
análisis  do   las  doctrinas  disolventes  de   Büchner  y  Hartmann. 

Xo  se  ocupa  de  ellas  el  doctor  Magariños,  considerando  tan 
sólo  su  mórito  y  faz  científicos,  sino  que  con  severa  lógica 
estudia  la  trascendencia  práctica  que  tienen  en  la  vida  y  orga- 
nización de  las  sociedades. 

Es  necesario  contener  la  marcha  del  monstruo  del  mat^ 
rialismo  y  la  incredulidad, — Xo  hay  que  perder  de  vista  que 
la  escuela  atea  engendra  el  mayor  desquicio,  creando  con  su 
háliío  impuro  el  indiferentismo  moral   y  la   anarquía  política. 

Bajo  el  peso  abrumidor  del  materialismo,  de  las  consecuen- 
cias que  necesaria  y  for/osamonto  se  desprenden  del  sistema, 
el  hombre  abdica  de  su  noble  naturaleza,  cambia  de  condición, 
y  se  convierte  en  <•/  Ai»/i  c.iuh^o,  que  con  tanta  maestría  nos 
ha  descriiv^  el  .uitor  en  su  bellísima  composición  poética. — 
i\tr!os  Muüo^  Anjwt. 


IV 


LUCES  DE  ESTRELLA 


(I) 


Á    CARLOS    ROXLO   (2) 


*   *   * 


Gracias,   ¡  oh  Carlos  !  por  tu  hermoso  libro, 

Que  anoche  leí  de  un  sorbo Eres  poeta! 

Su  filtro  creador  dejó  en  tus  labios 

Al  besarte,  la  Maga  Poesía, 

Y  de  tu  boca  salen  como  flechas 

El  sáfico,  y  el  yambo,  y  la  oda  alada!  — 

A  mi  vez  participo  del  discreto 
Juicio  de  un  escritor,  digno  uruguayo, 
Que  en  brenda  {3)  é  ideales  nos  dio  pruebas 
De  su  ingenio,  saber  y  patriotismo. 
Los  joyeles  que  guarda  el  rico  estuche, 
En  vez  de  fuegos  fatuos  son  sidéreo 
Resplandor  de  luceros  centellantes. 


104  LUCES  DE  ESTRELLA 


De  SUS  hojas  balsámicas  despréndese, 
Aura  primaveral  de  Diosmas,  Nardos, 
Arrayanes,  Aromas  y  Violetas, 
Que  del  Laurel  nacidos  á  la  sombra. 
Con  rocío  de  Palmas  florecieron! 


Ombú  es  tu  libro  dó  se  posa  el  águila, 
Canta  el  zorzal  y  la  torcaz  arrulla, 
Y  Ja  brisa  que  en  torno  leda  gira. 
Ensancha  el  corazón,  refresca  el  alma ! 


En  homenaje  de  mi  aprecio,  engarzo 
Una  de  tus  estrofas  en  mis  versos; 
Y  en  cambio  yo  te  pido,  joven  vate. 
Que  en  medio  á  los  aplausos  y  los  Víctores, 
Tengas  presente,  al  remontar  tu  vuelo, 
Las  reglas  que  trazó  mano  maestra 
En  páginas  de  orv>,  (4)  que  te  envío 
Con  un  grito  de  aliento  y  un  abrazo ! 

18S7. 


(    I   r  ..iU>       n  qae     1     11  ^r  del  pR^logo  que  encabeza  el  li- 
bro, s     ::.u.c  al  v!.*  .•'  c*  \).v  IJiu)>,  pueto  por  el   poeta. 
^  Va       y\  m.is  y  0'nb:lrs,  tomo  i.  pág.  242. 

[}  la  e  Cj.  n:  lovela  pa  ücad  en  Baenos  Aires  por  el 
Dr.   D-  Edu  .rJo  Aceve  lo  Díaz 

(4>  /jVj.V.n  iíV  ¡d  P.v5.'.i  A'i<rrt\\u:.i^  d'sertawioa  del  Dr.  Ace- 
vedoDíaz.  premiada  en  los  Jut^^^s  Fío'^jIz's  de  B.:enDs  Aires  el 
12   de  Oc  ubre  de    i$S4. 

«Por  su  ú^rma  correcta  y  elegante,  como  por  el  tópico  que 
desenvuelve  e  ilasiru,  di. en  lo>  tumaaies  de  la  D.v/jrjjxon,  que 
<e  encuentra  en  la  primera  paulina  t^ios  Sre<.  \*ed:a,  Golfarini, 


LUCES  DE  ESTRELLA  IOS 


Palomeque,  Dupuis  y  Bourel),  esta  producción  literaria  debe 
ser  difundida  y  conservada  en  estas  páginas,  en  las  que  sin 
duda  el  tipo  de  imprenta  se  volvió  impaciente  por  arrancar  al 
olvido  de  los  papeles  relegados  por  su  autor,  este  brillante  re- 
flejo de  su  talento  bello  é  inspirado. 

«No  como  homenaje  sugerido  por  la  amistad,  publicamos  este 
trabajo,  aunque  nos  place  confesar  este  vínculo,  sino  como  ac- 
to de  justicia». 

Encabezamos  estas  reproducciones  (artículos  sobre  el  libro  de 
poesías  de  Roxlo)  con  el  juicio  poético  del  tantas  veces  lau- 
reado bardo  uruguayo  A.  M.  C.  quién,  como  el  viejo  veterano 
de  cien  combates  que  reposa  de  las  pasadas  lides,  donde  luchó 
con  brío  y  venció  gloriosamente,  siente  hervir  la  sangre  y  pal- 
pitar el  generoso  pecho  al  escuchar  las  notas  del  clarín  que 
convoca  á  la  lucha  á  los  hijos  de  la  nueva  generación,  que  fue- 
ron arrullados  en  la  cuna  por  sus  cantos  viriles,  y  aprendieron 
á  desplegar  el  vuelo  por  las  regiones  del  ideal  tras  las  huellas 
de  sus  alas  caudales,  siguiendo  el  rastro  luminoso  de  su  ins- 
piración.—  Eduardo  Acevedo  D(a{, 

1887. 


SOMBRA  QUE  PASA 


(O 


(Á  LOS  dVn  EN  LA  LID  INTELECTUAL  Y  MATERIAL,  CON 
EL  SUDOR  BENDITO  DE  SU  FRENTE  RIEGAN  Y  FECUN- 
DIZAN   EL  SUELO    URUGUAYO.) 


*   * 


La  sombra  que  hoy  enluta 
Tu  cielo.  Patria  amada, 
Es  nube  que  el  Pampero 
Arrastrará  al  pasar. 
Kl  pueblo  Oriental  siempre 
Al  toque  de  llamada, 
Sereno  alzó  la  frente 
Y  se  aprestó  á  luchar. 

Kn  paz  ó  en  ¿guerra,  siempre 
Con  abnegado  exceso. 
Su  sangre,  su  riqueza. 
Su  ponsiimiento  dio : 


SOMBRA  aUE  PASA  IO7 


De  libertad  en  aras 
Y  en  aras  del  progreso, 
La  oliva  del  trabajo 
Con  el  laurel  ató. 


La  Producción,  la  Industria, 
La  Ciencia  como  el  Arte, 
En  sus  hogares  tienen 
Un  Centro  salvador, 
Que  supo  con  su  esfuerzo 
Ganar  en  cualquier  parte, 
Para  sus  hijos —  gloria. 
Para  la  patria honor !  ( 2 ) 


En  estas  santas  luchas 
Ninguno  es  extranjero, 
Hermanos  somos  todos 
Bajo  la  misma  ley. 
El  premio  que  se  alcanza 
Honra  es  de  un  pueblo  entero ; 
La  altura  conquistada 
Cumbre  es  para  la  grey. 


Obreros  del  trabajo! 
Vosotros  con  las  palas. 
La  escuadra  y  el  arado. 
La  pluma  y  el  buril. 
Alzáis  de  los  escombros 
En  medio  de  las  balas, 
Lo  que  arrasó  el  incendio. 
Lo  que  posti'ó  el  fusil. 


I08  SOMBRA  QUE  PASA 


Vuestra  misión  es  santa! 
Lucháis  por  la  existencia 

Y  el  bien,  sin  que  os  arredre 
Del  mal  la  magnitud. 
Vuestra  energía  le  opone 

Su  heroica  resistencia, 

Y  al  fin  triunfa  en  la  lucha 
La  cívica  virtud. 


¡Benditas  sean  las  gotas 
Con  que  el  sudor  del  hombre, 
De  la  natura  avara 
El  seno  rompe  audaz; 
Le  roba  sus  secretos. 
Conquista  alto  renombre, 
Y  en  tomo  suyo  vierte 
Dicha,  abundancia  y  paz!  Í3) 


¡  Benditos  los  acentos 
Viriles  del  patriota, 
Que  al  pueblo  adormecido 
Sacuden  con  afán ; 
Sus  lágrimas  de  fuego 
Condensan  gota  á  gotí. 
La  tromba  que  en  sus  alas 
Levanta  el  huracán ! 


Si  queman  esas  lágrimas 
Que  el  patrio  duelo  arranca, 
Las  gotas  del  trabajo 
Riegan  el  suelo  en  pos: 


SOMBRA  QUE  PASA  lOC) 


Y  evaporadas  juntas 
Forman  la  nube  blanca, 
Que  atrae  y  en  lluvia  esparce 
La  bendición  de  Dios! 


¡Vivificante  lluvia 

Que  el  yermo  fecundiza, 

Lo  mismo  que  las  almas 

Ya  muertas  á  la  fé ! 

Raudal  que  al  pueblo  exánime 

Reanima  y  electriza. 

Con  bríos  para  erguirse 

Como  el  león,  de  pié! 


¡Ay  del  menguado  pueblo 
Donde  hace  la  miseria 
Doblar  el  cuello  al  hombre 
Como  á  su  yugo  el  buey! 
Más  libre  es  quien  más  sabe 
Vencer  á  la  materia, 
Y  se  alza,  noble  espíritu. 
De  su  destino  rey (4) 


La  sombra  que  hoy  enluta 
Tu  cielo,  Patria  amada. 
Es  nube  que  el  pampero 
Arrastrará  al  pasar. 
El  pueblo  oriental  siempre, 
Al  toque  de  llamada, 
Sereno  alzó  la  frente 
Y  se  aprestó  á  luchar. 


lio  SOMBRA  QUl:  PASA 


Que  en  todos  los  terrenos 
Ufano  ahora  demuestre, 
Que  es  en  verdad  un  pueblo 
Que  debe  libre  ser. 
Si  heroico  fué  en  la  guerra, 
Altivo  en  la  paz  muestre 
Que  á  nadie  la  sien  dobla, 
Ni  el  paso  ha  de  ceder! 


A  la  obra!  los  que  saben 
Cuan  grande  y  justiciera. 
La  lucha  del  trabajo 
Corona  dá  inmortal! 
A  la  obra!  los  que  saben 
Que  sólo  eterno  impera 
El  bien,  y  es  maldecida 
Sombra  que  pasa,  el  mal! 


1881. 


( I )  Leída  por  D.  Manuel  Rovira  y  Uriosto  en  la  conferen- 
cia literaria  celebrada  en  Solis  el  18  de  Diciembre  de  1881 
con  el  objeto  de  aumentar  los  fondos  de  la  Comisión  Expo^ 
silor.i  «/«•  Al  /.//,M  IfiJtéstrisii  para  sufrai;»ir,  respecto  de  los  que 
no  pudieran  hacerlo»  los  gastos  de  remesa  á  la  Exposición  Con- 
tinental de  Buenos  Aires,  de  los  productos  agrícolas  y  ma- 
nufacturados de   la    República. 

La  vida  no  es  más  que  una  ^ombra,  y  se  dá  á  e>a  sombra 
alguna  realidad,  cuando  se  la  con>agra  á  la  investigación  obs- 
tinada de  lo   que  es   recto.  iuMo  y  puro. — ErHisio  Rcfian. 


SOMBRA  QUIi  PASA  III 


(2)  La  República  ha  figurado  en  primera  línea  en  todas  las 
Exposiciones  á  que  ha  concurrido  en  Europa  y  América;  y  el 
número  de  primeros  premios,  medallas  y  menciones  honorí- 
ficas, obtenidos  por  ella,  proporcionalmente  supera  á  la  mayor 
parte  de  los  adjudicados  á  otras  naciones,  á  pesar  de  la  enorme 
ventaja  que  le  llevan  en  población,  territorio,  producción,  y 
riqueza. 

'xAlas  exposiciones  internacionales  (dice  un  benemérito  rural) 
hemos  concurrido  lo  suficiente.  Nuestros  productos  y  el  nom- 
bre de  la  República  del  Uruguay,  son  conocidos  en  todas  par- 
tes y  en  todos  los  centros  industriales,  y  en  todas  las  socie- 
dades agrícolas,  y  en  todos  los  mercados  de  consumo  se 
encuentran  las  revistas  comerciales  de  Montevideo  y  se  leen 
las  revistas  quincenales  de  la  Asociación  Rural  del  Uruguay, 
que  son  la  gota   de  agua   de  nuestro    prestigio. 

icPor  otra  parte,  los  Gobiernos  extranjeros  no  se  esfuerzan 
ya  en  exposiciones  con  carácter  nacional,  porque  las  artes 
y  los  oficios,  las  fábricas  de  todos  los  linajes  no  necesitan  ya 
de  alientos  como  lo  acreditan  sus  plétoras  de  producción; 
pero  no  sucede  así  con  lo  que  corresponde  á  la  tierra  en  to- 
das sus  manifestaciones,  porque  al  fin  es  ella  la  nutriz  del 
género  humano,  como  lo  dijo  Columela  hace  2.000  años//. — 
Domingo   Ordoñana, 

1885. 

(3)  Las  bellas  artes,  como  se  las  ha  llamado,  han  influido 
siempre  poderosamente  sobre  el  genio  de  los  trabajadores.  La 
dulzura  y  el  reposo  que  llevan  á  su  ánimo  les  preparan  mejor 
para  llenar  su  parte  en  la  labor  humana.  El  hombre  tiene  ne- 
cesidad de  ese  reposo,  mediante  el  cual  toma  aliento  para 
emprender  de  nuevo  la  fatigosa  jornada. 

La  literatura,  la  música,  la  pintura,  la  escultura,  la  arqui- 
tectura, todas  esas  manifestaciones  del  sentimiento  estético, 
han  sido  y  son  poderosos  auxiliares  de  los  demás  ramos  del 
trabajo,  y  han  contribuido  en  alto  grado  á  Ja  prosperidad  y 
á  la  civilización  de  los  pueblos.  Los  grandes  genios  de  la 
poesía^  de  la  música  y  todos  los  que  han  cultivado  el 
gusto  artístico  y  el  sentimiento  delicado,  no  han  hecho  me- 
nos por  el  progreso  positivo  de  las  sociedades  que  los  gran- 


112  SOMBRA  QUE  PASA 


des  inventores  que  han  dotado  al  mundo  de  esas  maravillo- 
sas creaciones,  que  el  poeta  nos  muestra  en  el  campo  de 
la  industria  moderna,  moviendo  y  agitando  sus  músculos  de 
acero  y  de  bronce,  animados  por  el  soplo  potente  de  vida 
que  hier\'e   en  sus  entrañas  I 

Tal  es  también  la  moral  de  esta  fiesta.  Así  se  explica  este 
concierto  de  las  inteligencias  en  honor  y  en  servicio  de 
los  intereses  iudustriales  que,  en  la  Exposición  Continental, 
serán  la   medida    del  poder  productivo  de    nuestro  país. 

Las  expansiones  literarias  de  esta  noche  no  se  borrarán 
como  se  borra  la  estela  que  deja  la  nave  al  surcar  las  aguas. 

El  trabajo  de  los  oradores,  de  los  poetas  y  de  los  músicos, 
no  se  perderá   como  una   fuerza  malgastada   en   el  vacío,  no. 

Esas  expansiones  y  ese  trabajo  de  la  inteligencia  durarán: 
darán  mayor  vigor  y  energía  á  todas  las  emociones  puras  y 
generosas,  influirán  sobre  la  moralidad  de  las  costumbres 
públicas  y  se  asimilarán  al  espíritu,  como  una  nueva  sustan- 
cia, animándolo  en  la  carrera  de  la  vida  y  del  progreso,  en 
cuya  meta  aguarda  el  premio  á  los  más  esforzados  luchado- 
res. 
•     ••••.•••••••......... 

En  nombre  de  la  Comisión  de  Exposición,  doy  las  gracias 
á  los  que  han  contribuido  con  el  trabajo  de  su  inteligencia, 
ó  con  su  simple  asistencia,  al  éxito  de  esta  fiesta  celebrada 
en  honor  del  progreso.  Debido  á  su  importante  concurso, 
muchos  de  los  industriales  á  quienes  su  condición  humilde  no 
permitiría  salir  del  teatro  limitado  en  que  ejercitan  sus  fuer- 
zas, ni  de  la  oscuridad  en  que  viven,  irán  á  figurar  digna- 
mente en  la  próxima  Exposición  Continental  de  Buenos  Aires  y 
acaso  á  disputar  el  premio  en  la  noble  competencia  del 
trabajo. 

Hemos   hecho  todos  una  buena   obra.    Que   á    favor   de  ese 
esfuerzo  realice  la   industria  el   prodigio  de   la  fábula  mitoló- 
gica,   convirtiéndose  en    lluvia   de  riquezas  y    beneficios  que 
descienda  sobre  el  suelo  de  la   patria! — Agustín    de  Vedia. 
1881. 

(4)  Cada  conquista  de  la  ciencia,  cada  triunfo  del  arte  y 
cada  avance  de  la  inteligencia,  es  una  emancipación  y  es  una 


SOMBRA  aUE  PASA  1 1 3 


reivindicación  en  esa  escala  simbólica  que  el  profeta  de  Jehová 
divisó  en  sus  éxtasis  ideales,  flameando  entre  la  tierra  y  el  cielo, 
soles  y  querubes  que  resplandecen  en  su  virtud,  para  ornar  en 
su  término  la  infinita  inteligencia  y  la  infinita  perfectibilidad. 
Mientras  las  ciencias  alumbren  la  esfera  de  acción  de  los 
conocimientos  humanos,  y  mientras  el  fin  de  la  ciencia  sea  el 
mejoramiento  del  hombre,  reflejo  de  la  divinidad  en  esta  tierra, 
la  materia  elaborada  y  dominada  por  el  esfuerzo  de  la  in- 
teligencia, será  el  dosel  más  precioso  y  el  triunfo  más  preciado; 
será  la  misteriosa  elaboración  del  simbólico  microcosmos  y  en 
este  inmenso  piélago  de  universos  infinitos,  cuyas  etapas  ó 
edades  se  producen  y  se  aceleran  al  empuje  creciente  de  las 
oleadas  de  vida  y  de  actividad,  que  arrancan  de  las  manifes- 
taciones humanas, — José  Mellado. 
1881. 


8 


VI 


JOAQUÍN  SUAREZ 

BENEMÉfílTO  DE  U  PATfílA  (s) 


(I) 


A  SUS  HIJOS,  Y  COMO  LIGADO  A  SU  FAMILIA  AL  EMI- 
NENTE ARTISTA  NACIONAL  D.  PABLO  NIN  Y  GON- 
ZÁLEZ. 

Oribe  entrari  á  la  pUza,  pero  será  paaando  por 
encima  de  nuestros  cadáreres. — Joaquín  Suartf. 

*    *     * 

Ya  entregó  el  alma  á  Dios....  paz  á  su  tumba! 

Y  al  lúgubre  tañido 

Con  que  al  bronce  que  á  intervalos  retumba 

Responde  la  campana, 

No  el  llanto,  no  el  gemido. 

Muestren  al  mundo  nuestro  inmenso  duelo ! 

Al  toque  de  diana 

Que  anuncia  su  apoteosis  en  el  suelo, 

Y  al  inmortal  hosana 

Que  ya  entonan  los  ángeles  del  cielo, 
El  corazón  despedazado  calle, 


JOAaUIN  SUAREZ  II5 


Y  el  pueblo  con  la  frente  descubierta, 
A  la  sublime  inspiración  abierta, 

En  un  himno  triunfal  sublime  estalle ! 

Modesto  ciudadano,  gran  patriota, 
Modelo  de  virtud  y  de  civismo. 
Siempre  fiel  á  tu  enseña  en  la  derrota, 
Siempre  en  el  triunfo  generoso  y  noble, 
Llevaste  el  sacrificio  al  heroísmo. 
Siendo  á  los  tuyos  por  la  patria  ingrato. 
Jamás  nube  importuna 
Veló  los  resplandores  de  tu  alma. 
Fundida  en  el  crisol  de  Cincinato. 
Reposo,  honores,  bienestar,  fortuna, 
Al  austero  deber  sacrificaste; 

Y  así,  Procer  ilustre,  conquistaste 
La  inmarcesible  palma!  (3) 

Si  no  meció  la  libertad  su  cuna. 

Amóla  desde  niño, 

Con  filial  cariño 

Consagróle  sin  tregua  su  existencia, 

Y  por  ella  luchando 

El  yugo  rompió  infando, 
Proclamó  la  oriental  independencia, 

Y  evocando  los  pueblos  á  la  vida, 
Grabó  su  nombre  en  la  miliar  columna 
Que  el  ACTA  se  llamó  de  la  Florida.  (4) 

Y  cuando  más  violenta 
Desatóse  de  nuevo  la  tormenta, 

Y  en  la  cumbre  famosa  del  Cerrito 
Las  bárbaras  legiones 

De  un  déspota  maldito, 
Su  flámula  sangrienta 


lió  ^  JOAaUIN  SUAREZ 


Clavaron  por  trofeo, 
Cantando  alegres  nuestra  rota  impía; 
Al  poderose  grito 
Que  lanzó  en  su  agonía 
La  indomable  ciudad,  Montevideo, 
¿Quién  á  propios  y  extraños 
Inspiró  decisión,  y  f é  y  constancia? 
¿Quién  al  frente  salió  de  sus  guerreros? 
¿Quién  enfrenó  la  imbécil  arrogancia? 
¿Quién  detuvo  á  sus  puertas  nueve  años 
A  la  horda  de  tigres  carniceros? 

¿Quién  sino  tú,  Suarez? tú,  seguido 

De  Pacheco,  de  Paz,  de  Garibaldi, 

De  Vázquez,  de  Thiebaut,  de  Sosa,  Indarte, 

Y  demás  valerosos  compañeros. 
Que  alzaron  su  estandarte 

En  la  batalla  roto, 

Y  con  sublime  voto 

De  VENCER  ó  MORIR  en  su  deíensa, 
En  tu  mano  orgullosos  lo  pusieron 
¡Oh  Néstor  venerable! 
De  aquella  heroica,  sin  igual  leyenda, 
Que  al  nuevo  y  viejo  mundo 
Arrancóles  aplauso  interminable, 
De  admiración  ofrenda 
De  respeto  profundo!  (5) 

No  era  tu  genio,  no,  no  era  tu  brazo 
Terrible  en  la  pelea. 
Los  que  grande  te  hicieron.  Peregrina 
Esa  aureola  que  en  tu  sien  fulgura. 
Era  tu  culto  sincero  á  la  idea,  (6) 

Y  el  calor  que  halló  siempre  en  tu  regazo 
La  santa  libertad,  la  fé  divina. 

La  abnegación  y  la  virtud  más  pura!  (7) 


JOAQUÍN  SÜAREZ  II7 


La  vida  así  extinguida 
Es  una  noble  vida, 

Duerme  en  paz  en  tu  humilde  sepultura: 
Mañana  con  orgullo  elevaremos 
Glorioso  un  pedestal  á  tu  memoria  (8) 
Donde  brille  tu  imagen  veneranda, 
Donde  los  viejos  á  buscar  iremos, 
Lenitivo  al  pesar  que  nos  devora, 

Y  do  vaya  á  aprender  la  que  hoy  se  eleva 
Briosa  juventud,  cómo  en  la  hora 
Terrible  de  la  prueba, 

Saben  los  varoniles  corazones 
ó  VENCER  ó  MORIR  en  la  demanda : 
Cómo  al  severo  y  arduo  cumplimiento 
Del  austero  deber,  sin  vanagloria, 
El  hombre  sacrifica  sus  pasiones; 

Y  cómo  se  conquista  un  monumento, 

Y  se  gana  una  página  en  la  historia ! 
1868. 


(i)  Suarez  es  nuestro  Rivadavia,  es  nuestro  tipo  del  buen 
ciudadano,  es  el  dechado  de  la  virtud  patriótica,  el  ejemplo  del 
cívico  sacrificio.  Entre  los  ciudadanos  que  han  llevado  la  ab- 
negación hasta  la  inmolación  de  sí  mismos,  el  país  pondrá 
siempre  en  primera  línea  el  nombre  de  D.  Joaquín  Suarez. — 
Juan   C.  Gome{, 

1857. 

Héroe  sin  armas,  apóstol  sin  tribuna,  son  sus  acciones,  su 
vida,  su  ejemplo,  lo  que  le  eleva  sobre  todos  los  héroes,  sobre 
todos  los  tribunos  que  esta  patria  produjera. 

Suarez  es  el  símbolo  de  una  época;  esa  época  es  grande  por- 
que está  Suarez  á  su  frente,  porque   el  patriotismo,  la    abnega- 


Il8  JOAaUIN  SUAREZ 


cion  y  la  virtud  cívica  presiden  el  Gobierno  que  realizó  el  pro- 
digio de  dar  asilo  y  defender  dentro  de  las  murallas  de  Mon- 
tevideo á  la  libertad  perseguida  y  proscripta  desde  los  Andes 
hasta  el  Plata. 

Suarez  es  hombre  déla  independencia;  pero  el  hombre  de  la 
independencia  se  eclipsa  ante  el  hombre  de  la  libertad ;  Sua- 
rez es  el  hombre  de  la  talla  de  los  Cincinatos  y  de  los  Washing- 
tons,  grande  por  las  virtudes,  por  la  abnegación,  por  el  amor 
á  la  patria,  por  el  culto  del  deber. — José  P,  Ramire:{, 
1868. 

(2)  Así  declarado  el  10  de  Octubre  de  1850  por  resolución  de 
la  H,  Asamblea  de  notables ^  que  durante  el  asedio  había  reem- 
plazado al  C.  L.  Suarez  aceptó  el  homenaje  de  aprecio ;  pero  re- 
chazó el  valioso  donativo  en  dinero  que  á  la  vez  se  le  hacía,  á  tí- 
tulo de  recompensa  nacional,  en  estos  términos  dignos  de  un 
Espartano : 

«Aunque  lo  agradezco  sinceramente,  no  puedo  aceptar  del 
mismo  modo  los  cincuenta  mil  pesos  fuertes,  que  se  me  do- 
nan como  recompensa  de  mis  servicios. 

«Los  inmensos  quebrantos  sufridos  por  tantos  servidores  de 
la  patria,  no  pueden  serme  indiferentes,  á  punto  que  no 
desee  participar  con  igualdad  del  infortunio  de  todos.  Si  mi  po- 
sición elevada  ha  menoscabado  mi  fortuna,  ella  ha  aumentado 
también  mi  gloria,  y  el  interés  al  alto  aprecio  de  mis  compatrio- 
tas. Si  me  hacen  la  justicia  de  creer  que  lo  he  desempeñado  con 
abnegación  y  pureza,  será  mi  mejor  gloria  y  única  recompensa. :?/ 

Con  justicia  su  digno  compañero  el  general  BatUe,  Presidente 
déla  República,  el  día  de  la  muerte  del  gran  patriota,  decretando 
los  honores  fúnebres  que  debían  tributársele,  decía: 

«Su exaltado  patriotismo,  el  sublime  y  modesto  desprendi- 
miento con  que  donó  en  los  conflictos  de  la  patria,  la  mejor  par- 
te de  la  cuantiosa  fortuna  que  heredara  de  sus  mayores,  y  su  ci- 
vismo, le  conquistaron  el  amor  y  veneración  de  todos  los  buenos, 
que  le  discernían  en  sus  corazones  el  título  de  benemérito  entre 

LOS  BENEMÉRITOS.  » 

(3)  Venerable  procer  que  los  orientales  acostumbran  presentar 
al  mundo  entero  como  la  encarnación  del  patriotismo,  puro,  ab- 
negado, incorruptible,  incontrastable,  que  surge  del  fondo  del 


%".. 


JOAaUIN  SUAREZ  II9 


corazón  y  llena  toda  una  vida  como  el  agua  límpida  de  un  ma- 
nantial siempre  inexhausto.  —  Carlos  M,  Ratnire^, 
1884. 

(4)  Su  nombre  brilla  al  pié  del  acta  famosa  en  que  la  primera 
Asamblea  Nacional  instalada  en  la  villa  de  la  Florida,  declaró  el 
25  de  Agosto  de  1825  írritos  y  nulos  todos  los  actos  de  incorpo- 
ración á  Portugal  y  el  Brasil,  y  libre  é  independiente  al  pueblo 
uruguayo,  de  hecho  y  de  derecho,  de  todo  poder  extraño,  y  con 
amplias  facultades  para  darse  la  forma  de  gobierno  que  en  uso 
y  ejercicio  de  su  soberanía  estimara  conveniente. 

«Los  que  como  Suarez,  observa  con  este  motivo  el  señor 
Lamas  en  su  biografía,  firmaron  esas  actas,  se  colocaron  intrépi- 
damente entre  la  victoria  y  la  muerte.  El  poder  propio  del  Im- 
perio que  los  rodeaba,  que  estaba  á  pocas  leguas,  se  conservaba 
intacto  y  se  reconcentraba;  y  el  Gobierno  Argentino  todavía 
retardaba  su  acción. 

«La  heroica  empresa  iniciada  por  los  Treinta  y  Tres  el  19  de 
Abril  de  1825,  ^^^'^  desde  luego,  la  cooperación  de  don  Joaquín 
Suarez:   cooperación   de  dinero,  de  relaciones  y  de  influencias 
personales . » 
1881. 

(5)  Me  asocio  de  todo  corazón  al  duelo  que  enluta  el  hogar 
del  venerable  patriota,  el  Teniente  General  don  Lorenzo  Batlle, 
soldado  de  la  ley  desde  los  primeros  actos  de  su  vida  militar, 
íntegro  magistrado  que  honró  siempre  á  la  República  en  todos 
los  puestos  que  desempeñara,  y  procer  ilustre  de  la  inmortal 
«Defensa:^,  gloria  nacional  que  es  hoy  patrimonio  de  la  huma- 
nidad entera. 

Que  tan  gloriosa  herencia  caiga  en  lágrimas  de  bendición  y  de 
ventura  sobre  el  corazón  de  sus  dignos  hijos,  y  sirva  de  vínculo 
de  unión  entre  los  buenos  ciudadanos  que  anhelan  sinceramente 
el  reinado  pacífico  de  las  instituciones!  — A .  Magariños  Cer- 
van  Íes. 

1887. 
•    Suarez,  en  el  ocaso  de  la  vida,  al  frente  del  gobierno  de  la 
plaza  asediada,  es  el  primero  en  dar  ejemplo  de  decisión,  de  ar- 
diente fé  y  de  inquebrantable  constancia.  Se  da  nervio  á  la  de- 
fensa. Empieza  con  ella  una  serie   de  peligros^  de  sacrificios  y 


#»  • 


120  JOAaUIN  SUAREZ 


fatigas,  que  el  anciano  magistrado  resiste  por  nueve  años  conse- 
cutivos, á  costa  de  su  vida,   de  su  fortuna,  honradamente  adqui- 
rida, y  del  porvenir  de  su  familia. — Isidoro  De-Marta, 
1880. 

De  allí,  de  aquellos  muros  donde  se  encerraba  un  principio  vi- 
rilmente mantenido  por  un  magistrado  civil  que  presidía  la  gue- 
rra en  nombre  del  derecho,  resurgieron  los  levantamientos  de 
Entre-Ríos  y  Corrientes  contra  Rosas;  de  allí  surgió  la  alianza 
con  el  Brasil  que  precipitó  la  caída  del  tirano ;  de  allí  vino  Case- 
ros, y  de  allí  en  fin,  viene  la  situación  que  han  alcanzado  las  Re- 
públicas del  Plata,  combatiendo  y  trabajando  para  labrarse  sus 
destinos. 

El  molde  en  que  fué  vaciado  D.  Joaquin  Suarez,  se  ha  roto,  y 
hoy  más  que  nunca  necesitan  ambos  pueblos  rehacer  su  tipo  y 
buscar  inspiraciones  en  su  espíritu.  —  B.  Mitre. 
1881. 

(6)  Si  no  era  la  fuerza  directiva  como  inteligencia,  si  no  eran 
simplemente  brazos,  los  hombres  inteligentes  que  le  rodearon, 
él  era  siempre,  y  en  todo,  el  punto  de  cohesión. 

Era  con  la  cohesión,  la  respetabilidad  de  la  Defensa. 

Sin  el,  lo  decimos  con  profunda  convicción,  la  Defensa  se  ha- 
bría disuello  más  de  una  vez. 

El  hizo  posible  la  Defensa,  él  mantuvo  la  Defensa,  la  Defensa 
triunfó  por  el. 

Suya  es,  tan  grande  como  es,  esa  gloria  inmensa,  perdurable, 
do  nuestra  patria. 

Suyo  os.  tan  grande  como  os,  el  triunfo  definitivo  de  la  libertad 
en  ol  Rio  do  la  Plata. 

Cjloria  en  los  siglos  al  que  hizo  posible  tan  excelsa  gloria,  — 
al  quo  hizo  posible  ol  triunfo  de  la  libertad.  —  .4.  Lamas. 
1881. 

(7^  r no  do  los  rasgos  mas  bollos  del  carácter  de  Suarez,  aun 
en  medio  de  las  situaciones  mas  difíciles,  era  su  fé  inquebranta- 
ble en  la  Providencia  y  on  ol  triunfo  definitivo  de  la  causa  que 
doíendia»  .\si.  al  deponer  las  armas  ol  ejercito  enemigo,  decía 
onsu  Mensaje  a  la  Asamblea  de  Notables: 

*l.a  guerra  ha  terminado  y  la  Ropüblica  está  en  pacífica  po- 
sesión do  su  independencia  y  soberanía.    La  emoción  que  espe- 


JOAQUÍN  SUAREZ  121 


rimento  al  participaros  tan  plausible  acontecimiento,  sólo  es 
comparable  con  el  sufrimiento  de  espíritu  en  los  largos  años 
de  penalidades  y  desgracias  que  han  afligido  al  país.  ...  El  ob- 
jeto único  de  tantos  y  tan  caros  sacrificios  hechos,  está  conse- 
guido. Za  y //5//aíi  ¿f/ü/;í¿i  no  podía  consagrarla  de  una  manera 
más  digna  de  su  omnipoiencia.  » 

Y  nueve  años  después,  en  carta  á  Garibaldi..  datada  en  su  re- 
tiro del  Arroyo  Seco  y  el  25  de  Febrero  de  1860,  felicitándole  por 
la  redención  y  la  unidad  de  la  Italia,  agrega: 

«El  resultado  de  la  empresa  no  puede  ser  duduso:  la  decisión 
déla  Providencia,  tampoco.  Una  santa  causa  triunfa  siempre 
cuando,  como  Vd.,  general,  la  sostienen  hombres  de  corazón. 
¡General  Garibaldi,  adelante!  El  mundo  ya  le  contempla  con 
admiración;  la  historia  le  reserva  hermosas  páginas. 

«Quiera  el  cielo,  mi  querido  general,  que  no  vea  Vd.  después 
de  una  vida  llena  de  sacrificios,  concluir  sus  días  en  medio  de 
amargos  desencantos;  pero  el  apostolado  del  patriota  es  el  sa- 
crificio, y  su  recompensa  está  en  el  sacrificio  mismo  y  en  la 
tranquilidad  imperturbable  de  su  conciencia. 3> 

(8)  Trece  años  después  de  formulado  este  voto,  que  estaba  en 
el  corazón  de  todos  los  Orientales,  pues  hasta  sus  enemigos  po- 
líticos respetaban  y  veneraban  al  eminente  patriota,  muerto  en 
la  obscuridad  y  la  pobreza,  la  Asamblea  nacional  de  la  XIII  Le- 
gislatura, por  la  ley  de  11  de  Julio  de  1881,  ordenóla  erección  de 
un  estatua  á  don  Joaquin  Suarez  en  la   plaza  Independencia. 

La  colocación  de  la  piedra  fundamental  verificóse  el  25  de 
Agosto  inmediato  en  que  se  celebró  el  primer  Centenario 
del  ilustre  procer.  En  aquel  acto,  el  Presidente  de  la  Repú- 
blica, Dr.  D.  Francisco  A.  Vidal,  en  nombre  de  la  Asamblea,  le- 
vantando el  bastón  de  mando,  le  declaró :  Gran  Ciudadano  de 
la  Reptiblíca. 

El  proyecto  de  esa  ley  fué  aprobado  por  unanimidad.  Don  José 
C.  Bustamante,  miembro  informante,  pronunció  con  este  motivo 
un  bello  y  aplaudido  discurso,  que  duró  tres  sesiones,  recomen- 
dable por  la  verdad  histórica,  lleno  de  rasgos  felices  y  elevados 
sentimientos.  De  él  tomamos  las  líneas  finales  con  que  cerramos 
estas  notas,  verdadera  corona  ceñida  al  venerable  anciano  por  los 
hombres  de  más  valer  (lamentando  no  poder  citar  á  todos)  en 


122  JOAaUIN  SUAREZ 


las  letras,  en  la  política  y  en  las  armas,  en  las  dos  riberas  del 
Plata. 

«Lo  que  el  país  necesita,  es  la  asociación  de  todos  los  hom- 
bres do  buena  voluntad,  de  los  hombres  que  beben  el  buen  ejem- 
plo en  la  pura  fuente  del  pasado,  en  el  ejemplo  que  nos  han  deja- 
do próceros  como  el  patricio  que  nos  ocupa  en  este  momento. 

^La  historia  de  la  Defensa  está  consignada  en  tipos,  en  carac- 
teres indelebles;  á  ella  deben  ocurrir  los  que  remontando  su  es- 
píritu á  las  regiones  serenas  de  la  filosofía,  quieran  aprender  las 
páginas  gloriosas  de  aquella  epopeya  que  nos  ha  sido  trasmitida 
por  nuestros  antecesores,  y  que  debemos  guardar  como  un  talis- 
mán precioso,  para  inspiramos  en  ella  en  los  momentos  supre- 
mos de  tribulación. >i/ — José  C.  Bustamante, 
1881. 


vil 


EL  CAUDILLO  DEL  PAGO 


t 


AL  PAYADOR  ARGENTINO  D.  GABINO  EZEIZA  ( I  ) 


Donde  está  el  capitán  Bravo 
Ninguno  piponcho  le  pisa, 
Y  á  diez  leguas   en  contorno 
Ningún  tci'Jie  (2)  se  le  arrima. 

Sólo  un  CA^Azá  (3)  forastero, 
Que  á  Bravo  no  conocía, 
Se  atrevió  en  unas  carreras 
A  decirle  airado:   Mira, 
Insolente  balaquero ^  (4) 
Te  voy  á  romper  la   crisma. 
Si  vuelves  á  provocarme 
Con  tu  cara  de  mulita!  {^) 
Mas  antes  que   terminara 
Su  frase  vibrante  en  ira. 
Una  feroz  puñalada 
El  corazón  le  partía! 


124  EL    CAUDILLO   DEL  PAGO 

Salió  al  trote  de  la  cancha 
El  capitán,  la  faz  lívida, 
Torva  y  fija  la  mirada 
Que  á  todos  allí  domina. 

Hasta  el  mismo  Comisario 
Por  un  momento  vacila, 

Y  pierde  el  tiempo  buscando 
Reforzar  sus  Policías. 

Sus  órdenes  luego  imparte 

Y  avanzan  cuatro  partidas 
Por  distintas  direcciones, 

Y  al  galope  se  aproximan 
Para  cortarle  el  camino 
Que  á  la  sierra  y  monte  guía, 

Y  hacia  donde  rumbea  Bravo 
Con  satánica  sonrisa. 

Perseguido  por  un  grupo 
Se  detiene  en  la  cuchilla; 
Con  el  facón  una  raya 
Hace  en  la  tierra,  se  inclina. 
La  barranca  y  selva  próximas 
Con  ojo  avizor  registra  ; 
A  supingo  palmotéa, 
Le  aprieta  la  floja  cincha. 
Se  recuesta  en  el   nwulo: 
Cruza  una  pierna,  se  aLsa 
La  negra   rizada  barba; 
Entona  una  vidalita^  {o) 

Y  cuando  &  breve  distancia 
A  sus  contrarios  divisa, 
Vuelro  á  montar,  los  espera 
Sereno  y  hi  frente  erguida: 
Los  embisto,  se  abre  paso 


1857. 


EL   CAUDILLO  DEL   PAGO  1 25 

Al  través  de  la  guerrilla 

Muda  de  asombro,  golpéase 

La  boca,  en  la  diestra  gira 

Sus  terribles  boleadoras  y 

Que  silban  como  Boiquiras ;  ( 7 ) 

Endereza  á  la  barranca, 

De  un  salto  se  precipita 

Con  su  caballo  en  el  río  :  (8) 

A  nado  llega  á  la  orilla, 

Y  como  el  centauro,  rápido 

A  escapéenla  selva  umbría 

Se  pierde,  y  vengan  chimangos,  (9 ) 

Si  acaso  hombres  son! ...  les  grita. 


(i)  Ezeiza,  que  goza  de  merecida  fama  en  ambas  márgenes 
del  Plata,  es  argentino,  y  en  la  primera  velada  que  dio  en 
Montevideo,  acompañado  de  otro  payador  oriental,  don  Juan 
Nava,  y  los  señores  Silva  y  Gómez,  guitarristas,  habiendo  un 
mal  criado,  por  no  decir  algo  peor,  silbado  unas,  en  su  género, 
admirables  décimas  del  Fausto  de  Del  Campo,  que  cantaba 
Nava,  «vino  Ezeiza  en  su  ayuda,  cantando  con  mucha  oportu- 
nidad y  galantería:^,  como  dice  Sansón  Carrasco  en  el  intere- 
sante prólogo  que  brilla  al  frente  de  los  trovos  de  Ezeiza,  lleno 
de  justas  y  oportunas  observaciones  que  no  transcribimos  aquí 
por  no  hacer  demasiado  extensa  esta  nota;  pero  que  el  lec.or 
encontrará  (algunas)  en  el  Apéndice. 

«Recuerdo  que  entre  otras  de  las  ocurrencias  que  tuvo  á  prp- 
pósito  del  que  había  desaprobado,  dijo: 

Dice  un  refrán  muy  antiguo, 

Y  también  muy  verdadero: 

Siempre  la  oveja  más  ruin 

Es  la  que  rompe  el  chiquero. 


126  EL  CAUDILLO    DEL    PAGO 

Y  en   seguida,   aludiendo  siempre  á   lo   mismo,   entonó  en 
medio  de  grandes  aplausos: 

Dice  otro  refrán  antiguo 

Que  yo  repito  orgulloso : 

Que  más  vale  caer  en  gracia, 

Señores,  que  ser  gracioso. 
Con  lo  cual  quedó  corrido  el  que  había  hecho  manifestacio- 
nes   de    desagrado,    y    triunfante  Nava,  en    cuya   ayuda  vino 
todavía   Ezeiza  cantando  con  mucha  oportunidad  y  galantería : 

Eso  que  á  usted  le  han  silbado 

Creyéndolo  un  desatino. 

Son  unos  versos  preciosos 

De  un  payador  argentino. 

Cuando  yo  vuelva  á  mi  patria. 

No  se  ha  de  tomar  á  mal, 

Si  me  oyen  cantar  los  versos 

De  un  payador  oriental. 

Y  como  si  todavía  no  creyese  bastantes  esas  demostraciones 
de  simpatía  á  su  compañero,  agregó: 

Cuando  yo  empece  á  cantar. 
Allá  por  mis  tiempos  de  ántés. 
He  cantado  muchos  versos 
De  Magariños  Cervantes. 
Aquí  ya  no  tuvo  límites  el  entusiasmo  del  auditorio,  y  duran- 
te cinco  minutos  aplaudió  ruidosamente.    Había  algo  de  agra- 
decimiento nacional  al  porteño  que  se  hacía  un  honor  de  haber 
cantado  las  estrofas  del  querido  bardo. — Daniel  Muho:^. 
1884. 

(2)  Terne. — Valiente,  audaz,  provocativo. 

(3)  duinJ. — Nombre  do  una  tribu  indígena.  Por  antonomasia 
se  suele  llamar  así  á  los  hijos  del  Departamento  de  Soriano. 

(4)  B.ifaquero, — Alharaquiento,  fanfarrón,  trompeta. 
(  s)  Cjr»?  lie  ww/z/j. — Cara  de  zonzo,  estúpido. 

((O  Cantares  do  los  gauchos»  ¿lenoralmonte  tristes,  que  tienen 
por  argumento  sus  ¡nfonunios  y  desdichas. 

(7^  lioiquirj,  — Crotalus  Horridus.  Su  veneno  mata  casi  instan- 
tánoamcnto.  1.a  forma  do  la  cabeza  del  reptil  y  el  matiz  cenicien- 
to parduzco  do  su  piol  ofrecen  bastante  semejanza  con  el  disco 


EL   CAUDILLO    DEL  PAGO  I27 

de  las  bolas  y  el  color  de  los  cordeles  que  las  sujetan  cuando  el 
gaucho  las  hace  girar  sobre  su  cabeza.  Véase  en  el  tomo  I  la  nota 
)  de  la  página  86. 

(8)  Estos  ingobernables  orientales  tienen  una  constitución  es- 
pecialísima. 
En  tierra,  centauros. 
En  el  líquido  elemento,  peces. 

No  está  probado,  pero  se  supone  que  en  el  fuego  compiten  con 
la  salamandra  y  en  el  aire  con  el  cóndor. 

Concretándonos  al  agua  tenemos  el  siguiente  caso,  narrado 
por  un  periódico  de  Paysandú: 

«  Ayer  de  mañana  se  azotaron  á  nado  á  caballo  al  río  Uruguay, 
3^  tres  ciudadanos  orientales. 

»  Vistos  por  el  comisario  Manuel  Quintana  cuando  se  encami- 
1^  naban  en  dirección  á  la  costa,  éste  los  hizo  perseguir,  no  te- 
»  niendo  aquéllos  tiempo  de  quitarse  la  ropa,  y  á  caballo,  como 
:ii^  estaban,  fué  que  se  arrojaron  al  agua.  >/ 

Es  fama  que  los  soldados  de  Rivera  pasaban  caudalosos  ríos 
llevando  el  sable  en  la  boca.  En  aquellos  tiempos  la  natación  ha- 
cía el  papel  de  balsas,  botes  y  puentes. 

Del  mismo  caudillo  ha  dicho  Figueroa,  relatando  la  formida- 
ble y  repentina  crecida  del  arroyo  Maciel: 

....  En  medio  del  espanto  clamoroso 
El  ilustre  campeón  de  alma  indomada. 
Luchando  con  las  olas  vigoroso 
Lleva  en  la  boca  su  gloriosa  espada ; 
La  espada  á  quien  el  hado  misterioso 
Reserva  una  victoria  señalada.  .  .  . 
Y  arribando  á  la  playa  apetecida 
Salva  á  la  Patria  con  salvar  su  vida. 
En  185 1  las  facultades  natatorias  de  los  orientales  subsistían  en 
toda  su  plenitud.  Formando  en  las  filas  del  general  Urquiza,  mu- 
chos de  ellos  pasaron  á  nado  con  sus  caballos  el  Paraná  (en  el 
Diamante)  y  el  Uruguay  (cerca  de  Paysandú).  Ascazubi  ha  pinta- 
do la  escena,  y  recordamos  que  menciona  con  estas  palabras  una 
distancia  recorrida  de  aquel  modo :  <^caiorce  cuadras  de  anchor, í^ 
Una  de  nuestras  más  brillantes  ilustraciones, — el  Dr.  Magari- 
ños  Cervantes, — sintetiza  en  su  inimitable  Caramurú  el  tipo  que 


128  EL  CAUDILLO    DEL  PAGO 

nos  ocupa, — audaz,  de  ancho  pecho,  de  nervudos  brazos,  resis- 
tente á  la  fatiga,  flotante  como  el  ceibo  seco,  de  resoluciones 
prontas  y  enérgicas, — en  aquel  personaje  que  no  vacila  en  preci- 
pitarse al  Uruguay  desde  altísima  barranca,  facilitando  la  acción 
con  su  poncho  que  lo  echa  sobre  la  cabeza  del  noble  bruto. 

Dados  esos  antecedentes  no  es  difícil  que  los  tres  orientales, 
sorprendidos  por  el  comisario  Quintana,  hayan  llegado  á  la 
opuesta  orilla,  quizás  golpeándose  la  boca  y  cacheteando  al  cor- 
cel para  dirigir  su  marcha; — que  en  tales  casos  el  timón  no  es  el 
que  pinta  Ascazubi  cuando  dice  que  <fMn  gringo  ¡e  hacía  coliia», 
describiendo  el  vapor  que  fué  á  Maldonado  durante  el  sitio  gran- 
de y  cuyos  balances  le  hicieron  despedir  ^hasia  el  último  por  o  to.-ss^ 

Por  consiguiente  no  sería  milagro  que  Pampillon,  suponiéndo- 
le herido  de  un  balazo  en  el  hombro  izquierdo,  gravemente,  se- 
gún la  opinión  del  médico  policial  de  Treinta  y  Tres  basada  en  el 
examen  de  la  ropa,  hubiera  tenido  fuerzas  para  desnudarse  y  pa- 
sar á  zambullidas  el  Tacuarí. 

Los  orientales  son  carne  de  perro  en  materia  de  heridas,  y  cuan- 
do los  apuran,  superan  las  proezas  acuáticas  del  capitán  Bo3rton. 
— Der midió  De-Maria, 
i88t>. 

(q)  Chintango, — Ave  de  rapiña  que  se  alimenta  de  cuerpos 
muertos,  muy  voraz  y  chillona.  El  vocablo  se  emplea  en  sentido 
de  cobardía  y  desprecio. 


VIII 


LOS  HIJOS  DEL  GENIO 


AL   ILUSTRE    POETA  Y    ESCRITOR   LUSITANO    D.    FRANCISCO 

GOMES     DE    AMORIM. 


*  «  « 


FJor  es  el  genio  que  entre  peñas  brota, 

Y  á  quien  niega  su  luz  el  firmamento, 
Hasta  que  el  cáliz  del  dolor  agota, 

Y  despedaza  su  corola  el  viento  : 
Así  al  pampero  que  su  frente  azota, 
La  palma  de  la  gloria  y  del  talento 
Su  guirnalda  gimiendo  le  abandona; 

Y  asi  el  genio  conquista  su  corona !  (  n 


♦  *  ♦ 


Quién  entonces  ¡ay!  no  envidia 
Al  pintor,  al  héroe,  al  vate, 
Que  al  fin  en  mortal  combate 
Del  hado  venció  el  desden? 


130  LOS  HIJOS  DEL  GENIO 


Quién  entonces  no  ambiciona 
Su  espada,  lira,  ó  pinceles, 
Para  alfombrar  de  laureles 
El  camino  de  su  bien  ? 

Cuando  todas  las  miradas 
A  él  se  vuelven  cariñosas, 

Y  mendigan  las  hermosas 

Su  canto,  v  tal  vez ....  su  amor ! 
Cuando  el  popular  aplauso 
Cual  trueno  inmenso  resuena, 

Y  el  placer  que  su  alma  llena 
Rompe  en  llanto  inspirador? 

El  alma   de  todo  un  pueblo 
Palpita  de  su  alma  dentro. 
Como  rayos  que  á  su  centro 
Atrae  misterioso  imán. 

Y  tanto  al  pueblo  en  las  alas 
De  su  inspiración  eleva, 
Que  lo  agiganta  y  lo  lleva 
Hasta  donde  va  el  Titán.  ( 2 ) 

¡  Feliz  el  que  deja  entonces 
Esta  vil  cárcel  obscura, 

Y  vuela  á  región  más  pura 
Entre  aureola  de  luz  ! 

Si  al  zenit  tocó  su  gloria 
Ya  en  e)  mundo  que  le  esfera? 
Del  tiempo  la  ley  severa  I 
Del  hombre  la  ingratitud! 


LOS   HIJOS  DEL  GENIO  I3I 


Apagarán  de  su  genio 
Los  años  la  ardiente  llama; 
Será  tumba  de  su  fama 
La  vejez  cansada  y  cruel ; 
Mancharán  su  alma  de  ángel 
Terrenales  devaneos: 
Hipócritas  fariseos 
Le  darán  vinagre  y  hicl !  ( 3 ) 


♦  -¡í  ♦ 


Calvario  del  genio  —  la  gloria— en  cruel  guerra, 
Le  infunde  luchando  gigante  vigor; 

Y  en  su  alma  prendido,  cual  ráiz  á  la  tierra, 
Sus  garras  impías  incrusta  el  dolor. 

Febril  el  insomnio,  de  noche  le  asalta ; 
Hierve  en  su  cabeza  con  el  día  un  mar; 

Y  constante  y  fija,  la  idea  que  salta, 

Y  al  cráneo  golpea  queriendo  brotar! 

Helo  allí  en  silencio. ...  la  mano  en  la  frente, 
La  faz  blanca  ahora,  rojiza  después, 
Cual  viva  centella  la  mirada  ardiente. 
Revelando  gozo,  furor,  embriaguez  ....  (  4  ) 

Ved  como  su  raudo  pensamiento  ondea, 

Y  le  agita,  y  cansa,  y  exaspera  al  fin ! ...  . 
Con  la  forma  acaso  combátela  idea. 
Como  lucha  el  alma  con  el  cuerpo  ruin. 


n2  LOS  HIJOS  D1:L  GENIO 


I  Pobre  pensamiento  !  prisionero  al  cabo 
Quedará  en  el  lienzo,  metal,  ó  papel, 
Demostrando  al  mundo,  que  traidor  esclavo. 
Contra  el  genio  en  vano  se  rebela  infiel. 

No  importa  que  luego  do  estampó  su  huella 
La  divina  mano  de  artista  inmortal. 
La  envidia  entre  sombras  y  en  son  de  querella, 
Su  trenza  de  sierpes  agite  infernal. 

Su  baba  no  puede  borrar,  no,  la  firma 

Que  ciñe  aureola  radiante  de  luz! 

De  viles  eunucos  el  odio  confirma 

La  gloria  que  intenta  velar  su  capuz  !  ( 5  ) 

¡Atrás  negros  cuervos!  atrás  chusma  aleve! 
De  las  nulidades  trompeta  y  farol, 
Gusanos  que  en  lan'a  conjeló  la  nieve, 
Buhos  que  enfurece  la  llama  del  solí 

j  Atrás  miserables!  vuestra  saña  impía 
A  Fúlton  por  loco,  lograra  encerrar: 
Al  ínjií'rno  A  Dante  llevó  en  su  agonía, 
Y  A  Cervantes  hizo  su  pan  mendigar. 

Por  vos  Prometeo,  de  un  buitre  despojos. 
No  robó  A  los  cielos  su  increada  luz  : 
Mintió  Cialileo,  postrado  de  hinojos ; 
Vosotros  clavasteis  A  Cristo  en  la  cruz  I 


LOS  HIJOS  DEL  GENIO  I33 


*  *  * 


Sí ... .  desde  el  instante 
Que  se  alza  triunfante 
El  genio,  ya  impío 
Demonio  sombrío 
Le  oprime  en  sus  brazos, 

Y  el  alma  á  pedazos 
Con  su  ardiente  garra 
Tenaz  le  desgarra! 

—  Infames  tiranos 
Le  ligan  las  manos, 

Y  en  su  aurora  apenas 
Sufre  ya  cadenas; 

O  á  playa  remota 
Su  estrella  le  bota, 

Y  en  llanto  y  pesares 
Traspásalos  mares. 

Y  en  suelo  extranjero 
Se  vé  cual  Homero, 
Sin  otro  tesoro 

Que  su  harpa  de  oro. 
Vagando  sin  tino 
Mendigo  divino. 
Cantar  su  inspirada 
Sublime  Iliada. 


154  IOS  HIJOS  DEL  GENIO 


O  mísero  y  ciego 
Cual  Mílton  su  ruego 
Al  Creador  levanta, 

Y  con  firme  planta 
En  su  Edem  perdido 
Penetra  atrevido, 

Y  en  la  luz  se  anega 
Que  el  hado  le  niega. 

O  en  duro  presidio 
Se  vé  cual  Ovidio, 
Que  en  región  salvaje 

Y  entre  el  oleaje 
Del  Ponto,  sus  ojos 
Vuelve  de  ira  rojos 
Al  hogar  amado, 
Tal  vez  profanado ! 

O  herido  y  proscrito 
Por  tigre  maldito. 
Del  triunfo  en  la  aurora 
Sucumbe  á  deshora 
Cual  Rivera  Indarte  .  . . .  (  n ) 
¡  Sin  ver  su  estandarte, 
En  la  tumba,  ufano. 
Flamear  del  tirano ! 

O  cual  Borro  acaso. 
Do  un  vuelo  ol  Parnasi> 
Vencedor  escala ; 
Mas  ¡  ay  I  v]uo  resbala 


LOS  HIJOS  DEL  GENIO  I35 


Su  pié,  y  en  fragmentos 
Se  llevan  los  vientos 
La  mística  lira, 
Que  viuda  suspira.  (7  ) 

Como  él  oprimido 
Por  mal  escondido, 
«  AdioSy  patria  tnia! 
Balcarce  decía, 
De  mejores  aires 
Navegando  en  pos ; 
K  Adiós,  Buenos  Aires! 
»  Amigos,  adiós!  »  (8) 


*  *  ♦ 


Y  si  queréis  saber  lo  que  sufrieron 
Esos  que  el  genio  señaló  en  la  frente, 
Voy  á  evocar  sus  sombras,  y  una  espina 
De  la  sien  arrancarles  solamente. 


Del  Niágara á  los  pies,  como  él  grandioso. 
Está  el  cantor,  (9)  en  lágrimas  deshecho; 

Y  á  su  lado  Valdez,  gloria  de  Cuba, 
Muestra  de  balas  traspasado  el  pecho.  (10) 

Atropellado  Byrony  mordido 

Por  hidrófobos  canes,  ( 11 )  rompe  el  freno, 

Y  rebelado  contra  cielo  y  tierra, 
Su  frente  dé  titán  hunde  en  el  cieno. 


136  LOS  HIJOS  DEL  GENIO 


De  un  hospicio  en  el  lecho  miserable, 
Gilbert  traga  una  llave,  y  muere  Poe; 

Y  el  que  montes  de  oro  dio  á  la  España 
El  negro  pan  del  presidario  roe!  ( 12  ) 

Salva  á  la  Francia  Lamartine,  y  pierde 
Su  reposo,  su  fama,  y  su  fortuna, 

Y  la  imbécil  caterva  en  coro  grita  : 
«/(/,  poeta,  á  hacer  versos  á  la  luna!:^ 

No  comprende  al  Petrarca  aquella  Laura, 
A  quien  hace  inmortal  su  tierna  lira !  ( 13 ) 
Gime  el  Tasso  en  inmundo  calabozo, 

Y  cuando  van  á  coronarle,  espira ! 

Para  escribir  Camoens  su  poema. 
Va  el  papel  de  las  calles  levantando  ; 
Pero  el  alma  primero  que  el  poema. 
Entre  las  olas  dejará  nadando. 

Arquimédes  absorto  en  su  problema. 
No  despierta  ante  el  hierro  del  Romano  : 

Y  la  lengua  ¡oh  baldón!  deTuIio  (14)  insigne 
En  la  tribuna  clava  impía  mano ! 

Sin  zapatos  Corneille ! .  .  Moliere  sin  tumba ! . . . 

Un  abismo  á  Pascal  tiende  sus  brazos 

A  indigna  y  cruel  mujer.  Larra  en  ofrenda,     . 
Su  pensamiento  arroja  hecho  pedazos! 


LOS  HIJOS  DEL  GENIO  I37 


Lanzado  de  su  patria  Rivadavia, 
Como  lanza  el  volcan  su  vil  escoria  ! 

Y  á  estocadas  Portales  sucumbiendo, 

En  celada,  borrón  de  nuestra  historia  !  ( 15  ) 

Cantor  de  Ituzaingó  !  Floro,  Rufino, 
Bien  os  va  del  martirio  la  guirnalda ! 
Dais  por  otros  la  vida,  frente  á  frente : 
No  los  matáis  cobardes  por  la  espalda  ! 

Tres  hermanos tres  mártires ! proscrito. 

Dé  su  genio  en  la  hoguera  éste  se  abrasa  ; 
Escudando  á  vencidos  muere  el  otro  ; 
Traidor  puñal  á  aquél,  fiero  traspasa.  ( 16 ) 

San  Martin!  que  tu  espada  rompes  viendo, 
En  lugar  de  española,  grey  hermana ;  ( 17 ) 

Y  tú,  noble  Bolívar  ¡cóndor  muerto, 
Al  faltarle  la  brisa  americana !  ( 18) 

Y  tú,  Napoleón,  dueño  del  mundo, 
Quizá  el  más  infeliz  luego  en  la  tierra! 
Venid  todos,  venid,  y  reveladme  : 

Qué  hondo  misterio  la  expiación  encierra  ? 

Será  acaso  que  el  genio,  ebrio  de  orgullo, 
Igual  se  cree  á  Dios  en  su  delirio, 

Y  en  castigo  el  Señor,  ay!  le  condena 
A  ceñir  la  corona  del  martirio  ? 


138  LOS  HIJOS  DEL  GENIO 


*  ** 


Qué  importa?  si  es  tan  bella,  tan  grande  esa  corona, 

Y  en  cada  verde  hoja,  magnífica  eslabona, 
Celeste  una  esperanza, divino  un  galardón! 

Qué  importa  ?  si  al  torcerse  del  mal  bajo  la  planta, 
Con  más  gigantes  bríos  el  genio  se  levanta, 

Y  es  su  dolor  la  copa  do  bebe  inspiración! 

Yo  al  lado  de  esos  genios,  si  audaz,  débil  pigmeo. 
Nacer  siento  en  mi  alma  devorador  deseo, 

Y  con  violencia  estraña  mi  corazón  latir. 
Secreta  fuerza  oculta  levántame  del  suelo, 

Y  al  sacudir  la  frente,  con  ella  toco  al  cielo 

Y  el  mundo  es  mi  peana,  mi  esclavo  el  porvenir!  (19) 

Si  es  esto  orgullo  sólo,  perdón!  perdón!  Dios  mío! 
Me  arrastra  á  mi  despecho  sublime  desvarío, 
Con  mi  razón  luchando  rebelde  el  corazón. 
Quiero  humillar  aveces  mi  ingénita  altiveza, 

Y  al  eco  de  una  lira,  levanto  la  cabeza. 

Como  el  corcel  guerrero  del  bronce  á  la  explosión! 

No  sé,  Dios  mío !  entonces  de  donde  á  mi  desciende 
La  chispa  que  electriza  mi  sangre,  y  la  que  enciende 
En  mi  cerebro  hir\iente,  flamígero  volcan, 
Do  traban,  estallando,  descomunal  pelea. 
Con  la  palabra  el  metro,  la  imagen  con  la  idea. 
Como  encentradas  olas  que  azuza  el  huracán! 

¿  Qué  ángel  ó  demonio  murmura  en  mis  oídos. 
Palabras  misteriosas,  lantásticc  s  sonidos, 

Y  viene,  por  las  noches,  mi  sueño  á  interrumpir? 


LOS  HIJOS  DEL  GENIO  130 


Por  qué  toca  mi  frente,  y  al  estrechar  mi  diestra, 
Un  horizonte  inmenso  tan  fúlgido  me  muestra. 
Que  al  verlo  yo  quisiera,  sin  despertar,  morir? 

No  sé pero  si  es  cierto  que  no  alcanzó  la  gloria, 

Quien  no  le  dio  su  alma,  cual  víctima  expiatoria. 
De  penas  saturada,  de  lágrimas  y  hiél ; 
Si  es  cierto  que  es  forzoso,  para  alcanzarla  palma. 
La  cruz  llevar  á  cuestas ....  Señor !  toma  mi  alma, 

Y  dame  un  solo  gajo  del  inmortal  laurel ! 

Bendeciré  los  golpes  de  tu  inflexible  mano, 
Si  al  mundo,  antes  que  muera,  revelo  algún  arcano, 
Si  enseño  á  los  mortales  alguna  gran  verdad ; 
Si  la  existencia  mía,  sirviéndoles  de  ejemplo, 
Ofrenda  eterna  deja  de  la  virtud  al  templo, 

Y  ün  astro  más  al  cielo  del  alma  libertad ! 

Si  al  fin  cuando  la  muerte  me  cubra  con  su  manto, 
En  paz  miro  y  dichosa  la  tierra  que  amé  tanto, 

Y  ella  en  mi  frente  pone  su  beso  maternal ! 
Si  un  día,  cuantos  nazcan  en  su  feliz  ribera, 
Al  ver  mi  tumba  dicen:  mi  compatriota  era: 

su  NOMBRE  CON  ORGULLO  PRONUNCIA  EL  ORIENTAL  ! 
1846 


El  arte  abarca,  en  sus  divinas  inspiraciones  todos  los  elemen- 
tos morales  y  efectivos  de  la  humanidad:  lo  bueno,  lo  justo,  lo 
verdadero,  lo  bello,  lo  sublime,  lo  divino;  la  individualidad  y  la 
sociedad,  lo  fínito  y  lo  infinito;  el  amor,   los  presentimientos, 


140  LOS  HIJOS  DEL  GENIO 


las  visiones  del  alma,  las  intuiciones  más  vagas  y  misteriosas 
de  la  conciencia;  todo  lo  penetra  y  abarca  con  su  espíritu  pro- 
fético;todo  lo  mira  al  través  del  brillante  prisma  de  su  ima- 
ginación, lo  anima  con  el  soplo  de  fuego  de  su  palabra  gene- 
ratriz, lo  embellece  con  los  lúcidos  colores  de  su  paleta,  y  lo 
traduce  en  inefables  ó  sublimes  armonías.  El  canta  el  heroísmo 
y  la  libertad,  y  solemniza  todos  los  grandes  actos,  tanto  in- 
ternos como  externos  de  la  vida  de  las  naciones. — Esteban 
Echeverría, 
1845. 

( I )  El  tipo  del  poeta,  no  es  la  rubia  Céres  que  preside  las 
cosechas,  ni  el  festivo  dios  Pan  que  no  inventó  la  lira,  sino 
el  caramillo,  para  asociar  sus  desapacibles  sones  á  las  tareas 
rústicas. — El  tipo  eterno  del  poeta  es  aquel  Orfeón  que  apa- 
rece en  las  leyendas  índicas  y  griegas,  como  el  primer  cantor 
sublime,  revelador  de  los  misterios  divinos  y  humanos.  Su 
poder  de  seducción,  es  inmenso.  —  Después  de  haber  vencido 
con  su  lira  alas  fieras,  después  de  haber  bajado  á  los  infier- 
nos en  busca  del  bien  perdido.  Orfeón  vuelve  á  la  Tracia  y 
muere  despedazado  por  las  Bacantes,  es  decir,  por  las  pasiones 
bravias  que  él  mismo  había  suscitado  con  sus  cantos. 

Así  murieron  bajo  el  desgarramiento  de  sus  propias  emo- 
ciones, Byron  en  Missolonghi,  Schiller  en  Weimar  y  Alfredo 
de  Musset  en  Paris,  cerca  de  aquella  sombría  calle  de  los  Mo- 
linos, donde  su  Rolla  tuvo  también  su  última  noche  de  placer 
y  de  vida. 

Así  mueren  todos  desesperados  y  jóvenes,  los  que  han  recibi- 
do como  un  poder  mágico  y  como  un  anatema,  este  don  sui- 
cida de  convertir  la  palabra  en  gemido. — Así  mueren  todos, 
monos  Cioethc  que  se  escapa  á  la  destrucción  por  la  encar- 
nación sucesiva  en  todas  las  ideas;  —  menos  Hugo  que  puede 
repetirlas  palabras  do  uno  do  los  genios  en  el  Fausto: 

En  ia  trm/'twt.ui  Jr  Ai  ^ucion  mi  <\v/iri7w   5^  rrnueía.    Es   un 
iorbc/iiMO,—  suh'  V  ^%f/\i, — Xicoiüs  Av<i¡an<\ij. 
1877. 

[^)  Ciofírcvlo  Maiuoli«  on  s^u  coKbio canto  Dio  *- popólo,  com- 
puosli»  para  la  tiesta   v^uo  so  coKbró   en  Genova  el  10  de  Di- 


LOS  HIJOS  DEL  GENIO  I4I 


ciembre  de  1846,  aniversario  del  levantamiento  del  pueblo  y  de 
la  derrota  y  fuga  de  los  Austríacos,  dice: 

«  Nelle  feste  che  fa  il  popólo 

Egli  accende  monti  é  piani, 

Come  bocche  di  vulcani 

Egli  accende  le  cittá. 

Poi  vi  dico  in  veritá 

Che  se  il  popólo  si  desta, 

Dio  si  mette  alia  sua   testa 

La  sua  folgo  re  gl  i  da  I» 

Seguid  con  la  vista  al  águila  en  lo  más  alto  de  los  aires, 
atravesando  toda  la  extensión  del  horizonte,  ha  dicho  un  es- 
critor notable;  vuela  y  sus  alas  parecen  inmóviles:  se  creería 
que  los  aires  la  llevan :  este  es  el  emblema  del  orador  y  del 
poeta  en  el  género  sublime. 

Lo  que  el  crítico  aplicaba  así  á  Bossuet,  ha  de  permitirme 
V.  que  yo  —  agrega  el  autor  dirigiéndose  al  Dr.  Herrero  y  Es- 
pinosa—  lo  aplique  á  Juan  Carlos  Gómez,  cuya  mente  abandonó 
siempre  la  corteza  en  que  rastreaban  las  miserias,  ansiosa  de 
dominar  de  lo  alto,  casi  en  atmósfera  enrarecida,  pero  por 
lo  mismo  libre  de  los  miasmas  de  la  corrupción  y  de  los  va- 
pores asfixiantes,  provenientes  de  cien  focos,  que  se  confunden 
al  inmenso  aliento  de  la  sociedad  humana,  y  lo  vician,  espe- 
cialmente en  los  nefastos  días  en  que  la  verdad  y  la  justicia 
ceden  su  puesto  á  lo  innoble  y  lo  abyecto. — Eduardo  Acevedo 
Dia^, 
1884. 

(3)  El  hombre  célebre  tiene  mucho  de  glorioso,  de  divino; 
pero  mucho  también  de  víctima,  de  mártir:  tanto  en  vida,  co- 
mo en  muerte. 

Y  el  poeta  célebre   es   el  más  mártir  de  los  hombres  célebres. 
— Juan  Lussich. 
1885. 

(4)  El  genio  es  ante  todo  inventor  y  creador.  El  hombre  de 
genio  no  puede  dominar  la  fuerza  que  en  él  remide  ;  y  es  hom- 
bre de  genio  por  la  necesidad  ardiente,  irresistible,  de  expre- 
san lo  que  experimenta.   S3  ha  dicho  que  no  hay  hombre  de  ge- 


142  LOS  HIJOS  DEL  GENIO 


nio  sin  puntos  de  locuni.  Pero  esta  locura,  como  la  de  la 
Cruz,  es  la  parte  divina  de  la  razón.  Sócrates  la  llamaba  su 
demonio,  Voltairc  el  diablo  en  el  cuerpo^  y  la  exigía  hasta  en  los 
cómicos.  —  Víctor  Cousin. 

(5)  La  fé  de  X  en  materias  literarias  estaba  marcada  con  el 
mismo  amplio  y  generoso  cuño  liberal.  Desde  que  vio  á  un 
crítico  bonaerense  insultar  al  poeta  Mármol,  acusándole  de 
plagiario,  de  ser  su  drama  El  poda  una  imitación  servil  del 
Macias  de  Larra,  porque  el  Tirteo  Argentino  había  escrito  con 
razón  que  la  obra  de  la  crítica  sustraía  su  importancia  del  tra- 
bajo criticado,  y  la  luz  que  proyectaba  se  parecía  á  la  de  la 
luna  en  ser  no  propia  sino  de  reflejo,  juró  odio  á  los  escrito- 
res que  hacían  carrera  con  el  látigo  en  la  mano  y  escalaban  re- 
putaciones, no  á  plumadas  sinoá  puñaladas. 

¿A  quión  se  trata  así?  prorrumpía  X.  .  .  .  nada  menos  que 
á  aquel  anciano  poeta,  cegado  por  el  fulgor  de  los  rayos  que  su 
genio  lanzó  contra  una  tiranía.  ¿Y  por  quién?  Por  un  modes- 
tísimo crítico  cuyo  caudal  es  una  napa  de  agua  superficial  é  in- 
grata, lomada  á  hurtadillas  en  los  profundos  estanques  de  Sain- 
to-  Beuve.  —  /.  uis  B.iltJ  {»?  r. 

(o'i  Lincas  do  una  nota  puesta  por  el  ai»*or  al  pié  de  su  com- 
posición m  prrsi>  cris  tirina,  escrita  en  la  cárcel: 

^ Estos  versos  son  mis  lágrimas  espiritualizadas  por  la  idea, 
y  formuladas  por  la  palabra :  no  el  fruto  de  ingenio  cultivado, 
sino  con  suspiros  de  un  cora/on  ro7.?do  ásperamente  por  el  in- 
fortunio. 

«  Poco  ho  poviid.^aprcnvicr  siendo  muy  joven  y  tan  desgra- 
ciado. !  a  ciencia  llcv:a  viií:c:' rigente  al  entendimiento  del  preso 
aherrojado on  una  cavccl  do  altas  y  espesas  murallas,  en  una 
caivcl  p^MUon,  quo  es  doMcmer.to  en:o* :  a!  entendimiento  del 
intVlir  que  apenas  rospi:a.  v^uo  .-p.t^is  se  mueve  con  el  peso  de 
lo<  ):ur.os;  que  tune  >u  Cvv.í.-o:^.  v  rr.r.v.vto  r.  r  el  dolor  présen- 
lo» con  L;  numoi-.a  do  la  r/.saví.;  d  oh,-. :  el  alma  cons!em;-da  con 
unasin.o>tra  '.uoojt.duir.lve  soVrc  su  >ucr:e  en  el  día  que  va 
A  lK\car  \  on  cWíuí  ,:o;i;,íi;  ^'.to'.moniavios  *.os  o:dos  con  el  mar- 
liUoo  iHrnoso  do  los  i^r^los  do  su<  co.r^paueros,  inocentes  unos, 
oiinv,í\ílos  otvv^s:  o\m\  el  nvo.rmr.lU^  ¿e  sus  quedas,  de  $us  impor- 


LOS  HIJOS  DEL  GENIO  I  43 


tunidades;  con  las  blasfemias  de  sus  carceleros  y  verdugos.»  — 
José  Rivera  Indaric. 

18^7. 

(7)  Berro,  no  dio  sólo  un  lamento,  se  asoció  á  un  programa. — 
Moralización  de  la  familia,  cuyos  vínculos  desata  sacrilega- 
mente la  guerra  civil, — Enseñanza  popular, — Asociación  de 
todos,  para  hacer  lo  que  á  todos  conviene, — y  puso  mano  á  la 
obra  con   sano  corazón  é  indisputable  talento. 

La  muerte  que  nos  le  arrebató  en  flor,  le  dejó  vivir  muy  cortos 
días,  y  profanaríamos  su  memoria,  con  una  torpe  adulación,  si 
atribuyéramos  á  sus  tareas  un  desarrollo  que  no  pudieron  al- 
canzar.— Pero  ese  que  señalamos  es  el  pensamiento  que  anima 
todas  sus  obras,  á  él  pertenece  el  fondo  de  las  poesías  que 
examinamos;  y  si  esto  es  cierto,  como  positivamente  lo  es,  Be- 
rro merece  uno  de  los  primeros  rangos  entre  los  poetas  ame- 
ricanos, porque  es  de  los  que  mejor  han  comprendido  la  mi- 
sión eminentemente  social  que  la  poesía  debe  desempañar  entre 
nosotros. 

Adolfo  se  sentía  morir:  se  sentía  hundir  en  el  sepulcro  y 
exclamaba : 

Morirl  sin  que  entre  el  polvo  los  tiranos 

Haya  visto  en  el  mundo  de  Colon, 

Demandando  al  Eterno  en  mis  plegarias 

Para   los  abatidos   el    perdón ! 
1841.  Andrés  Lamas, 

(8)  Muerto  á  los  veinte  años  en  Paris,  de  la  enfermedad  en- 
gendrada por  su  excesiva  contracción  al  estudio,  que  lo  llevara 
allí  en  busca  de  salud.  Pertenecen  á  su  canto  Z¿z  Parliday  en  el 
que  se  revela  el  presentimiento  de  su  próxima  muerte,  estas 
dos  valientes  estrofas : 

De  inicuos  tiranos  el  ceño  que  espanta. 
La  turba  de  impíos  que  erguidos  están. 
Son  granos  de  polvo  que  el  viento  levanta  ; 
Cesando  ios  vientos  al  suelo  caerán. 
Entonces  joh  Patria!  tu  noble  bandera 
Flameando  en  las  nubes  con  nuevo  fulgor. 
Hará  que  gozoso  cantando  yo  muera : 
Adiós,  Buenos  Aires;  amigos,  adiós. 
Amigos  queridos,  mi  adiós  es  eterno.  .   .  . 


144  LOS  HIJOS  DHL  GENIO 


Las«Horasde  Melancolía?^  están  dedicadas  á  los  cantores  de 
la  Expósita  y  el  Cigarro^  en  estos  términos: 

A    LA  MEMORIA    DE    LOS  MALOGRADOS    POETAS    AdOLFO     BeRRO  Y 

Florencio  Balcarce^  consagra  este  recuerdo. — El  autor. 

Véase  la  nota  de  la  pág.  342  en  el  Alhum  de  Poesias  Uru-- 
guayas, 

(9)  A  pocos  poetas  ha  tratado  con  tanto  rigor  la  fortuna  co- 
mo á  Heredia,  abogado,  soldado,  viajero,  profesor  de  len- 
guas, diplomático,  periodista,  magistrado,  historiador  y  poeta 
A  los  veinte  y  cinco  años,  según  él  mismo  refiere  en  el  prólo- 
go de  sus  poesías. 

Ecos  de  su  infortunio  son  aquellos  ayes  del  alma  que  resue- 
nan y  resonarán  al  través  de  los  siglos  en  su  oda  magistral,  joya 
de    la  literatura  americana, -A/ j<í//<?  del  Niágara: 

¡Ay!  agostada 

Yace  mi  juventud,  mi  faz  marchita, 

Y  la  profunda  pena  que  me  agita 
Ruga  mi  frente  de  dolor  nublada. 
Nunca  tanto  sentí  como  este  día 
Mi  soledad  y  mísero  abandono, 

Y  lamentable  desamor 


j  Ay !  desterrado. 
Sin  patria,  sin  amores, 
Sólo  miro  ante  mí  llanto  y  dolores. 

Niágara  poderoso ! 
j Adiós!  adiós!  dentro  de  pocos  años 
Ya  devorado  habrá  la  tumba  fríi 
A  tu  débil  cantor.  .  .  . 

(10)  El  ilustre  mulato  Plácido  de  la  Concepción  Valdez,  fu- 
silado en  la  Habana  el  27  de  Junio  de  1844.  Complicado  en 
una  conspiración  contra  las  autoridades  peninsulares  de  Cuba, 
fué  delatado  por  un  miserable,  y  marchó  al  patíbulo  recitando 
su  conmovedora  Plegaria  á  Dios,  que  bastaría  para  inmortal!^ 
zar  su  nombre,  si  como  observa  uno  de  sus  biógrafos,  no  le 
asegurasen  ya  la  inmortalidad  varias  desús  poesías,  y  sobre  to- 
do, su  patriotismo,  sus  desgracias  y  su  muerte. 


LOS  HIJOS  DEL  GENIO  1 45 


Ser  de  inmensa  bondad!  Dios  poderoso! 
A  vos  acuáo  en  mi  dolor  vehemente.  .  .  . 
Extended  vuestro  brazo  omnipotente, 
Rasgad  de  la  calumnia  el  velo  odioso; 

Y  arrancad  este  sello  ignominioso 

Con  que  el  mundo  manchar  quiere  mi  frente 

Mas  si  cuadra  á  tu  Suma  Omnipotencia 
Que  yo  perezca  cual  malvado  impío, 

Y  que  los  hombres  mi  cadáver  frío 
Ultrajen  con  maligna  complacencia.  .  .  . 
Suene  tu  voz,   acabe  mi    existencia.  .  .  . 
¡Cúmplase  en -mí  tu  voluntad,  Dios  mío!  .  .   . 

(11)  Los  primeros  é  implacables  enemigos  de  Byron,  que  le 
atacaron  en  la  Revista  de  Edimburgo^  desconociendo  su  gcínio,  y 
á  quien  éste  puso  una  mar^a  de  fuego,  legando  su  nombre  al  des- 
precio de  la  posteridad  con  la  sublime  sátira  titulada:  Los  poe- 
tas ingleses  y  los  críticos  escoceses, 

(12)  Jamas  olvidó  nise  consoló  Colon,  Virrey  y  grande  Al- 
mirante, de  la  manera  cómo  se  llevó  á  cabo  y  las  causas  que 
motivaron  su  prisión,  al  verse  en  un  calabozo,  y  más  taide  al 
desembarcar  en  España  cargado  de  grillos  que  le  hizo  rema- 
char, ultrapasando  su  mandato,  según  unos  y  con  antoriza- 
cion  expresa,  según  otros,  el  feroz  Bobadilla,  juez  pjsquisidor 
enviado  por  los  reyes  católicos. 

Parece  que  al  fin  éstos  dieron  crédito  á  las  calumnias  de  los  en- 
carnizados enemigos,  y  otros  émulos  ó  envidiosos  de  la  gloria 
del  inmortal  Genoves. 

Al  ser  puesto  en  libertad,  pidió  y  obtuvo  se  le  dejara  llevar 
aquellos  hierros  con  que  había  venido  de  América  as  gurado 
como  un  insigne  malhechor,  y  los  clavó  en  la  pared  del  cuarto 
donde  dormía.  Mostrándoselos  á  su  hijo,  que  lloraba  de  rodi- 
llas al  pié  de  su  lecho,  murió,  orando  fervorosamenie,  con 
los  ojos  fijos  en  aquel  eterno  padrón  de  ignominia  para  sus 
infames  detractores  y  de  la  ingratitud  ó  ligereza  de  los  reyes  y 
sus  áulicos. 

{i))  Una  persona  del  bello  sexo,  inteligente  amiga  nuestra, 
tuvo  el  capricho  de  escribirnos  con  motivo  de  esta  estrofa,  una 

10 


[■ 


146  LOS  HIJOS  DEL  GENIO 


deliciosa  carta  que  sentimos  no  encontrar  á  mano. — A  los  du- 
ros cargos  que  ella  formulaba  en  general  contra  la  absorción, 
la  ingratitud,  y  el  cambio  enorme  que  se  observa  entre  el 
antes  y  el  después,  en  todos  los  homhrtSy  amados  como  no  me- 
rece serlo  ninguno,  y.  en  particular  de  los  SS.  trovadores,  con- 
testamos con  el  siguiente  párrafo  de  un  crítico  francés,  juez 
competente  en  la   materia : 

«Tanto  valdría  pretender  que  el  lirio  de  la  mañana  deman- 
dase amor  á  la  abeja  :  el  lirio  prodiga  sus  tesoros  y  muere  ex- 
hausto; la  abeja  elabora  con  ellos  su  miel:  el  hombre  viene  y 
se  nutre  con  el  riquísimo  panal.  Extraña  ley  de  la  naturalezal 
misterio  de  la  vida  y  de  la  muerte,  que  encontramos  á  cada  pa- 
so en  el  mundo,  y  cada  vez  más  impenetrable  I  Cuando  la  vi- 
da de  una  joven  apasionada  ó  de  una  pobre  flor  agostada  al 
entreabrir  sus  hojas,  con  invisibles  transformaciones  se  ha  in- 
corporado así  á  otra  vida — ¿por ventura  el  que  ha  sido  bene- 
ficiado con  ese  sacrificio  en  nobles  sentimientos,  en  fuerza  vital, 
en  inspiración,  en  inefables  emociones,  quiéralo  ó  no,  de  gra- 
do ó  por  fuerza,  no  contrae  con  la  víctima  una  alianza  inma- 
terial, casi  divina,  que  vincula  para  siempre  su  existencia  en  la 
tierra,  y  tendrá  más  tarde  su  recompensa  en  el  cielo? — Hcnri 
Bla^e. 
1859. 

(14)  Marco  Tulio  Cicerón,  príncipe  de  los  oradores  romanos. 
Partidario  de  Pompeyo,  después  de  la  derrota  de  Farsalia,  si- 
guió el  partido  de  Octavio  contra  Antonio,  quien  al  reconciliar- 
se con  el  ambicioso  y  falaz  Triunviro,  le  pidió  la  cabeza  del  sal- 
vador de  Roma  en  la  conjuración  de  Catilina;  y  Octavio  tuvo 
la  vileza  de  concedirsela.  El  Tribuno  Pompilio  Lena,  que  debía 
la  vida  á  su  elocuencia,  ejecutó  la  bárbara  orden :  cortóle  la  ca- 
beza, los  pies  y  las  manos,  y  se  los  llevó  á  Antonio.  La  lengua 
fué  clavada  en  la  Tribuna  dr  ¡as  arengas,  teatro  de  sus  gran- 
des triunfos  oratorios :  Fulvia,  la  vengativa  mujer  de  Antonio, 
la  atravesó  repetidas  veces  con  un  punzón  de  oro,  en  castigo  de 
las  injurias  que  pretendía  haberle  inferido  á  su  marido  duran- 
te la  lucha  con  Octavio. 

(15)  El  teniente  Florin,á  quien  Vidaurre,  su  padrastro,  había 
confiado  la  custodia  del   ministro  prisionero,    era  un  joven  de 


LOS  HIJOS  DEL  GENIO  I47 


veinte  y  tres  años  y  de  bella  presencia,  pero  de  un  corazón  fe- 
roz y  sanguinario.  En  aquella  hora,  siguiendo  sus  propensiones 
torpes  y  viciosas,  se  había  embriagado.  Acababa  de  hablar  con 
un  ayudante  de  Vidaurre,  cuando  se  dirijió  resueltamente  al 
birlocho  en  que  se  encontraba  Portales,  y  deteniéndose  cerca, 
dijo:  «Baje  el  ministro.»  Portales  no  dudó  de  que  estaba  re- 
suelta su  inmolación.  Pidió  que  alguien  le  ayudase  á  bajar,  ya 
que  las  carlancas  se  lo  impedían.  Una  vez  apeado  en  medio  del 
camino  real,  recibió  una  descarga  de  fusilería  que  le  derribó, 
destrozándole  el  pecho  y  horadándole  la  cara  y  la  cabeza.  Flo- 
rín todavía  mandó  herirlo  á  bayoneta,  y  él  mismo  le  menudeó 
estocadas  con  la  más  brutal  ferocidad. — José  Domingo   Cortes, 

1875. 

(16)  Los  tres  hermanos  Várela:  Juan  Cruz,  notable  poeta, 
perseguido  en  Buenos  Aires  por  la  mazhorca  de  Rosas,  se  asiló 
en  Montevideo,  donde  falleció  de  la  tisis,  contraída  en  el  arduo 
labor  de  la  prensa  política  y  en  importantes  trabajos  literarios: 
Rufino,  también  poeta  y  tipo  de  nobleza  y  valentía,  oficial  de 
Lavalle  en  la  Cruzada  argentina,  alevosamente  apuñaleado  des- 
pués de  la  derrota  del  Quebracho,  al  entregar  con  bandera  de 
parlamento  al  gefe  enemigo  y  oficiales  prisioneros  en  el  asalto 
de  la  ciudad  de  Santa  Fé:  Florencio,  insigne  publicista,  redactor 
de  El  Comercio  del  Plata  en  el  memorable  asedio  de  Montevi- 
deo, asesinado  por  la  espalda  en  la  calle  de  Misiones,  la  noche 
del  20  de  Marzo  de  1848,  á  pocas  varas  de  la  imprenta,  por  insti- 
gación de  Rosas  y  orden  de  Oribe,  según  resulta  del  proceso 
formado  al  asesino  Cabrera,  enviado  con  ese  objeto  desde  el  Ce- 
rrito,  campamento  general  del  ejército  sitiador. 

(17)  Aunque  todavía  es  materia  de  seria  controversia  lo  que  se 
•pactó  entre  San  Martin  y  Bolívar  en  la  célebre  entrevista  de  Gua- 
yaquil, y  las  verdaderas  causas  que  decidieron  al  vencedor  de 
Maipu  á  entregar  la  mayor  parte  del  ejJrci'o  que  murdaba  com- 
puesto de  argentinos  y  chilenos  al  gener^:l  venezolano  y  dejaile 
la  dirección  absoluta  de  la  guerra,  retirándose  él  del  Perú,  las 
opiniones  más  autorizadas  concuerdan  que  al  proceder  así  y  al 
condenarse  al  ostracismo  voluntario  que  lo  11.  vc'  á  morir  en  Fra^.- 
cia,  prefirió  San  Martin  eliminarse  p*ara  evitr.r  escisiones  y  con- 
tiendas entre  los  caudillos  americanos,  cuando,  aunque  aniquilado 


148  LOS  HIJOS  DEL  GENIO 


casi,  todavía  estaba  en  pié  el  poder  militar  español,  y  no  empa- 
ñar su  nombre  en  las  mezquinas  luchas  de  ambición  que  ya  se 
diseñaban,  y  brotaron  más  tarde  de  la  organización  de  las  nuevas 
repúblicas. 

(18)  Dejémosle  ahora  descender,  que  no  hay  sol  sin  ocaso,  ni 
gloria  sin  infortunio.  El  torbellino  de  las  pasiones  va  á  envolverle, 
y  aquella  alma  templada  por  las  desgracias,  va  á  encontrarse  á 
merced  de  todos  los  vientos.  Dejémosle  descender  en  solicitud 
de  la  roca  solitaria,  donde  el  mar  tiene  para  los  grandes  infortu- 
nios ecos  y  notas  de  consuelo.  No  irá  como  Alejandro  en  soli- 
citud de  Babilonia,  para  decretarse  en  medio  de  la  crápula  ser 
hijo  de  Júpiter;  ni  confiado  como  César  irá  al  senado  romano, 
donde  le  aguarda  el  puñal  de  Bruto;  ni  como  Napoleón  pisará 
el  bajel  enemigo  que  debe  conducirle  á  la  roca  de  Prometeo.  No : 
él  irá  como  el  peregrino  á  quien  sorprende  el  huracán,  y  quien 
perseguido  por  la  onda  vertiginosa,  no  encuentra  sitio  seguro  ni 
reposo  á  sus  fatigas,  y  empujado  por  la  gavilla  de  los  vientos 
llega  á  la  phiya  para  exhalar  en  ésta  su  último  suspiro. — Arísti- 
des  Rojas  (Venezolano.) 

i87(). 

( 19)  El  poeta  es  el  único  mortal  que  se  trasustancia  en  pueblo 
y  se  convierte  en  muchedumbre ;  el  único  capaz  de  interpretar  en 
lo  presente,  en  el  tiempo  que  fué,  en  el  que  ha  de  venir,  la  índo- 
le, el  sentimiento  y  las  aspiraciones  de  toda  una  nación.  El  alma 
de  Schiller  es  el  alma  de  la  Alemania.  Dante  es  después  de  seis 
siglos,  el  representante  legitimo  de  la  Italia  en  el  día  que  se  in- 
corpora unida  y  casi  íntegra  en  la  asamblea  de  las  naciones  inde- 
pendientes. Los  días  de  esos  mortales  se  cuentan  por  centurias, 
y  las  tiestas  natalicias  que  se  les  consagra,  son  solemnidades  se- 
culares como  las  que  la  antigüedad  consagraba  á  los  Dioses. 

El  hálito  de  los  pechos  que  ellos  saben  conmover,  es  el  fluido 
que  los  levanta  á  tan  eminentes  alturas.  Todas  las  opiniones,  to- 
das las  creencias,  los  intereses  más  rivales,  se  porten  de  acuerdo 
para  aplaudirlos  y  para  amarlos.  Son  como  luceros  del  cielo  es- 
trellado, sublimes,  hermosos  para  cuantos  pueden  levantar  la  vis- 
ta m.is  arriba  del  techo  desús  casáis.  — ///♦?»!  Maria  Gutierre^. 


IX 


I    FIGLI   DEL    GENIO 


FRAMMENTI 


(TRADUZIONE  LIBERA) 


Dalla  patria  enittato  Rivadavia 
Come  erutta  il  vulcan  la  vile  scoria ! 
Spento  Portales  dall'umana  ignavia 
A  disonore  della  ncstra  wtcria  ! 

Floro,  Rufíino  e  d'Ituzaingo  il  vate, 
Ben  del  martirio  mentaste  il  serto ! 
Che  per  Taltmi  la  vostra  vita  date, 
E  combatíate  leali  in  campo  aperto! 

Fratelli  e  tríni  nel  mártir ! . . .  Proscritto, 
Dal  genio  suo  consunto  il  vate  muore ; 
L'altro  in  difesa  dei  caduti,  invitto  ; 
£  spegne  il  terzo  stocco  traditore ! 


150  I  FIGLI  DEL  GENIO 


Spezza  la  spada  San  Martin  vedendo 
Ibera  no,  mi  patria  gragge  insina ; 
E,  qu il  cundor,  Boliv  ir  v  \  morendo 
L'etra  cercando  iiivano  americana  ! 


E  tu,  signor  del  mondo,  Napoléone, 
Tu  sovr'ogni  altro  un  giorno  sventurato, 
Venitetuítia  dir:  Tespíazione 
Qual  profundo  mi^tero  tien  celato? 

Forse  che  il  g3nio,  daU'orgoglio  spinto, 
Si  crede  á  Dio  simil  neísuo  delirio, 
E  Iddio  lo  voUe,  per  punirlo,  avvinto 
Al  ferro  secolare  del  martirio? 


**  * 


Che  importa? se  é grande  quel  serto,  se  é bello. 

Se  in  ogni  suaíoglia,  se  in  ogni  suo  anello 

Rifulge  una  speme,  celeste  un  balen ! 

Che  importa  se  il  male  lo  avversa  costante  ? . . . 

II  genio  s' ele  va  glorioso,  gigante, 

E  trova  alimento  del  duolo  nel  sen ! 

Vicino  áqueigeni,perduto  pigmeo, 
Di  sogni  di  gloria  mi  pasco,  mi  beo, 
E  il  core  e  la  mente  vaneggiano  pur. 
Segreta  una  forzami  toglie  dal  basso, 
E  il  capo  scotendo  le  nubi  sorpasso  ; 
II  mondo  m'é  scanno,  m'é  schiavo  ilfutur! 


I  FIGLI  DEL  GENIO  I5I 


Se  orgoglio  é  sol  questo,  perdonami,  o  Dio! 

Cele    e  m'inebbria  sublime  un  desio, 

E  il  core  comba  te  la  fredda  ragion. 

Invan  lasuperbiaquest'alma  detesta; 

Al  suon  d'una  lira  sollevo  la  testa 

Qual  nobil  destriero  quand'ode  il  camión ! 

AUora,  gran  Dio,  non  só  donde  vi-ene 
Quelfuoco  divino  che  m'arde  le  vene, 
Che  fa  di  mia  mente  tremendo  un  vulcan. 
U'cozzano  inlot  a,  nell'ignea  vorago. 
Col  detto  ridea,  col  metro  l'imago 
Qual'onde  frementi  che  a  infrangersi  van! 

Qual  démoneod  ángel  sussúrra  parole 
Segrete,  incomprese,  fantastiche  fole, 
E  viene  i  miei  sonni  dagli  occhi  a  bandir? 
Perche  m'accarezza  febbrile  la  fronte, 
E  mostrami  arcano novello  orizzonte, 
Si  bello  ch'io  bramo,  dormendo,  morir?.. . 

Non  só ma  s'é  vero  che  gloria  no-^  hanno. 

Color  che  olocausto  dell'alma  non  fanno 
Sul  trípode  sacro  ov'arde  il  dolor; 
Se  é  vero  che  é  d'uopo,  per  cinger  la  palma, 
La  croce  portare.  . . .  Signore,  quest'alma 
Ti  prendi  e  una  foglia  mi  porji  d'allor ! 

II  pondo  soffrire  sapró  di  tua  mano. 
Se  nuovo  concedi  ch'io  sveli  un  arcano. 
Che  agli  uomini  insegni  del  vero  il  mister ; 
Se  ad  essi  mia  vita,  seivendo  d'esempio, 
D'antica  virtude  sorviva  nel  templo, 
Rifulga  qual'astro  di  gloria  forier! 


152  I  FIGLI  DEL  GENIO 


Se  infine  la  morte  trovandomi  accanto, 
Fai  tu  che  la  patria,  che  adoro  cotanto, 
Felice  e  redenta  mi  baci  immortal ! 
Se  i  figli  futuri  dell'alma  riviera, 
Sul  túmulo  mió,  diranno :  — qiiesti  era 
Uor^oglio  e  Vonore  del  suolo  Oriental! 


/.  Odicini y  Sagra,  (i) 


(i)  Educado  en  Italia  d^sda  su;  mis  tiernos  años  nuestro  com- 
patr  o:a  el  se^or  Odicini  y  S  'gra,  sólo  sabe  versificar  en  el  idio- 
ma del  Dante,  qae  maneja  como  digno  discípulo  de  los  grandes 
maestros  en  qui.nes,  apar:e  de  las  dotes  niturales,  sin  las  que 
jamás  se  eowribn  versos  womo  lo  ^  suyos,  ha  bebido  el  baen  gus- 
to, la  inco:nparible  dalzura  y  armonía,  el  giro  original  y  la  forma 
artisiica  de  Li  poesía  italiana;  pero  italiana  ó  española,  si  hay 
poesía,  qué  importa  la  copa  que  la  conáene?  ¿  No  es  el  caso  de 
decir  con  Alíredo  de  Musset : 

^Qu  imperte  le  flacón^  pourvu  quon  ail  tivressef:^ 

Nos  hemos  visto  perplejos  para  escoger  entre  las  varías  y  bellas 
pri^duccioncs,  que  espontáneamente  y  sin  conocernos  paso  con 
verdadera  modes  ia  ¿  nuestra  disposición.  Hay  entre  ellas  una 
versión  de  Zoj  A;;oj  </W^r«ío  traducida  libremente  estrofa  por 
estrofa,  que  sin  lisonja  nos  ha  parecido  superíor  al  original.  Sin 
embargo,  por  lo  mismo  que  éste  nos  pertenece,  nos  limitamos 
á  insertar  s\Mo  un  fragmento,  en  el  deseo  de  dejar  mis  espacio 
para  otras  composiciones.  Consu  .lanos,  empero,  la  idea  de  que 
lo  poco  que  publicamos  del  señor  Odicini,  basta  para  calificarle 
de  poeta,  V  felicitarnos  con  los  amantes  de  las  letras  uruguayas 
por  el  concurso  que  les  trae,  y  por  lo  que  con  legítimo  derecho 
puede  esperar  en  adclame  de  su  talento  la  literatura  nacional. — 
Al  tratar  esta»  hnea$,  un  $entimiento  de  gratitud  nos  obliga  á 


LOS  HIJOS  DEL  GENIO  1 53 


cordar  que  antes  de  nuestro  compatriota,  el  apreciable  literato 
italiano  don  Luis  D.  Desteffanis,  hizo  ahora  años,  en  Buenos  Ai- 
res, algunas  recomendables  traducciones,  en  verso,  de  varias  poe- 
sías de  las  Brisas  del  Plata. — (Nota  puesta  en  en  el  Álbum  de 
Poesías  Uruguayas,  al  pié  déla  preciosa  composición  del  señor 
Odicini:  Alia  madre  lontana.) 
1878. 


INUNDACIÓN 


l8  DE  JULIO  DB   i8;6  (i) 


AL  REPUTADO  ESCRITOR  BRASILERO  DON  JOSÉ  A. 

ROCHA     GALLO 


«  *  * 


El  p«i's  en  mA»a  pide  la  prórroga  de  la 
dictadura  por  cuatro  años  mis,  y  la  ten- 
drá. —  £tIos. 

StTA  lo  que  tase    el  castre  — S'*fSotr;}s. 


En  los  valles  que  riega  el  Amazonas, 
Como  en  la  inmensa  sábana  que  ciñen 
El  Cauca,  el  Paraná  v  el  Orinoco, 
Cuan  fácil  se  desliza  y  placentera 
1.a  vida  entre  coronas 
Oo  una  hermosa  y  eterna  primaveral 
Chasis  de  la  tierra  americana, 
Parece  allí  encerrado 

00  la  existencia  universi^l  el  loco. 

1  os  horizontes  ^fñen 
Celajes  de  oro  y  gn\na : 


INUNDACIÓN  155 


En  SUS  noches  de  plácido  embeleso, 
En  el  espacio  azul  embalsamado, 
Cual  gigantesco  candelabro  ondea 
Espléndido  el  Crucero, 
Que  entre  orlas  de  rubíes  centellea : 
Coronados  de  frutos  y  de  flores 
Los  árboles  se  doblan  bajo  el  peso 
De  sus  dorados  pomos;  grata  sombra 
Ofrecen  al  cansado  peregrino, 

Y  le  brindan  al  par  su  cristalino 
Raudal  el  manso  río. 

Un  lecho  el  suelo  de  mullida  alfombra. 
Su  armonía  los  pájaros  cantores, 
El  piélago  dormido  ricos  peces.. 

Y  caza  inagotable  el  bosque  umbrío. 

Basta  estenderla  diestra. 

Para  vivir  sin  pena  y  sin  trabajo. 

Mas  ay!  que  no  es  ley  nuestra 

Lo  que  forma  la  dicha  del  marrajo. 

El  que  vive  indolente  en  Ix  ribera 

De  aquellos  grandes  ríos. 

Se  vé  asaltado  á  veces 

Por  la  feroz  pantera, 

O  por  cebado  ( 2 )  tigre  carnicero. 

Hoy  le  acomete  el  Yacaré  á^QÍotmQ y 

Mañana  en  sus  anillos 

Le  envuelve  traicionero 

El  mortal  Cascabel^  la  boa  enorme  ; 

Oculto  entre  las  ramas, 

El  insolente  mono  le  apedrea ; 

Antes  que  mire  aviesos 

Del  Cimarrón  (3  )  hidrófobo  los  ojos. 

Siente  hundirse  en  la  espalda  sus  colmillos ; 


156  INUNDACIÓN 


Le  embisten  cuando  duerme  emponzoñadas 

Orugas  que  el  pantano  nutre  y  crea; 

Le  dan  fiebre  el  zumbido  y  las  punzadas 

Del  mosquito  y  del  tábano  insufribles ; 

Y  la  piel  le  taladran  como  escamas,   • 

Una  legión  de  insectos  invisibles 

Que  se  van,  propagando,  hasta  los  huesos  ! 


*«« 


Esto  es  todo?  ....  De  pronto  aquel  río 
Tan  dormido,  tan  terso,  tan  manso, 
Sacudido  en  violento  remanso 
Se  levanta  cual  hórrido  mar: 
Tromba,  manga,  ciclón,  ola  inmensa, 
Despeñada,  feroz  catarata, 
Rompe,  tumba,  destroza,  arrebata 
Cuanto  encuentra  furioso  al  pasar. 

Ciego  avanza,  desplómase  y  rueda 
Con  el  sordo  rugido  del  trueno, 
Y  un  clamor  colosal  de  su  seno 
Viene  el  alma  de  espanto  á  llenar ; 
Confundidos  con  hombres  y  chozas. 
Van  nadando  en  revueltos  montones. 
Sierpes,  onzas,  jaguares,  bridones, 
Sin  poder  á  la  orilla  tocar. 

No  hay  orilla! ....  que  el  río  en  minutos 
Va  inundando  por  leguas  su  frente ; 
Cuanto  arrastra  en  su  láuda  corriente, 
Ya  cadáver  se  mira  flotar: 


INUNDACIÓN  157 


Hecatombe  monstruosa  que  el  aire 
Con  efluvios  de  muerte  envenena, 
E  inocula  después  la  gangrena 
Del  terror,  de  la  peste  y  el  mal ! 


««« 


Avara  ó  liberal,  Naturaleza, 

No  se  entrega  al  cobarde  perezoso. 

Ni  humilla    su  cabeza 

Sino  ante  el  hombre  audaz  y  diligente. 

Que   sabe  conquistarla  valeroso 

Con  el  sudor  bendito  de  su  frente. 

Tampoco  el  bien  se  alcanza 

En  la  humana  existencia, 

Sino  en  lucha  fatal  con  el  destino. 

En  la  escuela  penosa 

Del  esfuerzo,  el  dolor  y  la  experiencia. 

El  hombre  trae  el  sino 

De  U  excelsa  y  divina  criatura 

En  la  luz  que  refleja  su  conciencia; 

Y  sólo  vé  colmada  su  esperanza, 

Y  alivio  encuentra  á  la  secreta  herida, 
Que  en  todos  al  nacer,  grábala  muerte, 
Cuando  acepta  el  combate  de  la  vida 
Arbitro  y  responsable  de  su  suerte. 
Con  plena  confianza 

En  Dios,  la  libertad,  la  razón  pura! 

Así  el  tranquilo  labrador  experto, 
No  imita   al  que  anda  errante 
Huyendo  de  la    ley  en  el  desierto. 


158  INUNDACIÓN 


Para  evitarlas  recias  avenidas, 

Previsor  no  edifica  su  cabana 

En  las  costas  floridas. 

Sino  en  la  alta  c¡ichilla,  en  el  gigante 

Albardon^  (4)  en  el  áspera  montaña. 

El  sol  de  Julio  hoy  brilla.  .  .  .¿por  qué  todos  tushijos 

En  torno  de  tí,  Madre,  reunidos  hoy  no  están?. . . 

Tras  infortunios  tantos,  dolores  tan  prolijos. 

Por  qué,  sin  entenderse,  por  senda  opuesta  van? 

Sobre  el  abismo, — cráter  que  al  pié  relampaguea, — 
No  hay  quien  arroje  un  puente  con  noble  intrepidez? 
La  fuerza  por  sí  sola  ¿qué  |  uede  sin  la  idea? 
La  idea  sin  la  fuerza,  reina  sin  cetro  es! 

En  medio  á  los  clamores  del  triunfo  ó  la  agonía 
El  bronce  bendecido  nos  llama  á  la  oración: 
Estalla  as!  en  el  arpa,  vibrando  en  este  día. 
Del  aZ;wa  de  mi  pueblo  la  inmensa  aspiración! 

Honrados,  leales,  grandes  como  este  día,  hermanos. 
En  torno  de  la  patria  venid  todos,  venid! 
Hablemos  hoy  siquiera  cual  libres  ciudadanos. 
Tal  vez  nos  entendamos.  .  .  .  Ah!  no  queréis!  ....  Oid! 


«  *  « 


En  la  traidora  orilla  quedaos  en  ruin  desmayo. 
Los  que  el  viril   esfuerzo  teméis  de  la  ascensión: 
Yo  voy  al  ardua  cumbre  donde  retumba  el  rayo. 
Mas  donde,  envuelto  en  fango,  no  llega  el  aluvión! 


INUNDACIÓN  159 


Bajo  horrorosa  nube  de  sangre,  fuego  y  balas, 
Mis  cánticos  primeros   oyó  el  pueblo  oriental; 
Al  sol  de  las  Trincheras  ( 5 )  abrió  sus  blancas  alas 
La  musa  que  me  inspira,  purísima  Vestal. 

En  franca  lid,  sereno,  ya  alzado,  ya  abatido, 
A  veces  calumniado  con  odio  y  saña  cruel. 
En  el  solemne  trance,  de  pié  siempre  y  erguido. 
Del  bien  la  santa  causa  me  halló  á  su  lado  fiel.  (6) 

En  medio  á  los  clamores  del  triunfo  ó  la  agonía 
El  bronce  bendecido  nos  llama  á  la  oración: 
Estalla  así  en  el  arpa,  vibrando  en  este  día, 
Del  alma  de  mi  pueblo  la  inmensa  aspiración ! 

Si  sube  la  marea,  si  cae  todo  en  escombros. 
Yo  al  mástil  abrazado  de  la  suprema  ley, 
Descenderé  al  abismo,  seguro  que  en  sus  hombros 
Ha  de  venir  á  alzarnos  más  tarde  el  pueblo  rey. 

Heridla  carne, ilu  os,  escarneced  la  idea, 
Rasgad  las  santas  hojas  de  la  Constitución, 
Romped  todos  Ijs  diques,  llevad  la  roja  tea 
Alo  que  en  pié  dejara  la  horrible  inundación. 

Hacedlo  ! el  aire  infecto  se  encargará  de  ahogaros, 

Y  en    alas  del  silencio  la  sombra  al  descender. 
En  las  conciencias  mudas  apagará  los  f  iros. 
Que  marcan  álos  pueblos  la  ruta  del  deber! 

Qué  quedará?.,  la  fuerza?. .  pues  bien,  en  fie:*:  embate. 
Oh  luz!  con  las  tinieblas  valiente  lucharás, 

Y  aunque  tenaz,  á  muerte,  sin  tregua  sea  el  combate, 
Laley  vencerá  al  hecho,  Je^ús  á  Satanás!  (7) 


1 6o  INUNDACIÓN 


Al  cir  nombrar  un  déspota,  se  yerguen  cimbradores 
Las  palmas  y  laureles  del  Plata  al  Tacuari: 
El  Uruguay  no  es  cuna  de  Sylas  ni  traidores, 
El  árbol  de  los  siervos  no  tiene  ráiz  aqui ! 

Un  pueblo  libre  digno,  como  Lucrecia  audace, 

Al  deshonor,  altivo  prefiere  el  ataúd; 

¿Si  hay  quien  ofrezca  el  yugo  no  habrá  quien  lo  rechace? 

Ha  muerto  en  este  pueblo  la  cívica  virtud? 

En  medio  á  los  clamores  del  triunfo  ó  la  agonia 
El  bronce  bendecido  nos  llama  á  la  oración : 
Estalla  asi  en  el  arpa,  vibrando  enaste  dia. 
Del  alma  de  mi  pueblo  la  inmensa  aspiración ! 

Tal  vez,  hermoso  sueño!  la  Espada  con  la  Idea, 
Al  fin  reconciliadas  potentes  se  alzarán, 
Y  en  un  estrecho  abrazo  la  Patria  al  fin  las  vea 
Al  pié  de  su  bandera  de  honor  y  libertad. 

Oh  Dios!  siesta  asi  escrito,  concede  al  pobre  vate 
Relámpago  postrero,  divina  inspiración. 
Que  llegue  á  las  estrellas,  y  grabe  allí  y  dilate 
El  nombre  y  la  grandeza  de  su  natal  región !  ( 8 ) 

1876. 


y\^  La  inundación,  anunciada  como  un  cataclismo,  de  la  Cam- 
paña sobre  la  ciiuiad,  proclamando  la  dictadura,  tuvo  lugar,  en 
efecto  esc  día  en  Montevideo  ;  pero  afortunadamente  el  Neptuno 
de  la  situación,  ^Latorre^t  alió  su  tridente  y  pronunció  el  quos 
fgds  .  .,  «  que  el  lector  aficionado  á  estudios  clasicos,  conoce. 


INUNDACIÓN  l6l 


^El  párrafo  siguiente  pertenece  á  un  bello  artículo  sobre  lite- 
ratura americana,  publicado  en  el  periódico  ilustrado  El  Mundo 
Nuevo,  como  trabajo  de  la  redacción,  en  Julio  de  1871,  en  New- 
York. 

«Es  singular  que  en  más  de  cuarenta  anos  que  van  corridos  des- 
de que  Bello  y  Heredia  publicaron  sus  mejores  y  más  famosas 
poesías,  todas  ellas  del  género  descriptivo  americano,  sean  tan 
contados  los  que  han  seguido  su  ejemplo,  en  países  como  los 
nuestros,  donde  hay  tanta  afición  y  disposiciones  para  escribir  en 
verso  y  donde  bastaría  olvidar  por  un  rato  á  los  autores  europeos, 
abrir  los  ojos,  mirar  al  rededor  y  describir  fiel  y  sencillamente  lo 
que  miramos,  para  producir  verdadera  poesía,  original  é  intere- 
santísima, por  poco  que  Dios  nos  haya  concedido  de  las  dotes  ne- 
cesarias para  agradar  versificando,  y  cuando  contamos  con  una 
lengua  que,  aun  por  lo  que  le  falta  de  la  melosidad  toscana,  pare- 
ce expresamente  formada  para  describir  la  salvaje  y  pródiga  mag- 
nificencia del  nuevo  mundo. :íí> 


El  poeta  americano,  inspirado  por  las   escenas  grandiosas  y 
nuevas  aun  de  una  naturaleza  sin  rival,  ha  sobrepasado,  á  nuestro 
juicio,  al  poeta  europeo,  en  el  colorido,  en  la  animación  y  en  la 
grandeza  de  sus  cuadros. — Rafael  Obligado. 
1876. 

Pero  en  nada  es  más  americano  el  poeta, — dice  el  cantor  de  El 
Peregrino,  en  el  juicio  sobre  la  Cru{ada  argentina,  refiriéndose 
á  su  autor,  —  más  de  nosotros,  que  cuando  le  vemos  elegir  por 
fuentes  de  sus  inspiraciones,  las  condiciones  déla  naturaleza  in- 
constante de  nuestra  zona,  el  caos  de  nuestras  pasiones  febriles, 
nuestras  miserias,  y  en  una  palabra,  nuestro  desquiciamiento  so- 
cial. 

Estas  son,  en  efecto,  las  ricas  fuentes  para  los  poetas  de  nues- 
tra época,  pues  sólo  con  su  tiempo  y  con  el  movimiento  de  los 
sucesos  contemporáneos,  debe  marchar  la  inteligencia  del  poeta. 
— José  MdrmoL — 1846. 

(2)  Cebado, — Llámase  al  tigre  que  habiendo  una  vez  probado 
la  carne  humana,  desdeña  la  de  otros  animales,  y  busca,  acecha, 
persigue  y  asalta  al  hombre,  lo  mismo  en  los  bosques,  pajonales 

-/■" 

i 


f 


l62  f  INUNDACIÓN 


y  quebradas,  que  en  las  habitaciones  distantes  comolas  Estancias^ 
cercanías  de  los  pueblos  de  campaña,  é  islas  de  los  ríos  donde  vi* 
ven  en  sus  ranchos  los  leñadores,  carboneros  y  otros  monta- 
races. 
{})  Cimarrón. — Véase  la  nota  lo,  t.  i,pág.  89. 

(4)  Albardon. — Véase  pág.  65. 

(5)  Un  escritor  y  poeta  de  buena  ley,  á  quien  mucho  esti- 
mo, me  hizo  cargo,  al  reproducir  esta  composición  en  el  pe- 
riódico que  dirigía,  de  haber  evocado  intempestivamente  el 
recuerdo  délas  trincheras.  El  reproche  venía  envuelto  en  esas 
sentidas  frases  tan  delicadas  como  lisonjeras,  que  tolo  saben 
encontrar  los  que  tienen  el  talento  y  el  corazón  del  Dr.  Sienta 
Carranza;  pero  nuestro  inteligente  amigo  no  se  apercibió 
que  ante  los  peligros,  imaginarios  ó  reales,  con  que  los  prorro- 
guistas  pretendían  asustar,  por  no  decir  correr  con  la  vaina,  á  sus 
adversarios,  era  natural  y  oportuno  recordar  otros  mayores,  y  ni 
siquiera  cruzó  por  mi  imaginación  la  sospecha  de  que  ese  re- 
cuerdo pudiera  ofender  á  los  correligionarios  de  La  Democracia. 
La  idea  en  el  fondo  es  la  misma  expresada  en  la  composición  En 
EL  Océano,  publicada  hace  apenas  treinta  años  en  los  periódi- 
cos de  Madrid,  y  reproducida  más  tarde  en  los  de  Montevi- 
deo :  no  tiemblan  ante  el  peligro  ni  la  amenaza  los  que  desde 
niños  han  visto  de  cerca  la  muerte  en  medio  de  los  horrores  de 
la  guerra  y  de  la  tiranía.  Séame  permitido  transcribir  dos  estro- 
fas que  demuestran  la  identidad  del  pensamiento : 

)  Rugid  vientos  feroces,  vuestras  crujientes  alas 
Orladas  de  centellas,  ¡oh  nubes,  desplegad! 
Desgarra,  oculto  rayo,  tus  fulminantes  galas! 
Tu  frente  en  los  escollos  asoma,  ¡oh  tempestad! 

Tronad,  bramad,  erguios. ...  el  que  os  provoca  altivo 
Abrió  á  la  luz  sus  ojos  del  Plata  en  el  jardin, 
Y  nunca  vuestras  iras  miró  con  ceño  esquivo 
Quien  nace  entre  las  balas  y  el  trueno  del  clarín! 

Compare  el  discreto    lector  esto  con  lo  de  arriba,  y  verá 
que  la  palabra  trincheras ,  ni  quita  ni  pone  nada  en  la  intención 


^m^ 


INUNDACIÓN  163 


del  concepto.  Y  á  propósito,  releyendo  estos  versos,  que  un 
reputado  crítico  español  encontró  buenos,  mi  vien  in  mente  que 
cuando  este  libro  llegue  á  Madrid,  y  llegará  Dios  mediante, 
tengo  derecho  á  pedir,  y  pido  desde  ahora  al  Exmo.  Sr.  D.  An- 
tonio Cánovas  del  Castillo,  que  puesto  que  el  ^at/c/to  ha  cum- 
plido, aunque  tarde,  su  palabra  enviando  un  ramito  de  flores 

De  la  bella  región  que  se  dilata 
Sobre  la  izquierda  del  undoso  Plata, 

á  los  amigos  del  Uruguay  en  España,  cumpla  él  la  suya  (cuan- 
do se  retire  á  cuarteles  de  invierno,  se  entiende)  completando 
los  bellos  artículos  que  entonces  escribió  sobre  literatura  ame- 
ricana,  y  de  los  que  tomó  Ventura  de  la  Vega  los  párrafos  inser- 
tos en  el  prólogo  de  Ceiiar. 
1876 

Tenemos  verdadero  placer  en  reproducir  de  El  Siglo  la  inspi- 
rada poesía  con  que  el  Dr.  Magariños  Cervantes,  protesta  contra 
los  ataques  dirigidos  al  corazón  de  nuestro  Código  fundamental. 

Es  una  bella  y  valiente  explosión  del  patriotismo. 
'  Si  alguno  de  los  lectores  de  La  Democracia  halla  en  el  robusto 
canto  del  bardo  oriental,  alguna  idea  que  choque  con  el  senti- 
miento de  olvido  de  antiguas  contiendas,  que  domina  á  la  gene- 
ración actual, — téngase  presente  que,  en  realidad,  la  lira  del  poe- 
ta empezó  á  templarse  en  otros  días  que  los  presentes,  y  que  na- 
da hay  de  estraño  en  que  alguna  de  sus  cuerdas  conserve  la  ten- 
sión que  le  fué  impresa,  para  sus  primeras  armonías. 

No  porque  el  poeta  recuerde  sus  trincheras  antiguas,  dejará  el 
ciudadano  de  ser  acompañado  en  sus  arranques  de  lírico  entu- 
siasmo, por  los  que  fuera  de  las  trincheras  guardaron  el  amor  de 
la  República. 

Cualesquiera  que  hayan  sido  los  estravíos  de  los  que,  dentro  ó 
fuera  del  recinto,  malgastaron  su  juventud  y  su  pujanza,  hay  sen- 
timientos que  servirán  siempre  de  vínculo  á  las  almas  nobles,  á 
los  corazones  patriotas  y  sinceros. 

«Constitución»  y  «leyes»,  eran  los  gritos  con  que,  de  una  y 
otra  parte,  se  marchaba  á  la  pelea. 

Es  la  verdad  histórica,  que  revindicamos  en  honor  de  la  Repú- 
büca.  ' 


l64  INUNDACIÓN 


Hubo  error  en  una  y  otra  parte,  pero  el  amor  á  la  constitución 
fué  la  gala  de  todos  los  partidos. 

A  los  unos  y  á  los  otros,  pertenece  la  bandera  que  recibe  el 
himno  entusiasta  que  hoy  levanta  el  poeta. 

Por  el  estandarte  bendecido,  y  por  el  genio  de  la  poesía  que 
inspira  el  himno, — lo  damos  al  aplauso  de  los  patriotas  lectores 
át  La  Democracia,— José  M,  Sienra  Carranca, 
1876. 

(6)  En  cuanto  al  espíritu  del  libro  Pa/wia5  y  Ombúes,  el  mis- 
mo autor  da  la  síntesis  en  estas  líneas,  escritas  ha  más  de  cuarenta 
años,  cuando  daba á  luz  sus  primeros  cantos, niño  aun: — «Dios  y 
la  libertad,  el  pasado,  el  presente  y  el  porvenir;  nuestra  sociedad 
y  nuestra  naturaleza;  las  ciudades  y  los  campos;  nuestras  espe- 
ranzas y  nuestros  desengaños;  la  gloria  y  la  virtud;  el  amor  y  la 
religión. . . .  han  sido  mis  genios  inspiradores.  » 

Fiel  á  esos  genios,  la  musa  de  Magariños  Cervantes  ha  acompa- 
ñado á  su  patria  en  su  agitada  vida  contemporánea,  desde  el  sitio 
grande  de  Montevideo  hasta  su  actualidad,  sin  desertar  jamás 
las  banderas  de  la  libertad,  reñejando  la  naturaleza  de  su  tierra 
natal  y  asimilándose  las  pasiones,  las  esperanzas  y  las  aspiracio- 
nes de  la  generación  á  que  pertenece.  Hoy  preside  el  coro  de 
armonías  de  la  generación  que  le  ha  sucedido,  la  cual  reconoce 
en  él  al  maestro  inspirado  por  el  amor  del  bien. 

Por  eso  están  bien  en  el  nuevo  libro  las  anotaciones  que  lo  com- 
plementan á  manera  de  breves  lecciones,  las  cuales  constituyen 
como  la  mitad  de  él,  de  manera  que,  como  muy  bien  se  ha  di- 
cho, son  dos  libros  en  uno,  y  en  esto  consiste  su  valor  y  su  no- 
vedad. — Bartolomé  Miire. 
1885. 

(7)  Sir\'e  de  epígrafe  esta  cuarteta  al  valiente  canto  Al  poeta ^ 
que  tuvo  la  bondad  de  dedicarnos  el  Dr.  D.  Abel  J.  Pérez.  Trans- 
cribimos, en  testimonio  de  aprecio,  las  tres  estrofas  siguientes: 

«El  poeta  es  el  genio  poderoso 
Que  arrulla  con  acentos  divinales. 

La  marcha  del  progreso. 
El  paso  de  los  pueblos  portentoso. 
En  busca  de  conquistas  inmortales! 


INUNDACIÓN  165 


En  medio  délas  luchas  del  presente, 
Oigo  en  el  porvenir  como' un  murmullo; 

Es  el  célico  arrullo 
Del  mañana  sereno  y  refulgente, 

Que  á  divisar  no  alcanza, 
Más  que  la  humana  sociedad  presente, 
Envuelto  en  el  albor  de  la  esperanza! 

Es  el  grito  sublime  de  victoria, 

Que  lanzan  al  espacio 

Los  pueblos  oprimidos 
En  medio  del  rumor  de  la  pelea; 

En  él  está  la  historia 

De  esa  lucha  tremenda. 
Que  aborrece  la  horrible  tiranía. 
Las  sombras  de  la  noche  con  el  día. 

La  lucha  gigantea 
De  la  inerte  materia  con  el  alma. 

La  Fuerza  con  la  Ideal 
1879. 
(8)  En  la  estrofa  IX  del  Himno  Nacional,  dice  Figueroa 
Festejando  la  gloria  y  el  día 
De  la  nueva  República  el  Sol, 
Con  vislumbres  de  púrpura  y  oro 
Engalana  su  hermoso  arrebol. 
Del  Olimpo  la  bóveda  augusta 
Resplandece,  y  un  ser  divinal 
Con  estrellas  escribe  en  los  cielos  y 
Dulce  Patria  y  tu  nombre  inmortal! 


XI 


SI  DIOS  YO  FUERA.... 


EN  EL   ÁLBUM  DE  FELICITÉ  OLIMPIA  DE  BOISMONT 


«#« 


Si  Dios  yo  fuera  sólo  pondría 
En  este  Álbum,  tierna  deidad. 
Una  palabra  y  te  daría 
Cuanto  ella  encierra :  felicidad! 

Ese  es  tu  nombre,  divino  emblema. 
Que  á  tu  elegido  dicha  sin  par 
Guarda  propicio  ¿mejor  diadema 
Quién«  niña  hermosa,  te  podría  dar? 

París,  185^* 


I.A  p^Ubn  ühciu  signifiai  felicidid,  y  la  señonu  de  Bois* 
inont«  nicidi  en  América  de  padres  franceses  j  educada  en 
Francia^  debía  contraer,  como  contrajo,  matrimonio  con  el 
elegido  de  su  coruon«  dos  me$es  después  de  escritos  estos 
versos. 


XII 


EL  GRITO  DEL  TEQUENDAMA 


AL  Dr.  D.  VICTORIANO  E.  MONTES 


#«# 


Por  una  elevada  y  estrecha  garganta, 

Bogotá  espumoso, 
Desde  la  montaña  que  abrió  con  su  planta, 

Torrente  impetuoso 
Con  rápido  salto  desciende  veloz; 

Y  al  caer  despeñada 

La  inmensa  cascada, 
Hasta  el  cielo  sube  su  gigante  voz ! 

Las  aguas  del  Funza  condensó  en  la  sierra 

Un  genio  precito, 
Y  los  elementos  en  hórrida  guerra 

Al  hombre  proscrito 
Lanzaron  muy  lejos  del  valle  feliz : 

Hambre,  horror,  estragos. 

Volcanes  y  lagos 
En  yermo  trocaron  su  verde  tapiz. 


l68  EL  GRITO  DEL  TEQ.UENDAMA 

Contra  el  genio  malo  se  alzó  el  genio  bueno, 

Y  su  hálito  ardiente 
Abriendo  en  la  roca  magnífico  seno, 

Con  ímpetu  hirviente 
Se  vieron  las  aguas  de  lo  alto  rodar 
Al  valle  profundo, 

Y  el  raudal  fecundo 

Libre,  en  su  carrera,  todo   reanimar. 

Si  á  veces  los  malos  al  débil  oprimen, 

Existe  un  Dios  fuerte 
Que  ampara  á  los  buenos,  y  la  obra  del  crimen 

Próvido  convierte 
En  purificante  divino  crisol : 

Y  así,  Tequendama, 
Tus  aguas  derrama 

Regeneradoras,  el  hijo  del  Sol.  (i) 


*««. 


Deten,  deten  un  instante 
Tu  inmensa  mole  insegura, 
Y  deja  que   se  levante 
Para  que  digna  te  cante 
Mi  inspiración  á  tu  altura. 
No  con  eco  aterrador 
Como  el  infierno  maldito, (2) 
Respondas  á  quien  te  llama : 

Tequendama ! 
Tu  eterno  trueno  es  un  grito 
De  placer  ó  de  dolor  ? 


BL  GRITO  DEL  TEQUENDAMA  1 69 

Acaso  un  gemido  lanzas 
Cuando  ves  negra  fortuna 
Las  mas  bellas  esperanzas 
De  libertad,  una  á  una, 
Con  la  punta  de  las  lanzas 
Deshojar,,  como  á  la  flor. 
Que  antes  de  abrirse  en  la  rama 
Va  un  gusano  carcomiendo; 

Tequendama! 
Entó  ees  tu  ronco  estruendo 
No  es  un  grito  de  dolor? 

O  estruendosa  carcajada 

Te  arranca  tanta  mentira, 

Tanta  abyección  descarada,  (3) 

Tanto  pigmeo  que  aspira 

A  la  gloria  in^laculada 

De  un  Washington,  y  proclama. 

Miserable  usurpador, 

La  ley   que  violó  insolente  .... 

Tequendama! 
No  es  tu  clamor  estridente 
La  protesta  del  honor?  (4 ) 

Falsarios  que  escamotean 
Su  voto  al  pueblo,  villanos, 
Columnas  de  los  tiranos; 
Los  que  infaman  y  saquean 
A  los  buenos  ciudadanos ; 
De  pulpos  voraz  tropel ; 
Aristides  de  saínete ; 
No  sentis  cómo  os  aclama 

Tequendama, 
Cuando  rugiendo  os  promete 
Cuatro  balas  ó  un  cordel  ?($) 


--V- 


170  EL  GRITO  DEL  TEQJLTENDAMA 

m 

Tal  vez  tu  raudal  se  estrella 

Al  ver  como  — por  un  hombre  — 

El  derecho  se  atropella, 

Y  estúpida  se  degüella 

La  multitud,  aunque  asombre, 
Que  odiando  al  vil  opresor. 
Siga  humilde  el  oriflama 
De  su  ambición  y  su  orgullo  : 

Tequendama ! 
Cómo  imita  tu  murmullo 
Un  ay!  de  rabia  y  dolor! 

O  por  ventura  la  frente 
Bañada  en  gozo  levantas 
Al  ver  la  legión  valiente, 
Que  no  se  humilla  á  las  plantas 
De  la  maldad  prepotente  ; 

Y  antes  que  al  hado  ceder, 
Su  sangre  toda  derrama 

Con  alma  y  pecho  de  bronce : 

Tequendama  ! 
Tu  bramido  no  es  entonce 
Un  bramido  de  placer? 

Oh,  si !  tu  ríes  y  lloras, 

Y  murmuras  y  suspiras, 

Y  lamentas  y  deliras, 

Y  ya  aplaudes,  ya  deploras, 
Lo  que  en  tomo  de  ti  miras; 
Que  en  tu  cauce  atronador 
Oculto  espíritu  brama 

Con  misteriosa  armonía, 

Tequendama! 
Unas  veces  de  alegría, 

Y  otras  veces  de  dolor! 


EL  GRITO  DEL  TEQJJENDAMA  I7I 

Espiritu  misterioso 
Que  bulle,  asoma  y  desata 
Sus  alas  de  azul  y  plata, 
En  el  arco  majestuoso 
De  tu  inmensa  catarata: 

Y  recogiendo  al  caer 

Tu  acento  lo  desparrama 
Por  los  montes  y  los  mares, 

Tequendama! 
Traduciendo  en  sus  cantares 
Tu  dolor  ó  tu  placer.  (6 ) 

Y  su  voz  es  la  armonía 
Que  fatidica  predice, 

Y  reconcentra  sombría, 
De  mi  América  infelice 
El  quebranto,  el  agonía, 

Y  el  moribundo  clamor. 
Con  que  tierna  en  vano  llama 
A  su  ingrata  prole,  en  vano, 

Tequendama !  « 

Que  ella  con  pecho  inhumano 
Se  burla  de  su  dolor ! 

Así  cuando   el  viento  azota 
Tu  crin,  que  espumosa  ondea 
Contra  los  peñascos  rota, 

Y  á  la  luz  que  el  rayo  brota 
En  círculos  centellea, 

Bien  se  alcanza  á  comprender 
Al  través  de  tu  honda  pena, 
Que  el  soplo  de  Dios  te  inflama, 
Tequendama  ! 

Y  esperas  con  faz  serena 
Tras  el  dolor  el  placer. 


1^2  EL  GRITO  DEL  TEaUENDAMA 

Y  en  la  naciente  mañana 
El  sol  rutilando  terso, 
Con  el  iris  te  engalana 
Del  rico  matiz  diverso, 
Para  que  eleves  tu  hossana 
De  la  tierra  al  Hacedor.  .  .  . 
Así  América  inocente 
Tendría  al  fin  lo  que  reclama, 

Tequendama  ! 
Un  iris  para  su  frente, 

Y  un  hossana  á  su  dolor  !  ( 7 ) 

*  «  « 

Si  á  veces  los  malos  al  débil  oprimen. 

Existe  un  Dios  fuerte 
Que  ampara  á  los  buenos,  y  la  obra  del  crimen 

Próvido  convierte 
En  purificante,  divino  crisol. 

Y  así  Tequendama, 

Tus  aguas  derrama 
Regeneradoras,  el  hijo  del  Sol. 

1852. 


(i)  Véase  el  Apéndice. 

(2)  El  estruendo  del  Tequendama  sobre  la  pequeña  meseta,  en 
la  abertura  de  la  cascada,  donde  ésta  forma  un  arco  al  caer,  es 
tan  penetrante  y  horrible  que  en  realidad  parece  un  grito  esca- 
pado del  infierno.  — He  aquí  el  efecto  que  produce,  según  el  re- 
lato de  un  viajero  hijo  del  Plata»  que  visitó  el  famoso  Salto  hace 
tresafios. 


EL  GRITO  DEL  TEQPENDAMA  1 73 

«Por  momentos,  alguno  de  los  compañeros  bebk  una  copa  de 
vino,  se  levantaba  en  silencio,  é  iba  de  nuevo  á  tenderse  sobre  la 
peña  y  hundirse  en  la  muda  contemplación.  Así  quedé  largo  ra- 
to; las  voces  humanas  que  sonaban  á  mi  espalda,  apartaban  de 
mí  la  sensación  de  soledad  que  habría  sido  terrible  en  ese  instan- 
te. Creo  que  pocos  hombres  sobre  la  tierra  tendrán  una  atrofia 
tan  absoluta  del  sistema  nervioso,  un  dominio  tan  completo  so- 
bre su  imaginación  y  una  firmeza  tal  de  cabeza,  que  les  permita 
pasar  impasibles  una  noche,  solos,  al  lado  del  Salto.  Por  mi  par- 
te, declaro  con  toda  sinceridad  que,  si  tal  cosa  me  pasara,  habría 
un  loco  más  sobre  el  mundo  á  la  mañana  siguiente. — Mi- 
guel Cañé, 
1884. 

Aunque  escritos  con  otro  objeto,  traducen  fielmente  la  vio- 
lenta emoción  que  desde  la  distancia  se  siente  al  aproximarse  al 
Tequendama,  estos  versos  del  poeta  venezolano  Heriberto  Gar- 
cía de  Quevedo. 

«  Los  notos  bramadores 

Retienen  el  aliento  embravecido, 

Y  en  la  aparente  y  engañosa  calma. 

Oye   con  susto  el  alma 

Lejano,  sordo,  aterrador  mugido 

Que  se   acerca  creciendo. ...» 

(j)  Los  hijos  valen  siempre  menos  que  los  padres  degeneración 
en  generación?  La  Francia,  particularmente,  va  reagravando  sin 
cesar  de  edad  en  edad  sus  defectos,  sus  vicios?  Se  puede  discutir 
larga  y  vanamente  á  este  respecto.  Lo  seguro  es  que  hay  un  esta- 
do nuevo  en  el  malestar  del  día  :  una  corrupción  que  no  es  de 
una  clase  sola,  sino  que  se  comunica  de  una  clase  á  la  otra ;  una 
alteración  profunda  de  las  ideas  y  de  los  sentimientos  que  consti- 
tuyeron en  otros  tiempos  la  moral  de  la  sociedad. 

Se  han  complacido  en  envilecerlo  todo,  en  revolverlo  todo, 
en  sumergirlo  todo  al  bajo  fondo.  Las  palabras  que  más  vibra- 
ban en  el  alma  de  nuestros  padres,  no  poseen  ya  su  sentido  ó  es- 
tán en  desuso.  Los  principios  que  les  servían  de  f¿  y  de  inspira- 
ción son  puestos  en  duda,  de  ellos  se  ríe.  Dios,  el  alma,  el  genio, 


174  El-  GRITO  DEL  TBQyEKDAMA 

el  amor,  el  entusiasmo,  el  sacríñcio:  tontas  supersticiones  de  lo- 
cos ó  de  viejos  I  El  ideal  se  ha  empequeñecido  en  todos  y  casi 
por  todos.  Se  conocía,  es  cierto,  el  imperio  déla  fuerza  y  del 
interés  por  nuestros  abuelos,  pero  hoy  en  día  es  casi  el  único  im- 
perio á  que  la  inmensa  mayoría  se  somete.  — La  Voix  du  peu^ 
pie. 

1886. 

(4)  Las  turbaciones  anárquicas  han  disminuido,  las  formas  de 
la  legalidad  se  han  robustecido ;  y  es  tan  visible  el  incremento 
délas  ciencias  y  de  las  letras,  com6  la  prosperidad  económica 
desenvuelta  al  amparo  de  esa  quietud  relativa  y  material. 

Bajo  tan  seductor  envoltorio  se  aposenta  una  hedionda  putre- 
facción. Los  mismos  resortes  del  organismo  político  falseados, 
los  caracteres  envilecidos,  las  costumbres  depravadas  por  la  co- 
dicia, los  pueblos  engañados  por  los  ambiciosos  y  defraudados 
por  los  falsarios ;  la  esclavitud  reemplazando  la  libertad,  la  ha- 
cienda pública  esquilmada;  y  en  una  palabra,  todos  los  síntomas 
de  la  decadencia  moral  junto  i  todos  los  signos  de  la  riqueza,  ca- 
racterizan este  período  en  que  nada  mejor  se  nos  ofrece  que  1 
administración  y  la  pa:^,  prometidas  también  cuando  el  pueblo 
tendió  el  cuello  é  inclinó  la  frente,  bajo  la  mano  ensangrentada 
de  Rosas.— /o5^  María  Estrada. 
1884. 

(;)  Agregúese  como  coronación  de  todo  esto  un  relajamien- 
to inconcebible  en  las  ideas  y  en  las  acciones  que  hace  tachar 
la  honradez  y  la  consecuencia,  de  ridiculeces  y  cosas  fútiles 
como  en  las  sociedades  corrompidas;  agregúesela  falta  de  í¿, 
de  entusiasmo,  de  nobles  aspiraciones,  de  grandes  alientos, 
de  elevados  ideales,  falta  extraña  en  pueblos  entrados  ayer  en 
la  vida ;  agregúese  el  poco  estímulo  para  merecer  bien  de  la 
patria  y  acreditarse  en  la  opinión  por  medio  del  sacrificio  y  de 
las  grandes  virtudes,  que  tanto  estimaban  aquellos  intachables 
varones  que  ilustraron  las  primeras  épocas  de  Grecia  y  Roma, 
y  aun  de  algunas  repúblicas  americanas  y  de  algunas  naciones 
europeas  modernas;  agregúese  que  los  proceres  ilustres  aun 
vivientes,  están  arrinconados  en  algunos  países  como  antigua- 
llas ó  curiosidades  de  museo ;  agregúese  que  los  hombres  sin 
alentó  y  sin  méritos,  son  elevados  á  la  altura  de  grandes  hom- 


BL  GRITO  DBL  TfiOJUENDAMA  17$ 

bres  7  como  tales  adulados ;  agregúese  en  fin  que  los  presi* 
dentes  de  las  repúblicas,  ya  sea  consecuencia,  ya  sea  expío» 
tacion  de  ese  estado  de  cosas,  ya  sea — y  esto  es  más  segu- 
ro, más  culpable  y  más  ruin — que  aprovechando  los  elemen* 
tos  y  las  influencias  de  su  situación,  contribuyan  á  ese  estado, 
lo  fomenten  y  procuren  sostenerlo, — que  los  presidentes,  deci- 
mos, se  designan  unos  á  otros,  haciendo  elecciones  por  pura 
fórmula,  como  en  la  edad  media,  en  las  épocas  en  que  las  mo- 
narquías aun  no  eran  completamente  hereditarias,  y  designa* 
ban  los  monarcas  de  Aragón,  de  Suecia  y  de  otros  países  á 
sus  áucesores. — Aníbal  Latino. 
1887. 

Es  la  prepotencia  de  la  fuerza  material  entronizada  por  un  acto 
de  criminal  traición  en  el  Gobierno  de  la  sociedad  donde  tiene 
subordinados  á  su  voluntad  despótica  todos  los  intereses,  todas 
las  exigencias  y  todas  las  aspiraciones  nacionales. 

Las  influencias  morales  no  tienen  fuerza  para  dar  dirección  á 
la  cosa  pública ;  las  ideas  de  bien,  de  derecho,  de  justicia,  de  le- 
galidad, de  honor,  de  libertad,  de  deber,  no  encuentran  eco  en 
el  corazón  y  en  la  conciencia  de  los  que  colocados  en  la  cima  del 
Poder  debieran  buscar  en  esas  ideas  y  en  esos  sentimientos  la 
inspiración  de  sus  actos  y  la  regla  de  su  conducta.— /n/io  He-- 
rreray  Obes. 
1881. 

(6)  Visitad  todos  los  sitios  donde  la  mano  del  tiempo  ha 
dejado  sus  huellas;  el  tronco  ennegrecido,  la  gruta  cavada  por 
el  agua,  el  estrecho  valle  en  que  se  levanta  la  derruida  capi- 
lla; visitad,  en  fin,  esos  lugares  donde  el  hombre  se  ha  con- 
fundido con  la  materia  bruta,  ¿qué  escucharéis?  Los  gemi- 
dos de  las  arpas  eolias,  el  viento  que  vaga  por  entre  sepul- 
cros y  ruinas  solitarias  dando  vida  al  gusano  y  al  retoño  que 
reverdece  y  ala  flor  que  se  abre;  las  arpas  eolias  que  unen  su 
voz  al  canto  del  ave,  al  ruido  de  las  aguas  y  á  los  lamentos 
humanos,  para  llorar  generaciones  que  no  existen  ni  en  la  me- 
moria, porque  han  desaparecido  en  el  horizonte  de  la  eterni- 
dad.— Arisiides  Rojas. 

1876. 

(7)  Próxima á  estallarla  nobilísima  protesta  armada  del  Que- 


176  EL  GRITO  DEL  TEaUENDAMA 

bracho,  recibimos  el  siguiente  telegrama  del  Presidente  del  Club 
Oriental. 

<cCon  la  última  campanada  de  media  noche  concluía  la 
lectura  de  su  bella,  inspirada  y  patriótica  poesía,  titulada  Tú- 
mulo. La  última  campanada  de  las  doce  se  oía  cuando  yo 
exclamaba — no  está  muerto!  Tengo  presentimiento  de  que  el 
patriotismo  no  está  muerto,  y  que  este  año  será  fecundo  en 
bienes.  Con  esa  fé  patriótica  saludamos  al  poeta  y  amigo  á  quien 
le  deseamos  felices  y  prósperos  años.» — Alberto  Palomeque, 
Buenos  Aires,  i.®  de  Enero  de  1885. 

A  este  telegrama  contestamos: 

Gracias  por  su  recuerdo  al  digno  y  patriota  hijo  del  doctor  don 
José  G.  Palomeque.  El  mal  es  sombra  que  pasa-,  el  bien  siempre 
triunfa  en  definitiva.  Todavía  late  enérgico  y  vivaz  el  patriotismo 
en  el  corazón  de  todos  los  orientales  honestos ; 

Y  al  eco  poderoso  de  su  acento 
Lázaro,  al  fin,  ha  de  romper  su  losa, 

Y  se  alzará   radiante  y  majestuosa 

La  patria,  en  brazos  de  la  augusta  ley ! 

Un  fuerte  apretón  de  manos  á  Agustin  de  Vedia,  Daniel  Mu- 
ñoz, Bartolomé  Mitre  y  Vedia,  Eduardo  Acevedo  Díaz  y  de- 
más compatriotas  que  cooperaron  al  éxito  de  la  fiesta,  con  tanto 
brillo  y  entusiasmo  celebrada  anoche  en  la  capital  de  la  Repúbli- 
ca Argentina. — A,M.  C. 
188$. 


XIII 


MIRANDO  AL  CRUZERO  (.) 


AL  D&.  D.  ABEL  J.  PÉREZ. 


««* 


Con    los  brazos  abiertos  sobre  el  mundo 
Resplandece  en  los  cielos  el  cruzero, 

Y  de  luz   y  de  paz  el  alma  inunda, 
Mientra  en  el  globo  oscuro  en  que  navego; 

Viento  de  tempestad  que  airado  ruge, 
Todo  á  su  paso  con  furor  derriba, 

Y  fulminada  por  el  rayo  ¡  oh  Cristo ! 
Hasta  la  cruz  parece  que  vacilal  (2) 

Invade  negra  noche  las  conciencias 
Contra  tu  ley  divina  rebeladas, 

Y  doquiera  la  fuerza,  el  odio,  el  crimen. 
Con  sus  horrores  á  la  tierra  espantan  1 

xa 


178  MIRANDO  AL  CRUZERO 

Sin  religión,  siníé,  sin  esperanza, 
La  torva  muchedumbre  embravecida, 
Como  el  mar  cuando  rompe  sus  barreras, 
Al  abismo  del  mal  se  precipita. 

Qué  podrá  contenerla?....  nada  cree, 
Nada  teme  ni  espera:   es  su  tirano 
La  sociedad,  y  el  Dios  que  veneraba 
Un  muñeco   ridículo  de   palo ! 

La  razón?  el  deber?....  freno  irrisorio 
Para  el  que  ciego  como  hambrienta  fiera, 
Siente  en  su  corazón  las  mordeduras 
Del  bestial  apetito  y  la  miseria!  (3) 

¿No  es  un  valle  de  lágrimas  el  mundo. 
Crisol  de  prueba  la  existencia  humana?.... 
Y  todos  infelices,  sollozamos, 
Por  invisible  dardo  herida  el  alma! 

<: Dichosos  los  que  lloran,  Jesús  dijo; 
Los  que  padecen  hambre  serán  hartos : 
Mi  padre  está  en  el  cielo,  y  su  justicia 
Ha  de  cumplirse  en  todos.  Resignados 

«Atravesad  la  vida:    los  primeros 
Los  últimos  serán:  el  más  potente 
Será  el  que  cuenta  más  estrecha  rinda: 
Perdurable  corona  el  justo  adquiere.  > 

Oh  Cristo!  tu  palabra  era  el  aliento, 
El  escudo  y  la  fuerza  del  que  sólo, 
Do  la  cuna  al  sepulcro,  halló  en  la  vida 
Infortunio,  dolor,  miseria,  oprobio! 


MIRANDO  AL  CRUZERO  1 79 

TÚ  prestabas  valor  al  noble  apóstol 
Que  al  marchar  al  suplicio  iba  sereno, 

Y  emplazaba  tranquilo  á  sus  verdugos 
Ante  el  Supremo  Tribunal  eterno!  (4) 

En  nombre  de  la  ciencia  y  el  progreso 
Hay  quien  te  pone  pleito  y  te  condena, 

Y  pretende  que  el  hombre  miserable. 
Insensato  reniegue  de  tu  herencia.  (3) 

¿Porque  el  vaso  sea  tosco,  es  menos  puro 
El  licor  que  contiene  ? . . . .   Porque  envuelto, 
En  la  escoria  esté  el  oro,  y  el  brillante 
Bajo  la  dura  piedra,  valen  menos?... 

Hombre-Dios,  Redentor,  Mártir  sublime. 
Tú  venciste  muriendo,  y  contemplaste 
Por  diez  y  nueve  siglos  de  rodillas. 
Sostenido  en  la  cruz  el  mundo  alzarse  I 

Desde  entonces — después  de  la  tormenta — 

En  que  todo  anegado  parecía, 

Al  asomar  el  iris,  en  la  altura 

Se  ha  visto  iulgurar  la  Cruz  bendita : 

A  su  pié  el  sacerdote,  y  la  estraviada 
Sociedad  que  á  matarle  llegó  atea, 
Con  la  frente  en  el  polvo,   ante   tu  efigie. 
Implorando  el  perdón  de  su  demencia!  (6) 

Ay!  Señor,  cuántas  veces  los  sofistas 
Quisieron  desterrarte  en  su  delirio, 
Al  caer  destrozados  tus  altares. 
En  la  tierra  el  infierno  ha  aparecido! 


l80  MIRANDO  AL  CRUZERO 

Constelación  radiosa  que  coronas 
De  mi  América  libre  el  firmamento, 
Mburucuyá  simbólico  que  guardas 
Déla  pasión  cristiana  el  gran  misterio:  (7) 

Vuestra  lumbre  verted  y  vuestro  aroma 
Sobre  los  ciegos  que  á  Jesús  reniegan .... 
Perdónalos^  Señor ^  ellos  no  saben 
Lo  quehacenj  ni  menos  lo  que  siembran! {%) 

Cuando  á  saberlo  lleguen,  cuando  palpen 
La  vanidad  de  todo  y  el  vacio, 
Han  de  inclinar  humildes  la  cabeza 
Ante  el  leño  inmortal  de  tu  martirio. 

Y  al  pisar  de  la  tumba  los  umbrales, 
Sin  poder  descifrar  el  hondo  arcano,  (9) 
Su  humillada  razón  quizá  te  implore. 
Trémulo  el  pecho,  balbuciente  el  labio . . . .  ! 

Al  gemido  del  aura,  misterioso. 
Asi  yo  respondía  en  la  alta  noche. 
Cuando  el  Cruzero  centellando  muestra 
Tu  signo,  escrito  en  pabellón  de   Soles ! 

1873. 


( I )  Leída  en  la  fiesta  literaria  y  musical  celebrada  en  el  teatro 
de  la  ciudad  de  San  José^  el  26  de  Febrero  de  1879. 

Salió  á  luz  esta  poesía  en  1879  con  motivo  del  referido  certa- 
men: la  tenía  escrita  desde  1873,  época  en  que  aun  no  habían  na- 


MIRANDO. AL  CRUZERO  l8l 

cido  los  periódicos  disidentes ^  al  menos  el  que  se  mostró  más  en- 
carnizado en  sus  ataques. 
Cuando  recibí  la  invitación  de  San  José,  estaba  en  débito  con 
•  un  joven  poeta  y  aventajado  estudiante,  que  por  el  vuelo  de  su 
inspiración  y  por  sus  progresos  en  la  ciencia  del  derecho,  ha  de 
dar  honra  á  su  nombre  y  gloria  al  suelo  que  le  vio  nacer.  Creí, 
pues,  llenar  un  doble  compromiso,  enviando  dicha  composición 
al  Certamen  y  dedicándola  á  D.  Abel  J.  Pérez  (Véase  pág.  i6i). 
Concurrente  obligado,  maldito  si  me  acordé  que  el  programa — 
que  no  había  leído — cerraba  las  puertas,  indebidamente  en  mi 
concepto,  á  los  temas  políticos  y  religiosos. 


Dígase  lo  que  se  quiera  del  siglo  XIX,  táchesele  de  incrédulo, 
de  frivolo,  de  materialista,  pero  no  se  le  niegue  el  movimiento 
benéfico  que  han  operado  su  filosofía  y  su  literatura  hacia  el  ver- 
dadero espíritu  del  cristianismo. 

El  sentimiento  de  que  está  empapada  la  poesía  contemporánea 
es  eminentemente  cristiano;  los  Evangelios  han  llegado  á  ser  el 
único  arte  poético  capaz  de  estampar  una  regla  en  las  inspira- 
ciones del  artista;  y  la  palabra  de  Jesús  el  alma  y  el  perfume  de 
nuestra  poesía  lírica. 

Nosotros  tenemos  fé  y  creemos  que  la  aureola  del  cristianismo 
nos  ilumina.  Sobre  su  frente  de  nácar  la  filosofía  moderna  ha  es- 
crito su  última  frase:  Amor  y  vida. — Rafael  Obligado. 
1876. 

Tal  vez  ninguna  composición  nuestra  ha  dado  origen  á  mayo- 
res demostraciones  de  aprecio  ni  ha  sido  á  la  vez  interpretada 
con  más  acritud,  según  el  criterio  de  los  que  se  han  ocupado  de 
ella. 

En  Violetas  y  Ortigas  se  encuentran  párrafos  y  artículos  ente- 
ros que  pueden  verse  en  aquel  libro. 

Zorrilla  de  San  Martin,  nos  decía: 

«El  mundo  abandonó Trepó  el  poeta 

La  escala  de  los  soles. . . . 
Polvo  de  estrellas  salpicó  su  frente, 
Y  leyó,  escrito  en  esa  niebla  ardiente. 


iSd  MIRANDO  AL   CRÚZERO 

Lo  que  el  mundo  olvidó ;  que  si  en  el  suelo 
Olvida á  Diosla  ciega  criatura, 
Para  cantar  su  gloria  hay  una  altura ; 
Para  escribir  su  nombre  existe  un  cielo. 

¡Oh!  bendita  la  hora  que  te  inspira 

Y  bendita  tu  fé,  bardo  cristiano! 
Tu  lira  estremeció  mi  muerta  lira, 
Tus  pasos  seguiré....  dame  la  mano.» 

Así  hablaba  el  inspirado  cantor  de  la  Leyenda  Patria,  y  si- 
multáneamente otro  insigne  poeta,  vencedor  en  el  certamen  del 
Monumento  d  la  Independencia,  nos  decía: 

Cumple  que  el  bardo  que  en  la  fé  se  inspira. 

No  clame  á  solas  en  su  tienda  aislada. 

Ni  en  infecundo  fatalismo  fíe 

A  un  destino  inmutable  su  esperanza : 

Férvido  arranque  la  mohosa  lira. 
Que  acaso  el  polvo  del  olvido  guarda; 

Y  en  altas  notas  que  á  las  almas  lleguen, 
Rompa  su  pensamiento  en  su  palabra : 

Que  si  está  escrito  que  la  idea  venza, 
Es  necesario  que  su  fuerza  expanda, 

Y  que  apartada  del  secreto  asilo, 
El  sol  reñeje  en  sus  brillantes  alas ! 

«Creo  en  tí.  Dios!»  el  pensamiento  sea 
Que  haga  vibrar  en  nuestra  mano  el  arpa: 
«Creo  en  tí,  Dios,»  que  omnipotente  y  bueno 
Diste  en  la  cruz  tu  vida  sacrosanta ! 

Si  el  hombre  á  quien  cegó  la  idolatría 
Dio  por  goce  á  su  numen  la  venganza ; 
Un  Dios  que  sufre  poramordel  hombre, 
Sella  con  sangre  la  verdad  cristiana. 

Aurelio  Berro. 


MIRANDO  AL  CRUZERO  183 

En  cambio,  sin  hablar  de  la  prosa  (que  en  más  de  uno  estaba 
reñida  hasta  con  la  gramática)  otros  el  menor  cargo  que  hacían  á 
los  defensores  de  Cristo  era  constituimos  en 

<i:La  columna  del  templo  derruido 
Del  imperio  papal  en  la  alma  Roma. 


«Levanten  esos  vates  inspirados, 
Del  error  en  que  yacen,  la  cabeza — 
Segando  la  maleza 
Que  del  error  produce  la  simiente ; 
Dejen  que  lleguen  con  los  pies  llagados 
Las  vestales  del  bien  y  la  pureza 
Hasta  el  trono  de  Dios  omnipotente ! 
Que  es  triste  ver  que  tan  notables  bardos, 
Tan  laureados  y  tiernos  trovadores. 
Para  vestir  ensangrentados  dardos 
Tengan  que  deshojar,  ayl  tantas  ñores!» 


(d)      Todo  el  saber  que  la  ilusión  nos  miente 
Todo  el  poder  de  la  razón  cegada. 
No  alcanzan  á  la  fuerza  persuasiva. 
De  una  gota  de  sanjgre  ó  de  una  lágrima. 

Y  si  hoy  parece  que  la  cruz  vacila 
Combatida  doquier  por  la  borrasca. 
La  oscilación  que  á  nuestros  ojos  fínje 
Es  vano  error  de  la  ñaqueza  humana. 

No,  no  vacila :  temblará  la  tierra 
Por  los  hondos  volcanes  desgarrada, 

Y  el  mar  furente  romperá  sus  diques 
Arrastrando  palacios  y  cabanas; 

Pero,  en  las  nubes  de  menudo  polvo, 
Entre  las  llamas  del  volcan  que  estalla, 
Sobre  la  espuma  de  las  altas  ondas, 
Contra  el  torrente  de  hervidora  lava, 


184  MIRANDO  AL  CRUZBRO 

Eterna  enseña  de  una  eterna  vida, 
Sobre  su  pedestal  de  sangre  santa, 
Para  mostramos  los  abiertos  brazos 
La  cruz  de  Cristo  ha  de  quedar  alzada ! 

Aurelio  Berro, 
(3)  La  necesidad  envilece.  Es  preciso  haber  sentido  el  agui- 
jón del  hambre,  haber  sostenido  esa  lucha  interior  entre  el  ser 
moral  que  resiste  toda  humillación  de  su  carácter,  de  su  digni- 
dad, y  el  ser  material  que  no  reconoce  escrúpulos,  que  todo  lo 
atropella,  para  comprender  hasta  qué  punto  puede  abatirse  y 
degradarse,  aunque  sea  momentáneamente,  el  hombre  mejor 
preparado  para  los  trances  de  la  vida. — Latino  Natale. 
1887. 

En  medio  á  ese  revuelto  torbellino. 
Oigo  tu  voz,  poeta; ....  alzo  la  frente 
De  ese  abismo  profundo, 

Y  en  el  cielo  la  cruz  tiembla  fulgente, 
Con  los  bracos  abiertos  sobre  el  mundo! 

El  alma  inunda  su  fulgor  divino 
En  albores  de  eternas  esperanzas, 

E  inclinada  la  frente, 
Presiente  el  corazón  las  bienandanzas 
De  un  futuro  de  fe  resplandeciente. 
El  tiempo  llegará,  poeta  amigo. 
En  que  el  mundo,  doblada  la  rodilla. 
Llorará  de  la  cruz  el  torpe  agravio. 

Y  acatará  su  leño  sin  mancilla 
rrnnulo  el  pedí  o  ^  balbuciente  el  labio! 

Alcemos,  entretanto,  bardo  amigo, 
Los  ojos  al  zenit :  la  cruz  rutila ; 
Tiembla  de  amorá  nuestra  dulce  América, 
Aunque  su  luz  parece  que  vacila. 

.Meemos  entretanto. 
En  son  do  acatamiento  y  de  plegaria 
Juntos»  poeta.  i\uesiro  acorde  canto. 

Juan  Zorrilla  de  San  Martin, 


MIRANDO  AL  CRUZERü  185 

(4)  El  día  eternamente  alegre  y  eternamente  lloroso  en  que  el 
hijo  de  Dios  hechb  hombre,  fué  puesto  en  una  cruz,  todas  las  co- 
sas ala  vez  entraron  en  orden,  y  en  ese  orden  divino  la  cruz  se 
levantó  sobre  todas  las  cosas  creadas.  De  ellas,  unas  manifesta- 
ban la  bondad  de  Dios,  otras  su  misericordia,  otras  su  justicia. 
Sólo  la  cruz  fué  el  símbolo  de  su  amor  y  la  prenda  de  su  gracia. 
Por  ella  confesaron  los  confesores  y  fueron  castas  las  vírgenes,  y 
vivieron  vida  angélica  los  padres  del  yermo,  y  fueronlos  mártires 
testigos  ñrmes,  que  pusieron  sus  vidas  al  cuchillo  con  varonil  y 
constantísimo  semblante.  Del  sacrificio  de  la  cruz  procedieron 
aquellas  portentosas  energías  conque  los  ñacos  asombraron  á  los 
fuertes,  conque  los  proscriptos  y  desarmados  subieron  al  Capi- 
tolio, con  que  unos  pobres  pescadores  vencieron  al  mundo. 
Por  la  cruz  alcanzan  victoria  todos  los  que  vencen,  y  esfuerzo  to- 
dos los  que  combaten  y  misericordia  todos  los  que  la  piden,  y  am- 
paro todos  los  desamparados,  y  alegría  todos  los  tristes,  y  con- 
suelo todos  los  que  lloran.  Desde  que  se  levantó  la  cruz  en  los 
aires,  no  hay  hombre  ninguno  que  no  pueda  vivir  en  el  cielo  aun 
antes  de  dejar  en  la  tierra  sus  mortales  despojos;  porque  si  aun 
vive  aquí  por  la  tribulación,  está  ya  allí  por  la  esperanza  ! — Juan 
Donoso  Cortes. 

1850. 

(5)  ...  Sin  el  Dios-Hombre, 
Sin  su  eterna  doctrina. 

Sin  culto  en  los  altares, 
Al  caos  de  las  almas  se  encamina, 
Apagados  sus  santos  luminares. 

Allí  la  sociedad    rompe  los  lazos 

Que  á    su  Creador  la  ligan; 
Ocupa  su  lugar  la  hiena  atea, 
Y  en  la  noche  sin  Dios  de  la  conciencia. 
Apenas  sí  un  fulgor  que  llaman  ciencia. 
Con  fosfórica  luz  chisporrotea. 

Juan  Zorrilla  de  San  Martin, 


l86  MIRANDO  AL  CRUZERO 

Como  el  suicida  queá  las  ondas  corre 
Sus  joyas  siembra  en  la  desierta  playa, 
Al  lanzarse  al    abismo  de  la  duda 
Deja  el  hombre,  en  los  bordes,  su  esperanza» 

Voces  de   maldición  lleva  en  el  labio. 
Sombra  luctuosa  le  circunda  el  alma; 

Y  si  hay  un  corazón  bajo  su  pecho, 
En    vano  pide  al  corazón  que  lata. 

En  nombre  de  una  ciencia  fementida 
Que  es  acaso  el  disfraz  de  su  ignorancia, 
Por  lanzar  al  Eterno  de  su  trono, 
El  alma   libre  cambiará  en  esclava ; 

Sondará  los  arcanos  de  la  tierra. 
Levantará  á  los  cielos  su  mirada, 
O  buscará  el  secreto  de  la  vida 
Llevando  al  alambique  sus  entrañas. 

Y  la  luz  del  relámpago  que  brilla, 

Y  el  trueno  que  etumba  en  lontananza, 

Y  el  aura  que  susurra  entre  las  flores 

Y  la  brisa  que  gime  en  la  espadaña, 

Cruzarán,   ante  él,   como  la  sombra 
De  blanca  nube  que  ligera  pasa, 

Y  que  le    oculta  el  disco  de  la  luna 

Sin  que   alcance  á  velar  su  lumbre  pálida. 

Aurelio  Berro, 
Las  alusiones  hechas  á  la  falsa  ciencia  valieron  una  lluvia 
de  granizo  á  los  poetas  cristianos,  tocando  la  parte  más  angu- 
losa ó  selecta,  especialmente  á  D.  Aurelio  Berro,  que  tenía 
sobre  sí  el  grave  delito,  según  sus  opositores,  de  haber  pro- 
clamado en  el  Ateneo  la  supremacía  de  la  ciencia,  en  su  com- 
posición titulada  La  Verdadera  Ley.  El  cantor  de  Calderón 
aceptó  la  parada,  y  dio  comienzo  á  su  réplica  en  estos  tér- 
minos : 


MIRANDO  AL  CRUZERO  1 87 

«Entendámonos.  La  ciencia  en  el  sentido  propio  de  la  palabra 
es  el  conocimiento  de  lo  que  existe. — Esta  ciencia  inseparable 
de  la  idea  de  Dios  y  á  mi  juicio,  iluminada  por  ella,  es  la 
mismísima  que  ha  cantado  el  autor  de  La  verdadera  ley,  y  la 
que  debe  conducir,  como  él  lo  dice,  á  la  afirmación  de  que 
«el  amor  puro  que  nos  lleva  hasta  la  abnegación  y  el  sacrifi- 
cio:^ es  la  llama  divina,  la  imitación  de  Dios  y,  en  una  pa- 
labra, la  síntesis  de  la  doctrina  de  Cristo. 

Todo  esto  se  lee  con  bastante  claridad  en  la  composición  que 
acabo  de  citar. 

En  cuanto  á  la  otra  ciencia  á  que  se  refieren  los  Sres.  Zorrilla  de 
San  Martin  y  Magariños  Cervantes,  y  de  la  cual  habló  también  el 
cristiano  que  esto  escribe,  ts  la  falsa  ciencia  y  la  que,  calificán- 
dose con  un  nombre  que  no  le  corresponde,  no  es  en  reali- 
dad más  que  un  conjunto  de  hipótesis,  teorías  ó  afirmaciones 
opuestas. 

La  distinción  que  precede  no  tiene  nada  de  sutil  ni  de  for- 
zada. Es  clara,  natural,  y  de  uso  constante  en  la  discusión 
moderna  de  estas  cuestiones.  De  esa  ciencia  falsa  ó  falsamente 
aplicada,  que  es  lo  mismo,  habla  Flammarion  (autor  no  sospe- 
choso) en  los  términos  siguientes:  «Pero,  no  es  la    ciencia  lo 

«  que  tienen  entre  sus  manos,  sino  el  simulacro  de  ella 

«  Constataremos  que  esos  sabios  se  engañan  y  nos  engañan ; 
«  que  sus  razonamientos,  sus  deducciones,  sus  consecuencias 
«  son  ilegítimas;  y  que,  en  su  amor  desordenado  por  esa 
«  ciencia  virginal,  la  comprometerían  singularmente  y  la  per- 
«  derían  del  todo  en  la  estimación  pública,  si  no  se  tuviese 
«  el  cuidado  de  mostrarles  que,  en  vez  de  la  realidad,  sólo 
«  tienen  en  su  poder  una  sombra  ilusoria.  »  (Dieu  dans  la  natu- 
«  re,  pág.  6.) 

Que  la  falsa  ciencia,  hoy  generalizada,  tuerce  las  ideas  y  con- 
duce á  negaciones  apoyadas  en  una  base  incompleta  ó  arti- 
ficial, cuyas  diversas  partes  no  pueden  coexistir  racionalmente, 
es  lo  que  á  medida  que  mi  tiempo  me  lo  permita,  demostraré 
en  cartas  sucesivas,  si  ellas  encuentran  lugar  en  el  periódico 
que,  mirando  con  lástima  nuestros  errores,  pone  en  práctica  la 
caridad,  excelente  virtud  para :  Un  cristiano.— (A.  Berro,) 
1879. 


1 88  MIRANDO  AL  CRUZERO 

— 1 

(6)  La  historia  universal  presenta  á  los  ojos  de  los  que  quie- 
ren ver  un  singular  espectáculo:  es  el  de  un  poder  puramente 
espiritual,  combatido  por  todas  las  pasiones  que  condena,  por 
todos  los  errores  que  refuta,  por  todas  las  fuerzas  materiales 
que  desdeña ;  combatido  por  todos  esos  elementos  reunidos 
en  los  tiempos  mismos  en  que  ellos  bastaban  para  derrocar 
los  imperios  más  firmes  y  las  instituciones  más  antiguas;  y  sin 
embargo,  mientras  todo  se  desploma  en  tomo  de  ese  baluar- 
te en  que  se  refugia  un  pobre  sacerdote  al  pié  de  una  Cruz, 
el  poder  espiritual  queda  solo  en  pié,  y  después  del  naufra- 
gio los  primeros  rayos  del  sol  precursor  de  la  bonanza,  dejan 
ver  en  una  altura  inaccesible  para  todos  los  torrentes  el  monu- 
mento imperecedero,  que  salva  los  verdaderos  tesoros  del  li- 
naje , humano:  La  [Caridad,  la  Esperanza  y  la  Fé.  —  Félix 
Frías. 

1853. 

(7)  La  pasionaria  (MburucuydJ  se  encuentra  en  Asia  y  en 
América,  mas  su  primera  patria  es  todavía  un  misterio.  El 
Dr.  Magariños  Cer\*antes  ha  tenido  una  feliz  inspiración,  tan 
piadosa  como  patética,  al  atribuir  su  primer  origen  á  una  go- 
ta de  la  sagrada  sangre  del  Redentor  del  mundo,  en  los  pre- 
ciosos versos  qué  ha  consagrado  á  la  misteriosa  Flor  fjíe  la  Pa~ 
sion. — Marcos  Sastre. 

(8)  Como  un  curioso  5/<viwrif  de  la  manera  imparcial  y  rec- 
ta cómo  ciertos  críticos  (ellos  se  titulan  así)  ejercen  su  minis- 
terio, transcribimos  un  pequeño  trozo  de  un  artículo,  sin  fir- 
ma de  autor,  publicado  en  Buenos  Ayres. 

Una  de  las  cuartetas  que  sir>*e  de  pretesto  al  Aristarco  para 
despacharse  á  su  gusto,    dice  textualmente: 

Constelación   radiosa  que  coronjs 
Oe  mi  America  libre  el  lirnumcnto: 
MbhrtíKHvJ  simbólico  v^uc  guardas 
IV  la   pasión  cristiana  el  gran  misterio: 

Kl  cniico  hace  caso  omiso  de  los  dos  últimos  versos  de  esta 
cuarteta «  cuyo  sentido  forma  parte  y  completa  el  de  la  que  si- 


MIRANDO  AL  CRUZERO  189 

gue,  refiriéndose  al  Mburucuyá  y  al  Cruzero  conjuntamente,  y 
saca  las  siguientes  graciosas  conclusiones,  empezando  por  ol- 
vidar ( hombre  tan  erudito  no  podría  ignorarlo)  que  las  pala- 
bras subrayadas  pertenecen  á  Jesucristo. 

«Sabíamos  que  D.  A.  Magariños  Cervantes  era  un  poe- 
ta de  verdadera  inspiración,  pero  ignorábamos  que  su  estro  se 
adaptara  á  todos  los  géneros,  descendiendo,  cuando  era  preciso, 
de  las  elevadas  cumbres  del  Parnaso  para  confundirse  entre  los 
poetas  de  sacristía. 

«  Hablando  de  la  Cru^  del  Sud,  dice : 

Vuestra  lumbre  verted  y  vuestro  aroma 
Sobre  los  ciegos  que  á  Jesús  reniegan. . . . 
Perdónalos,  Señor,  ellos  no  saben 
Lo  que  hacen,  ni  menos  lo  que  siembran, 

K  j  Que  no  saben  lo  que  siembran  !  aunque  bien  mirado,  si  son 
ciegos,  nada  tiene  de  particular;  pensarán  sembrar  coles,  ¡y  los 
desdichados  estarán  sembrando  calabazas  1 

<c  Lógico  ha  sido  el  poeta  al  poner  en  letra  bastardilla  los  dos 
últimos  versos,  porque  bien  merecen  el  honor  de  que  se  fije  el 
público  en  ellos. 

«Eso  de  llamar  Señor  á  la  radiosa  Constelación  del  Sud,  no 
deja  de  ser  original,  pero  no  tanto  como  pedirle  que  vierta  su 
aroma  sobre  los  que  no  saben  lo  que  hacen,  ni  lo  que  siembran, 
que  es  la  más  negra.  -» 

Nos  limitaremos  por  toda  contestación  á  citar  algunas  palabras 
de  un  notable  escritor  argentino  y  algunos  versos  del  Himno 
Manzoniano,  que  ha  dado  la  vuelta  al  mundo,  ha  merecido  el 
aplauso  de  los  más  célebres  escritores  nacionales  y  extranjeros,  y 
es  una  de  las  joyas  más  preciadas  de  la  literatura  italiana. 

Manzoni,  según  la  policlínica  que  antecede,  cantando  á  Jesús, 
descendía  también  de  las  elevadas  cumbres  del  Parnaso  para 
confundirse  entre  los  poetas  de  sacristía  ? 

Egli  é  il  Giusto  che  i  vili  han  trafitto 
Ma  tácente,  ma  senza  tenzone 


190  MIRANDO  AL  CRUZERO 

VoUe  Tonte  e  neiranima  il  duolo, 
E  le  angoscie  di  morte  sentiré, 
E  il  terror  che  seconda  il  falliré; 
Ei  che  mai  non  conobbe  il  fallir. 

La  repulsa  al  suo  prego  sommesso, 
L'abbandono  del  Padre  sostenne: 
Oh  spavento!  Torribile  amplesso 
D'un  amico  spergiuro  soffrí! 


En  los  hermosos  países  de  la  América  latina,  la  misión  del 
verdadero  poeta  debiera  consistir  en  hacer  siempre  predominar 
en  las  almas  el  sentimiento  y  la  idea  de  Dios,  autor  de  todas  las 
bellezas  que  admiramos,  cuya  doctrina  es  el  único  remedio  de 
los  vicios  que  nos  degradan  y  de  los  males  que  nos  aflijen.  Es  co- 
sa deplorable,  por  cierto,  que  en  regiones  tan  bellas,  el  hombre 
se  muestre  tan  rebelde  á  los  preceptos  de  su  Criador,  y  profane 
con  tantos  errores  y  tantas  culpas  un  paraíso  en  que  pudiera  ser 
tan  feliz.  — F^lix  Frías. 
i8$8. 

(9)  He  aquí  la  estrofa  á  que  hacemos  referencia  en  la  pág.  104: 

....  Donde  principia 

La  acción  de  lo  ignorado  el  hombre  acaba. 

¡Ay  del  mártir,  del  triste,  de  la  víctima 

Que  se  convierte  en  juez! —  ¡Ay  del  que  usurpa 

Sus  funciones  al  cielo! ¡Sed  benignas, 

Pobres  almas  dolientes! ¡Sé  apacible, 

Oh  mísero  rebaño  que  agonizas 

Perdido  en  las  tinieblas! —  ¡Paz,  oh  sombras. 

Bajo  el  velo  estrellado  del  enigma ! 

Carlos  Roxlo. 
iS8«i. 


XIV 


CORONA  PARA  EMILIO 


A   SU    HIJA  BLANCA 


««« 


Del  paternal  cariño  predilecta, 
¡  Oh  flor  de  mi  rosal  ( i )  oh  blanca  aurora, 
Que  en  la  noche  del  crimen  y  la  cárcel 
Su  cielo  iluminaste  encantadora! 

Por  tu  candor  y  tu  belleza,  imagen 
Del  ángel  luminoso  de  la  gloria. 
Que  tu  mano  infantil  ponga  en  su  féretro 
Esta  humilde  corona  á  su  memoria! 

Setiembre  lo  de  1887. 


(i)  La  niña  Blanca  Lecot  y  Palomeque,  tan  hermosa  como 
inteligente,  desciende  por  la  línea  materna  de  la  familia  del 
autor. 


193  CORONA   PARA  EMILIO 


—  Del  discurso  pronunciado  al  pié  de  la  tumba  de  Emilio  Le- 
cot  por  su  compañero  de  tareas  y  redactor  principal  de  La 
Tribuna  Popular,  tomamos  los  párrafos  siguientes: 

«No  voy  á  haceros  la  biografía  del  que  baja  al  sepulcro  des- 
pués de  largos  años  de  lucha  incesante  contra  el  mal,  llevando 
tras  sí  el  cariño  de  los  que  le  conocieron  y  supieron  valorar 
el   temple    de  su   alma  y  su  grandeza  de  miras. 

«Vosotros  como  yo,  le  visteis  en  la  prensa,  ñel  guardián  de 
los  derechos  populares;  le  acompañasteis  con  vuestra  siinpa- 
tía  cuando  el  tirano  le  encerraba  en  las  cárceles  para,  pur- 
gar el  delito  de  no  participar  de  sus  escándalos ;  sentisteis  sus 
dolores  cuando  la  mazhorca  le  derribó  en  la  calle  pública  al 
golpe  de  sus  garrotes,  y  venís  hoy,  por  último,  á  rendirle  el 
postrer  tributo  de  cariño,  acompañando  hasta  esta  tumba 
su  cuerpo  inanimado. 

¿Porqué?  Porque  sabéis,  porque  tenéis   conciencia   deque 
Emilio  Lecotera  un  ciudadano  patriota,   un  leal  amigo,  un  es- 
píritu  honrado  y  un  carácter  fundido  en  el  molde  de  donde  sa-' 
lieron  los  grandes  ciudadanos. 

Los  que  fuisteis  sus  compañeros  en  la  jornada  del  Quebra- 
cho, sabéis  que  fué  á  ella  despreciando  con  altivez  patriótica 
los  consejos  de  la  ciencia,  que  le  presagiaban  lo  que  desgra- 
ciadamente acaba  de  suceder.  Sabéis  que  Emilio  Lecot»  dejó 
sobre  la  mesa  de  trabajo  la  pluma  con  que  diariamente  fulmi- 
naba á  la  tiranía,  para  empuñarla  espada  del  soldado,  que  iba 
al  campo  de  batalla  á  demostrar  que  era  capaz  de  sostener 
en  desigual  lucha  las  ideas  que  formaban  su  credo  político, 
sin  más  norte,  sin  más  ambición  que  la  felicidad  de  la 
patria. 

Yo,  que  he  pasado  con  él  en  intimidad  constante  los  últimos 
tres  años,  en  continua  lucha,  puedo  deciros  que  le  he  visto 
llorar  amargamente  las  desgracias  de  la  patria,  y  puedo  deci- 
ros también,  que  no  he  visto  hombre  alguno  que  se  entregase 
á  mayores  transportes  de  júbilo,  cuando  alborearon  para  este 
pedazo  de  tierra  americana  horizontes  de  un  porvenir  risue- 
ño».—/oí/  i?.  Mutilas, 
1887. 

Cuando  la  muerte  pasa  por  sobre  el  abismo  de  las    pasio- 


CORONA  PARA   EMILIO  1 93 

nes   humanas  todas  las  iras,  todos  los  rencores^  caen  en  la  co- 
rriente sin  ondas  del  olvido,  levantándose  del  alma  suave,  pero 
melancólico,  como  una  escultura  sobre  un  panteón,  el  grupo 
eterno  de  la  tristeza  y  el  recuerdo! — Nicolás  Granada. 
1887. 

E*  gemma  di  questo  libro  (Corona  fúnebre)  una  gentile 
poesía  deirillustre  vate  uruguayo  A.  Magariños  Cervantes. 

Fu  delicato  pensiero  quello  di  formare  questa  Corona  che  fi- 
cordera  a'posteri  il  nome  d*un  buon  soldato  della  penna  marto 
sulla  hxQccxz,— Joaquín  Odicini  y  Sagra, 

1887. 


194  MIRLOS,  TOROS  Y   POTROS 


XV 

MIRLOS,  TOROS  Y  POTROS 

(A  propósito  de  elecciones) 

Á   n.    JOSÉ    MARTÍ 

*** 

En  contrarios  bandos 
Todos  divididos, 
El  mal  prepotente 
Se  entroniza  invicto ; 
Y  ante  sus  ataques, 
Rebaño  mezquino. 
En  vez  de  agruparse 
Hombres  y  partidos, 
Por  opuestas  sendas 
Marchan  al  abismo. 

El  es  elefante 
Que  se  abre  camino 
Doquiera,  esgrimiendo 
Con  choque  fulmínio 
Como  trilladora 
Su  trompa  de  esbirros: 
Nosotros  discordes, 
Pigmeos,  mosquitos 
Cuyo  arpou  so  embota 
En  su  cuero  rispido, 


MIRLOS,   TOROS  Y  POTROS  I95 

Sin  que  al  paquidermo 
Molesten  zumbidos, 
Para  sus  desmanes 
Buria  y  no  castigo. 

Por  qué?  ....    porque  somos 
Enjambre  de  grillos. 
Que  cada  uno  chilla 
Por  su  clan  ó  tribu, 
Antes  que  patriota, 
Blanco,  azul,  rojizo. 

Nos  matan  ó  enjaulan 
Tiranuelos  cínicos,    . 
Porque  no  sabemos 
Ante  un  gran  peligro. 
Cual  los  animales 
Prudentes  unirnos, 

Y  enfrenar  su  audacia 
Formando  atrevidos. 
Contra  el  mal  los  buenos 
Muro  de  granito.    . 

Ved  cómo  la  hembra 
Pequeña  del  Mirlo, 
En  el  bosque  sola 
¡  Con  cuánto  heroísmo 
Cual  si  águila  fuera, 
Defiende  á  sus  hijos 
Contra  los  reptiles 
Que  acechan  su  nido ! 

Cuando  la  serpiente 
Tiende  sus  anillos, 

Y  á  subir  empieza 


196  MIRLOS,  TOROS  Y   POTROS 


Por  el  tronco  erguido, 
Hambrienta  de  huevos 

Y  de  pichoncillos. 
Ella,  previsora. 
Suelta  agudo  grito, 
Que  el  macho  repite 
Volando  en  su  auxilio. 

Innúmera  hueste 
De  valientes  Mirlos 
Al  reclamo  acude. 
Gira  en  remolino, 

Y  á  la  sierpe  embisten 
Con  uñas  y  pico. 

El  reptil  su  enorme 
Boca  enfurecido 
Les  muestra  rugiendo. 
En  vano....  los  Mirlos 
No  se  asustan,  diestros 
Con  certero  ahinco 
Los  ojos  le  arrancan, 

Y  huye  el  vil  ofidio, 
O  despedazado 

Queda  al  pié  del  nido    (i) 

Ved  cómo  al  oírse 
Del  tigre  el  bramido, 
Los  toros  y  potros 
En  rápido  circulo. 
Donde  se  guarecen 
Débiles  y  chicos, 


( t )  El  Mirlo,  autor  de  esta  hazaña,  es  el  clasificado  por  los  naturalistas    ák 


MIRLOS,  TOROS  Y  POTROS  I97 

Sus  puntas  los  unos 
Presentan  sombríos; 
Sus  grupas  los  otros 
Que  mueven  unísonos, 
Alzando  los  cascos 
Traseros  con  ruido. 
Que  respeto  infunde 
Al  traidor  felino. 

Aislados,  ni  á  uno 
El  dejara  vivo; 
Pero  así  en  falanje 
Firmes,  decididos. 
Siente  ya  que  en  miedo 
Se  truecan  sus  bríos. 
Al  trote,  azorado 
Da  una  vuelta  al  círculo: 
Tremebunda  salva 
De  coces,  mugidos, 
Doquier  se  adelanta. 
Le  recibe  á  tiros. 

El  terror  le  invade, 

Y  á  escape,  mohíno, 
Huye  hacia  la  selva 
Rabioso  y  corrido! 

Orientales!  ¿cuándo 
Ante  un  gran  peligro. 
Cual  los  animales 
Sabremos  unirnos, 

Y  enfrenar  la  audacia 
De  menguados  tipos? 

Ser  hombres,  demócratas. 
Ciudadanos  dignos, 


1^8  MIRLOS,   TOROS  Y  POTROS 

Al  deber  tan  sólo 

Y  á  la  ley  sumisos, 
Formando  patriotas 
La  legión  del  Mirlo, 
La  rueda  del  potro 

Y  el  toro  bravio, 
Muralla  insalvable. 
Tumba  de  bandidos, 
Donde  expíen  ellos 
Sus  torpes  delitos, 

Y  al  fin  se  alze  el  pueblo 
Libre  y  redimido?  — 

1886. 


Palmas  e  Omhús  que  temos  entre  máos,  dando  motivo  ao 
presente  estudo,  comp5e-se  de  poesías  diversas  em  que  o  poeta 
canta  em  primeiro  lugar  a  Patria,  a  Liberdade  e  a  Humanidade — 
essa  divina  trilogía  que  se  congloba  no  n^ais  resplandes::ente 
ideal — o  ideal  que  nunca  envelhece — a  musa  de  todos  os  tempes! 

A  poesía  do  Dr.  Magariños  Cervantes  e  lyríca,  mas  por  uma  fe- 
liz excep9áo  amoldarse,  naquella  tríndade  soberana,  ás  idealisa- 
95es  objectivas,  formando  um  verdadeiro  consorcio  entre  o  sub- 
jectivoqueno  Éu  consubstancia  todas  asimpressdesdessa  entida- 
de  abstracta,  solu9ante,  soffrédora  e  sorridente  que  se  chama 
alma,  e  o  objectivo  que  encara  com  prédile^áo  os  problemas 
philosophicos,  que  se  enovellam  no  seio  inmenso  da  collecti- 
vídade  humana. 

Tudo  quanto  hade  bello,  nobre  eelevado.no  cora9áo  humano 
inspira  ao  poeta  estrophes  enthusiasticas.  O  amor,  a  caridade, 
Deus,a  natureza,  a  familia,  a  infá'ncia  e  a  yelhice — crepúsculo 
d'uma  aurora  que  nasce  e  crepúsculo  de  um  sol  poente — tém 
nos  seus  diversos  livros  harmoniosas  estrophes.  A  sua  musa  tem 
um  echo  piedoso  para  todos  os  infortunios,  para  todos  os  pran- 
tos,  para  todos  os  júbilos  :  «como  a  harpa  eolia  vibrando  a  todos 


MIRLOS,  TO  ROS  Y   POTROS  I99 

OS  ventos,  nossa  alma  vibrou  a  todas  as  impressóes  que  vinham 
feril-a,»  escreveu  elle  ha  40  annos,  é  éscreveu  urna  bella 
verdade. 

Em  literatura,  todas  as  escolas  sao  boas,  desde  que  sejam 
manejadas  por  niáos  vigorosas.  O  passado  é  a  historiado  futuro, 
e  por  urna  deduc^áo  lógica,  cré-se  que  a  poesia,  apoz  a  tempes- 
tade  evolucionada  que  a  deixa  vacillante  eni  sua  orienta^áo, 
voltará  ao  antígo  lyrismo  philosophico;  cujas  cambiantes  háo-de 
representar  em  todos  os  tempos  a  verdadeira  poesia  genuina. 

Os  maiores  monumentos  da  arte  estáo  emoldurados  nesta 
escola  que  os  poetas  da  reacQao  tanto  repudiam.  As  mais  vigoro- 
sas individualidades  deste  seculo  accehtuaram-se  na  poesia 
lyrica,  que  constitue  e  constituirá  o  bcllo-util  da  arte.  Victor 
Hugo,  Lamartine,  Uhland  e  Heine  nao  pertencem  á  evolu9áo; 
entretanto,  sao  ainda  e  continuaráo  a  ser  os  maiores  artistas  da 
mentalidade  poética  do  seculo. 

O  Dr.  Magariños  Cervantes  occupa  na  litteratura  uruguaya  o 
lugar  que  Gon9alves  Dias  occupa  na  litteratura  brasileira  eque 
Almeida  Garret  occupa  na  litteratura  portuguesa.  Nao  dis- 
discutimos a  afinidade  que  possa  existir  entre  estas  trez  podero- 
sas individualidades;  cada  urna  porum  esforzó  genial  conáeguiu 
a  restauradlo  litternria  do  seu  paiz  e  constitui-se — o  patriarcha 
das  suas  letti  as. 

Nesta  qualidade  saudamos  o  laureado  autor  das  Palmas  e 
Umbús — um  dos  mais  inspirados  cantores  das  bellezas  opullen- 
tas  do  feriilissjmo  solo  americnno. — Dr,  Alvino  Costa, 

1886. 


XVI 


MENTIRA-VERDAD 


AL  DR.   D.   TEÓFILO   D.   GIL 


«** 


¡Cuan  bella  es  la  ilusión  que  forja  el  alma! 
¡  Cuan  horrible  tal  vez  la  realidad  ! 
¿La  gentil  mariposa  era  un  gusano, 

Y  ruin  vidrio  la  perla  de  Ceilán? 

Qué  importa?  —  si  de  nuevo  la  Esperanza 
Vuelve  á  encender  su  mágico  fanal  ; 

Y  en  pos  de  una  victoria  otra  se  alcanza, 

Y  vence  la  mentira  á  la  verdad? 

Puede  ser  que  en  el  mundo  sobreabunde 
El  fango,  la  miseria,  la  maldad ; 
Pero  en  su  luz  los  baña  y  transfigura 
Con  sus  rayos  el  sol  del  ideal! 

En  lluvia  de  diamantes  los  envuelve. 
Transforma  el  egoísmo  en  caridad, 
Convierto  A  una  gorilla  en  una  Venus, 

Y  de  un  héroe  pi^r  fuerza  hace  un  titán ! 


MENTIRA-VERDAD  301 


Arriba  corazones!  no  es  de  hombres 
Lamentarse,  gemir  y  murmurar, 
Sino  al  fulgor  del  día  ó  en  la  sombra. 
Luchar,  como  se  pueda^  contra  el  mal ! 

La  victoria  corona  á  los  audaces: 
Vence  al  hado  la  férrea  voluntad : 
La  inteligencia  á  veces  más  que  el  brazo 
Puede  el  yugo  de  un  pueblo  quebrantar! 

La  fuerza  á  la  materia  presta  un  alma, 
Pero  es  la  idea  el  alma  de  la  fuerza, 

Y  aliadas  las  dos,  nada  resiste 

Al  Pampero  que  brota  de  su  diestra ! 

Gloria  á  Tajes!  á  Herrera,  á  los  Ministros 
Que  iniciaron  patriotas  la  ardua  empresa, 

Y  en  el  campo  enemigo  penetraron 
Desplegada  á  los  vientos  su  bandera! 

Si  al  Capitolio  no  subieron  todos. 
Si  cayeron  algunos  en  la  brecha. 
Qué  importa?  —  si  flamea  su  estandarte 
Victorioso  clavado  en  las  almenas ! 
Diciembre  29 — 1886. 


Leída  por  el  Dr.  D.  Jos¿  P.  Ramírez  en  el  banquete  ofre- 
cido al  General  Tajes  y  á  sus  ministros  la  noche  del  29  de 
Diciembre  de  1886  en  el  teatro  de  San  Felipe. 

Como  la  mejor  resena  y  síntesis  del  espíritu  que  allí 
predominó,  consignamos  en  el  Apéndice  algunos  breves  pá- 
rrafos de  los  discursos  y  brindis  pronunciados  en  el  banquete 
y  publicados  por  la  prensa. 


202  MENTIRA-VERDAD 


Organizado  en  un  solo  día,  improvisado  casi,  el  banquete 
ofrecido  anoche  al  General  Tajes  y  á  sus  ministros,  á  causa  del 
acto  trascendental  con  que  inauguraron  el  nuevo  Gobierno,  es 
una  prueba  de  lo  mucho  que  pueden  la  actividad  humana  y  el 
entusiasmo  natural  que  despierta  una  feliz  idea.  Efi  menos  de 
veinte  y  cuatro  horas  se  consiguió  un  local  aparente,  se  le  dis- 
puso y  adornó  con  lo  necesario,  se  hicieron  las  listas,  se  repar- 
tieron las  invitaciones  y  las  localidades,  se  allanaron  todos  los 
obstáculos,  se  acordaron  todos  los  detalles.  En  veinticuatro  ho- 
ras la  idea  se  hizo  carne:  bastó  que  germinara  para  tener  asegu- 
rado desde  luego  el  éxito  más  completo  y  más  lisonjero. 

Hace  muchos  anos,  pero  muchos  años,  que  no  se  ve  entre 
nosotros  el  ejemplo  hermoso  y  consolador  á  la  vez,  de  manifes- 
taciones populares  prodigadas  á  los  gobernantes  con  toda  since- 
ridad y  simpatíap  En  estos  últimos  diez  años,  el  pueblo  no  ha  te- 
nido masque  ocasión  de  maldecir  de  los  de  arriba,  sin  poder 
entonar  nunca  francamente  los  himnos  de  alabanza  y  los  cantos 
de  agradecimiento. — La  Raion. 

Las  manifestaciones  populares  han  venido  sucediéndose  casi 
día  por  día  desde  el  4  de  Noviembre  en  que  se  inició  la  concilia- 
ción política  cuyos  legítimos  frutos  hemos  recogido  hace  muy 
breves  horas,  con  la  caída  de  la  Bastilla  Uruguaya,  ó  sea  con  la 
disolución  de  ese  tan  temido  batallón  3.0  de  Cazadores,  en  cuyo 
cuartel  tenebroso  más  de  una  víctima  cayó  en  la  época  aciaga 
porque  hemos  atravesado. — José  /?.  Mutuos. 


«  Se  ha  dicho  que  todos  los  programas  de  gobiernos  son  muy 
bonitos,  pero  que  lo  difícil  es  cumplirlos.  Yo  he  formulado  el 
mío,  y  prometo  que  lo  cumpliré,  cueste  lo  que  cueste. 

Tengo,  señores,  muchas  ambiciones,  grandes  ambiciones,  pe- 
ro no  para  mí,  puesto  que  hasta  los  entorchados  me  pesan,  sino 
para  la  patria. 

He  de  hacer  la  felicidad  de  la  República,  lo  prometo  solem- 
nemente. Pero  para  ello  es  necesario  que  todos,  todos  me 
acompañéis  en  la  tarea,  porque  de  todos  necesita  la  patria  en  los 
momentos  actuales». — Máximo  l\\ics  (  Véase  el  ArKNDicE). 


Los  tres  Ministros  del  4  de  Noviembre  que  dejaron  al  mismo 


MENTIRA-VERDAD  203 


tiempo  el  Ministerio,  saludaron  al  general  Tajes  con  la  mayor 
efusión,  dando  así  muestras  inequívocas  de  acendrado  patrio- 
tismo. ¿Qué  les  importa  á  los  doctores  Ramírez,  Blanco  y  Ro- 
dríguez Larreta  que  hayan  sido  otros  Ministros  y  no  ellos,  los 
que  han  asistido  á  las  postrimerías  del  santismo?  Como  dice  muy 
bien  el  doctor  Magariños  Cervantes  en  su  inspirada  poesía: 

<c  Si  al  Capitolio  no  subieron  todos, 
Si  cayeron  algunos  en  la  brecha, 
¿Qué  importa? — Si  flamea  su  estandarte 
Victorioso  clavado  en  las  almenas!  » 

Jacinto  Albísiur. 


Cada  estrofa  del  viejo  bardo  era  saludada  con  una  salva  de 
aplausos,  y  cada  estrofa  también  revelaba  el  culto  sagrado  que  la 
patria  merece  al  distinguido  poeta  y  la  imaginación  brillante  que 
aun  se  conserva  potente,  á  pesar  que  la  nieve  de  los  años  ya 
ha  blanqueado  la  venerable  cabeza  del  autor. — La  Tribuna 
Popular, 


XVII 


MENZOGNA-VERÍTÁ 


(VERSIONE   DI   L.   D.  DESTEFFANIS ) 


««* 


Oh  come  é  bella  rillusion  foggiata 
Dairalma!  Orrendo  comparisce  il  vero! 
La  gentile  farfalla  un  verme  é  stata, 
E  vetro  vile  di  Ceilan  la  perla? 

Che  importa? — se  il  suo  mágico  fanale 
Ad  accendere  torna  la  Speranza? 
E  duplice  vittoria  spiega  Tale, 
E  da  menzogna  veritade  é  vinta? 

Essere  puote  che  la  térra  oscura 
Facciano  il  male,  la  miseria,  il  fango; 
Ma  in  sua  luce  li  bagna  e  trasfigura 
II  sol  deirideal  co'  raggi  sui! 

In  pioggia  di  diamanti  li  ravvolge, 
In  carita  trasforma  Tegoismo; 
Una  gorüla  in  Afrodite  svolge, 
E  d'un  éroe  per  forza  fa  un  Titano! 


menzogna-veritA  205 

- 

In  alto,  cuori,  in  alto !  II  mormorare, 
Gemere,' lamentar,  non  é  deiruomo: 
Ma  come  ¿  dato  contro  il  mal  lottare, 
Al  fulgore  delgiorno,  oppur  neirombra. 

E'  degli  audaci  la  vittoria  amante ; 
Ed  il  fermo  volere  il  fato  vince, 
E  rintelletto  piú  del  braccio  infrante 
Le  catene  d'un  popólo  puó  far! 


*** 


La  forza.alla  materia  un'alma  presta, 
Ma  dellá  forza  é  l'anima  Tidea, 
E  nulla  al  mondo  Taquilone  arresta 
Dalla  loro  alleanza  germinato! 

Gloria  a  Tajes,  a  Herrera,  a'pattrioti 
Ministri  iniziator  deirardua  impresa ; 
Nel  campamento  ostil  sonsi  introdotti 
Colla  bandiera  dispiegata  al  vento! 

Se  al  Campidoglio  tutti  non  montaro, 
E  molti  sulla  breccia  son  caduti, — 
Che  importa? —  Lor  stendardo  essi  piantáro 
Vincitor  sulla  cima  e  vi  flammeggia! 


L'illustre  poeta  oriéntale,  invítate  a  prender  parte  al  banchetto 
se  ne  scusava  con  lettera  airavv.  G.  P.  Ramirez  acchiudendogli 
la  poesía  che  piú  sotto  diamo  tradotta  e  chi  il  medesimo  signor 
Ramírez  leggeva,  ín  mezzo  a'generalí  applausi,  facendola  prece- 
deré da  queste  parole : 

«Un  anciano  ilustre,  á  quien  abruman  las  fatigas  de  los  años 
en  su  complexión  física,  pero  que  conserva  las  facu{lta4es  mQj|:;a- 
les  en  todo  su  vigor  y,  lo  que  es  más  sorprendente,  las  galas  de 
la  imaginación  en  toda  su  lozanía,  derramándose  en  raudales  de 


206 


menzogna-viritA 


armonía  para  llorar  las  desgracias  de  la  patria,  que  es  lo  más 
frecuente,  y  para  cantar  sus  glorias  y  sus  venturas,  que  es  lo  más 
raro,  acaba  de  remitirme  la  composición  poética  de  que  voy  á 
dar  lectura.» 

Ed  eccola  qui  tradotta,  comme  per  lioi  meglio  si  é  potuto, 
data  la  brevitá  di  tempo  e  le  difficoltá  inerenti  ad  uña  versione 
poética;  peí  che  di  nuovo  chiediamo  venia  all'^utóre  delle 
mende  che  troveravvi;  é  saremo  ben  lieti  si  Tesimio  vate  ci 
perdonerá  Timpertinenza  e  ndn  si  scaraventerá  addosso  gli 
strali  della  sua  faretra  al  terribile  grido  di  Traduttore — traditore! 


Auguriamo  dfé  di  tante  belle   promesse,  e  liete  speranze  e  ge- 
nerosi  propositi  resti  qualche  cosa  di  piú  bello  che;  un  geniale 
ricordo:   resti,    se    non  altro,   il   tentativo    sincero    di  volerli 
cffetuare.  —  Luis  D,  Desieffanis, 
1886. 


XVIII 


LO  QUE  TE  QUEDA 

(A   BARTOLOMÉ   MITRE,   VIUDO ) 


««♦ 


Pásala  juventud,  pasa  brillante 

De  reflejos  sombríos  irisada. 

La  nube  del  poder  y  la  grandeza. 

Por  la  brisa  más  tenue  desgarrada  ; 

Al  peso  de  los  años  y  dolores 

Se  dobla  encanecida  la  cabeza. 

De  batallar  cansada  : 

Huyen  las  ilusiones  como  aves, 

Que  arrastra  el  turbión,  rotas  las  alas  ; 

Viento  de  muerte  zumba. 

Que  del  herido  corazón  desprende 

Las  más  preciadas  flores, 

Y  acaso  el  hombre  con  placer  contempla 

Que  sus  brazos  le  tiende 

La  gran  consoladora  de  la  tumba !  ( i ) 

Pero  Dios  es  piadoso  ; 

No  todo  se  disipa,  borra  ó  pierde  : 

¡  Crisol  de  la  conciencia. 

Santuario  del  alma  silencioso, 

En  tus  desiertas  aras 

Queda  un  florido  gajo  siempre  verde  f 


LO   aUE  TE  aUEDA  2o8 


Al  que  ha  sabido  como  tú  valiente 
Conquistar  sus  preseas  una  á  una, 
No  todo  le  arrebata,  aunque  lo  intente. 
Voluble  y  traicionera  la  fortuna.  ( 2 ) 

Has  perdido  tu  dulce  compañera. 
La  idolatrada  madre  de  tus  hijos, ' 
Tu  estrella  protectora ...  ( 3 ) 

En  tu  azarosa  vida 

De  incansable  labor  y  de  combate, 

EUa  fué  para  ti  la  regia  Palma, 

Que  sus  frutos,  su  sombra  y  auras  ledas, 

En  el  yermo  arenal  pródiga  brinda ; 

La  fuente  del  Oasis  tersa  y  pura, 

Entre  rosas  y  mirtos  escondida. 

Que  templó  salvadora 

Del  viajador  postrado. 

Con  la  sed  de  los  labios  la  del  alma ; 

Corazón  generoso. 

Espíritu  elevado 

Que  toda  noble  aspiración  aduna ; 

En  tus  días  de  Abril,  sol  fulgoroso. 

En  tus  noches  de  invierno,  blanca  luna.  ( 4 ) 

Hoy  al  abismo  rueda, 

Y  al  sentir  que  la  arranca  de  tu  seno 

La  mano  de  la  muerte,  acaso  dices 

De  angustia  y  duelo  lleno : 

Ya  en  el  mísero  mundo  ¿  qué  me  queda? 

Te  queda,  caro  amigo. 

Su  imagen  y  la  esencia 

De  su  ser  á  tu  ser  incorporado ; 

El  cariño  entrañable  de  tu  prole. 


LO   aUE  TE   aUEDA  309 


Que  al  par  llora  contigo  ; 

El  respeto  y  amor  de  un  pueblo  entero  ;  ( 5 ) 

La  conciencia  del  bien  que  has  realizado  ; 

Las  santas  esperanzas  inmortales 

Que  nos  muestra  la  Cruz  entre  sus  brazos ; 

Amigos  que  leales, 

Puro  bálsamo  vierten  en  tu  herida ; 

El  lauro  que  á  tu  frente  fulminada 

Por  el  plomo  (6)  y  la  injuria  envilecida, 

Alarido  bestial  de  la  impotencia 

Al  que  vencer  no  puede  en  lucha  noble ; 

El  lauro  que  á  tus  sienes  entreteje 

La  musa  de  la  historia,  Clio  austera, 

Y  con  ella,  más  tarde,  justiciera, 
Grande,  dichosa,  unida, 

La  Argentina  Nación  organizada  I  (7) 

Callas triste  suspiras, 

Y  con  intimo  afán  al  cielo  miras .... 

¿  No  la  ves  ? . . . .    sonriente,  placentera, 

En  un  mundo  mejor  ella  te  espera, 

La  pura  y  bendecida, 

Blanca  flor  de  las  selvas  uruguayas,  (8) 

Que  embalsamó  tu  vida 

En  las  nativas  y  extranjeras  playas. 

Soldado  de  mi  Patria,  de  la  Patria 
Que  fué  cuna  á  la  vez  de  tu  Delfina, 

Y  también  cuna  heroica  de  tus  hijos; 
Amigo  de  mi  infancia  bondadoso. 
Permíteme  que  evoque 

Un  recuerdo  radioso 
Que  el  corazón  te  toque, 

Y  á  levantar  te  obligue  la  cabeza 
Sobre  el  pecho  caída.  . . . 

X4 


210  LO   aUE  TE   aUEDA 


Ya  tu  hogar  desolado  se  ilumina 
Con  la  llama  que  brota  de  tus  ojos, 

Y  tiemblan  los  despojos 
De  tu  adorada  muerta, 

Que  siempre  supo,  resignada  y  fuerte, 
Compartir  valerosa 
Tu  mala  ó  buena  suerte. 

Aun  me  parece,  amigo,  que  la  veo.  .  . . 

En  aquel  duelo  á  muerte 

Entre  el  tigre  del  Plata  carnicero 

Y  la  proscripta  libertad,  que  asilo 
En  tu  recinto  halló,  Montevideo; 
En  medio  á  la  tormenta 

Que  horrible  amenazaba 

Bajo  sangriento  mar  hundir  el  muro. 

Del  libre  acorralado  última  valla  ; 

Cubierto  por  la  sombra 

De  la  oriental  enseña, 

Que  fiera  ondear  hacía 

La  ráfaga  deshecha ; 

Erguida  la  cerviz,  tendido  el  brazo 

A  la  ola  rugiente  que  avanzaba 

De  infantes  y  ginetes, 

Intrépido  artillero, 

Allí  estabas,  de  pié,  sobre  la  brecha, 

Y  á  tu  voz  rompió  el  fuego 
La  primera  cureña, 

Y  vieron  los  esclavos  con  asombro, 
Al  rojizo  fulgor  de  los  cañones, 
Surgir  la  libertad  del  roto  escombro 

Y  caer  los  tiranos  á  su  planta! 

El  dolor  á  los  fuertes  agiganta. 

Fanal  resplandeciente, 
Apóstol  de  la  idea, 


♦ 


LO   aUE  TE   aUEDA  21 


Del  cívico  deber  muestra  el  sendeio 
A  la  generación  que  te  rodea. 
Y  si  es  fuerza  otra  vez  por  el  acero 
La  pluma  cambiar,  en  la  defensa 
^  De  la  Patria  que  amague  el  extranjero; 
El  himno  levantando  que  aun  resuena 
En  la  cumbre  del  Ande  estremecida, 
Al  son  del  parche  desplegada  al  viento 
La  bandera  de  Mayo,  precedida 
Del  ángel  de  la  Gloria, 
Mensajero  inmortal  de  sus  destinos. 
Los  valerosos  tercios  argentinos 
Lleva  en  triunfo  otra  vez  á  la  victoria ! 
Montevideo,  Setiembre  9  de  1882. 


En  el  mundo  poh'tico  como  en  la  vida  real,  hay  criaturas  naci- 
das bajo  el  centelleo  de  una  estrella  feliz.  Apenas  aparecidas,  un 
grito  de  amor  se  eleva  de  la  multitud.  «Te  saludo,  llena  eres  de 
gracia !:&  Helas  ahí  sagradas,  casi  divinas;  se  apoderan  de  todos 
los  corazones,  todas  las  imaginaciones  se  prendan  de  ellas,  se 
hacen  adorar  por  un  pueblo  de  espíritus.  Las  artes  ponen  toda 
su  inspira  :ion  y  su  poder  para  perfeccionar  su  belleza;  la  pin- 
tura las  reviste  con  una  forma  ideal;  la  música  les  compone 
cantos  maravillosos.  Se  hace  para  ellas,  en  el  alma  de  una  época, 
un  trabajo  análogo  á  la  transfiguración  de  la  mujer  amada  tn  el 
cerebro  de  un  amante. — Pablo  de  Saint-Victor, 
1852. 

Nuestro  viejo  poeta  ha  sentido  heridas  las  fibras  del  senti- 
miento al  saber  la  desgracia  que  hoy  aflije  él  hogar  de  su 
amigo  el  General  Mitre,  y  al  querer  traducir  ese  lenguaje 
del  alma  en  el  lenguaje  escrito,  han  brotado  espontáneamente 
las  delicadas  estrofas  con  que  engalanamos  nuestras  columnas. 

El  alma  de  los  poetas  es  como  las  arpas  eólicas  de  la  anti- 
güedad, y  así  como  la  ligera  brisa  arrancaba  de  sus  cuerdas 
flébiles  melodías,  así  también  el  sentimiento  arranca  del  alma 


* 


212  LO   aUE  TE   Q.UEDA 


tiernas  endechas,  como  las  que  han  brotado  de  la  pluma  de 
nuestro  bardo.  —  Carlos  M,   Ramire;;^, 
1882. 

Según  su  propia,  expresión,  había  empezado  á  escribir  una 
carta  de  duelo,  y  bajo  su  pluma  brotaron  versos.  De  ningún 
modo  más  digno  y  apropiado  podía  pagar  la  deuda  del  senti- 
miento, un  poeta  á  otro  poeta. 

La  nueva  producción  del  fecundo  é  inspirado  poeta  será  leída 
con  placer  en  ambas  orillas  del  Plata.  No  necesitamos  emitir 
opinión  sobre  su  mérito  literario :  basta  el  sello  que  le  imprime 
el  talento  original  del  autor.  —  Agustín  de  Vedia, 
1882. 

<c En  estos  versos,  dice  un  diario  español,  del  laureado  poeta 
oriental,  al  que  tanto  enalteció  aquí  Ventura  de  la  Vega  con  el 
acento  simpático  de  su  palabra,  está  reflejada  la  impresión  pro- 
ducida en  las  márgenes  del  Plata  por  la  pérdida  de  Delfina  Vedia 
de  Mitre,  una  de  las  mujeres  históricas  de  aquellos  países  :i>. 

A  la  par  de  Magariños  Cervantes,  otros  poetas  han  pulsado  su 
lira;  y  no  ha  quedado  un  solo  diario  argentino,  uruguayo  ó  bra- 
sileño que  no  haya  tenido  palabras  de  simpatía  y  respeto  ante  la 
tumba  de  la  que  fué  ornamento  de  los  salones,  modelo  de  madres 
y  esposas,  belleza  encantadora,  escritora  distinguida,  abnegada  y 
sublime  en  las  horas  tormentosas  de  la  patria,  y  siempre  entu- 
siasta por  sus  glorias,  sus  triunfos  y  sus  grandezas. 

Ausente  de  ella,  yo  también  quiero  consagrar  un  recuerdo  á  su 
memoria,  pidiendo  para  Delfína  la  eterna  paz  que  gozan  los 
buenos  en  el  silencio  de  la  tumba,  y  para  el  general  Mitre  y  sus 
hijos,  la  piadosa  resignación  de  los  que  en  nombre  de  los  desig- 
nios de  la  Providencia,  comprenden  que  el  dolor  no  puede  ser 
eterno . . .  — Héctor  F.  Várela, 
1882. 

(i)  A  pesar  de  ser  esposa  del  más  ilustre  de  los  argentinos 
contemporáneos,  de  aquél  que  compendia  en  sí  casi  medio 
siglo  de  la  historia  de  su  país,  y  que  probó  todo  : 

la  gloria 
maggior  dopo  il  periglio, 
la  fuga  e  la  vittoria .... 


LO  OUE  TE  QJJEDA  21) 


due  volte  nella  polvere, 
due  volte  —  suiraltar  ; 
á  pesar  de  todo  esto,  la  esposa  de  Mitre  se  mantuvo  siempre  la 
misma — afectuosa  y  solícita  con  sus  hijos,  consagrada  por  com- 
pleto, al  -cumplimiento  de  sus  deberes  de  madre. 

Las  disipaciones,  las  vanidades  de  los  eminentes  cargos  públi- 
cos, ocupados  por  su  esposo,  no  llegaron  basta  ella.  En  el  invio- 
lado recinto  de  la  familia,  inclinada  sobre  la  cuna  de  sus  hijos; 
ella  vio  con  mirada  tranquila  pasar  sobre  la  cabeza  de  su  esposo 
los  devastadores  huracanes  políticos,  así  como  contempló  serena 
el  rayo  tibio  de  la  popularidad  y  de  la  gloria  posarse  sobre  la 
pálida  frente  de  aquél.  —  La  Patria  Italiana, 
1882. 

(2)  II  ya  des  hommes  en  face  desquels  onne  saurait  s'arréter 
trop  longtemps,  car  il  sont  eux-mémes  un  point  de  station 
dans  rhistoire  de  la  pensée  humaine,  car  ils  sont  á  la  fois  le 
but  ou  tendait  le  passé,  et  le  point  d'ou  les  générations  nou- 
velles  s'élancent  versTavenir. — Henri  Bla^^e. 

1859. 
Las  grandes  personalidades  son  como  cimientos  en  que  se 
afirman  los  pueblos.  Pueblo  hay  que  cierra  los  ojos  á  los  ma- 
yores pecados  de  sus  grandes  hombres,  y  si  necesitado  de  hé- 
roes para  subsistir,  los  viste  de  sol,  y  los  levanta  por  sobre 
su  cabeza. — José  Marti. 
1885. 

(3)  El  hombre  que  ha  ejercido  sobre  su  época  una  influencia 
tan  decisiva,  debía  tener  necesariamente  en  su  interior,  un 
sosten  en  sus  horas  de  desfallecimiento,  y  una  amiga  discreta 
para  guardar  las  embriagueces  del  triunfo. 

Ningún  hombre  es  verdaderamente  fuerte,  si  no  tiene  cer- 
ca de  sí  una  consagración  absoluta,  que  acepta  todas  las  si- 
tuaciones sin  recriminaciones  en  caso  de  mal  éxito,  y  sin  al- 
terarse ame  ningún  resultado  inesperado. 

El  General  Mitre,  á  quien  la  fortuna  nada  ha  rehusado,  ha 
tenido  esta  suprema  felicidad  en  la  vida,  de  encontrar  en  el 
destierro,  cuando  no  tenía  posición  ni  renombre,  uno  de  esos 
seres  privilegiados,   creados   para  el  amor  y  la    consagración, 


214  I-O   QUE  TE   aUEDA 


que  se  dan  sin  reserva  y  por  siempre,  y  á  los    cuales    pueden 
aplicarse  estas  palabras  del  Evangelio: 

«Así  como  amó  á  los  suyos,  los  amó  hasta  el  fin.» 

La  vida  de  la  señora  Delfina  Vedia  está  encerrada  toda 
ella  en  esta  frase.  Amó  á  los  suyos  sin  descanso  hasta  el 
último  suspiro.  —  Courrier  de  la  Plata, 

(4)  En  los  días  de  prosperidad,  como  en  los  de  prueba,  su  con- 
ducta fué  siempre  digna  y  abnegada,  sin  que  la  adversidad  la 
avasallara,  ni  la  popularidad  turbara  la  serenidad  de  su  espíritu. 

Dispuesta  siempre  á  afrontarlas  situaciones  prósperas  ó  adver- 
sas con  ánimo  sereno,  el  General  Mitre  ha  debido  sentirse  con- 
fortado al  encontrar  tan  dignamente  compartidos  los  azares  de 
su  vida. 

Y  no  es  sólo  con  su  digna  resignación  á  todas  las  situaciones 
que  Delfina  ha  cooperado  á  la  carrera  de  su  esposo. 

Dotada  de  una  inteligencia  superior  y,  sobre  todo,  de  un  ca- 
rácter entero  y  firme,  ella  ha  contribuido  ciertamente  con  su 
consejo,  en  las  horas  de  la  intimidad  solitaria,  á  conservar  al 
General  Mitre  en  esa  esfera  de  elevación  moral,  no  desmentida 
jamás,  que  es  el  carácter  distintivo  de  su  carrera  política.  Ella 
ha  contribuido  en  su  esfera  á  esa  escuela  de  moralidad  política, 
que  si  no  es  la  de  los  resultados  inmediatos,  es  la  que  ha  de 
prevalecer  al  fin.  —  Eduardo    Costa, 

Era  más  que  la  compañera  del  esposo!  Era  su  más  podero- 
so auxiliar.  Cuando  La  Nación  comenzó  su  larga  peregrina- 
ción para  tomar  su  sitio  bajo  el  sol,  la  tarea  era  difícil  y 
penosa,  faltaban  recursos,  faltaban  escritores;  pero  la  señora 
de  Mitre,  con  un  raro  talento,  ayudó  efizcamente  al  General 
Mitre  á  encontrar  esos  recursos,  y  suplió  á  los  escritores  que 
faltaban,  haciéndose  ella  misma  escritora:  colaboradora  en  to- 
das las  secciones,  escribía,  traducía,  elegía  los  folletines,  y 
quizá  sin  saberlo  ni  pretenderlo,  adquirió  una  justa  fama  li- 
teraria, entre  los  lectores  de  La  Nación;  fama  que  se  fué  pro- 
pagando poco  á  poco  hasta  que  se  hizo  general,  y  hoy  la 
señora  de  Mitre  es  reputada  como  una  de  las  señoras  de  gus- 
to literario  más  distinguido  que  haya  habido  entre  nosotros. 
(5)  Las  demostraciones  de  aprecio  tributadas  al  general  Mitre, 


.AiMM^t^m-^.:. 


LO   QUE  TE   aUEDA  21 5 


con  motivo  del  entierro  y  funerales,  que  aun  no  se  habían  cele- 
brado cuando  el  autor  le  anticipaba : 

«  El  respeto  y  amor  de  un  pueblo  entero;» 
ultrapasan  á  todo  lo  que   en  casos    análogos  se  había  visto  en 
Buenos  Aires„segun  consta  del  testimonio  unánime  de  toda  la 
prensa  consignado  en   la   corona   fúnebre  de  la  señora  Delfína 
Vedia  de  Mitfe. 

Abrimos  el  libro,  y  tomamos  al  acaso  el  primero  que  se  nos 
presenta. 

«  Un  templo  cubierto  de  crespones  negros  abría  sus  puertas 
para  recibir  la  concurrencia,  invitada  por  el  General  Mitre  á 
elevar  preces  por  el  alma  de  su  compañera  muerta. 

Y  el  templo  de  la  Merced  y  su  espacioso  atrio  eran  pequeños 
para  dar  cabida  á  las  damas  y  caballeros  que  habían  acudido  á 
la  cita. 

Sin  conocer  lo  que  aquello  significaba,  se  diría  que  tenía  lugar 
alguna  de  esas  ceremonias  populares  que  atrae  millares  de  espec- 
tadores: algo  como  el  centenario  de  Rivadavia,  como  el  desem- 
barco de  los  restos  de  San  Martin,  como  la  procesión  de  Gari- 
baldi. 

Sin  pensarlo  tal  vez,  por  un  acto  espontáneo,  instintivo,  la 
población  de  Buenos  Aires  comprendió  que  era  aquella  la  opor- 
tunidad más  á  propósito  para  manifestar  al  General  Mitre,  que 
las  usurpaciones  de  los  qne  mandan  le  han  levantado  más  alto 
en  el  concepto  público,  y  que  todos  han  sentido  la  necesidad  de 
significárselo  así,  asociándose  á  su  dolor  en  los  momentos  crue- 
les que  atraviesa.  » — La  Tribuna  del  Lunes, 

(6)  El  general  Mitre  tiene  una  herida.de  bala  en  la  frente,  que 
por  su  posición  debió  ser  mortal.  Ella  realza  con  el  prestigio 
del  sacrificio  en  aras  de  l.:s  nobles  causas  que  defendió  siempre 
col  senno  é  colla  mano^  la  varonil  expresión  de  su  fisonomía 
inteligente  y  simpática,  sombreada  por  ese  tinte  de  melancolía 
que  se  obser^'a  á  menudo  en  los  hombres  superiores. 

(7)  Guerrero  que  ha  contribuido  en  gran  parte  á  la  erección 
del  edificio  nacional,  que  ha  tomado  las  armas  varias  veces  en 
su  vida  para  llevar  á  sus  conciudadanos  por  el  camino  que 
la  historia  les  trazaba,  sosteniendo  la  cesesion  de  la  provincia 
de  Buenos  Aires  para  llevar  á  las  otras  á    la  ciudad    de  su 


aV.- 


3l6  LO  QJJB  TB  Q.UEDA 


destino,  combatiendo  en  seguida  para  dar  á  la  nación  cons- 
tituida la  sola  cosa  que  le  faltaba  y  que  gracias  al  esfuerzo 
de  veinte  años  de  su  vida  conquistó,  una  capital  digna  de  un 
gran  pueblo  y  que  lo  personifica.  El  general  Mitre  ha  consa- 
grado su  vida  á  escribir  la  historia  de  la  constitución  de  su 
país,  en  medio  de  las  sangrientas  luchas  exteriores  é  interio- 
res de  un  principio;  hizo  más,  dejando  la  pluma  de  tiempo 
en  tiempo  para  tomar  la  espada,  aseguró  en  el  campo  de  ba- 
talla, el  triunfo  de  las  ideas  que  habían  sostenido  aquellos 
cuya  vida  describía:  el  general  Belgrano  y  el  general  San 
Martin. 

Después  de  él,  para  completar  la  historia  de  la  Constitución 
de  la  República  Argentina,  resta   por  escribir  otra:  la  del  ge- 
neral  Mitre.  —  Emilio  Daireaux, 
1887. 

(8)  Véase  el  Apéndice. 

(9)  Se  había  decretado  la  fortificación  de  la  ciudad  (Mon- 
tevideo) y  el  3   de  Febrero   estaba   atrasadísima. 

Era  indispensable  una  artillería  numerosa  para  guarnecer 
nuestra  línea  de  defensa;  pero  en  el  dia  del  desastre  no  exis- 
tían más  que  seis  cañones  de  tren  volante  y  algunas  carro- 
nadas,    bajadas  de  los  buques,  y  montadas  en  cureñas  de  mar. 

No  habiendo  dónde  ni  cómo  adquirir  piezas  de  posición, 
se  habían  arrancado  los  viejos  cañones  de  fierro,  de  la  época 
colonial,  que  servían  de  postes  en  las  calles  de  la  ciudad, 
de  los  que   muchos  resultaron  utilizables. 

Instruían  á  los  artilleros,  Carlos  Paz  y  Bartolomé  Mitre,  que 
fué  el  que  colocó  el  primer  cañón  en  nuestras  trincheras ^  al 
paso  que  se  preparaban  los  libertos  para  soldados  de  infan- 
tería. — Andrés  Lamas. 

1881.  

Montevideo^  Setiembre  11  de  1882. 
Sr.  D.  Bartolomé  Mitre. 
Estimado  amigo: 
Tomé  la  pluma  para  dar  á  Vd.  el  pésame  por  la  irreparable 
pérdida  de  su  noble  compañera,  que  nos  comunicó  el  telégrafo, 
y  noté  al  trazar  algunas  líneas,  que  los  conceptos  que  debía 
expresar  en  prosa,  se  ajustaban  sin  esfuerzo  al  ritmo  de  la  poesía. 
En  las   columnas  de  la  Democracia  de   mañana  encontrará  la 


LO  QUE  TB  Q.UBDA  217 


humilde  siempreviva,  que  como  amigo  de  Vd.  y  como  compa- 
triota de  su^,  adorada  muerta,  pongo  sobre  su  tumba. 

Acompaño  á  Vd.  en  su  dolor,  y  ruego  al  más  j.óven  de  sus 
hijos,  le  dé  un  abrazo  en  nombre  de 
Su.  afectísimo  amigo  : 

A.  M.  C. 


Buenos  Aires,  Setiembre  20  de  1882. 
Sr.  Dr.  A.  Magariños  Cervantes. 
Mi  estimado  amigo: 

Después  de  recibir  su  simpática  carta  de  pésame,  lef  la  bella 
poesía  de  que  Vd.  me  hablaba  en  ella. 

Aun  cuando  dolorosamente  interesado  en  el  asunto,  tal  vez 
no  soy  el  mejor  juez  para  estimar  su  trabajo,  pienso  con 
mi  corazoh  que  esa  composición  es  una  de  las  más  inspira- 
das y  sentidas  que  haya  brotado  de  su  alma  de  poeta. 

Su  lectufa  ha  abierto  en  mí  la  fuente  de  los  grandes  re- 
cuerdos y  de  los  tiernos  sentimientos,  transportándome  á  la 
época  en  que  conocí  en  su  patria  á  la  que  fué  la  constante 
compañera  de  mi  vida,  y  que  he  perdido  para  siempre  en  la 
mía,  en  medio  de  las  bendiciones  de  las  dos  orillas  del  Pla- 
ta, que  la  vieron  nacer,  crecer  y  extinguirse. 

Profundamente  agradecido  á  la  amistosa  expresión  de  sus  sen- 
timientos y  á  la  espontánea  inspiración  de  su  genio  poético 
en  homenaje  de  una  memoria  querida  que  será  eterna  para 
mí,  reciba  Vd.  con  el  afecto  de  mis  hijos  el  cariñoso  abrazo 
que  le  retribuye 

Su  afectísimo  amigo: 

B.  Mitre. 


XIX 


ANTES,  AHORA,  DESPUÉS  " 


A    D.    FRANCISCO   LAGOMAGGIORE 


««« 


Cual  rodea  el  espacio  interminable 
Al  cometa,  cansado  ya  de  huir  ; 
Halla  el  hombre  doquier  el  insondable 
Misterio,  que  rodea  impenetrable 
Su  pasado,  presente  y  porvenir! 
1875. 


(i)  Cinco  lineas  escritas  para  el  Álbum  de  Autógrafos  Americanos, 


XX 

CRUZADA  ARGENTINA  ''> 

(Reseña  histórica) 

AL  DR.   D.   VALENTÍN   ALSINA 

«*♦ 

I 
INVOCACIÓN 

Descended  á  mi  frente  magestuosas 
Imágenes  terribles  del  pasado, 

Y  no  de  verde  palma  ni  de  rosas, 
Sino  de  espinas  coronadla  en  coro: 
De  mi  triste  laúd  desacordado. 

Las  muelles  cuerdas  arrancad  de  oro, 

Y  dejad  solamente  una  de  acero 
Que  vibre  con  mi  cántico  guerrero! 

Alzad  con  vuestra  mano  el  negro  velo 
Que  encubre  de  esos  días  la  alta  gloria, 

Y  mostradme  al  pasar  en  raudo  vuelo 
Los  secretos  que  aun  guarda  en  sus  anales 
La  Musa  virginal  de  nuestra  historia.  (2) 
Recuerdos  y  pasiones  mundanales 

En  mi  pecho  apagad,  y  del  mal  nada 
Quede  en  mi  mente  ya,  purificada! 

Dulces  trovas  y  cantos,  que  escondidos 
Bajo  el  rancho  de  pálidas  totoras, 
En  las  noches  de  invierno,  repetidos 
Al  son  de  la  guitarra,  junto  al  fuego, 
Del  gaucho  encantáis  las  tristes  horas; 
Acudid  tumultuosos  á  mi  ruego, 

Y  pura  reveladme  una  lozana 
Virginal  poesía  americana! 


330  CRUZADA  ARGENTINA 


Desatado  ciclón  que  de  la  Pampa 
Las  nubes  arrollando  al  Plata  vienes, 
Sobre  las  cuerdas  de  mi  lira  estampa 
Tu  vencedor  aliento  de  coloso. 
Mientras  un  punto  en  ellas  te  detienes, 
Que  el  roce  de  tus  alas  fulgoroso 
En  luz  bañe  mi  sien,  y  lava  ardiente, 
Genial  la  inspiración  brote  potente ! 

Sombra  del  gran  Lavalle,  que  sublime 
Presides  á  la  época  que  canto. 
Levántate  del  polvo,  ven,  y  dime 
Los  hechos  de  esta  homérica  epopeya; 
Que  abrasado,  al  oirte,  en  fuego  santo. 
Contigo  cruzaré  la  heroica  huella 
Que  atravesaste  tú,  y  que  salpicada 
Con  tu  sangre  quedó  inmortalizada!  (3) 

Ven,  oh  Lavalle,  ven,  que  desatada 
Mi  inspiración,  al  ver,  fascinadora 
Enclavada  en  la  mia  tu  mirada, 
Cual  de  una  catarata,  confundidas 
Las  aguas  se  desprenden  en  sonora 
Y  majestuosa  unión,  así  reunidas 
Cantaría  mi  voz,  en  dobles  hinos 
Las  glorias  de  Orientales  y  Argentinos! 

II 

LA  GUERRA  ESTALLA  —  ROMPIMIENTO  DE  LA  FRANCIA  CON 
ROSAS  —  DESASTRE  DE   PAGO-LARGO. 

Una  vez  en  la  esfera  todavía 
El  padre  de  la  luz,  su  órbita  bella 
No  había  recorrido,  tras  la  impía 
Guerra  fraterna  que  nos  cuesta  tanto; 
Cuando  de  nuevo  rápida  centella 
Mensajera  infernal  de  guerra  y  llanto, 
Volvió  á  incendiar  en  nuestros  corazones 
El  extinto  vf)lcan  de  sus  pasiones.  (4) 


CRUZADA  ARGENTINA  221 


En  la  margen  derecha  del  gran  río 
Rival  del  Ama^onaSj  que  en  el  mundo 
No  conoce  rival  en  poderío,  (5) 
En  medio  de  la  bárbara  anarquía, 
Aborto  de  Luzbel  se  alzó  iracundo. 
Sanguinario  tirano,  que  un  día 
Las  leyes  con  su  planta  hizo  pedazos, 

Y  ahogó  la  Libertad  entre  sus  brazos. 

De  la  opuesta  ribera,  perseguido 
Por  audaz  enemigo  victorioso, 
A  sus  playas  llegó  el  destituido 
Presidente  legal,  título  infando 
Que  sirvió  de  pretesto  al  ambicioso 
Para  ponerse  humilde  bajo  el  mando 
Del  porteño  Nerón,  y  á  sangre  y  fuego, 
Ser  de  ambos  pueblos  el  azote  luego. 

¿Y  es  posible,  ¡gran  Dios!  que  un  hijo  sea 
De  esta  tierra  infeliz,  el  que  ha  podido 
Concebir  y  abrigar  tan  negra  idea? 
Es  posible  que  así  se  prostituya 
Un  hombre,  que  ella  había  distinguido 
Con  el  aprecio  y  confianza  suya?...  . 
¡Tanto  puede  el  deseo  de  vengarse 
Unido  al  ambición  de  sublimarse ! 

El  vil,  cebado  tigre  que  ensangrienta 
La  infeliz  Buenos  Ayres,  no  contento 
Con  desgarrarla  airado,  su  cruenta 
Zarpa  ominosa  dirigido  había 
Sobre  otra  grey  extraña,  á  cuyo  acento, 
Su  madre  patria — patria  de  valía — 
Cruzando  el  Océano,  desde  el  pino 
Con  la  voz  del  cañón  á  hablarle  vino.  (6) 

Y  ese  mismo  salvaje,  ese  bandido, 
Sin  razón  ni  motivo  tiempo  hacía 


222  CRUZADA  ARGENTINA 


Que  también  á  mi  patria,  consumido 
De  envidia  nada  más,  loco  ultrajaba : 
Cansada  de  sufrir  su  alevosía, 
(Que  también  la  paciencia  al  fin  se  acaba) 
Ella  aceptó  la  guerra,  que  de  hecho 
Declarado  él  le  había  sin  derecho. 

Aliada  ya  estaba  á  la  inesperta. 
Valerosa  Corrientes,  que  indomable, 
Aunque  de  grillos  y  dolor  cubierta. 
Sacudiendo  de  pronto  su  letargo 
Cinco  veces  se  ha  alzado  formidable ; 
Pero  adverso  destino,  en  Pago-Largo 
Sus  armas  abatió  la  vez  primera 
Que  á  la  lid  sin  cuartel  bajó  altanera. 

Allí  sus  nobles  hijos,  tras  reñida 

Y  desigual  contienda,  prisioneros, 
Ultimo  adiós  dijeron  á  la  vida. 
Segando  sus  gargantas  el  cuchillo 
De  sus  cobardes  enemigos  fieros ; 

Y  allí,  Beron  de  Astrada^  su  caudillo, 
/  Muera  Rosas ! ... .  intrépido  decía. 
Cuando  una  lanza  el  corazón  le  abría.  (7) 

Sometida  Corrientes,  libre  el  paso 
Al  engreído  vencedor  quedaba 
Para  invadir  el  Uruguay,  y  acaso 
A  la  misma  coyunda  someterlo  : 
Esta  vana  esperanza  le  halagaba, 

Y  creyendo  en  sus  manos  ya  tenerlo. 
Sus  campos  devoraba  con  la  vista 
Esperando  un^  seña,  para  en  lista 

Carrera,  dar  un  salto,  cual  la  llama 
De  aleve,  oculta  mina  tronadora, 
Al  opuesto  lindel,  y  hasta  la  grama 
Devorar  de  sus  fértiles  llanuras ; 


CRUZADA  ARGENTINA  223 

Que  al  batir  de  su  planta  asoladora 
Convertidas  en  hondas  sepulturas, 
Tragando  fuesen,  si  posible  fuera, 
La  nación  Uruguaya  toda  entera. 

Para  secar  con  hálito  de  muerte 
La  aurífera  semilla,  que  fecunda 
En  su  suelo  incrustó  con  brazo  fuerte 
La  civilización  llena  de  vida : 
Para  absorber  la  savia  que  la  inunda, 
La  savia  del  progreso  alli  escondida, 
Que  la  nutre  y  la  va  desarrollando. 
Como  al  cuerpo  la  sangre  circulando. 

Para  hacer  que  las  llamas  devorasen 
Los  techos  que  ofrecieron  un  abrigo 
A  míseros  proscriptos,  y  no  hallasen 
Dónde  posar  la  frente,  sin  recelo 
De  su  implacable  y  bárbaro  enemigo  ; 
Para  que  horrible  y  triste,  como  un  velo 
Que  de  noche  tremola  ensangrentado. 
Suspenso  de  una  cruz,  en  apartado 

Camino  solitario,  de  repente, 
Al  levantar  su  cetro  ese  tirano. 
Escondiendo  su  disco  en  el  Oriente 
El  Sol  de  Libertad,  cuál  se  desata 
De  la  desierta  Pampa  tropel  vano 
De  negras  y  anchas  nubes,  asi  el  Plata 
Sus  ondas  encrespase  cuando  viera 
Que  tocaba  desde  una  á  otra  ribera ! 

III 

LAVALLE  AL  FRENTE  DE  LA  REVOLUCIÓN 

¿Realizará  el  tirano 
Su  empeño  abominable? 
¿  No  habrá  un  solo  Argentino 
Que  desenvaine  el  sable, 
Y  vengue  de  Corrientes 
La  acerba  humillación  ? 


224  CRUZADA  ARGENTINA 

¿En  todo  el  gran  pedazo 

De  tierra  generosa 

Por  donde  corre  el  Plata, 

Un  alma  valerosa 

No  se  halla,  que  del  suelo 

Levante  su  pendón? 

Aquí  en  Montevideo, 
Pueblo  escogido  y  fuerte. 
Donde  cayendo  herida 
Por  enemiga  suerte, 
Más  de  una  vez  su  asilo 
Buscó  la  Libertad; 

Aquí  donde  se  encuentra 
La  flor  de  los  valientes 
Del  Argentino  suelo, 
Y  sin  temor,  las  frentes 
Con  arrogancia  pueden 
Soberbios  levantar ;( 8) 

¿No  habrá  ningún  patriota. 
Que  noble  sienta  el  pecho 
Latiendo  presuroso 
Muy  débil,  muy  estrecho 
Para  encerrar  su  ira, 
Dolor  é  indignación? 

Uno  no  habrá  que  mártir 
Sucumba  si  es  preciso?.... 
I  Mil  hay  !  —  y  ya  á  su  frente 
Se  eleva  de  improviso. 
Un  héroe  americano' 
De  grande  corazón. 

Lavalle  I  el  valeroso. 
Perínclito  guerrero. 
Valiente  entre  valientes. 


CRUZADA  ARGENTINA  225 


Que  desnudó  su  acero 
Al  grito  sacrosanto 
De  Patria  y  Libertad. 

Lavalle!  el  digno  apóstol 
De  esa  cruzada  heroica, 
Que  á  su  llamado  alzóse 
Con  fortaleza  estoica, 
Para  salvar  su  patria 
Esclava  de  un  sultán. 

Miradle !  entre  sus  manos 
Flamea  la  bandera. 
Que  en  la  nevada  cumbre 
Del  alta  Cordillera, 
En  días  más  gloriosos 
Clavó  altanero  él. 

La  misma  que  en  Río-Bamba 
Flamear  hizo  triunfante, 
Donde  antes  de  los  cinco 
Lustros,  de  honor  radiante. 
Ciñó  su  joven  frente 
Con  inmortal  laurel.  (9) 

El  es  —  el  escogido  — 
En  cuyos  hombros,  santo 
El  soplo  del  Eterno, 
Deja  caer  el  manto 
De  espinas  y  de  fuego. 
Que  al  mártir  reservó. 

¿No  veis  como  chispean 
Sus  ojos  centellantes, 
Y  grande  un  pensamiento 
Pilata  por  instantes. 
Los  pliegues  de  su  frente, 
Que  algún  pesar  nubló? 


226  CRUZADA  ARGENTINA 

Tal  vez  en  ese  instante 
Concibe  la  grandeza, 
Obstáculos  y  riesgos 
Del  atrevida  empresa, 
Que  con  su  nombre  y  brazo 
Se  apresta  á  consumar: 

Acaso  vaga  incierto, 

Y  en  duda  y  esperanza. 
Vencido  ya  se  mira, 
Ya  vencedor  alcanza 

El  lauro  que  sus  sienes 
Habrá  de  coronar. 

No  tiembla,  no,  cualquiera 
Que  sea  su  destino. 
Cualquiera  los  tropiezos 
Del  áspero  camino 
Que  atravesar  es  fuerza. 
Irá  él  á  combatir; 

Y  á  todos  los  reveses 
Amurallado  el  pecho, 
Confiando  incontrastable 
En  Dios  y  su  derecho, 
A  realizar  su  empresa 

O  en  ella  á  sucumbir!  (lo) 

IV 

BATALLA      DEL     YERUÁ  —  ALZAMIENTO     DE      LA     PROVINCIA 
DE  CORRIENTES  Y   EL   SCD   DE   LA   DE  BUENOS  AIRES 

Y  apena  en  Entre?  ríos 
Brillar  haga  triunfante 
La  azul  v  blanca  enseña, 
Se  elevará  radiante 

El  Sol  esplendoroso 
Del  inmortal  Ycniá. 


CRUZADA   ARGENTINA  327 


Y  en  pos  de  la  victoria, 
Al  brillo  de  su  acero 
Rompiendo  sus  cadenas, 
Como  un  solo  guerrero 
En  pié  Corrientes  toda 
De  pronto  se  alzará. 

Al  Sur  de  Buenos-Aires 

Señores  y  peones 

Se  agruparán  en  masa, 

Y  en  todas  direcciones 
Verán   correr  á  ellos 
Briosa  juventud: 

Donceles  venturosos 
Criados  entre  flores, 
Para   los  cuales  bella 
La  vida  en  sus  albores, 
Un  mundo  de  esperanzas 
hes  reservaba  aún; 

Donceles  cuyos  labios 
Ansiosos,  todavía 
No  habían  apurado 
La  copa  de   ambrosía, 
Que  llena  les  brindaba 
La  gloria  y  el  amor: 

• 

Pero  esperanzas,  gloria. 
Amores  y  ventura. 
Sarcasmo  sólo  eran 
Cuando  la  mano  impura 
De  horrible  tiranía 
Las  deshojaba  en  flor. 

Y  en  vano  acometidos 
Por  tropa  veterana, 
Sin  armas  y  sin  jefes. 
Vencidos  por  villana 


aa8  CRUZADA  argentina 


■*^«W^^  f  i    *  w     .. 


Traición,  ensangrentados 
En  Chascomús  caerán  ; 

En  vano  allí   Castelliy 
Como  Beron  de  Astrada, 
Envuelto  en  sangre  y  humo, 
El  alma  no  domada 
Podrá  por  cien  heridas 
Apenas  exhalar,  (ii) 

En  vano ! .  . . .  perseguidos, 
Diezmados  á  balazos, 
Sin  salvación  ni  guía, 
Doquier  hechos  pedazos, 
Más  ardorosos  ellos 
Levantarán  la   sien  ; 

Y  en  estrangeras  naves 
El  piélago  surcando. 
Con  húmeda  pupila 

Su  patria  contemplando, 
Irán  dó  esté  Lavalle 
Para  morir  con  él!  — 

Tan  noble  y  espontáneo. 
Tan  grande  y  elocuente 
Este  hecho  es  por  sí  solo, 
Que  él  muestra  claramente 
Su  amor  hacia  los  libres, 

Y  su  odio  á  la  opresión. 

Dejar  asi  el  gaucho 
Su  /*»i^n>  tan  querido, 
Su  ospoíut  Y  jpjrci^ros^ 
El  nifK  Av>  do  ha  nacido 
Su  n\udo  /^*ir<7VTi\ 
Los  hijos  de  su  amor! 


CRUZADA  ARGENTINA  2^9 


Y  en  cambio  destas  cosas 
Que  son  su  vida  y  alma, 
Sobre  el  odiado  pino 
Subir  con  fría  calma, 

Y  las  temidas  ondas 
Gustoso  atravesar. 

• 

Para  ir  lejos,  muy  lejos 

A  incorporarse  á  un  hombre, 

Contra  el  que  había  luchado 

Y  hasta  execraba  el  nombre. 
Antes  que  contra  Rosas 

Se  levantase  audaz!  (12) 


BATALLA   DE   CAGANCHA 

A  una  señal  del  tirano 
Sus  gavillas  mercenarias, 
Se  lanzaron  temerarias 
Sobre  la  Banda  Oriental; 

Y  enclavaron  en  sus  campos 
Su  rojo  pendón  sangriento 
Que  hacia  ondear  el  viento 
Cual  mortaja  funeral. 

Engreídos  por  el    triunfo 

Y  su  número,  avanzaron, 

Y  el  Uruguay  vadearon. 
Cantando  victoria  ya. 

Que  aunque  esclavos  miserables 
Ocho  mil  eran,  al  paso 
Que  nuestro  ejército  escaso. 
Tres  mil  no  tenía  quizá. 

Llegaron  hasta  la  margen 
Que  riega  el  Santa  Lucia. 


^3^  CRUZADA  ARGENTINA 


Y  con  soberbia  ufanía 
Sentaron  su  campo    allí. 

Y  una  mañana,  al  aviso 

De  un  traidor,   traidoramente 
Se  lanzaron  de  repente 
Con  rabioso  frenesi, 

Sobre  la  hueste   patriota, 
Que  descuidada  á  su  espalda. 
De  una  cuchilla  en  la  falda 
Vagaba  sin  inquietud ; 

Y  que  los  vio,  cuando  airados 
En  la  cumbre  apareciendo, 
Sobre  ella  con  ronco  estruendo 
Bajaban,  cual  roja  luz. 

Que   del  seno  de  las  nubes 
Serpeando  se  desprende, 

Y  los  espacios  trasciende 
Con  ímpetu  asolado  r: 

O  como  gigante  mole 
De  elevadísima  roca. 
Cuando  abre  su  enorme  boca 
El  cráter  centellador. 

Fué  terrible  el  primer  choque  ! 
La  confusión  y  el  espanto 
Cundió  como  por  encanto 
En  la  patricia  legión  ; 
Que  á  pié,  sin  orden,  turbada 
Por  tan  súbita  embestida. 
Procuró  despavorida 
En  la  fuga  salvación. 

Pero  unos  pocos  valientes. 
De  aquellos  que   el   rudo  embate 
Del  infortunio,  no  abate 
Por  grande  que   pueda  ser  ; 


CRUZADA  ARGENTINA  33 1 

Sable  en  mano,  sobre  el  potro 
No   ensillado  se  lanzaron, 

Y  con   ellos  se  estrellaron 
Para  morir  ó  vencer. 

Huyeron  los  miserables 
Sin  pelear,  como   esclavos, 
Ante  un  puñado  de  bravos 
Que  los  seguía  en  tropel. 
Ante    esos  mismos,  que  acaso 
Piedad  no   ha  mucho  imploraban 

Y  que  ora  los  lanceaban 
Por  detrás  con  ira  cruel. 

Sus  compañeros  que  en  tanto 
Vagaban  desprevenidos, 

Y  en  degollar  los  heridos, 
Se   ocupaban  nada  más; 
Al  verlos  acuchillados 
Terror  á  su  vez  sintieron, 

Y  amilanados  huyeron 
Sin  volver  la  vista  atrás. 

Salud  Cagancha  ! tremenda 

Tu  magnífica  llanura. 
Se  convirtió  en  sepultura 
De  todo  el  bando  opresor. 

Salud  Cagancha  ! sus  huesos 

Que  aún  choca  allí  sordo  el  viento, 
Allí  están,  para  escarmiento 

Y  oprobio  del  invasor  ! 

Gloria  eterna  á  los  valientes 
Que  su  patria  libertaron, 

Y  con  su  sangre  sellaron 
Su  juramento  inmortal. — 

Si  ella  es  libre,  lo  es  tan  sólo 
Merced  al  esfuerzo  suyo: 


33  3  CRUZADA  ARGENTINA 

, r^     T-BW     ■     ^  ■         ^^M         ■■ I ■ * 

Puede  decir  con  orgullo 
Doquiera  «¡  soy  Oriental ! » 

Salud,  general  Rivera, 
Vuestro  brazo  en  ese  día 
Sostuvo  la  patria  mía, 
Que  iba  exánime  á  caer ; 

Y  esa  patria  agradecida 
Digno  laurel  os  decreta, 

Y  la  lira  del  poeta 

Hoy  os  nombra  con  placer.  (13) 

VI 
D.    CRISTÓBAL — SAUCE  GRANDE 

Gloria  á  tí  Sol  de  Cagancha ! 
Con  resplandor  soberano. 
En  la  patria   de  Belgrano 
Brillar  tu  disco   se  vé. 

Y  Lavalle  victorioso 
Con  más  arrogantes  bríos, 
Pone  á  EcHAGUB  en  Entrerrios 
Sobre  la  garganta   el  pié. 

Al  tronar  de  los  cañones 
Anunciando  el  triunfo,  fieras 
Las  provincias  altaneras 
Su  cadena  rompen  ya, 
Con  el  ímpetu  y  arrojo 
Entusiasmo  y  arrogancia. 
Que  creciendo  á  la  distancia 
Esta  victoria  les  dá. 

Z).  Cristóbal! otro  vate 

Le  ha  consagrado  un  poema, 

Y  no  quiero  á  su  diadema 
Una  hoja  sola  arrancar. 
Solo  diré  (pues  lo  exige 


If, 


CRUZADA  ARGENTINA  333 

Mi  narración)  que  ese  día, 
Merced  á  su  infantería 
EcHAGUE   pudo  escapar. 

Y  con  ella  y  sus  cañones 
Retrocediendo  veloce, 
En  Sauce-Grande  situóse, 
Dó  más  tarde  le  atacó 
Lavalle,  que  por  tres  meses 
Allí  lo  tuvo  encerrado, 
En  el  círculo  menguado 
Que  su  lanza  le  trazó. 

Mas  fué  rechazado....  y  firme 
Sin  desmayar,  prontamente 
Embarcó  toda  su  gente. 
En  buques  que   el  Paraná 
Cruzaban,  y  protegido 
Por  la  marina  francesa, 
A  más  atrevida  empresa 
Se  lanzó  sin  vacilar. 

VII 
EN    MEDIO  DEL    PARANÁ 

Como  en  medio  de  las   ondas 
Que  el  río  Tajo  sustenta, 
A  merced  de  la  tormenta, 
Sin  amparo  ni  guardián. 
Iba  en  una  canastilla 
Oculta  una  criatura. 
Que  debía  en  lucha  dura 
Romper  el  cetro  de  Islam;  (14) 

Sobre  las  inquietas  ondas 
Del  Paraná  turbulento, 
Combatida  por  el  viento 


^34  CRUZADA  ARGENTINA 

En  el  seno  de  un  bajel, 

Oculta  va  la  esperanza 

De  todo  un  pueblo  oprimido, 

Y  el  salvador  prometido 
Que  espera  con  ansia  él. 

Oculto  va  y  comprimido 
Un  torrente  de  guerreros, 
Que  mañana  en  sus  linderos 
El  bajel  vomitará ; 
Cual  vomita  el  Cotopaxi 
Cuando  colmado  rebosa, 
La  lava  que   tumultuosa 
Hirviendo  en  su  seno  está. 

Pero  ay !  que  también  Pacheco 
Por  las  márgenes  ¿el  río , 
Acechando  va  sombrío 
La  desmontada  legión  : 

Y  en  ella  fijos  los  ojos 
Como  el  halcón  en  su  presa, 
Camina  en  pos  y  no  cesa 
De  cbseñ'ar  su  dirección. 

¡Pobre  legión  I  sin  caballos 
Abandonada  al  acaso, 
¿Do  dirigirá  su  paso 
Que   no  se  lo  impida  él? 
¿Cómo  resistir  el  cheque 
Do  sus  fuertes  escuadre  res. 
Que  en  doblados  escalones 
Ocupan  todo  el  lindel? 

Oh.   que  horrible  rara  ellos 
Sor  dobia  or.  oso  irstanio. 
Por  dotx^is  y  per  doI.i:.:e 
Cual  lantasn^x  aterrador, 
v\  ntcn^plat  á  sv.   ov.v:rÍ4;v^ 


CRUZADA  ARGENTINA  235 


Paso  á  paso  ó  de  carrera, 
Aparecerse  doquiera 
Con  ceño  amenazador! 

Y  mirar  la  quieta  margen 
De  la  orilla  tan  cercana, 

Y  en  la  llanura  lejana 
Libres  los  potros  vagar  ; 

Y  no  poder  en  la  orilla 
Tocar  la  nave  ligera, 

Ni  con  su  mano  siquiera 
Un  potro  de  esos  toillar ! 

Y  ver  el  Sol  cada  tarde 
Esconderse  en  Occidente, 
Sin  que  dejara  en  su  frente 
La  esperanza,  que  tal  vez 
Cuando  asomara  de  nuevo 
Los  hallaría  sin  penas. 
Combatiendo  en  las  arenas 
Del  río  que  cárcel  es  ! 

Cómo  bajar?  preguntadlo 
A  esos  jóvenes  ardientes. 
Que  se  lanzaron  valientes 
Del  noble  jefe  á  la  voz; 

Y  en  un  día  señalado 
La  trajeron  á  la  orilla. 
La  numerosa  tropilla 
Que  los  salvó,  vive  Dios  ! 

El  Paraná  los  ha  visto 
En  sus  islas  perfumadas. 
Con  sus  grandes  caballadas 
Azotándose  pasar. 
Ocultándose  en  sus  bosques 
Al  rayar  la  luz  del  día, 


336  CRUZADA  ARGENTINA 

Y  en  pos  de  la  noche  umbría 
Sus  ondas  atravesar. 

El  Paraná  los  ha  visto 
En  sus  aguas  sumergidos, 
Cansados,  más  no  abatidos 
Con  las  olas  combatir. 

Y  cuanto  más  arrogante? 
Pasaban  por  cima  dellos, 
Con  más  altivez  sus  cuellos 
Ahogándose  casi,  erguir. 

Loor  y  gloria  á  esos  valientes! 
Sin  ellos  nada   podrían 
Haber  hecho.  •  . .  morirían.. .  . 
Lavalle  no  se  engañó. 
Eran  dignos  descendientes 
De  la  raza  no  domada. 
Que  en  Sipc   y  Cancha  Rayada 
Sin  desalentar  cayó. 

Ay  de  Pacheco  !  ya  suena 
De  su  derrota  la  hora, 
La  legión  libertadora 
Caballadas  tiene  ya. 

Y  una  división  tan  sólo 
Por  Lavalle  acaudillada, 
Se  adelanta  denodada, 
Al  Tala  donde  él  está. 

Ay  de  Pacheco!  la  noche 
Entre   su  lóbrego  manto, 
Ocultará  su  quebranto 
Su   angustia  y  doler  cruel: 
Mas   verá  cuando  el  Sol  nazca 
En  cada  patricia  frente, 
Una  corona  esplendente 
De  siempre-viva  y  laurel! 


CRUZADA    ARGENTINA  237 

VIII 
CAÑADA  DE   LA   PAJA 

Bate  el  suelo,  bufa  y  brama 
El  enlazado  novillo, 
Cuando  acerado  cuchillo 
Le  desgárrela  veloz. 

Y  en  el  momento  que  el  lazo 
Le  hace  rodar  por  el  suelo. 
Aun  quiere  en  su  vano  anhelo 
Levantarse  más  feroz. 

Así  ese  torpe  gaucho 
Que  en  Buenos-Aires  impera. 
Cuando  una  herida  certera 
Postrado  le  deja  al  fin. 
Con  bravatas  y  alaridos 
Ardiendo  en  sed  de  venganza, 
Relucha  bajo  la  lanza 
Del  vencedor  paladín. 

Apenas  supo  el  desastre 
Que  Pacheco  había  sufrido, 
Como  el  Puma  perseguido. 
Cobarde  un  rugido  dio; 

Y  allá  en  los  Santos  Lugares 
De  infanda  memoria  odiosa. 
Con  su  mashorca  alevosa 
Sus  fuerzas  reconcentró. 

Porque  á  lo  lejos  se  vían 
Flotar  azules  pendones, 

Y  de  libres  campeones 
Inmensa  hueste  venir; 
Cuya  vanguardia  triunfante 
Sólo  con  alzar  su  espada. 
De  la  Paja  en  la  Cañada 
Sus  gavillas  hizo  huir. 


238  CRUZADA  ARGENTINA 

IX 
FRENTE   A   BUENOS  AYRES 

Ya  están  frente  á  Buenos  Ayres ! . . . 
Ya  divisan  majestuosas, 
Sus  blancas  torres  hermosas 
Coronadas  de  una  cruz  : 
Clavada  la  vista  en  ellas, 
Latiendo  el  pecho  de  gozo, 
Con  indecible  alborozo. 
Con  amorosa  inquietud : 

A  su  pupila  asomando 
Una  lágrima  furtiva, 
Alzando  la  frente  altiva 

Y  los  brazos  á  la  par. 

La  miran y  de  repente 

Un  grito  hiende  los  aires: 
Buenos  Ayres!  Buenos  Ayres! 
Buenos  Ayres  ! allí  está  ! 

Y  todavía  dudosos 

E  inciertos  de  lo  que  miran. 
Los  ojos  en  torno  giran 
Preguntándose  á  una  voz  : 
— Es  Buenos  Ayres,  no  es  cierto? 
— Sí,  responden:  y  en  desmayo. 
Van  deteniendo  el  caballo 
Para  mirarla  mejor. 

Sí,  proscriptos,  es  la  misma 
Buenos  Ayres,  el  ensueño 
De  vuestra  vida,  el  risueño. 
Perdido  Sol  que  buscáis! 
El  umbroso  y  fresco  Oasis 
De  vuestro  ingrato  desierto. 
El  tranquilo,  ansiado  puerto 
De  vuestro  irritado  mar ! 


•• 


CRUZADA    ARGENTINA  239 

Es  la  misma  Buenos  Ayres 

Que  en  otros  días  de  gloria, 

El  ángel  de  la  victoria 

A  su  carro  encadenó  : 

La  que  un  día  con  su  diestra 

Arrebató  á  su  tirano 

Todo  un  mundo  americano, 

Y  encima  se  lo  arrojó! 

Buenos  Ayres,  si,  la  misma 
Patria  de  excelso  renombre. 
Que  Luzbel  trocado  en  hombre 
Sorprendió  dormida,  y  vil 
Con  los  pendones  y  lauros 
Que  componían  su  lecho. 
Le  fué  atando  en  lazo  estrecho 
Pies  y  manos  sin  sentir  I 

Allí  está pero  cubierta 

De  infamia,  dolor  y  espanto. 
Tragando  su  acerbo  llanto 

Arrodillada,  allí  está 

Sólo  espera  veros  cerca 
Para  alzarse  furibunda, 

Y  con  el  pié  su  coyunda 
A  su  verdugo  lanzar  I 

Venid!  venid!  nadie  puede 
El  paso  impediros  ora! 
Piedad  y  perdón  ya  implora 
De  Rosas  la  chusma  vil ! 
Venid  !  venid !  azorado 
El  tigre  mismo  se  esconde, 

Y  ansioso  busca  por  donde 
Podrá,  sin  ser  visto,  huir! 

A  ellos !  á  toda  brida. 

Sable  en  mano,  y  á  la  carga! 

Entre  horrísona  descarga 


240  CRUZADA  ARGENTINA 


No  deis  á  nadie  cuartel ! 
Caigan  en  su  sangre  envueltos 
El  tirano  y  sus  sicarios ; 

Y  pues  son  tan  sanguinarios, 
Con  sangre  apagad  su  sed! 

Venid  á  romper  los  grillos 

De  un  pueblo  infeliz  que  os  llama, 

Y  en  su  delirio  derrama 
Llanto  de  gozo,  al  mirar, 
£1  alba  tan  suspirada 

De  su  libertad,  que  el  cielo 
Burlándose  de  su  anhelo 
Retardaba  sin  piedad! 

Venid !  que  ya  vuestros  padres. 
Vuestras  espesas  é  hijos, 
Con  secretos  regocijos 
Celebran  vuestra  reunión : 

Y  desde  lejos  os  abren 

Sus  brazos,  que  al  peso  ceden 
De  su  cadena,  y  no  pueden 
Levantarse  más,  por  Dios ! . . . . 

Adelante  ! . . .   que  radioso 
El  Sol  que  mañana  alumbre, 
Entre  libre  muchedumbre 
Os  sorprenda  en  las  ciudad, 
A  la  cincha  de  los  potros 
Por  las  calles  arrastrando, 
De  su  verdugo  nefando 
El  cadáver  infernal! 

Mas,. , ,  qué  idea  pavorosa 

Como  ráfaga  nocturna, 

En  hi  frente  taciturna 

De  Lavalle  deslizó? 

Por  qué  atnis  sus  ojos  vuelve 


CRUZADA  ARGENTINA  24 1 


Como  incierto  y  receloso, 

Y  con  brazo  tembloroso 
De  pronto  para  el  bridón? 

Qué  infausta  idea  maldita 
Ofusca  su  pensamiento?' 
Por  qué  con  terrible  acento 
Tres  veces  repite  :  atrás !  !  I 

Y  sus  fieles  compañeros, 
Entre  airados  y  dudosos, 
Vuelven  el  rostro  llorosos 
Para  mirar  la  ciudad ; 

La  ciudad  que  se  divisa 

A  tan  pequeña  distancia  ! 

Oh  !  miradla  con  el  ansia 
Con  que  celoso  amador. 
En  el  instante  postrero 
De  dejar  su  cara  amiga, 
Vé  á  su  lado  otro  que  abriga 
Por  ella  vivaz  pasión! 

Oh!  miradla  con  el  ansia 
Con  que  al  partirse  del  mundo, 
Un  anciano  moribundo 
A  su  hijo  en  la  cuna  vé  I 
Oh  !  miradla  bien,  miradla 

Hasta  de  vista  perderla 

Tal  vez  no  volváis  á  verla, 
A  morir  marcháis  tal  vez!.... 


HAZAÑAS   DE   LA   MASHORCA 

Y  se  fueron!....  y  luctuosa 
Envuelta  en  pálido  velo. 
Cuando  esa  tarde  en  el  cielo 
La  luna  mostró  su  faz. 
Tan  sólo  encontró  en  el  suelo 

x6 


242  CRUZADA  ARGENTINA 


La  huella  de  sus  corceles, 

Y  deshojados  laureles 
Tirados  aquí  y  allá. 

Y  del  crepúsculo  errante 
A  la  sombra  y  luz  incierta, 
De  una  mortaja  cubierta 

Y  enorme  cadena  al  pié, 
Eñ  el  borde  de  una  tumba 
Recien,  recien  preparada. 
Tristemente  arrodillada 
Doliente,  bella  mujer: 

Y  atrás,  levantado  el  brazo 
Armado  con  ancha  daga. 
Sayón  fiero  que  la  amaga. 
Cercado  de  banda  cruel 
De  famélicos  lebreles. 

Que  esperando  que  la  hiera. 
En  doble,  apiñada  hilera, 
Ahullando  están  de  placer, 

Pero  parece  que  teme 

El  asesino  cobarde, 

Que  alguien  acuda  y  resguarde 

A  su  víctima  infeliz  ; 

Pues  temblando  á  cada  instante 

Ya  de  pavor,  ya  de  enojos. 

Inquieto  vuelve  los  ojos 

Al  irla  irritado  á  herir : 

Y  extendiendo  sus  miradas 

Por  la  desierta  llanura, 

Presta  el  oído,  y  procura 

A  lo  lejos  distinguir 

Los  objetos,  v  el  murmullo 

Que  hace  el  viento  entre  las  hojas. 


CRUZADA  ARGENTINA  243 


Preludiando  las  congojas 
Del  ángel  que  gime  allí. 

Mas  de  repente,  seguro 

Que  nadie  vendrá  en  su  ayuda, 

Con  una  sonrisa  muda 

Imposible  de  pintar, 

Sobre  ella  se  arroja,  y  rápido 

Asiéndola  del  cabello, 

Le  pone  el  pié  sobre  el  cuello, 

Y  le  esconde  su  puñal, 

Una,  dos,  tres,  veinte  veces 
En  el  seno,  que  á  raudales. 
De  sus  fibras  virginales 
Deja  escapar  el  humor; 
Cual  de  una  colmena  henchida 
La  fragante  miel  se  escapa. 
Si  pica  un  ave  la  capa 
Que  la  ciñe  en  derredor. 

Horrible!  horrible! á  los  gritos 

De  su  amo,  los  lebreles 
Sobre  el  cadáver  crueles 
Se  abalanzan  á  la  vez. 
Disputándose  cuál  de  ellos 
Beberá  más  diligente, 
Toda  la  sangre  que  hirviente 
De  sus  llagas  brota  él ! 

Horrible!  horrible!  á  los  gritos 
De  su  amo,  cuando  apenas 
Han  bebido  de  sus  venas 
La  postrera  gota,  en  pos 
Entre  todos  el  cadáver 
Se  disputan  con  fiereza, 
Y  cada  uno  su  presa 
Muestra  en  los  dientes,  feroz! 


244  CRUZADA  ARGENTINA 


Tal  fué  entonce  tu  destino, 

Y  tal  tu  maldita  estrella, 
Oh  Buenos  Ayres!  tan  bella 
Como  incauta  é  infeliz! 

Libre  de  angustias  el  monstruo 
Que  te  oprime  omnipotente, 
Determinó  aunque  inocente 
Saciar  su*  rencor  en  tí. 

Tú  has  visto  á  la  luz  del  día 
Una  cuadrilla  de  vándalos. 
Con  inauditos  escándalos 
Tu  recinto  profanar; 
Segando  el  cuello  á  tus  hijos 
Con  sierras  desafiladas, 

Y  de  cintas  adornadas 
Sus  cabezas  pasear! 

Tú  has  visto  á  la  luz  del  día, 

Manchada  por  esas  fieras. 

De  tus  hijas  hechiceras 

La  pureza  virginal. 

Flor  del  aire  delicada 

Que  el  menor  soplo  consume, 

Y  que  pierde  su  perfume 
Con  tocarla  nada  más. 

Tú  has  visto  correr  la  sangre 
Por  calles,  templos  y  plazas, 

Y  sobre  humeantes  brasas 
Vivos  los  hombres  arder; 

Y  en  torno  volando  el  genio 
Do  la  Inquisición  tremenda, 
Soltar  carcajada  horrenda 

Al  vor  tu  parodia  cruel  I 

Tú  has  escuchado,  espantoso, 
Do  los  labios  dol  tirano, 


CRUZADA  ARGENTINA  245 

Torpe  anatema  inhumano 
De  muerte  y  confiscación : 
De  esa  ley,  que  condenada 
Por  ley  humana  y  divina, 
Hoy  solamente  domina 
Donde  hay  despotismo  atroz. 

Tú  has  visto  como  animales 
Las  humanas  criaturas, 
Tiradas  sin  sepulturas 
En  un  sucio  muladar  — 

Y  de  noche  su  alma  en  pena, 
Con  gemidos  lastimeros, 

A  los  perdidos  viajeros 
Una  tumba  demandar! 

Tú  has  visto,  qué  infamia!  al  huérfano, 
Al  inválido  y  mendigo. 
Arrancados  del  abrigo 
Que  les  dio  la  caridad. 
Con  férrea  mano  empujados 
Al  borde  del  precipicio. 
Despeñados  ay!  del  vicio 
Hundirse  en  el  lodazal ! 

Tú  has  visto  el  hogar  manchado 
De  espionaje  y  dolo  lleno, 

Y  de  la  esposa  en  el  seno 
TcmblaiiJo  al  esposo  infiel! 

Y  el  hermano  dentro  el  pecho 
Del  hermano,  fratricida. 
Hundir  el  hierro  homicida 
Con  diabólico  placer! 

Tú  has  visto  ¡  oh  pueblo !  y  el  labio 
Tiembla  al  decirlo,  tú  has  visto 
A  los  ungidos  de  Cristo 
Con  sacrilega  impiedad, 


346  CRUZADA  ARGENTINA 


En  SU  cabeza  bendita 
Sentados  en  el  banquillo, 
Imprimirles  el  cuchillo 
El  sello  de  Satanás! 

Tú  has  visto,  en  fin,  cuánto  crimen 

En  los  antros  infernales, 

Atesora  en  sus  raudales 

La  negra  fuente  del  mal; 

Dó  ardiendo  en  llamas,  ahullan 

Y  se  tuercen  los  precitos, 
Ahogados  por  los  delitos 
Que  eterno  su  duelo  harán 

Y  has  inclinado  la  frente 
Sin  exhalar  un  gemido. 

Ni  aun  cuando  el  hierro  encendido 

Resbalaba  por  tu  sien: 

Dó  la  Marca  del  gaucho 

En  señal  de  cautiverio, 

Paia  escarnio  y  vituperio 

Sus  letras  dejó  en  la  piel! 

Y  esas  letras  estampadas 
En  tu  frente,  noche  y  día 
Turban  tu  paz  y  alegría 
Reflejándose  doquier. 

Y  ay!  Buenos  Aires,  su  huella 
Sólo  con  sangre  se  borra, 
Con  sangre  impura  que  corra 
Pe  tu  misma  hollada  sien! 

Pero  ahora,  desamparada 

Y  A  merced  de  tu  enemigo, 
Sin  protección,  sin  abrigo, 
Cubierta  do  heridas  mil, 

A  quien  volverás  los  ojos? 

Y  qué  mano  bondadosa 


CRUZADA  ARGENTINA  247 

Querrá  enjugar  afectuosa 
Tu  llanto,  y  luchar  por  tí? 

Lavalle  !  por  qué  te  has  ido  ? 
Por  qué  le  has  vuelto  la  espalda, 
Y  de  flores  la  guirnalda 
Que  tejía  y  te  iba  á  dar, 
En  espinas  convertido  ?. .  . . 
Por  qué?....  mas  silencio!  el  día 
No  ha  llegado  todavía 
De  absolver  ó  condenar. 

XI 
ASALTO   Y  TOMA    DE   SANTA    FÉ 

Con  todo,  por  qué  motivos 

El  jefe  de  la  cruzada. 

No  siguió  su  marcha  osada 

Y  en  Buenos  Ayres  no  entró  ? 
Por  qué  cuando  fácil  triunfo 
La  suerte  le  prometía. 
Rompió  el  laurel  que  tenía 
Ya  en  su  mano,  vencedor? 

Misterio  !  ninguno  sabe 
Cuál  fuera  el  motivo  cierto, 
Ni  el  tiempo  lo  ha  descubierto 
Ni  lo  descubra  quizá  : 
Que  aunque  López  amagaba 
De  lejos  su  retaguardia, 
No  impedía  á  su  vanguardia 
En  Buenos  Ayres  entrar.   (15) 

Cualquier  que  fuese  el  m(Jtivo, 

Retrocedió  persiguiendo 

A  López,  que  le  iba  huyendo, 

Y  que  al  fin  se  le  escapó 
En  Santa  Fé ;  cuyo  pueblo 


248  CRUZADA  ARGENTINA 

Defendían  desleales, 
Argentinos  y  Orientales 
Esclavos  de  un  ciego  error. 

Traidores,  pero  valientes, 

Confiaban  en  sus  zanjones, 

Sus  infantes  y  cañones. 

Su  coraje  y  altivez  : 

Largo  tiempo,  palmo  á  palmo 

Resistieron  el  embate 

De  los  libres,  y  el  combate 

Tenaz  y  reñido  fué. 

Pero  á  la  voz  de  Lavalle, 
Bajo  el  mando  de  Iriarte, 
Veterano  que  une  al  arte 
La  experiencia  y  el  valor. 
Despreciando  la  metralla 
Sus  fatigadas  legiones, 
Cargaron  como  leones 
Entre  el  fuego  del  cañón. 

Y  al  romperse  la  humareda 
Que  en  torno  las  envolvía, 
Como  entre  nube  sombría 
Sus  alas  b¿Ue  el  Cóndor, 
Victoriosa  flameando 
Sobre  enemiga  cureña, 
Clavada  la  azul  enseña 
De  reponte  apareció. 

Roto  el  muro,  tropa  y  jefes 
Cuando  maltrechos  se  vieron, 
Al  vencedor  so  rindieron 
Kn  vo.'  do  morir  alli. 
Quo  más  valo  polcando 
Con  brio  exhalar  la  vida. 


CRUZADA  ARGENTINA  249 


Que  recobrarla  perdida 
Por  una  causa  tan  vil ! 

Salud  Iriarte  !  os  juro 

Que  en  medio  de  tantos  nombres 

Cubiertos  de  fango,  y  hombres 

Tan  escasos  de  virtud, 

Es  muy  grato  hallar  el  nombre 

De  un  patriota,  que  merece 

La  ovación  que  sólo  ofrece 

Al  mérito  mi  laúd.  (i6) 

Más  de  una  vez,  cuando  he  visto 

Marcado  con  negra  nota, 

El  nombre  de  un  compatriota, 

Ó^de  un  amigo  quizá, 

Al  tener  que  alzar  el  velo 

Que  su  baldón  encubría, 

Mi  mano  se  resistía 

Porque  al  fin  era  Oriental. 

Tan  sólo  la  fortaleza 

De  mis  santas  convicciones, 

Y  las  puras  intenciones 
De  un  corazón  sin  doblez, 
Me  han  hecho  decir  severo 
La  verdad  tal  como  era.... 

— Yo  sé  el  pago  que  me  espera — 
Volvamos  á  Santa-Fé. 

Triunfó  Lavalle  ....  y  no  obstante, 
La  campaña  y  su  demora 
En  la  ciudad  destructora 
Sus  caballadas  postró:  (17) 
Mientras  Rosas  en  Coronda 
Todas  sus  fuerzas  reunía, 

Y  á  su  cabeza  ponía 
A  su  seide  más  feroz. 


350  CRUZADA  ARGENTINA 

XII 
LA  FRANCIA  PACTA  CON    ROSAS 

En  estas  circunstancias  celebróse 
Inicua  convención,  entre  el  tirano 

Y  diplómata  vil,  que  vino  ufano 

El  honor  de  la  Francia  á  sustentar: 

De  esa  potente  Francia,  que  indignada 

Oyendo  de  sus  hijos  los  clamores, 

Altanera  envió  sus  defensores. 

Cuenta  de  tanto  agravio  á  demandar.  ( i8 ) 

Inicua  convención,  que  abandonados 
Dejó  el  pueblo  Uruguayo  y  Argentino, 
Que  se  lanzaron  por  igual  camino 
En  su  poder  confiando  y  su  valor! 
Inicuo  convención,  que  maniatados 
Entrególos  al  déspota  inclemente!.... 
La  maldición  de  Dios  sobre  tu  frente 
Caiga,  Barón,  con  rayo  vengador! 

No  ha  sido,  no,  la  Fiancia  quien  aleve 
La  causa  de  los  libres  traicionara, 

Y  el  clamor  de  sus  hijos  olvidara, 
Por  un  poco  de  incienso  y  de  metal; 
Eres  tú,  miserable,  que  has  querido 
Transformado  vio  Rosas  en  lacavo. 
Amarrar  A  los  pies  de  su  caballo 
Con  tu  bandera  el  águila  imperial  I 

Maldito  seas  Barón! desquj  tu  nave 

Aparocio  fatídica  en  el  Plata. 
Siempre  cnomii^a  la  tortura  ingrata 
Ni  uva  sonrisa  Jo  favor  nos  dio. 
Paroco  quo  con  olla  vor<:a  oculta 

Comv^  atrás  do  la  esfera  or.vapcuda 
El  Jininiío  quo  el  trio  congelo.  \  lo  • 


CRUZADA  ARGENTINA  25  I 

Los  dos  pueblos,  Barón,  que  has  traicionado, 

Estranjero  recuerdan  que  al  fin  eres, 

Pero  de  aquellos  ¡ah!  que  mercaderes, 

Ó  despreciables  Sibaritas  son ! 

No  de  esos  estranjeros  que  leales 

De  su  honor  y  deber  la  voz  escuchan, 

Y  por  la  honra  de  su  patria  luchan 
Con  elevada  mente  y  corazón  ! 

Pero  ay !  que  tú  no  eres  más  que  el  hierro 
Que  dirige  traidor,  oculto  brazo  ; 
El  plomo  matador  que  se  abre  paso 
Al  impulso  de  ajena  voluntad  ; 
La  cancerosa  llaga  que  se  cierra, 

Y  brota  en  otro  lado  aunque  se  corte ; 
El  comprimido  elástico  resorte 

Que  obedece  al  impulso  que  le  dan  !  (20) 

Asimismo,  Barón,  es  degradante, 

(Mejor  otra  palabra  aquí  vendría) 

Que  un  noble  galo  manche  la  hidalguía 

Y  el  lustre  de  los  nombres  que  heredó, 
Por  colgar  de  su  pecho,  recargado 

Ya  de  cintas  y  cruces,  otra  nueva, 

Y  mirar  sin  piedad  cómo  se  ceba 

Su  enemigo  en  los  que  el  abandonó  ! 

Bien  puedes,  oh  Barón,  volverte  á  Francia, 

Y  á  GuizoT  con  albricias  muy  ufano. 
El  vil  tratado  que  firmó  tu  mano. 
Doblando  la  rodilla,  presentar  : 

Puede  ser  que  el  Ministro,  al  estenderte 
Su  diestra  para  alzarte  bondadoso, 
Te  haga  saltar  de  un  golpe,  generoso. 
Todas  las  gradas  del  excelso  altar, 

Que  llama   diplomacia  el  vulgo  necio.... 

Y  de  pié,  tú,  arrogante,  en  su  í  ^ta  cumbre, 


252  *  CRUZADA  ARGENTINA 

Fascines  á  la  estulta  muchedumbre, 
Voceando  palabrero  desde  allí; 
Pero  no  faltará  noble   un  acento 
Que  te  desmienta,  ni  un  pincel  valiente 
Que  te  dibuje  en  forma  de  jumento 

Y  á  Rosas  cabalgando  sobre  ti!  (21) 

XIII 
QUEBRACHITO — SAN  CALA — ACHA   EN     SAN    JUAN 

No  desmayó  Lavalle  cuando  supo 
Esta  infausta  noticia:  —  era  de  aquellos  * 
Que  habían  visto  los  pálidos  destellos 
Del  Sol  de  Vilcapugio  y  Moquehuá.  (22) 
Hombre  de  voluntad  incontrastable. 
De  corazón  magnánimo  y  robusto. 
Incapaz  de  ceder  al  hado  injusto 
Por  más  que  le  abrumara  sin  piedad. 

Todavía,  terrible  su  estandarte. 
Como  al  salir  del  bronce  bala  roja. 
De  Catamarca,  Salta  y  la  Rioja, 
Hasta  Corrientes^  Tacuman,  Jujuy, 
Agitando  sus  fajas  brilladoras 
De  Libertad  la  hoguera  reanimaba; 
Mientras  tanto  que  Córdoba  se  alzaba 
Al  grito  tronador  de  Lamadrid. 

Era  dable  vencer,  si  conseguía 
Reunirse  á  Lamadrid,  y  sin  tardanza 
Con  un  golpe  certero  la  esperanza 
De  su  débil  ejército  alentar; 
Que  diezmado  por  áspera  campaña, 

Y  falto  de  caballos,  no  podía 
Contener  el  torrente  que  venía 

Tras  su  huella  bramando  como  un  mar. 


CRUZADA    ARGENTINA  •  253 

Pero  el  Eterno  juez,  que  impenetrable 
Oculta  en  el  misterio  sus  arcanos, 
La  causa  protegió  de  los  tiranos 

Y  su  ruego  infernal  oyó  esta  vez. 
Tremendo  y  justo  Dios!  en  el  desierto 
Del  triste  Quebrachito,  desperados. 
Esos  héroes  por  tí  desamparados, 
Cayeron  con  indómita  altivez! 

AHÍ  por  vez  primera  el  renegado, 
Merced  á  sus  caballos  alcanzara 
Una  fácil  victoria,  que  muy  cara 
Más  tarde  le  costó  al  Libertador. 
Allí  su  negra  estrella,  al  levantarse. 
Lanzó  en  la  obscuridad  siniestro  brillo. 
Como  al  crujir  la  piedra  en  el  rastrillo 
Salta  una  chispa  de  mortal  fulgor. 

Y  desde  aquel  instante,  densa  nube 
Formada  del  vapor  de  la  matanza, 
Absorbiendo  la  luz  de  su  esperanza 
En  los  patricios  corazones  fué. 
Como  al  sordo  bramido  del  Pampero 
Encrespándose  el    Plata   en  torbellino, 
Despedaza  y  absorbe  el  frágil  pino 

Que  en  la  onda  envuelto  reluchar  se   vé. 

Así  lo  quiso  el  cielo ! . . . .  una  brillante 
División  que  Vilela  conducía, 

Y  un  alta  empresa  realizar  debía. 
Fué  sorprendida  y  rota  en  Sancalá. 
AcHA  —  el  heroico  vencedor  de  Angaco  — 
Dó  triunfó   con  un  número  seis  veces 
Menor  que  su    enemigo,  hasta  las  heces 
El  cáliz  del  dolor  bebió  en  San  Juanl 

En  vano  con  arrojo  numantino 

Tres  días  y  tres  noches,  frente  á  frente 


L-JT 


254  CRUZADA   ARGENTINA 


De  cuádruple  falange,  heroicamente, 
Con  su  escogido  tercio  resistió. 
Agotadas  al  fin  sus  municiones. 
Cuando   más   resistencia  era  imposible, 
Cual  leal  caballero,  su  invencible 
Espada  rompió  allí,  y  capituló, 

Pero   ay !  más  te  valiera  que  entre  ruinas 
Sepultado  quedases,  oh  Acha  bravo! 
Que  mirar  tu  cabeza  sobre  el   clavo 
Como  sangriendo  lúgubre  fanal. 
Alumbrando  á  los  tuyos  su  espantoso 
Futuro,  si  caian  cual  caíste .... 
Valiente  campeón!  porqué  creíste 
Las  promesas  de  un  siervo  desleal? 

Acaso  nunca,  nunca  esos  malvados 

Respetaron  la  vida  del  patriota. 

Que  en  la  angustia  y  pavor  de  una  derrota, 

Con  ellos  so  atrevió  á  capitular? 

Acaso  alguna  vez  han    perdonado 

Al  rendido,  al  inerme,   ni  al  caído? 

Acaso    alguna  vez  han  comprendido 

1:1  honor,  —  la  virtud  del   militar? — 

Asi  lo  quiso  el  cielo!..    .  pocos  días 
Ocspuos  do  estos  contrastes,  en  Famalla^ 
Hió   Lavallf  su  última  batalla 
H  infortunado  sucumbió  también. 
Y  por  L\  vo.^   primera  de  su  vida, 
CoJionJo  do  sus  ponas  al  exceso, 
Oo  tamaño  i:ífortu:.:o   bajo  el  peso 
Sollo.Mndo  incliuv^  su  aliiva  sien ! 

Toro  aun  on  moJiv^  dol  ar.iiustia  liera 
Quo  su  a!ma  v  coraron  despedazaba, 
F:uro  todas  su  frcr.to  descollaba 
Con  un  sollo  do  audacia  v  maiestaJ. 


CRUZADA    ARGENTINA  255 

El  arcángel  rebelde  parecí  i, 
Cuando  herido  del   rayo  diamantino 
Que  le  arrojaba  Dios,  contra  el  destino 
Se  alzaba  con  mayor  tenacidad. 

Tanto,   tanto  luchar!   tantos  desvelos, 
Desengaños,  quebrantos  y  reveses ! 
Tantas,  tantas  vigilias  y  escaseces ! 
Tanto  acerbo  y  continuo  padecer ! 

Y  para  qué,  Dios  mío? para  luego 

De  tan  ingrato  afán,  en  un  minuto, 

Al  ir  á  recogerlo,  todo  el  fruto 
En  humo   y  polvo  convertido  ver! 

XIV 

RODEO  DEL  MEDIO  —  PASO  DE  LOS  ANDES  EN    INVIERNO  — 
LLEGADA  DE   LOS   FUGITIVOS    Á    CHILE 

Así  lo  quiso  el  cielo!....  y  para  colmo 
De  dolor,  desaliento,  y  desventura. 
Del  Rodeo  del  Medio  en  la  llanura 
Su  esperanza  postrera  se  apagó. 
Lamadrid,  que  tenía  numeroso 
Todavía  un  ejército  aguerrido. 
Cinco  días  después,   allí  vencido. 
Cual  centella  veloz,  despareció. 

Entre  los  pliegues  húmedos  del  manto 
Que  flota  de  los  Andes  en  la  espalda, 

Y  corona  cual  pálida  guirnalda 

Las  montañas  que  se  alzan   á  sus  pies  : 
Entre  el  mar  de  neblina,  que  á  torrentes 
En  ondas  de  zafir,  azul  y  plata. 
De  su  nevada  cumbre  se  desata 

Y  en  nubes  convertido  cae  después. 

Seguido   de  un  puñado   de  valientes. 
Lanzóse  á   atravesar  la   Cordillera 


256  CRUZADA  ARGENTINA 


En  el    mes  de  Septiembre,  cuando  era 
El  frío  más  intenso  y  matador: 
Cuando  el  invierno  en  su  miyor  crueza 
Cristalizando  el  aterido  suelo, 
Alevoso  encubría  bajo  el  hielo 
La  senda  del  camino  al  viajador.  ( 23  ) 

En  vaco  por  doquier  aterradora, 
De  sempiterna  nieve  inmensa  faja, 
Amagaba  cual  fúnebre  mortaja. 
Tragarlos  en  su  paso,  al  ronco  son, 
Con  que  el  sonante   casco  de  los  potros 
En   la  escarcha  sus  huellas  imprimía  . . . . 
La  nieve,   aunque  glacial,  se  derretía 
Al   calor  de   su   ardiente  corazón ! 

Adelante !   decían,  y  á  este  grito 
La  atmósfera  en  redor  se  caldeaba, 

Y  la  sangre  en  sus  venas  circulaba, 

Y  volvía  su  pecho  á  palpitar. 
Adelante!  decían:  y   sublime. 
Disipando  la  niebla  aparecía 

La    Argentina  bandera,  que  se  vía 
De  cima  en  cima,  rápida  ondear. 

La  catarata  con  su  voz  de   trueno. 
Con  su  áspero  bramido  los  torrentes, 
Con  su  rumor  las  simas  y  vertientes. 
Con  su  lava  el  volcan  atronador. 
Saludándola  en  coro,  con  terrible 

Y  salvaje  armonía  estrepitosa. 
Callaban  á  una  voz   cuando  radiosa    ' 
La  miraban  pasar,  mientra  el  Cóndor, 

Sus  resonantes  alas  sacudiendo, 
Cual  si   le  hiriese  repentino  rayo, 
Abatia   su  vuelo  con  desmayo, 
Sobre  el   pie.  cho  de  glacial  peñón, 


CRUZADA    ARGENTINA  257 

Y  SUS  fulmíneos  ojos  enclavando 
En  el  Sol  que  en  la  enseña  relucía, 
Con  un  clamor  inmenso  la  seguía 

Del  blanquecino  espacio  en  la  extensión.  (24) 

Y  ellos  siempre  adelante,  y  adelante! 
Siempre  adelante  con  ardiente  anhelo, 
Resbalando   cual  témpanos  de  hielo, 
Que  furioso  desprende  el  vendabal, 
De  la  cúspide   azul  del  Illimániy 
Cuando  el  rayo  que  pasa  de   carrera, 
Va  imprimiendo  en  su  nivea  cabellera 
Sus  fulminantes  garras  de  metal. 

Unos  rodaban  desde  el  alta  cumbre 
Hasta  el  borde  rugiente  del  abismo, 

Y  en  su  postrer,  horrible  parasismo, 
Con  sus  trémulas   manos,  al  caer. 

En  las  grietas  del  hielo,  ansiosamente 
Suspensos    un  momento  aparecían, 

Y  luego,  dando  un  grito,   se  veían 
Al  fondo  del  abismo  descender! 

Otros  rendidos,  sin  aliento  casi. 
Postrados  por  el  hambre,   por  el  frío, 
Por  las  marchas  continuas  y  el  impío 
Soplo  del  huracán  abrasador. 
Paraban  el  corcel,  y  reclinando 
La  cabeza  en  su  cuello,  —  su  bandera 
Que  se  alejaba, — por  la  vez  postrera 
Contemplaban  con  íntimo  dolor! 

Hasta  que  yerta  mano   por  sus   miembros 
Cual  serpeador  reptil  se  deslizaba, 

Y  sus  nublados  párpados  cerraba, 

Y  oprimía  convulsa  el  corazón. 

Hasta   que  helados,  como  estatuas  mudas 
Que  un  manto  de  verdura  encubre  leve, 

17 


258  CRUZADA  ARGENTINA 

Sepultados  quedaban  en  la  nieve, 
O  arrogantes  encima  del  bridón! 

Y  siempre,  siempre  airado  el  enemigo 
Siguiendo  sus  pisadas  incansable, 

Y  rompiendo  la   nieve  con  el  sable 
Para  sacar  sus  víctimas  de  allí : 

Y  en  seguida,  la  punta   del  acero 
Enclavando  en  su  pecho   inofensivo. 
Deleitarse  en  las  ansias  del   que    vivo 
Conoce,  al  despertar,  que  va  á  morir!  (25) 

Pero  no  siempre,  no,  los  miserable3 
Impunemente  en   sangre  se  bañaron. 
Más  de  una  vez  cobardes,  bien  pagaron. 
Huyendo  ante   los  libres,    su  crueldad. 
Antes  los  libres,  sí,  que  apena  oían 
Los  ayes  de  una  víctima  ó   sus  preces. 
Aunque  inferior  en   número  cien  veces. 
Sobre  la    esclava  grey,  sin  vacilar. 

Ni  contar  cuantos  eran,  lanza  en  ristre 
Valientes  se  venían  paso  á   paso, 

Y  al  vigoroso  empuje  de  su  brazo. 
Los  hacían  rodar  en  confusión 
Hasta  la  falda  misma  de  los  montes ; 
Que  absortos  contemplaban,  en  su  frente. 
La  humareda  y  la  niebla  de  repente 
Disipar  fulgurante  radiación. 

Y  el  genio  de   la  inmensa  Cordillera 
Sobre  nube  flamígera,  arrojando 
Centellas  de  sus  ojos,  que  tornando  — 
—  Se  iban  en  coronas  de  laurel: 

Y  en  llameante  círculo  bajando 
Hasta  la  sien  de  los  proscriptos  luego, 
Con  su  aliento,  en  atmósfera  de  fuego, 
Envolver  al  guerrero  y  al  corcel! 


CRUZADA  ARGENTINA  259 


Valerosos  proscriptos !  en  los  Andes, 
Teñida   en  vuestra  sangre,  habéis  escrito 
Con  vuestra  espada  en  moles  de  granito, 
Gigantesca  una  página  inmortal; 
Que  en  Ígneas  letras  en  su  cumbre  un  día 
Mirarán  vuestros  nietos  palpitantes, 
Cual  vio  las  tablas  de  su  ley  radiantes 
El  pueblo  hebreo  en  Sinaí  brillar. 

Al  fin  tras  penas  tantas,  un   Sol  puro 
Rompió  las  densas  nubes,  y  sereno 
Entre  las  tajas  del  pendón  chileno 
Con  tibio  rayo  vuestra   sien  cubrió. 
América  os  aplaude  y  dice  absorta: 
«Modelos  de  constancia  y  fortaleza, 
«Levantad  con  orgullo  la  cabeza, 
«Alta,  muy  alta,  que  os  bendigo  yo!» 

Y  vosotros,  que  menos  venturosos. 
Perdidos  bajo  el  hielo  habéis  quedado. 
Digna  tumba,  por  cierto,  habéis  hallado 
Do  están  nuestros  mayores  y  estarán; 
Hasta  que  al  eco  de  final  trompeta. 
Chocando  con  la  tierra  el  firmamento. 
Crujirá  de  los  Andes  el  cimiento 

Y  juntos  vuestros  huesos  rodarán. 

Acaso  á  los  destellos  de  la  Luna, 

En  medio  de  la  noche,  silenciosas 

Se  encuentren  vuestras  sombras,  y  anhelosas 

Se  abrazarán  con  júbilo  y  amor. 

Acaso  cuando  el  Sol  se  hunda  en  las  olas. 

Arrodillados  todos  en  la  altura 

De  gigante  montaña,  con  fé  pura. 

Rogareis  por  la  patria  al  Hacedor. 

Acaso  cuando  estalle  la  tormenta. 
En  alas  de  los  vientos,  hasta  el  llano, 


26o  CRUZADA  ARGENTINA 


Con  la  bandera  azul  en  vuestra  mano, 

En  dobladas  hileras  bajareis. 

Y  en  coro  vengador  al  estallido 

Del  alcázar  del  mal  que  se  desploma, 

En  torno  al  pueblo  que  el  tirano  doma 

Vuestro  himno  triunfal  entonareis!  (26) 

Dormid  en  paz  en  tanto! —  que  radioso 
Cada  vez  que  aparezca  el  Sol  de  Mayo, 
De  su  preclara  lumbre  ardiente  rayo 
Desgarrando  la  niebla  y  el  capuz 
De  nieve  que  os  circunda,  majestuosa, 
Por  un  ángel  guardada,  en  el  camino 
Mostrará  vuestra  tumba  al  peregrino, 
Entre  aureola  de  celeste  cruz!  (  27) 

XV 


POR  NO  TRILLADA   SENDA 

La  atmósfera  se  enrarece 

Deten,  oh  Musa  tu  vuelo. 
Pues  temo  con  mengua  al  suelo 
Despeñado  descender. 
Bajemos  de  la  montaña 
Que  brillante  nos  fascina, 
Y  la  llanura  vecina 
Ven  conmigo  á  recorrer. 

¿No  recuerdas  que  dejamos 
A  los  libres  en  Famalla, 
Perdida  ya  la  batalla. 
Casi  á  tiro  de  íusil 
Perseguidos  por  la  chusma. 
Que  en  torno  de  ellos  cruenta 
Se  lanzaba  como  hambrienta 
Loba  en  torno  del  redil? 

No  recuerdas  que  perdimos 
Por  un  instante  su  huella, 


CRUZADA  ARGENTINA  201 

Deslumbrados  por  aquella 
Que  hasta  el  Ande  nos  llevó? 
No  recuerdas  nue  entre  ellos 
Iba  también  aquel  hombre, 
Que  esta  epopeya  en  su  nombre, 
Al  sucumbir,  concretó? 

Ven,  oh  musa!  mi  esperanza. 
No  traidora  me  abandones ; 

Y  á  las  más  altas   regiones 
Con  tu  ayuda  treparé. 

Yo  miro  un  Sol  que  naciente 

Mi  joven  sien  abrillanta 

Ven!  y  estamparé  mi  planta 
Donde  nadie  ha  puesto  el  pié!  (28) 

XVI 
EN  JUJUY 

Es  alta  noche furioso 

Desatado  el  viento  ruge, 

Y  tumba  con  fiero  empuje 
La  Palma,  el  Copal  y  Ombú, 
No  cruza  la  Luna  el  cielo 

En  su  carro  de  alabastro. 
Ni  brilla  perdido  un  astro 
Entre  su  lóbrego  tul. 

Negras  nubes,  agrupadas 
Por  el  tempestuoso  aliento 
De  la  noche,  el  firmamento 
Circundan  en  rebelión, 
Como  lápida  mortuoria 
Sobre  un  túmulo  clavada. 
Que  oculta  á  su  presa  helada 
La  luz  que  derrama  el  Sol. 

A  veces,  en  pos  del  trueno. 
Un  relámpago  indeciso 


363  CRUZADA  ARGENTINA 

Viene  á  rasgar  de  improviso 
La  impalpable  oscuridad; 

Y  esas  nubes  agrupadas, 
Cuando  el  relámpago  brilla, 
Entre  una  faja  amarilla 

Se  ven  convulsas  girar. 

A  lo  lejos,  furibundo 
Levanta  su  frente  el  río. 
Como  Bisonte  bravio 
Que  oculto  enemigo  hirió. 

Y  con  fúnebres  bramidos 
Estendiéndose  en  la  playa, 
Se  azota  contra  la  valla 
Que  opuso  á  su  furia.  Dios. 

Y  su  estruendo  se  confunde 
Con  el  pavoroso  ahuUido 
De  los  canes,  y  el  silbido 
Del  huracán  tronador; 

Que  tumba,  rompe,  deshace 
Cuanto  se  opone  á  su  vuelo, 

Y  deja  yermado  el  suelo 
Bajo  su  planta  veloz 

Es  una   noche  de  invierno 
Nebulosa,  opaca,  fría, 
Que  al  corazón  desafía 
Con   su  oscuridad  sin  fin: 
Una  noche  sin  estrellas, 
De  incertidumbre  y  espanto. 
Que  estiende  su  negro  manto 
Sobre  el  pueblo  de  J tijuy. 

En  una  casa  de  campo 
De  miserable  apariencia. 
Reunidos  en  conferencia 


CRUZADA  ARGENTINA  263 

Algunos  hombres   se  ven, 
Y  en  una  pieza  inmediata 
Absorto  en  la  misma  idea, 
Silencioso  se  pasea 
Desde  una  á  otra  pared. 

Un  hombre,  cuyas  palabras 
Revelan  de  cuando  en  cuando. 
La  angustia  con  que  luchando 
Su  indómito  pecho  está. 
Noble   es  su  porte,  altanera 
La  expresión  de  su  semblante, 
Su  mirada  centellante. 
Débil  su   cuerpo,  y  audaz 

El  alma  que  en  él  se  esconde  ; 
Cuyo  brío  y  fortaleza 
Se  trasluce  en  la  pureza, 
En  el  atrayente  imán. 
Con  que  brillan  azulados 
Sus  ojos,  mientras  ligera 
Cae  su  rubia  cabellera 
En  ondas  sobre  su  faz. 

Camina,  vuelve,  se  para. 
Interrógase,  suspira, 
Se  oprime  la  frente  y  gira 
Sus  ojos  en  derredor. 
La  tormenta  que  bramando 
Sobre  las  nubes  resbala, 
De  sus  ideas  no  iguala 
El  caos  y  la  confusión. 

Quién  es? —  silencio! escuchemos 

I  os  fugitivos  acentos. 

Que  sus  labios  por  momentos 

Dejan  escapar tal  vez. 


1..'  ■•j-^^M.  .Al 


204  CRUZADA  ARGENTINA 


Sin*  que  os  diga  yo  su  nombre 
Lo  revele  su  lenguaje, 
Y  en  su  indomable  coraje 
Un  héroe  conoceréis. 

XVII 
ÚLTIMA   MEDITACIÓN 

—  ¡Qué  bello  fué  el  instante  en  que  á  mi  acento 

El  Argentino    pueblo  levantóse, 

Cual  desbordado  mar  que  turbulento 

De  repente  sus  lindes  traspasó  ! 

Qué  bello  fué  el  instante  en  que  bramando 

Se  azotó  contra  el  dique  poderoso, 

Qué  le  opuso  el  tirano,  y  más   furioso 

Para  tragarlo  su  garganta  abrió!  (29) 

De  ardoroso  entusiasmo  el  alma  llena, 
En  aquellos  instantes,  ese   pueblo. 
Era  un  león  que  rompe  su  cadena, 

Y  al  que  le  ultraja  se  abalanza  ya! 
Era  un  potro  salvaje  que  revienta 

El  primer  lazo  que  su  cuello  oprime, 

Y  galopando  con  ardor   sublime, 
A  todo  escape  por  el  campo  va ! 

La  traición  de  unos  pocos,  el  descuido 

E   inercia  de  otros  pocos,  y  el  infame 

Egoísmo  de  tantos,  han  hundido 

En  el  polvo  su  frente   de  titán. 

El  robusto  león  cayó  de  nuevo 

En  alevosa  red:  siente  la  espuela 

El  potro  antes  salvaje,  y  ya  no  vuela 

Con  la  velocidad  del   huracán ! 

Ha  de  llegar  un  día  en  que  severa 
Nuestra  futura  historia,  al  mundo  muestre 
Sus  nombres  y  sus  hechos  justiciera, 


CRUZADA  ARGENTINA  265 

Marcados  con  un  sello  de  baldón.  (30) 

Y  acaso  antes  que   ella,  el  mismo  pueblo 
.  Que  traicionaron  con  vileza  tanta, 

Les  pida  estrecha   cuenta,  y  con  su   planta 
Les  arroje  un  sudario   en  expiación ! 

Pobre  pueblo !  con  bríos  de  gigante 

Luchó  y  volvió  á  luchar,  hasta  que  exhausto 

Sin  soltar  el  acero,  agonizante, 

De  rodillas  cayó  luchando  aún. 

Mas  doquiera  que  el   Sol  mostró  su  frente 

Por  toda  la  República  Argentina, 

En  el  llano,  en  la  sierra,  en  la  colina. 

Doquier  guerreros  encontró  su  luz ! 

Doquier  su  ardiente   rayo  fué  á  estrellarse 
En  la  punta  fulmínea  de  sus  lanzas,- 

Y  doquier  convertido,  al  reflejarse. 
En  aureola  de  su  heroica  sien. 

En  victoria  ó   derrota,  siempre  digno 
El  hijo  primogénito  de  Mayo, 
Ni  marchitó  sus  lauros,  ni  en  desmayo. 
Cobarde   le   encontró  ningún  vaivén. 

Vencedor  ó  vencido,  con  erguida 
Frente  y  robusto  brazo  él  ha  buscado, 
En  la  extensión  de  tierra  comprendida 
Entre  el  Plata  y  el  Andes,   nada  más, 
Que  la  hora  y  el  sitio  en  que  debía 
Levantarse  triunfante,  ó  caer  sangriento. 
Con  su  muerte  sellando  el  juramento 
De  morir  ó  su  patria  libertar  !  (31) 

Y  todo  se  ha  perdido ! ....  y  ese  pueblo 
Ha  visto  en  espantoso  parasismo, 

Al  irla  á  detener,  en  un  abismo 

Su  despeñada  Libertad  rodar. 

Mas  no  dirá  ninguno,  que  menguado 


266  CRUZADA  ARGENTINA 


No  ha  hecho  cuanto    hacer  era  posible, 
Que  si  no  vencedor,  si  no  invencible, 
Heroico^  sin  querer,  le  llamará. 

Y  lo  merece  bien ! . . . .  mirad ! . . .    chocados 
Del  viento  bramador,  sin  sepultura. 
Blanqueando  sus  huesos  la  llanura 

Y  las  cuchillas  de  la  frente  al  pié, 
Cuando  su  manto  de  verdura  y  flores 
Entreabre  frenético  el  Pampero, 
Brillan  marcando  el  hórrido  sendero 
Por  do  ese  pueblo  de  espartanos  fué ! 

Cuántos,   cuántos  patriotas,  cuántos  bravos 

Sin  lápida  ni  cruz! cuántos  laureles 

Al  nacer  deshojados !  y  donceles 
Tan  ricos  de  esperanza  y  porvenir, 
Tan  jóvenes,  y  muertos!....  Mano  impía 
Cortarles  quiso  las  altivas  alas, 

Y  ellos  su  vuelo  alzando  entre   las  balas 
Se  fueron  á  otro  mundo  más  feliz ! 

0\\  patria!  patria  amada!   si  volvieses 
I'^o   nuevo  á  destrozar  tus  eslabones. 
Si  al    rugir  on  tu   oído  los  cañones 
Hosportaros  Jol  sueño  sepulcral ; 
Al  fronte  de  tus  hiios  me  verías 
nesoondionJo  otn»   vez  á   la  palestra, 
v\m\  la   bandoia  a/ul  on  la  siniosira 

Y  on  la  diostiM   la  espada,   batallar. 


CRUZADA   ARGENTINA  267 

Que  sofoca  tu  voz  y  te  condena 
Á  perpetuo  quebranto  y  deshonor! 

Acaso  no  es  un  sueño  de  mi  mente, 

Acaso  no  está  lejos  ese  día 

Corrientes  la  indomable,  todavía 
No  ha  doblado  al  tirano  la  cerviz. 
Profética  una  voz  dentro  del  pecho 
Me  anuncia  que  la  aurora  está  cercana, 
En  que  mi  patria  grande  y  soberana 
Del  Plata  vuelva  á  ser  la  Emperatriz! 

Oh !  sí,  ella  ha  de  alzarse ! y  yo  he  dé  verla. 

Poniendo  al  fin  el  pié  con  ira  santa 
De  su  infame  opresor  en  la  garganta, 
De  la  victoria  el  himno  levantar 

Sobre  un  cadáver como  allá  en  los  Andes 

Al  romperse  su  velo  nebuloso, 
He  visto  al  astro-rey  esplendoroso 
Reclinado  en  su  cúspide,  asomar! 

Y  si  es  inútil  todo,  si  por  siempre 
Debe  llorar  en  cautiverio  impío 
Presa  sólo  de  imbéciles.  Dios  mío! 
Arráncame  la  vida  de  una  vez ! 
Si  una  víctima  falta,   si  mi  brazo 
Para   nada  ya  sirve,  sé  clemente, 
Lánzame  un  rayo  que   al  abrir  mi  frente. 
Una  tumba  también  abra  á  mis  pies! 

Venga  la  muerte  ya,  venga   con  ella 

La  expiación  de (32) 

XVI  II 
LA  BALA  ANÓNIMA 

Aun  no  había  concluido 
Esta  frase  postrimera, 
Y  como  si  oído  hubiera 
El  cielo  su  petición. 


268  CRUZADA  ARGENTINA 


Con  rumor  amenazante, 

Se  estremeció  el  firmamento, 

Y  con  ímpetu  violento, 
Como  huyendo  en  dispersión  ; 

De  veloces  parejeros 
Se  oyó  el  galope  cercano, 
Cual  si  de  repente  el  llano 
Los  vomitase  en  trojel; 

Y  al  mismo  tiempo  que  un  rayo 
Las  nubes  despedazaba, 

"El  plomo  en  redor  silbaba 
Confundiéndose  con  él. 

Alzó  el  héroe  la  cabeza, 

Y  con  sublime  mirada. 
Hacia  el  puño  de  la  espada 
La  fuerte  diestra  llevó. 
Pero  antes  que  la  sacara 

El  plomo  le  hirió  inhumano, 

Y  con  la  trémula  mano 
El  corazón  se  apretó. 

— Muerto  soy  ! . . . .  mi  patria ....  hermanos, 

Adelante  ! . .  . .  dijo  :  y  yerto 

Cayó  en  el  suelo,  entreabierto 

Por  ancha  herida  mortal 

Su  noble  pecho  ;  por  donde 

Apenas  pudo  radiante. 

Escaparse  de  un  gigante 

El  ánima  colosal! 

Al  ruido  de  la  descarga. 
Llenos  de  angustia,  ligeros, 
A  un  tiempo  sus  compañeros 
Traspasaron  el  dintel. 
Con  la  rapidez  pasmosa 
Que  nos  presta  el  sentimiento. 


CRUZADA  ARGENTINA  269 


Cuando  algún  presentimiento 
Vierte  en  el  alma  su  hiél. 

Y  al  ver  en  tierra  sangriento 
A  su  capitán  querido, 
Acorde,  ronco  gemido 
Imposible  de  expresar, 

Vagó  en  sus  labios ;  y  el  llanto 
Escapóse  de  sus  ojos, 

Y  á  un  tiempo  todos  de  hinojos 
Cayeron  lanzando  un  ay ! 

Lavalle  !  Lavalle  !  sólo 
Entre  quejidos  se  oía, 

Y  Lavalle  !  repetía 

El  eco  con  sorda  voz. 
Mientras  ellos  escondiendo 
En  sus  palmas  la  cabeza, 
Para  calmar  su  tristeza 
Rogaban  por  él  á  Dios. 

Era  sublime  espectáculo 
Mirar  allí  arrodillados 
Tantos  valientes  soldados 
En  torno  á  su  capitán  ; 
Sofocando  sus  gemidos 

Y  vertiendo  gota  á  gota, 
El  llanto  que  el  alma  brota 
En  su  postrimero  afán. 

Y  era  sublime  por  cierto 
Al  fulgor  de  las  centellas, 
Tan  pálidos  como  ellas 

Y  tétricos  á  la  vez. 

Ver  sus  rostros  varoniles 
Inmóviles,  yertos,  mudos, 
Allí,  de  orgullo  desnudos. 
Inclinados  ante  él. 


ayo  CRUZADA  ARGENTINA 


Hasta  que  el  astro  fecundo 
Que  luz  y  vida  derrama, 
Su  primer,  naciente  llama 
Vino  humilde  á  reflejar, 
En  la  sien  del  mártir  santo 
Que  postrado  en  medio  dellos, 
Parecía  á  sus  destellos 
Nueva  vida  recobrar. 

Y  es  fama  que  entonce  un  ángel 
Bajó  del  excelso  coro, 

Y  con  sus  alas  de  oro 
Llorando  le  cobijó  : 

Y  que  su  llanto  divino 
Cayendo  sobre  su  frente, 
En  guirnalda  refuljente 

De  estrellas  se  convirtió 

XIX 

DEFENSA  DEL  C\DÁ\TER   DE    LAVALLE 

¿Quiénes  son  esos  que  en  el  linde  estrecho 
Que  divide  su  patria  del  ajena. 
Con  sangre  hi^^'iente  del  rasgado  pecho 
Marcando  el  rastro  de  su  huella  van? 
Quiénes  son  esos  héroes,  que  si  miran 
Redobladas  cohortes  de  enemigos, 
Las  cargan  y  deshacen,  ó  allí  espiran 
Antes  que  huir  ó  la  cerv^iz  doblar? 

¿Qué  osporar.ra,  qué  anhelo  todavía 
Su  indv^:ni:o  valvar  de  nuevo  enciende. 
Cuando  agv^biadv^s  por  la  suerte  impía 

N    .1,1.1        •\«».\    ^,N*>       Vn    í     ^.XW       C«*^     "\       *•>     -\«-«^' 

Baiv^  sangr:on:o  Li::gv\  >u  rauia. 

CoiUv^  uu  too  en  las  u:anos  del  verdugo. 

Nada  escucha  u:  vé  en  su  trenes:? 


CRUZADA  ARGENTINA  27 1 


Quiénes  son  esos  héroes,  que  no  pueden 
Sus  contrarios  vencer,  aunque  su  número 
Tan  reducido  es,  y  que  no  ceden 
Al  hambre,  la  fatiga,  ni  la  sed?  — 
— Soldados  de  La  valle;  americanos. 
Dignos  hijos  de  aquellos  que  otro  tiempo, 
A  debelar  soberbios  castellanos 
Por  esta  misma  senda  iban  con  él. 

Soldados  de  Lavalle,  que  defienden 
Su  insepulto  cadáver  de  la  rabia 
De  los  viles  sicarios  que  pretenden 
Su  caníbal  rencor  en  él  saciar, 

Y  á  la  voz  del  caribe  que  los  guía. 
Cual  rastreadores  canes  van  furiosos 
Husmeando  la  tierra  noche  y  día. 
Sin  descanso,  sin  tregua,  ni  solaz. 

Su  cabeza  les  pide  el  miserable. 

Para  tener  el  gusto  de  mirarla 

En  su  mano  y  cual  joya  inapreciable 

A  su  amo  brindársela  después ! 

Para  estampar  su  planta  maldecida 

Sobre  su  noble  frente,  que  aunque  helada. 

Le  parece  que  se  alza,  y  más  erguida 

Le  provoca  al  combate  con  desden. 

Y  entonce,  con  diabólico  alarido. 
Azorado  y  frenético  les  grita  : 

«  Traedme  su  cabeza,  y  un  crecido 
»  Premio  al  que  me  la  traiga  le  daré  ! 
»  Su  cabeza,  yo  quiero,  su  cabeza, 
»  Su  cabeza !  buscadla  en  todas  partes, 
»  Y  si  el  polvo  la  cubre  de  la  huesa 
»  Arrancadla  y  traédmela ....  corred !  » 

Espectáculo  bello  al  par  que  horrendo, 
Que  levanta  el  espíritu  y  lo  abate  ! 


272  CRUZADA  ARGENTINA 


Los  restos  de  un  cadáver  persiguiendo 
Todo,  todo  un  ejército  gran  Dios! 

Y  un  puñado  de  héroes,  con  su  brazo, 
Conteniendo  el  torrente  de  bandidos. 
Que  en  forma  de  herradura,  viene  el  paso 
A  cortarles,  en  rauda  evolacion ! 

Y  para  dar  un  túmulo  á  los  huesos, 

Y  salvar  la  cabeza  de  su  jefe, 

Y  aun  más  allá  de  la  existencia,  ilesos 
Los  timbres  de  su  gloria  conservar, 

A  los  golpes  del  sable  ó  la  metralla 
Agolpándose  en  torno  del  cadáver. 
Con  su  pecho  formarle  una  muralla 

Y  su  cabeza  por  la  suya  dar! 

Indignada  sin  duda  el  alma  fuerte 
Del  héroe  que  miraba  su  heroísmo, 
Abandonando  la  materia  inerte 
Un  asilo  buscó  en  su  corazón 

Y  era  ella  sin  duda  quien  potente 
Su  varonil  espíritu  alentaba, 

Y  vertía  en  sus  venas  el  ardiente 
Sobrehumano  volcan  de  su  valor. 

Era  ella  sola,  sí,  quien  reanimaba 
Su  desmayado  ardor,  cuando  terrible, 
Innumerable  hueste  los  cercaba 

Y  á  degüello  doblaba  el  atambor: 
Porque  entonce  con  ímpetu  más  fiero, 
En  medio  do  las  lanzas  y  las  balas. 
Dejando  allí  de  sangre  ancho  reguero, 
Pero  el  cadáver  de  su  jefe,  no: 

Ellos  paso  so  abrían»  cual  tremenda 
Bomba  inflamada  v^uo  los  aires  cruza: 

Y  palmo  a  palniv^  on  hórrida  contienda 
Iban  terreno  conquistando  asi. 


CRUZADA  ARGENTINA  273 


Y  así  fueron  trepando  hasta  el  altura 
Donde  Bolivia  les  abrió  sus  brazos, 

Y  una  honrosa,  aunque  humilde  sepultura 
Supo  dar  á  su  antiguo  paladín. 

Y  en  vano  á  roncos  gritos,  lanza  en  mano. 
Cruzando  sus  fronteras  á  galope, 

La  enhambrecida  chusma  del  tirano 
Vino  su  ansiada  presa  á  reclamar: 
El  pueblo  Boliviano,  que  robusto 
Abriga  un  corazón  americano. 
Desenvainó  su  espada  y  con  adusto 
Semblante  airado  respondióle  :  atrás ! 

Y  un  soldado  y  amigo  del  guerrero. 
Con  ejemplar  constancia  consagróse 
A  velar  sus  despojos.,  y  sincero 
Cual  su  cuerpo  su  tumba  defender. 
Noble  y  leal  Mancilla,  si  adornara 
La  diadema  imperial  mi  altiva  frente, 
Humilde  yo  en  tu  cruz  la  colocara 
Como  aureola  de  tu  nombre  fiel ! 

La  historia  americana  ya  ha  grabado, 
Con  buril  diamantino  en  áureas  hojas, 
Este  cuadro  sublime,  iluminado 
Por  el  Sol  de  otro  tiempo  más  feliz : 
Por  ese  Sol  espléndido,  que  ahora 
Velado  entre  las  nubes,  sólo  brilla 
Cuando  vé  flameando  triunfadora 
La  bandera  de  Mayo  en  torpe  lid. 

Cuando  vé  que  sus  hijos  en  cadenas. 
Luchando  cual  sus  padres,  las  quebrantan ; 

Y  que  la  sangre  de  sus  rotas  venas 

Es  cual  la  sangre  de  Ochocientos-diez.  (33) 
Cuando  al  tocar  en  el  ocaso,  vuelve 
Su  disco,  y  mira  súbito ....  qué  mira? 

z8 


a74  CRUZADA  ARGENTINA 


Que  rompe  la  mortaja  que  lo  envuelve, 

Y  asoma  inquieto  su  radiante  sien  ? 

— Espartanos  en  alma  y  en  nobleza, 
Nuevos  Leónidas  en  arrojo  y  bríos, 
Que  en  el  lauro  que  ciñe  su  cabeza, 
Rica  herencia  á  sus  nietos  legarán 

Y  al  mundo  americano Entre  sus  glorias 

No  mostrará  la  Europa  una  más  alta; 

Yo  he  leído  con  ansia  sus  historias, 

É  ignoro,  si  la  tiene,  donde  está ( 34 ) 

XX 

HIMNO   AL   MÁRTIR 

Duerme,  duerme,  Lavalle,  descansa! 

Duerme,  en  paz  en  la  tumba extranjera! 

Si  tu  estrella  apagóse  en  la  esfera 
Nuevo  un  Sol  ocupó  su  lugar: 

Y  sus  rayos,  cual  lluvia  de  oro. 
Tus  cenizas  buscando  en  el  suelo, 
Las  envuelven  con  fúlgido  velo 
Que  de  noche  se  mira  ondear. 

Duerme  en  paz,  oh  Lavalle,  y  te  sea 
Blanda  y  leve  la  tierra,  entretanto 
Rasga  el  iris  el  fúnebre  manto 
Que  hoy  enluta  la  bóveda  azul. 
Ahora  silban  los  rayos,  furiosas 
En  las  rocas  las  ondas  se  estrellan, 

Y  las  nubes  en  pos  se  atropellan 
Confundiendo  la  sombra  v  la  luz. 

Ya  tu  espíritu  ardiente  en  las  alas 
De  la  fe  y  la  esperanza,  ligero. 
Como  nube  que  lleva  el  Pampero, 
Vuela,  vuela  hasta  el  trono  Je  Dios. 
¿Por  qué  vuelves  contino  el  semblante 


CRUZADA  ARGENTINA  275 

Para  ver  á  tu  patria   querida, 

Y  una  gota  de  llanto  encendida 
Retemblando  lo  cruza  veloz? 

¿Es  que  sientes  dejar  solitarios 
En  extraña  región  tus  despojos, 

Y  dos  veces  proscripto,  los  ojos 
A  la  patria  por  última  vez, 
Triste  vuelves  y  ansioso,  temiendo 
Que  te  olvide  voluble  ó  ingrata, 

Y  muy  lejos,  muy  lejos  del  Plata 
Vague  inquieta  tu  sombra  después? 

No  Lavalle!  si  tal   sucediere. 
De  tus  huesos  al  oir  los  lamentos. 
Convertidos  en  polvo  los  vientos 
Los  traerían  bramando  hasta  aquí. 

Y  ese  polvo   cayendo  en  las  flores. 
En  sus  hojas  de  nácar,   sombría. 
Con  tu  nombre  una  cruz  grabaría 
Demandando  expiación  para  til 

Pero  no!  que  al  guerrero  que  noble 
Por  la  patria  sucumbe  esforzado. 
Como  al  genio  infeliz  que  ignorado, 
Largo  tiempo  su  afán  devoró ; 
Bello  un  día  les  guarda  el  destino 
En  que  el  mundo  que  vil  los  humilla, 
Viene  humilde  á  doblar  la  rodilla 
A.nte  el  numen  que  ayer  ultrajó! 

• 

Para  ellos  entonces  el  himno 

Que  las  cuerdas  del  harpa  dilata! 

Para  ellos  la  luz  que  arrebata 

Oscilando  en  el  lienzo  el  pincel! 

Para  ellos  los  rasgos  sublimes 

Que  en  el  mármol,  la  plata  y  el  bronce, 


276  CRUZADA  ARGENTINA 


Con  radiosos  destellos  entonce, 
Va  inspirado  grabando  el  cincel ! 

Oh  Lavalle!  descansa,  muy  pronto 
Romperá  la  tormenta  su  velo, 

Y  á  buscarte  ya  irán  sin  recelo 

Tus  amigos  en  marcha  triunfal:  (35) 

Y  de  hinojos  la  patria  Argentina 
Con  respeto  y  dolor,  taciturna. 
De  sus  manos  tomando  la  urna 
Que  contenga  tu  polvo  inmortal ; 

En  el  templo  do  están  las  cenizas 
De  Castelli,  Balcarce,  Belgrano,  (36) 
A  ponerlas  irá  con  su  mano 

Y  á  regarías  con  óleo  de  paz. 

Y  en  tu  honor,  á  lo  lejos,  mil  vivas 
Con  el  parche  y  cañón  retumbando, 
Al  Tedeum  confundidos,  vibrando 
Por  los  aires  con  júbilo  oirás. 

Y  de  pié,  gigantesca  tu  sombra. 
Bajo  un  palio  de  seis  pabellones,  (37) 
Rodeada  por  los  campeones 

Que  á  tu  lado  supieron  morir. 
Del  altar,  en  la  cúpula,  rápida. 
Como  idea  que  al  bardo  ilumina. 
Con  guirnalda  de  luz  peregrina 
Se  verá  de  repente  surgir. 

Y  del  coro  celeste,  armoniosa 

De  los  hombres  uniéndose  al  coro. 

Tu  apoteosis  en  lira  de  oro 

Así  entonce  una  voz  cantará : 

«  Noble  mártir!  la  patria  sin  grillos, 

»  Tu  heroismo  y  tesón  remunera, 

»  Mira  el  sol  de  tu  gloria  en  la  esfera, 

»  Cuan  brillante  al  cénit  trepa  ya!  :>  (38) 


CRUZADA    ARGENTINA  2^^ 


XXI 


HORIZONTES  SOMBRÍOS  —  NOBLE  EJEMPLO  —  LOS  PROSCRIPTOS. 

Todo,  todo  perdióse tumultuosos 

Desatados  los  vientos  rebramaron, 

Y  en  la  Argentina  patria  sofocaron 
De  nuevo,  al  renacer,  su  Libertad : 

Y  las  flores  más  bellas  de  la  bella 
Guirnalda  que  ceñía  su   alta  frente, 
Sobre  sus  negras   alas  sordamente 
Tronando  se  llevó  la  tempestad. 

Pobres  errantes  flores ! impelidas 

Del  huracán  veloz,   en  su  carrera. 
Buscando  luz  y  aire,  en   extranjera 
Playa  han   caído  para  más  dolor ; 

Y  pronto  han  conocido  que  la  tierra 
Quemada  y  yerma  por  un  Sol  dé  fuego, 
En  vez  de  darles  fecundante  riego. 

Iba  á  secarlas   con  estivo   ardor. 

Y  ya  muchas,  ya  muchas  han  perdido 
El  carmín  que  á  otras  flores  arrebola. 
Ya  de  muchas  la  vivida  corola. 

Se  ha  cubieito  de  fúnebre  matiz. 

Y  no  las  veis  aún  así  abatidas 

Cuando  el  viento  contra  ellas  se  desata, 
Levantar  en  las  márgenes  del   Plata, 
ó  más  allá  del  Andes,  la  cerviz?  (39) 

No  las  veis  donde  quiera  sobre  el  tallo 
Irse  doblando  pálidas  y  yertas, 

Y  só  espinas  y  abrojos  encubiertas 
Devorarlas  gusano  roedor? 

Así  á  la  erguida  palma  que  algún  tiempo 
Dióle  sombra  y  abrigo  protectora. 


ayS  CRUZADA  argentina 


Sofoca  entre  sus  brazos  y  devora 
La  parásita  hiedra  en  su  esplendor. 

Yo  no  soy  Argentino,  pero  noble 
Dentro  el  pecho  un  corazón  abrigo 
Sin  doblez  ni  falsía,  que  enemigo 
Es  de  toda  pasión  rastrera  y  vil. 
Escribo  lo  que  siento,  no  me  importa 
El  desden  de  unos  pocos  ni  me  espanta, 

Y  mientras  tenga  voz  en  la  garganta 
Por  adular  á  nadie  he  de  mentir  ! 

Soy  Oriental,  es  cierto,  pero  antes 
Americano  soy;  todos  aquellos, 
Cuya  sien  abrillantan  los  destellos 
Del  Sol  del  Inca,  mis  hermanos  son. 
Son  mis  hermanos  todos,  y  sus  penas. 
Su  gozo,  su  desdicha  ó  su  fortuna. 
Las  fibras  de  mi  pecho  una  por  una 
Sacuden  con  acorde  vibración. 

Y  entre  todos  los  pueblos  que  ensangrientan 
El  despotismo  y  libertad  en  lucha. 

Do  el  pensamiento  con  el  sable  lucha, 
Que  hiende  el  cráneo  vencedor  al  fin; 
Ninguno  me  ha  inspirado  tan  ardiente 
Generoso  entusiasmo  y  simpatía. 
Como  ese  heroico  pueblo  que  fué  un  día 
De  todo  un  mundo  el  fuerte  paladín. 

Yo  he  seguido  su  marcha  triunfadora, 

Y  le  he  visto  gigante  en  su  camino. 
Empujando   adelante  su  destino 
Tres  siglos  en  un  día  recorrer. 

Y  le  he  visto  en  seguida,  poseído 
De  vértigo  espantoso,  de  repente 
Entreabrirse  la  tierra,  y  febriciente 
A  un  abismo  sin  fondo  descender. 


CRUZADA    ARGENTINA  279 

Mi  mente  de  poeta  revolando 

De  un  Pasado  tan  bello  hasta  el  Presente^ 

De  virgen  poesía  rica  fuente 

Tras  ese  mar  de  gloria  sorprendió. 

Y  allí  abatió  sus   alas,  que  encendidas 
En  la  luz  que  sus  ondas  despidieron, 
En  la  región  etérea  se   perdieron 
Como  águila  real  que  un  dardo  hirió. 

Con  vista  escrutadora  he  recorrido 
De  su  moderna  historia  los  anales, 

Y  al  lado   de  los  héroes  Orientales 
Siempre  los  héroes  Argentinos  vi. 
Combatiendo  reunidos,  escribiendo 
Con  su  sangre  mezclada,   una  sublime 
Página  eterna  que  la  gloria  imprime 
Con   brillantinas  letras  de  rubí. 

Y  al  ver  el  infortunio  que  hoy  terrible 
Llena  sus  almas  de  aflicción  y  luto, 
He  querido  pagarles  mi  tributo 

En  estos  versos,  gotas  de  dolor; 
Si  ineficaces  son,  si  ellas  no  pueden 
En  su  pecho  verter  consuelo  y  calma. 
Son  sinceras  al  menos,  y  del  alma 
Las  arranca  punzante  torcedor. 

No  se  mentir  aún ;  pura  mi  frente. 
Puro  mi  labio  está,  puro  mi  pecho, 

Y  de  vergüenza  aún,  nadie  me  ha  hecho 
La  vista  al  suelo,  trémulo  bajar. 

El  hálito  del  mundo,  las  primeras 
Impresiones  del  hombre  y  sus  engaños. 
No  han  podido  manchar  mis  veinte  años, 
Ni  sus  nobles  instintos  apagar. 

Vosotros  lo  sabéis,  oh  generosos 
Amigos,  que  las  cuerdas  de  mi  lira. 


28o  CRUZADA  ARGENTINA 

Cuando  mi  voz  desfalleciente  espira 
Hacéis  con  vuestro  aplauso  resonar. 
Alsina,  Mitre,  Alberdi,  Pico,  Mármol, 

Iriarte,  Sarmiento,  Echeverría (40) 

Vosotros  lo  sabéis,  y  acaso  un  día 
Lo  iréis  sobre  mi  tumba  á  recordar. 

No  es  fría   compasión  la   que  me  inspira 
Vuestro  amargo  infortunio,   es  un  recelo, 
Es  un  vago  pesar,  un  desconsuelo 
Que  yo  mismo  no  alcanzo  á  comprender. 
Presentimiento  lúgubre   que  á  veces 
En  mi  frente  tristísimo  resbala, 
Como  el  suspiro  que  de  pronto  exhala 
El  corazón  en  medio  del  placer ! 

Tal  vez  mañana  bárbaro  destino 
Sobre  mi  Patria  su  rigor  desate, 

Y  envueltos  en  el  humo  del  combate, 
ó  en  redes  alevosas  de  traición. 

Sus  defensores  caigan ;  y  ese  tigre 
Que  ha  tres  años  hambriento  nos  acecha, 
Para  salvar  los  muros,  ancha  brecha 
Encuentre  sin  abrirla  su  cañón!  (41) 

Quizá  mañana  mismo  entre  repiques, 
Entre  música  y  vivas  y  algazara. 
En  medio  á  la  ciudad,  que  al  fin  domara 
Venga  á  clavar  su  lábaro  triunfal. 

Y  siniestra  una  voz,  cual  sordo  trueno. 
Confundiendo  Jos  viles  homenajes. 

Con  el  grito  de  ¡  j  mueran  los  salvajes  ! !  (42) 
¡  ¡  ¡  Viva  Rosas  ! !  ! repita  funeral. 

Entonce  cuál  sería  de  tus  hijos 
La  suerte,  oh  infeliz  Montevideo ! 
Cuando  ebria  de   sangre,  de  saqueo 

Y  de  brutal  lascivia,  en  rebelión. 


CRUZADA  ARGENTINA  281 


Desenfrenada  chusma  á  todo  escape 
Cruzara  por  tus  calles,  agitando 
Ensangrentadas  lanzas,  y  arbolando 
Cabezas  de  patriotas  por  pendón? 

¿Cuál  sería  la  suerte  de  los  buenos 
Orientales?  de   aquellos   que  no  quieren 
El  abrazo  de  Judas,  y  prefieren 
El  honor  á  su  afrenta  y  bienestar? 
Cuál  sería  la  suerte  de  los  pocos 
Hombres  de  corazón  y  pensamiento. 
Que  UNION  y  libertad,  no  humillamiento 
Ni  esclavitud,  quisieran  alcanzar? 

Esos  hombres  ¡oh  patria!  que  son  hombres, 
O  dejarán  aquí  sus  huesos  yertos 
Tirados  en  las  calles,  ó  cubiertos 
De  angustia  y  de   pavor  se  alejarán. 
Esos  hombres  ¡  oh  patria !  mientras  otros 
Cuelguen  al  pecho  vil,  rojo  letrero,  (43) 
A  mendigar  el  pan  del  extranjero 
Pobres  y  altivos  con  orgullo  irán! 

A  mendigar  el  pan  del  extranjero 
Bajo  otro  cielo  irán,  sus  alhagüeñas 
Ilusiones  perdidas;  sus  risueñas 
Esperanzas,  marchitas  en  su  albor. 
A  sentir  en  inercia  desperante 
Que  su  mente  febril  rebulle  inquieta, 

Y  que  una  férrea  mano  la  sujeta 
Sobre  el   potro  del  ocio  abrumador. 

Entonces,  patria  mía!   cual  los  hijos 
Del  Argentino  suelo,  derramados 
Por  distintos  países,   tus   amados 
Hijos  verías  divagando  ir! 

Y  doquier  humillados,   convencidos 

Que  el  proscripto  es  proscripto  donde  quiera. 


282  CRUZADA  ARGENTINA 

Tal  vez  ni  un  solo  amigo  ver  siquiera, 
Junto  á  su  lecho  en  la  hora  de  morir! 


XXII 
¡ARRIBA   corazones! 

Mis  ojos  se  han  cerrado 

De  llanto  humedecidos 

El  harpa  gime  y  luego 

Se  apagan  sus  sonidos 

Acaso  ardiente  gota 
Sus  cuerdas  reventó .... 

Sobre  la  mano  en  brasas 
Posando  la  cabeza, 
Sintiendo  afluir  al  cerebro 
La  sangre  con  presteza, 

Y  á  golpes  redoblados 
Latiendo  el  corazón ; 

Doy  rienda  al  pensamiento 
Que  comprimido,  anhela 
Rasgar  el  denso  velo 
Que  el  porvenir  encela, 

Y  en  su  carrera  al  tiempo, 
Volando  sorprender  : 

Y  en  pavorosa  nube 
Color  de  sangre  y  fuego, 
Sus  fatigadas  alas 
Como  perdido  y  ciego, 
Sacude  sin  romperla, 

Sin  un  destello  ver. 

Y  en  raudo  torbellino 
Siguiéndole  veloces, 
Cual  lúgubre  bandada 
De  buitres,   mil  atroces 


CRUZADA    ARGENTINA  283 

Ideas  infernales 
Revuelan  en  pos  de  él. 

Hasta  que  al  fin  postrado, 
Sin  fuerzas  y  perdido 
Entre  la  sombra,  rueda; 

Y  al  mundo  maldecido 
La  realidad  de  nuevo. 
La  arroja  con  su  pié. 

La  realidad que  entonces 

Absorto  el  pensamiento 
Contempla  frente  á  frente, 

Y  en  frío  desaliento 
Ve  con  horror  el  alma. 
Con  miedo  el  corazón. 

La  realidad? mentira! 

Fantasma  de  la  mente, 
Vision  de  un  moribundo. 
De  la  vejez  demente 

Vana  ilusión ! no  existe 

Para  nosotros,  no! 

Nosotros  cual  los  hijos 
Del  Argentino  suelo. 
Valientes  é  indomables 
Tenemos  fé  en  el  cielo, 

Y  la  desafiamos 
Con  altanera  sien. 

No  importa  nos  abrume 
Tenaz  en  sus  rigores; 
Dentro  del  pecho  siempre 
Nos  quedan  blancas  flores. 
Que  puras  á  la  patria 
Podemos  ofrecer. 


284  CRUZADA    ARGENTINA 

El  porvenir  es  nuestro ! 

Y  en  vano  el  rayo  zumba, 

Y  niños  todavía 

Nos  hiere,  y  en  la  tumba 

Nos  hunde  hechos  pedazos 

Es  nuestro  el  porvenir! 

¡Oh  juventud  sublime, 
Levántate  y  domina  1 
Estudia  en  esa  página 
Que  ha  escrito  la  Argentina 
Generación  de  bravos, 
Gloriosa  aunque  infeliz; 

La  abnegación  del  mártir, 
La  fuerza,  el  heroísmo. 
La  fé  de  nuestros  padres, 
El  santo  patriotismo. 
La  calma  en  los  contrastes 

Y  el  brío  en  el  dolor !  ( 44 ) 

Y  sigue  tu  camino 

Por  más  que  la  tormenta 
Rebrame  desatada, 

Y  en  su  ímpetu,  violenta, 
A  veces  contra  el  suelo 
Te  azote  con  furor. 

Levántate  más  firme 
Con  tu  bandera  en  mano, 

Y  >'uelvo  á  tu  propósito. 
Cual  vuelvo  el  Océano 
Sobre  gigante  roca 

Que  tumba  y  rompo  al  fin. 

Y  si  voncor  no  puedes» 
Por  mas  que  infaiigaMo 
Tna  v  mil  voces  luches* 


CRUZADA  ARGENTINA  285 


Altiva,  incontrastable 
Hasta  morir,  soberbia 
No  inclines  la  cerviz. 

Y  cuando  el  fuerte  acero 
Se  rompa  entre  tus  manos, 

Y  en  proscripción  amarga 
Contemples  los  tiranos 
Despedazar  tu  patria. 

Sin  defensores  ya: 

Bebe  en  la  luz  del  genio 
Que  tu  alma  frente  inunda. 
Rayos  para  lanzarlos 
A  su  cabeza  inmunda, 

Y  á  Dios  y  al  mundo  entero 
Venganza  demandar! 

Y  antes  que  vil  consientas 
Venir  á  uncirte  al  yugo 
De  tu  opresor  esclavo. 

De  Rosas  al  verdugo 
Prostituirte  imbécil, 
Como  él  sin  dignidad: 

Inclina  sobre  el  tajo 
La  juvenil  cabeza, 

Y  virgen  para  el  crimen. 
En  toda  su  pureza. 

Que  salte  de  los  hombros 
Gritando:  Libertad!  (45) 

Montevideo,  Agosto  de  1846. 


286  CRUZADA  ARGENTINA 


(i)  Publicado  en  Montevideo  en  1846  con  la  siguiente  dedi- 
catoria :    AL  BENEMÉRITO   PATRIOTA  ARGENTINO,  DR.  D.  VALENTÍN  AL- 

siNA,  en  prueba  de  aprecio  y  gratitud,  su  discípulo  y  amigo — el 
autor;  y  llevaba  por  epígrafe  los  siguientes  versos: 
....  Oh  Dios !  cuan  grandes 
Los  campeones  de  América  se  alzaron 

Y  el  grito  proclamaron 
Desde  el  Cerro  de  Oriente  hasta  los  Andes! 

Francisco  A.  de  Figueroa, 
Salud,  oh  Montevideo! 


Tú  eres  la  sola  simpática 
Con  el  pueblo  generoso. 
Cuna  de  Mayo  glorioso 

Y  apóstol  de  Libertad : 

Le  has  acogido  proscripto. 
Sus  desgracias  has  llorado, 

Y  tu  sangre  derramado 
Con  la  suya  en  hermandad. 

/.  Rivera  Indarte, 


En  la  primera  página  del  ejemplar  remitido  á  la  esposa  del 
Dr«  Alsina»  mujer  espartana,  que  con  un  golpe  de  audacia  que 
asombró  al  mismo  Rosas*  asesino  del  padre  y  hermano  de  doña 
Antonia  Maza  de  Alsina,  s^üvó  i  su  marido,  facilitándole  la  fuga 
del  pontón  donde  se  encontraba  prisionero,  escribimos  las  si- 
guientes lineas,  sincera  expresión  del  modesto  contingente  que 
deponiamc^s  en  la  tumba  de  los  minires.  y  del  homenaje  que  nos 
complacíamos  en  tributar  al  patriótico  ejemplo  y  á  las  virtudes 
de  la  noble  matrona,  hija»  esposa  y  madre  de  Gobernadores  de 
Buenos  Avrcs : 

IV  Acares  argentinas  qu:á^:c ra  cr*  digr.a  ofrenda, 
Wner  una  guirnalda.  Se:Vra.  a  >-ue5íro^  pies  : 
M4$  ay !  que  $olo  pueden,  de  ^nümd  en  prenda. 


CRUZADA  ARGENTINA  287 

Brindaros  mustias  hojas  de  palma  y  de  ciprés. 

No  importa! de  los  héroes  la  gigantesca  gloria 

Nos  cubre  con  su  inmenso,  magnífico  dosel; 

Y  el  canto  más  humilde,  si  un  eco  es  de  su  historia, 

Vivir  puede  á  la  sombra  de  su  inmortal  Laurel  ! 


Fué  éste  el  primer  trabajo  que  emprendí  de  largo  aliento  (an- 
terior á  celiar),  y  he  querido  conservarlo  tal  como  vio  la  luz  en 
1846,  corrigiendo  apenas  media  doceoa  de  estrofas  y  refundien- 
do algunas  notas.  Años  atrás,  al  reproducir  en  periódicos  litera- 
rios algunos  fragmentos  ó  capítulos  de  la  edición  de  Montevideo, 
hice  también  algunas  ligeras  correcciones,  cosa  que  á  casi  todos 
los  que  escriben  les  ocurre  al  revisarlas  pruebas.  He  procedido 
así  ahora,  entre  otras  razones,  por  la  que  da  D.  José  Zorrilla  pa- 
ra no  haber  corregido  debidamente  su  hermosa  composición 
histórica:  la  sorpresa  de  zahara,  en  la  última  edición  de  sus 
obras  (París,  1852).  «El  autor,  dice,  se  ha  abstenido  de 
hacer  en  ella  algunas  correcciones  de  que  tenía  por  cierto  gran 
necesidad ;  porque  corregida  sería  acaso  enteramente  nueva. » 

Siguiendo  el  orden  que  me  he  trazado,  respecto  de  las  notas, 
he  relegado  al  apéndice  las  que  por  su  extensión  ocuparían  de- 
masiado espacio  en  el  cuerpo  de  las  poesías,  dividiéndolas  en 
números  romanos,  según  el  capítulo  á  que  corresponden. 

(2)  En  las  Brisas  dbl  Plata,  refiriéndonos  á  los  hechos  nota- 
bles de  nuestra  historia  patria  desde  que  el  Uruguay  se  alzó  co- 
mo pueblo  independiente  y  soberano,  dijimos: 

Cuando  el  manto  que  cubre  tus  laureles 
Alze  del  genio  la  robusta  mano. 
Todo  el  gran  continente  americano 
Brillará  de  tu  gloria  al  resplandor! 


Aunque  toscamente,  sin  arte  ni  reglas,  como  los  primitivos  ro- 
manceros españoles,  nuestros  gauchos  payadores  han  poetizado 
algunos  de  esos  episodios. 

Sarmiento  en  la  Vida  de  Quiroga  ha  delineado  con  bellas 
pinceladas  al  cantor  americano,  y  ha  visto  en  él  «/¿i  ideali^^a- 
cion  de  aquella  vida  de  revueltas,  de  civilización,  de  barbarie  y 
de  peligros,^  Cúmplenos  con  este  motivo  hacer  una  advertencia 


288  CRUZADA  ARGENTINA 


sobre  algunas  locuciones  y  términos  locales,  comunes  entre  nos- 
otros, y  que  nos  pertenecen  aunque  no  se  hallan  en  el  Dicciona- 
rio de  la  Real  Academia,  y  que  algunos  reprueban  como  inar- 
mónicos ó  indignos  de  la  elevación  y  gravedad  que  exige  la 
poesía  seria.  Cada  uno  puede  pensar  como  le  agrade  :  en  cuanto 
á  nosotros,  que  no  somos  puristas,  no  creemos  sean  las  palabras 
otra  cosa  que  signos  representativos  de  ideas,  que,  pudiendo 
expresarse  con  un  vocablo,  nos  parece  redundancia  sólo  por 
halagar  el  oído  emplear  sois.  Máxime,  cuando  hay  casos  en  que 
ninguna  perífrasis  expresa  la  idea  como  la  palabra  misma. 

En  este  punto  participamos  completamente  de  la  opinión  de 
Echeverría:  ^De  intento  (el  autor)  usa  á  menudo  de  locución^ 
vulgares  y  nombra  las  cosas  por  su  nombre,  porque  piensa  que 
la  poesía  consiste  prÍ7icipalmente  en  las  ideas,  y  porque  no  siern^ 
pre  como  aquellas^  logran  los  circunloquios  poner  de  bulto  el  a6- 
jeio  ante  los  ojos:». 

(3)  Una  de  las  dificultades,  quizá  la  más  grande  que  se  presen- 
ta, al  intentar  hacer  la  defensa  ó  apología  de  los  hombres  contem- 
poráneos, es  la  multitud  de  eslabones  que  todavía  los  ligan  al 
mundo.  La  losa  de  la  tumba  cubre  sus  huesos;  pero  su  nombre 
vivo  y  palpitante,  sin  el  prisma  de  los  años,  se  ha  encarnado  en 
las  creencias  de  la  multitud,  vive  de  su  vida,  y  al  mismo  tiempo 
que  un  himno  canta  su  apeteósis,  un  eco  del  infierno,  compuesto 
de  todas  las  pasiones  mezquinas  que  heredamos  de  Cain,  le 
arroja  una  maldición  tremenda.  ¿De  qué  parte  está  la  justicia? 
Merece  ó  no  la  glorificación  ó  la  infamia  ? 

La  posteridad  lo  decidirá.  Entretanto,  cada  hombre  puede 
juzgarlos  según  le  dicte  su  conciencia. 

Podemos  equivocarnos;  pero  en  cuanto  á  Lavalle,  tenemos  la 
convicción  profunda  que  es  digno  de  la  más  alta  ^  grandio- 
sa idealización.  Para  nosotros  fué  un  héroe  en  tedíala  esten- 
sion  de  la  palabra;  un  ardentísimo  patriota;  un  verdadero  már- 
tir de  la  civilización;  que,  hasta  en  sus  errores  fué  noble 
y  magnánimo. 

Sin  embargo,  hay  una  mancha  que  empaña  sus  laureles.... 
pero  él  la  ha  lavado  con  su  propia  sangre  muriendo  por  su 
patria.  Creemos  que  el  fusilamiento  de  Dorrego  fué  un  grande 
error  político  y  nada  más.  No  es  aquí  el  lugar  de  entrar  en 
explicaciones^  pero  si  Napoleón,  que  fué  un  genio,  pudo  fu- 


CRUZADA   ARGENTINA  289 


silar  al  Duque  d'Enghien  (1804)  ^^^  estraño  es  que  Lavalle  se 
equivocase  después  de  la  revolución  del  i.»  de  Diciembre,  en 
una  época  tan  azarosa  como  el  año  28?  Y  en  fin,  si  en  el  cie- 
lo hay  piedad  y  perdón  para  el  culpable  que  se  arrepiente,  por 
qué  en  el  mundo-  no  ha  de  haberla  para  aquel  que,  si  comete 
un  crimen,  tiene  la  nobleza  de  confesarlo,  y  apenas  conoce  el 
mal  que  ha  hecho,  cruza  los  brazos,  baja  la  cabeza,  y  dice  con 
el  acento  del  dolor :  juzgadme  !  Cuando  expía  su  falta  con  lar- 
gos años  de  sacrificios  y  patriotismo,  cuando  cae  sin  vida  al  pié 
de  la  bandera  de  la  civilización  peleando  contra  la  barbarie  y  la 

tiranía? 

Involuntariamente  nos  olvidamos  que  escribimos  una  nota. 

(4)  El  I.  o  de  Marzo  de  1835  ®^  General  Oribe  fué  elegido  Pre- 
sidente delE.  O.  Poco  tiempo  después,  el  16  de  Julio  de  1836, 
el  ex-Presidente  Rivera,  habiendo  Oribe  atentado  contra  su  vida, 
según  él  aseguraba  ;  pero  cuyo  hecho  no  está  debidamente  com- 
probado, alzóse  contra  su  autoridad.  —  Tuvieron  lugar  cuatro 
batallas  con  fortuna  varia ;  hasta  que  el  15  de  Junio  de  1837  el 
ejército  legal  mandado  por  don  Ignacio  Oribe,  fué  completa- 
mente hecho  pedazos  en  la  sangrienta  batalla  del  Palmar. 

(5)  En  el  poema  A  confederagao  dos  Tamoyos  (publicado 
once  años  después  de  la  Cruzada  Argentina,  en  1857  )» ^  ilustre 
poeta  brasilero  Magalháes,  dice  : 

«  Supera  o  Amazonas  na  grandeza 
A  quantos  rios  ha  grandes  no  mundo  ! 
(6  )  Fundándose  Rosas  en  una  ley  promulgada  diez  años  antes, 
quería  que  los  Franceses  prestasen  el  servicio  urbano  como  los 
naturales.  Continuos  vejámenes  por  su  parte,  y  continuas  recla- 
maciones de  los  Agentes  Franceses,  especialmente  de  Mr.  A.  Ro- 
ger,  obligaron  al  fin  á  la  Francia  á  volver  por  su  honor  vulne- 
rado :  y  elTS  de  Marzo  de  1838  se  declararon  en  estado  de  Blo- 
queo todos  los  puertos  de  la  República  Argentina. 

(7 )  El  31  de  Diciembre  de  1838,  Corrientes  formó  una  alianza 
ofensiva  y  defensiva  con  el  E.  O.  Véase  el  Apéndice. 

(8)  En  esa  época  se  hallaban  en  Montevideo  y  varios  puntos 
de  la  República,  lo  más  selecto  de  la  sociedad  argentina  :  sólo 
en  la  clase  militar  se  contaban  los  generales  Lavalle,  Olazabal, 
Rodríguez,  Iriarte,  Alvarez,  Vedia . . . . ,  los    coroneles  Suarez, 

19 


290  CRUZADA   ARGENTINA 


Vega,  Olavarria,  Diaz(D.  P.José),  Maciel,Vileln  y  otra  multitud 
de  jefes  y  oficiales  que  no  recordamos  y  sería  muy  extenso  enu- 
merar. 

(9)  Hemos  escogido,  entre  la  multitud  de  hechos  de  armas 
gloriosos  de  Lavalle,  éste,  por  ser  el  más  notable  de  los  suyos  en 
la  guerra  de  la  Independencia.  Apenas  contaba  24  años. 

(10)  Retirado  en  Mercedes,  lejos  de  la  política  y  de  los  suce- 
sos, en  Enero  de  1839,  fui  Lavalle  invitado  por  la  Comisión  Ar- 
gentina que  se  formó  en  Montevideo,  después  de  la  entrada  del 
general  Rivera  á  la  plaza,  para  que  se  pusiese  al  frente  de  la  re- 
volución. Lavalle  contestó  al  Dr.  D.  F.  Várela,  comisionado  ad 
hoCf  que  mientras  no  ¿upiese  á  fondo  cuales  eran  las  intenciones 
de  la  Francia,  no  empuñaría  las  armas  para  ayudará  oprimir  á  su 
patria. 

Las  más  solemnes  v  formales  satisfacciones  le  fueron  dadas. 
(  Campaña  del  primer  ejército  Libertador  ctc,  por  D,  Pedro 
La  Casa  —  Nac,  —  iioSj. 

De  resultas  de  esto  vino  Lavalle  á  Montevideo. 

Un  velo,  que  no  nos  es  dado  levantar  aún,  encubre  las  dificul- 
tades inmensas  que  experimentó,  antes  de  verse  en  actitud 
de  realizar  su  intento.  Al  fin  el  2  de  Julio  con  130  hombres,  em- 
baicóse  con  dirección  á  Martin  García. 

Desde  allí  escribía  estos  bellos  renglones  que  reflejan  su  al  ma 
heroica,  su  corazón  tan  patriota  y  americano  : 

....  «/:'«  cuanto  á  mi,  Vd.  me  -ce  en  un  camino  único — el  de 
la  Patria, —  v  a:n¡que  iodo  el  universo  se  conjurase, yo  iría  á  mo- 
rir alli,  porque  asi  me  lo  mandan  mi  deber  y  mis  compromisos,  :¡> 
(Carta  á  D.  Andrés  Lamas,  datada  en  Martin  García  el  18  de  Ju- 
lio de  i8?9 ). 

( II  >  D.  Pedro  Casiolli,  hijo  del  famoso  patriota  de  1810,  era 
digno  del  nombro  que  llevaba  :  distinguióse  en  la  guerra  de  la 
Independencia,  y  era  lonienie  coronel  cuando  se  retiró  á  la  vida 
privada.  Fué  uno  do  los  primorosa  quienes  Lavalle  |se  dirigió, 
cuando  concibió  ol  arriesgado  inconto  de  libertar  á  su  patria. 

Hornos  dicho  en  ol  loxto  quo  Cas:elli  murió  en  Cliascomús, 
No  os  exacto  :  salió  vivo  J.ol  canipodo  batalla  :  pero  alcanzado 
algunos  días  Jospuos  por  una  panida  enemiga,  no  quiso  entre- 
garse y  murió  polcando.  Su  cabo/a  fu  J  colocada  en  la    plaza   de 


CRUZADA  ARGENTINA  29 1 

Dolores  á  la  espectacion pública,  en  un  palo  bien  alio,  según  or- 
denaba Prudencio  Rosas,  digno  hermano  de  J,  Manuel,  á  M.  Ra- 
mírez, juez  de  paz  y  comandante  militar  d(;  dicho  pueblo.  (Parte 
de  P.  Rosas,  fecha  9  de  Noviembre  de  1839). 

( 12  )  Ciertamente  no  comprenderá  un  Europeo  la  magnitud 
del  sacrificio  que  hacían  los  gauchos,  al  abandonar  su  rajicho  y 
su  parejero,  para  encerrarse  voluntariamente  en  un  buque,  don- 
de se  ahogan  y  sofocan  acostumbrados  á  la  vida  inquieta  y  va- 
gabunda de  nuestros  campos,  á  la  inmensidad  del  desierto^  al 
aire  impregnado  de  trébol  y  suaves  aromas  que  se  desprenden  de 
las  cuchillas  vestidas  de  flores.  El  movimiento  continuo  es  una 
necesidad  vital  para  el  gaucho,  que  vive  y  se  ha  criado  encima 
del  caballo,  desde  la  edad  de  tres  anos,  ó  más  bien  desde  que  na- 
ce hasta  que  mucre.  Muchos  hacendados  de  nuestra  campaña, 
han  sucumbido  en  nuestra  emigración,  no  de  miseria,  no  por 
las  fatigas  militares,  sino  por  el  cambio  de  vida,  por  la  tristeza, 
por  la  postración  física  y  moral  que  se  ha  apoderado  de  ellos,  al 
verse  encerrados  dentro  de  los  muros  de  Montevideo,  sin  un  po- 
tro para  cruzar  libres  como  la  brisa  que  las  perfuma,  esas  lla- 
nuras que  divisaban  á  lo  lejos,  y  dirigirse  como  en  días  más  feli- 
ces á  sus  pagos,  donde  el  mate  los  esperaba  en  la  puerta  del 
ranchOy  bajo  el  Ombií,  en  Iüí  Estancia  vecina,  así  como  el  asado 
con  cuero  en  medio  de  la  algazara  y  alegría  de  una  yerra,  ó  de 
viaje  en  el  silencio  de  los  campos,  á  la  margen  de  algún  arroyo, 
bajo  la  sombra  de  los  Talas  y  Sarandises. . . . 

Sólo  así  se  comprende  fácilmente  cuan  insoportable  debe  ser 
para  el  gaucho,  aunque  sea  por  algunos  instantes,  la  inacción  á 
que  se  ve  forzado  dentro  de  un  buque  y  el  mareo  que  le  quita  las 
fuerzas,  le  expone  á  la  risa  de  los  otros,  y  acaba  por  desesperarle 
si  se  prolonga  mucho  tiempo.  Sólo  así  se  explica  la  aversión  ins- 
tintiva, involuntaria,  que  profesa  al  mar. 

Conviene  recordar  que  estos  gauchos,  que  tan  expontáneamente 
iban  á  buscar  á  Lavalle,  eran  los  mismos  que  diez  años  antes  ha- 
bían peleado  contra  el  en  el  Puente  de  Marquej^  y  en  Navarro, 

(13)  V.  t.  I  Palmas  y  Ombúes  pág.  126,  nota  5. 

(14)  Pelayo  es  el  Moisés  español  :  abandonado  por  su  madre 
á  las  olas  del  Tajo,  en  una  canastilla  cuidadosamente  preparada, 
fué  sacado  de  ellas  por  su  tío  don  Godofredo.  Cuando    la  inva- 


2^2  CRUZADA  ARGENTINA 

« 

sion  de  los  Moros  á  principios  del  siglo  VIII,  Pelayo  retirado  en 
las  montañas  de  Asturias  con  otros  nobles  godos,  continuó  con 
heroismo  ejemplar  esa  lucha  tan  gloriosa  para  la  España,  que 
empezó  en  la  batalla  del  Guadalete  el  ii  de  Noviembre  de  711 
j  acabó  con  la  toma  de  Granada  el  6  de  Enero  de  149^,  después 
de  800  años  de  continuos  y  encarnizados  combates. 

(15)  Se  ha  dicho  que  fué  para  sorprender  á  López  ;  se  ha 
dicho  que  para  reunirse  á  sus  amigos  del  interior  y  volver  luego 
con  fuerzas  suficientes.  —  Se  ha  dicho  también  que  Rosas  envió 
un  chasque  con  falsas  comunicaciones,  y  que   Lavalle  engañado 

por  ellas  retrocedió La  Casa  dice  ( folleto  cit.  —  Nac.  1 1 08  ) 

que  cerca  de  12,000  enemigos  venían  por  distintas  direcciones 
acortarle  el  paso.  Ya  hemos  indicado  nuestra  opinión  particular 
á  este  respecto  :  creemos  que  fué  un  error  de  Lavalle  el  retroce- 
der.—  Pero  sea  lo  que  sea,  muy  fuertes  y  poderosas  razones  de- 
bieron obrar  en  su  ánimo,  para  hacerle  tomar  esa  resolución  —  y 
mayormente  cuando  hasta  el  día  antes  de  su  retirada,  había  ma- 
nifestado á  todos  los  que  estaban  á  su  lado,  su  intención  decidida 
de  penetrar  en  Buenos  Aires.  Y  en  suma,  mientras  no  se  sepa 
la  causa  verdadera,  sólo  se  pueden  hacer  suposiciones,  y  por  su- 
posiciones no  se  condena  á  nadie. 

(16)  Justos  en  la  alabanza  como  en  la  censura,  no  consulta- 
mos otra  cosa,  al  emitir  nuestros  juicios,  que  la  opinión  que  nos 
hemos  formado  de  las  personas  por  sus  obras,  hechos  y  antece- 
dentes. Sujetos  al  error  y  á  las  pasiones  como  hombres,  algo  pue- 
de influir  en  bien  ó  en  mal,  su  conducta  para  con  nosotros  ;  pero 
jamas  hasta  llevarnos  á  infringir  conscientemente  las  leyes  de 
la  justicia,  de  la  razón  y  de  la  verdad.  Véase  t.  I.  pág.  241. 

(17)  El  párrafo  siguiente,  tomado  de  las  memorias  inéditas 
del  General  Iriarte,  explica  la  funesta  jornada  del  Quebracho 
herrado  6  Quebrachito  : 

«  Esta  provincia  (  Santa-Fé  )  tan  insignificante  por  sus  medios 
materiales  y  personales,  ha  sido,  sin  embnrgo,  en  todos  tiempos 
el  sepulcro  de  los  ejércitos,  relativamente  numerosos  y  fuertes 
de  Buenos  Aires  que  la  han  invadido,  y  la  razón  es  muy  sencilla. 
Todos  los  elementos  de  nuestra  clase  de  guerra  son  allí  nega  • 
tivos  :  suma  escasez  de  caballos ;  poquísimo  ganado  vacuno  y 
lanar  ;  aguas  salobres  é  impotables,  y  escasos  y   malos  pastos  ; 


CRUZADA  ARGENTINA  393 


los  densos  bosques  del  Chaco,  que  empiezan  á  distancia  de  dos 
leguas  de  Santa  Fé,  y  la  mortífera  yerba  llamada  mio-mio,  que 
los  caballos  apetecen  y  que  los  mata  en  pocas  horas  después  de 
haberla  probado,  son  otras  tantas  concausas  de  efecto  sor- 
prendente para  los  que  no  conozcan  tan  poderosos  obstáculo$« 
para  los  que  no  sepan  que  por  ellos,  Santa-Fé  es  un  pésimo  teatro 
de  guerra  para  un  ejército  invasor.  :í^ 
1843. 

(  18  )  Ya  hemos  indicado  (Nota  6  )  el  origen  de  la  guerra  de 
Rosas  con  la  Francia.  —  A  consecuencia  de  esto  vino  para  nues- 
tra desgracia,  Mr.  Ángel  Rene  Armand  de  Mackau,  Barón  de 
Mackau,  Gran  oñcial  de  la  orden  real  de  la  legión  de  honor, 
Vice-almirante,  Comandante  en  jefe  de  las  fuerzas  navales  de 
Francia,  empleadas  en  los  mares  de  la  América  del  Sud,  etc. 
etc. 

Este  señor,  condecorado  con  tanto  título,  llegó  á  Montevideo 
el  23  de  Setiembre  de  1840,  y  el  29  de  Octubre  del  mismo  año 
firmaba,  abordo  de  la  Boulonnaise,  el  ignominioso  tratado  que, 
en  el  Río  de  la  Plata  ha  hecho  su  nombre  sinónimo  de  traición, 
como  el  de  Judas  lo  es  de  perfidia  en  todo    el  mundo  civilizado. 

^  El  Estado  Oriental,  los  pueblos  y  ciudadanos  Argentinos, 
que  tan  principal  papel  representaron  en  el  drama  del  Rio  de  la 
Plata  j  han  sido  innoblemente  vendidos  en  este  desenlace,  que  pre- 
paró la  política  impróvida  y  desleal  del  gobierno  francés. 

Un  sentimiento  unánime  de  indignación ,  de  que  en  igual gra^ 
do  participan  los  Argentinos,  los  Orientales^  la  crecida  población 
francesa  de  estos  países^  y — preciso  es  reconocerlo — la  marina 
misma,  cuyo  jefe  celebró  el  tratado  que  termina  la  cuestión,  ha 
condenado  severamente  ese  acto  de  ignominia,  como  contrario  al 
honor,  á  la  dignidad  y  á  los  intereses  n^ateriales  de  la  Francia; 
como  una  traición  vergonzosa  á  sus  aliados  en  el  Plata,  7>  (Sobre 
la  convención,  etc.,  f olí.  de  120 pág,,  por  el  Dr,  D,  -F.  Várela  — 
Imp,  déla  Caridad —  1840 — pág,  4), 

(19)  Es  un  hecho  muy  notable  pero  que  no  sabemos  se  haya 
nadie  fijado  en  él  hasta  ahora.  —  Desde  que  Mackau  firmó  su 
maldita  convención,  todos  fueron  desastres  para  la  causa  de 
los  libres  ;  una  serie  de  contrastes  desde  el  Quebracho,  Sancalá, 
San   Juan,    Famalla,    Rodeo  del    Medio,   hasta    que    Lavalle 


294  CRUZADA  ARGENTINA 

cayó  sin  vida  en  Jujuy,  y  Lamadrid  vencido  atravesó  la  Cor- 
dillera. 

(20)  Al  leer  los  documentos  de  esa  época,  y  al  ver  el  modo 
como  los  gabinetes  Europeos  han  considerado  recientemente 
la  cuestión  del  Plata,  casi  creemos  que  Mackau  no  ha  hecho 
más  que  ejecutar  las  órdenes  de  su  gobierno,  como  el  mismo 
dice:...  mon  gouvernement,  dont  je  n'ai  fait  qu'executer  les 
ordres  (Docum.  Ofic.  etc.  pág.  30 — Nota  del  Barón  de  Mac- 
kau al  Sr,  Lamas —  cop.  VIII).  Pero  asimismo,  «5i  ellas  le pres 
cribían  hacer  lo  que  ha  hecho,  el  Almirante  jamas  debió  en- 
cargarse de  una  misión  de  deshonor:  debió  imitar  la  conducta 
del  Sr,  Bandín,  porque  el  brillo  que  procuran  los  favores  de 
una  corte  no  borra  la  negra  mancha  de  una  acción  indecorosa.^ 
(Sobre  la  convención  etc. ,  pág.   46). 

(21)  El  Sr.  Bellemare,  salió  expresamente  de  Montevideo 
para  ir  á  poner  en  manos  de  los  Diputados  la  protesta  que, 
con  fecha  11  de  Noviembre,  les  dirigiéronlos  franceses  resi- 
dentes en  Montevideo:  —  ya  de  antemano  el  noble  conde  Dubou- 
chage,  en  sus  preguntas  (Sesión  del  15  de  Junio  de  1840)  y  el 
jefe  del  gabinete  en  sus  respuestas,  tácitamente,  ignorándola, 
habían  reprobado  la    conducta  de  su   Plenipotenciario. 

Y  más  tarde  Odillon  Barraut,  De  Siéyes,  Billaut  y  96  dipu- 
tados que  forman  la  lista  publicada  en  el  núm.  1219  del  Patriota 
Francés,  así  como  el  jefe  del  partido  legistimista,  el  elocuente 
Berrier,  y  el  mismo  Thiers  que,  en  plena  cámara  f  Sesión  del ^i  de 
Mayo  de  1S44)  ^^  declarado  Salteador  (Brigand)  á  Rosas,  han 
demostrado  la  inutilidad,  desdoro  y  torpeza  de  la  Convención 
de  29  de  Octubre. 

Hemos  visto  una  excelente  caricatura  hecha  en  Francia,  donde 
está  representado  Mackau  exactamente  como  lo  describen  los 
dos  versos  de  la  estrofa  primera  déla  png.  252;  —  en  figura  de 
asno  empacado,  delante  de  los  cadáveres  de  Bacle.  Wenzel,  y 
Varangot,  y  encima  Rosas  vestido  de  gaucho,  dándole  espuela 
y  látigo  para   que    pase. 

(22)  Dos  contrastes  de  los  patriotas  en  la  guerra  de  la  inde- 
pendencia. 

(23)  En  el  corazón  del  invierno,  cuando  cerrada  enteramente 
por  el  hielo,  corrían  el  riesgo   de  quedar  sepultados   bajo  la 


CRUZADA    ARGENTINA  295 

lluvia  de  nieve  que  incesantemente  cae  en  esa  época  del  año. 
A  fuerza  de  amonestaciones  y  repetidas  instancias,  con  gran  tra- 
bajo consiguió  Lamadrid  que  á  algunas  jornadas  se  volviesen 
como  200  hombres.  Iban  á  morir  de  hambre  y  de  frío  y  no 
quería  ese  valiente  veterano,  que  se  sacrificasen  allí  inútilmen- 
te, cuando  podían  aún  salvarse  y  conservar  su  vida,  para  rendirla 
más  tarde  si  él  volvía,  en   el  altar  de   la  Patria. 

(24)  Este  hecho,  que  parece  una  invención  poética,  me  fué 
referido  en  «las  trincheras  de  Montevideo  por  dos  oficiales 
del  ejército  de  Lamadrid,  con  alguna  pequeña  variante  en 
su  relato.  Años  después  leí,  con  no  poca  sorpresa,  en  la  ///j- 
toria  de  la  conquista  del  Pcrú^  el  siguiente  párrafo  en  que 
se  refiere  el  paso  de  Pizarro  y  sus  compañeros  por  la  cordi- 
llera con  rumbo  á  Caxamalca. 

«  El  clima  había  ido  cambiando  por  grados,  y  los  hombres 
y  los  caballos,  especialmente  éstos,  sufrían  mucho  por  efecto 
del  frío,  por  la  razón  sobre  todo,  de  haber  estado  acostumbrados 
durante  tanto  tiempo  á  los  ardientes  climas  de  lo  trópicos.  Tam- 
bién había  variado  el  carácter  de  la  vegetación,  y  los  árboles 
magníficos  que  cubrían  la  parte  baja  del  país  habían  poco  á 
poco  cedido  el  puesto  á  los  tristes  bosques  de  pinos,  yá  medida 
que  subían  más  á  la  raquítica  vegetación  de  innumerables  plan- 
tas alpinas,  cuya  áspera  naturaleza  encontraba  una  temperatura 
que  le  convenía  en  la  frígida  atmósfera  de  las  regiones  más  ele- 
vadas. Estas  tristes  soledades  parecían  haber  sido  casi  entera- 
mente abandonadas,  por  la  creación  bruta  lo  mismo  que  por  el 
hombre.  De  cuando  en  cuando  se  veía  á  la  ágil  vicuña  en  su 
estado  de  libertad  natural,  mirando  hacia  abajo  desde  el  encum- 
brado pico  á  donde  no  se  atrevía  á  acercarse  el  cazador.  Pero  en 
lugar  de  los  brillantes  pájaros  que  animaban  la  obscuridad  de 
los  bosques  de  los  trópicos,  los  aventureros  no  veían  ahora  más 
que  t7  ave  jigíintcsca  de  los  Andes,  el  cóndor  y  que  cerniéndose 
en  los  aires  d  una  elevación  inmensa  y  seguía  con  melancólicos 
gritos  la   marcha    del  ejercito,  » — W.    H.  Prescott. 

Andrade  en  el  Nido  de  cóndores  escxho  y  \>\x\A'ic2iáo  en  1877, 
hablando  de  la  batalla  de  Chacabuco  en  los  Andes  chilenos, 
dice  : 

En  la  humareda. 

La   enseña  de  los  libres  ondeaba 


2g6  CRUZADA  ARGENTINA 


Acariciada  por  la  brisa  leda. 

Lanzó  el  cóndor  un  grito  de  alegría, 
Grito  inmenso  de  júbilo  salvaje; 
Y  desplegando  en  la  extencion  vacía 
Su  vistoso  plumaje 

jinete  del  vacío 

Cabalgando  en  nublados  y  huracanes, 
En  la  cumbre,  en  el  páramo  sombrío, 

Tras  hielos  y  volcanes 
Fué  siguiendo  los    vividos    fulgores, 
De  la  bandera   azul  de  sus  amores ! 

(26)  El  himno  inmortal  de  López  —  verdaderamente  triun- 
fal —  con  él  se  han  ganado,  desde  que  se  compuso,  todas  nues- 
tras batallas    en  la  guerra   de  la  Independencia. 

(27)  Los  párrafos  que  siguen  están  tomados  de  dos  notas 
de  la  Comisión  Argentina  en  Santiago,  al  general  Lamadrid  :  la 
una  fecha   19  de  Setiembre,  y  la  otra  de  2  de  Octubre  de  1841 : 

^ Mucho  ha  perdido  la  República  Argentina;  mas  le  queda 
V.  E.y  le  quedan  sus  valientes  compañeros  de  gloria^  le  queda 
más  arraigado  el  odio  á  su  bárbaro  tirano^  le  quedan  los  huesos 
de  sus  hijos  sembrados  en  los  campos  para  recordarles  que  es 
preciso  ser  libres  ó  morir  como  ellos ^  si  se  ha  de  llevar  el  nom- 
bre A  rgen  tin  o  dign  a  mcn  te. » 

<^ Hombres  capaces  de  concebir  y  ejecutar  tales  pensamientos^ 
son  dignos  de  la  admiración  que  inspiran ^  y  del  lugar  que 
desde  luego  les  reserva  la  historia  para  recomendarlos  d  la 
posteridad  como  modelos  de  patriotismo,  de  elevación  y  de  gran- 
deva ». 

(28)  No  queremos  decir  que  haremos  lo  que  nadie  ha  hecho, 
sino  simplemente,  poetizar  temas  que  nadie  ha  poetizado  an- 
tes que  nosotros;  buscando  la  poesía  Americana  en  las  graves 
meditaciones  de  nuestra  historia  contemporánea,  en  el  exa- 
men de  las  vanadas  faces  que  ofrece  al  pensador  y  al  poeta, 
y  en  las  provechosas  lecciones  que  de  ella  pueden  sacarse  para 
el  presente  y  el  porvenir  de  los  pueblos  en  la  lucha  eterna  con 
el  mal. 


CRUZADA  ARGENTINA  397 


Por  eso   dijimos  en  las  Brisas,  pág.  41  y  86: 
Yo  no  quiero  invocar  viejas  deidades, 
Ni  parodiar  á  griegos  ni  latinos; 
Al  fragor  de  las  roncas  tempestades, 

Y  al  fulgor  de  los  rayos  repentinos 
Que  talan  nuestros  campos  y  ciudades. 
Busco,  Señor,  con  fé  nuevos  caminos, 

Y  do  tu  diestra  omnipotente  brilla 
Allí  doblo  la  frente  y  la  rodilla! 

Salud,  nobles  poetas  que  el  triunfo  ha  coronado, 

Por  otra  senda  inculta  llevar  quiero  mi  pié: 

Si  encuentro  sólo  abrojos. ...  si  caigo  fatigado. .  . . 

Leyendo  vuestros  cantos  mi  angustia  olvidaré. 

¿Caeré?....  ya  me  levanta  delirio  febriciente, 

Que  hace  en  mi  sien  convulsa,  la  inspiración  surgir, 

Y  como  un  meteoro  la  noche  del  presente, 
Convierte  en  alba  hermosa  la  luz  del  porvenir! 

(29)  Las  ideas  emitidas  en  este  período,  son  poco  más  ó  me- 
nos las  mismas  que,  en  diversas  ocasiones,  ha  expresado  La- 
valle  en  su  correspondencia.  Es  indudable  que  en  los  días 
que  precedieron  á  su  muerte,  debió  meditar  muchísimo  sobre 
su  empresa  y  sus  resultados.  Sentiremos  no  haber  interpretado 
dignamente  sus  últimos  pesamientos ;  pero  en  cuanto  al  fondo, 
todos  los  que  tuvieron  la  suerte  de  conocerle  y  merecer  su  con- 
fianza, dirán  si  es   ó  no  exacto. 

(30)  Los  nombres  de  aquellos  hombres  que  en  1839  y  des- 
pués han  hecho  exclamar  á    Lavalle  : 

«  Todo  el  universo  conjurado^  no  me  hará  variar  de  resolu^ 
cion.  ...  si  triunfamos,  ignominia  para  los  infames,  y  s  i  yo 
muero,  más  ignominia  aihi  ! 7>  (Revista  del  Plata,  núm,  54J. 

(31  )  Por  más  que  se  reflexione,  no  se  puede  ver  en  los  jefes 
y  soldados  del  ejército  libertador  más  que  un  grupo  de  valientes 
que  han  buscado  en  toda  la  extensión  que  se  encierra  entre  los 
Andes  y  el  Plata,  el  sitio  y  el  día  para  cumplir  su  juramento  de 
vencer  ó  de  morir  por  la  libertad  de  su  patria.  Si  han  perdido 
una  cuestión  política  en  su  derrota,  han  ganado  una  cuestión  mo^ 
ral  con  su  constancia  sin.par y  con  su  muerte  heroica.  (  La  Casa 
—  Nac.  cit.J 


398  CRUZADA    ARGENTINA 

(  j2  )  Lavalle  al  fin  era  hombre,  y  como  tal  ha  cometido  erro- 
res de  grave  trascendencia  :  pero  siempre  que  le  han  dejado  lu- 
gar á  la  meditación  ha  reconocido  su  engaño  y  se  ha  arrepentido 
sinceramente.  ¿  Qué  estraño  es  que  en  la  hora  de  morir,  una 
idea  semejante  se  le  ocurriera  respecto  de  su  empresa  fracasada, 
al  recordar  á  su  patria,  al  presentir  confusamente  el  mal  que,  con 
las  mejores  intenciones,  involuntariamente  ha  podido  causarle? 

( 33  )  Generalmente  oimos  repetir  «  pueblo  envilecido,  pue- 
blo degradado  »  :  generalmente  se  cree  que  Buenos  Aires  ha 
aceptado  la  coyunda  de  Rosas  sin  hacer  ningún  esfuerzo  para 
romperla  :  esta  idea  es  enteramente  falsa.  En  1838  se  frustró  una 
revolución  de  resultas  de  la  captura  y  muerte  del  coronel  Zela- 
rrayan.  Se  acababa  de  frustrar  otra  de  resultas  de  la  delación  de 
Martinez  Fonte,  que  trajo  el  fusilamiento  del  gallardo  y 
valiente  joven  don  Ramón  Maza: — en  1839  estalló  otra  en  el 
Sud  encabezada  por  Castelli.  Todo  esto,  reunido  á  la  inmensa 
emigración  de  tantos  hombres  respetables  y  de  tanta  juventud 
decente,  apesar  de  saber  que  con  ello  exponían  su  vida  y  la  de 
sus  familias,  y  que  perdían  sus  bienes,  para  ir  á  empuñar  las  ar- 
mas, revela  que  Buenos  Aires  no  se  ha  sometido  fácilmente  á  la 
tiranía,  y  que  sus  hijos  han  hecho  constantemente  cuanto  han 
podido  contra  ella. 

No  hemos  mentido,  pues,  al  decir  que, 

«  ....  la  sangre  de  sus  rotas  venas 

Es  cual  la  sangre  de  ochocientos  diez  ». 

Idea  que  ha  sido  expresada  antes  en  estos  dos  valientes  ver- 
sos del  señor  Mitre,  hablando  de  los  descendientes  de  los  revo- 
lucionarios de  Mayo  : 

«  Sangre  fecunda,  como  fué  fecunda 
La  de  los  héroes  de  ochocientos  diez  ». 

(34  )  No  es  hipérbole  :  es  muy  frecuente  hallar  en  la  historia 
la  defensa  de  un  cadáver  en  el  calor  de  una  batalla,  pero  no  te- 
nemos noticia  de  ninguna  que  iguale  á  ésta.  Las  circunstancias 
singulares  que  la  caracterizan,  el  lugar  de  la  escena,  el  peligro 
continuo  á  que  se  veían  expuestos  los  proscriptos,  y  su  duración, 
dan  un  colorido  tan  especial,  particularizan  de  tal  modo  este 
episodio  que,  si  no  nos  equivocamos,  lo  constituyen  —  único  en 
su  género. 


CRUZADA  ARGENTINA  299 

El  señor  Lamas,  en  una  nota  (  acaso  la  más  bella  de  su  obra 
Apuntes  históricos  sobre  las  agresiones  del  Dictador  argentino 
contra  la  Independencia  de  la  República  Oriental  del  Uruguay. 
—  Montevideo  1849  ),  ha  consignado  este  hecho  memorable. 

Hela- aquí : 

«  Una  de  las  acciones  más  hermosas  de  esta  guerra  de  quince 
años  y  tan  rica  de  heroismo  y  de  sacrificio  por  una  parte  como  de 
abominable  barbarie  por  la  otra,  es  la  defensa  del  cadáver  del 
general  Lavalle,  Es  una  acción  digna  de  la  más  alta  y  religiosa 
epopeya,  Pero  ante  ese  puñado  de  bravos,  escapados  á  la  muerte 
en  los  campos  de  Famalla,  que  se  detiene  en  los  límites  de  su  pa-- 
tria  y  los  cierra  con  su  sangre  al  paso  de  cuádruples  enemigos; 
de  esos  soldados  que  caen  y  mueren  allí,  sirviendo  de  escudo  al 
cadáver  de  su  general,  que  luchan  con  brío  indomable  y  se  sacri- 
fican con  jfibilo  sólo  para  que  ese  cadáver  tenga  tumba  cristiana 
en  la  tierra  extranjera  que  va  á  servirle  de  asilo  —  que  ofrecen  su 
sangre  y  sus  caberas  á  la  rabia  desús  enemigos,  sólo  para  que  no 
profanen  la  cabe^^a  de  su  muerto  general. . . .  ante  ese  espectá- 
culo de  heroica  piedad,  Oribe  y  sus  compañeros  de  crimen  nosin* 
tieron  ni  enervado  el  bra;^o,  ni  conmovido  el  pecho,  ni  enaltecida 
la  mente,  ni  ennoblecida  siquiera  la  palabra, . . . 

Esto  ^nuestra  al  hombre,  lo  muestra  todo  entero.  Es  uno  de  esos 
hechos  que  son  una  verdadera  auptosia  moral  ». 

En  seguida  transcribe  tres  documentos  que  prueban  acabada- 
mente sus  asertos. 

(  35  )  «Si  alguna  vez  volvemos  á  esa  patria  viuda  de  sus  mejo- 
res hijos,  le  llevaremos  la  urna  que  contenga  cenizas  tan  precio- 
sas, capaces  de  inflamar  en  fuego  patriótico  á  corazones  de  már- 
mol. Cerca  de  ella  irán  á  inspirarse  los  jóvenes  de  esa  generación 
venidera,  mientras  que  nosotros  la  regaremos  con  nuestras  lá- 
grimas, la  honraremos  con  la  religión  de  tan  santos  recuerdos,  y 
con  el  olvido  de  nuestras  malas  pasiones.  »  (  Nac.  — 629.  ) 

Esto  decía,  cuatro  anos  antes  de  su  muerte,  el  infatigable  es- 
critor que  ha  cooperado  más  que  ninguno  con  su  inteligencia  al 
sosten  de  la  causa  de  la  civilización  en  el  Río  de  la  Plata.  —  Po- 
bre Rivera  Indarte  !  cuando  escribía  esas  proféticas  palabras 
muy  lejos  estaba  de  pensar  que  en  él  empezarían  á  realizarse. 

En  efecto,  en  la  Orden  general  comunicada  al  ejército  Corren- 


300  CRUZADA  ARGENTINA 


tino  el  4  de  Noviembre  de  1845,  encíontrainos  ]a   siguiente  dis- 
posición de  su  general  en  jefe  entonces,  don  José  M.  Paz  : 

«  Art.  2,^  Bl  general  del  ejército  luego  que  la  patria  sea  libre 
del  tirano  que  la  oprime,  solicitará  del  gobierno  de  ella: 

/.o  Que  los  restos  de  don  José  Rivera  Indar  te  sean  traidos  ásu 
seno,  y]colocados  con  el  honor  correspondiente  d  sus  eminentes  ser- 
vicios, en  un  monumento  público,  »(Com.  del  Plata —  N.®  jj.  ) 

(  36  )  Balcarce  y  Belgrano  están  enterrados  en  la  Catedral  de 
Buenos  Aires.  — Castelli  no  sabemos  con  exactitud  dónde. 

(37  J  Peleando  por  su  patria,  ó  más  bien  por  la  independen- 
cia Americana,  Lavalle  ha  peleado  por  la  independencia  de  seis 
Repúblicas.  Y  sin  faltará  la  verdad,  se  pueden  gravar  sobre  la  lá- 
pida de  su  sepulcro  las  banderas  Argentina,  Oriental,  Boliviana, 
Peruana,  Ecuatoriana  y  Chilena. 

(38)  Esta  apoteosis,  escrita  hace  cuarenta  y  dos  años,  se  ha 
cumplido  recientemente  al  pié  de  la  letra  (  1887 ),  y  la  estática  en 
bronce  de  Lavalle  se  alza  hoy  magestuosa  en  la  plaza  del  Parque^ 
una  de  las  más  bellas  de  la  capital  argentina. 

(  39  )  Es  triste  decirlo,  pero  no  por  eso  menos  exacto  :  — «  la 
juventud  Argentina  en  la  proscripción  y  obligada  d  ganar  el  pan 
con  el  sudor  de  su  rostro^  continuamente  sobresaltada  por  los  in- 
fortunios de  su  patria  y  por  los  suyos  propios,  hostigada  y  aun 
injuriada  por  preocupaciones  locales,  y  por  el  principio  retrógra- 
do,  sin  estimulo  alguno  ni  esperanza  de  galardón,  ha  trabajado, 
sin  embargo,  cuanto  es  dable,  por  merecer  bien  de  la  patria  y  ser- 
vir la  causa  del  progreso.  Ninguna  desgracia,  ningún  contra- 
tiempo ha  entibiado-su  devoción,  ni  quebrantado  su  constancia  ; 
y  aunque  en  distinta  arena  ha  combatido  sin  cesar  como  los  va- 
lientes patriotas,  con  el  fusil  y  la  espada,  3^  (E.  Echeverría  — 
Ojeada  Retrospectiva  etc.  pág.  LXVI ). 

(  40  )  No  por  hacer  alarde  de  la  amistad  con  que  nos  honran, 
citamos  á  estos  señores  ;  sino  únicamente  para  probar  con  la  au- 
toridad de  algunos  nombres  Argentinos  conocidos,  la  sinceridad 
de  nuestros  seniimienios  á  este  respecto  :  y  el  origen  de  las 
ideas  y  reflexiones  que,  en  su  trato  continuo,  han  debido  inspi- 
rarnos el  conocimiento  de  su  capacidad  y  el  aprecio  de  sus  bue- 
nas cualidades. 

(41  )  Hipótesis  que  contiamos  en  la  Providencia,  no  sereali- 


CRUZADA    ARGENTINA  3OI 

zara  ;  pero  que  nos  han  obligado  á  hacer,  bien  á  nuestro  pesar, 
las  continuas  intrigas  y  escandalosos  manejos  de  los  enemigos  ; 
los  últimos  traji-cómicos  sucesos  ;  y  la  política  conciliadora ^ 
mesurada  y  propiamente  diplomática,  de  los  gabinetes  Europeos. 
(Téngase  presente  que  esta  nota  y  las  demás,  excepto  dos  ó  tres, 
fueron  escritas  en  1846). 

(  42  )  Salvajes  :  se  entiende  unitarios.  La  elegancia  entre  los 
federales  netos,  es  decir  salvajes  solamente. 

(  4j  )  El  «  Viva  la  Federación  1  Mueran  los  Salvajes  Unita^ 
rios  /»  y  el  escudo  blanqui-rojo  que  la  mayor  parte  del  pueblo 
Montevideano  ha  podido  ver  con  sus  ojos,  en  estos  días  de  tris- 
tísimo recuerdo,  en  el  pecho  délos  ilusos  ó  envilecidos  Orienta- 
les que,  voluntariamente  ó  por  la  fuerza,  siguen  las  banderas  del 
Renegado, 

( 44 )  El  principal  objeto  que  nos  propusimosal  escribir  este  li- 
bro fué  ofrecer  ala  meditación  de  nuestros  jóvenes  compatriotas, 
compendiada  en  corto  espacio,  vestida  con  las  galas  de  la  poesía, 
y  apoyada  con  el  testimonio  de  los  documentos,  sucesos,  perso- 
nas y  escritores  que  citamos,  la  bella  y  grandiosa  moralidad  que 
encierran  los  hechos  culminantes  de  la  Cruzada  Argentina  con- 
densados  en  estas  páginas. 

No  creeremos  perdido  el  tiempo  que  hemos  empleado  en  es- 
cribirlas, si  encuentra  en  ellas  dignos  ejemplos  que  imitar  :  si 
somos  tan  felices,  que  despierten  nuevaj»  simpatías  por  el  pueblo 
Argentino ;  si  contribuyen  en  cierto  modo  á  destruir  algunas 
preocupaciones  hijas  bastardas  de  un  espíritu  de  nacionalismo 
mal  entendido  :  si  arrancan  una  maldición  valiente  y  poderosa 
á  todo  corazón  bien  puesto,  contra  los  verdugos  comunes  de  los 
Orientales  y  Argentinos,  el  gaucho  de  la  Pampa  y  el  hijo  espú- 
reo de  las  ciudades  que  se  ha  entregado  á  él  en  cuerpo  y  alma, 
como  el  reprobo  Cain  al  genio  del  mal.  Si  en  fin,  su  lectura  prue- 
ba, que  ante  todo  :  <cla  poesía  debe  tener  una  misión  de  castigoy 
de  premio  y  no  perderse  en  el  platonicismo  de  las  ideas,  ó  en  la 
esbirituali^acion  del  amor:^,  (  J,  R,  Indar  te  J, 

«  Que  es  preciso  que  se  desengañen  los  ilusos  que  haya  de  buena 
fe:  que  todo  lo  que  desacredite  y  ataque  á  Rosas,  es  en  defensa  y 
provecho  de  este  país 

«  Que  ya  debíamos  estar  curados  de  la  manía  torpe  de  dividir 


302  CRUZADA  ARGENTINA 

los  intereses  de  los  que  combaten  d  Rosas  en  dos  fracciones  opues- 
tas:  y  suponer  que  puede  haber  algo  en  contra  de  Rosas  y  efica:^ 
para  minarlo  y  vencerlo,  que  no  sea  verdaderamente  Oriental  y^. 
(  Nacional  —  Núm.   1402  ). 

Esto  nos  atreveríamos  á  pedir  si  algo  pesase  en  la  balanza 
nuestro  juicio. 

(  45  )  No  podemos  cerrar  mejor  este  canto,  que  recordando  la 
lucha  encarnizada  y  no  menos  gloriosa,  que  la  juventud  Argen- 
tina, arrojada  de  los  campos  de  batalla,  ha  sostenido  después 
por  medio  de  la  prensa  en  el  hogar  del  extranjero.  Sus  robustos 
acentos  han  atravesado  los  mares,  y  hoy,  gracias  á  ella,  sabe  to- 
do el  mundo  civilizado  que  en  la  ribera  derecha  del  Plata  hay  un 
monstruo,  un  demonio  en  forma  de  hombre  que  se  llama  Rosas. 
Toda  la  América  del  Sud  conoce  los  nombres  de  algunos  de  esos 
dignos  Apóstoles,  que  llevan  con  tanto  honor  la  bandera  del 
progreso.  Más  tarde  arrojaremos  algunas  flores  sobre  su  frente, 
por  ahora  nos  contentaremos  con  decirles,  como  epígrafe  de 
las  estrofas  que  les  consagraremos,  estos  versos  de  Rivera  In- 
darte  : 

No  sólo  es  fuerte  el  que  el  acero  esgrime 
Y  s^be  diestro  fulminar  las  balas, 
El  que  de  fuego  al  pensamiento  da  alas 
Puede  en  la  lucha  descollar  también  ! 
Montevideo,  Setiembre,  1846. 


XXI 


LUCHA  ETERNA 


AL   DR.   D.    EDUARDO   ACEVEDO   DÍAZ 


«*« 


Por  un  misterio  impenetrable,  todo 
Centra  el  hombre  en  el  mundo  se  rebela, 
Y  de  la  cuna  hasta  el  sepulcro  lucha 
Con  el  mal  que  en  mil  formas  le  rodea: 

Ángel  caído. 

Rey  sin  diadema. 
Harto  ó  hambiriento,  sabio  ó  ignorante, 
Lleva  en  su  frente  del  dolor  la  huella. 

Cruzadas  las  dos  manos  sobre  el  pecho 
Viene  al  mundo  el  mortal,  y  su  primera 
Impresión  es  un  grito  de  agonía : 
Contra  la  vida  mísera  protesta! 

Nace  entre  lágrimas, 

Vive  en  contienda 
Consigo,  con  los  otros,  con  el  cielo  : 
Febril  busca  la  dicha  y  no  la  encuentra! 


(O 


304  LUCHA    ETERNA 


El  genio,  la  hermosura,  el  poder  sumo, 
Ay!  la  misma  virtud,  honda  y  secreta. 
Sienten  que  el  pecho  les  desgarra  á  veces. 
La  triste  convicción  de  su  impotencia; 

La  duda,  el  tedio. 

La  rabia  intensa 
De  la  fiera  que  ruge  encadenada. 
Aun  en  las  alm^s  de  mayor  alteza! 

Contra  el  genio,  virtud,  poder,  conquistas 
Que  enaltece  la  humana  inteligencia. 
El  mal  vencido,  pero  no  domado 
Se  alza  de  pronto,  rompe  sus  cadenas, 

Y  sacudiendo 

Su  cabellera. 
De  sangre,  estragos,  ignominia  y  duelo 
El  universo  pavoroso  llena.  (2) 

No  basta  que  traidor  el  terremoto 
Haga  en  sus  ejes  vacilar  la  tierra; 
Que  desatado  el  huracán  derribe 
Cuanto  á  su  paso  victorioso  encuentra  ; 

Que  el  mar  desborde 

Con  furia  inmensa ; 
Ni  de  repente  cual  blandón  satánico 
Que  envuelto  en  rayos  el  volcan  se  encienda !  ( 3 ) 

No  basta,  no,  que  al  fúnebre  redoble 
Del  tambor  que  convoca  á  la  pelea, 
En  hueste  innumerable  avancen  fieros 
Los  que  v*an  á  morin  sin  que  comprendan 

Por  qué  se  baten 

Ni  por  qué  quedan 
A  millares  tendidos  en  el  llano* 
Regio  festín  brindando  á  la  epidemia! 


LUCHA  ETERNA  3O5 


El  error,  la  miseria,  las  pasiones, 
Esparcen  en  el  alma  sus  tinieblas, 

Y  ya  amenguan  ó  eclipsan,  sino  apagan 
El  salvador  fanal  de  la  conciencia : 

El  asesino 
Arma  su  diestra ; 
El  hombre  pervertido  se  degrada, 

Y  ante  ídolos  de  barro  se  prosterna,  (4) 

No  hay  razón,  no  hay  derecho,  no  hay  justicia, 
No  hay  más  ley  en  el  mundo  que  la  ÍFuerza, 
La  libertad  es  sueño,  cuanto  existe, 
Perpetua  evolución  de  la  materia; 

Dios  es  un  mito, 

Vana  quimera: 
Eso  dicen  los  sabios  de  la  Europa, 

Y  eso  á  la  incauta  juventud  se  enseña!  C5  ) 

Es  mentira  !  el  eterno  Prometeo, 
La  humanidad  entre  sus  grillos  presa, 
Cuando  vencer  no  puede  á  su  enemigo 
Hasta  en  silencio  contra  el  mal  protesta. 

Vuelve  sus  ojos 

A  otras  esferas, 

Y  en  Dios,  en  la  razón  y  en  el  derecho. 

Para  ir  hasta  el  martirio  encuentra  fuerzas!  (6) 

Al  desbordado  mar  opone  el  dique, 
El  imantado  hierro  á  la  centella, 
El  Tribunal  augusto  de  los  pueblos 
A  la  bestial  matanza  de  la  guerra ; 

Y  sustituye 

La  última  pena. 
Por  la  espiacion  y  enmienda  del  culpable, 
A  quien  así  el  castigo  regenera. 

au 


306  LUCHA  ETERNA 

Porque  somos  cristianos  ,  y  creemos 
En  Dios  y  su  justicia,  nos  alienta 
La  esperanza  sublime  que  nos  hace 
No  desmayar  ante  la  lucha  eterna : 

Bajo  el  aspecto  físico 
Como  el  moral,  do  quiera. 
Si  el  bien — divina  ley  —  no  domínase, 
Al  caos  la  creación  pronto  volviera.  (7) 

Salud  y  bendición,  á  los  que  un  dia 
Concibieron  la  humana  y  noble  idea. 
De  redimir  al  criminal  por  medio 
Del  trabajo,  la  fé,  la  penitencial 

Que  su  propósito 

Bendito  sea, 
Y  bañe  en  luz  y  gloria  á  los  que  lleven 
A  término  feliz  tan  digna  empresa  ! 
1877. 


(i)  La  comisión  nombrada  para  la  erección  de  la  Peniten- 
ciaría me  pidió  por  conducto  del  doctor  don  Carlos  de  Castro, 
y  entregué  á  éste  en  Mayo  de  1877  la  poesía  que  precede, 
destinada  á  una  función  artístico-literaria,  que  por  circuns- 
tancias imprevistas,  como  la  de  Paysandú,  no  se  llevó  á  cabo 
en  los  términos  en  que  estaba  anunciada. 

(2)  Todo  en  este  mundo  tiene  su  colocación,  y  la  poesía 
conservará  eternamente  la  suya.  Siempre  habrá  una  necesidad 
de  ideas,  una  aspiración  hacia  un  mundo  superior,  que  ca- 
da día  será  más  difícil  satisfacer,  y  á  la  cual  no  podrán  ja- 
mas bastar  ni  las  altas  abstracciones  del  pensamiento,  ni 
los  curiosos  resultados  de  la  ciencia,  ni  los  descubrimientos 
de  la  historia.  Después  de  todo  lo  que  se  ha  hecho  hay 
todavía  muchos  abismos  que  esplorar  en  la  imaginación  y  en 
el  corazón  del  hombre.  Hay  que  pintar  todavía  los  nuevos 
sentimientos  que  desenvuelve  el  progreso  de  los  siglos  ;  y 
hasta  las  grandes  ideas  de  la  ciencia,  las  vistas  elevadas  de 
la  filosofía,  de  la  historia,  tienen  su  poesía,  y  esta    poesía, 


LUCHA  ETERNA 307 


está  por  crearse.    Existe  para    la   humanidad    un   occéano  de 
entusiasmo  que  está  muy  lejos  de  agotarse. — A,  d'Atnpere. 

{))  Por  una  coincidencia  que  nada  tiene  de  extraño,  en  las 
regiones  de  la  cadena  Andina,  un  mes  después  de  escritos 
y  entregados  estos  versos,  ocurrieron  los  espantosos  desastres 
del   Pacífico. 

(4)  Dieu,  méconnu  du  plus  grand  nombre,  ne  re90it  point 
de  ceux  a  qui  il  se  laisse  entrevoir,  les  hommages  qui  lui 
sont  dus.  Tandis  que  cette  obscurité  genérale  couvre  toutes 
les  écoles,  plusieurs  s'entourent  encoré  de  ténébres  qui  leur 
sont  propres.  II  serait  long  d'énumérer  toutes  leurs  aber- 
rations ;  depuis  Parménide  et  ees  présomptueux  éléatiques 
qui  s'enfoncent  dans  les  profondeurs  du  raisonnement  sans 
savoir  oú  ils  voat,  jusqu'á  Epicure  et  ses  sectateurs,  qui 
font  mourir  Tesprit  avec   le   corps.  (i)  —  A.   F,    O^anam. 

1840. 

(5)  Hay  que  distinguir  en  las  ciencias  positivas  las  verdades 
adquiridas,  los  hechos  perfectamente  comprobados,  que  son 
sus  verdaderos  progresos,  de  las  hipótesis  arbitrarias,  de  las 
inducciones  falaces  y  de  los  sistemas  que  sobre  éstas  se 
fundan. . . . 

Demos  por  cierto  que  una  lesión  del  cerebro  produzca  el 
anonadamiento  de  una  facultad  del  alma,  ¿debemos  por  eso 
aceptar  como  una  conclusión  científica,  la  que  por  muchos 
ha  sido  sacada  de  tales  hechos  fisiológicos,  de  que  el  alma 
es  ua  atributo  del  cerebro,  y  por  consiguiente  un  poco  de 
substancia  gris  de  su  masa  ?  ¿  No  he  )tenido  razón  para  po- 
neros en  guardia,  desde  el  primer  momento  contra  esta  ten- 
dencia de  la  voga  de  las  ciencias  positivas,  que  no  es  impu- 
table á  sus  verdades,  sino  á  sus  abusos,  á  materializar  á  las 
sociedades,  que  van  cayendo  por  esta  vía  en  el  sensualismo 
materialista  que  las  enerva  y  las  pierde} 

Un  gran  naturalista,  á  quien  la  ciencia  debe  preciosas  in- 
vestigaciones, Darwin,  proclama  un  día  que  todas  las  especies 
animales  y  vegetales,  pasadas  y  actuales,  descienden  por  vía 
de  transformaciones  sucesivas  de  tres  á  cuatro  tipos  originales. 


( t  )  Con  Epicuro  tutti  t  suoi  segnaci 

Che  Tanima  coi  corpo  moría  £uino.-»Z>0if/^. 


308  LUCHA    ETERNA 


y  probablemente  de  un  arquetipo  primitivo  único,  incluyendo 
al  hombre  en  esa  serie  de  transformaciones,  que  viene  en 
último  resultado  á  ser  el  descendiente  directo  del  mono. 

Sobre  la  teoría  naturalista  de  Darwin  se  basa  todo  un  sis- . 
tema  de  ideas  sociológicas,  cuyo  último  resultado  es  un 
materialismo  atroz,  que  no  deja  al  hombre  en  la  tierra  otra 
perspectiva  que  un  combate  diario  por  la  vida,  la  inmolación 
fatal  de  los  débiles,  y  el  predominio  absoluto  y  brutal  de  los 
fuertes, — Juan  C.  Gome^. 
1884. 

(6)  Lo  que  el  país  necesita  y  exige  de  todos  los  que  por 
la  inñuencia  de  su  propaganda  oral  ó  escrita  tienen  cura  de 
almasy  es  que  se  levante  el  espíritu,  que  se  retemplen  los 
caracteres,  que  se  refuerzen  los  resortes  morales  que  en  su 
escape  invisible  dan  desde  el  fondo  de  la  conciencia,  di- 
rección y  fuerza  á  las  acciones  del  hombre  y  á  la  vida  de 
las  sociedades. 

Y  para  esto  es  necesario  arraigar  profundamente  todos  esos 
dogmas  fundamentales  de  la  filosofía  espiritualista,  compañera, 
inseparable  de   la    libertad    de  los    pueblos,    que   hoy   vacila 
como  pálida  llama  que  va  á  extinguirse  bajo  el  soplo  helado 
del  positivismo  cientííico  y  del   materialismo  filosófico. 

Los  que  predican  el  materialismo  en  sus  aplicaciones  á  la 
política  en  un  país  que  vive  bajo  el  imperio  de  la  fuerza  y 
lucha  por  radicar  la  libertad,  sirven  sin  quererlo  y  sin  sa- 
berlo, de  auxiliares  y  de  aliados  al  despotismo. — Julio  He- 
rrera y  O  bes. 
1881, 

(7)  Los  hechos  vordadertmente  indagados,  ya  lo  habéis 
visto»  señalan  tres  órdenes  de  fenómenos  en  la  vida :  los  del 
mundo  vogotaU  los  del  mundo  animal,  los  del  hombre  y  la 
asociación  en  que  vivo.  Sobre  ellos  el  evolucionismo  y  el 
materialismo  prodigan  á  sus  anchas  las  afirmaciones  hipotéticas. 

Consicntascnos,  puc?.  con  igual  derecho,  la  afirmación  de 
Dios  Y  del  espíritu,  y  ya  que  doy  esto  ahora  por  simple 
hipótesis»  dójosemo  examinar  libremente  si  tan  bien  como 
ella  csplica  otra  cualquiera  todo  lo  relativo  al  ser  social^  y 
cuanto  tiene  obligación  do  csplicar  la  Sociología. — A.  Cd^ 
novas  Jei  CasiilhK 
iSSt. 


XXII 


LO   QUE   SINTIÓ   MI  ALMA 


AL    DIVISAR    LAS  COSTAS  URUGUAYAS  VOLVIENDO   DE    EUROPA. 


(A  mis  amigos  Juan  Gualberto  Méndez  y  Blas  Vidal. — París. )  (x ) 


«♦♦ 


Al  fin  te  ven  mis  ojos  ¡  oh  dulce  patria  mía  ! 
Delirio  de  mis  sueños,  imán  de  mi  deseo ; 
Al  fin  tras  nueve  años,  al  fin  Montevideo, 
Puedo  aspirar  tus  brisas,  llorando  de  alegria, 
Llorando  de  alegria,  que  al  fin  tus  playas  veo! 

Recuerdos  candorosos  de  la  apacible  infancia, 
Primicias  de  la  Musa  que  me  abrazó  hechicera. 
Ardientes  emociones  de  la  pasión  primera, 
Verted  en  torno  mío  la  virginal  fragancia 
Que  exhala  el  puro  suelo  de  mi  oriental  ribera ! 


310  LO   QTÜE   SINTIÓ   MI  ALMA 

I  Cuan  leve  y  grata  el  aura !  Cuan  bello  el  sol  anega 
Las  rocas  orientales  con  fúlgidos  reflejos  ! 
Desnuda  y  tan  hermosa  como  la  Venus  griega. 
Saliendo  de  las  ondas,  la  tierra  de  amor  ciega, 
¡  Cual  sus  amantes  brazos  me  tiende  desde  lejos  1 

Dejadme  que  la  mire,  y  solo,  en  la  ancha  popa, 
Las  fibras  de  mi  pecho  sentir  una  por  una 
Vibrando  cual  ramaje  que  agita  inmensa  copa. 
Contar  al  manso  viento  que  me  arrulló  en  la  cuna, 
Por  qué  á  mi  dulce  patria  nunca  olvidé  en  Europa. 

Porque  yo  codiciaba  gloria,  renombre,  fama, 
Porque  con  sed  no  exhausta,  la  noche  como  el  día, 
Al  genio  y  á  la  ciencia  su  inspiración  pedía. 
Porque  mi  cabellera  quemó  la  interna  llama, 

Y  anubla  mi  sien  pálida,  febril  melancolía. 

Lo  sabes  tú,  y  me  hablas  con  tu  murmullo  ¡  oh  Plata  ! 
Que  mi  alma  de  poeta  comprende  y  adivina, 

Y  mustia  ya,  á  tu  acento,  revive  y  se  dilata 
La  flor  de  mi  esperanza,  magnífica,  divina. 
Como  la  azul  esfera  que  tu  cristal  retrata. 

Mas  ay !  que  contemplando  tus  aguas,  de  repente 
No  sé  qué  negra  nube  cubrió  su  faz  tianquila. 
Una  ardorosa  lágrima  cayó  de  mi  pupila.  . . . 
Ideas  encontradas  reluchan  en  mi  frente, 

Y  entre  el  placer  y  el  llanto  mi  corazón  vacila. 


LO    QJJB   SINTIÓ   MI  ALM\  3II 

Tus  hijos,  patria  mía,  libre,  opulenta,  hermosa, 
En  una  región  nacen  que  á  todos  causa  envidia, 
¡  Podía  su  existencia  correr  tan  venturosa ! 
Pero  ellos  ¡  ay !  uncidos  á  su  cadena  odiosa. 
Verdugos  son  ó  mártires,  en  cruel  y  eterna  lidia  \  (2) 

Opresos  ú  opresores,  mas  nunca  ciudadanos 
De  su  deber  esclavos,  modelos  de  civismo. 
Que  el  sacrificio  hagan  de  sus  rencores  vanos, 

Y  hasta  de  sus  agravios  con  noble  patriotismo. 
Antes  que  armar  el  brazo  de  hermanos  contra  hermanos  (3 

No  acuso  á  nadie. . . .  Lloro  la  inútil  experiencia. 
De  la  que  no  aprendemos  ni  escarmentamos  nada! 
Lo  que  sanciona  el  crimen  y  usurpa  la  violencia. 
La  sangre  derramada,  la  misera  existencia. 
Que  á  todos  nos  reserva  la  ley  atropellada ! 

No  acuso  á  nadie. . . .  todos,  y  yo  como  el  primero, 

En  días  lamentables  de  vértigo  y  delirio. 

Sañudos  esgrimiendo  la  pluma  ó  el  acero. 

El  seno  de  la  Patria  rasgamos  lastimero. 

Hiél  á  su  hiél  mezclando,  martirio  á  su  martirio ! 

Y  siempre  será  el  mismo  nuestro  destino  impío?.... 
I  Oh !  no !  Dios  es  piadoso,  y  el  bien  al  mal  domina : 
En  tempestad  deshecha,  yo  he  visto  el  mar  bravio, 

Y  aunque  dudó  un  momento,  roto  el  celaje  umbrío, 
Al  suspirado  puerto  mi  nave  se  encamina. 


3ia  LO   QUE   SINTIÓ   MI  ALMA 

Así  en  virgínea  selva  del  suelo  americano, 
Cual  raudo  meteoro,  de  pronto  hirviente  llama 
Se  estiende,  centellea,  salta,  se  enrosca  y  brama 
En  lenguas  mil  de  fuego ;  flamígero  occeano. 
Que  destrucción  y  muerte  por  donde  va,  derrama ! 

Cae  la  gigante  palma  y  el  aruT^á  rastrero  ; 

El  fuego  al  par  devora  la  ortiga  y  el  aroma  ; 

La  tórtola  inocente  y  el  tigre  carnicero  ; 

El  crótalo  y  el  árbol  que  su  veneno  doma ;  (  4  ) 

El  vil  carancho  ( 5  )  imbécil  y  el  trinador  jilguero  ! 

¿  Por  qué  tan  ciego  encono  ?  furor  tan  implacable  ?. . 
Cual  torvos  enemigos  la  selva  y  el  desierto. 
Tendían  sobre  el  hombre  su  manto  impenetrable  ; 

Y  el  hombre  entre  sus  pliegues,  anonadado,  yerto,  (6) 
Auxilio  pidió  al  fuego,  verdugo  inexorable. 

La  tea  ardió  en  su  mano,  y  ej  ígneo  torbellino 
Giró  por  el  espacio  cumpliendo  su  destino. 
Que  era  cubrirla  tierra  de  fecundante  abono, 

Y  dar  al  genio  humano,  ya  espédito  el  camino. 
Nuevo  horizonte  inmenso  donde  elevar  su  trono  ! 


Acoge,  Patria  mía,  y  da  en  tu  seno  abrigo 

Al  hijo  siempre  tierno,  que  vuelve  á  tus  hogares. 

Que  compartir  anhela  tu  gozo  y  tus  pesares, 

Y  si  eres  desdichada,  llorar  quiere  contigo, 

Y  si  feliz,  tu  dicha  doblar  con  sus  cantares !  (  7 ) 

Costa  de  Maldonado,  Noviembre  so  de  1855. 


LUCHA  ETERNA  3I3 


(  I  )  Al  reimprimirse  esta  composición  en  el  Álbum  de  poesías 
Uruguayas,  era  el  doctor  Méndez  Ministro  de  Relaciones  Exte- 
riores, y  hoy  ( 1888  )  don  Blas  Vidal  es  Ministro  Plenipotencia- 
rio déla  Repúbicaenel  Brasil. — Transcribo,  pues,  la  nota  que 
puse  en  el  Álbum  en  1878. 

«  Sírvanse  tener  presente  los  lectores  amigos  de  comentarios 
que  en  la  época  de  la  dedicatoria,  don  Gualberto  no  era  Excmo. 
Señor,  pero  ni  siquiera  doctor,  y  tanto  á  él,  como  á  Vidal  y  á  mí, 
si  entonces  nos  hubiéramos  muerto,  nos  habrían  podido  poner 
el  epitafio  de  Pirón,  traducido  ó  imitado  así  libremente  por 
nuestro  inolvidable  Figueroa  : 

«  Yace  aquí  un  desventurado  : 

Su  suerte  fué  tan  menguada. 

Que  nunca  llegó  á  ser  nada, 

Ni  siquiera  diputado!  » 

Mi  querido  Alejandro: — No  conservo  borrador  de  la  carta 
que  te  escribí  con  motivo  de  tu  inspirada  composición  :  Lo  que 
sintió  mi  alma  al  divisar  las  costas  uruguayas, 

Gracias  por  tu  retrato  y  por  el  recuerdo  cariñoso  que  guardas 
de  nuestra  vieja  amistad:  ella  es  invariable  como  mi  admiración 
por  tu  gran  talento,  siempre  joven  y  tan  vigoroso  en  tus  últimos 
versos  publicados. 

Entre  otras  composiciones  notables,  resplandece  por  las  cuali- 
dades que  le  asigna  el  Dr.  don  Domingo  Ordoñana  (  pág.  282 
t.  I)  el  romance  uruguayo  Sin  piedra  ni  palo.  El  gaucho  del 
camalote,  estrangulado  por  la  serpiente,  es  digno  de  ser  esculpi- 
do en  mármol  por  el  cincel  de  Miguel  Ángel,  como  sería 
digno  del  pincel  americano  de  nuestro  eximio  pintor  Blanes 
el  cuadro  del  incendio  de  la  selva  virgen  que  tú  describes, 
cuando  al  volver  á  nuestras  playas,  nos  hacías  partícipes  de 
tus  primeras  impresiones  á  mí  y  á  nuestro  inolvidable  Gual- 
berto, entonces  estudiante  y  ausente  de  la  Patria. 

Espero  ansioso  la  publicación  del  segundo  volumen  de  Palmas 
Y  Ombues,  que  contendrá,  estoy  seguro,  otras  joyas,  comparables 
á  tu  última  inspiración  Dantesca. 

Siempre  tuyo  afectísimo. — Blas  Vidal. 
1886. 


314  LUCHA  ETERNA 


(2)  Véase  el  Apéndice. 

(3 )  Ese  espíritu  superior  (el  perdón  y  olvido  de  los  agravios 
y  disenciones  entre  los  hijos  de  una  misma  patria),  es  el  espí- 
ritu de  la  concordia  cívica,  — y  yo  digo  que  sin  él  los  dos  polos 
de  la  vida  política  de  los  pueblos,  la  libertad  y  el  orden,  son  dos 
ilusiones,  dos  mentiras. 

Sin  espíritu  de  concordia  cívica,  la  libertad  es  el  desenfreno 
de  los  intereses  y  de  las  pasiones  que  se  revuelven  y  entrechocan 
buscando  el  triunfo  de  una  prepotencia  exclusiva,  hasta  desem- 
bocar en  los  furores  de  la  guerra  civil ;  y  el  orden  es  la  imposi- 
ción material  de  la  quietud,  bajo  la  sola  presión  de  la  fuerza, 
hasta  degenerar  en  el  vilipendio  de  la  tiranía. 

Tenía  razón  el  general  Mitre  cuando  desde  la  cumbre  del  poder 
señalaba  <t  como  uno  de  los  mayores  peligros  de  la  democracia 
americana  ese  espíritu  de  intolerancia  política  qne  envenena  con 
sus  rencores  el  aire  de  la  patria  y  niega  el  agua  y  el  fuego  al  her- 
mano disidente  :í>  ; — y  tenía  razón  el  gran  orador  girondino,  y 
pronunciaba,  en  mi  sentir,  las  más  sublimes  palabras  que  hayan 
resonado  en  la  tribuna  de  las  naciones,  cuando  les  decía  á  sus 
adversarios  de  la  Montaña  :  «  queréis  imponer  la  revolución  por 
el  terror,  —  y  nosotros  aspiramos  á  consumarla  por  el  amor!» 

Es  el  espíritu  de  concordia  cívica  la  llave  encantada  que  hoy 
abre  las  puertas  de  la  patria  á  todos  los  orientales,  —  y  ay!  de 
nosotros  si  ese  espíritu  sucumbiera  al  embate  de  los  ciegos  odios 
ó  de  las  negras  ambiciones  que  el  himno  nacional  nos  exhorta  á 
inmolar  en  las  aras  divinas  de  la  ley  I  —  Entonces,  —  no  lo  du- 
déis!— entonces,  los  caminos  que  conducen  á  territorio  extran- 
jero volverían  á  recibir  el  paso  triste  y  fugitivo  de  nuevos  pros- 
criptos orientales!  —  Carlos  M,  Ramire^, 
1886. 

(4)  Existe  en  la  América  meridional  una  planta  que  llaman 
los  naturales  guaco,  y  le  atribuyen  virtudes  heroicas :  según 
ellos,  aplicadas  las  hojas  de  dicha  planta  al  punto  herido,  no 
sólo  destruyen  el  efecto  de  la  ponzoña,  sino  que  inoculándose  ó 
bebiendo  el  zumo  del  vegetal,  uno  se  vuelve  invulnerable;  pues 
los  crótalos  respetan  á  los  que  han  tomado  estas  medidas  pre- 
ventivas. 

Semejante  opinión  está  apoyada  en  las  observaciones  de  los 


LUCHA  ETERNA  315 


autores  Vargas  y  Mutis  ;  y  hasta  Humboldt  ha  hecho  esperimen- 
tos  que  le  autorizan  para  creer  que  el  guaco  puede  comunicar  á 
la  piel  un  olor  repugnante  á  las  serpientes  que  les  impida  mor- 
der. — /.  Bottard, 
1850. 
(^)  Pájaro  de  rapiña  de  la  familia  del  chimango.  Persigue 
á  los  polluelos  de  las  aves  de  corral  y  á  lo^  corderillos  para  arran- 
carles los  ojos.  —  V.  pág.  128,  nota  9. 

(6)  El  tipo  de  nuestro  hombre  sud-americano  debe  ser  el 
hombre  formado  para  vencer  al  grande  y  agobiante  enemigo  de 
nuestro  progreso:  el  desierto,  el  atraso  material,  la  naturaleza 
bruta  y  primitiva  de  nuestro  continente. . . .  — Juan  B,  Alberdi, 

185a. 

(7)  En  corroboración  de  lo  que  dijimos  en  la  pág.  127,  T.  I, 
nota  II  sobre  la  acogida,  por  demás  benévola,  que  nos  dispen- 
saron en  la  prensa  algunos  de  nuestros  inteligentes  conciudada- 
nos, al  regresar  á  la  patria  después  de  nueve  años  de  ausencia, 
transcribimos  las  cuatro  estrofas  ñnales  de  la  composición  con 
que  se  sirvió  contestar  á  la  que  acaba  de  leerse,  el  cantor  de  las 
Arenas  del  Uruguay. 

Tú,  en  cuya  frente  brilla  la  aureola  del  talento. 
La  inspiración  que  hiere  tu  armónico  laúd ; 
Tú,  que  has  logrado  un  nombre  de  excelso  valimiento. 
Tú,  prez  de  esa  ilustrada^  patriota  juventud  ; 

I  Levanta,  sí,  levanta  tu  poderoso  canto, 

Y  anímala  á  que  emprenda  su  espléndida  misión ; 
Arrójale  una  chispa  del  fuego  sacrosanto 

Que  debe  del  poeta  templar  el  corazón ! 

Indícale  la  senda  que  del  error  aleja ; 
Infúndele  creencias  y  aliento  varonil; 
Enséñale  la  cumbre  que  el  porvenir  despeja, 

Y  ayúdale  á  que  venza  sus  asperezas  mil ! 

¡  Levántate  !  —  Sus  pasos  te  seguirán  doquiera 
En  ese  apostolado  de  regeneración: 
Levántate  I  seguro  que  el  triunfo  nos  espera 
Si  impávidos  llevamos  la  fé  en  el  corazón  I 


3l6  LUCHA    ETERNA 


Cuando  Heraclio  Fajardo  escribía-  su  patriótica  composición, 
inspirada  en  nobles  y  viriles  sentimientos  ( 1855  )  el  cantor  de  La 
Leyenda  Patria  era  un  tierno  niño,  y  veintinueve  años  después 
nos  enviaba  su  retrato,  en  retribución  del  nuestro,  con  el  si- 
guiente soneto,  escrito  ó  mejor  dicho,  improvisado  al  pié  del 
mismo : 

Solo  y  sentado  en  las  desiertas  lomas, 
Te  oí  cantar  al  son  de  la  corriente 
Que  sonaba  en  los  juncos  dulcemente. 
Como  escondido  arrullo  de  palomas. 

En  los  albores  déla  patria  asomas 
Con  tu  lira  en  la  mano;  se  te  siente 
Desde  lejos  cantar.  Blanca  la  frente, 
Aun  hoy  tu  lira  melodiosa  tomas. 

Y  llevas  flores  á  las  patrias  ruinas, 
Mandas  al  porvenir  gritos  alados, 

Y  el  fondo  de  las  tumbas  iluminas 
Porque  se  lean  nombres  olvidados 


Viejo  bardo  feliz !  sueña  en  tu  gloria  : 
Eres  el  corazón  de  nuestra  historia! 

Juan  Zorrilla  de  San  Martin. 
1884. 


XXIII 


k 


¿SE  FUÉ? 


AL  CANTOR  DE   LA  «LEYENDA  PATRIA»,   EN   LA  MUERTE   DE   SU 
ESPOSA  ELVIRA  BLANCO  Z.    DE   SAN   MARTIN.   (l) 


*♦♦ 


Cerró  sus  negros  ojos,  y  más  bella 
En  el  lecho  quedó  como  dormida.... 

Cruzó  el  aire  una  forma  vagorosa 

Que  una  estela  de  luz  tras  si  dejaba. . . . 

—  Elvira!  Elvira!    ¿á  dónde  vas?....    ¿A  dónde? 
En  silencio  gimiendo  preguntaba 
Tu  corazón  ansioso,  y  como  herido 
De  un  vértigo  febril  al  ver  que  ella 
A  tu  sordo  llamado  no  responde, 
Los  brazos  tiendes  y  el  vacío  abrazas  1 , . . . 

Un  ay!  desgarrador,'^indescriptible, 
Se  escapa  de  tu  pecho, 
Y  sollozando  el  Plata, 


3l8  ¿SE     FUÉ? 

Que  siente  á  tu  dolor  su  cauce  estrecho, 
Lo  lleva  al  Uruguay  entre  sus  ondas. 
£1  alma  de  la  Patria  se  dilata, 

Y  llega  hasta  tu  hogar  enlutecido 
Torva  nube  que  en  lágrimas  revienta ; 
Cual  de  eléctrica  chispa  al  estallido, 
En  noche  de  tormenta. 

La  bóveda  sombría  se  entreabre 
Despeñada  en  inmensa  catarata. 

Al  abrazar  á  tu  angustiado  padre. 
Vuela  á  unirse  á  la  tuya  el  alma  mia: 
En  mis  brazos  te  estrecho, 

Y  aquí  sobre  mi  pecho 
Reclino  dulcemente  tu  cabeza 

Para  que  escuches  íntimas  sus  notas, 

Y  ellas  te  digan,  infeliz  amigo, 

Lo  que  el  laúd  tal  vez  no  acertaría ; 
Que  yo  amo  y  aborrezco  con  el  alma ; 
No  se  llorar  á  gotas. 
Ni  querer  con  medida  ni  tibieza.  .  .  . 

Solícita  á  mi  ruego 
Acude  aquella  Musa, 
Que  á  tu  heroica  Leyenda  dio  su  fuego, 
Su  estro  divino  y  épica  armonía ; 

Y  en  tu  inspirada  frente 

Que  iluminan  geniales  resplandores. 

Pone  el  beso  inmortal  que  da  á  sus  Bardos 

La  Virgen  uruguaya  Poesía, 

Cuando  el  pueblo  los  alza  vencedores. 

Coronados  de  palmas  y  de  flores. 


¿SE     FUÉ?  319 

Mas  de  la  gloria  al  beso  lisonjero, 
¿Qué  corazón  poeta  no  prefiere 
Aquel  místico  beso  postrimero 
Que  sin  llegar  al  labio  nace  y  muere  ? 

Al  apagarse  plácido  y  sereno 
El  dulce  rayo  de  sus  bellos  ojos, 
Al  sentir  que  la  muerte  entrecortaba 
El  Adiós  que  en  sus  labios  trepidaba ; 
Como  una  llama  que  al  morir  se  enciende. 
Estrechando  la  mano  del  esposo. 
Enternecida  contempló  la  cuna 
Do  el  pequeñuelo  infante. 
Última  prenda  del  regazo  amante, 
Sus  manecillas  trémulas  le  tiende 
Y  el  beso  maternal  tierno  provoca. 
Aun  húmeda  la  boca 
Con  el  lácteo  licor  del  puro  seno  ! 

¡Casta  unión  del  amor  y  de  la  gloria 
Con  la  virtud,  el  genio  y  la  belleza, 
Rosas  entretegidas  con  laureles, 
Derramad  los  perfumes  que  atesora 
Vuestra  urna  de  nácar  y  joyeles  ! 

Alejandro  gentil,  grave  María,' 
Juan  Carlos  decidor,  Gerardo  humilde. 
Cariñosa  Elvirita,  almo  destello, 
Frutos  de  bendición,  santas  delicias 
De  la  nivea,  aromada 
Diamela  en  flor  tronchada ; 
Nido  de  amor,  oasis  de  frescura. 
Que  de  la  vida  en  el  mortal  combate 
Dio  sombra,  inspiración,  paz  y  ventura 
Al  luchador  y  al  vate ;  ( 2 ) 


320  ¿  SE   FUÉ  ? 

Al  genitor  que  ahora 
Por  gracia  singular  sumiso  vierte 
Lágrimas  dulces  al  llorarla  muerta ! 
Ceñid  vuestros  brazitos  á  su  cuello, 
Colmadle  de  caricias, 

Y  vuestros  infantiles  regocijos, 
Gratos  recuerdos  en  su  mente  evoquen, 
De  la  época  dichosa 

En  que  Ella  vuestros  juegos  presidia. 

Aunque  sangre  la  herida  siempre  abierta, 
Resignado  verá  que  si  la  muerte 
Robarle  pudo  el  cuerpo,  entera  el  alma 
De  la  adorada  madre  de  sus  hijos. 
En  vosotros  palpita  y  se  despierta! 

Sombras  de  Artigas,  Lavalleja,  Blanco, 
Héroes  de  la  Agraciada  y  la  Florida, 
Puñado  de  titanes  cuya  historia 
Es  de  la  Patria  perennal  grandeza ; 
Llora  vuestro  cantor....  en  su  cabeza 
Verted  el  soplo  que  al  bajar  del  cielo. 
Templa  los  corazones  en  el  suelo 
Para  luchar,  sin  tregua,  heroicamente, 
Contra  el  mal  victorioso 
Que  se  alza  prepotente  : 

Y  dadle  vuestro  aliento  y  fortaleza ! 

Arrullad  su  dolor  en  el  destierro. 
De  su  mente  rasgad  la  opaca  bruma, 
Al  contemplar  las  ruinas  y  estravíos 
Que  en  la  tierra  Oriental  ha  amontonado 
El  destino  infeliz  que  nos  abruma; 
Ángel  de  los  Charrúas,  (3)  indomable 
Tabaré,  (4)  que  salvando  á  tu  española 


¿SE    FUÉ?  3ai 

Caes  al  tocar  la  meta, 

El  generoso  pecho  atravesado 

Por  golpe  fementido, 

Como  sucumbe  á  veces  el  más  bueno 

En  este  mundo  falso, 

Traidoramente  herido 

Por  la  oculta  y  cobarde,  ruin  saeta 

De  la  calumnia,  el  odio  ó  el  veneno. 

El  puñal,  el  exilio  ó  el  cadalso! 

Ah!  bien  lo  sabes  tú,  valiente  atleta: 
Cárcel  de  prueba  el  mundo  en  que  vivimos. 
Donde  eternos  del  mal  arden  los  focos. 
Nuestra  mísera  estirpe,  aun  redimida, 
( Arcano  impenetrable  ! ) 
Entregada  parece  al  desenfreno 
De  bandidos,  de  histriones  y  de  locos! 

Cual  tentador  demonio,  negra  duda 
En  hora  abominable  asalta  fiera 
La  soberbia  razón  del  hombre  vano ; 
Mas  la  blasfemia  en  la  garganta  anuda 
La  humildad  resignada  del  cristiano. 

¿Es  verdad  ó  ilusión?....  Somos  juguete 
De  un  poder  infernal?..  Oh,  no!.,  es  mentira! 
Vela  tu  providencia.  Hacedor  mío, 
Y  cada  sol  que  en  los  espacios  gira 
Alumbra  cada  día,  vengadora. 
En  el  Rancho  á  la  par  del  Palacete^  (5) 
Del  fallo  divinal  severa  y  justa 
La  suprema  sanción:  tu  ley  augusta! 

Instrumento  no  más  son  en  tus  manos 
El  desorden,  el  crimen, 

ax 


322  ¿  SE     FUÉ  ? 

La  muerte,  y  el  dolor,  y  los  tiranos : 
Esfinge  aterradora,  * 
Aguijón  que  al  deber  nos  llama  austero, 
Fantasma  que  nos  hiere  y  desparece, 
En  la  vida  inmortal  de  las  naciones 
Ellos  pasan  malditos,  cual  la  mancha 
Que  refleja  un  carancho  (6)  en  un  gran  río, 

Y  su  triunfo  y  poder  se  desvanece 
Como  espuma  que  hierve  en  el  bajío.  ( 7  ) 

Blasfeme  como  quiera  algún  sectario 
De  la  ciega,  letal  filosofía 
Que  confunde  el  abismo  con  la  cumbre. 
Mientras  radiosa  alumbre 
La  cruz  del  Redentor  nuestro  Calvario  ; 
Mientras  lleven  su  ofrenda  á  los  altares 
De  la  fé,  la  virtud  y  el  patriotismo. 
El  apóstol,  las  vírgenes,  los  mártires. 
Faro  y  columna  de  la  grey  mundana ; 
Mientras  el  llanto  que  encendido  brota 
Vierta  en  el  corazón  fecundo  riego; 
Mientras  cada  ilusión  nos  brinde  mágica 
En  encantada  copa  su  ambrosía. 
En  cáliz  ideal  fragancia  ignota, 

Y  fascinante  estrella. 

Más  allá  del  sepulcro,  la  esperanza. 
Reanime  el  polvo  de  la  tumba  fría  ; 
Iluminando  la  conciencia  humana 
Eterna  vivirá  la  Poesía  ! 

¿Cómo  dicen  entonces  que  se  ha  ido, 
Si  dentro  de  tu  ser  y  el  de  tus  hijos 
Cual  numen  protector  vive  tu  Elvira  ? 


¿SE   FUÉ?  323 


Tal  vez  su  blanca  mano 

Tocó  al  pasar  las  cuerdas  de  mi  lira, 

Y  es  este  humilde  canto 

El  rumor  apagado  de  su  huella.  .  .  . 

Ya  abracé  á  sus  dos  padres. ...  y  mi  ruego 
En  férvida  oración  subió  á  la  altura, 
Por  tí,  por  vuestros  ángeles,  por  Elluy 
Amantísima  esposa,  digna  madre, 
Celeste  criatura, 
Modelo  de  piedad  y  de  ternura!  (8) 

Montevideo,  Febrero  4  de  1887. 


(1)  Fallecida  en  el  Tigre  (Provincia  de  Buenos  Aires)  la  noche 
del  31  de  Enero  de  1887. 


Á  pesar  de  la  hora  temprana  en  que  se  verificó  el  entierro,  se 
hallaron  presentes  algunos  amigos  del  inspirado  cantor  de  las 
glorias  nacionales  de  la  República  Oriental.  Recordamos  entre 
ellos  á  los  Dres.  Hipólito  Gallinal,  Presbítero  Juan  N.  Terrero, 
José  A.  Ayerza,  Emilio  Lamarca,  Apolinario  C.  Casabal,  y  seño- 
res Héctor  S.  Soto,  Rómulo  Ayerza  y  Carlos  Navarro  Lamarca. 

Á  las  6  de  la  mañana  celebró  una  misa  en  la  iglesia  parroquial 
del  pueblo,  el  Presbítero  Dr.  Terrero,  en  laque  recibieron  la  sa- 
grada comunión,  el  Dr.  Zorilla  de  San  Martin  y  varios  de  sus 
amigos,  impetrando  así  en  forma  tan  augusta  el  descanso  eterno 
para  el  alma  de  su  dignísima  compañera. 

A  la  tarde  nuestro  desgraciado  amigo  se  vino  del  Tigre  acom- 
pañado de  sus  seis  pequenuelos.  Se  ha  hospedado  en  casa  del 
señor  Héctor  S.  Soto,  mientras  se  prepara  para  regresar  á  su 
patria. — La  Utiion, 

(2)  Entresacamos  las  líneas  siguientes  del  bellísimo  discurso 
pronunciado  por  su  autor  en  el  Club  Católico,  en  la  velada  li- 
teraria musical  celebrada  la  noche  del }  de  Julio  : 

«  Hubo  un  momento,   en   que  todo  parecía  derrumbarse  en 


3^4  ¿SE   FUÉ? 

nuestro  país,  en  que  todo  parecía  tambalear;  leyes,  institucio- 
nes, hasta  el  mismo  santuario. 

En  esos  momentos  de  ira  hacia  la  tiranía  y  de  casi  desaliento, 
yo  busqué  el  ángel  déla  esperanza  para  la  patria,  y  creí  verlo 
simbolizado  en  un  arcángel  armado  que  cruzaba  ante  mis  ojos 
y  mostraba  á  sus  fieles,  en  el  campo  de  batalla,  el  sitio  indispen- 
sable de  las  reivindicaciones  heroicas.  Formé  entonces  plena 
conciencia  moral,  y  me  adherí,  con  pasión  santa  y  convicción 
plena,  á  la  última  revolución  popular,  cuyos  sucesos  me  arran- 
caron los  girones  más  queridos  de  mi  alma. 

Bien  está  este  recuerdo ,  aunque  parezca  lo  contrario ,  al 
dirigirme  especialmente  á  vosotras,  señoras,  que  sois  encarna- 
ción de  la  ternura  del  amor  y  de  la  paz. 

Es  que  yo  os  debía  una  satisfacción;  —  es  que  yo  había  dicho 
en  este  mismo  sitio,  y  hoy  debo  ratificarlo,  que  el  ángel  de  la 
esperanza  para  la  patria  no  era  un  arcángel  armado  ;  estaba  en 
vosotras  que  formáis  las  nuevas  generaciones  en  el  patriotismo  y 
la  virtud ;  palpitaba  en  vuestros  corazones  cristianos,  sonreía 
en  vuestro  regazo  ó  dormía  en  esas  cunas  que  vosotras  arrulla- 
bais con  vuestros  maternos  y  dulcísimos  cantares. — Juan  Zor- 
rilla de  San  Martin, 

1888. 

(3)  Más  de  una  vez  el  insigne  poeta  durante  su  emigración, 
ha  debido  encontrarse  á  orillas  del  Paraná  y  de  la  costa  ar- 
gentina del  Uruguay,  en  la  situación  en  que  él  describe  al -ser 
fantástico  que  simboliza  á  la  indomable  raza  indígena,  hoy 
extinta,  en  la  poesía  titulada:  El  Axgel  de  los  Charrúas. 

«  Con  la  frente  sobre  el  pecho 
Y  la  mano  en  la  mejilla 
Modulaba  la  canción 
Que  entre  las  sombras  latía  ; 
Trasparentaba  la  luz 
Su  tez  pálida  y  cobiiza; 
Del  fondo  de  dos  abismos 
Brotaba  su  ardiente  vista ; 


En  su  frente  chispeaba 


326  ¿SE   FUÉ? 

<c  La  Asamblea  Nacional,  apreciando  con  el  mismo  criterio 
que  el  Poder  Ejecutivo  los  sucesos  que  pueden  producirse,  y 
coincidiendo  estrictamente  en  opiniones  en  cuanto  á  las  funes- 
tas consecuencias  que  traería  en  pos  de  sí  la  perturbación  consi- 
guiente al  hecho  que  trata  de  evitarse,  en  guarda  del  orden  ge- 
neral y  de  la  tranquilidad  tan  necesaria  hoy  al  ánimo  público 
profundamente  escitado  como  se  halla  en  estos  momentos,  resuel- 
ve el  alejamiento  temporario  del  señor  Capitán  General  don 
Máximo  Santos,  y  prestará  su  amplio  acuerdo  á  toda  otra  medi- 
da quede  conformidad  con  lo  dispuesto  por  el  artículo  81  de 
la  Constitución  de  la  República,  juzgue  el  Poder  Ejecutivo  con- 
veniente adoptar  con  el  fin  de  hacer  prácticos  los  elevados  pro- 
pósitos manifestados  en  el  Mensage  que  tengo  el  honor  de  con- 
testar á  nombre  de  la  Honorable  Asamblea  Nacional.  » 

Por  vía  de  comentario  ilustrativo  nos  limitaremos  á  transcri- 
bir algunos  breves  párrafos  de  El  Siglo  y  La  España: 

«Con  la  misma  facilidad  que  habrían  elegido  á  Santos  Pre- 
sidente de  la  República,  ó  Emperador,  si  él  hubiera  querido, 
y  hasta  Obispo  de  Montevideo,  si  en  serlo  se  hubiera  empe- 
ñado, votarán  ahora  para  que  sea  declarado  traidor  á  la  patria, 
y  votarían,  si  necesario  fuese,  también,  para  que  fuera  fusilado 
y  quemado  su  cadáver  y  aventadas  sus  cenizas. 

»  Estas  son  Cámaras  y  estos   son   ciudadanos,  de  austeridad 
republicana,  que  saben  ser  consecuentes  y  agradecidos,  y  saben 
conciliar  la  consecuencia  y  la  gratitud,  con  el  deber  cívico  y 
la  honradez  política  ! »  —  La  España. 
1887. 

Vaya  por  conclusión  como  enseñanza  ó  comprobación  histó- 
rica, nada  más,  del  Poder  que  se  desvanece 

Como  espuma  que  hierN-e  en  el  bajío, 

la  banderilla  de  fuego  (^en  la  que  brillaba  el  mote  :  El  árbol 
caído)  y  que  le  fué  plantada  con  la  maestría  y  limpieza  del 
hábil  diestro,  que  tiene  á  su  cargo  la  crónica  del  primero  de 
los  dos  periódicos  citados. 

Inútil  agregar  que  nadie  tuvo  la  tontería  ni  el  mal  gusto  de 
darse  por  aludido. 

«Gran  cosecha  do  lecciones  se  desprende  de  lo  que  ha  pa- 
sado cu  nuestra  Sobrafi¡f\ 


¿SE   FUÉ?  327 

Cae  el  árbol,  y  de  él  hacen  leña  —  ateniéndose  al  mensage 
filantrópico  del  Gobierno  —  los  mismos  que  días  antes  go- 
zaban de  su  sombra  y  engordaban  con  sus  frutos. 

Cierto  es  que  la  gratitud  tiene  límites  en  todas  las  situaciones 
individuales  ó  colectivas  del  ser  humano;  pero  también  loes 
que  impone  delicadezas  y  que  los  extravíos  de  aquel  sentimiento 
no  inspiran  repugnancia,  especialmente  cuando  á  ellos  se 
asocia  el  valor  de  la  franqueza  contrariando  la  corriente  po- 
pular. 

Entre  la  fidelidad  del  perro  hacia  la  mano  que  le  dio  caricias 
y  alimento,  y  la  afición  del  gato  hacia  la  casa,  ¿ea  cuales  fueren 
quienes  la  habitaron  y  la  habitan,  decididamente  sería  preferible 
para  la  moral,  el  primero  de  esos  extremos  ».  —  El  Siglo. 
1887. 

(8)  Véase  el  Apéndice. 

Acabo  de  leer  la  poesía  del  cantor  -de  Palmas  y  Ombúes  al 
cantor  de  la  Leyenda  Patria  en  la  muerte  de  su  esposa  Elvira 
Blanco  de  San  Martin,  y  no  puedo  callarme.  Leyendo  esa  poesía 
en  alta  voz  y  en  pura  y  tierna  compañía,  el  corazón  ha  sentido 
los  graves  estremecimientos  de  la  emoción,  y  la  lágrima  ha 
rodado  sobre  el  papel  como  una  gota  de  agua  sobre  una  lámina 
de  plata.  Quiero  engarzarla  aquí.  La  sensibilidad  despierta  el 
pensamiento  como  el  canto  matinal  de  los  pájaros  anuncia  un 
nuevo  día  con  su  tarea  y  con  sus  luchas.  La  humanidad  sin 
la  naturaleza  sería  artista  sin  escena,  y  la  naturaleza  sin  el 
hombre  fuera  el  misterio  impenetrable  y  dormido. 

Un  sentimiento  se  torna  en  idea  como  un  dolor  en  desbor- 
dante melodía;  los  vaporos  de  la  naturaleza  como  las  inspira- 
ciones de  la  humanidad  se  elevan,  y  cuando  vuelven  á  caer 
sobre  la  tierra  ó  sobre  el  corazón  del  hombre,  es  para  fecun- 
darlo*?. No  bendigo  el  dolor,  pero  amo  la  esperiencia  y  las 
bondades  que  lleva  ella  consigo.  La  alegría  evapora  los  senti- 
mientos, el  dolor  los  reconcentra  en  el  corazón :  será  más 
brillante  el  relámpago  del  regocijo  sobre  la  faz  humana ;  pero  e^ 
reflejo  de  la  tristeza  con  sus  tintes  viriles  es  más  solemne  y  aun 
más  hermoso  en  la  cara.  No  hablo  del  dolor  ni  de  la  alegría 
forjados.  Hablo  para  asociar  mi  alma  á  esta. 


3a8  ¿SE  FUÉ? 

Casta  unión  del  amor  y  de  la  gloria 
Con  la  virtud,  el  genio  y  la  belleza  , 
Rosas  entretegidas  con  laureles, 
Derramad  los  perfumes  que  atesora 
Vuestra  urna  de  nácar  y  joyeles  1 

La  poesía  á  que  pertenece  esa  estrofa,  publicada  en  El  Siglo 
de  hoy,  es  de  aquellas  que  por  su  inspiración  y  sus  sentimientos 
borran  en  un  instante  doce  años  de  desgracia  nacional. 

Cuando  un  pueblo  tiene  liras  que  revientan  en  armonías  se- 
mejantes, el  mal  e^  un  accidente.  Esa  poesía  borra  en  el  corazón 
del  patriota  la  nostalgia  del  arbitrario:  esa  poesía  es  humana,  es 
patriótica,  es -real,  es  hermosa,  es  noble;  es  el  Poeta  y  no  el 

TIRANO    QJÜIEN    LLEVA    EN    SI    EL    ALMA    DE    UN    PUEBLO  !    —   Eduardo 

Flores, 
1887. 

No  han  resonado  en  el  hogar  enlutado  del  cantor  de  Tabaré 
conceptos  más  filosóficos,  acentos  más  patéticos  que  los  que 
campean  en  esa  elegía.  Eduardo  Flores  ha  sido,  en  esta  ocasión, 
el  intérprete  justiciero  y  brillante  de  la  opinión  popular.  Afor- 
tunado poeta!  En  todos  sus  cantos,  aun  en  aquellos  rápidamente 
improvisados,  está  impreso  el  sello  de  inspiración  que  jamás  se 
agota,  que  siempre  deslumhra,  que  exalta  el  alma  hasta  el  delirio 
cuando  canta  las  glorias  nacionales,  cuando  fulmina  á  los  tira- 
nos ;  y  que  conmueve  hasta  atrancar  lágrimas  cuando  llora  so- 
bre la  tumba  del  apasionado  Celiar  y  la  angélica  Isabel. —  Victo- 
riano E.  Montes, 
1887. 


h* 


XXIV 


PROMESA  CUMPLIDA 

Á   MI   HIJA   SARAH   LA  NOCHE   DE   SU   CASAMIENTO  (l) 

{En  SU  Álbum,) 


c  Ruego  que  no  se  rompa  el  sello  que  reserva  estas  hojas  »  — >  Sarak, 


4t  4t  4t 


Al  pensil  hermoso  donde  está  su  nido 

Dos  tórtolas  llegan con  dulce  gemido, 

Que  es  himno  á  la  vez, 
Su  fronda  sacude  gentil  naranjero, 

Y  de  blancas  flores  tapiza  el  sendero 

Que  huellan  sus  pies.  (2) 

Brilló  Héspero  entonces,  más  vivo  en  el  cielo.... 
Nubes  de  azahares  formaron  un  velo .... 
La  orquesta  calló  ; 

Y  cual  si  la  hiriese  del  misterio  el  ala, 
A  poco,  en  silencio,  la  espléndida  sala 

Desierta  quedó .... 


330  PROMESA   CUMPLIDA 

Ya  todos  se  fueron —  y  también  aquella 
Que  era  en  mi  horizonte  la  polar  estrella, 

Ángel  de  mi  hogar,  • 
Maga  encantadora,  forma  peregrina. 
Corazón  amante,  bondad  que  domina 

Sólo  con  mirar!  (3) 

Cubrían  la  alfombra,  del  baile  despojos.... 
Gota  indefinible  cayó  de  mis  ojos 

El  Álbum  tomé  — 
Y  el  sello  y  la  banda  —  con  nerviosa  mano  — 
Que  en  tres  hojas  puso  como  íntimo  arcano 

Mi  Sarah,  rasgué. 

¿Dolor  ó  alegría? no  sé,  ni  podría 

En  aquel  momento  decirte,  hija  mía. 

Lo  que  yo  sentí. 
Oir  parecióme  tu  voz  dulce  y  grata 
Que  me  repetía:  ¿Cuándo  pone^  tatUy 

Sus  versos  aqui? 

Mis  versos? pedazos  del  alma,  destello 

De  lo  más  sentido,  más  fúlgido  y  bello 

De  mi  inspiración. 
Velado  en  torrentes  de  luz  y  armonía, 
Quisiera  en  tu  Álbum  poner,  vida  mía, 

Y  en  tu  corazón! 

En  páginas  albas,  el  sello  era  emblema 
De  la  que  aguardaba,  sublime  diadema. 

Tu  sien  virginal : 
Con  ella  ahora  entras  en  el  prometido 
Edén,  cuya  puerta  sólo  abre  el  ungido 

Amante  nupcial! 


PROMESA   CUMPLIDA  33 1 


Que  tu  unión  bendiga  quien  todo  lo  puede  ! 
Que  adversa  ó  propicia,  tu  existencia  ruede 

Pura  y  siempre  en  flor! 
Brinda  al  tierno  esposo,  y  él  te  dé  colmada, 
Siempre  embriagadora,  la  copa  encantada 

Del  sincero  amor! 

Cual  raudal  fecundo,  de  esperanzas  lleno. 
Los  vastagos  sean  que  brote  tu  seno, 
Como  él,  como  tú; 

Y  nazcan  en  lecho  de  lauros  y  rosas, 
Los  hijos,  valientes;  las  hijas,  hermosas: 

Todos  con  virtud. 

Si  tú  eres  la  estrofa  mejor  de  mis  cantos, 
Como  dijo  un  bardo  famoso  entre  tantos. 

Que  te  dan  loor; 
Musa  inspiradora!  realiza  en  la  tierra. 
El  mejor  poema  que  la  vida  encierra, 

El  poema  de  amor! 

Y  cuando  abandones  las  nativas  playas, 
Sol  esplendoroso  donde  quier  que  vayas. 

Revela  ideal. 
El  tipo  acabado  de  gracia  y  belleza 
Que  imprime  á  sus  hijas  la  genial  grandeza, 

Del  pueblo  oriental.  (4) 

Salud  oh  gran  pueblo  ! . . .  Salud  nobles  almas 
Que  habéis  arrojado,  mirtos,  lirios,  palmas 

A  mi  serafín ! 
Que  en  vos,  vuestros  hijos,  y  en  cuantos  os  amen, 
Con  pródiga  mano  los  cielos  derramen 

Ventura  sin  fin ! 

Mayo  14  de  1888. 


« 


33»  PROMESA   CUMPLIDA 


(i)  «  El  casamiento  civil  tuvo  lugar  á  las  9  P.  M.,  y  el  reli- 
gioso á  las  10:  ambos  la  misma  noche  del  23  de  Mayo  en  casa 
de  la  novia.  Fueron  testigos  en  la  Curia  eclesiástica,  en  el 
Juzgado  de  Paz  y  en  el  domicilio  de  los  padres  de  aquella, 
los  Doctores  D.  Ernesto  Velazco,  D.  Juan  Carlos  Blanco,  D. 
Alfredo  Vasquez  Acevedo,  D.  Ruperto  Pérez  Martinez,  D.  Luis 
Piñeiro  del  Campo  y  D.  Antonio  Carbalho  Lerena :  Padrinos 
de  la  boda,  el  padre  de  la  desposada  y  la  Señora  doña  Concep- 
ción F.  de  Decoud,  hermana  política  del  novio». 


Stassera  sará  tutto  festa  e  gioia  e  bellezza  in  casa  Magariños 
Cervantes, 

La  vezzosissima  figlia  deirinclito  bardo  uruguayo,  Tincama- 
zione  deirideale  femminino  ch^egli  ha  vagheggiato  nelle  sue 
belleed  inspirate  creazioni  poetiche,la  signorina  Sara  Magariños 
s'impalma  stassera  col  distinto  giovane  paraguayo  Awocato 
Adolfo  Decoud. 

Tutta  la  hig  Ufe  di  Montevideo  é  in  movimento  per  questa 
ceremonia  che  assume  le  proporzioni  di  un  avvenimento  citta- 
dino,  perché  Montevideo  ama  irsuo  poeta  e  s'interessa  a  tutto 
ció  che  lo  tocca  davvicino.  —  Vitalia. 


Con  tan  fausto  motivo,  la  morada  del  gran  poeta  vióse  inva- 
dida por  multitud  de  familias  de  la  alta  sociedad  y  sinnúmero 
de  caballeros  que  ocupan  distinguidos  puestos  en  el  Gobierno, 
en  el  Cuerpo  Legislativo,  en  el  Foro,  en  la  prensa  y  en  el  co- 
mercio. 

El  señor  Cura  de  la  parroquia  de  San  Francisco,  D.  Martin 
Pérez,  bendijo  la  santa  unión  de  una  de  las  mujeres  más  her- 
mosas de  Montevideo,  ornato  y  joya  de  los  salones,  en  los  que 
dcslumbraba  con  los  encantos  de  su  físico  y  seducía  con  el  atrac- 
tivo de  su  heredado  talento. 

En  ese  momento,  imborrable  para  los  que  ya  ñguramos  en  la 
plana  mayor  pasiva  de  la  sociedad,  la  joven  desposada,  luciendo 
un  riquísimo  traje,  ora  el  centro  al  cual  convergían  las  miradas 


PROMESA   CUMPLIDA  333 


de  sus  amigas  é  invitados  —  éstas  admirando  una  vez  más  á  la 
que  momento  después  les  daba  el  beso  de  despedida  de  soltera; 
aquéllos  aplaudiendo  la  buena  elección  del  doctor  Decoud,  que 
nos  lleva  «  la  mejor  estrofa  del  poeta  ».  —  El  Bien, 


Desde  la  entrada,  la  casa  del  doctor  Magariños  resplandecía 
antenoche  para  despedir  á  la  que  ha  sido,  hija  única,  de  su  sexo, 
el  justo  orgullo  de  los  padres.  —  Escaleras,  vestíbulos,  corre- 
dores y  salones  destellaban  el  vivo  fulgor  de  las  luces  y  el  per- 
fume penetrante  de  todos  los  ramos  caprichosos,  enviados  para 
aromar  el  ambiente  de  la  fiesta,  vieja  costumbre  que  tiene  algo 
de  simbólica  y  que  parece  Jprmular,  por  el  pebetero  de  cada  ra- 
mo, como  un  coro  de  aspiraciones  por  la  felicidad  de  los  que 
entran  á  recorrer  una  nueva  jornada  de  la  vida. 

Presenciaron  el  enlace  los  amigos  íntimos  de  la  familia,  que 
formaban  un  círculo  encantador  á  la  bellísima  novia,  más  res- 
plandeciente con  el  traje  blanco  de  los  desposorios. 

Momentos  después  se  iniciaba  el  baile,  alimentado  por  nueva 
concurrencia  que  siguió  llegando  hasta  las  doce  y  media  de  la 
noche. 

Durante  seis  horas  consecutivas  en  que  la  orquesta  dirigida 
por  Formentini  agotó  las  piezas  del  programa,  aquella  mansión 
fué  el  magnífico  asilo  de  la  más  bulliciosa  alegría.  —  La  Ra:^on. 


Á  las  felicitaciones  de  las  amigas,  se  asociaron  las  lágrimas  de 
los  más  allegados,  y  el  baile  se  impuso  para  volver  la  alegría  que 
caprichosa  huía  de  las  que  no  tenían  sino  motivos  de  contento 
por  la  realización  de  anhelados  deseos. 

Las  ñores,  no  obstante  sentirse  gran  escasez  en  los  jardines, 
abundaban  en  los  salones,  embelesando  la  atmósfera  con  su 
suave  aroma  el  jazmin,  el  nardo,  el  heliotropo  y  la  rosa. 

Los  regalos,  en  gran  cantidad  enviados  en  el  día  á  los  novios, 
ocupaban,  los  pequeños,  los  centros  y  consolas,  y  los  grandes,  los 
rincones  de  los  salones  libres  de  objetos  decorativos. 

Ricos  toilettesy  más  que  nada  elegantes,  tijles  vaporosos  y  de 
variedad  de  colores,  ojos  azules,  ojos  negros,  cabelleras  rubias, 
peinados  de  ébano,  niñas  encantadoras  agitándose  en  medio  de 
ramos  de  formas  caprichosas  y  mirando  con  desden  á  sus  rivales 


334  PROMESA   CUMPLIDA 


las  flores;  he  ahí  el  conjunto  admirable  que  encerraban  los  salo- 
nes del  doctor  Magariños. 

Al  ritmo  alegre  y  chispeante  de  la  cuadrilla  ha  sucedido  la 
apasionada  cadencia  del  vals;  la  animación  no  ha  decaído  un 
solo  ápice  sino  que,  por  el  contrario,  cada  vez  es  más  intensa; 
en  los  juveniles  rostros  no  se  nota  todavía  la  menor  huella  de 
cansancio ;  sólo  en  los  papase  los  buenos  de  la  fiesta,  se  nota 
alguna  impaciencia;  es  que  son....  las  4  ! 

Y  duró  un  poco  más,  y  que  durara  más  hubieran  querido 
todos,  porque  las  fiestas  regias  realizadas  con  exquisitas  amabili- 
dades por  parte  de  los  dueños  de  ^a  casa,  ateniéndonos  á  la 
opinión  de  un  entusiasta  admirador  de  Terpsicore,  no  debieran 
tener  fin.  —  El  Siglo, 


La  espectativa  favorable  que  dominaba  en  nuestro  mundo  so- 
cial, fué  ampliamente  confirmada  ante  una  realidad  que  tiene  las 
apariencias  de  un  hermoso  sueño. 

Corría  por  los  salones  que  desde  hacía  tres  años  la  alta  so- 
ciedad montevideana  no  había  tenido  el  placer  de  asistir  á  una 
fiesta  tan  completa. 

Y  así  era  en  efecto.  Un  amigo  de  imaginación  nos  decía  que 
aquello  le  recordaba  el  casamiento  de  la  reina  de  las  flores, 
leído  en  un  precioso  libro.  Sus  compañeras  del  vergel  ameno  la 
rodeaban  ostentándose  como  nunca  primorosas. 

Los  sempiternos  observadores  ocuparon  los  vanos  de  las  puer- 
tas y  desde  'allí  miraron  desfilar  todo  lo  que  daba  esplendor  y 
realce  á  la  fiesta.  Las  señoras  curioseando  entre  la  multitud  de 
obsequios  de  subido  mérito  artístico  y  valor  material  conside- 
rable, con  que  fueron  los  novios  agraciados. 

Nuestros  jardines  fueron  puestos  á  contribución.  ¡  Cuánto  ra- 
mo caprichoso,  de  colosales  dimensiones,  ocupaba  allí  los  es- 
pacios aprovechados,  en  salas,  habitaciones,  corredores,  patio, 
vestíbulo  y  comedor,  esparciendo  fragancia  embriagadora  !  Ha- 
bía un  caudal  en  flores  y  objetos  de  adorno. 

La  nota  serena  en  aquel  concierto  de  bellezas  rivales  —  ñores 


PROMESA   CUMPLIDA  335 


y  mujeres  —  dábanla  las  señoras  siguientes,  de  gran  toilette,  al- 
gunas  con  los  brazos,  cuellos  y  peinados  cuajados  de  brillantes 
pedrerías. 

Señoras:  Rocca  de  Magarinos,  Maradona  de  Rocca,  Magariños 
de  Palomeque,  Pérez  de  Salvañach,  Tornquist  de  Roosen,  Chi- 
rif  de  Guido,  Fernandez  de  Decoud,  Fynn  de  Farini,  Illa  de 
Castellanos,  Acevedo  de  García  Lagos,  Vázquez  de  Acevedo, 
Castellanos  de  Sosa  Díaz,  Muñoz  de  Ramirez  ( Carlos  M. ),  Ace- 
vedo de  Blanco,  de  Fleury,  Márquez  de  Ayala,  de  Pons,  Mar- 
cenal  de  Rodriguez,  Moreno  de  Zavalla  y  otras. 

La  nota  dominante  de  brillo,  colorido  y  animación,  la  daban 
en  conjunto  y  parcialmente  las  siguientes  señoritas :  Luisa  Ma- 
garinos Veira,  Sofía  Folie,  María  Luisa  é  Irene  Velazco,  Manue- 
la Guido,  María  Luisa  y  María  Carolina  Ramirez,  Emilia  Palo- 
meque,  Ecilda,  Emma  y  Elena  Castellanos,  Tuly  Roosen,  María 
Salvañach,  Pepa  Acevedo,  Juanita  Vázquez,  Julia  Loo,  María 
Ayala,  Carmen  Ro vira,  Rita  Pons,  Elena  Rodriguez,  Benita  Ca- 
rreras y  otras  cuyos  nombres  no  vienen  á  nuestra  memoria  en 
este  instante.  — La  Época, 


La  casa  lujosamente  adornada,  llena  de  flores,  de  luz,  de  pre- 
ciosísimos regalos,  de  jóvenes  bellísimas,  y  en  suma,  una 
distinguida  concurrencia,  compuesta  de  la  crhne  de  nuestra 
high-life,  daban  un  esplendor  inusitado  á  aquel  acto. 

Entre  los  caballeros  se  encontraban  los  siguientes  :  José  Pedro 
Ramirez,  Ildefonso  García  Lagos,  Carlos  María  Ramirez,  Vas- 
quez  Acevedo,  Salvañach,  Emilio  Castellanos,  señor  Cordero, 
Manuel  E.  Rovira,  Pablo  Nin  y. González,  Adolfo  Piñeyro,  Luis 
Piñeyro  del  Campo,  Gómez  Ruano,  Blixen,  Duhau,  Villarnobo, 
Rovira  y  Urioste,  José  y  Pedro  Guido,  C.  García  Lagos,  Llamas, 
Panchito  Gómez,  Favaro,  Velazco,  Brown,  Previtali,  Mariano 
Pérez,  Sienrra  Carranza,  Pimentel,  Martos,  Ayala,  Garabelli, 
Victorica,  Lascano,  Soca,  Ros,  Herrera,  Reyes,  Vigil,  Martínez, 
Sosa  Diaz  y  otros.  —  El  Ferro-Carril. 


Como  para  que  nada  faltara,  el  ambigú  estuvo  admirable- 
mente servido,  como  si  se  hubiese  querido  ordenar  una  aten- 
ción especial  á  esa  parte  prosaica  de  la  fiesta. 


336  PROMESA   CUMPLIDA 


El  doctor  don  Ruperto  Pérez  Martínez  asoció  las  bellas  imá- 
genes de  la  poesía  al  acto  de  los  brindis  por  los  desposados,  con 
las  siguientes  estrofas  que  condensan  sus  votos  de  felicidad  y  la 
expresión  de  un  legítimo  orgullo  de  la  tierra  que  á  todos,  con 
ese  mismo  motivo  que  á  él,  nos  anima. 

No  se   entibia  su  luz,  ni  desparece; 
Cambia  tan  sólo  de  sistema  el  astro, 
Cuando  al  dejar  sombrío  nuestro  cielo 
Va  á  esparcir  su  fulgor  en  el  hermano. 

Por  eso  en  su  pasaje  la  despiden. 
Temblorosas  de  amor  sus  compañeras ; 
Mientras  los  lazos  que  su   ausencia  rompe 
Se  difunden  en  lágrimas  serenas. 

¡  Qué  sin  cesar  y  por  doquier  la  siga 
El  hado  tierno,  que  su  marcha  vela, 
Y  que  en  la  inmensa  eternidad  del  tiempo 
Siempre  el  orgullo  de  su  patria  sea  ! 

Con  vivos  aplausos  fué  saludado  el  doctor  Pérez  Martínez  al 
terminarla  lectura  de  su  poética  felicitación.  El  doctor Magari- 
ñosse  habrá  sentido  emocionado  al  escucharen  noche  tan  so- 
lemne para  él,  el  lenguaje  en  que  ha  expresado  siempre  los 
altos  sentimientos  de  su  alma.  — La  Época. 

(  3 )  A  las  dos  de  la  mañana,  la  feliz  pareja  voló,  en  alas  de  su 
cariño,  según  dijo  un  periódico  de  la  tarde,  á  una  deliciosa 
quinta  del  Paso  del  Molino,  lindera  al  Prado,  en  la  que,  en 
efecto,  había  á  la  entrada,  al  lado  del  jardin  y  frente  al  vestíbulo 
del  fondo,  varios  frondosos  naranjos  en  flor. 

(  3  )  Si  se  suprime  en  esta  estrofa  el  primer  verso  y  la  mitad 
del  segundo,  como  lo  ha  hecho  alguno,  se  afirma  de  un  modo 
absoluto,  lo  que  el  autor  expresa  sólo  de  un  modo  relativo,  refi- 
riéndose d  su  horí\onit\  es  decir,  al  círculo  de  sus  afecciones  y 
de  su  hogar : 

aquella 

Que  era  en  mi  hortj^onie  la  polar  estrella. 

Dentro  del  radío  más  ó  menos  limitado  de  ese  horizonte  ¿qué 


PROMESA   CUMPLIDA  337 


padre  ó  madre  idólatra  desús  hijas,  sobre  todo  si  es  única,  no  la 
llama  con  énfasis  orieyítal,  ángel,  tesoro,  delicia,  encanto,  sol, 
reina,  etc? 

¿Acaso  se  pretende  afirmar  con  eso  la  necedad  que  no  hay 
otra  igual  en  el  mundo  ó  en  la  sociedad  de  que  forma  parte? 

La  respuesta  jse  halla  en  la  nota  siguiente,  en  la  citación  que 
en  ella  hago,  y  por  coincidencia  en  la  nota  8,  pág.  188. 

Pláceme  no  obstante,  satisfacer  la  susceptibilidad  del  austero 
republicano  que  se  siente  herido  por  el  uso,  aun  en  poesía,  de 
palabras  aristocráticas,  y  sustituyo  la  de  Maga  á  la  de  Reina  que 
otros  antes  que  yo,  con  elogios  superiores  á  los  mios,  han  tenido 
la  galanteria  de  emplear. 

Sin  dar,  pues,  importancia  al  cargo,  permítaseme  recordar  que 
hace  muchos  años  he  dicho  :  <r.  que  abomino  la  falsa  modestia  ; 
que  en  casos  semejantes  no  hay  por  qué  hacer  misterios  y 
aspavientos  de  cosas  que  pertenecen  al  dominio  público,  diez 
veces  estampadas,  comentadas  y  glosadas  en  los  periódicos». 
Véase  Violetas  y  Ortigas,  pág.  6,  y  también  el  Apéndice. 

(  4  )  Cualquiera  que  no  sea  algún  cazador  de  puntos  y  comas, 
como  llama  Dermidio  De-María  con  su  habitual  donaire  á  los 
que  convierten  en  defectos  hasta  las  erratas  de  imprenta,  ha  de 
convenir  que  la  nota  resaltante  en  el  epitalamio  es  la  estrofa 
antepenúltima  en  que  se  ensalza  : 

El  tipo  acabado  de  gracia  y  belleza 
Que  imprime  á  sus  hijas  la  genial  grandeza 
Del  pueblo  oriental. 

Por  consiguiente,  la  joven  esposa  á  quien  está  consagrado  el 
canto,  es  un  tipo  ó  ejemplar,  y  nada  más,  de  la  mujer  uruguaya 
á  cuyo  orden  genérico  pertenece  como  tantas  otras  de  sus  bellí- 
simas compatriotas. 

En  efecto,  tomando  las  palabras  en  su  legítimo  significado  se- 
gún el  diccionario  de  la  lengua,  sólo  violentamente  pueden  inter- 
pretarse de  otro  modo  los  conceptos  de  la  referida  estrofa  ;  y  no 
es  permitido  ignorará  ningún  sabio  que  de  crítico  presuma,  que 
en  la  historia  natural  se  llama  tipo  á  <f:  cada  uno  de  los  individuos 
en  que  se  encuentran  bien  marcados  los  caracteres  que  distin- 
guen una  raza. » 


338  PROMESA   CUMPLIDA 


Así  también  lo  entienden  el  sentido  común  y  el  discreto  autor 
de  los  párrafos  siguientes : 

«  Las  hermosas  se  van,  decía  hace  pocos  días  un  cronista 
amigo,  al  saber  que  Sara  Magarinos  se  unía  al  doctor  Adolfo 
Decoud,  y  que  fijarían  su  residencia  en  Buenos  Aires. 

Se  van,  es  verdad,  pero  la  planta  tiene  muchps  ejemplares  en- 
tre nosotros,  y  es  un  consuelo  poder  decir:  quedan  aún  muchas. 

De  esta  verdad  podía  compenetrarse  quien  anoche,  como  el 
que  esto  escribe,  hubiese  asistido  á  la  boda  de  la  hermosa  hija 
de  nuestro  bardo,  y  por  lo  tanto  contemplase  radiantes  de  her- 
mosura, ¿7  la  que  se  va,  y  i.  las  que  quedan. 

Qué  hermosa  estaba  la  novia,  velados  sus  grandes  y  rasgados 
ojos  por  la  emoción  que  inspiraba  la  solemnidad  del  acto  ! 
Cuántos  ensueños  en  la  mente,  cuánta  felicidad  realizada  ! 

Y  ahora  pregunto  :  ¿  tenía  ó  no  razón  para  decir  que  aun  que- 
dan hermosas? 

Qué  deseáis?  ¿Ojos  negros?  Ahí  está  Manuela  Guido,  Em- 
ma  Castellanos,  Irene  Velazco,  María  Luisa  y  María  Carolina 
Ramírez. 

¿Talle  cimbrador,  belleza  digna  de  ser  esculpida  en  mármol? 
Ahí  pasa  Elena  Rodriguez  arrebatando  con  su  mirar  de  fuego. 

¿Distinción,  belleza,  elegancia,  ojos  centellantes,  aire  de  rei- 
nas? Tended  la  vista  por  la  sala  y  hallareis  todo  eso  en  cada  una 
de  las  presentes,  con  viveza  de  imágenes. 

Pero  basta  —  conste  que  es  sensible  que  se  vayan,  pero  que 
aún  quedan. — La  Tribuna  Popular, 


XXV 


RECUERDO 


BRINDIS  A  LOS  REPRESENTANTES  DE  LA  PRENSA  BRASILERA,  LEÍDO  POR  EL 
Dr.  D.  ALBERTO  PALOMEQ.UE,  EN  EL  BANQ.UETE  CELEBRADO  EN  EL  TEA- 
TRO SAN  FELIPE  LA  NOCHE  DEL  13  DE  JULIO  DE  1888.  (i; 


*  ** 


Naturaleza  virginal,  tendida 
De  sus  montañas  en  la  verde  falda, 
Entreabierto  su  manto  de  esmeralda 
Por  los  besos  del  aura  tropical ; 
Se  levanta  radiosa,  deslumbrante, 
En  las  tardes  risueñas  del  verano, 
Vertiendo  frescas  rosas  con  su  mano, 
Del  Crucero  jardin,  maga  ideal. 

Así  la  idea  generosa  y  grande 
Que  hoy  vencedora  en  el  Brasil  domina, 
Al  mundo  con  sus  rayos  ilumina. 
La  bendice  doquier  la  humanidad 
Como  una  gloria  suya,  y  viva  imagen 
Del  siervo  redimido,  su  Gigante 
Acostado  (2)  levántase,  y  triunfante 
Alza  el  himno  de  santa  libertad ! 

Julio  23  de  1888. 


340  RECUERDO 


( I )  Formaban  esa  comisión  los  S.  S.  redactores,  Dres.  Pa- 
ranhos  Pederneiras,  de  O  Jornal  do  Commercio ;  Dermeval 
da  Fonseca,  de  la  Gaceta  de  Noticias ;  Mendes  de  Almeida,  de 
O  Diario  de  Noticias;  y  Siqueira  Cavalcanti,  áe  \2i  Ga:{eta  da 
Tarde, 

(a  )  Éntrelas  maravillas  de  la  tierra  brasilera,  tierra  coronada 
con  todos  los  esplendores  de  la  creación,  hay  una  que  llena  de 
asombro  á  todos  los  viajeros  que  han  podido  contemplarla,  en 
las  condiciones  necesarias  para  que  la  ilusión  óptica  se  produzca 
en  toda  su  incomparable  magnificencia. 

O  Gigante  deitado  (el  gigante  acostado)  es  un  verdadero 
titán  de  proporciones  colosales,  formado  por  las  siluetas  de  las 
montañas  que  rodean  la  bahía  de  Río  Janeiro,  artísticamente 
enlazadas  por  la  mano  de  la  naturaleza.  —  La  imagen  que  resulta 
es  superior  como  belleza  plástica  y  por  su  grandiosa  y  poética 
realidad  á  las  que  han  trazado  Esquilo,  Shelley,  Byron,  Edgard 
Quinet,  Andrade,  etc. 

Yendo  de  Montevideo  á  Río  Janeiro,  en  1844,  á  bordo  del 
transporte  imperial  Pavuna^  tuve  ocasión  de  ver  por  primera  vez 
al  Gigante  acostado. 

El  suceso  se  encuentra  narrado  en  la  serie  de  artículos  que, 
con  motivo  del  poemita  El  precio  de  la  Gloria,  publiqué  en  La 
Ra^on  en  1882- 1883;  Y  ^^s  impresiones  que  me  dominaban 
durante  el  viaje  y  al  pisar  las  playas  brasileras,  están  consignadas 
en  las  composiciones,  Río  Janeyro,  Brisas  del  Plata  pág.  91  y 
Saudades  pág.  129  de  Palmas  y  OmbúeSy  tomo  I. 

La  primera  estrofa  del  Brindis ,  está  tomada,  con  una  ligera 
corrección,  de  la  poesía  Río  Janeyro.  Pertenecen  á  la  misma  las 
dos  estrofas  siguientes,  que  reprodujeron  La  Época  y  otros 
periódicos  como  complemento  de  lo  que  el  autor  pensaba  en- 
tonces (  1844  )  sobre  la  esclavitud. 

Goza,  oh  pueblo !  delira,  canta,  rie, 
Rie,  oh  pueblo  !  tu  guardas  en  tu  seno, 
Un  porvenir  que  de  misterios  lleno, 


RECUERDO  341 


Tu  horizonte  colora  de  carmín. 
Enjaulada  pantera  á  quien  azotan, 
Muerde  sus  hierros  desdichada  raza.... 
Ay !  si  al  cabo  sus  grillos  despedaza 

Y  el  rayo  que  condensa  estalla  al  fin  ! 

Al  crujido  del  látigo  que  en  vano 
Quiere  el  grito  acallar  de  sus  entrañas, 
El  Gigante  que  duerme  en  tus  montañas 
Me  parece  que  se  alza  colosal ; 

Y  sacudiendo  sus  hercúleos  brazos 
Cual  pavorosa  esfinge  se  levanta, 

Y  rompe  el  aúreo  cetro  con  su  planta, 

Y  hace  trizas  la  túnica  imperial ! 


Estas  dos  estrofas,  dije  contestando  al  distinguido  doctor 
Bastos,  redactor  de  O  Bra^^ily  eran  la  espresion  espontánea  de  lo 
que  yo  en  mi  mocedad  y  todos  generalmente  creíamos  sobre  la 
solución  tremenda  que  tendría  el  pavoroso  problema  de  la  es- 
clavitud en  el  Brasil;  y  el  brindis  de  1888,  leido  por  el  Dr.  Pa- 
lomeque  en  el  banquete  de  San  Felipe,  y  dedicado  á  los  dig- 
nos representantes  de  la  prensa  fluminense,  es  la  humilde 
apoteosis  de  un  hecho  grandioso,  puesto  de  relieve  y  conden- 
sado  en  una  imagen  titánica  brasiliense;  hecho  que  á  pesar  de 
venirse  preparando  desde  largo  tiempo  atrás,  ha  llenado  de 
entusiasmo  y  de  admiración  al  mundo.  Este  lo  bendice  hoy  en 
todas  partes  como  una  verdadera  conquista  y  gloria  imperece- 
dera de  la  humanidad  ! 

Doy  á  usted  las  más  expresivas  gracias  por  la  traducción  que 
considero  digna  de  su  talento  como  escritor  y  como  poeta,  que 
he  tenido  ocasión  de  apreciar  antes  de  ahora  en  las  columnas  de 
La  Ra^on  y  me  repito  su  affmo.  amigo  y  S.  S. 

A.  M,  C. 

Agosto  )  1888. 

_________  » 

Entre  salvas  de  aplausos  terminó  la  lectura  de  esa  joya  poética 
del  viejo  bardo,  cuyo  corazón  late  siempre  á  impulsos  de  todo 
lo  grande,  de  todo  lo  generoso  y  de  todo  lo  noble.  —  La  Tri- 
buna Popular. 


já 


XXVI 


SAUDADE  (I) 


BRINDE  AOS  REPRESENTANTES  DA  IMPREMSA   HRAZ'LEIRA  NO 
BANQ.UETE  CELEBRADO  NO  THEATRO   «SAO    FELIPPE*   (DE  MONTEVIDEO» 

A  33  DE  JULHO  DE  1888. 


**^ 


(  traduc<;aü  ) 

Que  natureza  virginal  se  expande 
De  suas  montanhas  n'essa  verde  falda, 
Entreaberto  seu  manto  d'esmeralda 
Pelos  beijos  da  brisa  tropical; 
Alli  cresce  radiosa  e  deslumbrante 
N'essas  tardes  risonhas  do  verño, 
Fresca  rosa  esparzindo  com  sua  máo 
Do  Cruzeiro  jardim,  fada  ideal. 

Assim  a  idea  generosa  e  grande 
Que  hoje  ovante  no  Brazil  domina 


SAUDADE  343 


O  mundo  com  seus  raios  illumina ; 
Consagrada  por  toda  a  humanidade 
Como  gloria  do  mundo,  viva  imagem 
Do  libertado  escravo,  o  seu  gigante 
Deitado  se  levanta,  e  triumphante 
Canta  o  hymno  da  santa  liberdade. 

A.  Bastos. 


Quiz  o  poeta  comparar  o  effeito  produzido  em  sua  alma  pela 
appari^ao  do  Gigante  deitado  (formado  pelos  contornos  das 
montanhas  do  Rio  de  Janeiro  por  elle  observadas  e  cantadas  em 
outras  poesias,  por  occasiáo  da  sua  viagem  feita  en  1844,  á  térra 
fluminense  )  com  a  ¡mpressáo  sentida  pelas  nances  civilisadas, 
antea  solu<^áo  do  problema  escravidáo,  doada  ao  Brazil,  sem  a 
menor  commc^áo  política,  sem  derramamento  de  sangue,  sem 
hitas  fratricidas. — A.  Bastos. 
1888. 


XXVII 


ONDULACOES 


A   F.    R. 


««i!: 


Aprts  t'avoir  crcée,  Dicu,  l'arbitre  du  monde, 
Dicu,  le  peintrc  suprcmc,  en    le  voytnt  si   blondc 
Resta  calme  et  pen:>if,  et  sourit  vaguement. 

Jaymt  de  Seguier  (poeta  portuguez). 


Aquellas  trancas,  de  ouro  sombreadas 
En  \igue'\agiies  fortemente  unidas, 
Parecem  crepitar,  como  feridas 
Por  eléctricas  chispas  ateadas. 

Quando  as  vejo  agitárera-se,  onduladas 
Por  branda  arágem,  rápidas,  movidas, 
Sinto  n'alraa  canjóes  desconhecidas, 
Por  divino  phonographo  entoadas. 


ONDULAgOES  345 


Iriam-se  na  fronte  as  cambiantes 
Do  espectro  solar — lympha  sem  dique, 
Luz  attrahente,  encantos  palpitantes, 
Arabescos  sem  visos  de  arrebique. 
Croa  ungida  dos  trafos  radiantes 
Das  cabefas  dos  anjos  de  Vandick! 

Alfredo  Bastos. 
1882. 


Tengo  verdadero  placer,  mi  querido  Dr.  Bastos,  en  retribuirá 
usted  como  poeta  su  elegante  traducción  de  mi  Brindis. 

Al  efecto  escojo,  no  la  mas  notable  ni  la  mas  bella  de  sus 
poesías,  sino  aquella  que  á  mi  juicio  ha  de  ser  mas  grata  á  su 
corazón,  y  tal  vez  á  la  persona  que  usted  mas  ama. 

Sírvase  usted  aceptar  esta  pequeña  ofrenda  en  retribución  de 
su  valioso  obsequio,  con  los  votos  que  hace  por  su  felicidad  su 
colega  y  affmo.  amigo.  —  ui.  M,  C. 
1888. 


it^..    L^  ti 


XXVIII 


ONDULACIONES 


(  TRADICCIOX  I 

A    F.    R. 


*  »  V 


l»^»;'.c»   .'.:»:   "c   .-ci'a,  ti   s-mn  Omnipotente, 

P;  •>,     ¡   p:r.T.  r  supremo.  :^ti  ubiji  al  ve:tc  j  bella. 

fjtmf  Je  ^fguiír. 


Aquellas  tren/as  do  ou»,  sombreadas, 
Fn  espirales  ÜKiter.  ento  unidas, 
ParovO  vjue  crepitan.  ccn:o  heridas 
TvM    vlée;iieas  ehispas  intlamadas. 

Al  vevLís  eual  se  a^^iían,  endulad:;s 
TvM*  aura  leve,  rápij.  s.  llovidas, 
i.\i!U'ivMu^s  oii^o  Vv^  desevMK^eidas, 
Toi-  d;\  r.H^  for;ó*irat\^  er.lv^nadas. 


ONDULACIONES  347 


Luz  atrayente,  mágico  conjuro, 
Se  irisan  en  su  frente  los  cambiantes 
Del  espectro  solar  —  linfa  sindique, 
Sin  mentido  arrebol  esmalte  puro, 
Aúreo  nimbo  que  pone  en  las  radiantes 
Cabezas  de  sus  ángeles,  Vandick! 
1888. 


Agrade90-lhe  sinceramente  o  seu  benévolo  parecer  sobre  a 
minha  traduc<;áo  e  tambem  pela  do  soneto  por  mim  escripto, 
quando  solteiro,  e  dedicado  á  digna  Oriental  que  hoje  me  une 
pelos la90sdo  amorá  vida  e  a  esta  hospitaleira  térra  do  Uruguay. 
Ter  merecido  de  V.  S.  Pr.  Magariños,  uma  traduc<;áo,  é,  nao  só 
para  mim  como  para  urna  compatriota  sua,  o  premio  da  admi- 
ra^áo,  derespeito  e  de  sympathía,  que  a  V.  S.  dedica  sincera- 
mente este  seu  humilde  e  affmo.  amigo  —  A //redo  Bastos, 


XXIX 


FA  CH'IO  TI  BACI! 


*** 


Tace  la  notte,  e  plácida 
Brilla  la  luna  in  cielo; 
Non  una  nube  all'étere 

Toglie  Tazzurro  velo. 

L'astro  d'argento  lúccica 
Tra  foglia  e  foglia  incerto, 
Tutte  le  stelle  spléndido. 
Formangli  attorno  un  serto. 

Lá,  nel  boschetto,  trépido 
L'usignuoletto  trilla; 
Le  verdi  piante  aspírano 
La  profumata  stilla. 

Tutto  il  creato  arridere 
Sembra  d'amore  e  vita : 
I  fior,  la  térra,  Tétere, 
Tutto  ad  amare  invita. 


FA  ch'io  ti  BACI  !  349 


Qui,  fra  i  concenti  armonici 
Della  natura  intera, 
Anche  il  mió  labbro  trémolo 
Un  paradiso  spera. 

Anche  del  core  i  pálpiti 
Cercano  un  cor  fratello, 
Che  ripercuota  i  báttiti 
Del  santo  amor  piú  bello. 

L'alma  divampa,  o  vérgine, 
Divampa  íl  mió  pensiero.  .  .  . 
Par  che  del  cielo  agli^ángeli 
Voglia  rubar  Timpero. 

Vieni,  deh  vieni,  e  fúlgida 
Come  la  stella  fida, 
Fá  che  il  tuo  labbro  candido 
Al  labbro  mió  sorrida ; 

E  come  V  aura  tiépida 
Sul  volto  tuo  s' aduna, 
Fá  ch'io  ti  baci  tímida, 
Gentil  fanciuUa  bruna ! 

E  come  il  soave  zéffiro 
Scherza  co'  tuoi  nastrini, 
Fá  ch'io  ti  sfiori  i  mórbidi 
Inanellati  crini 


•  •  •  • 


i.  Ib 


FA  ch'io  ti  baci  ! 


Perché  lo  sguardo  vivido 
Al  suolo  abbassi,  e  tremi? 
Tu  sei  regina  ed  úniile 
Schiavo  ti  son,  che  temi  ? 

Vedi  qum'io  mi  modero 
Finché  tu  tremi  e  taci !  .... 
Eppur  vorrei  ricingerli 
D'araplessi,  e  in  mezzo  ai  baci, 

Sul  tuo  bel  sen  disciogliermi !  . 
Ma  mi  trattiene  umile, 
II  bel  rossor  che  impórpora 
La  guancia  tua  gentile. 

Vieni  fanciulla,  lánguida 
Sovra  il  mió  cor  riposa, 
£i  ti  dirá  coi  pálpiti 
Quanto  mi  sei  preziosa  ! 

E  nel  silenzio,  taciti 
Tra  le  notturne  brezze, 
Scordiam  la  térra  e  gli  uomini, 
Godiamo  un  ciel  d'ebbrezze! .  .  . 


Al'orizzonte  célasi 

Quasi  la  bianca  luna 

Fá  ch'io  ti  baci!....  bacíami 
Gentil  fanciulla  bruna! .... 


G.  Odie  i II i  y  Sagra. 


XXX 


DEJA  QUE  YO  TE  BESE! 


TRADUCCIÓN    LIBRE   (  1  ) 

«  ** 

Calla  la  noche,  y  plácida 
La  luna  allá  en  el  cielo, 
Sin  una  nube  el  éter. 
Brilla  entre  el  azul  velo. 

Resbalan  de  hoja  en  hoja 
Sus  plateadas  huellas, 
Y  una  diadema  en  torno 
Le  forman  las  estrellas. 

Tímida,  en  el  bosque,  el  ave 
Suelta  amoroso  pió  ; 
Con  éxtasis  las  flores 
Aspiran  el  roció. 

Sonreír  de  amor  parece 
La  creación  bendita  ; 
La  flor,  la  tierra,  el  aire. 
Todo  al  placer  invita. 

Aquí  entre  los  concentos 
De  la  natura  entera, 


352  DEJA   QUE   YO   TE   BESE ! 


También  mi  labio  trémulo 
Un  paraiso  espera. 

También  el  pecho  mió 
Busca  otro  pecho  amante, 
Que  unísono  á  mi  anhelo 
Responda  delirante. 

Loca  está  mi  alma  ¡  oh  virgen  ! 
Mi  mente  audaz  delira  .... 
Parece  que  á  los  ángeles 
Robar  su  imperio  aspira. 

Ven,  mi  adorada,  y  fúlgida 
De  Venus  cual  la  estrella, 
Haz  que  tu  labio  tierno 
Sonria  á  mi  querella. 

Y  como  el  aura  leve 
Tu  rostro  toca  apena. 
Deja  que  yo  te  bese, 
Gentil  niña  morena! 

Y  como  mueve  el  céfiro 
Las  cintas  de  tu  cuello. 
Deja  que  yo  los  rizos 
Toque  de  tu  cabello! 

,:Por  qué  tiemblas,  y  bajas 

Tus  ojos? qué  temor 

To  asalta?...  tu  eres  reina. 
Tu  humilde  esclavo  vo ! 


DEJA  QUE  YO  TE  BESE!  353 

Vé  como  me  contengo, 
Trémulo  así  al  mirarte, 
Cuando  entre  ardientes  besos 
Quisiera  yo  abrazarte ; 

Y  desmayarme  sobre 
Tu  seno,  en  dulce  alarde... 
Mas  me  detiene  el  púdico 
Rubor  que  en  tu  faz  arde. 

Oh  virgen,  ven ! . . .  tu  frente 
Sobre  mi  pecho  posa: 
Diránte  sus  latidos 
Cuánto  te  adoro,  hermosa. 

Dando  al  olvido  el  mundo, 
Entre  el  nocturno  velo. 
Unidas  nuestras  almas 
Remóntense  hasta  el  cielo ! 

Tocando  ya  á  su  ocaso 
La  luna  va  serena : 
Ven  que  te  bese,  y  bésame. 
Gentil  niña  morena! 
1878. 


(i)  Pertenece  esta  composición  al  tomito  Foglie  d^helera. 
Hojas  de  Laurel,  publicado  por  el  señor  Odicini  y  Sagra,  en 
Florencia.  Hicimos  la  traducción,  en  homenaje  al  talento  y  en 
testimonio  de  cordial  aprecio  al  autor,  que  nos  había  honrado 
con  la  versión  de  los  Hijos  del  genio. 

Véase  la  nota  de  la  página  1^2. 

«3 


XXXI 


FLOR  QUE  NO  MUERE   (^) 


A  SARMIENTO  (2) 


^p  ^F  ^p 


Encorvada  la  frente  bajo  el  peso 
Del  pensamiento  audaz  que  le  avasalla, 
Sosteniendo  doquier  una  batalla 
CoQ  la  estirpe  satánica  del  mal:  (3) 
La  ignorancia  endiosada,  la  soberbia. 
La  calumnia  procaz,  la  envidia,  el  odio. 
Que  ni  siquiera  esconden  como  Harmodio, 
Entre  un  velo  de  flores  su  puñal.  ( 4 ) 

Maldecido,  aclamado:  —  héroe!  bandido! 
—  Idiota !  genio  !  —  Apóstol !  perdulario  ! 
Por  su  cruz  abrumado,  en  su  Calvario, 
Al  hombre  superior  se  vé  caer. 
Negra  noche  le  envuelve  ....  mano  aleve 
Le  corona  sarcástica  de  espinas  .... 
Ya  silban  los  reptiles  de  las  ruinas. 
Las  lechuzas  ya  graznan  de  placer  1(5) 


FLOR  Q.ÜE  NO  MUERE  355 

La  estulta  muchedumbre  que  repite 
Lo  mismo  el  anatema  que  el  hossana, 
Ensordece  los  aires  inhumana, 
Como  hidrófobo,  estúpido  lebrel.  (6) 
Y  la  caterva  vil  de  fariseos, 
A  quien  el  Justo  con  desprecio  nombra, 
A  sus  sedientos  labios,  en  la  sombra 
La  esponja  acercan  de  vinagre  y  yel !  ( 7 ) 

Como  el  buitre  infernal  de  Prometeo 
En  sus  entrañas  el  dolor  se  ceba;. 
Pocos  resisten  la  tremenda  prueba, 
Que  tumba  prematura  al  fin  les  dá.  (8) 
Otros  más  fuertes,  ó  quizá  amparados 
Por  más  benigna  estrella,  con  la  gloria, 
Alcanzan  en  la  vida  la  victoria. 
Rayo  postrer  de  un  astro  que  se  vá  I  ( 9 ) 

Pero  muertos  ó  vivos,  un  día  llega 
En  que  el  sol  vengador  de  la  justicia. 
Disipa  las  tinieblas  y  acaricia 

Y  alumbra  del  Titán  la  erguida  sien. 
Ante  el  nimbo  de  estrellas  que  le  ciñe, 

Y  ante  la  llama  que  en  sus  ojos  brilla, 
Inclinan  la  cabeza  y  la  rodilla 

Los  que  ayer  le  ultrajaron  con  desden!  (10) 

Sarmiento !  orgullo  y  prez  del  argentino 
Noble  amigo  también  del  uruguayo,  (11) 
La  pluma  era  en  tu  diestra  ardiente  rayo. 
Que  de  Chile  hasta  el  Plata,  tronador, 
Hacía  estremecer  á  los  tiranos. 
Cuando  valiente  tu  palabra  austera, 
Bajaba  de  la  inmensa  Cordillera 
Como  el  verbo,  del  pueblo  redentor.  (12) 


356  FLOR  OJIE  NO   MUERE 

TÚ  á  amar  la  libertad  nos  enseñaste: 
Regenerar  al  pueblo  fué  tu  sueño, 

Y  con  paciente,  sin  igual  empeño, 
Consagraste  tu  vida  al  porvenir. 

La  Escuela  era  en  tus  manos  la  palanca. 
Que  un  mundo  nuevo  levantar  debía, 

Y  en  la  tierra  que  tiembla  todavía. 

Ya  en  espigas  de  luz  se  vé  surgir!  (13) 

Miradle !  en  el  futuro. .. .  allá,  en  la  cumbre, 
Do  sólo  posa  el  águila  su  planta, 
Como  una  blanca  estatua  (14)  se  levanta 
Sobre  el  alto,  glorioso  pedestal. 
Que  le  forman  sus  obras,  sus  virtudes  (15) 
Su  vida  de  labor  y  de  combate. 
Sin  ceder  de  la  suerte  al  rudo  embate, 
Persiguiendo  incansable  su  ideaí.  (16) 

Atleta  formidable !  .  .  .  á  tu  enemigo 
Se  enlazaban  tus  brazos  poderosos. 
Como  en  tórrida  zona  á  los  colosos 
Del  bosque,  ciñe  el  matador  Cipo.  (17) 
Tu  palabra  rugía  en  el  espacio 
Con  la  honda  vibración  del  terremoto; 

Y  el  eléctrico  dardo  del  Gimnoto  ( 18 ) 
Cuántas  veces  tu  pluma  fulminó  ! 

Pensador,  estadista,  literato, 
Maestro  de  los  niños  y  los  hombres. 
Te  ama  quien  te  conoce!  (19)  No  te  asombres, 
Si  al  verte,  aun  siento  mi  laúd  vibrar. 
La  vez  primera  que  pisaste  el  suelo 
De  mi  patria,  yo  imberbe  saludaba 
Al  novel  escritor,  y  le  auguraba 
Triunfos  y  glorias  que  logró  alcanzar.  (20) 


FLOR  QUE  NO   MUERE  357 

Hoy  resuena  tu  nombre  por  el  mundo, 

Y  en  todo  el  continente  americano, 
Cual  río  fecundante  corre  ufano 

El  caudal  de  tu  rica  inspiración.  (21) 

Cualquiera  de  tus  páginas,  Maestro, 

De  tu  numen  creador  muestra  un  destello: 

La  garra  del  León  pone  su  sello 

A  lo  que  llamas  obra  de  varón.  (22) 

En  medio  de  los  Víctores  y  palmas 
Que  te  brindan  los  hombres  á  tu  paso, 
Ninguna  el  corazón  te  llene  acaso 
Como  el  cántico  puro,  singular, 
Que  alzan  en  tu  loor,  agradecidos. 
El  niño  y  la  mujer,  (23)  doquier  que  vayas. 
Del  Atlántico  mar  hasta  las  playas 
Que  besa  enamorado  el  Delawar.  (24) 

Bellos  son  de  la  ciencia  los  laureles. 
Del  vencedor  guerrero  los  cantares, 

Y  bella  la  corona  de  azahares 

Que  al  tierno  esposo  da  virgen  feliz ; 
Pero  es  más  bella  y  pura  la  del  aire^ 
Flor  que  en  las  almas  redimidas  brota ; 
Jamás  su  vida  ni  perfume  agota, 
Porque  tiene  en  el  cielo  su  raíz !  ( 25 ) 
Febrero  2  de  1881. 


(i)  Leída  por  el  autor  en  el  banquete  dado  en  Montevideo 
al  General  D.  Domingo  F.  Sarmiento  en  el  Hotel  de  la  Paz  el 
)  de  Febrero  de  1881,  por  la  Sociedad  <^ Amigos  de  la  Educación 
Popular^},  <c Ateneo  del  Uruguay^}  y  <(^La  Prensa7>. 


358  FLOR  QVB  NO  MUERE 

El  Dr.  D.  Carlos  María  Ramirez  había  sido  designado  por  uná- 
nime acuerdo  para  llevar  la  palabra  en  nombre  de  todos  los  que 
ofrecían  el  banquete.  Para  los  que  conocen  las  dotes  oratorias  del 
Dr.  Ramirez  es  escusado  decir  que  no  tuvimos  todos  motivo 
sino  para  felicitarnos  de  esa  designación.  —  La  galanura  del  dis- 
curso pronunciado  por  el  Dr.  Ramirez,  la  acertada  distribución 
de  sus  períodos  y  la  brillantez  de  la  frase,  nada  dejaron  que 
desear. 

Tomó  la  palabra  el  Sr.  Sarmiento  para  agradecer,  no  sólo  el 
acto  de  que  era  objeto  y  los  elogios  que  á  nombre  de  todos  los 
concurrentes  le  había  dirigido  el  Dr.  Ramirez,  sino  también 
las  repetidas  muestras  de  aprecio  y  simpatía  que  ha  recibido 
desde  que  llegó  á  Montevideo. 

El  Sr.  Sarmiento  se  expresó  con  el  fácil  y  familiar  estilo  que 
le  es  peculiar,  y  su  discurso  estuvo  impregnado  de  la  mayor 
cordialidad  hacia  esta  República. 

Siguióle  en  el  uso  de  la  palabra  el  doctor  don  Alejandro  Ma- 
gariños  Cervantes,  que  nos  hizo  oir  algunas  de  las  bellas  es- 
trofas que  con  justo  título  le  han  grangeado  un  puesto  promi- 
nente entre   los  poetas  uruguayos. — Jacinto  Albistur. 
1881. 

Cuando  el  orador  (  Sarmiento  )  concluyó,  fué  una  verdadera 
ovación.  A  tout  seigueur  tout  honneur. 

Nadie  mejor  que  nuestro  viejo  é  incansable  maestro  el  doctor 
Magariños,  para  seguir  con  la  palabra  al  Sr.  Sarmiento.  Re- 
cordó su  vieja  amistad  con  el  eminente  escritor,  á  quien  al  em- 
pezar su  carrera,  había  en  magníficos  versos  vaticinado  sus 
triunfos  ulteriores,  y  arrancó  nuevas  notas  á  su  laúd  en  honor  de 
Sarmiento,  leyendo  la  preciosa  poesía  que  acababa  de  arrebatar 
á  su  rico  ingenio.  Fué  entusiastamente  aplaudido.  — La  Tribuna 
Popular. 
1881. 

II  sig.  Sarmiento  rispóse  commosso;  il  suo  discorso,  origínale, 
pieno  di  vita,  di  spirito,  d'opportunitá,  strappava  alternativa- 
mente gli  applausi  piú  entusiastici  e  le  risa  piú  schiette  tant'cra 
la  copia  dellc  idee  luminose  e  dei  frizzi  che  scoppietavano  dalle 
labbra  delfarguto  e  vegeto  vegliardo.  — L' Italia. 


FLOR  Q.UE   NO    MUERE  359 

Aunque  habituado  á las  ovaciones,  Sarmiento  estaba  profun- 
damente satisfecho  y  conmovido.  —  Más  de  una  vez  asomaron 
las  lágrimas  á  sus  ojos,  —  lo  que  no  le  impidió  animar  el  ban- 
quete con  los  destellos  de  su  chispeante  espíritu. — El  Plata. 

Muy  satisfactorias  deben  haber  sido  las  impresiones  que  ha 
traído  el  Sr.  Sarmiento  de  Montevideo,  cuando  apenas  llegado  á 
Buenos  Aires  las  recuerda  con  efusión,  como  se  vé  en  la  siguien- 
te carta  al  Dr.  A.  Magariños  Cervantes,  que  reproducimos  de 
El  Siglo  de  Montevideo. 

El  interés  ó  curiosidad  que  despierta  todo  lo  que  pertenece  á 
los  hombres  célebres,  justificaría  su  inserción,  si  no  mediasen, 
además,  los  honrosos  conceptos  con  que  recuerda  el  ilustre  edu- 
cacionista las  distinciones  y  estímulo  que  encontró  en  la  bella 
capital  oriental. 

Dice  así  la  carta : 

Buenos  Aires^  Febrero  10  de  1881.  —  Mi  estimado  amigo:  El 
susurro  cadencioso  de  sus  lindos  versos  está  todavía  presente  en 
mis  oídos,  como  suele  el  tañido  de  la  campana  de  la  tarde 
repetirse  al  parecer,  después  de  haber  dejado  de  vibrar  en 
realidad.  Los  recuerdos  de  Montevideo,  por  la  novedad  y  be- 
lleza del  cuadro  de  aquella  ciudad  y  naturaleza,  tan  correcta  la 
una,  tan  bella  la  otra,  hacen  el  efecto  de  aquellas  vistas  que 
enseñan  á  los  niños  por  un  vidrio  en  la  muralla,  ciudades 
europeas,  el  Rialio  de  Venecia,  las  Ruinas  de  Palmira,  con 
tamaños  gigantescos  é  iluminación  fantástica.  Vuelto  á  la  vida 
real  y  prosaica,  me  encuentro  Superintendente  de  Escuelas,  con 
grandes  é  indefinidas  funciones,  y  la  esperanza  de  poder  hacer 
algo  útil. 

De  Montevideo  traigo  estímulos  y  modelo. 

Con  el  recuerdo  grato  de  sus  atenciones  y  amistad,  tengo  el 
placer  de  suscribirme.  —  Su  afmo.  amigo.  —  D.  F.  Sarmiento. 

(2)  Ninguno  como  el  general  Sarmiento  reflejó  en  más  alto 
grado  hasta  las  condiciones  físicas  de  su  país  de  origen. 

Majestuoso  y  soberbio  como  las  altas  cordilleras  de  su  patria; 
impetuoso  y  desbordante  como  los  torrentes  que  se  despeñan 
de  sus  cumbres;  inconmovible,  resistente,  áspero  como  las 
rompientes  que  bordan  sus  márgenes;  ardiente,  desordenado, 


360  FLOR  QUE  NO  MUERE 

como  los  huracanes  que  salen  bramando  por  las  estrechas  que- 
bradas, levantando  tempestades  que  oscurecen  la  atmósfera; 
fecundo,  exuberante,  inagotable,  como  aquel  suelo  de  sus  amo- 
res; parece  como  que  la  montaña,  el  torrente,  la  roca,  el  hu- 
racán, la  tierra  misma,  se  hubiesen  aunado  para  producir  aquel 
genio  extraordinario.  —  Secundino  Navarro, 
1888. 

Iliada  y  Odisea  son  las  obras  de  Sarmiento  para  el  argentino. 
En  ellas  están  retratados  el  suelo,  la  sociedad  y  los  héroes; 
allí  están  los  sufrimientos  y  las  esperanzas  nacionales;  allí 
nuestros  dioses  y  creencias.  Aquello  es  poema ;  poema  de  la 
mitad  del  siglo  XIX,  nacido  de  un  pueblo  de  gestación  ex- 
traña:  niño  y  hombre,  héroe  y  poeta,  salvaje  y  culto;  poema 
hecho  para  el  pueblo  que  necesitaba  oir  cuentos  como  el  niño, 
reflexionar  como  el  hombre,  nutrirse  de  hazañas  como  el  hé- 
roQ,  cantar  con  el  poeta,  gritar  como  el  salvaje  y  argumentar 
con  los  letrados. 

Poeta  era  el  hombre,  y   es  con  arranques   de  la  poesía  su- 
blime que  se  revela  el  genio. — Ma?iue¿  CabraL 
1888. 

Así  el  Facundo  y  como  pensamiento,  es  una  obra  de  pro- 
funda sociología;  como  estilo,  una  narración  llena  de  vida  y 
movimiento;  como  pintura  de  costumbres,  un  libro  que  no 
tiene  igual,  un  libro  único,  que  vivirá  como  los  grandes  dra- 
mas y  los  grandes  poemas,  donde  las  generaciones  sucesivas 
van  á  buscar  el  alma  de  la  leyenda  y  la  vida  de  hombres  que 
llenaron  con  sus  hechos  una  época   de  la  historia  humana.  — 

V.    EL    APÉNDICE. 

Para  los  contemporáneos,  es  la  narración  del  gran  drama 
que  termina  en  nuestros  días. 

Para    la  posteridad,  será  el  Facundo  el  poema  de  los  pasa- 
dos tiempos  que  ha  de   merecer  la    apoteosis,  y  el  libro  que 
mas  brillo    arroje  sobre  las    letras    argentinas   de  su  época.  — 
Juan  Carlos  Blanco, 
1882. 

¿  Qué  lengua  personal  condensaría  el  colosal  murmullo  de  to- 


FLOR  QUE  NO  MUERE  36 1 

das  las  voces  arrancadas  por  su  irreparable  separación  del  es- 
cenario que  su  presencia  dominó  constantemente?  Ni  ¿quién, 
por  otra  parte,  aventuraría  el  esfuerzo  de  la  exposición  en  nom~ 
bre  propio,  y  de  propia  autoridad,  de  sus  impresiones  indivi- 
duales, y  de  todos  los  hechos  sobresalientes  de  la  vida  contem- 
plativa, intelectual  ó  militante,  de  la  labor  íntima  y  del  tesoro 
de  las  ternuras  familiares,  —  ó  de  la  acción  batalladora  y  civiliza- 
dora, literaria,  humanitaria,  política  y  gubernamental  del  grande 
hombre  cuyo  rostro  parecía  enorme  porque  tenía  lo  que  no 
se  ha  visto  en  otro  busto,  es  decir,  las  facciones  capitales  de 
todos  los  otros  grandes  hombres,  habiendo  en  su  fisonomía, 
como  en  su  corazón  y  su  talento,  rasgos  de  Sócrates  y  de  Pé- 
neles, de  Rousseau  y  de  Voltaire,  de  Pitt  y  de  Mirabeau,  de 
Franklin  y  de  Lincoln,  de  Armando  Carrel  y  de  Thiers,  de  Hor 
racio  Mann  y  de  Darwin? — José  M.  Sienra  Carran:ia. 
1888. 

(3)  Es  la  humanidad  una  tierra  dura  é  ingrata  que  rompe 
las  manos  que  la  cultivan  y  cuyos  frutos  vienen  tarde,  muy 
tarde,  cuando  el  que  esparció  la  semilla  ha  desaparecido.  — 
D,  F,  Sarmiento, 

1845. 
Su  vida  fué  de  acción  y  de  lucha,   tenía  en  su  panoplia  to- 
das las  armas;  pero  su  inteligencia,  con  músculos  de  atleta,  pre- 
fería la  maza  hercúlea  á  cuyo  golpe  terrible  saltaba  en  pedazos 
la  mas  sólida  armadura.  —  E.    Wilde, 

(4)  En  la  vida  agitada  y  laboriosa  de  Sarmiento,  en  los  ardo- 
res de  la  lucha  y  de  la  polémica,  mil  veces  le  fueron  descono- 
cidas hasta  sus  más  descollantes  dotes ;  hasta  sus  obras  más 
grandes  y  meritorias ;  pero  hoy  que  ha  desaparecido,  hoy  que 
nos  sentimos  oprimidos  por  el  inmenso  vacío  que  deja  en  pos  de 
sí,  la  reacción  es  tan  violenta  y  expansiva,  se  levanta  tan  gigan- 
tesca su  figura,  iluminada  por  los  destellos  de  su  genio,  que  todos 
olvidan  al  hombre  de  pasiones,  al  combatiente  rudo,  que  hería 
sin  piedad á  su  adversario,  para  honrar  al  notable  estadista;  al 
profundo  pensador ;  al  sagaz  político ;  al  administrador  hon- 
rado ;  al  patriota  lleno  de  nobles  y  elevadas  ambiciones  por  la 
prosperidad  y  engrandecimiento  de  su  país  ;  al  orador  más  ori- 
ginal de  su    época ;   al  autor  del  Facundo,    y    sobre   todo,   al 


303  FLOR  aUE  NO  MUERE 

incansable  propagandista  de  la  educación ;  de  la  educación, 
que  es  la  base  de  la  verdadera  libertad,  la  fuente  de  todos 
los  progresos,  la  única  palanca  con  que  se  han  de  echar  por  tierra 
todas  las  preocupaciones  que,  con  el  influjo  de  la  tradición  y  de 
usos  consuetudinarios,  traen  todavía  en  servidumbre  á  la  hu- 
manidad.—  Ángel  Menchaca. 

(  5 )  Amó  con  pasión  al  pueblo  soberano,  pero  no  lo  aduló 
jamás,  ni  buscó  su  gratitud  en  la  popularidad.  Henchido  su 
pecho  de  entusiasmo  por  el  progreso  social,  llena  su  cabeza  de 
ideas  para  realizarlo,  iluminado  por  la  creencia  ó  la  intuición 
adivinadora  de  la  verdad,  se  lanzaba  á  la  acción  con  todas  las 
fuerzas  de  su  voluntad  férrea,  sin  mirar  atrás,  abajo  ó  á  los 
lados,  dejando  sin  lástima  los  despojos  de  pasiones,  intereses 
heridos,  sacrificando  sus  afectos,  su  bienestar  y  hasta  su  hogar 
pero  mirando  siempre  á  la  verdad  arriba  como  guía,  al  bien 
público  adelante  como  fin,  hasta  abrazarse  con  la  imagen  de 
la  patria  agradecida,  en  el  término  final  de  su  larga  jomada  — 
W.  Escalante. 

Como  Portales,  gobernó  con  mano  fuerte  á  la  luz  del  día, 
desde  la  plaza  pública,  sin  guardar  misterio  de  sus  actos  —  asu- 
miendo resueltamente  con  lealtad  su  responsabilidad  ante  la 
Nación  que  lo  observaba,  diciendo  soy  yo,  es  mi  orden,   yo 

MANDÉ. 

Como  aquél,  enemigo  implacable  de  la  anarquía  y  las  ban- 
derías, sin  perdonar  medios  persiguió,  estrechó  y  abatió  de- 
finitivamente el  caudillaje  en  el  territorio  de  la  República. — 
Juan  Silvano  Godoy, 

Esos  caracteres  dictatoriales  son  necesarios  en  ciertas  horas 
de  la  historia:  como  el  destino  antiguo,  el  genio  soberano 
cumple  su  misión  entre  los  pueblos,  conduciendo  á  los  unos 
y  arrastrando  á  los  otros.  Nosotros,  que  somos  ya  la  posteri- 
dad, seamos  respetuosos  para  ser  justos;  y  recordemos  que 
para  ciertos  grandes  hombres,  primeras  víctimas  de  su  tempe- 
ramento colosal,  el  genio  es  su  conciencia  secreta  y  su  pri- 
mera virtud. — Pablo  Groussac. 
1888. 

{ Benditos  son  del  Sei^or  los  pueblos  que  tienen  en  su  seno 


iM^'^A.. 


FLOR  Q.UE  NO  MUERE  363 

locos  como  Sarmiento !  Locos  que  conquistan  instituciones  para 
la  patria;  que  agigantan  el  pensamiento  y  revolucionan  las 
sociedades  con  su  enseñanza;  que  abren  cátedra  de  patriotis- 
mo y  de  virtudes  cívicas,  donde  quiera  que  aparecen;  que  no 
se  doblegan  ante  el  temor  de  los  que  mandan,  ni  se  corrom- 
pen con  la  dádiva  de  los  poderosos! 

Locos  que  han  pasado  el  límite  señalado  al  talento  humano, 
que  vislumbran  las  omnipotencias  del  genio,  que  viven  y  se 
agitan  en  una  insaciable  aspiración  de  infinito,  y  que,  en  el 
día  en  que  se  extinguen,  conmueven  á  todo  un  continente, 
porque  parece  que  hay  menos  luz  en  el  cielo  y  menos  oxígeno 
en  el  aire ....  — Luis  V,   Várela. 

(6)  «Amigo, — solia  repetir  el  viejo  luchador,  haciendo  suya 
una  máxima  árabe;  — haz  siempre  el  bien  por  el  bien,  que  la 
ingratitud  aumente  tu  celo,  cuando  la  luna  esparce  su  resplan- 
dor sobre  el  perro,  este  se  pone  á  ladrar,  alumbrado  por  aquel 
satélite.» 

En  la  ruda  polémica,  sus  frases  despiadadas,  á  manera  de 
moles  de  granito  movidas  por  titanes,  caían  sobre  el  campo 
de  la  lucha,  destrozando  adversarios  é  inocentes,  en  tanto  que 
él,  como  una  esfinge,  recibía  los  proyectiles  lanzados  á  su 
cabeza,  sin  que  jamás  le  hirieran. — Eduardo  Wilde, 
1888. 

Asistimos  á  la  hora  de  una  solemne  apoteosis,  y  debe  per- 
mitirse á  los  que  representamos  la  posteridad,  formular  una 
declaración :  el  general  Sarmiento  es  una  fecunda  enseñanza 
para  los  que  le  sobrevivimos.  Su  amor  á  la  verdad  le  condujo 
á  límites  á  que  ninguno  osó  llegar.  Desafió  las  multitudes ; 
combatió  sin  tregua  á  las  preocupaciones  ;  hizo  abstracción  ab- 
soluta de  todo  propósito  personal ;  creyó  en  los  principios, 
antes  que  en  los  errores  prevalentes ;  pueblos,  partidos  polí- 
ticos, gobiernos,  —  todos  le  salían  al  paso,  y  á  todos  oponía  la 
muralla  inexpugnable  de  sus  convicciones,  quedando  muchas 
veces  solo,  pero  jamás  vencido.  —  Pablo  Lascano  (  hijo  ), 


364  FLOR  dUE  NO  MUERE 

Parecía  siempre  un  jefe  que  ordenaba,  y  no  un  argumen- 
tador que  discutía. 

Nacido  para  el  último  combate  y  para  el  definitivo  triunfo, 
á  él  se  deben  grandes  reformas  que  no  ha  podido  menos  de 
respetar  el  tiempo  ;  reformas  que,  semejantes  á  las  gigantescas 
montañas  que  sobre  el  mar  avanzan,  han  sentido  el  golpe  de 
las  olas  sin  quebrantarse,  y  sólo  han  dejado  oir,  como  el  la- 
mento indefinible  de  las  playas,  los  ecos  bastardos  de  injustas 
murmuraciones.  —  Vicente  R.  d*Oliveira. 

(7)  El  apuró  el  cáliz  hasta  las  heces,  desde  la  atroz  injuria 
(que  nunca  perdonó)  de  haberle  pintado  ebrio,  de  regreso  de 
una  orgía,  cuando  venía  de  llorar  sobre  la  tumba  de  su  hijo  Do- 
minguito,  en  el  aniversario  de  su  gloriosa  muerte  en  el  campo 
de  batalla^  hasta  la  infame  calumnia  imputándole  un  crimen 
abominable.  ...  De  esos  ataques  transcribimos  como  muestra, 
uno  de  los  menos  repelentes :  el  recibimiento  que  le  prepara- 
ban en  el  infierno. 

«Don  Faustino,  el  hombre  del  insiinio^  no  quiere  persua- 
dirse de  la  existencia  del  infierno.  Siga  blasfemando  como 
hasta  aquí,  y  ya  verá  como  se  convence  cuando  experimente 
los  REFRIGERANTES  ardores  del  infierno.  Su  entrada  triunfal  en 
el  reino  del  Gran  Maestre  y  de  todos  los  liberales,  será  salu- 
dada con  grandes  aplausos,  se  le  harán  los  honores  debidos  á  su 
alto  rango,  y  toda  la  barra  del  infernal  Senado  se  apresurará  á 
estrechar  la  mano  del  colega  y  del  amigo. 

Es  cuestión  de  tiempo,  D.  Faustino.  —  P,  de  la  I, 
1883. 

(8)  A  pesar  de  lo  que  dicen  los  partidarios  de  la  aristocracia, 
el  sentimiento  de  igualdad  está  tan  arraigado  en  la  especie  hu- 
mana, que  nadie  puede  atreverse  á  levantar  su  frente  arriba 
del  polvo  vulgar,  sin  excitar  toda  clase  de  envidias,  sin  ver  á 
sus  propios  hermanos  negarle  toda  superioridad,  como  hicie- 
ron los    propios  hermanos  de   Jesucristo.  —  Adolfo    Vaillant. 

1880 
Damos  las  gracias  al  escritor  oriental  D.  Daniel  Muñoz,  —  que 
había  salido  espontáneamente  á  su   defensa  en  El  Nacional,  de- 
cía el  autor  de  Recuerdos  de  provincia :  — usted  y  sus  amigos 


FLOR  Q.UE  NO   MUERE  365 

deben  estar  satisfechos  de  que  sea  usted  el  primero  que  sale 
al  frente  diciendo  :  aquí  estoy  yo,  para  defender  mi  plata,  que 
son  las  letras,  el  estilo,  el  saber,  que  es  mío  donde  quiera  que 
se  manifieste,  y  no  he  de  permitir  que  un  compañero  de  ar- 
mas (de  pluma)  sea  despedazado  por  sicarios  de  pluma,  que 
nunca  faltaron  á  las  malas  causas. 

Usted  es  demasiado  joven  para  recordarlo,  cuando  á  los  gritos 
de  los  gaceteros  que  hicieron  de  la  lengua  una  cloaca  inmunda 
que  arrastrase  sus  diatribas,  tuvieron  que  abandonarla  patria,  aun 
antes  de  ser  perseguidos.  Várela,  el  cantor  de  Dido  abandonada, 
tomada  al  clásico  Virgilio ;  y  el  bardo  deZa  Cautiva,  el  precursor 
de  Facundo,  tan  americano,  tan  argentino  como  ella ;  y  Velez, 
el  traductor  de  la  Eneida;  y  Mármol,  el  Tirteo  que  flajelo  á  su 
tumo  á  los  tiranuelos,  y  les  dio  como  el  Dante  el  castigo  de 
la  inmortalidad ;  porque  esta  es  la  función  suprema  de  las 
letras  que  hablan  el  lenguaje  de  los  dioses,  y  trasmiten  á  la 
posteridad  con  Tácito,  los  nombres  de  los  sicarios  que  triun- 
faron sobre  los  pueblos  y  la  dignidad  humana,  pisoteados  y 
oprimidos  por  unos  cuantos  días,  meses  y  años. 

Pero  á  medida  que  se  depura  la  atmósfera  de  vapores  turbios 
y  rastreros ;  así  que  se  disipa  la  niebla  infecta,  cuando  las  nubes, 
rotas  en  girones,  se  alejan  después  de  la  tempestad  y  dejan 
penetrar  la  luz  de  la  verdad,  entonces  «será  el  llorar  y  crujir 
de  dientes»,  entonces  hasta  los  hijos  tendrán  que  apesadum- 
brarse del  nombre  que  llevan.  —  D.  F.  Sarmiento. 
1885 

(9)  Se  siente  morir  y  pronuncia  su  último  discurso  en  la  fun- 
dación de  una  escuela;  hasta  la  voz  le  falta  ya.  Pasa  en  revista 
sus  trabajos  que  se  traducen  en  hechos  en  América  y  en  su 
patria,  y  con  el  recuerdo  de  ésta,  á  que  asocia  seguramente 
el  de  estos  rosados  enjambres  que  simbolizan  el  porvenir  y 
van  á  cubrir  su  tumba  con  sus  bendiciones  y  sus  flores,  mira 
al  cielo  y  muere  dulcemente  como  el  héroe  griego  —  ccslum^ 
que  aspicit  et  dtilcis  moriens  reminiscitur  Argos. — Benjamin 
Zorrilla, 

El  general  Sarmiento  ha  muerto  entre  los  arrullos  de  su  ge- 
nio artista  y  creador,  delirando  con  el  ideal  y  extasiándose 
ante  la  armonía  de  las  razas.  ¡  Que  su  espíritu  luminoso,  al  des- 


366  FLOR  QUE  NO  MUERE 

prenderse  del  frágil  barro  que  lo  encerrara,  sea  recibido  en  la 
visión  y  en  el  goce  de  la  suprema  armonía  y  de  la  verdad  su- 
prema!—  El  Ministro  de  Solivia. 

(10)  La  explicación  del  aparente  contraste  (los  ataques  é 
invectivas  prodigados  á  Sarmiento  vivo,  y  el  dolor  general 
ocasionado  por  su  muerte )  está  en  todos  los  labios,  está  en 
todas  las  almas.  El  pueblo  descubrió  siempre  en  todos  los 
actos  de  Sarmiento  la  honradez  del  propósito,  la  enseñanza 
saludable^  las  ideas  luminosas,  y  lo  que  todo  lo  viviñca  y  lo  en- 
noblece :  los  sentimientos  del  alma  sincera  y  ardiente  del  pa- 
triota que  busca  el  bien  común,  arrostrando  por  la  patria,  por 
la  masa,  por  la  humanidad,  la  impopularidad,  el  odio  y  hasta 
el  desprecio  de  sus  contemporáneos.  —  Sccundino  Navarro. 

Que  vengan  á  mí  á  decirme  ahora  que  ya  he  muerto!  A  mí, 
que  recibo  en  este  día  (de  su  cumple  años). los  honores  que  no 
siempre  me  prodigaron  en  mejores  tiempos ;  á  mí,  que  tengo 
todavía  en  la  mano,  á  falta  de  la  espada  que  no  sustentaría  ya  mi 
débil  brazo,  el  buril,  la  pluma  y  el  látigo  que  ñjan  las  ideas, 
cuando  no  sea  más  que  para  dar  fé  de  hallarme  en  mi  puesto, 
cuando  las  andan  buscando  para  encadenarlas.  —  Z>.  F.  Sar- 
miento. 
1885. 

(11)  Puede  bien  decirse  que,  al  organizar  este  banquete  por 
iniciativa  del  Dr.  D.  Carlos  M.  de  Pena,  hemos  tratado  de 
cumplir  una  cláusula  no  escrita,  pero  si  sentida  en  nuestras 
almas,  del  testamento  de  José  Pedro  Várela.  —  Celebramos  en 
Sarmiento  al  educacionista  y  al  literato.  Acaso  la  voz  del  edu- 
cacionista no  habría  bastado  para  despertar  en  el  espíritu  in- 
quieto de  nuestro  malogrado  amigo  el  amor  á  la  causa  poco 
ruidosa,  poco  deslumbrante  de  la  educación  del  pueblo.  De- 
bía unirse  también  á  la  exhortación  y  al  consejo,  esa  pode- 
rosa inspiración  de  los  grandes  escritores,  que  saben  dar  á  la 
palabra  la  fuerza  de  un  cincel  que  esculpe  ideas,  sentimien- 
tos, tendencias,  hábitos,  en  el  alma  de  los  individuos  y  en  la 
sociabilidad  de  los  pueblos. —  Carlos  M.  Ramirei. 

1881. 
Tienen  los  orientales  otros  motivos  para  honrar  la  memoria 


FLOR  Q.UE   NO   MUERE  367 

de  Sarmiento.  Si  él  no  ha  pasado  en  la  república  uruguaya 
una  larga  parte  de  su  vida,  como  en  Chile ;  si  no  ha  ido  á 
conciliar  en  ella  su  último  sueño,  como  en  el  Paraguay,  en  cam* 
bio,  le  envió  en  uno  de  sus  propios  hijos,  un  apóstol  de  su 
doctrina,  que  fué  más  adelante  de  las  previsiones  del  maestro, 
y  dio  un  impulso  considerable  á  la  educación  uruguaya,  sa- 
crificándole su  reposo  y  hasta  su  vida. 

Pero  no  es  esto  sólo.  Hay  algo  que  puede  explicar  aún  más 
este  movimiento  de  simpatía  de  los  orientales  en  torno  de  ese 
féretro  :  es  ese  <c  algo  de  común  y  de  profundamente  simpático 
que  ha  sobrevivido  á  la  división  política  de  estos  países,  tan 
penosamente  trabajada.  » 

Sarmiento  tuvo  ocasión  de  advertirlo  en  un  viaje  que  hizo  á 
Montevideo,  ya  en  el  ocaso  de  su  vida.  «  Ese  mar  dulce,  como 
lo  llamó  Solis,  decía  entonces,  lejos  de  separamos,  tiende  sus 
brazos  á  ambos  lados  de  su  lecho  para  reunimos  por  medio  de 
los  vapores  que  en  horas  nos  hacen  pasar  sobre  su  blando  y 
ondulado  seno.  Estas  repúblicas  que  el  Plata  baña,  fragmentos 
de  un  grande  planeta  roto,  están  compuestas  de  la  misma  ma- 
teria cósmica,  raza,  religión,  historia,  lenguaje,  tradiciones. . .  :» 
Todo  eso  tenemos  en  común  argentinos  y  orientales,  y  no  es 
extraño,  por  lo  mismo,  que,  del  otro  lado  del  Plata,  se  siga 
con  avidez  el  desarrollo  de  la  vida  intelectual  y  el  vuelo  so- 
berano del  genio  en  la  república  que  un  compatriota  ilustre 
llamó  «la  patria  grande  ».  —  Agustín  de  Vedia. 
1888. 

Es  la  sociedad  «  Amigos  de  la  educación  popular  de  Montevi- 
deo», que  me  encarga  de  representarla  en  este  acto,  de  hablar  en 
su  nombre  y  de  poner  una  corona  sobre  el  féretro  del  ilustre 
educacionista;  —  es  la  prensa  de  Montevideo,  cuyos  represen- 
tantes debemos  poner  en  su  nombre  sobre  el  sepulcro  la  placa 
de  bronce  que  atestigüe  su  homenaje  al  viejo  atleta  que,  según 
las  palabras  que  él  mismo  repetía,  señalando  el  digno  término 
de  una  vida  noblemente  desempeñada,  ha  conservado  hasta  el 
último  con  firme  brazo  la  rota  espada  que  sólo  al  destino  ven- 
cedor  debe  entregarse  con  varonil  eniere;;^a.  — José  M,  Sienra 
Carran^^a, 


368  FLOR  QUE  NO  MUERE 

(is)  Su  elocuencia  no  residía  en  la  vulgaridad  de  una  frase  flo- 
rida, ni  en  los  rígidos  lineamientos  de  una  retórica  amanerada, 
sino  en  la  novedad  de  sus  pensamientos;  en  lo  extraño  de  aquella 
forma  exclusivamente  suya;  en  lo  inesperado  y  rápido  de  sus 
giros;  en  lo  contundente  de  sus  razonamientos;  en  sus  califi- 
cativos clichés;  en  lo  vasto  y  variado  de  su  erudición;  en  la 
savia  intelectual,  en  fin,  que  vivificaba  su  discurso  y  ataba, 
como  con  un  hilo  de  luz,  aquellas  frases  entrecortadas,  ner- 
viosas y  al  parecer  desaliñadas  é  incorrectas. 

Como  taquígrafo  experimentado,  me  .complazco  en  confesar 
que  más  de  una  vez  aquella  alocución  avasalladora,  inmovilizó 
el  lápiz  en  mi  mano,  y  tuve  que  esforzarme  para  independi- 
zar mis  nervios  de  aquel,  como  mágico  influjo  de  su  palabra 
varonil! — Ángel  Menchaca. 
1888. 

El  estilo  es  un  organismo  en  vuestra  pluma  ó  en  vuestros 
labios.  Vuestra  frase  tiene  todas  las  palpitaciones  y  todos  los 
movimientos  de  la  vida.  Vuestros  buenos  escritos  nos  sacuden 
como  una  descarga  eléctrica.  Bajo  vuestro  numen,  todo  se 
precipita  en  un  desorden  grandioso  y  fecundo.  Es  el  pensa- 
miento intenso  y  la  imagen  imponente;  el  romance  y  la  his- 
toria; la  elegía  y  el  himno;  el  idilio  y  la  invectiva,  y  la  iro- 
nía y  el  llanto,  y  la  travesura  del  panfletista  con  la  observa- 
ción penetrante  del  filósofo  —  todo  mezclado  y  confundido 
como  los  árboles  y  las  enredaderas  de  la  selva  virgen.  —  Cdr-- 
los  M,  Ramirei. 
1881. 

(  i^  )  Convencido  íntimamente  de  que  la  educación  es  la  base 
más  sólida  para  asegurar  el  gobierno  del  pueblo  por  el  pueblo, 
convirtiendo  á  cada  ciudadano  en  celoso  guardián  de  las  li- 
bertades públicas,  propendió  constantemente  por  la  realiza 
cion  de  tan  sublime  ideal,  siguiendo  las  huellas  trazadas  por 
Rivadavia ;  y  multiplicó  las  escuelas  como  único  medio  para 
crear  y  mantener  esa  fuerza  moral  capaz  de  combatir  el  atraso 
y  la  ignorancia,  y  concluir  con  los  últimos  restos  del  caudillaje 
que  cimentaba  su  poder  en  las  masas  bárbaras  é  inconscientes 
de  la  sociedad.  Más  feliz  que  aquel  gran  patriota  y  procer  de 
la  independencia  que  murió  en  el  destierro,  amargado  por  el 


FLOR   QUE  NO   MUERE  369 

olvido  y  la  ingratitud,  ha  recogido  el  fruto  de  la  simiente  del 
progreso  que  ha  arrojado  abundantemente  por  el  espacio  de 
medio  siglo,  y  baja  á  la  tumba  dejando  á  su  patria  grande,  prós- 
pera y  feliz.  Las  generaciones  de  la  posteridad  bendecirán  estas 
dos  figuras  históricas  que  tanto  han  hecho  en  favor  de  la  rege- 
neración moral  é  intelectual  del  pueblo  argentino.  — José  S,  De- 
t-owt/, Ministro  Paraguayo. 
1888. 

(14)  Sí,  dejémosle  ahora  que  repose;  dejemos  ahora  que 
descanse  el  viejo  luchador  de  sesenta  años  —  como  el  héroe  de 
Ossian  tiene  derecho!  —  que  descanse,  allá  junto  á  los  manes 
queridos  del  hijo  que  tanto  amó,  y  cuando  se  levante  el  mo- 
numento que  ha  de  legar  á  la  admiración  y  á  la  gratitud  pos- 
tumas los  rasgos  altivos  de  su  austera  efigie,  hemos  de  venir 
más  de  una  vez,  con  ansiedad  patriótica,  á  confortarnos  á  la 
sombra  de  la  vieja  encina,  hemos  de  venir  más  de  una  vez  á 
pedirle  fortaleza,  á  pedirle  inspiración,  con  el  recogimiento 
legendario  del  romano  ante  la  tumba  de  sus  grandes  muertos! 

—  Osvaldo  Magnasco. 

(15)  Sarmiento  en  estas  relaciones  no  tenía  más  virtudes  que 
las  que  implican  grandeza,  ni  rechazaba  otros  defectos  que 
los  que  son  hijos  de  la  bajeza  ó  pequenez  del  alma. 

Sarmiento  fué  hombre  honrado,  y  su  administración  como 
jefe  de  la  República,  fué  un  modelo  de  probidad  ;  pero  él 
nunca  hizo  de  estas  virtudes  un  objetivo  sistemático.  Sar- 
miento fué  probo  simplemente  porqoe  el  robo  es  un  vicio 
demasiado  bajo  y  humano. 

En  cambio,  y  como  consecuencia  natural  de  la  escasez  de 
punto  de  contacto  con  el  carácter  general  de  los  hombres, 
Sarmiento  no  ha  sido  ni  ha  podido  ser  un  caudillo  ni  un 
hombre  popular. 

Ha  sido  honrado  en  su  tumba  como  no  lo  fué  jamás  ningún 
argentino   ilustre,  pero  no   ha  sido  amado  por  las  multitudes. 

—  Isaías  Gil, 

Una  máxima  política  comprobada   por  los  siglos,  os  dejaré 
como  un  legado. 
Los  pueblos  se  suicidan,  cuando  dan  en  creerse  á  sí  mismos 

34 


370  FLOR  QjtJE  NO   MUERE 

inmorales,  degradados  y  corrompidos.  El  mal  existirá  siempre 
en  la  tierra;  pero  hoy  más  que  nunca,  los  pueblos  libres  bri- 
llan por  sus  virtudes.  Si  os  reconocéis  venales  ó  abyectos,  os 
gobernarán  como  á  presidarios.  Ved  hoy  á  vuestros  jueces,  y 
tened  confianza  en  que  la  justicia  prevalecerá  por  todas  partes. 
—  D,  F.  Sarmiento. 
1885. 

(16)  Parecía  un  descendiente  retardado  de  la  raza  de  los  gi- 
gantes que  lucharon  con  el  Olimpo,  ó  como  el  último  vastago 
dejado  en  la  tierra  por  el  Prometeo  de  la  leyenda  pagana. 

Como  Juan  el  Bautista,  predicó  largo  tiempo  en  el  desierto, 
convencido  de  la  verdad  de  su  doctrina,  y  anunciando,  con  la 
fé  del  profeta,  el  día  de  la  redención  de  la  patria  esclavizada. 
Hoy,  en  la  hora  de  su  apoteosis,  su  palabra,  escrita  en  sus  libros, 
queda  ya  consagrada  como  un  evangelio  político  de  la  Repú- 
blica Argentina.  —  Luis  V.  Várela, 
1888. 

Ni  por  ser  presidente  dejó  de  ser  periodista.  Los  momen- 
tos que  las  atenciones  del  gobierno  le  dejaban  libres,  los  con- 
sagraba á  escribir  artículos  de  defensa  y  ataque,  más  de  ata- 
que que  de  defensa,  porque  su  actividad  no  le  permite  esperar 
el  golpe,  sino  que  lo  provoca,  sin  cuidarse  de  atajarlo,  con 
tal  que  él  pueda  golpear  también  á  su  adversario. 

De  nuevo  vuelve  á  la  lucha,  golpeando  en  todos  los  escu- 
dos de  los  adversarios  que  han  de  salirle  á  la  palestra,  impa- 
cientándose de  que  tarden  en  agredirlo,  azuzándolos  de  todas 
maneras  hasta  que  saltan  irritados,  y  entonces,  una  vez  tren- 
zada la  refriega,  elige  al  combatiente  que  más  le  gusta,  con  él 
se  encarniza,  contra  él  asesta  sus  mandobles  formidables, 
prescindiendo  de  los  demás,  cuyos  golpes  se  embotan  en  sus 
espaldas  endurecidas  como  la  coraza  de  un  glytodon. 

Ya  le  veremos  nuevamente,  en  su  mesa  de  redacción,  des- 
parramados en  su  torno  su  espada  de  general,  su  palmeta  de 
maestro,  su  bastón  de  presidente,  sus  títulos  y  sus  insignias, 
llenando  las  carillas  por  docenas,  hinchada  la  boca  de  pala- 
brotas, clavando  la  pluma  en  el  papel  al  formular  una  ame- 


FLOR   QUE   NO   MUERE  37 1 

naza  ó  proferir  una  invectiva,  como   si  fuese  en  la  carne  viva 
del  adversario,  emporcadas  las  manos  y   moteada  la  cara  con 
la  tinta,  que  salta  de    la   cuartilla   herida   como   la  sangre  de 
una  cuchillada.  —  Daniel  Muñoi, 
1885. 

(17)  El  Cipo  matador  de  las  selvas  tropicales,  ansioso  de 
aire  y  luz,  y  cuya  base  no  puede  soportar  el  desarrollo  de  su 
copa,  se  lanza  sobre  el  árbol  más  corpulento  que  halla  á  su 
alcance,  y  se  adhiere  á  él  como  el  yeso  al  molde  que  lo  con- 
tiene. En  seguida  nacen  á  derecha  é  izquierda  dos  ramas,  ó 
más  bien  dos  brazos,  que  se  alargan  rápidamente.  Parecen  dos 
raudales  de  savia  que  corren  y  se  endurecen  á  medida  que 
suben.  Estos  brazos  estrechan  el  tronco  de  la  víctima,  se  ex- 
tienden por  el  opuesto  lado  y  se  unen.  Brotan  de  abajo  para 
arriba,  á  intervalos  regulares,  de  manera  que  el  mísero  árbol 
se  encuentra  agarrotado  por  sus  inflexibles  eslabones.  Los  ani- 
llos se  ensanchan  y  multiplican  á  medida  que  crece  el  terrible  es- 
trangulador,  y  van  á  sostener  hasta  en  el  aire  su  corona  de  hojas 
mezcladas  á  las  de  el  paciente,  que  se  asfixia,  pues  la  savia 
deja  de  circular  en  él,  languidece  y  muere.  —  E.  Lesbaieilles, 

1884. 

(18)  El gimjioio  americano  vence  en  poder  eléctrico  al  famoso 
siluro  del  Senegal  y  al  del  Nilo,  según  afirma  un  inteligente 
escritor  científico  en  un  interesante  estudio  sobre  los  torpedos. 

II  piú  terribile  di  questi  Giovi  acquatici  é  il  gimnoto  di  Ame- 
rica. II  suo  contatto  é  il  fulmine,  la  paralisi,  la  morte.  Non  c 
un  avversario,  é  una  scossa;  non  é  piú  un  anímale,  é  una  pila  di 
Volta.  Si  caccia  sotto  la  sua  vittima,  la  tocca  e  la  fulmina.  E  un 
combattimento  senza  resistenza,  una  agonia  senza  lamenti.  Al 
suo  contatto  uomo,  toro,  cavallo,  tuto  resta  abbattuto,  cade,  in 
letargia  e  muore. — Fulberio  Dumonteil, 
1887. 

(19)  Como  ante  el  anciano  de  la  Grecia,  todos  nosotros  de- 
bíamos levantarnos  al  aproximarse  uno  de  esos  hombres  vene- 
rables; todos  debíamos  respetar  con  un  secreto  sentimiento  de 
orgullo  esas  encarnaciones  del  pasado,  esos  hombres  fuertes, 
muchos  de  ellos  iluminados  por  el  genio!. . . — Miguel  Catié. 

1875. 


37^  FLOR  Q.UE   NO   MUERE 

¡Qué  encanto  tienen  los  cabellos  blancos!  Parece  que  viene 
de  alto  lo  que  viene  de  ellos.  Las  puerilidades  mismas,  están 
llenas  de  gracia  en  los  ancianos.  Se  les  vé  como  á  veteranos  glo- 
riosísimos, que  vuelven  heridos  de  una  gran  campaña.  Los  de- 
fectos, los  delitos  mismos,  parece  como  que  se  funden  y  desa. 
parecen  en  la  majestad  de  la  vejez.  ¡Qué  hombres  esos  que 
han  vivido  ochenta  años!  Aun  cuando  hablen  con  voz  trémula 
y  anden  con  paso  tardo,  se  les  vé  como  á  titanes.  La  vida  lle- 
varon á  cuestas,  y  la  sacaron  á  la  orilla.  A  fuego  lento  se  les 
han  ido  blanqueando,  como  la  corteza  al  hierro  en  la  fragua,  los 
cabellos. — Josc  Martí, 
1884. 
(20)  A  su  paso  por  Montevideo,  viniendo  de  Chile  el  autor 
de  Facundo  ó  civilización  y  barbarie,  en  viaje  para  Europa, 
le  saludamos  con  la  composición  El  Tigre  de  los  Llanos^  que 
termina  con  esta  estrofa  : 

Se  acerca  ese  día,  proscripto,  camina. 
La  Patria  Argentina,  la  Patria  Oriental, 
Unidas  marchando  por  la  misma  senda 
Un  abrazo  en  prenda  daránse  al  triunfar. 

{Brisas  del  Platay  pág.   149.) 
Data  desde  entonces   la  estrecha  é  inalterable   amistad   que 
nos  unió  á    Sarmiento    hasta   su  muerte,   á  pesar  que  más   de 
una  vez   estuvimos    en    completo    desacuerdo    sobre    algunos 
puntos. 

Sr.  Dr.  A.  Mugariños  Cervantes. 

Buenos  Aires,   Septiembre    1.°  de   1885. 

Mi  estimado  amigo:  Le  adjunto  un  viejo  libro  que  brota 
con  retoños  buscando  engalanar  sus  nudosas  y  descoloridas 
ramas,  esperando  que  él  sea  intérprete  de  mi  silencio,  y  reciba 
por  culpable  las  reprimendas  que  me  guarda  para  cuando  nos 
veamos. 

Tengo  por  delante  Flor  auE  no  muere  por  ver  si  me  con- 
firma en  lo  que    á   Vd.  le  parecerá   inmotivado,  y   es  el    no 
acceder  á  su   confidencial  encargo  de  indicarle  en  mis  pasados 
trabajos  como  pensamientos   cS  hechos,  lo    que  yo  juzgue  que 
pueda  servir  de  glosa  á  los  altos  elogios  con  que  me  favorece. 


FLOR  QJJB  NO   MUERE  373 

Mándele  á  Vd.  ese  volumen  al  que  seguirán  probablemente 
otros,  para  que  á  ratos  perdidos  busque  algún  fruto  sazonado 
ó  flor  que  conserve  su  fraganciaf  después  de  tantos  años,  pues 
aun  las  espinas   y  malezas  suelen  revestirse  de  flores. 

No  olvido  y  conservo  en  mi  Álbum  de  títulos,  los  versos 
que,  al  pasar  por  Montevideo  en  1845,  consagró  el  joven 
poeta   al  Facundo. 

Fueron  para  mí  el  diploma  de  capacidad  al  presentar  en  el 
umbral  de  la  vida  de  escritor  mi  primera  tesis  literaria,  como 
la  primera  muestra  de  aprobación  que  recibía.  Como  libro 
conquistó  más  tarde  su  lugar  en  la  literatura  moderna,  y 
no  es  menos  digno  de  consideración  y  recuerdo  el  presen- 
timiento del  joven  poeta  oriental  que  se  anticipó  al  fallo  de 
los  literatos 

Ya  vé  Vd.  que  tengo  en  mucho  su  aprecio  y  su  elevado  jui- 
cio; pero  lo  que  me  pide  me  contraría,  como  si  temiera  per- 
der el  uno    ó  malquistarme  el  buen  concepto   conquistado. 

Tengo  con  este  motivo  el  placer  de  suscribirme,  su  alTmo. 
a  m i go .  —  D.   F.   Sarm ten  lo . 

(21 )  ¿ decir  que  arrojó  la  semilla  de  su  pensamiento  fe- 
cundo por  toda  la  vasta  extensión  del  continente  americano  ? 
¿ó  recordar  tal  vez  que,  como  Catón  ó  Washington,  fué  de 
humildísimo  origen:  maestro  de  escuela  ó  sembrador,  que  es  lo 
mismo  ? —  Osvaldo  Mag fiasco. 

(22)  La  obra  sobre  ]a  Educación  Popular  y  es,  aparte  de  los 
detalles  técnicos,  un  himno  en  honor  de  la  inteligencia,  un  cán- 
tico de  esperanza,  una  emanación  de  un  corazón  generoso  de- 
vorado por  el  amor  de  la  humanidad  y  la  simpatía  de  la  niñez, 
es,  por  último,  la  combinación  de  las  armonías  físicas  y  morales 
que  constituyen  la  naturaleza  del  hombre  en  toda  su  plenitud, 
y  cuya  fusión  dá  por  resultado  lo  que  se  ha  convenido  en 
llamar  poesía. — Bartolomé  Mitre, 

1854. 

(23)  ¿ Habrá  mayor  grandeza  que  los  trofeos  de  su  gloria?: 
en  vez  de  las  águilas  de  oro  de  los  conquistadores,  el  noble 
pensador  trae  el  sublime  cortejo  déla  infancia  y  la  debilidad, — 
la  mujer  y  el  niño. 

Mientras  el  corazón  de  la  mujer  argentina  conserve  su  latido. 


374  FLOR  aUE   NO   MUERE 

prosternada  en  el  polvo  la  cabeza,  vendrá  á  arrojar  flores  y  lá- 
grimas en  la  tumba  del  grande,  porque  á  el  le  debe  su  resu- 
rrección, á  el,  que  anticipándose  á  los  siglos,  le  inspiró  la  grandeza 
social  de  su  destino.  —  Señorita  Eufrasia  Cabral,  institutriz. 
1888. 

(34)  Los  homenajes  de  alto  aprecio  tributados  á  Sarmiento, 
desde  los  hombres  más  encumbrados  hasta  los  más  humildes, 
durante  su  residencia  en  la  Patria  de  Washington,  y  después,  lo 
mismo  que  en  Chile,  Montevideo,  Paraguay  etc.,  constituyen 
uno  de  los  títulos  más  honrosos  de  su  vida  pedagógica,  política 
y  literaria. 

«Su  autoridad,  dice  uno  de  sus  admiradores  hablando  de  su 
residencia  en  los  Estados  Unidos,  es  grande  ya  ;  su  personalidad 
está  completamente  acentuada  dentro  y  fuera  de  su  país  ;  Mé- 
jico le  ha  consultado  en  una  situación  solemne,  el  Perú  le  ha 
pedido  sus  consejos  en  su  última  guerra  con  España,  Venezuela 
y  Colombia  le  encargan  de  cuestiones  interesantes  para  su  de- 
sarrollo intelectual.?/  —  Renjamin  Zorrilla, 

(25)  Flor  del  aire  :  véase  la  nota  i.*  de  la  pág.  38  del  tomo  I  ; 
y  sobre  almas  redimidas,  la  poesía  Educar  es  redimir^  pág.  64 
del  mismo  tomo. 

¿Cometió  errores?... 

Los  astrónomos  que  se  empeñan  en  descubrir  las  manchas  del 
sol,  necesitan  emplear  el  telescopio,  usando  las  lentes  teñidas 
de  colores  sombríos,  á  fin  de  que  las  irradiaciones  del  astro  rey 
no  quemen  la  pupila  audaz  que  se  atreve  á  ir  á  buscarle  sus  de- 
fectos. 

Los  políticos  que  pretenden  encontrar  sombras  en  la  gloria 
que  irradia  el  nombre  de  Sarmiento,  tendrán  que  teñir  con  ne- 
gros colores  el  telescopio  de  sus  observaciones,  á  fin  de  que 
la  luz  reverberante  que  se  ha  encendido  hoy  sobre  esa  tumba 
no  ciegue  la  mirada  de  los  ingratos! — Luis  V,  Várela, 
1888. 


XXXII 


VERDADERA  LIQUIDACIÓN 


(O 


AL   DR.    D.   ALBERTO   PALOMEQUE 


««« 


Por  grande  que  el  poder  sea 
De  un  tirano,  es  más  potente 
Que  el  crimen,  el  valeroso 
Que  no  tiembla  ante  la  muerte.  (2) 

¡Mentira!  .  .  .  cuando  olvidados 
El  mártir  y  su  obra  mueren ! 
Verdad,  cuando  tras  el  golpe 
Que  al  tirano  postra  inerme, 

Cual  volcan  que  reventando 
La  enorme  montaña  hiende, 
Al  fin  justiciero  y  torvo 
El  pueblo  se  alza  imponente ; 

Y  la  infamia,  el  despotismo 
Con  todo  su  andamio  aleve. 
La  usurpación  y  la  farsa, 

Y  sus  rapaces  satélites; 

Cual  nubes  que  rompe  el  viento 

Y  en  tenue  vapor  convierte; 
Con  un  soplo  barre  el  pueblo, 

Y  hundidos  caen  para  siempre! 
Agosto  17  de  1888. 


376  VERDADERA   LIQ.UIDACION 


(  I )  Escrita  en  el  segundo  aniversario  de  la  muerte  del  va- 
liente patriota  Gregorio  J.  Ortiz,  y  leída  por  el  Dr.  José  M. 
Sienra  Carranza,  en  la  fiesta  patriótica  celebrada  en  Buenos 
Aires,  la  noche  del  25  de  Agosto  de  1888. 

(2)  Chenier,  en  su  magnífica  oda  á  Carlota  Corday,  dice  : 

.  .  .  toüt  puissant  qa*est  le  crinie, 

Qiii  ne  craint  pas  la  mort  cst  pías  puissant  qae  lai ! 

Hubiéramos  querido  dar  publicidad  en  nuestras  columnas,  á  los 
trabajos  en  prosa  y  verso  de  que  se  dio  lectura.  Los  solicitamos 
anticipadamente;  pero  á  causa  de  la  morosidad  en  remitirlos 
así  como  de  su  extensión,  nos  vemos  privados  de  poderlos 
insertar,  limitándonos  á  reproducir  las  estrofas  del  Sr.  Ma- 
gariños  Cervantes  á  quien  sus  compatriotas  llaman  el  viejo 
bardo  en  prueba  de   admiración  y  carino. 

La  composición  del  Dr.  Magarinos  fué  saludada  con  gran- 
des aplausos,  mereciéndolos  también  la  poesía  del  Sr.  Aurelio 
Berro,  Salud  al  pabellony  de  estro  tan  levantado  como  her- 
mosamente cincelada. 

Los  discursos  de  los  Srs.  Drs.  Sienra  Carranza  y  Acevedo 
Diaz,  más  que  elocuentes  frases  dedicadas  á  herir  el  senti- 
miento, fueron  hermosos  estudios  que  revelan  la  buena  pre- 
paración de  sus  autores,  su  cultura  literaria  y  la  elevación  de 
sus  miras. — La   Nación  (de  Buenos  Aires). 

El  Sr.  Dr.  Sienra  Carranza,  se  presentó  á  dar  lectura  de 
la  composición  perteneciente  al  decano  de  los  poetas  uru- 
guayos, precedida  de  algunas  frases  en  que  explicaba  el  orí- 
gen  de  la  composición,  escrita  en  el  aniversario  de  la  muerte 
del  bravo  ciudadano  que  pagó  con  la  vida  el  generoso  intento 
de  arrancar  su  patria  á  la  tiranía  cruel  y  deprimente  de  San- 
tos, herido  por  Ortiz.  Los  versos  del  señor  Magarinos  fueron 
muy  aplaudidos. — El  Diario. 

Véase  el  Ai*é.ndice. 


XXXIII 


i886 


NIÑO-HOMBRE  ^'^ 

A   D.   ANTONIO  D.    LUSSICH 
««« 

Era  tan  joven  el  mozo 

Y  de  almci  tan  noble  y  fiera! 
Apenas  ligero  bozo 

Le  apuntaba  ....  un  niño  era  ! 

Sobre  el  formando  un  circuito 
Grey  hostil  se  precipita, 

Y  ríndete,  muchachito, 
Por  burla  tal  vez  le  grita. 

Con  su  fusil  él  se  alza 
Envuelto  en  siniestro  brillo; 
Rápido  un  pié  se  descalza 

Y  lo  pone  en  el  gatillo. 

—  No  ME  RINDO !  ....  les  contcsta, 

Y  cruzando  los  dos  brazos, 
Les  lanza  como  protesta 
Su  cráneo  roto  en  pedazos! 

Oh !  qué  grande  ser  debia 
La  convicción  de  su  alma, 
Cuando  rendirse  creia 
Un  baldón !  .  . .  .  Heroica  palma ! 


(  i)  Ernesto  Villar,  suicidado  en  la  derrota  del  Qnebracho. 


/ 


XXXIV 


JUSTICIA  POSTUMA  ('> 


AL   DR.   D.    DANIEL   GRANADA 


««  « 


Voluble  cual  mujer,  la  fama  esquiva 
Los  timbres  del  vencido  no  pregona: 
A  quien  brillante  el  éxito  no  abona, 
Indiferente  mira  con  desden; 

Y  á  veces,  cruel  coqueta,  brinda  fácil 
Usurpada  corona  al  menos  digno, 

Y  el  lauro  de  Colon  —  sarcasmo  indigno!  — 
De  Vespucio  coloca  ella  en  la  sien.  (2) 

Y  trascurren  los  años  y  los  siglos. 
Sin  que,  aclamado,  se  remonte  al  cielo 
Su  nombre,  y  rasgue  del  olvido  el  velo. 
La  patria  historia  justiciera  al  fin, 
Condensada  en  el  mármol  y  en  el  bronce. 
Que  lo  ciñe  cual  fúlgida  aureola, 

Y  repite  al  murmullo  de  la  ola 
El  gran  poema  de  su  heroico  fin. 

Oh  !  marinos  intrépidos  !. .  .  .  Gaboto 

Y  Alvarez; — Solis  y  compañeros, 
Que  devorados  por  Charrúas  fieros. 
Mártires  fuisteis  de  la  empresa  audaz  (3) 


JUSTICIA    POSTUMA  379 


Al  pié  de  esta  columna,  apoteosis 

Que  en  vínculo  de  honor  tres  pueblos  ata, 

Un  himno  colosal  levanta  el  Plata, 

Y  abraza  el  Uruguay  al  Paraná. 

Cada  nave  al  pasar,  agita  al  viento 
La  bandera  que  ondea  allá  en  su  popa, 

Y  en  el  nombre  de  América  y  Europa 
Os  aclama  cual  hueste  á  su  adalid. 

El  arduo  promontorio  se  ilumina, 

Y  se  oye  como  un  toque  de  diana .... 
La  civilización  saluda  ufana 

A  sus  héroes  caídos  en  la  lid. 

Espléndida  ovación  que  olvidar  hace 
Tres  siglos  de  injusticia  y  abandono ! 
Vuestra  gloria  hoy  se  eleva  sobre  un  trono 
Como  el  raudal  inmenso  del  Gua^ú. 
Tiende  los  brazos  á  su  hija,  España, 
De  placer  las  inunda  el  mismo  rayo, 

Y  estrechan  el  ibero  y  uruguayo 
Nuevos  lazos  de  amor  y  gratitud. 

Salta.  —  Baños  Thermales,  Setiembre  16  de  1888. 


(i)  Leída  por  el  Dr.  D.  Domingo  Ordoñana,  el  12  de  Octu- 
bre de  1888, — día  del  Descubrimiento  de  América  —  en  la  inau- 
guración del  monumento  elevado  en  Punta  Gorda,  á  la  memoria 
de  Juan  Diaz  de  Solis,  Sebastian  Gaboto,  y  Juan  Alvarez 
Ramón. 

(2)  Sigue  siendo  objeto  de  controversia  en  la  prensa  de  Cuba 
y  Puerto-Rico  el  punto  referente  á  la  posesión  de  los  verdaderos 
restos  del  inmortal  Cristóbal  Colon. 


380  JUSTICIA   POSTUMA 


Después  que  el  ilustrado  Monseñor  Roque  Cocchia  publicó  su 
interesante  opúsculo  justificando  la  autenticidad  de  las  reliquias 
verdaderas  encontradas  en  la  Catedral;  que  don  Emiliano  Tejera 
dio  á  luz  otro  de  idéntica  índole,  titulado  Las  dos  iumbas^  con 
datos  exactísimos  que  comprueban  el  hecho,  y  que  la  activa  y 
patriótica  Sociedad  Amigos  del  Pafs,  se  ocupó  con  esfuerzo  del 
mismo  asunto,  creímos  terminada  la  controversia,  que  tantas 
pruebas  auténticas  y  convincentes  eran  suficientes  para  disipar  la 
duda  de  España  respecto  de  la  verdad  histórica;  pero  nos  equi- 
vocamos en  nuestras  apreciaciones;  la  hidalga  España  persistió 
y  persiste  con  obstinación  negando  los  hechos  y  creyendo  que 
los  apócrifos  restos  que  guarda  la  Catedral  de  la  Habana  son 
los  del  mártir  é  ilustre  genovés.  ¡Cómo  si  fuera  mengua  confesar 
un  error! 

¡Colon  ha  sido  desgraciado  aún  después  de  muerto!  |Se 
continúa  negándole  un  pedazo  de  tierra  en  la  tierra  predi- 
lecta de  su  corazón,  en  la  tierra  que  ofreció  generoso  al  bri- 
llante cetro  de  la  gran  Isabel. — El  Teléfono  (de  Santo  Do- 
mingo). 
1888. 

(3)  Nos  es  agradable  reproducir  la  poesía  del  Dr.  Magari- 
ños  Cervantes,  leída  en  la  inauguración  del  monumento  de 
Punta  Gorda,  conmemorativo  de  los  descubrimientos  de  los 
rios  de  la  Plata,  Paraná  y  Uruguay. 

Como  un  diario  de  esta  ciudad  ha  criticado  agriamente  la 
tradición  á  que  el  poeta  uruguayo  se  refiere,  nos  permiti- 
mos preceder  esta  composición  con  la  nota  que  se  vé  al 
pié  de  la  página  2}  de  los  Esiudios  históricos  poliiicos  y  so- 
ciales sobre  el  Rio  de  la  Plata,  obra  del  mismo  Sr.  Magariños 
publicada  en  Paris  en  1854,  que  concierne  á  la  indicada 
tradición. 

Es  de  advertir  que  la  poesia  del  Dr.  Magariños  se  hallaba 
plagada  de  errores  en  el  periódico  de  Montevideo,  del  que 
la  tomó  el  colega;  errores  que  están  salvados  en  la  versión 
con  que   hoy  engalanamos   nuestras  columnas. 

La  nota  aludida  dice  así: 

«  Varios  autores  de  nota,  entre  ellos  Azara,  niegan  este  he- 


JUSTICIA  POSTUMA  381 


cho;  pero  el  señor  Navarrete,  en  su  interesante  y  erudita 
noticia  de  los  descubrimientos  que  hicieron  los  españoles  en 
las  costas  del  nuevo  continente,  después  que  las  reconoció 
Colon  en  su  tercer  viaje  en  el  año  1498,  he  ahí  lo  que  dice 
apoyado  en  numerosos   ¿   irrecusables   documentos: 

«  Quiso  Solis  reconocer  el  país  y  tomar  algún  hombre  para 
traerlo  á  Castilla.  Bajó  á  tierra  acompañado  de  algunos  con 
este  objeto,  y  los  indios  que  tenian  emboscados  muchos  fle- 
cheros, cuando  los  vieron  desviados  del  mar,  dieron  en  ellos, 
mataron  á  Solis,  al  factor  Marquina,  al  contador  Alarcon  y 
á  otras  seis  personas,  á  quienes  cortaron  las  cabezas,  manos  y 
pies,  y  asándolos  cuerpos  enteros  se  los  comian  con  horrenda 
inhumanidad.»  (i)  — La   TribuHiX  Nacional  (de  Buenos  Aires). 


(i)  Colección  de  los  viajes   y   descubrimientos    que   hicieron    los  españoles 
desde  fines  del  siglo  XV.  —  Madrid,  1829. 


XXXV 


¡MAS  ALLÁ! 


AL   DR.   D.  RUPERTO   PÉREZ  MARTÍNEZ  (  l) 


«♦  « 


Cae  la  tarde  ;  el  horizonte 
Cerrado  está  :  torvos,  lívidos, 
A  intervalos  serpentean 
Relámpagos  amarillos. 
Cual  blandones  que  se  apagan 
En  un  fondo  mortecino ; 
Y  va  tendiendo  el  crepúsculo 
Doquier  su  velo  plomizo, 
Como  arroja  sobre  todo 
La  vejez  su  manto  niveo!  (2) 

Negra  obscuridad  enluta 
El  horizonte  sombrío; 
El  viento  de  la  esperanza 
No  hincha  ya  el  flotante  lino 
Del  bajel,  que  en  la  onda  muerta 
Inmóvil  yace  tendido. 
Como  cadáver  que  arrastra, 
La  marea  en  lento  giro ! 


¡MÁS  allá!  383 

Ya  vacía  está  la  copa 
De  la  vida !  el  soplo  frío 
Del  tiempo  llevóse  inertes 
Juventud,  amor,  delirios. 
La  natura,  el  hombre,  el  hado, 
Todo  se  torna  enemigo, 

Y  á  los  golpes  implacables 
De  su  segur  bajo  el  filo. 
El  cuerpo  se  desmorona 
Sus  alas  pliega  el  espíritu 

¿Por  qué  débil  y  cobarde 
Tiemblas  hoy,  corazón  mió. 
Ante  el  pavoroso  enigma 
Del  más  allá?.,.  .  Por  qué  tímidos 
Clavo  en  el  suelo  mis  ojos, 

Y  suelto  triste  un  suspiro, 
En  vez  de  mirar  al  cielo 

Con  pecho  y  con  rostro  altivo  ? 

Cuando  en  la  postrer  batalla 
Vencidos  los  jefes  indios. 
Llegaban  á  las  rompientes 
Del  Y'Gua^ú  (3)  fugitivos. 
Contemplaban  silenciosos 
El  hervidor  remolino 
De  la  inmensa  catarata. 
Que  se  despeña  en  cien  ríos  (4) 
Con  infernal  cañoneo. 
Más  terrible  que  el  mugido 
De  la  tromba  arroUadora 
Que  rauda  cruza  el  Pacífico.  (5) 

Temblaba  la  tierra,  el  aire 
Ensordecían  los  gritos 


MÁS  ALLÁ  !  384 


De  yacarés  y  de  tigres, 
Sierpes,  buhos  y  vampiros ;  (6 ) 
Mientra  en  las  cumbres  tendía 
Sus  fajas  radiante  el  iris, 

Y  nubes  tornasoladas 
Encendiéndose  en  los  riscos, 
Se  desprendian  en  lluvia 

De  diamantes  y  zafiros. (7) 

Sublime  cuadro !   compendio 
De  la   vida!    claro    indicio 
Del  MÁS  ALLÁ  luminoso. 
Que  se  abre  tras  el   umbrío 
Hondo  arcano  de  la  tumba ! 
Niebla,  fulgor,  torbellino. 
Imagen  del  Pandemónium^ 
De  las  luchas  y  espejismos, 
Que  el  mundo  al  mortal  ofrece 
Como  eterno  geroglífico!  (8) 

Asoman  ya  los  Iberos 
Por  los  collados  vecinos, 

Y  no  matarles  prometen 

Si  al  fin  se  rinden  cautivos. 
Con  desprecio  los  contemplan 
Los  nobles  caciques  indios, 

Y  sin  que  brote   en   sus  labios 
Una  súplica,  un  gemido, 

A  sus  canoas  se  lanzan ; 

Y  en  la  catarata  fijos 
Los   ojos,  y  en  la  corona 
Que  el  iris  forma  en  su  disco, 
De  pié,  arrogantes,  cruzados 
Los  brazos,  el  cuello  erguido, 
Tragados  por  la  vorágine. 

Se  les  vé  en  tremendo  círculo 


I  MÁS  ALLÁ  I  385 

Girar  rápidos,  y  luego 
Hundirse  en  el  negro   abismo.  (9) 

Gima  y  llore  el  hombre   débil 
Que  no  es  de  su  estirpe  digno ; 
Su  cerviz  doblegue  al  yugo 
Quien   pueda  ó  quiera  sufrirlo  ! 
Mas  el   corazón  entero, 
Sólo   á  su  Creador  sumiso, 
Que  en  el  más  allá  se  siente 
Inmortal  aunque  finito, 
Cuando  nada  ya  le  queda. 
Cuando  todo  lo  ha  perdido, 
No  por  eso  se  amilana 
Ni  se  entrega  al  mal   impío.  ( 10) 
Confiando  en  el  Juez  supremo 

Y  en  su  conciencia  tranquilo. 
La  muerte  serene  afronta 

Y  no  se  humilla  al  destino ! 
Octubre  2,  1888. 


( 1 )  En  testimonio  de  agradecimiento  y  aprecio  por  su  be- 
llísimo brindis  (pág.  336)  en  el  casamiento  de   mi  hija  Sarah. 

(2)  Escribí  esta  composición  en  los  Baños  Thermales  (Salta), 
una  tarde,  en  la  montaña  á  cuyo  pié  corre  la  fuente  de  Vichy, 
desde  donde  se  descubre  el  mas  bello  y  grandioso  panorama. 
El  cielo,  armonizándose  con  la  tristeza  que  me  dominaba,  ofre- 
cía el  aspecto  tormentoso  y  lúgubre  que  he  procurado  descri- 
bir en  el  exordio. 

(3  )  Esta  belleza  natural,  acaso  la  mas  maravillosa  del  planeta, 
y  que  sobrepasa  las  decantadas  maravillas  de  los  saltos  del 
Niágara,  Zambesi,  Nyanza  y  otros,  £stá  situada  á  unos  20  kiló- 
metros de  la  barra  de  este  poderoso  afluente  del  Río  Alto  Pa- 

»5 


386  ¡MÁS  allá! 

_ 

rana,  en  el  grado  25°  39'  30*'  L.  S.   y  y*  51'  06*'  L.  E.  de  Buenos 
Aires,  en  medio  de  una  hermosísima  selva  subtropical. 

De  Santa  María,  llamaban  los  jesuítas  en  los  siglos  XVI  y  XVII 
á  esta  imponente  catarata,  cuya>  aguas,  ora  cristalinas,  ora  re- 
flejando una  luz  plateada,  acullá  espumantes,  allá  en  formado 
nubes  verdes  amarillentas,  murmurando,  susurrando  y  tronando, 
despeñábanse  en  un  semicírculo  de  2  kilómetros  de  largo,  desde 
lo  alto,  es  decir,  de  un  pintoresco  archipiélago  de  cerca  de  4 
kilómetros  de  extensión  ;  sobre  oscuras,  multiformes  y  variable- 
mente adornadas  paredes,  hasta  60  metros,  hacia  abajo,  desa- 
pareciendo entre  neblinas  que  incesantemente,  en  forma  de  co- 
lumnas, se  levantaban,  reflejando  los  rayos  solares  en  hermoso 
arco  iris.  — La  Prensa  Argentina. 

(4)  En  el  fondo,  auna  distancia  de  3  á  5  cuadras  y  auna  altura 
de  40  á  60  metros,  resplandecían  al  fin,  en  forma  de  media  luna, 
de  mas  de  2000  metros  de  largo  ( Arco  de  la  Victoria ),  como  cien 
brazos  de  agua  que  tenían  su  origen  de  un  montuoso  archipié- 
lago cayendo  sobre  las  paredes  oscuras,  en  parte  verdosas  por  la 
vegetación,  ofreciendo  un  espectáculo  extraordinariamente  sal- 
vaje, majestuoso  y  al  mismo  tiempo  variable  y  hermoso.  — Nie- 
derlein, 
1883. 

(  5  )  Lo  mas  importante  que  pude  notar  es  el  segundo  grupo  de 
15  á  20  metros  de  ancho,  el  cual  causaba  un  doble  ruido  muy 
particular  y  á  semejanza  de  estampidos  de  canon. 

La  vi  bajo  la  impresión  de  fuertes  ruidos  que  me  ensordecían, 
en  una  quebrada  sombría  y  nebulosa  de  una  altura  de  mas  de  60 
metros,  en  enormes  masas  amarillentas,  cayendo  sobre  una  su- 
perficie extremadamente  agitada,  y  formando  vértices  sobre  las 
restingas,  rocas  y  ruinas  de  las  altas  paredes  negruzcas.  —  Las 
cien  cataratas  ó  el  gran  salto  de  la  Victoria, 

(6)  Si  el  alto  Paraná  ofrece  escenas  sublimes  de  magnificen- 
cia y  de  terror,  en  sus  estruendosos  saltos,  en  la  impetuosidad 
de  su  corriente,  en  sus  altas  barrancas  que  se  desploman  en 
grandes  masas  á  la  vista  azorada  del  viajero,  en  sus  selvas  te- 
nebrosas y  fragosos  montes^  poblados  de  tigres,  leones,  coco- 
drilos, serpientes  ponzoñosas,  vampiros  sanguinarios  y  lúgubres 


¡MÁS  allá!  387 

buhos,  que  día  y  noche  atruenan  el  aire  con  sus  discordantes 
aullidos;  en  el  bajo  Paraná  todo  es  tranquilo,  silencioso  y 
risueño.  —  Marcos  Sastre. 

1871. 
Agarrándonos  de  pi 's  y  manos  teníamos  que  subir  y  bajar, 
saltar  y  trepar  á  las  miles  de  rocas  ásperas  que  grotescamente 
amontonadas  á  lo  largo  de  las  elevadas  barrancas  perpendicula- 
res y  al  lado  de  las  extremadamente  agitadas  aguas  del  Río 
Y-guazú  que  en  remolinos  ó  en  enormes  olas  arrastraban  la  espu- 
ma de  las  cataratas, —  forman  el  famoso  camino  «del  diablo  ó 
del  infierno  ».  —  Niederlein . 

1883. 

(7)  El  rocío  ó  vapores  que  se  elevan  en  el  momento  que 
el  río  despeñado  bate  las  paredes  interiores  de  las  rocas  y  algu- 
nas puntas  de  peñascos  que  se  hallan  en  el  cauce  del  precipicio; 
se  ven  á  la  distancia  de  muchas  leguas  en  forma  de  columnas, 
y  de  cerca,  ellas  forman  á  los  rayos  del  Sol  diferentes  arco-iris 
de  los  mas  vivos  colores,  y  en  los  que  se  percibe  algún  movi- 
miento de  temblor,  ademas;  estos  vapores  producen  una  lluvia 
eterna  en  los  alrededores.  Se  oye  el  ruido  de  seis  leguas  :  se  cree 
ver  temblar  las  rocas  de  la  proximidad,  que  están  cuajadas  de 
puntas  tales  que  rompen  los  zapatos. — Féltx  de  A^ara. 

(8)  En  las  grandes  crecientes  las  cien  cataratas  forman  una 
sola,  de  una  grandeza  y  belleza  horrorizantes.  Tal  como  si 
la  tierra  clamase  al  cielo,  roncan  entonces  las  aguas  que  en 
olas  colosales  con  rocas  y  troncos  enormes  se  despeñan  al 
abismo,  levantando  un  caos  de  nubes  que,  con  el  ruido  espan- 
toso, á  leguas  de  distancia  se  observa. 

Jamás  olvidaré  las  incomparables  horas  que  pasé  en  este 
paraiso. 

Allí  se  queda  el  hombre  absorto  ante  las  bellezas  de  estas 
formas,  luces  y  sombras,  y  del  majestuoso  concierto  produ- 
cido por  los  cien  sonidos  de  la  gran  catarata.  Esta  magnificen- 
cia de  colores  y  variables  formas,"  nunca  vistas,  aumentada  por 
la  reñexion  de  los  arco-iris  en  un  cielo  azul  oscuro,  nos  causó 
efectos  indescriptibles,  prescindiendo  de  la  magnificencia  de  la 
naturaleza  subtropical  que  nos  rodeaba  en  este  cuadro  sublime. 

Me  despedí  de  este  hermoso  panorama  deseando  vivamente 


388  ¡MÁS  allá! 

que  la  humanidad  sepa  aprovechar  esta  enorme  é  incompa- 
rable fuerza  motriz.  El  salto  de  la  Victoria  representa  un  va- 
lor de  millones,  aunque  apenas  puédese  presagiar  la  impor- 
tancia que  tendrá  en   el  futuro. — Niedérlein. 

(9)  Según  refiere  el  Dr.  Cañé  en  su  último  libro  (En  viaje) 
también  existe  la  misma  tradición  en  los  Estados  Unidos,  res- 
pecto del  Niágara.  Lástima  que  apenas  haya  consagrado  ocho 
líneas  á  tema  tan  interesante  I 

(10)  He  subido  y  he  descendido,  viendo  la  aurora  y  la  sombra 
en  mis  cielos. 

Recontado  con  los  latidos  del  corazón  las  horas  del  deseo,  y 
otras  horas  amargas  han  venido  después  á  emblanquecer  mis 
cabellos. 

He  soñado  con  la  Beatriz  desconocida^  y.  he  creido  un  día 
besar  sobre  una  trente  de  mujer,  la  pureza  ideal  de  su  alma. 
Vinieron  después  los  ardores  profundos  y  las  pasiones  som- 
brías, y  he  abierto  una  vez  una  arteria  de  mis  venas,  para  contar 
los  minutos,  con  las  gotas  negras  de  mi  sangre  calenturienta. 

He  cometido  grandes  tareas  y  he  labrado  mi  surco,  en  el  que 
crece  ya  para  muchos  la  mies.  He  pasado  por  las  asambleas  in- 
quietas y  por  las  muchedumbres  tumultuosas,  para  salir  de  las 
batallas  que  dan  las  pasiones  humanas  sin  orgullo  y  triste,  pá- 
lido y  vencedor. 

He  visto  caer  el  baldón  sobre  mi  intención  pura.  Llevo  polvo 
en  mis  vestidos,  palidez  enfermiza  en  la  frente;  pero  creo  to- 
davía en  el  deber  como  fuerza  para  mi  vida  y  en  la  libertad 
como  destino  para  mi  pueblo.  —  Nicolás  Avellaneda, 

Buenos  Aires,  1885. 


APÉNDICE 


APÉNDICE 


A  — SOBRE  EL  PLAN  DEL  LIBRO.  —Tanto  sobre  este  y 
otros  puntos  con  él  relacionados,  reitero  aquí  lo  que  dije  en  el 
tomo  I,  pág.  241  y  298. 

El  volumen  de  que  nos  ocupamos  ha  sido  ilustrado  con  ano- 
taciones hechas  por  el  autor,  y  que  amenizan  su  lectura,  suminis- 
trando datos  interesantes  á  la  curiosidad  del  lector,  y  emitiendo 
juicios  de  alto  mérito  literario. 

No  insistiremos  en  hacer  el  elogio  del  autor  y  de  su  nueva  obra, 
ni  buscamos  los  puntos  vulnerables  que  ella  presente  á  luz  de 
una  crítica  severa.  Un  juicio  de  ese  género  sería  inoportuno  é 
inútil.  El  I)r.  Míigariños  Cervantes  está  juzgado  por  sus  contem- 
poráneos, que  han  llegado  á  llamarle  el  Víctor  Hugo  oriental  — 
La  Ilustración  Argentina. 
1885. 

Las  notas  de  cada  composición  ofrecen  en  general  la  particula- 
ridad que  si  se  Icen  seguidas,  prescindiendo  de  los  números,  vie- 
nen á  formar  como  un  solo  artículo  ;  y  las  divisiones  en  párra- 
fos sirven  para  marcar  en  cada  cita  la  relación  precisa  que  tienen 
con  el  texto. 

Las  notas  y  el  Apéndice  form  an  en  su  conjunto  y  tienen  tanto 
interés  como  una  coleccién  selecta  de  pensamientos,  rasgos  his- 
t  tíjos,  noticias  bibliográficas,  descripciones  de  objetos  ameri- 
canos, y  otras  materias  dignas  de  figurar  en  cualquiera  Revista 
literaria.  — Marcos  Sastre. 
1885. 

Las  notas  están  bien  clasificadas  por  el  mismo  autor,  y  cons- 
tan de  cinco  series  :  I.»  Notas  concernientes  al  origen  de  algu- 
nas poesías.  2.'»  Notas  de  palabras  indígenas  y  españolizadas, 
pero  de  distinto  significado  en  Amirica.  ;  .»  Notas  descriptivas 
de  feuíSmenos,  localidades,  usos  ú  objetos,  útiles  para  el  lector 
extraño.    4.»  Notas   históricas,  que  se  justifican    por  el   asunto 


392  ^  SOBRE  EL   PLAN   DEL   LIBRO 

histórico,  no  siempre  bien  conocido.  5.»  Notas  puramente  litera- 
rias, políticas  y  filosóficas,   que  son    propiamente  la   glosa  del 
texto  hecha  por  el   mismo  autor  ó  por  otros;  notas  que  son  la 
contra-prueba  de  la  inspiración  poética.  —  Bartolomé  Mitre. 
1885. 

En  cuanto  al  fondo  de  uno  y  de  otras  (el  Apéndice^  las  notas  J^ 
sólo  pueden  tenerse  elogios  para  ambos. 

Hállase  allí  una  gran  copia  de  observaciones  llenas  de  pro- 
funda enseñanza;  quedan  en  esas  notas  archivados  datos  de  suma 
importancia  para  la  literatura  nacional,  que  acaso  quedarían  en 
el  mas  completo  olvido  sin  la  labor  que  el  doctor  Magariños  con- 
sidera como  complementaria  de  sus  cantos ;  esas  notas  serán 
mañana  consultadas  por  los  cultores  de  nuestras  letras,  y  enton- 
ces, cuando  en  una  de  ellas  se  encuentre  lo  que  acaso  hubiera 
costado  muchos  días  de  esfuerzo  para  ser  hallado,  entonces 
agradeceremos  al  Dr.  Magariños  sus  compilaciones,  al  parecer 
incoherentes,  pero  siempre  hijas  de  la  asociación  de  ideas,  que 
constituyen  sus  anotaciones  ó  apéndices.  — Juan  Zorrilla  de 
San  Martin, 
1885. 

Beethoven  moribundo  le  preguntaba  á  un  amigo:  —  «¿No  es 
cierto  que  yo  tenía  talento?»  La  indiferencia  glacial  de  sus  con- 
temporáneos habría  podido  sugerir  á  Beethoven  el  melancólico 
temor  de  que  se  desconociese  su  genio.  Esa  tristeza  de  las  horas 
amargas  de  la  vida,  no  asaltará  jamás  la  mente  del  poeta  uru- 
guayo, que  registra  en  el  mismo  libro  que  ha  dado  en  estos  mo- 
mentos á  la  estampa,  las  apreciaciones  llenas  de  exaltada  admi- 
ración que  su  espíritu  vasto,  original  é  inquieto  ha  alcanzado,  así 
de  los  mas  distinguidos  escritores  americanos,  como  de  muchos 
europeos,  cuyo  fallo  causa  ejecutoria  en  la  República  de  las  letras. 

Por  la  variedad  de  épocas  y  tópicos  que  abraza  la  obra  poética 
del  Dr.  Magariños,  sería  tarea  de  romanos  su  examen  minucioso 
dentro  de  los  estrechos  límites  de  un  artículo  bibliográfico,  má- 
xime tratándose  de  producción  tan  especial  como  Palmas  y  Om^ 
biieSf  en  que  propiamente  hay  dos  libros  dentro  de  uno,  consti- 
tuyendo el  primero  la  colección  de  los  cantos  del  poeta,  y  for- 
mando el  segundo  las  ^Anotaciones,  comentarios  y  glosas  del 
texto  en  verso  y  del  Apéndick.  » 


APÉNDICE  393 


Esta  colaboración,  á  que  galantemente  cita  el  autor  á  infinidad 
de  escritores,  resulta  honra  inapreciable  en  pro  de  aquellos  que, 
como  el  que  traza  estas  líneas,  halla  vinculado  así  su  nombre 
esc:iso  de  merecimientos,  á  la  suerte  propicia  del  libro  que  lo 
menciona.  Y  alguno  que  otro  comentario  que  por  la  insignifi- 
cancia de  su  autor  pudiera  suprimirse,  vaya  compensado  con 
el  tacto  habido  en  la  elección  acertadísima  de  apreciaciones  es- 
téticas que  como  las  de  Sienra  Carranza  en  las  p/iginas  289  y  290 
(tomo  I)  exhiben  la  frase  artísticamente  cincelada  del  más  galano 
de  nuestros  estilistas. — Luis  Melian  Lafinur, 
1885. 

Véase  Gómez  de  Amorin.  —  Pág.  ly. 

Véase  lo  que  dice  D.  Manuel  Cañete  sobre  la  indolencia  ó  des- 
cuido de  los  eruditos  americanos,  en  allegar  noticias  sobre  sus 
escritores  y  poetas.  —  Pdg.  5/. 

B  — EN  TESTIMONIO  DE  VENERACIÓN  Á  LOS  MUER- 
TOS Y  DE  APRECIO  Ó  GRATITUD  Á  LOS  VIVOS.  —  Las 
dedicatorias  hechas  en  esta  segunda  serie  de  poesías,  lo  han  sido 
ahora,  como  en  el  tomo  anterior,  al  imprimirse  el  volumen,  y  no 
antes,  excepto  tres  ó  cuatro^  por  requerirlo  así  su  propio  argu- 
mento. 

Y  como  tienen  por  objeto  un  tributo  de  veneración  y  honor  á 
los  muertos,  y  de  aprecio  ó  gratitud  á  los  vivos,  en  retribución  de 
servicios  ó  favores  recibidos  antes  (pág.  243,  t.  I),  algunos  nos 
han  observado  con  extrañeza,  que  no  veían  figufar  en  ellas  el 
nombre  de  personas  que  nos  son  caras  ó  acreedoras  por  nuestra 
parte  á  ese  homenaje  por  mas  de  un  título. 

Como  el  pecado  viene  de  muy  atrás,  plácenos  satisfacer  su  cu- 
riosidad, transcribiendo  las  dedicatorias  consignadas  en  las  Bri- 
sas DEL  Plata,  edición  agotada  hace  veinte  y  cuatro  años. 

A  la  memoria  de  mi  padre  el  Coronel  D.  José  María  Ma- 
gariñoSy  soldado  de  Sarandí  é  Ituzaingó.  —  i.  Derrotero^  á 
José  M.  Heredia.  —  11.  Llamada,  i  Juan  M.  Gutiérrez.  — 
III.  Ideal,  á  Martin  A.  Piñeiro.  —  iv.  La  gloria,  á  Félix  de 
Azara.  —  v.  Flor  del  aire,  á  Marcelina  Almeida.  —  vi.  Al 
partir,  á  Isidoro  De-María.  —  vii.  Yambo,  á  José  A.  Tavo- 
lara.  —  viii.  Plegaria,  al   Dr.   José  M.   Montero.  —  ix.   Talis- 


394       EN  TESTIMONIO   DE   VENERACIÓN   A   LOS   MUERTOS 

;;ia;2,  en  el  álbum  de  mi  esposa.  —  x.  Colon  y  la  nt'eia  de  Isa^ 
bel,  á  Ildefonso  G.'ircia  Lngos.  —  xi.  Esperan^^a,  A  Juan  Carlos 
Gómez.  —  xii.  Lavalle,  á  Luis  Domínguez.  —  xiii.  Diamela, 
á  ....  —  XIV.  La  poesía  americana ,  á  José  Mármol.  —  xv.  Muer- 
tos y  vivoSy  .a  Justo  Maeso.  —  xvr.  El  retrato  de  una  uiña^  en 
el  álbum   de  H.  V.  —  xvii.  La  sombra  del  laurel^  á  A.  M.  de  A. 

—  xviii.  ¡Siempre  lo  mismo  !., .  á  mi  padre  en  su  día.  —  xix. 
Fé  y  lu^y  á  Enrique  de  Arrascacla.  —  xx.  /  Quince  años  I  en  el 
álbum  de  P.  G.  S.  —  xxi.    Río  Janeiro^   á  Carlos   Guido  Spano. 

—  XXII.  Idea  fija,  á  Marcos  .\vclhmcda. —  xxiii.  Baluarte,  á 
Bartolomé  Mitre.  —  xxiv.  Vision,  i  Francisco  X.  deAcha.  —  xxv. 
Alberto  Jackson,  á  Bernardo  P.  Berro.  —  xxvi.  A  una  torcaj^  es- 
tr  avia  da,  en  el  :'ilbum  de  M.  P.  —  xxvii.  Semilla  al  viento,  á 
Juan  Ramón  Gómez.  —  xxviii.  El  Héctor  de  la  llueva  Troya, 
Coronel  D.  Marcelino  Sosa,  á  Francisco  A.  Vidal.  —  xxix.  El 
nacimiento  de  Jesús,  á  Joaquín  Requena.  —  xxx.  Washington, 
á   Octavio  Lapido. — xxxi.  Republicano  modelo,  éi].].  Herrera. 

—  xxxii.  Crisol,  á  Gregorio  Pérez  Gomar.  —  xxxiii.  A  mi  hija 
Sarah.  —  xxxiv.  Fuego  oculto,  á  Carlos  Santurio.  —  xxxv.  Noche 
de  luna,  á  Cándido  Juanicó. —  xxxvi.  5o/  de  media  noche,  i 
Laurentino  Ximenez.  —  xxxvu.  Corona,  d  Francisco  A.  de  Fi- 
gueroa.  —  xxxviii.  En  mi  vigésimo  aniversario,  á  José  G.  Pa- 
lomeque.  —  xxxix.  La  mujer  artista,  á  Aurelio  y  Pedro  Palacios. 

—  XL.  Cinta  celeste,  á  L.  P.  —  xli.  El  Mburucuyá,  á  Félix  Frías. 

—  XLli.  En  el  álbum  de  José  Gartbaldi,  á  José  Rocca.  —  XLiii. 
El  tigre  de  los  llanos,  á  Domingo  F.  Sarmiento.  —  xliv.  Aya- 
cucho,  á  Antonio  María  Pérez.  —  xlv.  Himno  de  amor,  —  xlvi. 
Mangora,  (Leyenda  hist'rica)  a  Andrés  Lamas.  —  xlvii.  ¡Has- 
ta el  alma!  —  xlviii.   Lisonja  y   coquetería,  á  Conrado  Rucker. 

—  XLix.  ¡A  puñal!  á  Juan  José  Soto.  — l.  Grito  de  guerra,  á 
Hermógenes  López  Formoso. —  li.  ¡Mírame  asi  I  —  u\/ Adiós 
á  Montevideo,  á  José  Pedro  R.imirez.  —  liii.  Sin  conocerte,  á 
A.  O.  de  C.  —  Liv.  Un  desafío,  á  Hilario  Ascasubi. — lv.  La 
ofrenda  del  pueblo,  á  Matilde  Duelos.  —  lvi.  Después  del  triun- 
fo, á  Ramón  de    Santiago.  —  lvii.  En  las  Piedras,  á  Avelino  Le- 

rena.  —  lviii.  Eduardo  Acevedo,  á  sus  hijos.  —  lix.  Bajo  los 
sauces,  á  Luisa.  —  lx.  El  gajo  de  laurel,  á  Heraclio  C.  Fajardo. 
LXi.  Poesías  festivas  y  satíricas,  á  Francisco  A.  de  Figueroa.  — 


APÉNDICE  395 


Lxii.  Chingólos  y  vinchucas  y  A  Ventura  de  la  Vega.  —  lxiii.  Pro- 
digios  de  Ja  elocuencia,  —  lxiv.  El  benieveo,  á  Adolfo  Basañez. 
Lxv.  Tres  pitos  se  me  dd,  imitación  de  Lord  Byron.  — lxvi.  Yo 
pecador,  .  .  .  ,  á  Glicerio  (  homeópata ).  —  lxvii.  Por  economía. 
—  Lxviii.  Cada  cual  con  su  ra^oUy  á  José  Zorrilla.  —  lxix.  Po- 
bre del  que  cae  ! —  lxx.  Desafíos  por  la  prensa,  —  lxxi.  Culpa 
involuntaria. —  lxxii.  [Agradable  sorpresa.  —  lxxiii.  El  poro- 
róca^  á  Juan  B.  Alberdi. 

Se  vé,  pues,  por  este  índice,  que  hemos  cumplido  como  bue- 
nos, y  que,á  no  mediar  alguna  circunstancia  muy  especial,  no 
teníamos  para  qué  volver  á  dar  público  testimonio  de  nuestra  ve- 
neración á  los  muertos  y  de  nuestro  aprecio  ó  gratitud  á  los  vivos. 

C— LA  CAUSA  DR  LA  DEMORA  EN  LA  APARICIÓN 
DE  ESTE  TOMO.  —  Puede  servir  de  explicación  la  siguiente 
carta : 

Sr.  D.  Julián  León,  Presidente  del  Club  Solis.  —  Las  Piedras. 

Montevideo,  Noviembre  30  de  1888. 

Estimado  señor:  He  tenido  el  honor  de  recibirla  nota  que  se 
ha  servido  Vd.  dirigirme  en  nombre  del  Club  que  tan  digna- 
mente preside. 

Agradeciendo  cordialmente  sus  honrosos  conceptos,  me  es 
sensible  manifestar  á  Vd.  que  yo  no  escribo  ya  cuando  quiero, 
sino  cuando  puedo.  Básteme  decirle  que  pronto  hará  un  año  que 
empecé  la  impresión  del  tomo  II  de  Pat  mas  y  Ombúes,  y  aun  no 
he  podido  terminarla. 

En  vez  de  producir  algo  nuevo,  empresa  siempre  arriesgada 
cuando  se  ha  doblado  el  cabo  de  los  sesenta  y  tres  inviernos, 
próximo  al  polo  ( de  donde  no  se  vuelve ),  me  daría  por  muy 
contento  si  pudiese  corregir,  coleccionar  y  dar  á  la  estampa, 
aunque  fuese  á  largos  plazos,  algunos  de  los  volúmenes  que  he 
publicado  antes,  ó  de  escritos  y  poesías  que  corren  diseminados 
en  diarios  y  revistas. 

Juzgo  con  un  escritor  francés  de  merecida  fama,  que  he  borro- 
neado bastante  papel,  si  mi  nombre  ha  de  sobrevivirme;  y  dema- 
siado, si  ha  de  morir  conmigo,  cosa  que,  francamente,  ningún 
autor  cree. 


396  LA  CAUSA  DE   LA  DEMORA 

~ ----- ^^  ^^   ^      ^^^     ^^  ^— _M_»J,  ^ 

No  obstante,  á  pesar  de  los  pesares  (que  no  son  pocos),  el  vivo 
interés  que  me  inspiran  los  nobles  propósitos  que  han  motivado 
la  fundación  del  Club  de  las  Piedras,  y  la  antigua  amistad  que 
me  liga  á  algunos  de  sus  miembros  ó  distinguidos  habitantes  de 
ese  pueblo,  como  los  Dres.  Requena  y  Gallinal,  D.  Lucio  Rodrí- 
guez, D.  Zcncn  Rodrigucz  y  otros,  me  inducen  á  aceptar  la  invi- 
tación y  A  prestar  mi  contingente  para  la  fiesta  literaria,  salvo 
fuerza  mayor,  en  la  forma  que  me  sea  posible,  —  A.  M.   C. 

Habiendo  llegado  el  caso  previsto  (pág.  7),  queda  para  otro 
volumen  (si  el  tiempo  lo  permite)  la  tercera  serie  de  Palmas  y 
Ombúes,  en  la  que  tendrán  cabida  El  Precio  de  la  Gloria  (canto 
á  Andrade ) ;  —  Cafilo  en  la  brecha  la  víspera  del  triunfo^  (José 
Rivera  Indarte); — Bolívar; — Laraya  de  Pi\arro\^Juan  C.  Go- 
me\; — El  bardo  proscrito,  (Echeverría) ;  —  Ejemplo^  (reempatria- 
ciondelos  restos  de  E.  Accvedo); — Al  entrar  en  el  Plata  (muerte 
de  Avellaneda);  —  El  drama;  —  Tragos  amargos,  (diálogo  entre 
un  Presidente  y  el  capitán  Tonino  );  —  En  la  gruta  ;  —  Tengo 
frío  en  el  alma,  mi  chilena; — El  vencedor  vencido  (Hernán 
Cortés  y  la  india  mejicana  Marina) ;  —  Héroe  ciudadano^  (Fran- 
cisco L.  Muñoz);  —  Mate  roto;  —  En  sueños  (Erótica);  —  El 
Ombti  de  la  pía  {a  Constitución  ;  —  En  el  desierto;  —  Rebelión 
y  castigo,  ( tradición  bíblica  ) ;  —  Traga-venao,  (sátira) ;  —  El  18, 
de  Julio  de  rS)o;  etc. 

Si  las  fuerzas  no  alcanzan  ó  me  talt;i  el  tiempo  necesario  para 
reunir,  corregir,  anotar  y  reimprimir  el  tomo  HI,  ruego  á  mis 
compatriotas  acepten  como  postrera  ofrenda  lo  queme  sea  posi- 
ble ir  dando  á  la  imprenta  de  la>  composiciones  citadas  y  otras. 

Debo  advertir  que  entre  las  que  cito,  van  inclusas  tres  inéditas, 
que  aun  no  están  terminadas,  ó  no  he  querido  publicar  antes  por 
razones  que  solo  á  mí  interesan. 

O  — A  CADA  UNO  LO  SUYO.  —  Iniciador  de  la  poesía 
nacional  en  las  dos  márgenes  del  Plata,  se  sirve  llamarnos  el 
Sr.  Gómez  de  Amorin  (  pág.   1 1  ). 

Cuando  recibimos  los  números  de  la  Revista  C  Repúblicas  J, 
donde  vio  la  luz  su  juicio,  revista  que  se  publicaba  entonces  y 
creemos  se  publica  aún  en  Lisboa,  bnjo  la  dirección  del  emi- 
nente  poeta    portugués    Tomás  Riveiro,  autor  de  notabilísimos 


APÉNDICE  397 


trabajos  literarios  y  principalmente  del  poema  D.  Jaime,  de 
reputación  europea,  rectificamos  aquel  aserto,  por  mas  que  el 
autor  insistiera  en  consideraciones  análogas  á  las  que  en  general 
han  expresado  otros,  antes  y  después,  sobre  el  verdadero  ca- 
rácter de  la  literatura  y  de  la  poesía  americana,  y  el  rol  que 
corresponde  ó  han  desempeñado  los  cultores  de  lo  bello,  en 
cada  una  de  las  regiones  del  nuevo  mundo.  ( i ) 

El  iniciador  de  la  poesía  americana  en  el  Río  de  la  Plata  á 
mi  juicio,  es  D.  Esteban  Echeverría,  que  habia  dado  á  luz  su 
Cautiva  años  atrás,  cuando  publiqué  yo  mis  primeros  versos 
á  la  edad  de  quince  años.  —  Fué  el  predecesor  de  los  poetas 
de  mi  época,  como  lo  hablan  sido  de  él  el  español  Ercilla,  el 
chileno  Pedro  de  Oña,  autor  del  Arauco  domadOy  en  Chile,  el 
cubano  Heredia  en  Méjico,  el  venezolano  Bello  en  Caracas, 
Longfellow  y  Bryant  en  los  Estados  Unidos,  y  el  Ecuatoriano  Ol- 
medo en  Guayaquil. 

He  sido  siempre  del  número  de  escritores  (  no  muy  conside- 
rable) que  en  vida  \y  en  muerte  ha  tributado  homenaje  de 
alto  aprecio  y  cariño  á  Echeverria,  y  la  prueba  fehaciente  se 
encuentra  en  la  nota  puesta  en  el  Álbum  de  Poesías  Uruguayas 
(pág.  237),  al  pié  de  la  composición  que  le  dediqué  en  1851, 
al  recibir  en  Madrid  la  noticia  de  su  fallecimiento  en  Monte- 
video. —  He  aquí  la  nota  : 

Ahora  años  en  Buenos  Aires  un  periodista  de  media  cuchara, 
de  esos  que  sin  duda  por  lucir  su  ingenio,  suelen  hablar  de  los 
libros  sin  haberlos  leído,  y  á  veces  sin  haberlos  visto  ni  siquiera 
por  el  forro,  y  aquí,  no  hace  muchos  dias,  un  compatriota  á 
quien  aprecio,  pero  con  el  que  no  estoy  de  acuerdo  sobre  la 
cesura  de  los  versos   é  involucracion  de  metros  á  piacere^  me 


(1)  Cánovas  del  Castillo  (Prólogo  de  Celtarfpág.  la  ),  Emilio  Castelar  (Vio- 
letas Y  Ortigas,  pág.  3^3 ),  Francisco  Orgaz,  reputado  poeta  y  crítico  cubano 
(V.  en  el  juicio  que  precede  á  la  novela  Caramuru,  cuarta  ediccion,  las  pág. 
IX.  XII.  y  XV.; )  en  el  tomo  I.  de  Palmas  y  Ombubs  J.  M.  Torres  Caicedo, 
pág.  a,  Victoriano  Montes  6,  Luis  Desteffanis  y  Juan  Thompson  36,  Luis  Mellan 
Lafínur  100,  Manuel  Herrero  y  Espinosa  304,  Francisco  Bilbao  363,  Domingo 
Ordoñana  383,  Valentín  Alsina  387 ;  y  en  este  tomo  II.  Francisco  Gómez  de 
Amorin,  Daniel  Granada  pág.  33  J.  Rocha  Gallo  39,  José  Marti  81,  Félix  Frias 
190,  Alvino  Costa  198,  Eduardo  Flores  338,  etc. 


398  A   CADA   UNO    LO   SUYO 


increpaba  que  yo  no  era  amigo  de  Echeverría,  sólo  porque  le 
dije,  rebatiendo  una  opinión  suya  que  consideraba  errónea,  que 
en  el  ginero  heroico,  le  superaban  para  mi,  Olmedo,  Juan 
C.  Várela,  el  cantor  de  Ituzaingó,  Mármol,  Juan  Carlos  Gómez, 
Arboleda  y  otros.  El  mérito  de  Echeverría  consiste  en  el  ca- 
rácter americano,  en  la  originalidad  y  en  el  fondo  filosófico  de 
su  obra  principal.  La  Cautiva,  es  en  mi  concepto,  la  obra  poética 
mas  notable  que  ha  producido  hasta  ahora  la  musa  argentina, 
sea  dicho  sin  menoscabar  el  mérito  que  en  su  línea  tienen  al- 
gunas bellísimas  producciones  de  otros  poetas  de  aquel  país. 

El  cargo  era  tan  fundado  y  justo  como  el  que  me  hizo  otro 
ex-periodisia,  bastante  conocido  en  la  Dirección  de  Instrucción 
pública,  á  propósito  de  Bilbao.  La  presente  composición  prueba 
el  sincero  y  entusiasta  afecto  que  siempre  profesé  al  ilustre 
poeta,  y  es  de  notarse  que  en  la  edición  de  sus  obras  (Buenos 
Aires,  1870),  esa  composición  es  la  única  que  aparece  hecha 
después  y  con  motivo  de  Ja  muerte  de  Echeverría,  entre  otras 
insertas  al  final  del  tomo  V,  que  en  vida  le  fueron  consagradas. 
1878. 

Por  lo  demás,  si  la  cuestión  de  primacía  en  el  orden  crono- 
lógico no  carece  de  importancia  relativa,  es  muy  secundaria 
bajo  el  punto  de  vista  del  arte,  pues  como  observa  un  inteli- 
gente crítico  en  un  notable  estudio  sobre  el  poeta  brasilero  Rai- 
mundo Correa:  «A  idea  é  de  todo  o  mundo,  éminha,  é  tua,  é 
nossa.  O  grande  problema  esta  em  vestil-a,  en  espumar-lhe  as 
rendas,  em  encher-lhe  os  fofos,  em  arranjar4he  e  igualar-lhc  as 
pregas,  em  arrega^ar-lhe  os  panierSj  em  estufar-lhe  os  puffs; 
em  empoal-a,  em  perfumal-a,  em  coqiléttizal-a  e  em  fazel-a 
rainha  e  deusa. 

Acaso  a  argilla,  o  bronze,  o  marmore  pertencem  de  exclusivo 
a  um  só  estatuario? — Nao,  certamente.  —  Sao  propiedade  de 
todo  o  mundo.  Mas  o  que  é  de  cada  um  e  o  que  constitue  ó  ta- 
lento e  o  genio,  é  tomar  dessa  argilla,  desse  bronze  e  desse  mar- 
more  e  dar-lhe  uma  Forma.  E*  amassar,  fundir,  cinzelar  e  fazer 
de  uma  cousa,  que  c  tudo  !  F/  de  um  bloco  duro  e  bruto  de  Car- 
rára  fazer  surgir  uma  divindade;  é  o  estatuario  rasgar  a  pedra, 
tra9ar-lhe  uma  linna  ondulosa  planejando  o  corpo,  contornar 
umas  espaduas,  afinar  a  cintura,  alargar  os  flancos,  arredondar  e 


APÉNDICE  399 


agu9ar  os  pequeños  seios,  avolumar  o  ventre,  amorosamente  cin- 
zelar  a  curva  das  pernas  e  a  delicadeza  dos  dedos,  e  dar  ao  mar- 
more: — músculos,  ñervos,  veias  e  sangue,  e,  d*  ahi  tirar  Om- 
phale  viva,  robusta  e  bella,  e  fazel-a  fallar  como  no  delicioso 
canto  da  Lydiana,  E'  preciso  como  diz  Raimundo  nos  seus 
Versos  A  Um  Artista,  que: 

Um  quasi  nada  basta,  emfim,  que  traia 

Ao  t¿u  olhar  agudo — , 
Para  que  este  deduza,  tire  e  extráia 
D'  aquelle  quasi  nada,  quasi  tudo  .... 
N*isso    é  que    está  o    difficil,  a   originalidade  e  a    for9a  su- 
prema do  artista.» — Alberto  Conrado, 
1888. 
Hablando  de  algo  mas  grave  que  el  urden  de  sucesión,  dice 
Ozanan,  citado  por  Valera   en   su  erudita  disertación   sobre  La 
originalidad  y  el  plagio:  «¿Qué  le   queda,   pues,   al  genio,  y 
porqué  se  eleva  sobre  la  multitud?  Por  el  asunto  de  sus  obras, 
que  pertenece  á  todo  el   mundo,   el  poeta   se   confunde   con   el 
pueblo.  El  poeta  se  eleva  sobre  la  multitud  por  el  trabajo,  que 
es  suyo,  y  por  la  inspiración   que  recibe  de  Dios.  » 

La  época  de  transición  pasó  y  la  poesía  moderna,  sobre  todo 
la  poesía  americana,  desechando  las  imágenes  mitológicas,  se 
ha  inspirado  intimamente  en  l:is  bellezas  de  la  Creación  y  ha 
buscado,  no  el  Dios  (el  autor  se  refiere  sin  duda  al  prurito  de 
pretender  explicar  por  la  intervención  directa  de  Dios  ó  de  las 
causas  finales,  todo  lo  desconocido  y  misterioso,  abuso  mas 
intolerable  aun  en  1%  poesía  que  es  la  misma  filosofía  J  que  pre- 
side al  paisaje,  sino  los  detalles  mas  furtivos,  las  notas  mas  leves 
y  el  colorido  mas  tenue  del  paisaje  mismo. 

El  lirismo  esto  es,  la  unión  simpática  del  alma  que  siente  y  ' 
de  la  naturaleza  que  hace  sentir  ;  las  nupcias  del  espíritu  y  de  la 
Creación,  sin  velos  que  la  oculten,  sin  sombras  que  la  empañen, 
tal  como  obedeció  á  l.i  última  palabra  del  Génesis  ;  el  lirismo, 
decimos  es  la  postrera  y  la  mas  acabada  forma  de  la  poesía; 
y  así  como  el  poeta  clásico  es  el  único  que  supo  imitar  el  golpe 
sonoro  del  coturno  y  diseñar  el  gesto  de  mando  y  el  ademan 
nervioso  del  guerrero,  así  el  poeta  lírico,  hijo  de  una  época  mas 


400  Á   CADA   UNO    LO   SUYO 

culta  y  mas  sensible,  es  el  único  que  puede  pintarnos  con  ver- 
daderos colores,  las  escenas  ora  tranquilas  ora  tumultuosas  de 
la  naturaleza  y  de  la  sociedad  en  que  vivimos.  —  Rafael  Obli~ 
gado, 

1876. 

Hoy,  á  los  sesenta  años,  cuando  la  nieve  del  invierno  humano 
blanquea  la  cabeza  del  poeta  tantas  veces  laureado;  —  cuando  la 
publicación  de  una  obra  literaria  es  un  acontecimiento,  aún  en  la 
edad  de  las  supremas  espiraciones,  no  solo  se  recrea  juntando  las 
flores  de  su  juventud,  para  formar  un  ramillete  espléndido;  — 
sino  que  también  nos  sorprende  á  veces  con  magistrales  cantos, 
nacidos  de  un  corazón  que  no  envejece  ni  se  enfría  jamás,  como 
si  conservase  el  fuego  perpetuo  de  una  inspiración  siempre  vir- 
gen. 

Magarinos  Cervantes,  cuyo  nombre  y  cuyas  obras  atravesaron 
tantas  veces  los  mares,  en  alas  de  una  popularidad  bien  adqui- 
rida, es  un  poeta  esencialmente  americano ; — y  á  la  vez  esencial- 
mente local.  Sus  versos  tienen  fisonomia  propia,  y  ha  sabido  sor- 
prenderlos secretos  de  nuestra  naturaleza  encantada,  traduciendo 
de  ese  gran  libro  las  mejores  estrofas  de  sus  poemas,  en  vez  de 
buscar  ágenos  modelos  ó  imitar  servilmente  á  los  grandes  maes- 
tros. Astro  de  primera  magnitud,  ha  querido  lucir  como  tal  en 
América^  y  no  iluminar  con  la  pálida  luz  prestada  de  los  planetas 
literarios. 

Puede  decirse  sin  exageración  y  dejando  de  lado  todo  senti- 
miento de  simpatía,  que  el  viejo  bardo  inauguró  entre  nosotros 
una  era  literaria,  encaminando  á  la  juventud  por  la  original  y  no 
trillada  senda  déla  poesía  americana,  mostiándole  sus  vastos  ho- 
rizontes y  marcándole  con  fijeza  el  derrotero  del  porvenir.  — 
Ricardo  Satiche^. 
1885. 

E  --  NUEVA  ESCUELA  DE  ARTE.  —  El  arte  es  un  elemento 
poderoso  para  la  vida  humana :  él  nos  acompaña  desde  la  cuna 
al  sepulcro,  nos  educa,  nos  alegra  y  nos  perfecciona.  Esto  no  lo 
niega  nadie.  Las  divisiones,  las  escuelas,  los  cismas  aparecen 
cuando  se  trata  de  la  interpretación,  de  la  manifestación,  de  la 
forma  y  del  fin  del  arte. 


APÉNDICE  401 


En  medio  de  las  abstracciones  teóricas  de  las  escuelas  idea- 
lista y  realista,  aumenta  cada  día  el  número  de  los  que  pres- 
cindiendo de  toda  clase  de  intransigencia,  adoptan  un  tempera- 
mento conciliatorio,  admiten  lo  que  tienen  de  bueno  ambas 
partes,  y  admiran  lo  que  es  bello,  lo  que  agrada  y  satisface,  lo 
que  vale,  sin  fijarse  en  la  procedencia,  huyendo,  como  se  su- 
pone, de  la  restricción  del  idealismo,  que  sólo  pretende  repre- 
sentar lo  bello,  y  del  abuso  del  realismo  que  se  empeña  en 
fotografiar  todo  lo  existente,  aun  lo  que  no  trasciende,  ó  debe 
ocultarse  á  las  públicas  miradas. 

Esta  escuela  no  ha  sido  bautizada  todavía,  pero  lo  será,  porque 
se  pone  entre  las  dos  anteriores,  y  constituye  una  especie  de 
cauce  que  se  abre  para  recibir  los  dos  torrentes  que  llegan 
desbordados  de  opuestas  direcciones. 

El  arte,  la  religión,  la  ciencia,  la  política,  tienen  sus  revolu- 
ciones y  sus  reacciones,  sus  apóstoles  y  sus  perseguidores,  sus 
déspotas  y  mártires ;  y  los  grandes  ingenios,  en  sus  obras 
inmortales,  marcan  esos   progresos  y  esas  transformaciones. 

Puede  exigirse  que  en  las  obras  del  artista  las  ideas  de 
bondad,  verdad  y  belleza,  en  vez  de  contradecirse,  se  reflejen 
unas  á  otras  ;  pero  no  puede  exigirse  del  artista  el  sacrificio  de  su 
espontaneidad,  de  sus  convicciones,  de  su  dignidad,  obligándole 
á  vaciar  las  formas  en  moldes  determinados.  —  Anibal Latino. 
1885. 

Dice  Aristóteles  que  el  arte  es  la  imitación  de  la  naturaleza. 
Esta  definición,  estreÁamente  entendida  por  muchos  humanis- 
tas (Batteaux  entre  ellos),  ha  dado  margen  á  un  gran  extravío  en 
las  doctrinas  estéticas  que,  desde  el  Renacimiento  hasta  nuestros 
días,  han  venido  sucediéndose.  En  efecto,  por  mas  que  el  princi- 
pio fundamental  de  la  mutilada  Poética  del  Estagirita  sea  la  imi- 
tación ( mimesis )t  es  indudable,  si  se  atiende  al  conjunto  de 
sus  ideas,  que  en  la  mente  del  filósofo  esta  imitación  no  se  re- 
fiere, como  fundamento  estético,  á  lo  determinado  y  relativo, 
sino  á  lo  universal;  esto  es,  al  ideal,  al  tipo  que  la  mente 
humana  vislumbra.  Esto  se  confirma  con  la  definición  del  Arte 
que  da  Aristóteles  en  la  Moral,  diciendo  que  es  «la  facultad  de 

96 


402  NUEVA   ESCUELA   DEL   ARTE 


crear  lo  verdadero  con  reflexioa.>y  De  aquí  que  divida  á  los  poetas 
en  tres  categorías  :  los  que  hacen  á  los  hombres  mejores  de  lo 
que  son  (idealismo),  los  que  los  hacen  tales  como  son  (realis- 
mo), y  los  que  los  hacen  peores  de  lo  que  son  (naturalismo  ). 

Debo  advertir  también,  que  al  hablar  del  Arte  me  refiero 
mas  particularmente  á  la  poesía,  que  es  la  primera  de  todas 
y  que  en  cierto  modo  las  resume  y  comprende. 

Establecido  que  el  Arte  tiene  por  fin  la  creación  de  lo  be- 
llo, la  primera  duda  que  surge  en  el  espíritu  es  la  siguiente: 
¿  es  el  Arte  algo  serio  y  digno  de  la  inteligencia  humana,  ó 
es  sólo  un  fútil  pasatiempo,  propio  de  quien  no  tiene  nada 
grave  en  que  ocuparla  ? 

Esta  cuestión  es  hoy  de  vivísimo  interés,  por  cuanto  las 
tendencias  utilitarias  que  cada  día  se  enseñorean  mas  del  espí- 
ritu humano,  han  provocado  un  movimiento  de  opinión  adverso 
al  Arte,  predominante  en  cierto  linaje  de  personas  que  no  care- 
cen de   ilustración  y  buen  sentido. 

Es  curioso  observar  que  mientras  muchos  hombres  de  ciencia 
que  no  pasan  de  la  medianía,  enamorados  del  cálculo  y  del  núme- 
ro, se  muestran  desdeñosos  del  Arte  y  le  consideran  como  cosa 
de  poca  monta,  los  que  han  llegado  á  las  mas  altas  esferas  de 
la  inteligencia,  como  Aristóteles  y  Hégel,  se  complacen  en  colo- 
carlo al  lado  de  la  religión  y  la  filosofía,  viendo  en  él  un  no- 
ble ejercicio  de  las  mas  encumbradas  facultades  de  la  inteligen- 
cia humana.  Dice  Aristóteles  que  la  poesía  por  ser  la  represen- 
tación de  lo  universal  y  necesario,  es  mas  profunda  y  filosófica 
que  la  historia,  que  sólo  representa  lo  determinado  y  relativo,  y 
Hégel,  el  mas  grande  de  todos  los  filósofos  modernos,  refuta  del 
modo  admirable  que  va  á  verse,  la  objeción  que  se  hace  al  Arte,  de 
no  producir  sus  efectos  sino  por  la  apariencia  y  la  ilusión.  Dice : 

<<:  Tal  objeción  seria  fundada  .si  la  apariencia  pudiera  conside- 
rarse como  algo  que  no  debe  existir.  Mas  la  apariencia  es  nece- 
saria al  fondo  que  manifiesta,  y  tan  esencial  como  él.  La  verdad 
no  existiria  si  no  se  manifestase  á  sí  misma  del  mismo  modo  que 
al  espíritu  en  general.  Desde  entonces,  el  cargo  no  debe  recaer 
sobre  la  apariencia  ó  manifestación,  sino  por  el  modo  de  repre- 
sentación que  el  Arte  emplea. 


APÉNDICE  403 


'<  Pero  si  estas  apariencias  se  califican  de  ilusiones,  otro  tanto 
podrá  decirse  de  los  fenómenos  de  la  naturaleza  y  de  los  actos 
de  la  vida  humana,  que,  no  obstante,  se  miran  como  si  constitu- 
yesen la  verdadera  realidad  ;  pues  sobre  todos  esos  objetos  inme- 
diatamente percibidos  por  los  sentidos  y  la  conciencia,  es  menes- 
ter buscar  la  verdadera  realidad,  la  sustancia  y  esencia  de  todas 
las  cosas,  de  la  naturaleza  y  del  espíritu,  el  principio  que  se  ma- 
nifiesta en  el  tiempo  y  el  espacio  por  medio  de  esas  existencias 
reales,  pero  que  en  sí  mismo  conserva  su  existencia  absoluta. 

«  Ahora  bien,  justamente  la  acción  y  desenvolvimiento  de  esta 
fuerza  universal  es  el  objeto  de  las  representaciones  del  Arte. 
Sin  duda,  ella  aparece  también  en  el  mundo  real,  pero  confun- 
dida con  el  caos  de  intereses  particulares  y  de  circunstancias  pa- 
sajeras, mezclada  con  lo  arbitrario  de  las  pasiones  y  de  las  volun- 
tades individuales.  El  Arte  desprende  la  verdad  de  las  formas 
ilusorias  y  mentirosas  de  este  mundo  imperfecto  y  grosero,  para 
revestirla  de  una  forma  mas  elevada  y  pura,  creada  por  el  espí- 
ritu mismo.  Así  lejos  de  ser  simples  apariencias  puramente  ilu- 
sorias, las  formas  del  Arte  encierran  mas  realidad  y  verdad  que 
las  existencias  fenomenales  del  mundo  real.  El  mundo  del  Arte 
es  mas  verdadero  que  el  de  la  naturales^^ay  la  historia. »  —  Calisio 
Oyuela. 
1883. 

F  — BUENAS  AUSENCIAS  DE  NÚÑEZ  DE  ARCE,  re/e- 
retida  de  la  pág.  6,  —  Sr.  D.  A.  M.  C.  —  Madrid,  16  de  Octu- 
bre de  1885. 

Mi  querido  amigo:  con  viva  alegria,  como  gratos  recuerdos  de 
tiempos  pasados,  he  recibido  su  afectuosa  carta  y  el  tomo  de  sus 
poesías  (palmas  y  ombúes)  que  ha  tenido  usted  la  bondad  de  re- 
mitirme por  el  correo. 

He  leído  el  tomo  con  amor  no  sólo  por  su  valor  intrínseco, 
que  es  mucho,  sino  porque  ha  traído  á  mi  memoria  las  horas  de 
mi  juventud,  cuando   usted  emigrado  y  perseguido  (i),  vivia  en 


( í )  En  esa  época,  priacipalmente  bajo  los  ministerios  de  Narvaez  y  Sarto- 
rins,  los  periodistas  de  la  oposición  eran  á  menudo  victimas  de  tropelías  incalifi- 
cables, encarcelados,  ó  deportados  sin  íorma  ni  figura  de  juicio  á  la  Habana  y 
Filipinas,  algo  parecido  á  lo  que  se  hizo  en  Montevideo  con  los  viajeros  de  la 
PuiG. 


404  BUENAS   AUSENCIAS    DE   NÚÑEZ   DE  ARCE 

nuestro  hogar,  no  como  huésped  sino  como  un  hermano.  Aque- 
llos sentimientos  que  usted  nos  inspiraba  no  se  han  borrado  de 
los  que  entonces  le  conocimos:  usted  no  es  un  extraño,  sino  un 
ausente  de  aquella  familia  literaria  de  18^0,  que  tanto  ha  sufrido 
y  tanto  ha  trabajado  en  pro  de  las  mas  hermosas  causas  de  la  hu- 
manidad. Y  con  qué  gusto,  como  en  aquella  época  ya  tan  dis- 
tante y  por  eso  mismo  quizás  mas  querida,  volveríamos  á  estre- 
charle la  mano,  si  usted  nos  hiciera  una  visita! 

Los  versos  de  usted  son  valientes  y  generosos.  He  leído  y  re- 
leído los  que  ha  consagrado  usted  á  España,  y  le  doy  gracias  por 
la  noble  inspiración  que  se  los  ha  dictado. 

Verdad  es  que  para  Vd.  España  no  debe  ser  sólo  la  antigua  ma- 
dre patria,  sino  su  segunda  patria,  puesto  que  ha  pasado  en  ella 
no  los  mas  prósperos,  pero  de  seguro  los  mas  dichosos  años  de 
su  vida  :  la  edad  de  las  ilusiones  y  esperanzas. 

Aprovecho  esta  ocasión  para  reiterar  á  Vd.  los  sentimientos  de 
cordialidad  y  cariño  de  su  affmo.  S.  S.  y  amigo.  —  Gaspar  Nú- 
ñe:^  de  A  rce, 

G  — POSITIVISMO  MERCANTIL,  V.pág.8,  —En  un   dis- 
curso leído  en  la  c<  Academia  Literaria  del  Plata  »  por  uno  de 
sus  miembros,  con  el  título  de  un  Diario  por  dentro,  dice  aquel 
refiriéndose  á  los  que  consideran  el  cultivo   de  las  letras  tarea' 
estéril ....  para  los  buitres  y  urracas. 

Reproducimos  un  solo  párrafo  por  via  de  amistoso  apercibi- 
miento, y  para  que  si  es  cierta  la  imputación,  no  contamine  á  sus 
hermanas  menores  con  el  mal  ejemplo,  la  que  fué  llamada  con 
justicia  en  otros  tiempos:  la  Atenas  del  Plata. 

«  Triste  es  confesarlo,  en  Buenos  Aires  no  hay  atmósfera  lite- 
raria. En  esta  barahunda  californiana  de  los  negocios,  en  esta 
visturía  aduanera  de  la  vida  práctica,  las  inclinaciones  literarias 
son  miradas  como  disculpables  debilidades.  Se  las  tolera  y  se 
pasa  de  largo.  Aquel,  pues,  que  concrete  la  actividad  de  su 
espíritu  á  producir  algo  que  no  tenga  peso,  número  ni  medida, 
algo  en  que  no  entran  los  kilogramos,  los  tanto  por  ciento,  olas 
yardas  inglesas,  hará  obra  de  iluso  y  de  visionario.  Mas  inte- 
resa el  precio  de  los  nonatos,  la  cotización  de  las  cédulas,  ó  las 
entradas  de  azúcar  de  remolacha. — Santiago  Hechart.  » 
1885. 


APÉNDICE  405 


El  autor  de  las  Cartas  Yankees,  hablando  délas  aviesas  pasio- 
nes que  desarrolla  la  fiebre  de  la  especulación  y  el  ansia  de  lucros 
grandes,  fáciles  é  inmediatos,  nos  pinta  un  jugador  de  bolsa 
arurinado  por  una  operación  al  alza,  y  añade  : 

Llega  el  mísero  á  su  despacho  luminoso,  con  las  paredes  de 
estuco  y  el  piso  de  bronce:  se  sienta  delante  de  la  mesa  nueva 
de  arce,  donde  impera  en  marco  de  piedras  falsas  el  retrato  de 
una  bella  tragavidas;  apura  de  un  sorbo  el  whisky  de  la  botella 
de  cristal  cuajado;  se  levanta  el  pelo  de  la  sien,  y  se  dispara  un 
tiro. 

Así  mueren  los  pueblos,  como  los  hombres,  cuando  por  bajeza 
ó  brutalidad  prefieren  los  goces  violentos  del  dinero  á  los  obje- 
tos mas  fáciles  y  nobles  de  la  vida. 

¡  Ahí  está  el  hombre,  frió!  ¡Ahora  se  ve  lo  que  era:  un  tahúr! 

Se  ha  de  hacer  lo  que  decia  Mondragon  el  valenciano:  «El 
que  quiera  pan,  que  lo  cave,  y  mientras  mas  blanco,  mas 
hondo.» 

Y  se  ha  de  sujetar  el  deseo  á  límites  naturales. 

Dése  obra  de  espíritu  á  los  pueblos,  el  verso    que   enamora 

y  entusiasma,  el  discurso  que  atrae,  la  pintura  que  deslumhra, 

el  drama  que  interesa  y  moraliza,    el  paseo    que  calma,    para 

que  la  vanidad,  que  reina  en  todo,  se  modere  por  la  virtud  de 

los  asuntos  en  que  se  emplee. 

Sino  ¡ahí  está  el  hombre,  frió,  rígido,  ceniciento,  con  el 
brazo  tendido  y  el  puño  lleno  de  sangre,  sobre  el  retrato  de 
la  mala  mujer  hecho  pedazos! — José  Martí. 

1888. 
H  —  LIBRO  DE  PIEDRA,  referencia  de  la  pág.  86,  nota  2, 
—  Al  evocar  los  recuerdos  del  año  25,  que  hacen  palpitar  de 
inefable  gozo  los  corazones,  rememorando  el  día  en  que  los  pro- 
ceres del  pueblo  oriental  reunidos  en  la  Florida  declaraban  á 
despecho  de  todos  los  peligros  «su  libertad  é  independencia 
con  amplio  poder />ar¿i  darse  las  formas  que  en  uso  y  ejercicio  de 
su  soberanía  estimase  convenientes j'í>  no  podemos  ni  debemos 
olvidar,  la  erección  del  monumento  consagrado  en  la  plaza  de 
la  villa  histórica  el  año  79  á  perpetuar  la  memoria  de  aquel 
glorioso  acontecimiento. 


406  LIBRO   DE   PIEDRA 


Honor  á  los  que  lo  iniciaron,  á  todos  los  que  cooperaron  á 
su  realización,  y  especialmente  á  las  comisiones  populares 
que  le  dieron  cima  entre  el  aplauso  general  de  los  pueblos. 

Saludamos  á  todos  los  obreros  de  aquel  pensamiento,  y  á 
los  que  lo  dignificaron  con  sus  palabras  de  fuego,  con  sus  cán- 
ticos sublimes  y  con  sus  manifestaciones  patrióticas  en  la  per- 
sona del  digno  presidente  de  la  Comisión  de  la  capital. 

«  Ese  Monumento  habla  y  ensena,  como  si  la  voz  de  nues- 
tros proceres  ilustre  surgiese  de  su  seno,  solemne  y  majestuosa 
para  decirnos  cómo  se  lucha  y  cómo  se  vence  en  defensa  de 
las  patrias  libertades.  Ese  monumento  es  un  libro  de  piedra 
que  está  abierto  para  que  nosotros,  y  nuestros  hijos,  y  los  hi- 
jos de  nuestros  hijos,  dilatados  en  la  infinita  progresión  del 
tiempo,  aprendamos  en  sus  hojas  las  lecciones  del  viejo  patrio- 
tismo. » 

Grabemos  en  nuestra  mente  y  en  nuestro  corazón  estos  le- 
vantados conceptos,  que,  en  el  aniversario  de  tan  fausto  día, 
creemos  de  oportunidad  trancribir  de  la  Comisión  delegada 
de  Paysandú,  en  su  nota  del  i8  de  Mayo  de  1879  á  la  Dele- 
gada del  Monumento  de  la  Independencia  en  la  Capital.  — 
Isidoro  De-María, 
1887. 

Dimos  las  gracias  al  Sr.  De-Maria  en  estos  términos,  con- 
signados en  una  tarjeta  que  le  enviamos: 

«  A.  Magariños  Cervantes,  saluda  afectuosamente  en  este  día 
memorable  (25  de  Agosto)  á  su  viejo  amigo  don  Isidoro  De- 
María, y  en  su  nombre  y  en  el  de  todos  los  que  contribuyeron 
ala  obra  patriótica á  que  se  refiere  el  artículo  de  El  Ferro-Ca- 
rril de  anoche  sobre  el  Monumento  de  la  Florida  y — (que 
acaba  de  leerse),  dá  las  mas  expresivas  gracias  por  su  recuerdo 
al  venerable  y  desinteresado  patriota,  al  distinguido  historiador 
nacional,  al  constante  defensor,  en  la  prensa,  de  las  institu- 
ciones en  las  épocas  mas  difíciles ;  al  que  supo  siempre  defender 
la  libertad  con  la  pluma  y  el  fusil,  como  en  el  asedio  de  Monte- 
video por  las  hordas  de  Rosas  ;  y  al  inteligente  y  abnegado  edu- 
cacionista, cuyos  valiosos  servicios  no  debieran  olvidar  sus 
conciudadanos,  siquiera  para  hacer  menos  precaria  su  laboriosa 
existencia  en  el  último  tercio  de  una  noble  vida,  consagrada  en 


APÉNDICE  407 


todas  las  esferas  al  bien  de  la  patria,  á  ensalzar  las  glorias  nacio- 
nales y  á  ilustrar  dignamente  á  la  juventud  uruguaya  !  •/ 

I— EL  ALMA  CAUTIVA.— K.  pág.  /02.  — Vd,  mi  que- 
rido Carlos,  como  los  ilustrados  redactores  de  laFra/ice,  la  Nación , 
Vitalia  Nuova  y  otros,  ha  comprendido  el  espíritu  envuelto  en 
las  galas  de  la  poesía;  y  usted  y  ellos  him  visto  en  él,  lo  que 
realmente  se  propuso  demostrar  el  poeta,  el  alma  humana,  física 
y  moralmente  cautiva  por  el  sofisma,  el  error  ó  la  violencia,  sin 
aire  ni  espacio  en  la  tierra,  sin  esperanza  ni  luz  en  los  cielos, 
desde  que  abdica  de  su  origen  divino,  y  niega  las  grandes  ver- 
dades del  orden  providencial  y  eterno. 

Agradeciendo  como  agradezco  profundamente  la  benevolencia 
con  que  son  acogidos  mis  versos,  debo  confesará  usted  que  lo 
que  mas  me  satisface,  lo  que  conforta  y  levanta  mas  mi  espíritu, 
es  la  sincera  adhesión  y  el  espontáneo  homenaje  que  veo  con 
ese  motivo  tributar  á  las  ideas  fundamentales,  sin  las  que  es  el 
hombre  para  mí,  un  geroglífico  indescifrable  y  un  ser  mas  in- 
feliz que  el  mas  ruin   infusorio  del  último  pantano.  .  .  . 

La  explosión  de  los  sentimientos  de  la  generalidad  en  este 
sentido,  en  medio  de  la  tristeza  jnlinita  que  á  veces  inunda  mi 
espíritu  ante  la  contemplación  del  mal,  bajo  todas  sus  fases,  y 
de  los  problemas  insondables  del  universo,  deja  caer  hasta  él 
un  rayo  de  sol,  y  abrigo  la  esperanza  de  que  al  menos  mis  dis- 
cípulos predilectos,  —  y  usted  es  uno  de  ellos  —  á  quienes  amé 
desde  niños,  en  los  momentos  solemnes,  recordarán  acaso  mis 
palabras,  y  al  través  de  la  lucha  y  tribulaciones  de  la  vida,  no 
olvidarán  que  el  hombre  digno  de  llamarse  tal,  no  vá  jamás  sino 
hasta  el  límite  que  le  trazan  el  deber  y  sus  convicciones,  de 
acuerdo  con  los  mandatos  inflexibles  de  la  conciencia. — A .  M.  C. 
1878. 

Ya  veis,  que  no  me  falta  razón  para  dudar,  por  lo  menos, 
de  la  teoria  del  hombre-fiera.  Reasumiendo,  pues,  las  escuelas 
naturalistas,  en  todas  sus  formas,  llámense  positivismo,  mate- 
rialismo, darwinismo,  etc.,  convienen:  en  cuanto  al  problema 
del  hombre,  en  negar  á  éste  su  calidad  de  ser  inteligente  y 
libre;  en  cuanto  al  problema  de  la  sociedad,  en  negar  que  sea 
ésta  una  entidad  especial,  distinta  completamente  de  las  de- 
más agrupaciones  que  se  hallan  en  la  naturaleza,  y  como  con- 


408  EL  ALMA  CAUTIVA 


secuencia,  en  negar  la  legitimidad  del  orden  moral  y  jurídico 
fundado  en  la  personalidad  humana. 

Sólo  una  idea  superior  regula  las  relaciones  humanas,  las 
razones  de  la  ciencia  económica,  cuyos  principales  problemas 
difícilmente  pueden  alcanzar  hoy  una  solución  satisfactoria  y 
estable,  porque  necesariamente,  olvidados  los  principios  de  la 
moral  espiritualista,  despreciado  aquel  gran  precepto  cristiano 
del  amor  al  prójimo  como  á  sí  mismo,  el  antagonismo  de  las 
clases  va  siendo  cada  día  mayor,  y  la  lucha  entre  ricos  y  po- 
bres, entre  la  opulencia  y  el  pauperismo,  entre  el  monopolio 
de  la  riqueza  y  la  libertad  del  trabajo,  va  tomando  cada  vez 
mas  horribles  proporciones;  y  los  materialistas  aprueban,  y  los 
positivistas  atizan,  y  todo  eso,  para  mayor  sarcasmo  de  esas 
escuelas,  como  alguien  ha  observado,  todo  eso  pasa  en  medio 
de  un  siglo  que  ha  escrito  en  el  centro  de  sus  banderas  el 
gran  principio  de  la  fraternidad  universal ! 

Poco  airosos  salen  en  realidad  los  modernos  pensadores,  rién- 
dose de  las  viejas  ideas  de  Dios,  de  justicia  y  bien  absoluto 
para  venirnos  después  con  una  ciencia  sin  mas  ideal  ni  sanción 
que  lafHer:{ay  cuya  acción  sobre  la  masa  de  la  nebulosa  quiere 
suponerse  que  ha  alcanzado  á  producir,  así  como  la  diferen- 
ciación de  los  planetas  de  nuestro  sistema,  la  aparición  de  la 
fauna,  la  flora,  los  minerales  y  las  rocas  en  nuestra  Tierra,  y 
los  fenómenos  del  orden  moral  y  social;  todo  ello  por  medio 
de  una  desintegración  molecular,  según  lo  supone  Spencer,  ni 
mas  ni  menos  que  como  sucede  en  todo  cuerpo  sometido  á 
la  acción  del  calor;  y  como  si  todo  eso  fuera  poco  decir,  ve- 
nirnos después  con  que  el  fundamento  del  derecho  está  en  la 
economiay  vale  decir  en  la  riqueza,  lo  cual  entraña  el  mayor 
germen  de  inmoralidad,  por  que  las  sociedades  á  quienes  se 
les  enseñe  que  el  derecho  y  la  moral  no  están  donde  Dios 
los  ha  puesto,  en  el  alma  y  sino  en  la  riqueza,  tendrán  ne- 
cesariamente que  concluir  por  creer  que  vale  mas  el  oro,  que 
el  derecho,  que  la  justicia,  y  aún  mas  que  la  misma  concien- 
cia. 

Y  si  esa  ciencia  materialista  es  la  que  ha  de  informar  el  de- 
sarrollo de  nuestros  tiempos,  quiera  el  cielo  retardar  lo  mas  el 
fatal  momento  en  que  las  sociedades  modernas  se  vean  privadas 


APÉNDICE  409 


de  todos  esos  principios,  que  la  escuela  materialista  se  ha  em- 
peñado en  borrar  hasta  de  la  conciencia  humana,  y  que  son  el 
alma  de  nuestra  vida. 

Hoy  por  hoy,  felizmente  la  práctica  no  guarda  perfecta  con- 
secuencia con  la  teoría,  porque  en  estos  momentos  aun  sobre 
todos  esos  que  reniegan  de  Dios,  de  la  libertad,  del  bien  y  de 
la  justicia,  sobre  todos  esos  desciende  aún  el  espiritualismo, 
como  desciende  sino  la  lu^^  el  calor  del  sol  sobre  los  tristes  y  ce- 
rrados ojos  de  un  ciego,  —  La  Verdad. 
1880. 

c<  El  materialismo,  decia  Laboulaye,  bijo  el  Imperio  de  Napo- 
león III,  que  es  hoy  un  grito  de  guerra  mas  que  una  teoría 
filosófica,  ha  aparecido  mas  de  una  vez  en  el  mundo  ;  pero, 
triste  es  decirlo,  siempre  ha  sido  signo  de  decadencia  y  de  ser- 
vidumbre :  es  la  doctrina  de  los  días  aciagos.  La  libertad  no  se 
acomoda  con  tan  pobre  concepción  del  destino  humano.  »    . 

Napoleón  I  aplaudia  complacido  los  ataques  de  RoyerCollard 
á  la  filosofía  de  Locke,  que  profesaba  aquel  grupo  brillante  de 
republicanos  materialistas  que  el  Emperador  calificaba  con 
desden  de  ideólogos. 

—  Decid  al  Emperador,  contestó  el  austero  filósofo  francés  á 
quien  trasmitieran  aquellos  elogios,  que  el  espiritualismo  es 
enemigo  mas  temible  de  la  tiranía  que  el  materialismo,  porque 
el  culto  á  la  libertad,  que  es  en  los  materialistas  una  inconse- 
cuencia generosa,  es  en  los  espiritualistas  una  consecuencia 
lógica  y  forzosa  desús  doctrinas  y  principios  filosóficos.  — Julio 
Herrera  y  Obes, 
1881. 

J  — EL  MAL  ES  TRANSITORIO,  EL  CRÍxMEN  IMPOTENTE 
—  Pág  lio.  —  Pertenecen  á  la  bella  composición  titulada  Es- 
trofas, que  sentimos  no  poder  trasladar  íntegra,  las  siguientes. 
Las  reproducimos  aquí  no  sólo  por  sus  varoniles  pensamientos 
sobre  el  tema  que  encabeza  estas  líneas,  sino  también  en  testi- 
monio de  agradecimiento  á  su  autor.  V.  tomo  i,  pág.  242. 

El  mal,  como  las  olas,  sube  y  baja; 
Y  en  el  hirviente  piélago  ondulando, 
Puede  la  tempestad  alzar  bramando 
El  fango  que  en  los  fondos  encontró. 


410  EL  MAL  ES  TRANSITORIO,  EL  CRIMEN  IMPOTENTE 

Mas  si  levanta  entre  su  blanca  espuma 
Una  ola,  escorias  del  inmundo  abismo, 
Soberbia  en  pos  viene  otra  que  allí  mismo 
Hunde  lo  que  antes  la  primera  alzó. 

¿  Por  qué  perder  de  la  esperanza  amiga 
El  presagio  en  la  mente  soñadora  ? 
El  alba  tenue  que  al  venir  colora 
Las  nubes  con  levísimo  arrebol, 
Vístese  luego  de  fulgor  radiante, 

Y  así  no  es  albor  ya.   La  luz  retrata, 
Que  en  el  espacio  inmenso  se  dilata. 
Vivaz  reflejo  de  esplendente  sol. 

También  el  pensamiento  humilde  nace!.... 
Secreto  de  un  cerebro,  se  querella 
De  su  fafal  y  maldecida  estrella. 
Que  lo  contiene  refrenado  en  sí. 
Mas  luego  se  difunde  y  se  hace  verbo, 
Llega  á  la  multilud  y  la  despierta, 
La  llama  enciende  de  esperanza  yerta. 
Convierte  el  desencanto  en  frenesí. 

La  eternidad  del  mal  no  se  concibe, 

Y  el  crimen  nada  serio  fecundiza; 
El  martirio  su  sangre  cristaliza 

Y  á  su  través  se  ve  la  redención. 

La  palabra  es  veloz  cual  fuego  alado 

Y  un  grito  que  se  esparce  en  raudo  vuelo, 
De  Marnix  llegar  puede  ó  Massanielo 

A  un  pueblo  con  potente  vibración. 

La  palma  á  un  lado  que  se  tiñe  en  sangre, 

Y  en  el  dolor  se  goza  de  la  herida ; 
Brille  la  gloria  con  su  eterna  vida, 
Del  arte  en  la  región  siempre  inmortal. 
La  lira  entone  su  cantar  insigne. 
Colores  halle  férvida  paleta, 

Y  en  las  visiones  de  intuición  inquieta, 
Yerga  el  genio  su  numen  colosal. 


APÉNDICE  411 


Nada  semeja  el  ímpetu  fecundo 

Con  que  el  estro  creador  brilla  y  se  enciende. 

Paso  á  la  inspiración  que  el  vuelo  tiende 

En  alas  de  su  espíritu  gentil ! 

¿  Quién  detiene  esa  llama  que  electriza 

Al  profético,  insomne  pensamiento, 

Que  arranca  todo  un  mundo  en  movimiento 

Del  pincel,  de  la  estrofa,  ó  del  buril  ? 

1882. 

Luis  M el  i  a  II  Lajinur 

K  —  UN  PAYADOR  ARGENTINO.  —  Referencia  de  la  pág, 
12^ y  nota  I.  — Cada  pueblo  tiene  sus  trovadores,  esos  peregrinos 
errantes  que  cruzan  de  comarca  en  comarca  sin  mas  caudal  que 
su  laúd,  comprando  el  pan  de  cada  día  y  alquilando  el  techo  de 
cada  noche  con  las  inspiraciones  de  su  talento,  cantando  al  com- 
pás de  su  instrumento  como  cantan  los  pájaros  acompañados, 
de  los  susurros  de  la  brisa  que  gime  en  las  copas  de  los  ár- 
boles. 

Nosotros  tenemos  también  trovadores,  poetas  inspirados,  lle- 
nos de  sentimiento  y  de  dulzura.  El  payador  pocas  veces  rie.  Sus 
cantos  son  lamentos,  quejidos  del  alma  dulcificados  entre  los 
quejidos  de  la  guitarra,  tristes  también,  muy  tristes,  como  son 
tristes  los  sollozos  que  acompañan  al  llanto. 

La  poesía  de  nuestros  paisanos  es  el  arte  virgen,  espontáneo, 
sin  acicalamientos  ni  retoques ;  brota  de  sus  labios  como  el  trino 
de  la  calandria  que  canta  á  su  antojo,  modulando  sus  cadencias 
sin  estudio,  improvisando  escalas  y  arpejios  sobre  el  tosco  mo- 
ginete  de  la  ramada. 

Quedan  ya  pocos  de  esos  improvisadores  errantes.  La  civili- 
zación ha  cortado  el  vuelo  á  esa  inspiración  vagabunda  y  el 
trabajo  la  ha  aprisionado.  Pero  todavía  aparece  de  vez  en  cuan- 
do alguno  de  esos  payadores  que  tienen  su  prototipo  en  el 
mentado  Santos  Vega,  y  de  esos  pocos,  uno  de  ellos  es  Gabino 
Ezeiza,  payador  porteño  que  obedeciendo  á  su  destino  instable 
ha  llegado  á  Montevideo  sin  mas  bagaje  que  su  guitarra,  ni  mas 
fortuna  que  su  inspiración. 

Gabino  Ezeiza  es  pardo  de  color,  joven  entre  los  veinte  y 
veinticinco  años,  de  labios  gruesos  y  abultados,  de  mirada  suave, 


412  UN   PAYADOR  ARGENTINO 

amplia  y  serena  la  frente  del  redondeado  cráneo  que  corona  su 
busto. 

Su  voz  es  dulce  y  armoniosa,  llena  de  tiernas  inflexiones  que 
hacen  mas  sentimental  su  canto.  Sus  composiciones  están  im- 
pregnadas de  una  profunda  melancolía.  Sus  versos  lloran  decep- 
ciones y  desengaños,  no  hay  en  ellos  ni  un  acento  de  ira  contra 
la  sociedad  que  lo  aleja  por  el  color  de  su  tez  ;  pero  traducen  el 
reproche  contra  la  injusticia  del  destino,  que  desde  la  cuna  lo 
trajo  á  vivir  en  una  esfera  inferior  á  la  que  en  sus  ensueños  de 
gloria  ambicionaba.  —  Daniel  Muño{, 
1884. 

Kn  carta  dirigida  á  Ezeiza  por  Nemesio  Trejo,  uno  de  los 
payadores  de  mas  nombreque  hay  en  la  vecina  capital,  publicada 
allí  y  reproducida  por  algunos   diarios  de  Montevideo,  le  decia  : 

No  me  han  sorprendido  esas  ovaciones  porque  conozco  su 
genio  y  su  talento,  y  estoy  sumamente  satisfecho  que  el  pueblo 
Oriental,  foco  de  crecidas  inteligencias,  le  haya  hecho  la  justicia 
que  merece,  avergonzando  á  nuestro  pueblo  indirectamente,  que 
deja  que  sus  hijos  vayan  á  patria  desconocida  á  buscar  las  glo- 
rias que  podrían  recoger  en  su  suelo. 

Bien  dice  Sansón  Carrasco  que  cada  pueblo  tiene  sus  trova- 
dores, genios  nacidos  para  peregrinar  en  el  mundo  de  las  ideas  ; 
así  somos  nosotros  Gabino,  que  vamos  buscando  en  el  mañana 
loque  no  nos  ha  brindado  el  ayer;  y  con  el  acento  tierno  y  las- 
timero de  nuestro  canto,  hacemos  nacer  la  compasión  de  un 
auditorio,  que  por  damos  aliento  y  vida,  aplaude  con  efusión 
las  tristes  trovas  que  nacen  de  nuestro  humilde  pensamiento. 

Ksa  es  la  gloria  que  recogemos  al  momento. 

Así  también  Magariños  Cervantes,  que  ha  tenido  la  deferencia 
de  apretar  su  mano;  aquel  gran  poeta  oriental,  que  en  estrofas 
nutridas  de  sentimientos  altos  y  nobles,  describe  lo  que  es  la 
«loria,  diciendo  al  final  de  una  sentida  estrofa: 

«  Así  tan  sólo  se  fecunda  y  brota 

Y  se  entreabre  su  espinoso  lirio ; 

Porque  la  gloria  es ...  .  nada  ....   ó  el  martirio  : 

¡  Es  del  ángel  proscripto  la  expiación  !  (  i ) 

(  1 )  Bfti$A$  DiL  Plata,  pig.  ^0. 


APÉNDICE  413 


Libre  quisiera  ser  en  estos  momentos  para  encaminarme  á  esas 

playas  y  acompañarle  sus    cantares,  como  mas  de  una  vez  lo  he 

hecho  en  otros   tiempos  mas   felices,  cuando  recien  los  albores 

de  la  juventud  despertaban  á  mi  vanguardia. — Nemesio  Trejo. 

1884. 

I^  — COxMO  procedía  el  DANTE.— V^./i^.  148,  nota  ig. 
—  El  autor  del  curioso  libro,  citado  en  la  pág.  57,  tom.  I.  á  pro- 
pósito de  la  Crui  del  Sud,  emite  el  siguiente  juicio : 

Le  nombre  est  grand  aujourd'hui  de  ceux  qui  n'attribuent  a  la 
poésie  qu'un  mérite  purement  esthétique,  et  n*y  voieni  qu'une 
beauté  résultant  de  la  triple  harmonie  des  pensées,  des  pensées 
avec  les  paroles,  des  paroles  entre  elles.  Du  reste,  ees  esprits  étroits 
ne  tiennent  jamáis  compte  ni  de  la  valeur  logique  de  la  pensée, 
ni  de  la  portee  morale  de  la  parole.  Poureux  l'artn'est  qu'une 
jouissancesans  but  ultérieur,  parce  que  la  vie  est  un  spectacle 
sans  signiíication  sérieuse ;  ils  demeurent  captifs  dans  le  monde 
visible  dont  le  sensualisme  et  le  scepticisme  leur  ferment  les 
issues.  Leurs  traditions  sont  celles  de  quelques  poetes  de  Tanti- 
quité  et  des  temps  modernes,  qui  ne  célébrérent  que  des  sensa- 
tionset  des  passions,  et  dont  le  triomphe  était  de  produire  dans 
ceux  qui  les  écoutaieiit  la  terreuret  la  pitié,  c'est-á-dire,  deux  af- 
fections  stériles.  De  la  cette  indifférence  qui  accueille  aujourd'hui 
beaucoup  de  tentatives  poétiques  :  de  la  ees  coléres  des  auteurs 
délaissés,  et,  si  Ton  peut  diré  ainsi,  cette  impénétrabilité  reci- 
proque de  la  litératture  et  de  la  société  qui  les  empéche  de 
s'unir  pour  se  vivifier  mutuellement.  —  Or,  voici  un  poete  qui 
parut  dans  un  siécle  tumultueux,  qui  marcha  comme  en- 
veloppé  d'orages.  Cependant ,  derriére  les  ombres  mou- 
vantes  de  la  vie,  il  a  pressenti  des  Tréalités  immuables.  Alors 
conduit  par  la  raison  et  par  la  foi,  il  devanee  le  temps,  penetre 
dans  le  monde  invisible;  il  s'y  meten  possession,  il  s'y  établit 
comme  dans  sa  patrie,  lui  qui  n*a  plus  de  patrie  ici-bas  ! 

Des  ees  hauteurs,  s'il  laisse  encoré  tomber  ses  regards  sur  les 
choses  humaines,  il  en  decouvre  a  la  fois  le  principe  et  la  fin  ;  par 
conséquent,  il  les  mesure  et  il  les  juge.  Ses  discours  sont  des  en- 
seignements  quisubjuguent  les  convictions  et  qui  inclinent  les 
consciences  en  méme  temps  que  par  le  rythme  ils  se  fíxent  dans  les 
mémoires.  C'est  comme  une  prédication  qui  se  fait  parmi  les  muí- 


414  COMO   procedía   el   DANTE 

titudes,  ne  se  taisant  jamáis;  qui  les  captive  en  s*emparant  de  ce 
qu'il  y  a  de  plus  fort  en  elles :  Tintelligence  et  Tamour  C'est  done 
une  poésie  qui,  aux  trois  harmonies  d'oii  la  beauté  resulte,  en 
joint  deux  autres:  Tharmonie  de  la  pensée  avec  ce  qui  est, 
c'est-á-dire,  la  vérité;  rharmonie  de  la  parole  avec  ce  qui  doit 
étre,  c'est-á-dire  la  moralité.  Ainsi  elle  porte  en  soi  une  double 
valeur  logique  et  morale,  par  oü  elle  répond  aux  besoinsles  plus 
chers  du  plus  grand  nombre  des  hommes:  elle  se  fait  compren- 
dre  de  ceux  qu'elle  a  compris;  elle  est  nécessairement  sociale. 
II  y  a  encoré  la  un  phénoméne  qui  mérite  sans  contredit  une 
place  dans  Thistoire  de  Tart.  C'est  plus  qu'un  phénoméne,  c'est 
unexemple.  Et  Texemple,  quand  il  est  excellent,  entraine  aprés 
soi  la  réfutation  des  théories  contraires.  —  A.  F.  O^^anam. 
1840 

l,L— SALTO  Y  GKVIOS  — Referencia  de  la  pág,  172.— E\ 
salto  de  Tequendama,  situado  cerca  de  Santa  Fé  de  Bogotá  (Re- 
pública de  Colombia),  aunque  no  tan  célebre  como  el  Niágara,  es 
la  primera  catarata  de  la  América  meridional  y  rivaliza  con  aque- 
lla, y  aun  la  excede  en  belleza,  según  algunos  viajeros.  —  Véase 
mas  adelante  en  la  letra  A  B,  Za  caída  del  Laja, 

En  las  cuatro  estrofas  que  encabezan  esta  composición  he  pro- 
curado reasumir  una  de  las  mas  curiosas  y  bellas  tradiciones  de 
América. 

Según  la  tradición,  la  hendidura  entre  las  dos  montañas  por 
donde  el  río  Punza  se  precipita  al  valle  formando  la  cascada  de 
Tequendama,  fué  abierta  por  Botchica,  el  genio  del  bien  que  ha- 
bía civilizado  á  los  habitantes  de  aquella  comarca,  para  reparar 
los  estragos  de  una  gran  inundación  ocasionada  por  la  creciente 
del  río. 

Esia  inundación  que  arruinó  al  país  y  dispersó  á  sus  moradores 
por  las  montañas  vecinas,  fué  obra  de  Huythaca,  genio  maléfico, 
que  en  forma  de  mujer,  seguía  los  pasos  del  primero,  sin  otro 
objeto  que  destruir  todo  lo  bueno  que  él  hacía. 

Los  inteligentes  en  la  cosmogonía  de  nuestro  continente  opi- 
nan que  esta  leyenda  encierra  un  fondo  de  verdad,  y  que  los  dos 
individuoscitadosrepresentanlalucha  del  bueno  y  del  mal  princi- 
pio, que  se  encuentra  en  todas  las  religiones.  Botchica  es  un  hijo 
del  Sol,  como  xManco-Capac,  tal  vez  el  mismo  Sol  hecho  hombre: 


APÉNDICE  415 


Huythaca  es  el  elemento  húmedo  que  ejerce  su  influencia  sobre 
el  mar,  y  se  convierte  en  la  Luna,  arrojada  de  la  tierra  por  Bot- 
chica,  el  principio  seco,  vivificante,  que  hace  correr  las  aguas 
aglomeradas  en  las  alturas,  abriéndoles  un  camino  al  través  de 
las  rocas. 

Considerada  esta  antigua  leyenda  bajo  el  punto  de  vista  físico, 
tiene  el  mérito,  según  Humboldt,  de  atribuirá  una  causa  súbita  y 
violenta  la  abertura  del  valle  y  desagüe  del  lago  formado  en  la 
meseta  de  las  montañas.  Se  armoniza  con  las  condiciones  que  se 
observan  en  la  cascada  y  en  la  configuración  del  desfiladero.  Na- 
da se  vé  que  se  asemeje  á  un  cambio  lento  y  sucesivo ;  ha  debido 
ser  de  un  solo  golpe,  por  alguna  violenta  catástrofe  que  l.i  roca 
ha  sido  partida  desde  la  cumbre  hasta  la  base. 

En  esta  como  en  otras  composiciones,  he  intentado  bosquejar 
la  faz  poética  y  filosófica  del  fenómeno  y  de  los  hechos  que  con 
él  se  relacionan,  procurando  que  los  rasgos  descriptivos,  que  son 
como  la  vestidura  del  pensamiento,  estén  conformes  con  la  ver- 
dad y  con  la  ciencia,  cualidades  que  lejos  de  coartar  la  inspira- 
ción como  algunos  se  imaginan,  le  prestan  nuevas  alas  y  le  abren 
nuevos  horizontes. 

—  Gigantes  y  pigmeos  —  Glosa  de  la  pág.  169.)  —  En  carta  al 
Dr.  Arrascaeta  con  motivo  de  su  Colección  de  poesías  de  poetas 
Hispano-Americanos,  le  dice  el  autor  de  La  Verdadera  Musa. 

'íEn  el  libro  que  usted  daá  luz,  se  cantan  los  eternos  ideales 
con  que  los  espíritus  fuertes  se  consuelan  en  las  tristezas  del  re- 
tiro impuesto  por  arraigada  austeridad.  Se  hace  también  historia 
en  sus  páginas,  y  Washington,  Bolivar,  y  con  menos  brillante 
aureola  que  ellos,  otros  nobles  soldados  de  la  libertad,  reciben 
el  testimonio  de  agradecimiento  que  los  pueblos  tributan  á  su 
memoria  por  medio  de  sus  bardos  inmortales,  consagrados  in- 
térpretes de  una  opinión  unánime  y  honrosa. 

Bien,  pues:  fecunda  es  la  tarea  de  estereotipar  recuerdos  que, 
con  el  halago  de  la  rima  y  la  galana  vestidura  de  la  forma,  com- 
penetran la  inteligencia  del  lector,  viniendo  á  reavivarle  sus  cí- 
vicos deseos,  sus  aspiraciones  dominantes,  sus  veneraciones  pres- 
tigiosas. 

Los  guerreros  ciudadanos  de  la  América,  glorificados  en  el 
idioma     excelso     de     sus    cantores,    siempre    se    presentarán 


41 6  SALTO    Y 'GRITOS 


ante  los  pueblos  que  sirvieron  con  su  feliz  estrella  como  un 
castigo  severo  para  los  que  se  atreven  á  escalar  la  gerarquía  mi- 
litar que  ellos  alcanzaron  en  sus  homéricas  luchas  por  la  libertad 
de  un  mundo.  Y  el  genio  de  la  Poesía,  iluminando  con  divinos 
resplandores  la  talla  gigantesca  de  los  héroes  de  Trenton,  de 
Junin  y  de  Ayacucho,  hace  mas  ridículos  los  entorchados  con 
que  se  exhiben  ciertos  pigmeos,  ajenos  por  completo  á  los  no- 
bles estímulos  que  dignifican  la  carrera  de  las  armas. — Luis  Me- 
lian  Lafxnur, 
1881. 
— De  pulpos  vorai  tropel, — Pág.  169. — El  Sr.  Maga ri ños  Cer- 
vantes podría  repetir  con  nuestro  gran  Zorrilla  : 

«Yo  soy  de  aquellos  viejos  qae  no  lo  son  jamás.» 

Sólo  una  personalidad  como  la  suya,  podía  hoy  atreverse  á 
publicar  un  libro  de  poesías,  aquí,  en  la  República  Oriental  del 
Uruguay,  y  en  la  época  de  miseria  y  hambre,  me;^quindadjf  prosa 
que  estamos  atravesando. 

Los  gritos  de  los  vividores,  de  los  que  buscan  la  fortuna  á  todo 
trance,  de  los  inventores  de  Negocios  turbios  y  explotadores  de 
playitas  de  toda  especie,  la  algazara  de  los  corredores  y  los  ayes 
de  los  cor r/í/o5,  apagan  la  voz  del  poeta;  y  las  voces  de  man- 
do y  los  toques  de  corneta  y  los  redobles  del  tambor  ahogan  las 
cadencias  de  la  lira. 

Pero  liras  como  la  del  autor  de  Cellar,  Amor  y  Patria  y  Las 
Brisas  del  Plata  y  Horas  de  melancolía,  tienen  el  privilegio  de 
despertar  siempre  el  entusiasmo  popular,  por  adormecido 
que  se  encuentre ;  y  voces  como  la  del  Sr.  Magariños  Cer- 
vantes, son  bastante  poderosas  para  hacerse  oir  por  encima 
de  la  prosaica  y  desacorde  gritería  que  se  levanta  del  mercado 
donde  se  cotizan  opiniones,  y  se  compran  y  se  venden  con- 
ciencias. 

Por  eso  es  que  esperamos  que  el  nuevo  libro  del  laureado 
poeta  oriental,  conseguirá  romper  la  atmósfera  de  mercanti- 
lismo y  prosa  que  nos  envuelve,  y  que  la  aparición  de  Pal^ 
mas  y  Ombúes  será  saludada  como  un  rayo  de  sol  primaveral 
que  viene  á  iluminar  unas  verdaderas  horas  de  tristeza  y  me- 
lancolía. 

Por  nuestra  parte  agradecemos  al  viejo  y  leal  amigo  el  envío 


APÉNDICE  417 


de  sus  Palmas  y  OmhúeSy  que  guardaremos  como  un  cariñoso 
recuerdo  de  la  amistad  y  como  joyas  preciosas  de  la  literatura 
americana.— P^í/ro  Bernat. 
1885. 

M— CERTAMEN  EN  LA  CIUDAD  DE  SAN  JOSÉ.  — Pj^. 
18^.  —  Estos  últimos  tiempos  hnn  sido  de  evidente  y  prodigioso 
progreso  para  los  departamentos  de  campaña. 

Antes  de  ahora  sus  habitantes  ponían  todo  su  conato  en  pro- 
curarse los  medios  de  escapar  á  los  atentados  de  la  fuerza.  Hoy 
tienen  la  seguridad,  la  condición  sinc  qua  non  del  adelanto, 
y  pueden  dedicarse  con  holgura  á  las  labores  fecundas  de  la  paz. 

En  una  época  no  lejana,  los  habitantes  de  los  pueblos  de 
campaña  vivían  en  medio  de  un  individualismo  salvaje,  y  se 
alistaban  bajo  las  banderas  del  primer  señor  feudal  que  les  salía 
al  encuentro.  En  el  presente  colocan  la  ley  y  la  autoridad  sobre 
toda  otra  idea,  y  se  rien  de  \os  fetiches  y  de  los  caudillos.  Han 
hecho  absoluto  abandono  de  las  banderías,  y  han  organizado  una 
sociabilidad  racional  y  discreta.  —  Asocian  sus  esfuerzos  para 
conseguir  fines  científicos  y  de  utilidad  general  para  la  localidad 
en  que  desarrollan  sus  hermosas  facultades. 

Los  frecuentes  torneos  literarios  que  tienen  lugar  en  San  José, 
son  resultado  de  esos  vínculos  de  sociabilidad  ilustrada. 

En  el  último  que  se  efectuó,  se  leyeron  algunas  composiciones 
de  alto  mérito,  entre  las  cuales  descolló  por  su  bella  forma  y 
profundo  pensamiento,  la  que  lleva  por  título  Mirando  el  Cru- 
cero, composición  llena  de  novedad  y  brillantez. 

La  buena  voluntad  con  que  el  autor  concurrió  al  éxito  de  la 
conferencia,  no  le  ha  librado  de  algunas  apreciaciones,  impreg- 
nadas de  fanatismo  anti-religioso  y  de  un  espíritu  sistemático  de 
censura. 

Se  ha  hecho  aparecer  al  doctor  Magariños  Cervantes  como 
cometiendo  un  abuso  de  confianza.  —  La  consigna  dada  pros- 
cribía la  religión  y  la  política,  y  el  poeta,  la  personificación  mas 
elevada  de  la  poesía  uruguaya,  sorprende  á  los  circunstantes  con 
un  caudal  de  armonías  cristianas. 

La  armonía  de  la  humanidad  en  la  región  del  pensamiento  es 
utópica,  imposible.  — Aunque  no  se  hable  de  religión  y  de  polí- 
tica, las  desinteligencias  pueden,  mas  aun,  deben  producirse. 

«7 


/ 


4l8  CERTAMEN    EN    LA   CIUDAD   DE   SAN   JOSÉ 


El  pensamiento  es  libre,  esencial  é  infinitamente  libre.  Es  el 
águila  altanera  que  se  cierne  en  el  inconmensurable  espacio  y  as- 
ciende al  cielo. 

Ponedle  trabas  á  la  inteligencia  humana,  y  tendréis  que  renun- 
ciar á  ver  obras  grandes  y  admirables.  Imponedle  una  cartilla  á 
M  igariños  Cervantes,  y  convertiréis  en  pigmeo  al  gigante  y  al 
genio. 

Nosotros  nunca  exigiríamos  á  la  'actividad  del  pensamiento, 
que  se  produjera  en  tal  ó  cual  sentido.  Le  demandaríamos  única- 
mente la  sinceridad  y  alteza  que  se  encuentran  en  todas  y  cada 
una  délas  composiciones  de  nuestro  querido  maestro. 

Lo  demás  sería  arrogarse  una  infalibilidad  cien  mil  veces  mas 
ridicula  que  la  pretendida  infalibilidad  de  los  pontífices  ro- 
manos. 

Y  ¡  qué !  ¿  Acaso  no  hay  en  l.i  composición  poética  del  doctor 
Magarinos,  además  de  un  marcado  tinte  religioso,  una  acentuada 
tendencia  histórica  ?  ¿  Acaso  no  dirige  en  ella  frases  sublimes  é 
inspiradas  á  la  personalidad  mas  grande  de  la  historia? — La  Tri- 
buna (de  Montevideo). 
1879. 

N— UNION  ANTE  EL  COMÚN  PELIGRO. —P^^.  IQ4,— 
Trabajar  por  la  unidad  de  los  elementos  políticos  en  un  pueblo 
cuya  enfermedad  es  la  división  y  la  desunión,  es  una  necesidad 
y  un  deber.  Llegar  á  este  resultado,  eligiendo  el  camino  prác- 
tico, que  ni  hace  retroceder  al  pasado,  ni  desliga  de  él  á  la 
sociedad ;  con  alas  para  marchar  hacia  el  progreso,  con  pié 
para  no  abandonar  la  tierra,  es  la  obra  del  político  que  no  debe 
olvidar,  según  la  expresión  del  filósofo,  que  la  materia  sobre 
que  trabaja  es  el  hombre. — Agustin  de  Vedia, 
1882. 

Setenta  años  de  ensayos  sangrientos  en  que,  con  ligeras  in- 
termitencias» tan  sólo  nos  ha  gobernado  la  ignorancia  y  la 
fuerza,  en  que,  como  las  razas  esclavizadas,  vivimos  entonando 
himnos  á  la  libertad.  .  .  . 

Ha  faltado  en  nuestra  historia  esa  zona  templada  en  donde 
se  confunden  la  lozanía  del  trópico,  con  el  grato  verdor  que  es- 
malta nuestras  praderas,  en  que  se  besan  los  coniferos  con  las 
palmeras,  y  los  cereales  crecen  á  la  sombra  del  bambú ;  en  que  se 


APÉNDICE  419 


atemperan  y  amalgaman  sin  estrépito  las  tradiciones  é  intereses 
del  pasado  con  las  nuevas  ideas  y  la  vitalidad  del  porvenir:  tran- 
sición armónica,  necesaria,  que  en  la  naturaleza  impide  los 
reumas,  como  en  los  pueblos  los  constipados  políticos. 

Por  eso    nuestras  sociedades  viven   constantemente  romadi- 
zadas, perdiendo    en  luchas  estériles  la  albúmina  y   la  fibrina 
de  su  riquísima  y  generosa  sangre. — Ángel  F.   Costa. 
1880 

En  el  número  de  La  Época  correspondiente  al  16  de  Junio  de 
1888,  su  director  el  Dr.  D.  Alberto  Palomeqüe,  abrió  una  intere- 
sante Sección  Neutral,  <<  verdadera  crónica  histórica,  dice,  que 
acumule  elementos  para  los  amantes  de  desentrañar  la  filosofía 
que  encierran  los  sucesos  del  pasado  •>. 

De  las  cartas  que  publica  en  ese  número,  tomamos  los  dos  pá- 
rrafos que  siguen : 

¿Sabe  Vd.  en  qué  consiste  el  mayor  poder  de  los  medios  oficia- 
les?  —  en  el  terror  que  ellos  inspiran  á  los  ciudadanos^  que  se 
asustan  de  la  idea  de  luchar  contra  la  autoridad  en  las  urnas. 
Haga  Vd.  sacudir  ese  terror  y  haga  Vd.  que  los  ciudadanos  se  con- 
venzan de  que  van  á  ejercer  un  derecho,  y  que  la  autoridad  no 
tiene  facultad  para  meterse  en  elecciones,  y  nidios  poder  de  los 
medios  oficiales. 

Con  decisión  y  firmeza  en  las  urnas,  se  contienen  los  desma- 
nes, se  disipan  las  amenazas,  se  desbaratan  las  trampas  oficiales,  y 
para  que  todos  tengan  decisión  y  firmeza  en  las  urnas,  basta 
que  tres  ó  cuatro  las  tengan,  porque  el  coraje  de  uno  en  tales 
casos,  hace  coraje  de  todos. 

Tenga  fe  y  perseverancia,  amigo,  para  que  acaben  en  Noviem- 
bre hasta  las  posibilidades  de  que  se  reproduzcan  monstruosida- 
des como  su  encarcelamiento. 

Su  carta  del  25  me  revela  algún  desaliento  ante  las  dificultades 
de  la  lucha  contra  los  medios  oficiales  de  que  disponen  Moreno 
y  Laguna,  dificultades  que  reconozco  graves. 

Pero,  ¿  qué  hacer?  ¿hemos  de  abandonarles  por  eso  el  cam- 
po ?  No  está  en  nuestras  manos  arrancarles  los  medios  ofiíciales 
antes  de  las  elecciones,  que  si  estuviera,  ya  podría  estar  seguro 
que  garantiríamos  al  pueblo  la  plenitud  de  la  libertad  del  sufragio. 


420  UNION   ANTE    EL   COMÚN    PELIGRO 

Es  preciso  arrancárselos  en  las  elecciones,  ya  que  no  podemos 
hacerlo  antes,  por  la  decisión  y  la  firmeza  en  mantener  en  las 
urnas  los  derechos  del  ciudadano  y  del  pueblo.  Así  triunfamos  en 
Buenos  Aires,  en  donde  (  no  se  equivoque )  también  teníamos  con- 
tra nosotros  los  medios  oficíales;  ¿cree  Vd.  que  de  este  lado  del 
Río  de  la  Plata,  valemos  menos  que  del  otro  lado? 

La  defensa  de  Montevideo  prueba  lo  contrario. — Juan  Carlos 
Gome{, 
1852. 

Como  glosa  ó  comentario  palpitante  de  lo  que  decía  en  1852 
el  Dr.  Gómez,  oígase  como  se  expresa  en  La  Idea,  treinta  y  seis 
años  dcspuesy  otro  honrado  y  valiente  escritor,  buen  ciudada- 
no antes  que  ciego  y   tal   vez  criminal  partidario. 

«La  afirmación  que  dejamos  asentada,  no  sólo  tiene  alcance 
de  presente,  sino  de  pasado,  y  agregamos  ahora  que  también 
lo  tiene  de  porvenir. 

Libertar  á  nuestro  partido  de  los  crueles  atentados  cometidos 
en  la  tiranía  de  D.  Lorenzo  Latorre,  y  libertarlo  á  la  vez  de 
las  ignominias  y  bajezas  del  gobierno  de  Santos,  de  aquellos 
atentados  en  que  un  jefe  de  cuerpo  se  paseaba  por  los  departa- 
mentos de  campana  con  la  misión  expresa  de  asesinar  á  los 
ciudadanos  y  militares  retirados,  tranquilos  y  sosegados,  en  el 
hogar  doméstico,  sin  haber  cometido  otro  delito  que  no  ser  afec- 
tos ó  suponerlos  desafectos  al  tirano,  como  sucedió  bajo  el  do- 
minio de  éste;  libertar  á  nuestro  partido  de  aquellas  escenas 
bizantinas  que  se  pasaban  en  los  cuarteles,  en  que  eran  insulta- 
dos ó  asesinados  los  ciudadanos  y  los  militares  indistintamente, 
fueran  del  partido  que  fuesen,  es  un  hecho  cuya  importancia 
histórica  y  de  acción  presente  y  futura  tiene  trascendencia  é 
interesa  del  todo  á  la  significación  misma  y  á  las  aspiraciones 
mas  legítimas  del  partido  colorado.» — Eduardo  Flores, 
1888. 

N  — ECOS  DE  UN  BANQUETE  EOLÍTICO  — Referencia  de 
lapág,  202.  —  Hojas  fugaces  que  viven,  como  la  flor  el  solo  día 
en  que  nacen,  guardan  sin  embargo  estereotipados  é  indelebles  las 
páginas  del  diario,  la  convicción  y  el  sentimiento  del  día  en  que 
se  escriben.  Podrá  el  historiador  decir,  con  criterio  mas  reposado 
y  con  la  convicción  serena  que  produce  el  alejamiento  de  los  su- 


APÉNDICE  421 


cesos,  ¡cómo  se  equivocaron  aquellos  hombres  I  Pero  con  el  diario 
por  delante  podrá  cuando  lo  desee,  averiguar  cómo  sintieron  y 
pensaron,  ora  se  equivocaran,  ora  acertasen,  los  actores  y  espec- 
tadores de  cada  suceso  memorable. — Juan  G.  Buela, 

1888. 

Festejamos  un  triunfo  espléndido,  el  entronizamiento  del 
imperio  de  la  ley  que  viene  á  sustituir  á  los  gobiernos  persona- 
les donde  el  que  manda  es  amo,  y  los  que  obedecen  son  es- 
clavos ! 

Estos  triunfos  no  se  alcanzan  en  las  luchas  amigadas,  se  alcanzan 
pacíficamente  sin  que  haya  vencidos  ni  vencedores.  — Julio  He- 
rrera y  Obes,  Ministro  de  Gobierno. 

El  Dr.  Mendilaharzu  pronunció  en  seguida  un  discurso  tan 
bello  por  su  forma  poética,  como  por  las  nobles  ideas  en  que 
estaba  inspirado.  Las  palabras  del  joven  é  ilustrado  ministro  de 
Relaciones  Exteriores,  fueron  acogidas  con  aplauso  entusiasta 
por  la  concurrencia.  —  Saturuiuo  Aivare{. 

Bendigámosla  hora  feliz  en  que  desaparece  del  escenario  de 
la  República  el  régimen  de  las  dominaciones  personales,  y  salu- 
demos con  fervor  patriótico  la  resurrección  de  un  pueblo  á  las 
expansiones  de  la  vida  libre  y  á  las  esperanzas  del  gobierno 
propio. 

Y  henchida  el  alma  de  transportes  patrióticos  por  tan  faustos 
acontecimientos,  brindemos  porque  de  hoy  mas,  no  se  encuen- 
tre entre  los  ciudadanos  orientales  una  mano  sacrilega  que  ose 
levantar  la  losa  funeraria  que  pesa  ya  sobre  las  personalidades 
que  se  creen  sobrehumanas,  por  una  aberración  de  los  pigmeos 
que  las  endiosan,  para  afrenta  de  los  pueblos  que  las  soportan. 
— José  P.  Rafnire^, 

Desde  las  oposiciones  extremas,  ayer  no  mas,  fui  con  nobles 
combatientes  al  gobierno. 

Vuelto  á  las  filas  populares,  mis  ojos  no  divisan  hoy  el  antiguo 
campo  del  combate. 

En  su  lugar,  se  levanta  el  templo  augusto  de  la  fraternidad  y  de 
la  patria ! 


422  ECOS   DE   UN   BANQUETE   POLÍTICO 

Saludo  al  ciudadano  que  con  firme  voluntad  y  corazón  sereno, 
derrumbó  las  barreras  que  separaban  al  pueblo  del  gobierno, 
levantando  en  alto  su  autoridad  sobre  el  personalismo  y  la  liga 
pretoriana,  levantando  en  alto  el  derecho  y  el  honor  sobre  el 
vilipendio  !  — Juan  Carlos  Blanco. 

Dadnos,  —  señor  Presidente,  el  reinado  franco  y  leal  de  nues- 
tras instituciones:  respetad  y  haced  respetar  los  derechos  primor- 
diales de  la  vida  del  hombre-ciudadano,  la  prensa,  el  voto  libre; 
en  una  palabra,  haced  del  Código  de  nuestras  leyes,  tan  menos- 
preciado hasta  ahora,  un  Código  santo  á  que  todos,  gobernantes 
y  gobernados,  estin  obligados  á  rendir  respetuoso  culto, — y 
para  decíroslo  todo  de  una  vez,  con  ruda  franqueza,  no  hagáis 
GOBIERNO  DE  PARTIDO,  empequeñeciendo  vuestro  programa  y  ha- 
ciendo así  un  ser  raquítico  y  enfermo,  de  un  gigante. — Atireliano 
Rodrigue:^  Lar  reta. 

Si  la  política,  como  decía  el  Dr.  D.  Juan  Carlos  Gómez,  es  una 
hiena  que  vive  de  las  afecciones  que  devora,  hay  que  escatimarle 
tan  precioso  alimento,  cuando  nos  es  dable  abrir  el  alma  á  los 
dulces  sentimientos  de  la  fraternidad  y  de  la  concordia  cívica, 
señalar  nuevos  rumbos  al  porvenir  de  la  República, — sentir  bien 
tranquila  nuestra  conciencia  de  ciudadanos  de  un  pueblo  que 
quiere  ser  libre  y  llevar  siempre  bien  alta  la  frente,  bañada  en  la 
luz  de  los  mas  puros  ideales. 

«  Será  todo  por  el  bien  de  la  Patrian  y  dijisteis  á  vuestros  Secre- 
tarios de  Estado,  en  el  momento  en  que  acababan  de  jurar  el  mas 
fiel  acatamiento  á  la  Constitución  y  á  las  leyes,  y  apenas  se  había 
perdido  en  el  espacio  el  eco  de  tan  alta  profecía  cívica,  todos  los 
pueblos  de  la  República  saludaban  alborozados  el  advenimiento 
de  una  nueva  era,  en  que  ya  no  será  posible  rendir  acatamiento  á 
otra  majestad  que  á  la  majestad  de  las  leyes.  —  Gon{alo  Ra- 
mire:^. 

Brindemos  en  honor  de  la  Constitución  de  la  República  !  — 
En  el  terreno  de  su  cumplimiento  fiel,  es  en  el  único  en  que  po- 
demos fraternizar  todos  los  orientales,  sin  apostasías,  sin  traicio- 
nes, porque  en  el  hecho  de  someterse  todos  á  la  ley  soberana  del 


APÉNDICE  423 


país,  no  hay  bajeza  moral :  hay  altura  cívica,  —  sí,  altura  cívica, 
porque  se  necesita  tenerla  para  sobreponerse  á  las  pasiones  per- 
sonales y  á  las  afecciones  partidistas  y  convertir  en  realidad  el 
hermoso  pensamiento  del  orador  Romano:  «el  hombre  libre 
es  el  esclavo  de  la  ley.  » 

Yo  no  concibo  sino  una  base  de  conciliación  verdadera  y  digna 
entre  los  ciudadanos.  —  Esa  base  es  la  que,  cuando  la  paz  de  Abril 
de  1872,  se  consagró  en  esta  fórmula  noble  y  generosa  :  —  «  Los 
?/  orientales  renuncian  á  las  luchas  armadas  y  someten  todas  sus 
»  diferencias  al  fallo  de  la  soberanía  nacional,  leal  y  libremente 
»  consultada.  » — Pablo  De-Marta. 

En  Enero  de  este  año  empezó  la  impresión  de  este  iovao ^(pág ^) 
retardada  por  contrariedades  de  todo  género,  siendo  la  mayor 
nuestro  viaje  á  los  Baños  Thermales,  (Rosario  de  la  Frontera) 
á  cuatrocientas  leguas  de  Montevideo,  de  donde  regresamos  á 
fines  de  Octubre. 

Nos  traen  hoy,  12  de  Diciembre,  las  pruebas  de  este  pliego,  y 
al  leer  los  párrafos  que  anteceden  y  sus  concordantes  de  la  *pág« 
201  —  203,  no  hemos  podido  menos  de  preguntarnos  ¿cómo  se  ha 
cumplido  tan  patriótico  y  espléndido  programa? 

Por  una  extraña  coincidencia ,  en  La  Ra:^on  de  hoy,  el  periódico 
mas  autorizado  del  partido  constitucional,  encontramos  algunas 
expresivas  líneas,  que  envuelven  serios  cargos  al  Gobierno  y  una 
protesta  contra  los  abusos  cometidos  en  la  designación  de  los  co- 
legios, que  deben  proceder  á  la  elección  de  cuatro  Senadores. 
¿Se  consumará  el  atentado,  ó  reaccionará  el  General  Tajes  á  últi- 
ma hora,  cumpliendo  la  solemne  promesa  hecha  al  pueblo  en  el 
banquete  de  San  Felipe? /^/¿/^.  202), 

«A  estar  á  los  datos  que  se  tienen  y  á  los  antecedentes  de  esta 
elección,  el  hecho  se  ha  producido  en  medio  del  retraimiento  de 
los  partidos  populares,  que  ni  proclamaron  un  solo  candidato  ni 
se  dieron  á  influir,  de  cualquier  modo,  con  relación  á  los  candi- 
datos soi  dissant  oficiales  ú  oficiosos. 

¿Cuál  es  la  causa  de  esta  inercia  en  nuestros  grandes  centros  de 
opinión  ?  ¿  Por  qué  falta  al  rededor  de  las  urnas  esa  agitación  que 
caracteriza  la  vida  progresiva  de  las  democracias? 

Ya  lo  dijimos  antes  de  ahora.  —  El  sufragio,  la  primera  función 


424  ECOS  DE   UN   BANaUETE   POLÍTICO 

del  ciudadano  libre  en  una  República,  no  conmueve  á  los  partidos 
porque  ninguno  de  ellos  confía  en  la  verdad  de  su  ejercicio;  por- 
que practicándolo,  saben  que  no  llenan  un  deber  de  patriotismo, 
sino  que  colaboran  en  la  obra  del  fraude  electoral,  cuando  preci- 
samente ese  fraude  es  el  cáncer  de  nuestra  vida  política  que  hay 
necesidad  de  estirpar  desde  luego. 

Esa  es  la  razón  de  su  inercia  y  la  de  ese  silencio  que  rodea  las 
urnas,  mas  elocuente  aun  que  la  mas  viva  de  las  protestas. 

Hablamos  así  porque  queremos  que  no  se  defrauden  los  éfSfuer- 
zos  que  ha  hecho  nacer  en  todos  los  corazones  esta  resurrección 
de  la   República. 

Al  aceptar  la  evolución  de  Noviembre  ya  sabíamos  que  debía- 
mos abandonar  toda  impaciencia  para  fiarle  al  tiempo  las  mejoras 
y  las  reformas  de  nuestra  política,  pero  no  aceptamos  otra  cosa. 

No  asentimos  de  ningún  modo  á  cualquiera    reacción   que  se 
desee  producir  en  la  marcha  de  los  negocios  públicos,  en  acata- 
miento Á  los  viejos  ídolos  y  á  las   tradiciones  con  que  entonces 
rompió  la  nueva  época.»  —  La  Ra^on. 
1888. 

Mi  querido  amigo  Desteffanis  :  Gracias  por  su  bella  traducción 
que  acabo  de  leer  en  U Italia. 

Vd.  es  de  los  traductores  que,  como  los  lapidarios,  dan  brillo 
con  su  cincel  aun  á  las  piedras  mas  toscas. 

Agradezco  al  distinguido  escritor  italiano  que  en  todas  las  épo- 
cas, al  frente  de  diarios  tan  importantes  como  Vitalia,  ha  sido 
siempre  noble  y  desinteresado  defensor  de  las  instituciones  en  mi 
Patria,  así  como  á  mis  paisanos  y  particularmente  al  patriota 
tribuno  Dr.  D.  Jo>é  P.  Ramírez,  los  afectuosos  conceptos  que  en 
la  prensa  y  fuera  de  ella,  se  han  ser\-ido  expresar  con  motivo 
do  la  poesía  traducida  por  Vd.  magistralmente  en  su  número 
de  hoy. 

A  p^sar  del  invierno,  dicen  ellos  que  todavía  quedan  en  mi 
huerto  algunas  flores  ;  acéptelas  Vd.  todas,  en  vez  de  los  slrali 
Jt^lla  mia /an'irj  con  que  teme  Vd.  le  obsequie,  tratándole  como 

Hago  votos  por  la  felicidad  de  Vd.  y  de  todos  los  que  le  sean 
caros,  en  el  nuevo  año,  y  esporo  tener  pronto  la  satisfacción  de 
verlo  rciusiahuio  f  va  ¡o  ha  si  Jo  /  on  la  cátedra  de  que  fué  Vd.  ile- 


APÉNDICE  425 


galmente  destituido  porque  ni  Santos  ni  nadie  tiene  derecho  para 
despojar  de  su  investidura,  sin  previo  juicio  y  sentencia  de  juez 
competente,  á  un  profesor  que  haganado  su  cátedra  por  oposición. 

Aunque  no  vaya  ahora  en  persona  á  estrecharle  la  mano,  sabe 
Vd.  que  mi  espíritu  acompaña  siempre  á  los  que  ama. 

Pero  el  día  de  la  reinstalación,  crea  que  no  faltará  en  cuerpo  y 
alma,  si  le  es  posible,  su  viejo  amigo. — A.  M.  C. 

S/C.  Diciembre  31  de  1886.» 

O  — ¿ORIENTAL  Ó  ARGE^iTlNA?  —  Referen c¿a  de /a  pdrr. 
216,  nota  8.  —  Delfina  Vedia  de  Mitre,  á  quien  el  poeta  Orien- 
tal al  cantar  su  muerte  ha  llamado: 

La  pura  y  bendecida 

Blanca  flor  de  las  selvas  Uruguayas, 
suponiéndola  nativa  de  Montevideo,  es  la  hija  legítima  de  ambas 
orillas  del  Plata,  que,  según  la  expresión  del  mismo, 

Embalsamó  la  vida 

En  las  nativas  y  extranjeras  playas. 
Por  su  estirpe  pertenece  al  Oriente,  por  su  origen  al  Occidente 
Argentino,  y  por  su  prole  á  ambas  regiones  hermnnas. 

Nació  en  la  ciudad  de  Buenos  Aires  el  día  12  de  Diciembre  de 
1819,  y  fué  bautizada  en  la  parroquia  de  la  Catedral  el  24  del 
mismo  por  el  doctor  D.  Julián  Segundo  de  Agüero,  con  el  nom- 
bre de  Delfina  María  Luisa. 

Fueron  sus  padres,  el  General  don  Nicolás  de  Vedia,  guerrero 
ilustre  de  la  Independencia  Argentina,  y  doña  Manuela  Pérez, 
santa  madre  de  familia,  naturales  ambos  de  Montevideo  y  descen- 
dientes de  los  mas  antiguos  pobladores  de  esta  ciudad. 

Educada  virilmente  por  su  mismo  padre,  que  era  un  espíritu 
cultivadocon  virtudes  nativas  y  principios  sólidos,  crióse  espon- 
táneamente como  la  flor  de  la  naturaleza,  al  lado  de  siete  herma- 
nos mas,  en  una  pintoresca  casa-quinta  de  los  alrededores  de 
Buenos  Aires,  donde  aquél,  á  la  sazón  retirado  del  servicio  mili- 
tar, se  ocupaba  en  fabricar  ladrillos  para  proveer  al  sustento  de 
su  numerosa  familia,  después  de  haber  contribuido  gloriosamente 
ala  edificación  de  un  pueblo  libre.  El  inoculó  á  su  hija  su  temple 
intelectual  y  moral,  su  fibra  patriótica  y  su  amoral  estudio,  cuali- 
dades que  unidas  á  la  ingénita  bondad  del  alma  de  su  madre^ 
constituían  el  fondo  de  su  carácter  sencillamente  grave  y  profun- 
damente tierno  á  la  vez. 


i 


426  ¿ORIENTAL   Ó   ARGENTINA? 

En  este  teatro  risueño  y  semi-riistico,  tuvo  la  primera  revela- 
ción de  los  dolores  domésticos.  El  menor  de  sus  hermanos,  el 
Benjamin  de  la  familia,  que  llevaba  el  nombre  de  Cicerón,  en 
homenaje  al  autor  predilecto  de  su  padre,  murió  trágicamente, 
cayendo  como  una  fruta  temprana  de  lo  alto  de  un  árbol,  en  mo- 
mentos en  que,  con  la  sonrisa  del  candor  en  los  labios  y  la  boca 
impregnada  de  dulzura  y  perfumes,  arrojaba  frutas  maduras  á  sus 
compañeros  de  infancia. 

Mas  tarde  debía  tenerla  revelación  de  otros  dolores  mas  pro- 
fundos, cuando  en  la  plenitud  de  su  razón   pudiera   darse  cuenta 
de  ellos.  — Corona  fúnebre, 
1882. 

Siendo  el  General  Mitre  el  protagonista  de  la  composición  Lo 
que  te  queda,  están  bien  aquí  los  párrafos  siguientes  sobre  su  rein- 
corporación al  ejército  en  su  grado  de  Teniente-General. 
<cSr,  D.  Bariolotnc  Mitre. 

Montevideo,  Agosto  10  de  1883. 

Acuso  recibo  á  su  apreciable  del  8  que  llegó  á  mis  manos  ayer, 
felicitando  á  Vd.  y  á  sus  nobles  compañeros,  ó  mejor  dicho  á  la 
República  Argentina,  por  la  reincorporación  á  su  ejército  de  las 
primeras  espadas,  y  de  los  primeros,  mas  gloriosos  y  meritorios 
adalides  de  aquella  legión  sagrada,  que  combatió  sin  tregua  á  la 
tiranía  durante  veinte  años,  con  el  hierro  ó  con  la  pluma,  de  un 
extremo  á  otro  de  la  América  ;  contribuyó  personalmente  á  hun- 
dirla en  Caseros,  y  tuvo  la  grande,  imperecedera  gloria  de  reor- 
ganizar luego  la  Patria  dislocada,  y  éntrelos  aplausos  del  mundo, 
saludada  y  aclamada  con  respeto  por  las  primeras  naciones,  verla 
ocupar  á  su  lado,  libre  y  constituida^  el  rango  que  le  corresponde. 

Ese  acto  de  justicia,  de  alta  política  y  de  previsor  patriotismo, 
hade  ser  fecundo  en  resultados  para  todos,  si  como  debe  presu- 
mirse, hay  la  voluntad  de  allanar  todas  las  barreras  paríf  que  los 
partidos  puedan  organizarse  con  éxito  y  luchar  libremente  en  e^ 
terreno  pacífico  de  la  ley.  Pero,  en  fin.,.,  esperemos:  no  seria 
justo  ni  decoroso  por  el  momento  anticipar  juicios  temerarios. 

Hoy  por  hoy,  el  presidente  Roca  y  sus  amigos  han  demostrado 
que  son  realmente   argentinos. 

Y  su  proceder  los  honra  sobremanera  como  hombres  de  Estado 
y   dignos  ciudadanos. — A.  M.  C. 


APÉNDICE  427 


P  — CRUZADA  ARGENTINA.  — §  I />i^.  219  ^k  mediados 
de  Mayo  de  este  año  ( 1846),  en  vísperas  de  alejarnos  de  nuestro 
país,  publicamos  el  primer  canto  que  fué  calificado  por  el  apre- 
ciable  sujeto  á  quien  se  lo  dedicamos,  como  introducción  de  un 
poema  á  Montevideo. 

En  unacartaquese  halla  al  frente  de  dicho  canto,  manifestando 
muy  por  encima  nuestra  idea,  indicándola  apenas,  dijimos  que 
deseábamos  trabajar  algo  nuestro,  es  decir,  americano  ;  y  que, 
»  para  conseguirlo,  nada  nos  habia  parecido  mas  adecuado,  que 
» echar  una  ojeada  sobre  nuestra  historia  contemporánea ;  y, 
>  poetizando  algunos  de  sus  episodios  mas  notables,  buscar  las 
»  relaciones  que  los  ligan,  tomando  por  base  y  punto  de  par- 
»  tida  la  Defensa  de  Montevideo.  7> 

También  manifestamos  en  esa  carta,  nuestra  decidida  voluntad 
de  consagrar  á  este  trabajo,  ya  en  Europa,  ya  en  otra  cualquier 
parte  donde  nos  lleve  el  destino,  todo  el  tiempo  que  nos  dejasen 
libre  nuestros  estudios. 

Ahora  bien,  como  sucede  frecuentemente  en  los  proyectos  de 
los  pobres  humanos  —  el  viaje  no  se  realizó — y  ya  estaba  el 
canto  impreso  y  en  circulación,  cuando  supimos,  que  otra  vo- 
luntad superior  á  la  nuestra,  habia  dispuesto  —  que  se  transfi- 
riese hasta  mejor  oportunidad. 

Entretanto,  nosotros  creyendo  que  el  referido  viaje  era  inevi- 
table, habiamos  prometido  bosquejar  algunos  cuadros  históricos; 
y  el  canto  I  no  es  mas  que  una  Introducción,  un  proemio,  un 
trozo  lírico  que  no  puede  tener  otro  carácter  que  el  que  quisi- 
mos darle  al  hacer  nuestra  despedida. 

Fácilmente  comprenderán  nuestros  lectores  que,  permane- 
ciendo aquí,  nos  veíamos  en  la  alternativa,  ó  de  trabajar  á  lo 
menos  un  cuadro  histórico  de  los  prometidos,  por  el  cual  se 
pudiese  jnzgar  si  eramos  capaces  de  cumplir  nuestras  promesas  ; 
ó  someternos  sin  murmurar  al  dictado  áe  jactanciosos  que  cual- 
quiera podria  darnos,  repitiendo  nuestras  propias  palabras,  y 
examinando  el  modo  como  las  cumplíamos. 

Acaso  nos  engañemos;  acaso  se  precipiten  los  sucesos,  y  antes 
que  se  acabe  de  imprimir  este  libro,  la  atención  general  se  halle 
tan  preocupada,  que  sea  indiferente  á  cuanto  la  rodee  ....  En  ese 


í 


428  CRUZADA  ARGENTINA 

caso,  lo  arrojaremos  al  público,  como  se  arroja  desde  la  cima  de 
un  torrente  una  flor,  y  se  halla  un  placer  mezclado  de  tristeza  en 
veYla  desaparecer  con  la  velocidad  del  rayo,  y  un  momento  des- 
pués, reaparecer  en  su  álveo  quebrantada  en  mil  pedazos. 

Hace  tiempo  que  trabajamos,  sin  esperar  mas  recompensa,  uti- 
lidad ni  compensación,  que  la  satisfacion  y  placer  que  nos  oca- 
siona el  mismo  trabajo. 

Tal  es  la  historia  franca  y  verídica  del  nacimiento  y  motivos 
que  nos  han  impulsado  á  publicar  este  canto. 

Una  palabra  ahora  sobre  la  obra,  considerada  bajo  el  punto  de 
vista  artístico. 

Nos  ha  parecido  que  antes  de  narrar  los  sucesos  de  la  presente 
guerra,  debiamos  remontarnos  hasta  su  origen  y  examinar  los 
que  la  han  traído.  Al  hacer  un  estudio  especial  de  esa  época,  he- 
mos encontrado  en  la  empresa  de  Lavalle  uno  de  los  rasgos  mas 
bellos  y  grandiosos  que  ofrece  nuestra  historia  contemporánea;  — 
y  como  nadie  ignora  la  influencia  que  estos  acontecimientos  han 
tenido  después;  como  están  íntimamente  ligados  con  la  historia  de 
nuestra  patria;  como  es,  por  decirlo  así^  el  primer  eslabón  de  esa 
larga  cadena  de  hechos  gloriosos,  que  se  extiende  desde  las  ori- 
llas del  Plata  hasta  la  falda  de  los  Andes,  y  que,  sin  estar  con- 
cluida aún,  se  ensancha  y  agranda  cada  día,  por  mas  que  la  lanza 
del  despotismo  parezca  trozar  uno  á  uno  sus  anillos,  con  íntima 
satisfacción,  con  la  alegria  que  siente  un  avaro  cuando  halla  una 
pieza  de  oro,  nos  hemos  apoderado  de  ese  sublime  episodio  para 
ponerlo  de  cimiento,  y  edificar  sobre  él  el  vasto  edificio  de  nues- 
tro futuro  poema. —  No  nos  ha  arredrado  ni  la  grandeza  del  asunto 
ni  las  muchas  dificultades  con  que  hemos  tenido  que  luchar,  ni 
el  presentimiento  de  que  no  las  superariamos,  con  la  maestria  y 
perfección  que  el  asunto  demandaba. 

Creemos  que  para  la  mayor  parte  de  los  lectores,  este  libro  es 
uno  de  aquellos  que  no  pueden  ser  bien  comprendidos,  sin  entrar 
á  cada  paso  en  explicaciones  que,  en  la  poesía,  son  de  por  sí,  ó  tan 
prosaicas,  que  aunque  se  vistan  con  las  galas  de  la  rima  siempre 
conservan  su  primitiva  frialdad  y  aridez,  ó  bien,  embarazosas,  pe- 
sadas^ opuestas  á  la  unidad  y  desarrollo  rápido  de  la  idea.  Este 
retardo  disminuye  el  interés  y  descolora  la  narración  por  viva  y 
animada  que  sea.  Empero,  como  para  poder  apreciar  los  hechos 


APÉNDICE  429 


en  lo  que  valen,  es  necesario  que  el  lector  conozca  á  fondo  sus 
antecedentes  ;  y  para  esto,  en  la  suposición  de  que  no  todos  los 
sabei\,  es  indispensable  referirselos  de  algún  modo,  de  aquí  nace 
la  necesidad  de  aclarar  con  notas  explicativas  algunos  pasajes  dei 
texto,  que  no  están  al  alcance  de  la  generalidad. 

Esta  dificultad  se  aumenta  mas  y  mas,  cuando  se  abraza  toda 
una  época  histórica,  contemporánea,  y  se  siguen  uno  tras  otro,  los 
variados  acontecimientos  que  comprende;  á  aveces  ocurridos  si- 
multáneamente, mal  dilucidados,  ensalzados  por  unos  y  condena- 
dos por  otros;  cuando  se  abraza  una  época  para  examinarla  por 
todas  sus  faces,  buscar  el  espíritu  que  la  anima,  y  beber  en  ella  la 
savia  de  la  moralidad  filosófica  que,  en  nuestro  dictamen,  debe 
nutrir  las  altas  concepciones  de  la  Musa  americana,  aunque  mu- 
chas veces  se  sacrifique  la  inspiración  á  la  verdad  de  los  hechos,  y 
á  la  influencia  que  su  simple  relato  puede  ejercer  en  las  creencias 
populares.  Estas  consideraciones,  y  otras  que  suprimimos  en  obse- 
quio de  la  brevedad,  nos  han  impulsado  á  redactar  las  notas  que 
van  á  leerse.  Repetimos  que  no  las  hemos  escrito  para  los  que 
están  al  corriente  de  los  sucesos,  sino  para  aquellos  que  no  tienen 
una  idea  exacta,  ó  los  han  olvidado  aunque  acaecidos  ayer,  con  la 
facilidad  con  que  se  olvida  todo  entre  nosotros. 

Pero,  desconfiando  de  nuestra  capacidad,  siempre  que  hemos 
encontrado  un  documento  ó  palabras  de  algún  escritor  americano, 
que  hemos  creído  de  mas  peso  que  las  nuestras,  los  hemos  pre- 
ferido. • 

Nuestro  particular  é  ilustrado  amigo,  Dr.  1).  Valentin  Alsina, 
con  la  bondad  que  le  caracteriza,  apenas  supo  nuestro  propósito, 
espontánea  y  generosamente  no  sólo  puso  á  nuestra  disposición 
su  biblioteca  y  colección  de  periódicos,  sino  que  también  tuvo  la 
atención  de  facilitarnos  algunos  apuntes  hechos  por  él. 

Ademas,  casi  todas  las  veces  que  le  hemos  consultado,  ha 
disipado  nuestras  dudas,  ó  nos  ha  indicado  el  medio  de  conse- 
guirlo. 

Altamente  agradecidos  al  generoso  estímulo  que,  al  empezar 
nuestra  carrera  nos  prodiga  ;  ciertos  que  nada  que  nosotros  diga- 
mos aumenta  un  ápice  su  justa  y  bien  sentada  reputación,  pero 
deseosos  que  los  que  no  le  conocen,  sepan  los  títulos  que  ha  tenido 
para  que  le  dediquemos  nuestro  trabajo,  contra  su  voluntad,  mal 


í 


430  CRUZADA  ARGENTINA 


que  le  pese,  queremos  darle  aquí,  en  estas  cortas  líneas,  un  testi- 
monio público  de  nuestro  aprecio  y  sincero  agradecimiento. 

Entre  el  reducido  número  de  amigos  á  quienes  leímos  nuestra 
obra  después  de  concluida,  se  encuentran  los  SS.  General  D.  To- 
mas Iriarte  y  D.  Andrés  Lamas.  El  primero,  á  pesar  de  estar  este 
trabajo  enteramente  concluido  como  ya  dijimos,  por  si  acaso 
queriamos  añadir  ó  modificar  algo,  puso  generosamente  á  nuestra 
disposición  una  parte  de  sus  manuscritos,  donde  están  consigna- 
dos los  hechos  á  que  nos  referimos  en  este  canto  :  — manuscritos 
que  nos  reconocemos  incompetentes  para  juzgar,  pero  que  he- 
mos leído  con  gran  placer  y  nos  han  parecido  de  un  mérito  so- 
bresaliente. El  segundo,  con  no  menos  generosidad,  varias  cartas 
y  la  continuación  de  sus  importantes  apuntes  sobre  las  <í:Agre- 
sioiies  de  Rosas  á  esta  República, 7>  Obra  concienzuda  y  laboriosa, 
mas  patriótica  que  literaria,  como  el  mismo  lo  confiesa  ipdg.  22), 
pero  rica  de  datos  y  hechos  históricos  que  el  autor  ha  sabido  coor- 
dinar maravillosamente  con  los  copiosos  interesantísimos  docu- 
mentos que  ilustran  el  texto,  como  habrá  visto  el  público  en  la 
parte  que  conoce. 

Obligados,  aunque  en  escala  muy  inferior,  á  hacer  un  trabajo 
parecido,  creemos  poder  valorar  la  obra  del  Sr.  Lamas.  Su  exac- 
titud nos  ha  sorprendido;  sólo  se  podrá  apreciar  bastantemente, 
hojeando  los  diarios  sin  poder  encontrar  una  fecha  ó  un  suceso 
cuyos  antecedentes  hemos  olvidado.  Trabajo  ingrato,  fastidioso, 
abrumante. . . .  pero  indispensable  al  que  no  quiere  fiarse  en  lo 
que  le  dicen  ó  en  la  memoria  propia  ó  ajena.  Trabajo  mas  propio 
del  cronista  que  del  historiador  ó  el  poeta;  que  absorve  un  tiempo 
precioso,  y  fatiga  y  postra  mas  el  espíritu  que  el  doble  empleado 
en  otra  cualquiera  operación  intelectual. 

Deseosos  de  aprovechar  la  buena  voluntad  de  estos  señores  y  de 
enriquecer  nuestra  obra  con  nuevos  datos,  hemos  rehecho  algu- 
nas notas,  modificado  otras,  y  substituido  á  otras;  —  palabras  tex- 
tuales de  los  manuscritos  que  nos  han  facilitado. 

Creemos  indispensables  estas  explicaciones  antes  de  pasar  ade- 
lante :  ellas  nos  ahorrarán  otras  muchas  y  serán  una  recomenda- 
ción en  nuestro  favor,  si,  como  esperamos,  se  comprende  el 
espíritu  que  las  ha  dictado. 

A  lo  menos  nadie  dirá  de  nosotros  : 


APÉNDICE  431 


—  Se  quedó  tan  sereno 

Como  ingrato  escritor, 

Que  del  auxilio  ajeno 

Se  aprovecha  y  no  cita  al  bienhechor. 

Montevideo,  Agosto  8  de  1846. 

( Iriarte.    Fab,    Lit,  LII,  ) 

La  verdadera  y  buena  originalidad,  dice  un  reputado  crítico 
español,  ni  se  pierde  ni  se  gana  por  copiar  pensamientos,  ideas 
ó  imágenes,  ó  por  tomar  asuntos  de  otros  autores.  La  verdadera 
originalidad  está  en  la  persona  cuando  tiene  ser  fecundo  y  valer 
bastante  para  trasladarse  al  papel  que  escribe,  y  quedar  en  lo  es- 
crito, como  encantada,  dándole  vida  inmortal  y  carácter  propio. 
(  ^-  P^fí'  i^^')  párrafo  de  Mármol. 

El  gran  poeta  tiene  corazón  y  entendimiento  en  perfecta  con- 
sonancia con  su  país  y  con  su  época;  y  dice  lo  que  todos  dicen 
en  su  época  y  en  su  país,  si  bien  lo  dic¿  major  y  m  ís  lindamente 
y  con  el  encanto  inefable  y  misterioso  de  quien  pone  en  ello  toda 
el  alma.  — Juan  Valer  a, 
1878. 

II    La    CiUERRA    ESTALLA  —  DeSASTKH    DE   PaGO-LaKGO, /><(^.  220. 

—  Esta  fué  una  guerra  puramente  civil,  no  de  extranjeros  y  na- 
cionales como  repiten  á  cada  paso  los  periódicos  Rosines  de  B.  A. 
y  el  Cerrito.  Si  hubiese  alguna  duda,  no  habria  mas  que  leer  el 
artículo  I  de  la  ley  sancionada  el  8  de  Julio  de  1838,  en  que  se 
autoriza  al  P.  E.  para  <{.  abrir  inmediatamente  negociaciones  con 
el  jefe  dt.*  los  disidentes:  (Univ.  N.^  2631  )  palabia  que,  como 
observa  el  Dr.  Alsina  en  su  extenso,  valiente  estudio  (  Posdata  etc. 
N.o  1680,  81  y  82  del  Nacional),  en  que  \\\  probado  cuanto  dice 
con  documentos  intachables  tomados  de  los  mismos  enemigos, 
importa  la  apreciación  de  un  hecho  notorio: — esto  es,  que  el 
país  estaba  dividido  en  dos  facciones,  en  cuyo  caso,  según  la 
opinión  de  todos  los  publicistas,  es  cuando  una  nación  se  halla 
en  guerra  civil. 

Después  déla  batalla  del  Palmar,  una  división  del  ejército  de 
Rivera  a  las  órdenes  del  coronel  Silva,  vino  á  sitiar  á  Oribe,  en- 
cerrado con  algunas  fuerzas  urbanas  en  Montevideo.  A  fines  de 
Setiembre  presentóse  Rivera.  A  mediados  de  Octubre  una  co- 
misión compuesta,  por  parte  del  Gobierno,  de  los  SS.  D.  L  Oribe» 


i 


\ 


432  CRUZADA   ARGENTINA 


Dr.  D.  J.  Alvarez,  D.  F.  J.  Muñoz,  D.  F.  Giró  y  D.  A.  Chucarro, 
y  por  parte  del  general  sitiador,  de  los  Señores,  Generales 
D.  A.  Medina  y  D.  E.  Martínez,  D.  Santiago  Vasquez,  D.  A. 
Lamas,  D.  J.  Suarez,  firmaron  la  Convención  de  Paz  que  puede 
verse  en  el  N.**  2719  del  Univ.  Oribe  el  2^  habia  hecho  formal- 
mente su. renuncia  que  se  publicó  el  29,  habiéndose  embarcado 
el  27  para  B.  A.  con  algunos  de  sus  parciales.  Importa  muchísi- 
mo fijar  estos  hechos  —  ellos  son  fértiles  en  deducciones  y  no 
necesitan  comentarios — pero  el  que  quiera  verlos  amplia  y 
menudamente  detallados,  los  encontrará  en  el  citado  estudio. 

A  los  pocos  días  de  estar  Oribe  en  B.  A.  apareció  con  una  enor- 
me cinta  punzó  enlazada  con  la  blanca,  que  nunca  se  quitó.  Es 
decir,  después  de  haber  hecho  confesión  de  sus  culpas,  como 
arras  del  pacto  de  sangre  que  habia  firmado,  presentó  humilde- 
mente su  pecho  al  gaucho  Rosas  para  que,  encima  de  la  marca 
voluntaria  que  el  se  habia  puesto,  le  pusiese  su  contramarca. 

Es  digno  de  observarse  que,  apesar  de  haber  Rosas  reconocido 
á  Oribe  de  presidente  legal ^  vociferado  que  sostiene  sus  derechos, 
y  que  su  intento,  sólo  era  reponerle  en  el  mando,  lo  dejó  arrum- 
bado en  B.  A.  y  fué  Echagüe,  general  Argentino,  quien  comandó 
el  primer  ejército  invasor  que  pasó  el  Uruguay  en  Julio  de  1839. 

La  ambición  y  la  envidia,  he  ahí  el  origen  de  todos  los  críme- 
nes de  Oribe.  Su  ambición  contenida  por  obstáculos  que  no  po- 
dia  vencer,  y  su  envidia  á  los  triunfos  y  popularidad  del  General 
Rivera,  «¿7/  que  ha  profesado  siempre  rencor  brutal ^  el  rejicor  que 
nutren  ¡as  almas  inferiores y7>  {Apuntes  Histéricos  ^ota  i^S),  El 
Sr.  Lamas  ha  desarrollado  esta  última  tesis,  y  la  ha  probado  con 
hechos  incontestables,  en  la  nota  citada. 

La  R.  O.  no  ha  hecho  mas  que  contestar  el  11  de  Marzo  de  1839 
(Manif.  de  guerra  pub.  ese  día  en  Mont.J^  á  la  guerra  que  de  he- 
c/io  le  habia  declarado  Rosas  hacia  mucho  tiempo.  El  art.  ya  cit. 
del  Dr.  Alsina,  prueba  hasta  la  evidencia,  que  el  tirano  de  B.  A. 
no  ha  tenido  otra  ocupación  desde  el  año  36  —  y  D.  A.  Lamas 
en  sus  A.  H.,  cuyo  principal  objeto  es  el  desarrollo  de  esta  mis- 
ma idea,  unida  á  otras  muchas  de  alta  trascendencia,  nos  descu- 
bre fpág,  ^4)  que  desde  que  Rosas  ha  podido,  esto  es,  desde  el 


APÉNDICE  433 


año  30,  ha  empezado  á  hostilizar  á  nuestro  país  con  reclamacio- 
nes y  exigencias  falaces  é  irracionales,  como  por  ejemplo,  que 
no  se  escribiese  aquí  nada  contra  su  gobierno  :  cuando  — 

«Za  ¡ibertadde  imprenta  consagrada  por  las  leyes  de  este  país, 
que  señalan  d  los  agraviados  los  medios  legales  de  obtener  su  satis- 
facción,  y  el  castigo  de  los  que  abusen  de  ella  en  cualquier  sentido, 
no  deja  á  la  autoridad  pública  otro  medio  de  intervención  ^  que  el 
poco  ó  ningún  iyiflujo  sobre  las  opiniones  de  escritores  que  no  de- 
penden de  ella,  1» 

Como  le  contestó,  (Nota  del  30  de  Setiembre  de  1830)  D.  J. 
Francisco  Giró,  nuestro  Ministro  entonces  de  R.  E. 

El  heroismo  de  Corrientes  es  admirable.  Seis  veces  ha  sido  in- 
vadida :  y  cuando  no  se  ha  ceñido  de  laureles,  ha  caído  peleando 
valerosamente.  Enla  primera  invasión  (Marzo  de  1839),  fué  dego- 
llado mas  de  la  mitad  de  su  ejército  en  la  batalla  de  Pago-Largo, 
y  muerto  su  valerosísimo  jefe  Beron  de  Astrada.  En  la  segunda 
(Enero  de  1840),  López  llega  hasta  el  río  Corrientes  en  busca  de 
Lavalle,  y  retrocede  espantado  ;  tan  espantado,  que  ni  siquiera 
se  detiene  en  Entrerrios,  sino  que  repasa  el  Paraná  y  se  vuelve  á 
Santa  Fé.  En  la  tercera  (Octubre  de  1840),  Echagüe,  que  la  habia 
invadido  creyéndola  indefensa,  la  abandona  precipitadamente, 
al  encontrarse  con  un  ejército  débil  en  número,  pero  fuerte  en 
disciplina  y  entusiasmo,  organizado  por  Paz.  En  la  cuarta  (Sept. 
de  184 i),  destroza  completamente  en  Caa-gua^ú  el  28  de  No- 
viembre, al  ejército  de  Echagüe.  En  la  quinta,  (Enero  de  2843),  á 
consecuencia  de  la  batalla  del  Arroyo-Grande  y  es  sometida  de 
nuevo  :  —  pero  muy  pronto  los  Madariagas  vuelven  del  Brasil  en 
donde  estaban  proscriptos,  enarbolan  su  bandera  y  la  libertan  de 
sus  opresores.  Y  en  la  sexta  (Febrero  de  1846),  reduce  á  la  última 
extremidad  á  Urquiza,  que  se  le  escapa  de  entre  las  manos,  gracias 
á  la  superioridad  de  sus  caballadas. 

Ademas  de  haber  muerto  como  un  héroe,  tiene  Beron  de  As- 
trada la  gloria  imperecedera,  de  haber  sido  el  primer  Gobernador 
de  una  Provincia  Argentina,  que  se  ha  levantado  contra  la  tiranía, 
el  primer  gobernador  que  ha  muerto  sosteniendo  los  inalinea- 
bles  derechos  del  pueblo  que  depositó  en  él  su  confianza. 

•8 


434  CRUZADA  ARGENTINA 


El  aniquila)niento  de  nuestra  prosperidad  maiertal  es  uno  de 
los  principalísimos  objetos  déla  invasión  de  i?05¿ij(  Decreto  del  i.*^ 
de  Agosto  de  1843.  — ^^<^-  N.°  1391),  decia  uno  de  los  miembros 
de  la  vigorosa  administración  que  salvó  la  capital  y  con  ella  la 
República.  Esto,  que  los  sucesos  posteriores  han  confirmado  des- 
pués, y  las  famosas  palabras  de  la  Gaceta  :  «  Es  preciso  reducir 
á  Montevideo  á  su  estado  normal 7>  idea  que  se  encuentra  tam- 
bién, disfrazada  con  otras  palabras,  en  el  British-Packet  del  15 
de  Mayo  de  1841  {Art,  transcrito  al  Nac,  N.°737)  confirman  am- 
pliamente las  pretensiones  de  Rosas  á  este  respecto. 

Creeriamos  perder  tiempo  en  demostrar  lo  que  salta  á  la  vista. 
El  sistema  bárbaro  de  Rosas  está  en  oposición  con  todos  los 
principios,  con  todos  los  gobiernos  que  hagan  resaltar  mas  su 
despotismo.  El  contraste  que  ha  ofrecido  siempre  Montevideo, 
era  demasiado  vivo  para  que  no  despertase  sus  prevenciones,  su 
odio,  su  deseo  de  ahogar  entre  olas  de  sangre  la  voz  del  pro- 
greso y  la  civilización,  que,  en  la  ribera  opuesta  del  Plata,  recar- 
gada de  buques  y  pabellones  extranjeros,  delataba  al  mundo  su 
barbarie  y  su  tiranía. 

Porque  en  efecto,  «hay  aquí  un  combate  á  muerte  entre  la  bar- 
barie y  la  civilización,  entre  la  virtud  y  el  crimen,  entre  los  princi- 
pios de  orden,  de  paz  y  de  comercio,  y  un  sistema  de  espolia- 
cion  y  de  trastorno  que  ahoga  y  mata  toda  producción,  que 
perturba  las  relaciones,  quiebrji  los  vínculos,  conmueve  de  raíz 
los  fundamentos  de  la  sociedad,  y  tiende  irremediablemente  á 
segregar  estas  regiones  de  la  familia  humana  y  comercial ».  {Ar- 
tículo de  D,  A.  Lamas  escrito  é  impreso  por  orden  del  gobierno 
al  frente  de  las  notas  de  los  Ministros  Plenipotenciarios  Dejfau- 
dis  y  Ouselcy,  Declaración  del  Bloqueo ^  etc. y  folL  de  16 pág.,  — 
Imprenta  del  Nacional  —  1845). 

El  deseo  que  Rosas  alimenta  de  quitar  este  último  asilo  á  sus 
enemigos  en  el  Río  de  la  Plata,  es  muy  remoto  ;  ya  en  1830,  con 
motivo  del  asunto  de  la  Sarandi,  inició  esa  idea  por  medio 
de  su  ministro  D.  T.  M.  Anchorena,  diciendo  :  —  <^que  no  seria 
extra/lose  negase  la  hospitalidad  á  los  refugiados,  atenta  la  gra- 
titudy  los  intereses  comunes  de  los  pueblos  del  Plata, »  (  Nota  fecha 
,10  de  Setiembre  de  ese  año.  —Univ.  N.o  ^47)  y  en  1836,  en  aten- 
ción sin  duda   á  los  intereses  comunes  y  mandó  Oribe  violenta 


APÉNDICE  435 


mente  desterrados  al  Brasil  á  los  SS.  Rivadavia,  Dr.  Agüero,  D. 
J.  M.  Carril,  Dr.  Gallardo,  Dr.  Navarro,  Dr.  Valencia,  Dr.  Ahi- 
na, Dr.  Pico,  D.  J.  L.  Bustamante,  Dr.  Peña,  D.  J.  C.  Várela, 
Dr.  Torres — todos  Argentinos. 

Expondremos  con  la  sobriedad  que  exigen  estos  apuntes,  sin 
entraren  detalles  que  nosUevarian  muy  lejos,  algunos  délos  he- 
chos mas  conspicuos,  que  hacen  suponer  en  Rosas  la  pretensión 
de  reconstruir  el  antiguo  virreynato  de  Buenos  Aires. 

I. o  Sostener,  como  han  sostenido  hasta  el  fastidio  su  Gaceta  y 
gaceteros,  que  el  territorio  y  los  límites  de  la  República  Argen- 
tina son  y  deben  ser,  los  que  tenia  cuando  se  hizo  la  revolución. 

2. o  La  ingerencia  que,  desde  su  elevación  al  poder,  ha  querido 
tener  en  los  asuntos  de  los  Estados  vecinos,  muy  especialmente 
en  los  de  la  Banda  Oriental. 

3.0  La  protección  que  dispensa  á  Oribe  desde  1836,  con  per- 
juicios, azares  y  sacrificios  de  todo  género. 

4.0  No  haber  querido  reconocer  jamás  la  independencia  del 
Paraguay. 

5.0  Haber  rechazado  el  ventajosísimo  tratado  que,  con  mengua 
de  su  dignidad,  le  propuso  el  Brasil  en  1843. 

6.0  Su  terca  obstinación  en  negar  no  sólo  la  navegación  del 
Paraná  y  sus  afluentes,  sino  también  la  de  los  ríos  interiores  como 
el  Pilcomayo^  al  que  tiene  tanto  ó  mas  derecho  que  él  la  Repú- 
blica de  Bolivia. 

7.0  La  ridicula  manía  de  sostener  Legalidades  y  constituirse 
campeón  y  juez  en  causas  que  no  le  competen  ;  como,  además  de 
Oribe,  hace  con  Velazco,  ex-presidente  de  Bolivia,  al  que,  á  pesar 
de  haber  reconocido  á  Ballivian,  conserva  en  su  territorio,  lison- 
jeándole, con  el  ostensible  objeto  de  servirse  de  él,  el  día  que 
rompa  con  aquel  Estado. 

8.0  Su  tenaz  y  constante  anhelo  de  alejar  del  Río  de  la  Plata  la 
influencia  Europea,  negándose,  ya  enmascarada,  ya  abiertamente 
á  toda  transacción  racional  desde  1842  en  que  llegó  á  Montevi- 
deo el  memorable  Mr.  Mandeville,  hasta  ahora  poco  en  que  llegó 
el  no  menos  memorable  Mr.  Hood,  etc.,  etc. 

Todo  esto  reunido  prueba  que  el  gaucho  se  ha  llegado  á  figurar, 
allá  en  su  pobre  cabeza,  que  el  Río  de  la  Plata  es  una  grande  Es- 


436  CRUZADA  ARGENTINA 


tancia,  donde  anda  mucho  ganado  aleado,  que  él  con  buenos  ca- 
pataces, á  quienes  habilitará  al  efecto,  fácilmente  volverá  á  aco- 
rralar como  antes,  y  una  vez  acorralado,  podrán  cuerearlo  á 
medias  cuando  sea  tiempo  oportuno.  Porque  en  cuanto  á  eso  de 
apoderarse  de  la  hacienda  ajena,  tomada  esta  palabra  en  su  doble 
sentido,  no  es  muy  escrupuloso  el  Restaurador,  como  se  lo  ha 
probado  tantas  veces  el  infatigable  y  malogrado  Indarte.  (Véase 
por  lo  pronto  á  Rosas  y  sus  opositores^  págs.  193  y  96,  226,  27  y 
28  y  301  hasta  339. ) 

§   III.    LaVALLE  AL    FRENTE  DB    LA     REVOLUCIÓN, /)i^.     22^.  — Hc 

aquí  los  datos  que  hemos  podido  recoger  acerca  de  las  campanas 
de  Lavalle  :  nos  los  han  facilitado  personas  que  han  militado 
con  él.  Pocos  generales  habrán  escrito  con  su  espada,  una  hoja 
de  servicios  tan  gloriosa  como  la  suya.  Y  sin  embargo  que  no  la 
ofrecemos  completa  y  desconfiamos  que  algo  le  falte,  asimismo 
ella  prueba  lo  que  avanzamos  en  la  nota  3,  pág.  288  :  era  un 
héroe. 

El  general  D.  Juan  Lavalle  nació  el  16  de  Octubre  de  1797. 
Entró  á  servir  en  1812  ó  13,  en  el  regimiento  de  granaderos  á 
caballo  que  mandaba  el  coronel  D.  J.  San  Martin.  Los  primeros 
ensayos  militares  del  joven  Lavalle  fueron  en  nuestro  país, 
contra  Artigas  en  1814  y  15  ;  y  la  primera  acción  de  armas  en 
que  se  encontró,  el  combate  de  Arerungud,  en  clase  de  alférez. 
Pasó  después  á  Mendoza,  donde  se  organizó  el  ejército  de  los 
Andes  á  las  órdenes  de  San  Martin;  y  en  la  batalla  de  Chacabu- 
co,  el  12  de  Febrero  de  1817,  Lavalle  que  ya  era  teniente  del 
mismo  regimiento,  empezó  á  manifestar  todo  lo  que  debia  es- 
perarse de  su  valor.  Siempre  en  el  mismo  cuerpo,  hizo  en  clase 
de  capitán  la  campaña  sobre  el  Maule  y  se  encontró  en  la  sor- 
presa de  Cancha-Rayada  el  19  de  Marzo  de  1818.  Asistió  á  la 
batalla  de  Maipú  el  5  de  Abril  del  mismo  año  ;  y  en  ella,  como 
en  la  de  Chacabuco,  se  distinguió  como  buen  soldado.  Después 
hizo  la  campaña  al  Sud  de  Chile  á  las  órdenes  del  general  Bal- 
carce  :  correspondió  á  las  esperanzas  que  de  el  se  tenian  como 
valiente  en  el  bloqueo  de  Talcahuano  y  en  diferentes  combates 
de  caballeria,  que  tuvieron  lugar  durante  aquella  campaña.  En 
Agosto  de  1820  se  embarcó  con  su  regimiento,  que  hacia  parte 
del  ejército  expedicionario  y  libertador  del  Perú,  mandado  por 


APÉNDICE  437 


San  Martin.  Se  halló  en  diferentes  combates,  y  tuvo  una  parte 
activa  en  la  victoria  del  Cerro  de  PascOy  sirviendo  á  las  órdenes 
del  general  Arenales,  que  mandaba  una  división  que  maniobraba 
en  la  Sierra.  Promovido  á  Sargento  Mayor  de  su  regimiento,  fué 
poco  después,  mandando  uno  de  sus  escuadrones,  el  héroe  del 
combate  de  Rio-Bamba  ;  en  el  que,  varias  cargas  muy  atrevidas 
que  dio,  decidieron  la  victoria.  En  la  acción  de  Pincht'ncha,  La- 
valle  mandó,  á  las  órdenes  del  general  colombiano  Sucre,  el 
contingente  de  caballeria  del  ejército  de  los  Andes,  y  por  su 
brillante  comportacion  en  esa  jornada,  en  que  tuvo  buena  parte, 
fué  promovido  á  Teniente  Coronel  de  su  regimiento.  Hizo  tam- 
bién la  desastrosa  campaña  de  los  Fuer los-Inler medios ;  h2i' 
Wóse  en  Torata  y  en  Moquéhua  e\  21  de  Enero  de  1823,  donde 
habiendo  sido  herido  el  Coronel  de  su  regimiento  D.  E.  Neco- 
chea,  se  puso  á  su  frente  Lavalle,  y  combatió  con  tanta  tenacidad 
y  bravura  que  llenó  de  admiración  á  los  patriotas  y  á  los  rea- 
listas. Sin  duda  fué  allí,  donde,  protegiendo  la  retirada  del  ejér- 
cito, dio  cuarenta  carcas  en  un  día  y  medio,  (Sarmiento  —  Vida 
de  Quiroga,  pág.   194.) 

Después  de  esta  derrotase  embarcaron  en  Sayna  las  fuerzas  sal- 
vadas :  <si:el  buque  que  conducia  los  granaderos  á  caballo  habia 
varado,  de  modo  que  fué  preciso  á  estos  saltar  á  tierra,  y  atrave- 
sará pié  y  sin  recursos,  un  gran  espacio  de  arena  en  donde  corrie- 
ron el  riesgo  de  perecer  todos  de  sed  ;  pero  al  fin,  salvos  se  enca- 
minaban á  Lima  (Apunt.  sobre  la  sublevación  del  Callao  de  Lima 
en  1824  por  el  general  D.  E.  Martínez.  — Com.  del  Plata,  núm. 
245.)  No  obstante  que  Miller,  en  su  magnífica  descripción  de  la 
costa  desierta  del  Perú,  dice:  ^A/^wor/aí^  tom.  II,  pág.  51)...  cer- 
ca de  cien  cadáveres  insepultos,  esparcidos  por  la  lúgubre  man- 
sión del  desierto,  marcarán  por  siglos  el  camino  que  llevaron,  y 
perpetuarán  el  recuerdo  de  sus  padecimientos. 

En  1823  regresó  á  B.  A.  condecorado  con  el  grado  de  Coronel, 
después  de  haber  establecido  en  las  campañas  del  Perú,  una  bri- 
llante reputación  militar  como  soldado  esforzado.  En  los  años  de 
1826,  27  y  28  hizo  la  campaña  del  Brasil  :  mandó  en  el  combate 
del  Yerbal :  asistió  al  de  Camacuá  y  al  de  Ituj^aingó,  mandando 
siempre  el  regimiento  de  caballería  N.»  4  que  él  habia  organiza- 
do.  Ya  era  coronel  efectivo.  Por  su  bello  comportamiento  en 


438  CRUZADA  ARGENTINA 


Ituiaingóy  como  jefe  de  una  división  de  caballería  á  que  perte- 
necia  el  N.04,  fué  promovido  á  la  clase  de  Coronel  Mayor. 

Emigrado  á  la  R.  O.,  expedicionó  sobre  el  Entrerrios  en  18^ i 
contra  el  tirano  de  B.  A.,  pero  tuvo  que  retirarse,  porque  su  em- 
presa fué  malograda.  En  1836  se  unió  al  ejército  del  general  Rive- 
ra, y  se  encontró  en  la  batalla  de  Carpintería,  que  habiéndoles 
sido  adversa,  vióse  obligado  á  emigrar  al  Brasil.  En  1837  volvió  á 
la  R.  O.  y  peleó  con  su  bravura  acostumbrada  en  la  batalla  del 
Palmar. . . . 

Desde  aquí  se  abre  una  nueva  época,  una  nueva  serie  de  triun- 
fos, de  rasgos  de  valor  y  patriotismo,  que  empieza  con  su  partida 
de  Montevideo  y  concluye  con  su  muerte  en  Jujuy. 

§  IV.    B\TALLA  DEL   YeRUÁ  —  ALZAMIENTO     DÉLA    PROVINCIA    DK 

Corrientes  y  elSud  de  la  de  Buenos  Aires, />a^.  226,  —  Lavalle, 
hallando  dificultades  en  los  franceses  para  transportar  su  di- 
visión al  Sud,  y  viendo  que  la  venida  de  Echagüe  al  E.  O. 
le  dejaba  libre  el  paso  en  Entrerrios,  varió  su  primer  plan  que  era 
ir  á  desembarcarse  á  la  provincia  de  B.  A.,  y  dirigióse  á  la  de  En- 
trerrios. Logra  desembarcar  sin  ser  sentido,  monta  su  división 
y  se  interna  á  lo  largo  del  Uruguay.  El  22  de  Setiembre  se  en- 
cuentra en  el  Yeruá  con  las  fuerzas  de  la  Provincia,  mandadas 
por  el  gobernador  Zapata,  en  número  de  1600  hombres  que  acu- 
chilla y  destroza,  teniendo  él  apenas  400  reclutas,  pero  sí  jefes  y 
oficiales  excelentes. 

Vencedor  en  el  Yerudy  Lavalle  envió  agentes  y  entró  en  corres- 
pondencias secretas  con  patriotas  de  la  subyugada  Corrientes :  y 
el  5  de  Octubre  de  1839,  en  varios  puntos  de  la  provincia  estalló 
simultáneamente  una  revolución,  que  se  logró  sin  disparar  un  tiro. 

La  variación  del  plan  de  Lavalle  y  el  entusiasmo  causado  por 
la  batalla  del  Yeruá,  hicieron  que  muchos  hacendados  del  Sud 
de  B.  A.,  siendo  el  principal  D.  M.  Rico,  y  toda  la  juventud  que 
residia  en  sus  estancias,  reunida  á  sus  peones,  precipitando  la  re- 
volución preparada  de  antemano,  se  levantasen  contra  Rosas,  al 
mando  de  Castelli.  Al  instante  reunieron  como  1500  hombres. 
Pero  por  desgracia  carecian  de  todo  :  y  en  vano  se  pusieron  de 
acuerdo  con  los  buques  franceses  que  vigilaban  la  costa;  en  vano 
por  medio  de  ellos  pidieron  armamento  y  jefes  á  las  patriotas  de 
Montevideo  ;  —  Rosas  no  les  dio  tiempo  para  organizarse. 


APÉNDICE  439 


Se  dice  que  contando  Castelli  con  un  jefe  enemigo,  que  man- 
daba un  cuerpo  veterano  en  el  Sud  y  que  fué  infiel  á  sus  com- 
promisos, cometió  el  error  de  presentar  batalla  en  Chascomús  el 
7  de  Noviembre  de  1839,  con  masas  inorganizadas  y  casi  desarma- 
das, á  las  fuerzas  de  milicias,  de  indios  y  veteranos,  que  el  dés- 
pota, apenas  tuvo  noticia  de  su  alzamiento,  envió  á  las  órdenes 
de  su  hermano  Prudencio.  Fué  completamente  deshecho. 

Derrotados  los  patriotas  en  Chascomús^  los  que  pudieron  ga- 
nar la  costa  se  embarcaron  en  buques  franceses,  siendo  espon- 
táneamente seguidos  por  más  de  800  gauchos.  El  pueblo  de 
Montevideo  ha  visto  con  admiración  llegar  á  sus  playas  á  estos 
nobles  proscriptos  que,  sin  querer  admitir  la  hospitalidad  que 
les  brindaba,  sin  descansar  de  sus  fatigas,  embarcáronse  de  nuevo 
al  cabo  de  diez  días  con  dirección  al  Uruguay,  subieron  hasta  el 
Salto,  caminaron  de  allí  por  esta  costa  á  la  altura  competente, 
vadearon  el  río,  y  se  reunieron  al  fin  á  Lavalle  en  Corrientes  por 
Enero  de  1840. 

§  V.  Batalla  de  Ca(íancha,/j^j?29.  —  Después  de  habersome- 
tido  á  Corrientes,  Echagüe,  con  un  ejército  de  6,000  hombres, 
que  iba  aumentando  por  la  violencia  y  el  terror  á  medida  que 
avanzaba,  invadió  el  Estado  Oriental  el  28  de  Julio  de  1839.  En 
los  hechos  concernientes  á  esta  batalla,  nos  hemos  informado  de 
algunos  valientes  que  se  encontraron  en  ella  y  se  hallan  al  pre- 
sente en  Montevideo. 

Coinciden  ellos  con  el  relato  que  nos  dio  mas  tarde  en  Río 
Janeiro  el  General  Rivera,  escrito  de  su  puño  y  letra,  en  poder 
de  D.  Andrés  Lamas. 

En  la  mañana  del  29  de  Diciembre  del  mismo  año,  un  sargento 
se  pasó  á  los  enemigos.  Echagüe  supo  por  él  la  confianza  com- 
pleta en  que  estaban  los  nuestros,  y  en  consecuencia  se  dispuso 
á  sorprenderlos,  como  lo  consiguió.  Carneando  estaba  el  ejér- 
cito nacional  cuando  se  vio  rodeado  por  todas  partes.  La  con- 
fusión y  el  espanto  cundió  en  él  con  la  velocidad  del  rayo. 
Pero  el  traidor  que  lo  habia  vendido  cayó  prisionero  al  otro 
día,  y  recibió  el  pago  que  merecía  :  fué  fusilado  en  el  acto. 

No  todos  se  aterraron  en  la  sorpresa.  Algunos  escuadrones  del 
costado  izquierdo  y  la  reserva  al  mando  de  Medina  y  Nuñez,  en 
pelo  la  mayor  parte,  protegidos  por  la  artillería  que  se  portó  bi- 


440  CRUZADA  ARGENTINA 


zarramente,  se  estrellaron  varias  veces  contra  un  número  de 
enemigos  infinitamente  superior,  que  fueron  arrollando  sucesiva- 
mente con  tal  brio  y  arrojo,  que  muy  pronto  se  declaró  una  derro- 
ta general  en  todo  el  ejército  invasor.  Los  generales,  los  corone- 
les Piran,  Luna,  Camacho,  Blanco,  y  demás  jefes  y  oficiales  que 
cita  el  parte  oficial  detallado  del  4  de  Enero  de  1840  (Nac. — núm. 
2j6)  y  á  su  frente  el  general  Rivera,  libertaron  á  su  patria  ese  día, 
y  en  los  campos  inmortales  de  Caganchay  de  un  golpe  trozaron 
con  su  espada  la  cadena,  con  que  un  imbécil  queria  atarnos  al 
carro  de  su  amo. 

Todo  el  ejército  de  Echagüe  fué  deshecho  por  1200  orientales : 
es  decir,  pelearon  uno  contra  cinco  ! 

En  lo  mas  recio  del  combale,  desprendióse  una  división  del 
ejército  invasor,  y  se  fué  donde  estaban  las  carretas,  d  degollar 
los  heridos  f  véase  el  parí,  ciLjj  pero  cargados  por  los  nuestros, 
huyeron  sin  pelear,  expiando  su  ferocidad  en  las  lanzas  de  los 
libres. 

§  VL  D.  Cristóbal  —  Sauce  Grande, /i^.  2^^, — En  Marzo 
de  1840  abrió  Lavalle  su  campaña  sobre  E.  R.  con  un  ejército 
bisoño,  compuesto  como  de  3800  hombres,  casi  todos  de  caba- 
Ueria. —  En  esta  provincia  estaba  el  ejército  que  Echagüe,  con 
nuevos  refuerzos  de  B.  A.,  habia  organizado  después  de  su  dispa- 
rada de  la  Banda  Oriental.  Dicho  ejército  constaba  de  2000 
caballos,  1200  infantes  y  10  piezas  de  artillería.  El  arrojo  y  las 
hábiles  operaciones  de  Lavalle,  hicieron  nula  su  superioridad, 
como  se  vio  desde  el  principio  en  un  ensayo  de  vanguardia  feliz 
para  las  armas  de  los  libres,  que  tuvo  lugar  á  mediado  del  mes. 

Las  provincias  de  Jujuy,  Salta,  Tucuman,  Catamarca  y  la  Rioja, 
al  saber  este  suceso  y  los  anteriores,  se  alzaron,  se  ligaron  y 
nombraron  de  generalísimo  al  general  Brizuela,  gobernador  de 
la  Rioja,  ^hombre  que  habia  sido  de  gran  vigor  y  prestigio  en^ 
iré  aquel  gauchaje ,  pero  que  habia  llegado  entonces  á  inutilizarse 
enteramente  y  á  embrutecerse  con  la  bebida^-h  (copiamos  literal- 
mente de  un  manuscrito  que  tenemos  á  la  vista). 

El  10  de  Abril  de  1840,  Lavalle  atacó  á  Echagüe  en  D.  Cristo- 
bal.— Las  cargas  de  sus  escuadrones  fueron  tan  brillantes,  que 
en  pocos  instantes  deshicieron  completamente  toda  la  caballe- 
ria  enemiga.  Echagüe,  protegido  por  su  artillería  é  infanteria  ve- 


APÉNDICE  441 


terana,  consiguió,  no  sin  gran  trabajo,  situarse  cerca  del  Paraná, 
en  el  Sauce-Grande,  entre  la  Bajada  y  Punta-Gorda.  Rivera 
Indarte  compuso  á  esta  batalla  un  poemita,  que  es  una  de  sus 
mejores  producciones. 

La  fisonomia  característica  de  nuestras  localidades  y  su  cono- 
cimiento práctico,  han  salvado  muchas  veces  á  los  que  parecian 
enteramente  perdidos.  Situado  Echagüe  donde  hemos  dicho,  en 
lugares  escabrosos,  sin  caballeria  que  le  auxiliase,  casi  sitiado 
durante  tres  meses  por  Lavalle,  habria  tenido  al  fin  que  sucumbir 
sino  hubiera  escogido  la  posición  tan  ventajosa  de  Sauce-Grande, 
desde  donde  podía  comunicarse  con  B.  A.  y  pedir  socorro.  Los 
700  hombres  que  le  envió  Rosas  al  mando  de  Ramirez,  reaniman- 
do sus  batallones  abatidos,  le  pusieron  en  estado  de  resistir  con 
éxito  los  ataques  de  su  adversario. 

El  16  de  Julio,  Lavalle,  instado  por  los  patriotas  de  Montevi- 
deo, habiendo  recibido  100  y  tantos  vascos  reclulados  en  esta 
ciudad,  armas,  pólvora,  etc.,  atropello  con  su  caballería  las  po- 
siciones de  Echagüe.  Fué  rechazado  sin  pérdida  notable,  y  se 
retiró  á  Punta-Gorda,  sin  que  Echagüe  durante  tres  días  le  si- 
guiese, ni  saliera  de  sus  zanjones.  Todavía  le  duraba  el  tremendo 
susto  de  D.  Cristóbal,  Esta  fué  la  decantada  batalla  de  Sauce- 
Grande,  que  se  festejó  en  B.  A.  como  un  gran  triunfo  obtenido 
sobre  los  libertadores;  mientras  Lavalle  auxiliado  por  los  fran- 
ceses, embarcaba  en  un  convoy  que  pasaba  por  el  Paraná,  á  la 
vista  de  su  pusilánime  enemigo,  su  ejército,  compuesto  de  3400 
hombres. 

§  VIL  En  medio  del  Paraná. — Pdg.  J2;7^. —  Pacheco,  general 
de  Rosas,  con  1500  hombres  de  caballeria,  iba  siguiendo  el  rumbo 
de  los  buques  por  la  costa  occidental  del  Paraná,  para  privarles 
de  caballos  y  ganados  é  impedir  el  desembarco.  Estaba  tan  segura 
de  conseguirlo,  que  se  lo  escribia  á  Rosas  como  cosa  hecha;  así 
fué  que  cuando  Lavalle,  por  la  atrevida  cooperación  délos  auda- 
ces jóvenes  que  citamos  en  el  párrafo  siguiente,  burló  su  vigi- 
lancia, y  tuvo  caballadas  suficientes  para  montar  una  parte  de 
su  ejército,  Rosas  le  trató  con  el  mayor  desprecio,  y  le  puso 
dos  meses  después  bajo  las  órdenes  de  Oribe  en  el  Ejército  que 
organizaba  en  Santa  Fé. 


442  CRUZADA  ARGENTINA 

Con  sincero  placer  consignamos  aquí  los  nombres  de  esos  va- 
lientes :  merecían  estar  escritos  con  letras  de  oro  :  D.  José  Iraola, 
D.  Gregorio  Guerrico,  D.  José  María  Pelliza,  D.  Mariano 
Camelino,  D.  Pedro  La-Casa,  D.  Manuel  Col,  y  algunos  otros 
jóvenes  agregados,  cuyos  nombres  ignoramos. 

En  la  noche  del  lo  de  Agosto,  Lavalle,  habiendo  conseguido 
montar  una  división  se  puso  á  su  frente,  y  se  dirigió  al  Tala  donde 
estaban  los  enemigos.  Pacheco  venia  en  marcha,  sin  duda  á 
sorprenderlo.  Era  una  noche  extremadamente  oscura,  y  Lavalle, 
al  sentirlo,  mandó  hacer  alto  y  que  sus  escuadrones,  lanza  en 
ristre,  esperasen  que  se  aproximara.  Así  estuvieron  algunos 
instantes,  hasta  que  un  ginete  acercóse  galopando  al  costado 
izquierdo,  donde  estaba  el  coronel  Rico  y  preguntó:  ¿qué 
escuadrón  es  este? — El  escuadrón  de  Rico,  contestóle  el  mismo 
coronel.  Oir  esto,  volver  el  caballo,  inclinarse  sobre  el  cuello, 
clavarle  las  espuelas,  y  salir  á  dos  lados  con  la  velocidad  del 
espanto,  fué  obra  de  un  minuto.  Era  Pacheco,  que  perdió  allí  la 
espada  y  una  de  las  espuelas,  por  lo  que  después  se  le  ha  llamado, 
injustamente,  como  se  vé,  el  general  Espuela, 

Uno  de  los  episodios  mas  bellos  y  dignos  de  inspirar  á  un 
bardo  americano,  una  de  las  mas  altas  lecciones  de  devoción  y 
patriotismo  que  nos  ha  legado  esa  juventud  heroica,  que  ha  derra- 
mado su  sangre,  y  hecho  toda  clase  de  sacrificios,  sin  mas  lauro 
ni  recompensa  que  el  santo  amor  á  la  patria  y  el  deseo  de  liber- 
tarla, es  sin  duda,  la  audaz  empresa  llena  de  abnegación  y  su- 
blime heroismo,  por  ella  realizada. 

Obligados  á  la  brevedad,  diremos  en  pocas  palabras  lo  subs- 
tancial del  hecho  que,  en  nuestro  dictamen,  les  recomienda  al 
aprecio  y  consideración  de  todos  los  verdaderos  patriotas,  de 
todos  los  hombres  de  corazón  que  vén  en  la  juventud  la  esperanza 
porvenir  á  su  patria.  Debemos  estos  detalles  ala  bondad  del 
y  ^^^HtfrMaria  Pelliza,  joven  argentino,  soldado  de  Lavalle,  que 

1  \^^^*¿>¿i^ri  por  la  defensa  de  Montevideo, 
ha  peleado   tanrs^  el  general  Lavalle   hizo  llamar  á  los 

El  26  de  Julio  de  1040,  .      f  ,      ..       • 

jóvenes  del  Norte  (los  nombradoTíñírs)  X  les  expuso  la  situaaon 
apurada  en  que  se  encontraba  el  ejército,  prsgant^odples  si  se 
sentían  capaces  á  riesgo  de  su  vida,  de  proporcionarle  caballos  en 


APÉNDICE  443 


la  provincia  de  B.  A.  Todos  contestaron  que  sí:  —  corria  por  sus 
venas  la  sangre  de  los  héroes  de  Mayo  ! 

Una  vez  decididos,  se  embarcaron  en  una  goleta,  como  con  250 
hombres  de  tropa  ;  y  cuando  estaban  en  el  costado  de  la  Expe- 
ditive  donde  se  hallaba  Lavalle,  éste  los  hizo  llamar  y  uno  á  uno 
les  habló  en  estos  términos:  — Amigo  mió,  por  la  patria  es  pre- 
ciso sacrificarlo  todo. .. .  es  alta  la  empresa  pero  grande  en  sus 
resultados. . .  si  como  Vd.  me  promete,  me  da  sólo  diez  caballos, 
yó  estaré  con  Vd.  á  las  12  horas  de  haber  llegado;  montaré  esos 
diez  caballos,  me  haré  de  500,  y  veremos  que  hace  el  tirano 
cuando  me  vea  en  la  plaza  de  la  Victoria. . . .  Les  daré  á  Vdes. 
patria,  si  me  proporcionan  caballos ! . . . . 

En  este  lenguaje  continuó  habiéndoles  por  algunos  instantes,  y 
la  unción  de  sus  palabras  penetró  de  tal  modo  en  sus  corazones, 
que  todos  salieron  de  allí  resueltos  á  morir  ó  á  realizar  su  em- 
presa. 

Todavía,  Lavalle,  inundados  los  ojos  de  lágrimas,  les  dijo  al 
despedirse  apretándoles  la  mano:  Af^/>í2r^í:^  que  no  nos  hemos 
de  volver  á  ver,  .  .. — 5/  mi  general^  contestaron  ellos  con  acento 
varonil,  con  la  confianza  del  que  conoce  lo  que  vale  y  se  siente 
fuerte  y  capaz  de  cumplir  lo  que  promete. 

El  i.°  de  Agosto  á  las  8  de  la  noche  llegaron  al  puerto  de  Ca- 
brera, y  cada  uno  de  los  seis  jóvenes  que  mencionamos,  con  30 
hombres,  se  dirigió  por  distinto  rumbo,  á  realizar  su  intento,  ó  á 
sucumbir  sino  le  era  posible. 

Fuertes  partidas  enemigas  hablan  venido  por  la  costa  acechán- 
dolos y  gritándoles  las  obscenas  y  sangrientas  palabras  que  for- 
man el  primer  capítulo  del  Sistema  Americano  y  que  ha  inven- 
tado  Rosas. 

Venían  á  galope  siguiendo  la  goleta  para  asesinarlos  cobarde- 
mente apenas  llegasen  á  la  orilla. 

Figuraos  cual  seria  su  situación. 

Las  olas  embravecidas. ...  la  noche  lóbrega  y  tormentosa. . . . 
solos  en  la  playa  ....  con  el  sable  en  la  mano  y  el  freno  en  la 
otra  ....  hundiéndose  hasta  las  rodillas  en  el  terreno  fangoso  y 
lleno  de  cañaverales  de  la  costa  de  Cabrera, . .  .sin  poder  distin- 
guir el  camino. . .  mientras  el  enemigo  á  pocas  cuadras  los  buscaba 
y  tal  vez  se  hallaba  á  veinte  pasos  !  . . . . 


444  CRUZADA   ARGENTINA 

Horrible  situación  I 

Nos  falta  espacio,  sino  narraríamos  ampliamente  este  suceso 
con  todos  sus  detalles,  que  ignorábamos  y  que  son  interesantí- 
simos; acaso  lo  hagamos  mas  tarde  cuando  reimprimamos  este 
canto  con  otros  mas. 

Después  de  angustias  y  tribulaciones  de  todo  género,  genero- 
samente ayudados  por  los  Castex  y  San-Martin  (  hacendados  del 
Norte, )  reunieron  2000  caballos. 

Lavalle  por  obstáculos  imprevistos  no  estuvo  en  el  paraje  se- 
ñalado en  el  tiempo  convenido. 

En  fin,  el  4  de  Agosto,  con  la  primera  luz  del  crepúsculo,  pa- 
saron á  la  isla  del  BaraderOy  y  esa  noche,  á  las  8  y  media,  pusie- 
ron en  San  Pedro  á  disposición  del  general  1600  caballos  y  800 
vacas,  habiendo  quedado  sumergidos  en  los  fangales  de  dicha 
isla,  con  algunos  soldados,  400  caballos. 

Todo  el  ejército  prorrumpió  en  vivas  al  verlos  llegar  :  al  otro 
día  bajó  Lavalle,  los  hizo  llamar  y,  vivamente  conmovido  les  di- 
rigió estas  sentidas  palabras: — «Mis  amigos,  la  patria  recom- 
pensará algún  día  este  importante  servicio.  Vdes.  han  llenado 
su  misión  de  un  modo  que  no  esperaba.  Es  preciso  que  me  sigan  : 
con  50  como  Vdes.  nada  mas,  yo  realizaría  la  empresa  que  me 
propongo.  —  Vdes.  han  salvado  al  ejército,  reciban  por  medio 
de  mí,  el  testimonio  de  su  gratitud. ...» 

§  VIII.  Cañada  de  la  Paja,  pág.  2)j  —  Al  saber  Rosas  la  de- 
rrota del  Talüf  reunió  activamente  las  milicias  del  Sud  y  del 
centro  de  la  campaña  :  llamó  las  fuerzas  veteranas  de  la  frontera  : 
formó  entonces  y  fortificó  con  100  piezas  y  4000  infantes,  su 
campamento  de  los  Santos-Lugares,  á  5  leguas  de  Buenos 
Aires. 

A  fines  de  Agosto,  la  vanguardia  del  ejército  libertador,  des- 
hizo con  indecible  facilidad  en  la  Cañada  de  la  Paja,  á  18  le- 
guas de  Buenos  Aires,  á  las  fuerzas  del  centro  de  la  campaña, 
mandadas  por  los  españoles  González  y  Maestre,  que  huyeron 
al  amago  y  sin  pelear,  (Memorias  del  gran  Iriarte,  ) 

§  IX.  Frente  á  Buenos  Aires,  pág.  2j8. — El  5  de  Setiembre, 
Lavalle,  que  habia  marchado  lentamente  procurando  aumentar 
su  ejército  en  el  camino,  llegó  á  7  leguas  de  la  ciudad. 

Son  dignos  de  notarse  los  siguientes  renglones  de  una  orden 


APÉNDICE  445 


comunicada  al  ejército,  al  pisar  la  provincia  de  Buenos  Aires  :  los 
tomamos  de  uno  de  los  manuscritos  que  se  nos  han  facilitado. 

«Orden  General  del  Ejército  Libertador. —  Cuartel  General  en 
San  Pedro,  Agosto  9  de  1840.  —  Art.  4.°....  Sres.  jefes,  ofi- 
ciales y  soldados  del  Ejército  Libertador:  en  estos  días  se  va  á 
decidir  la  suerte  de  la  República  Argentina  y  la  de  todos  nosotros. 
Dentro  de  pocos  días  nos  veremos  bendecidos  por  500,000  Argen- 
tinos y  cubiertos  de  gloria,  ó  moriremos  en  los  tadalsos  del  tirano, 
ó  arrastraremos  una  vida  ignominiosa  y  miserable  en  países 
extranjeros,  mientras  su  rabia  se  satisface  en  nuestros  padres, 
esposas  é  hijos.  ¡  Elegid  mis  bravos  compañeros  !  Media  hora  de 
coraje  es  bastante  para  la  gloria  y  felicidad  de  la  República 
Argentina,  y  para  nuestra  propia  felicidad  y  gloria.  El  General 
en  Jefe  tiene  una  gran  confianza.  7> — /.  ¿avalle. 

Nunca  Rosas  se  ha  encontrado  en  situación  mas  apurada.  La 
Francia  bloqueaba  sus  puertos  :  las  provincias  se  habian  alzado 
contra  él :  el  general  Paz  en  Corrientes  organizaba  un  ejército. 
El  E.  O.  se  preparaba  para  atacarle  :  sus  ejércitos  completamente 
desmoralizados  en  el  interior,  huian  sin  pelear  ante  los  liberta- 
dores: nadie  podia  socorrerlo.  El  mismo  López,  que  desde  lejos 
seguia  la  retaguardia  de  Lavalle,  era  tan  impotente,  que  habiendo 
atacado  por  tres  veces  á  San  Pedro,  donde  habian  quedado  los 
enfermos  del  ejército,  fué  rechazado  en  todas  por  la  escasa 
fuerza  que  lo  custodiaba. 

Y  Lavalle  en  estas  circunstancias,  no  tenia  mas  que  estirar  el 
brazo,  para  tocar  con  su  lanza  las  puertas  de  Buenos  Aires  ! 

Los  mazhorqueros.  cabizbajos  y  humildes,  andaban  en  la  ciudad 
abocándose  con  los  que  ellos  llamaban  salvajes  unitarios,  discul- 
pándose y  poniéndose  en  buen  lugar, —  para  que  intercediesen 
con  el  vencedor. 

El  tirano  mostró  en  esos  días  cuan  pusilánime  y  menguado  es  : 
apenas  vio  suspensa  sobre  su  cabeza  la  espada  de  la  justicia  se 
preparó  para  huir.  Su  equipaje  donde  iba  una  inmensa  cantidad 
de  oro,  robada  á  los  pueblos  que  tiraniza,  á  los  unitarios  cuyos 
bienes  confisca,  estaba  á  bordo  :  un  buque  inglés  le  esperaba  en  el 
puerto  ;  y  es  indudable  que  después  de  tantas  bravatas  hubiera 
huido  cobardemente,  si  Lavalle,  penetrando  audazmente  en  la 
ciudad,  hubiera  prestado  su  apoyo  y  el  prestigio  de  su  presencia 


446  CRUZADA  ARGENTINA 


á  los  que  allí  le  esperaban ;  creemos  que  un  alzamiento  espon- 
táneo y  eltctrico  habría  tenido  lugar,  y  acaso  en  los  Santos 
Lugares  también. 

Nos  ha  referido  una  señora  que,  en  esa  época  se  hallaba  en 
B.  A.,  que  era  tanto  el  gozo  por  la  llegada  del  ejército  libertador, 
que  los  amigos  de  la  causa  se  reunian  secretamente  en  sus  casas 
á  felicitarse  y  brindar  por  los  triunfos  y  la  entrada  de  Lavalle. 
Era  tal  el  entusiasmo,  que  muchos  hombres  llevaban  un  chaleco 
celeste,  bajo  el  punzó  que  se  veian  obligados  á  usar  y  se  quita- 
ban desde  que  pasaban  el  umbral.  Los  viejos  lloraban  de  placer, 
los  jóvenes  bailaban  sin  música,  en  las  piezas  mas  retiradas  de  la 
casa. ...  en  fin  era  una  especie  de  alegria  loca,  de  vértigo  y  deli- 
rio indefinible. 

Bien  lo  pagaron  después! 

Se  dice  que  el  tirano  lo  supo,  y  que  sólo  pronunció  estas  pala- 
bras :  —  Se  alegran  eh? . , . ,  Está  bien mañana  será  otro  día. 

§  X.  Hazañas  df  la  Mashorca, />¿/^.  241.  —  Se  veian  las  to- 
rres de  Buenos  Aires:  las  avanzadas  de  la  vanguardia  del  ejér- 
cito libertador  llegaron  hasta  5  leguas  de  la  ciudad. 

Lavalle  se  retiró  el  6  de  Setiembre,  y  sólo  á  fines  de  ese  mes, 
cuando  ya  no  tenia  ningún  recelo,  y  sabia  que  estaba  muy  lejos, 
empezó  Rosas  las  espantosas  carnicerias,  que  le  han  dado  la  ne- 
gra celebridad  de  que  goza  en  América  y  Europa;  carnicerias  que 
duraron  hasta  el  27  de  Octubre,  y  se  suspendieron  por  cinco  meses 
para  empezar  con  mas  furor  á  fines  de  Marzo  de  1841,  conclu- 
yendo apenas  el  19  de  Abril  en  que  Rosas,  por  una  orden  (  Ga- 
ceta Mercantil,  N.°  ^pij)  al  jefe  de  Policia  las  hizo  cesar. 

Hemos  querido  reasumir  en  este  cuadro  todos  los  crímenes 
que  han  puesto  á  ese  monstruo  fuera  de  la  ley  humana  y  divina, 
pues  creemos  que  por  ellos  ni  en  el  infierno  hay  lugar  para  él. 

Véase  la  declaración  de  un  testigo  presencial  (Nac. —  1464.) 
«Los  cadáveres  eran  mutilados  horriblemente  y  la  mazhorcapuso 
una  cabeza  en  la  pirámide  deB.  A.  paseando  otras  triunfalmente.» 
.,,.  {Rosas  y  sus  Opositores,  pág.  279.)  Esa  cabeza  sangrienta 
con  que  Rosas  ha  querido  manchar  la  pirámide,  símbolo  de  las 
glorias  de  Mayo,  era  la  del  infortunado  Yanél.  El  infame  hizo 
derramarla  voz  que  era  la  de  Lavalle;  sin  duda  para  hacer  un  sar- 
casmo mas  vivo  del  monumento  que  ultrajaba. 


APÉNDICE  447 


«  Cuadrillas  de  mazhorqueros  espiaban  en  las  puertas  de  los 
templos  á  las  señoras  que  entraban  sin  moño  bien  grande  en  la 
cabeza,  y  se  arrojaban  sobre  ellas  desgarrándoles  sus  vestidos, 
azotándolas  con  verga,  y  pegándoles  en  la  cabeza  con  brea  hir- 
viendo grandes  moños  de  grana  colorada.  Esta  violencia  impia 
no  se  paraba  ni  en  las  gradas  del  altar  áque  se  abrazaban  las  per- 
seguidas.:» f  Ros.  jf  sus  Op.  pág.  2Sj.J  Yluego  que  Rosas  ha  ajado 
de  este  modo  el  decoro  y  la  dignidad  de  la  mujer  luego  que  en 
medio  de  sus  orgías  de  vino  carlon  y  carne  con  cuero  le  ha  he- 
cho adoptar  la  alegre  media  caña  por  baile,  por  ser  danza  fede- 
ral y  republicana,  (Descripción  de  la  fiesta  de  Monserraty  etc. 
Gac.  48^4)  ha  acabado  de  envilecerla  unciéndola  á  su  carro, 
porque  según  la  Gaceta,  (N. o  4866)  «5^  empeñaron  las  señoras 
en  conducir  el  retrato  de  S,  E.  tirando  del  carro ,  que  alternativa- 
mente habían  tomado  los  generales  y  jefes  de  la  comitiva  al  con- 
ducirlo al  templo.:» 

Todos  saben  la  historia  del  infeliz  Martinez  Eguilas,  comer- 
ciante español,  al  que  después  de  haberlo  cosido  á  puñaladas, 
habiéndole  sacado  las  botas,  y  visto  que  tenia  medias  celestes, 
cuando  todavía  respiraba  lo  pusieron  encima  de  una  barrica  de 
alquitrán  que  ardia  en  la  calle.  {Véase  el  relato  del  testigo  pre- 
sencial citado  mas  arriba.  ) 

Apenas  se  hubo  retirado  Lavalle,  Rosas,  á  pesar  de  haber  anun- 
ciado en  su  mensaje  de  31  de  Diciembre  de  1835,  que  habia 
derogado  las  leyes  que  imponian  la  pena  de  confiscación  de 
bienes,  expidió  el  inicuo  decreto  del  16  de  Setiembre  de  1840  — 
restableciendo  en  todo  su  vigor  y  fuerza,  esa  misma  confiscación 
que  hipócritamente  aparentaba  abominar. 

Oribe  que  no  hace  mas  que  imitarlo  en  todo,  con  fecha  38  de 
Julio  de  1845,  ha  hecho  una  segunda  edición  de  ese  decreto,  po- 
niéndolo en  vigor  oficialmente  en  la  ribera  izquierda  del  Plata. 
—  Recomendamos  su  lectura  y  el  cotejo  con  el  precitado  de 
Roass  ;  se  halla  en  el  N.^  1997,  del  Nacional  junto  con  otro  que 
le  antecede,  concediendo  premios  á  todo  el  enjambre  de  san- 
guijuelas que  le  han  ayudado  en  su  empresa,  empezando  por  su 
amo  y  acabando  por  el  último  de  sus  esbirros.  Ese  decreto  revela 
por  sí  solo  la  suerte  que  aguarda  á  nuestro  país  si  llega  á  caer  en 
sus  manos. 


448  CRUZADA  ARGENTINA 


Es  muy  conocido  el  no  ha  lugar  de  Rosas  á  la  mujer  del. comi- 
sario Ca rocino,  cuyos  huesos  estaban  insepultos  en  la  Guardia 
del  Monte,  Fstá  probado  que,  en  las  matanzas  de  Octubre,  los 
cadáveres  eran  arrojados  juntos  en  una  gran  fosa  que  permaneció 
abierta  hasta  fines  de  Noviembre  :  en  un  folleto  que  tenemos  á  la 
vista,  pésimamente  escrito  {Catorce  meses  en  la  Fosa  de  los  Antro- 
pófagos del  CerritOy  etc.  —  publicado  en  Rio  Janeiro  y  reimpreso 
en  Montevideo,  imp.  del  i8  de  Julio,  1845)  encontramos  otra 
segunda  edición  hecha  en  el  Cerrito,  en  punto  menor,  de  todos 
los  horrores  cometidos  en  la  R.  A. ;  y  la  abertura  de  una  fosa 
semejante  mandada  abrir  por  Oribe /¿ira  escarmiento  de  los  sal- 
vajes unitarios  (pdg,  10.  J  En  los  ejércitos  de  Rosas,  por  decretos 
todavia  vigentes,  tiene  pena  de  la  vida  el  que  dé  sepultura  á  un 
salvaje —  y  la  misma  pena  que  el  reo,  el  que  pida  ó  interceda 
por  él. 

La  profanación  de  los  cadáveres  es  una  consecuencia  de  este 
sistema  atroz  :  con  la  piel  de  Beron  de  Astrada  se  han  hecho 
maneas  para  caballo  :  la  cabeza  de  Zelarrayan  ha  sido  escupida 
y  pisoteada  por  Rosas,  comolas  de  Castelli,  Acha,  Martinez,  ( D. 
J.  Aposto! )  la  de  Avellaneda,  Casas,  Espeche,  González,  Dulce, 
Cubas....  y  la  de  tantos  otros  que  no  recordamos  en  este 
momento,  han  sido  clavadas  en  la  picota,  donde  muchas  están 
todavía ....  En  ñn,  orejas  humanas  saladas,  ( las  del  coronel  D.  F. 
Borda)  se  han  puesto  en  un  estrado,  sobre  el  piano,  para  recrear 
con  su  vista  á  los  tertulianos,  según  testimonio  del  capitán  inglés 
Franckland,  comandante  de  la  «Perla». 

El  Nerón  Argentino,  que  tiene  alma  de  barro  y  entrañas  de 
hiena,  en  Mayo  de  1838,  so  pretexto  que  necesitaba  todas  las  ren- 
tas para  sostener  dignamente  el  honor  del  Continente  Americano, 
en  la  gnerra  en  qut' se  reia  empeñado  con  los  piratas  inmundos 
franceses,  expidió  un  decreto  aboliendo  los  hospitales,  casa  de 
expósitos,  etc. 

El  Sr.  Lamas  en  la  obra  citada,  presenta  dos  listas,  extractadas 
de  dos  Estados,  f  Gaceta  —  ?S5jJf39JoJ  lista  de  mujeres,  algu- 
nas de  ellas  señoras,  i  las  que  se  han  pagado  gruesas  cantidades 


APÉNDICE  44Q 


por  servicios  extraordinarios ;  ya  se  sabe  lo  que  significan  estas 
palabras  en  el  vocabulario  de  la  mazhorca.  Y  sin  hacer  una  injuria 
al  bello  sexo  argentino,  bien  se  puede  suponer,  (porque  en 
todas  partes  los  malos  instintos  de  la  naturaleza  humana  se  desa- 
rrollan con  vigor,  desde  que  el  vicio  entronizado  incendia  las 
pasiones  con  su  aliento,  y  les  da  continuo  pábulo)  bien  se  puede 
suponer  pues,  ó  mas  claro,  ha  sucedido  indudablemente  que  mas 
de  un  esposo  infiel,  celoso,  brutal,  ó  bien,  importuno,  haya  caido 
bajo  el  puñal  de  los  asesinos  delatado  por  su  misma  esposa, 
acaso  herido  por  el  puñal  del  mismo  amante  de  la  adúltera  !. . . . 
Podríamos  delatar  á  la  humanidad  dos  hechos  que  se  nos  han 
referido,  pero  no  tenemos  documentos  con  que  probarlos  —  y 
aunque  lostuviéramos,  no  lo  haríamos,  porque  la  infamia  recaería 
sobre  inocentes,  y  no  queremos  que  nadie  nos  maldiga  con  razón, 
sino  los  opresores,  sus  seides,  y  los  espúreos  Orientales  de  cual- 
quiera divisa  ó  partido  que  sean. 

Con  diabólico  placer,  Calixto  Vera,  hermano  de  padre  y  ma- 
dre del  general D.  Mariano  Vera,  después  de  haberlo  vil  y  traido- 
ramente  asesinado  en  la  celada  de  Cay  asta  el  26  de  Marzo  de 
1840,  le  da  parte  á  Rosas  de  este  suceso. 

El  infrascripto  tiene  la  grata  satisfacción  de  participar  á  V.  E. 
agitado  de  las  n\^s  gratas  sensaciones, ,,  ,que  el  infame  cau- 
dillo Mariano  Vera,  cuyo  nombre  pasará  maldecido  de  genera- 
ción en  generación  quedó  muerto  en  el  campo  de  batalla  cubierto 
de  lanzadas  etc f  Gac. ^oío.J 

Tiembla  la  pluma  en  la  mano el  corazón  niega  lo  que  la 

cabeza  comprende ;  y  los  ojos  fijos  sobre  el  papel,  dudando  de 
lo  que  miran,  leen,  y  vuelven  á  leer  esos  renglones,  que  parecen 
dictados  por  el  mismo  Lucifer. 

Han  sido  fusilados  en  los  Santos  Lugares  (  10  de  Mayo  de 
1842)  con  otros  ciudadanos  «cuatro  venerables  eclesiásticos, 
los  SS.  cura  D.  Francisco  Solano  Cabrera,  de  Córdoba; 
D.  Manuel  Frias  de  61  años  de  edad,  vicario  de  la  provincia 
de  Santiago  durante  24  años;  su  hermano  D.  Felipe  Frias  de 
56  años,  y  D.  Gregorio  Villafañe  de  75.  Estos  eclesiásticos  an- 
tes de  morir  fueron  desollados  de  la  corona  y  manos,   á  pre- 

39 


450  CRUZADA  ARGENTINA 


texto  de  degradarlos  de  su  carácter  sacerdotal.»  ( Nac,  —  lo}^.  J 

Este  hecho  horrible,  inaudito,  confesado  por  Rosas,  aunque 
niega  la  desolladura  f  Gac.  — 3945  )  revela  hasta  donde  llega 
la  inmoralidad  de  ese  malvado  que,  en  sus  momentos  de  lo- 
cura, abrumado  por  el  peso  de  sus  crímenes,  perseguido  por 
la  sombra  de  sus  víctimas,  cierra  los  ojos  para  no  ver  la  luz 
que  le  mata  y  no  contento  con  poner  su  retrato  en  los  tem- 
plos (Gac, — 4S^4)  profanar  la  cátedra  del  Espíritu  Santo  con 
sacrilegos  anatemas,  con  mundanas  glorificaciones  fCtíc. — 348}) 
osa  levantar  su  mano  impía  contra  los  ministros  del  altar. . . . 

Parece,  en  efecto,  que  en  sus  raptos  de  fiebre  vertiginosa,  no 
encontrando  en  torno  suyo  nada  que  le  resistiese,  ha  querido 
desafiar  el  poder  de  Dios:  porque  ese  era  el  último  escalón 
del  crimen,  y  él  lo  ha  trepado  poniendo  cabezas  sobre  cabe- 
zas, y  desde  su  altura,  como  un  sarcasmo,  como  una  prueba 
del  alto  menosprecio  en  que  la  tiene,  ha  arrojado  á  la  huma- 
nidad, envueltas  en  los  hábitos  ensangrentados  de  esos  cuatro 
venerables  sacerdotes,  todas  las  creencias  y  sentimientos  ele- 
vados que  el  soplo  del  Hacedor  ha  hecho  germinar  en  el  co- 
razón de  su  criatura. 

Esto  es  horrible,  pero  mas  horrible  aun  que  suceda  en  el  siglo 
XIX,  á  la  vista  de  la  Europa,  que  todavia  admite  la  firma,  ce- 
lebra tratados,  y  cree  las  promesas  de  ese  bandido. 

§  XI.  Asalto  y  to.made  Santa-Fé, /i^.  2^7.  —  El  ejército  liber- 
tador marchaoa  en  retirada  sobre  Santa-Fé.  El  día  10  de  Setiem- 
bre pasó  el  rio  de  Arrecifes  en  el  paso  de  Andrade,  y  poco 
después  tuvo  Lavalle  noticias  repetidas  de  que  López  estaba 
acampado  en  la  estancia  de  Linares  (inmediaciones  del  Tala).  En 
consecuencia,  una  columna  marcho  á  paso  acelerado  en  esa  direc- 
ción para  sorprenderlo.  A  una  legua  de  Linares  se  presentó  un 
muchacho  cordobés  que  de  allí  venia,  y  aseguró  á  los  patriotas 
que  la  división  de  López  estaba  en  el  mas  completo  abandono,  y 
sin  que  el  mismo  López  tuviese  conocimiento^  de  su  marcha.  Se 
dieron  órdenes  fijando  el  plan  de  sorpresa.  A  media  noche  la 
casa  de  Linares  estaba  perfectamente  cercada,  pero  López  hacia 
media  hora  habia  escapado  mediante  el  aviso  que  le  dio  un  trai- 
dor :  este  hombre  era  vecino  de  una  estancia  inmediata.  Se  vio  á 
favor  de  los  grandes  fuegos  de  los  vivaques  enemigos,  como 


APÉNDICE  45 1 


López  huia  en  desorden;  pero  fué  imposible  seguirlo,  porque  los 
caballos  de  los  libres  estaban  rendidos  por  una  marcha  de  9 
leguas  y  media. 

Extractamos  de  uno  de  los  manuscritos  de  que  ya  hemos 
hablado,  las  líneas  siguientes  : 

Las  fuerzas  que  al  mando  de  Garzón  defendian  á  Santa-Fé 
ascendian  á  500  fusileros  y  7  piezas  de  artilleria.  —  Las  defensas 
de  la  ciudad  consistian  :  en  ocho  parapetos  que  cerraban  otras 
tan  as  calles  que  terminaban  en  la  plaza  mayor  :  estos  parapetos 
estaban  foseados,  y  en  todos,  menos  en  uno,  habia  una  pieza  de 
artilleria.  Las  azoteas  principales  de  la  plaza  y  la  torre  del  Con- 
vento de  la  Merced,  situado  en  una  de  las  casas,  estaban  guarne- 
cidas de  infantes;  así  como  el  edificio  del  Cabildo,  que  es  una 
verdadera  casa-fuerte.  —  En  el  radio  de  una  cuadra  de  la  plaza 
las  azoteas  principales  estaban  igualmente  ocupadas  por  infantes 
enemigos,  lo  mismo  que  la  torre  del  Convento  de  Santo  Do- 
mingo. La  Aduana,  otra  casa  fuerte  distante  dos  cuadras  de  la 
plaza,  tenía  una  guarnición  de  150  fusileros  :  bien  defendido  este 
edificio  era  intomable;  pero  su  defensa  era  aislada,  no  se  ligaba 
con  la  de  la  plaza. 

El  28  de  Setiembre  de  1840,  el  general  Lavalle  ordenó  al 
general  Iriarte  que  atacase  la  ciudad  y  la  tomase  en  el  día,  porque 
el  campo  que  el  ejército  ocupaba  en  Andino  á  dos  leguas  de 
distancia  de  la  ciudad  estaba  exhausto  de  pastos ;  estos  no  se 
encontraban  en  una  gran  distancia,  y  era  urgente  concluirla  ope- 
ración para  que  los  caballos  no  se  aniquilasen.  Solóse  esperaba 
el  resultado  para  marchar  á  los  pastos  y  aguadas  del  Chaco.  — 
La  columna  destinada  al  asalto  de  la  ciudad  constaba  de  la  di- 
visión Vega,  400  hombres  de  caballeria;  la  Legión  Méndez,  200 
hombres  de  caballeria;  la  Legión  Salvadores,  350  infantes  y  4 
piezas  de  artilleria.  Total  1000  hombres.  —  Los  infantes  y  los 
carabineros  de  los  cuerpos,  que  echaron  pié  á  tierra  para  el 
asalto,  formaban  el  total  de  650  hombres.  300  lanceros,  100  de 
la  división  Vega  y  toda  la  Lejgion  Méndez  permanecieron  á 
caballo  en  reserva  y  de  observación.  Antes  de  romper  el  movi- 
miento se  envió  á  la  ciudad  una  mujer  con  una  intimación  á  Gar- 
zón, á  la  que  contestó  únicamente  ^dígale  Vd,  que  tengo  pólvora 
y  plomo, -^ —  En  el  momento  á  las  3  de  la  tarde,  las  tropas  desti- 


452  CRUZADA     ARGENTINA 


nadas  al  asalto  se  pusieron  en  movimiento  y  entraron  en  la  ciudad 
sostenidas  por  4  piezas  de  artilleria,  y  ocuparon  á  viva  fuerza 
algunas  azoteas  de  que  se  desalojó  á  los  enemigos.  Pero  la  noche 
se  aproximaba,  y  se  creyó  prudente  diferir  el  ataque  para  el  día 
inmediato,  por  evitar  el  desorden  de  un  asnlto  en  medio  de  la 
oscuridad  y  librar  la  ciudad  de  sus  horrores. 

El  29  túvose  que  esperar  un  refuerzo  de  200  hombres  de  milicias 
de  B.  A.  que  el  general  Lavalle  anunció  que  iba  á  mandar. 
Todas  las  tropas  destinadas  al  ataque  se  subdividieron  en  pe- 
queñas columnas  de  200,  100  y  hasta  de  50  hombres  que  se 
apostaron  en  las  calles  que  afluían  á  la  plaza;  se  ocupó  el  Con- 
vento de  la  Merced,  y  se  dio  orden  que  sin  esperar  otro  aviso 
las  columnas  atacasen  á  un  mismo  tiempo  las  trincheras  al  to- 
que de  «  á  la  carga.  >>  Esta  orden  fué  ejecutada  puntualmente, 
y  este  movimiento  simultáneo  aterró  al  enemigo  que  sufria  ya 
los  fuegos  de  algunas  azoteas  de  la  plaza,  que  se  habian  to- 
mado de  antemano  á  viva  fuerza. — Toda  resistencia  fué  inútil, 
atacados  como  se  vieron  en  todas  direcciones  en  el  mismo  ins- 
tante. El  Cabildo  se  defendió  mas  tiempo,  pero  al  fin  cedió. 
Garzón  que  estaba  allí  pudo  retirarse  á  la  Aduana,  cuya  guar- 
nición capituló  poco  después. 

Libre  Rosas  de  Lavalle,  después  que  hubo  experimentado  bien 
á  Oribe,  le  hizo  venir  de  E.  R.,  reconcentró  sus  tuerzas  en  Co- 
ronda  (  Provincia  de  Santa-Fe,)  y  puso  bajo  sus  órdenes  el  nu- 
meroso ejército  de  las  tres  armas  que  reunia  en  ese  punto,  y 
también  á  Pacheco  de  quien  estaba  descontento  desde  el  des- 
embarco de  Lavalle. 

§  XIJ.  La  Francia  pacta  con  Rosas,  pág.  2yO,  —  La  nota  del 
Ministro  de  R.  E.  fecha  22  de  Octubre  de  1840  (Documentos  Ofi- 
ciales etc.,  folleto  de  52  pág.  —  Imp.  del  Nac. —  1840 —  pág.  5) 
y  los  hechos  y  razones  alegados  por  el  autor  del  folleto  citado  en 
la  nota  18,  p.  293,  prueban (^í:t7^.//^///J  que  la  alianza  de  hecho 
y  de  derecho  existia  entre  la  Francia,  la  R.  O.  y  el  pueblo  Argen- 
tino, representado  por  el  ejército  del  general  Lavalle  y  la  emigra- 
ción de  Montevideo  :  y  el  art.  5.0  del  tratado  en  que  Rosas  ofrece 
á  los  Argentinos  proscriptos  amnistías,  olvido  del  pasado  y  garan- 
tías, es  una  amarga  irrisión,  un  lazo  torpemente  tendido,  que  ni 


APÉNDICE  453 


siquiera  tiene  el  mérito  de  haber  sido  preparado  con  astucia;  —  la 
realización  de  ese  artículo  nada  menos  importaba  que  entregar  á 
Rosas  sus  enemigos  desarmados  para  que  los  degollase  á  su  satis- 
facción. 

Esto  es  en  lo  que  respeta  á  los  Argentinos,  veamos  en  lo  que 
respeta  á  los  Orientales. 

Por  el  art.  4.0  Rosas  ha  de  seguir  considerando  en  estado  de 
absoluta  y  perfecta  independencia,  (  estúpida  ironía,  pues  al  inge- 
rirse en  los  asuntos  de  nuestro  país  atacaba  y  ataca  su  soberanía) 
d  ¡a  R.  O. , , .  sin  perjuicio  de  sus  derechos  na  tur  ates  ^  toda  ve^ 
que  lo  reclamen  la  justicia,  el  honor  y  seguridad  de  la  Confede- 
ración Argentina.  Es  decir —  que  puede  Rosas  en  virtud  de  ese 
artículo,  (como  lo  hace)  desconocer  nuestros  derechos,  invadir  y 
talar  nuestros  campos  y  ciudades,  y  degollarnos  también,  cuando 
la  justicia,  el  honor  y  la  seguridad  de  la  Confederación  Argén- 
tina,  que  como  todos  sabemos  son  su  capricho  y  voluntad  única- 
mente, así  lo  exijan  ! 

En  vano  el  imbécil  que  firmó  esa  convención,  luego  que  se  vio 
interpelado  por  los  mismos  que  traicionara,  ha  querido  sacu- 
dirse del  fango  de  que  se  ha  cubierto,  negando  la  alianza  de  la 
Francia  con  los  Argentinos  y  Orientales  (Documentos  oficiales 
etc.  pág,  i^J  pero  aun  cuando  eso  fuera  así,  por  qué  relación, por 
qué  vínculo  de  los  que  reconoced  derecho  se  ha  creído  obligada 
la  Francia,  á  incluir  á  la  República  en  el  tratado  que  ha  cele- 
brado, si  ella  no  era  su  aliada,  ó  si  siéndolo,  cómo  se  ha  tratado 
sin  su  participación  (folleto  cit.  en  la  misma  pág.)  Este  dilema  — 
que  puede  aplicarse  á  los  dos  pueblos — con  el  que  nuestro 
Enviado  el  Sr.  D.  Andrés  Lamas  interrogó  al  vice-Almirante, 
que  nada  contestó,  reasume  toda  la  gravedad  délos  cargos,  toda 
la  mala  fé  é  injusticia  de  ese  tratado. 

A  la  verdad  es  imposible  leerlo  sabiendo  sus  consecuencias 
sin  descargar  una  maldición  sobre  el  que  lo  firmó.  Mucho  con- 
vendría que  los  pueblos  americanos  no  olvidasen  esta  lección. 

Por  el  artículo  i.o  de  la  Convención  de  29  de  Octubre,  Ro- 
sas reconoció  las  indemnizaciones  debidas  á  los  franceses.  Un 
poco  de  dinero,  pues,  y  las  serviles  adulaciones  del  tirano  y 
sus  ministros,  fué  sin  duda  lo  único   que    obtuvo   Mackau    en 


454  CRUZADA  ARGENTINA 


pago  de  su  ignominia:  en  pago  del  alzamiento  del  bloqueo,  de 
la  devolución  de  la  isla  de  Martin  Garcia,  repuesto  el  mate- 
rial de  armamento  que  tenia  cuando  fué  tomada,  y  dos  buques 
mas,  con  la  misma  cláusula  —  como  se  convino  en  el  art.  2.° 
y  como  se  efectuó  literalmente  por  el  complaciente  negocia- 
dor. (Véase  el  tratado)  se  halla  entre  los  Documentos  justiji' 
cativos  del  folleto  Sobre  la   Convención,  etc.  J 

Una  bandera  parlamentaria  flameaba  sobre  el  buque  donde 
estaba  el  Almirante,  mientras  los  Argentinos  y  extranjeros  eran 
degollados  en  las  calles  de  Buenos  Aires,  citaremos  algunos — 
Nobrega  subdito  portugués,  Gándara  inglés,  Cladellas  ahogadoen 
un  baúl  y  González,  (D.  Lúeas,)  españoles,  Varangot  francés.,, 
y  anteriormente  Bacle  muerto  por  el  mal  trato  que  se  le  daba  en 
la  cárcel,  Buchi  asesinado  por  la  mazhorcaá  mediados  del  año  39, 
Dubué  fusilado  en  Mendoza  el  21  de  Agosto  de  1839  y  los  demás 
que  cita  Indarte  en  las  Tablas  de  Sangre:  todos  franceses  / 

Meses  después  de  su  llegada  á  Paris,  Mackau  fué  nombrado 
Ministro  de  la  Guerra.  En  las  dos  Cámaras  ha  sostenido  siempre 
la  validez  de  la  Convención  del  29  de  Octubre  ratificada  por  Mr. 
Guizot:  mas  de  una  vez  ha  tratado  de  hacernos  aparecer  como 
pueblos  semi-salvajes  á  los  cuales  sólo  conviene  un  gobierno 
despótico  como  el  de  Rosas.  —  El  Sr.  Page,  su  digno  colabo- 
rador, ha  escrito  con  ese  objeto  sendos  artículos  en  la  Revista 
de  ambos  Mundos^ 

A  principios  de  Noviembre  Lavalle  recibió  en  Calchines  la 
noticia  de  la  Convención  Mackau,  y  una  sonrisa  de  desprecio, 
indignación  é  ira  reconcentrada,  pero  profunda,  fué  lo  iinico 
que  le  arrancó.  El  23  se  presentó  un  soldado  prisionero  del  ejér- 
cito libertador  con  pliegos  dirigidos  á  este  último  por  Mansilla, 
comisionado  de  Rosas:  el  de  Mackau,  Mr.  Halley,  llevaba  la 
comisión  de  ofrecer  indemnizaciones  en  Francia  á  Lavalle  y  á 
los  jefes  excluidos  en  el  artículo  3>\  con  tal  que  se  adhiriesen 
Á  el.  . .  . 

Uno  de  los  jefes  principales  propuso  al  general  Lavalle  que  la 
respuesta  X  Mansilla,  fuese  tirm.ida  por  los  tambores  y  cometas 
del  eiército,  contestándole  en  tono  de  tiieo  v  recordándole  su 
pAs;idA  vida  politice. — Asi  se  efectuó  tres  días  después. 


APÉNDICE  455 


§  XIII.  —  QUEBRACHITO  —  SaNCALÁ  —  AcHA  EN  SaN  JuAN.  — 

pág,  2^2,  —  El  10  de  Octubre  de  1840,  á  consecuencia  de  haber 
el  general  Lamadrid  sublevado  la  Sierra,  así  como  el  Norte  con 
su  repentina  aparición  por  la  parte  de  los  llanos  de  la  Rioja,  la 
provincia  y  ciudad  de  Córdoba  se  levantaron  contra  Rosas.  La 
revolución  de  la  capital  se  verificó,  hallándose  dicho  general  á  5 
leguas  de  ella,  en  la  Chacarilla,  por  aviso  que  dirigió  á  sus  ami-' 
gos  de  su  aproximación  y  de  la  intimación  que  habia  dirigido  al 
gobernador  López. 

Hemos  rehecho  esta  nota  y  las  referentes  á  la  travesía  de  los 
Andes,  con  nuevos  datos  que,  á  nuestro  ruego,  el  mismo  general 
Lamadrid  ha  tenido  la  bondad  de  facilitarnos. 

El  21  de  Noviembre  salió  Lavalle  de  Ascochingas  (5  leguas  de 
Santa-Fé),  para  reunirse  á  Lamadrid. — Oribe  apenas  tuvo  parte 
de  sus  movimientos,  emprendió  su  marcha  tras  él  con  trop:is 
frescas  y  bien  montadas,  mientras  los  caballos  de  los  libertadores 
iban  cayéndoseles  por  el  camino  muertos  de  extenuación:  ade- 
más, un  gran  convoy  de  familias  trababa  y  retardaba  su  marcha. 
Lavalle  no  pudo  resolverse  á  abandonarlo:  creia  poder  salvarlo, 
y  cuando  conoció  la  inutilidad  de  sus  esfuerzos  y  su  generoso 
error  (que  le  honra  como  hombre,  aunque  le  condena  como 
militar),  ya  era  tarde.  .  .  . 

El  28  de  Noviembre  logró  Oribe  alcanzar  á  el  ejército  liberta- 
dor en  el  Quebracho,  estando  desmontada  la  mitad  de  su  caba- 
lleria.  Lavalle  vióse  obligado  á  aceptar  la  batalla:  «  el  ejército 
enemigo  constaba  de  4,000  caballos,  2,000  infantes  y  10  piezas. 
El  libertador  de  3,000  caballos,  300  infantes  y  4  piezas,  pero  de 
aquellos  mas  de  1000  estaban  con  el  recado  al  hombro,  así  es  que 
entraron  en  línea  apenas  2,300  solábaos. -^  ( La-Casa  y  Nac.  cit. ) 
Después  de  la  derrota  retiróse  Lavalle  á  Córdoba,  lentamente  y 
sin  ser  perseguido  por  Oribe. 

El  12  de  Enero  de  1841,  poruña  inconcebible  incuria  y  des- 
cuido del  coronel  Vilela,  la  división  que  mandaba  fué  sorpren- 
dida por  Pacheco,  de  noche,  en  Sancalá.  He  aquí  lo  que  dice 
Lavalle  acerca  de  la  empresa  que  le  habia  encomendado. 

'<  Esa  preciosa  columna  la  habia  yo  destinado  á  ocupar  las  pro- 
vincias de  Cuyo,  donde  á  la  sazón  el  fraile  Aldao  no  podia  opo- 


456  CRUZADA  ARGENTINA 


nerle  sino  800  ó  1000  hombres.»  —  Carta  del  general  Lavalle  al 
general  Pa^y  datada  en  Salta  el  ^  de  Octubre  de  1841,  —  (*) 

De  un  parte  que  nos  han  facilitado  recientemente,  tomamos 
estas  líneas  concernientes  al  valeroso  Acha.  Ellaá  explican  el  de- 
sastre sufrido  después  de  la  victoria,  y  le  honran  mas  que  cuanto 
nosotros  pudiéramos  decir. 

«El  general  Acha  al  mando  de  la  legión  Brizuela,  escuadrón 
Paz,  batallón  Libertad  y  dos  piezas  de  artilleria,  conducia  á  dis- 
tancia de  12  leguas,  la  vanguardia  del  ejército  :  fde  Lamadrid, 
que  iba  á  invadir  las  provincias  de  Cuyo,  J 

La  vanguardia  habia  ocupado  la  capital  de  San  Juan  el  15 
(de  Agosto)  y  se  habia  montado  perfectamente.  Empezaba  á 
reunir  lo  necesario  para  auxiliar  al  ejército,  cuando  apareció  en 
las  inmediaciones  de  la  Punta  del  Monte  una  división  enemiga 
al  mando  del  general  Benavides. 

La  legión  Brizuela  bajo  la  dirección  del  asombroso  joven, 
teniente  coronel  D.  Crisóstomo  Alvarez,  habia  salido  en  perse- 
cución del  coronel  Oyuela  que  huia  en  ese  rumbo. 

Al  llegar  á  aquel  punto  se  encontró  con  una  y  otra  fuerza 
reunida;  ordenó  la  suya  inmediatamente,  las  atacó  y  arrolló  en 
todas  direcciones.  Un  momento  después  se  descubrieron  los 
polvos  del  ejército  de  Aldao,  que  en  masa  se  acercaba  á  prote- 
gerlos. El  general  Acha  entonces,  que  con  su  columna  seguía  los 
pasos  de  Alvarez,  formó  su  línea  y  esperó  á  los  enemigos  que  en 
número  de  2,200  circularon  aquel  puñado  de  valientes. 

En  este  día  tuvo  lugar  uno  de  aquellos  acontecimientos  singu- 
lares en  la  historia.  Nuestra  división  al  empezar  el  combate  sólo 
constaba  de  450  hombres:  sucesos  imprevistos  le  habian  arreba- 
tado el  resto  de  su  fuerza,  y  hasta  sus  dos  piezas  de  artilleria  se 
habian  inutilizado  en  los  primeros  tiros. 

La  sangre  corrió  durante  ocho  horas,  y  el  campo  de  Angaco 
quedó  consagrado  el  16  de  Agosto  por  un  suceso  inmortal,  por 
mil  rasgos  de  un  heroismo  ejemplar,  y  por  la  mas  espléndida 
victoria  de  la  libertad  contra  la  tiranía. 


(*)  Nuestro  amigo  D.  Andrés  Lamas  ha  tenido  la  bondad  de  darnos  una  co- 
pia de  esta  carta,  de  otra  que  le  habia  franqueado  el  general  D.  Ignacio  Al- 
varez. 


APÉNDICE  457 


El  ejército  enemigo  fué  deshecho  completamente,  y  su  infan- 
tería prisionera  con  todos  sus  bagajes  y  elementos  de  guerra.  . .  » 

En  seguida  refiere  Lamadrid  la  vuelta  de  Benavides  con  nue- 
vos refuerzos,  y  la  gloriosa  defensa  de  Acha  en  San  Juan,  durante 
tres  días,  (que  no  transcribimos  por  ser  muy  extensa),  y  conclu- 
ye diciendo,  que  sólo  capituló  cuando  se  le  acabaron  las  muni- 
ciones, f  Parte  del  general  Lamadrid,  impreso  en  el  número  ^jg 
del  Araucano,  periódico  chileno,  J 

El  general  Acha  capituló  bajo  la  condición  de  respetarse  las 
vidas.  No  obstante,  después  que  Benavides  se  reunió  á  Pacheco, 
fué  fusilado  por  su  orden  el  21  de  Setiembre  en  el  Desaguadero, 
y  su  cabeza  clavada  en  un  palo  e?i  el  camino  que  conduce  á  este 
ríOf  entre  la  Represa  de  la  Cabra  y  el  paso  del  Puente.  (Palabras 
del  parte  de  Pacheco  á  Rosas.) 

§  XIV.  —  Rodeo  del  Medio  —  Paso  de  los  Andes  en  invierno 
—  Llegada  de  los  [fugitivos  á  Chile, />i^.  255.  — La  sorpresa  de 
Sancalá  desbarató  los  planes  de  Lavalley  Lamadrid,  que  se  retira- 
ron á  las  provincias  del  interior.  El  primero  se  dirigió  á  la  Rioja 
y  el  segundo  á  Tucuman.  Brizuela  no  prestó  á  Lavalle  la  coope- 
ración que  debiera.  En  tanto  Aldao  y  Benavides  invadieron  la 
Rioja;  Brizuela  nada,  absolutamente  nada  hizo,  hasta  que  cayó 
en  manos  de  los  enemigos.  A  principios  de  Agosto,  Lavalle  pasó 
de  la  Rioja  á  Tucuman,  mientras  Lamadrid  se  ponía  en  marcha 
hacia  Cuyo,  y  el  19  de  Setiembre  de  1841,  en  los  campos  de  Fa- 
malla,  el  ángel  de  la  muerte  coronó  por  segunda  vez  con  lauro 
de  victoria  las  sienes  del  renegado. 

Se  ha  acusado  á  Lavalle  por  esta  batalla  y  creemos  que  sin 
razón.  El  hizo  cuanto  estaba  de  su  parte  para  triunfar :  pero  la 
negra  estrella  que  le  perseguía,  como  ha  dicho  La-Casa,  inuti- 
lizó todos  sus  esfuerzos.  «Cuando  llegó  á  Tucuman,  un  traidor 
(Ferreyra)  encargado  de  tenerle  en  ese  punto  caballadas  y 
demás,  estaba  de  acuerdo  con  los  enemigos.»  Oribe  venia  en 
marcha  y  Lavalle  tuvo  que  salir  inmediatamente  de  la  ciudad, 
que  fué  ocupada  por  Garzón. . . .  Oigamos  al  mismo   Lavalle : 

«Dos  días  medité  profundamente  sobre  mi  situación,*  y  me  re- 
solví á  atacar  al  ejército  enemigo,  siéndome  imposible  caer 
sobre  la  parte  mas  débil  en  número  que  era  la  guarnición  de  la 
ciudad.  Las  razones  porque  me  resolví  á  dar  esta  batalla  tan  des- 


458  CRUZADA  ARGENTINA 

igual,  las  expondré  si  algún  día  se  me  hace  cargo  del  resultado.  » 
Caria  cit. 

Según  esa  carta,  no  tenia  él  mas  que  1500  hombres  de  caba- 
llería, 80  infantes  y  5  piezas  de  á  cuatro :  el  ejército  enemigo, 
800  infantes,  6  piezas  de  campaña,  1,200  hombres  de  caballeria 
porteña,  y  1000  santiagueños :  de  los  cuales,  descontando  aoo 
infantes,  400  caballos  y  3  piezas  que  habían  quedado  en  la  ca- 
pital de  Tucuman  á  las  órdenes  de  Garzón,  siempre  quedan 
5,400  hombres  contra  i  ,38o :  es  decir,  casi  el  doble  :  sin  contar  la 
desventaja  de  la  artilleria  é  infantería.  Sólo  así  es  que  saben  ga- 
nar batallas  los  tenientes  de  Rosas. 

Cuando  los  futuros  historiadores,  libres  de  toda  influencia, 
escriban  los  anales  de  estos  paises,  y  pongan  en  su  verdadero 
punto  de  vista  la  revolución  americana  ;  y  siguiendo  el  hilo  de 
la  tradición  histórica,  examinen  uno  por  uno  los  acontecimien- 
tos de  cada  país  y  de  cada  época,  en  el  análisis  de  la  Cruzada 
Argentina  encabezada  por  Lavalle,  encontrarán  formuladas  en 
altísimo  relieve  las  necesidades,  los  deseos,  los  pensamientos, 
las  esperanzas  y  desilusiones  de  mas  de  un  pueblo  y  de  mas  de 
una  generación. 

Entonces,  sólo  entonces  se  apreciará  como  corresponde,  lo 
que  han  hecho  Lavalle  y  los  hombres  que,  de  buena  f*^,  han 
acudido  á  su  llamado.  Tal  vez  nos  engañemos ;  pero  juzgamos 
que  la  historia  los  ha  de  rehabilitar  dignamente.  —  (  Esto  se  es- 
cribía en  i84«i. ) 

El  general  Lamndrid  niega  que  tuviese  un  ejército  numeroso, 
antes  por  el  contrario  era  muy  inferior  al  de  Pacheco.  Según  sus 
apuntes,  apenas  llegaba  á  1,1  «;o  hombres  escasos,  de  las  tres  ar- 
mas» mientras  el  do  Pacheco  se  componía  de  2,000  infantes,  1,300 
caballos  y  1 5  piezas  de  artilleria,  mandados  por  él  y  Benavides, 
sejiun  el  parte  del  mismo  Pacheco,  publicado. 

Iji  batalla  empezó  á  las  12  del  día  24  de  Setiembre,  con  la 
derrota  de  toda  la  derecha  enemiga  y  retrocefo  de  toda  su  infan- 
tería, que  se  h;;bia  extendido  hacia  el  ala  derecha  del  ejercito  de 
luimavirid.  Por  cerca  de  dos  horas  estuvo  decidida  la  victoria  á 
favor  de  esto  ultimo:  pero  la  escandalosa  fuga  de  uno  de  los 
jotos»  viespues  de  haber  desobedecido  todas  las  órdenes   que  se 


APÉNDICE  459 


le  dieron  para  que  cargase  sobre  la  izquierda  enemiga,  la  decidió 
al  fin  á  favor  de  Pacheco. 

Lamadrid  entró  á  Mendoza  á  las  4  de  la  tarde  de  ese  mismo 
día,  con  700  hombres  de  caballeria,  y  se  lanzó  con  ellos  á  atra- 
vesar la  Cordillera. 

Después  de  crueles  padecimientos,  quedando  algunos  bajo 
la  nieve,  otros  tullidos,  otros  sin  pies  y  sin  manos,  llegaron  á 
Chile  á  principios  de  Octubre.  La  mas  generosa  protección  les 
fué  acordada  por  parte  del  gobernador  de  los  Andes  D.  José 
Erasmo  Jofré,  el  vecindario  de  Santa  Rosa,  el  Gobierno  de  la 
capital,  la  Comisión  Argentina,  y  un  joven  argentino  de  altas 
esperanzas,  que  no  ha  mucho  estuvo  en  Montevideo,  y  que  es 
imposible  conocer  sin  apreciarle  como  merece:  el  Sr.  D.  Do- 
mingo Sarmiento. 

El  general  Lamadrid,  en  sus  apuntes,  le  recomienda  repetidas 
veces,  al  referir  los  importantes  servicios  que  hizo  á  él  y  á  sus 
proscriptos  compañeros  desde  que  supo  su  aproximación.  Los 
que  conocen  al  Sr.  Sarmiento  saben  que  no  es  este  el  único  título 
que  tiene  al  aprecio  de  sus  compatriotas  y  de  los  amigos  del 
pueblo  Argentino, 

§  XVI.  En  Jujuy,  pág.  261,  —  El  enemigo  persiguió  por  al- 
gunas leguas  á  los  restos  del  ejército,  y  con  encarnizamiento  á 
la  persona  de  Lavalle,  que  salió  del  campo  de  batalla  como  con 
60  hombres  y  se  dirigió  á  Salta,  donde  llegó  á  principios  de  Oc- 
tubre. 

Lavalle,  según  la  carta  citada  á  Paz,  habia  pensado  hacer  la 
guerra  de  recursos  en  Salta  y  no  abandonar  el  territorio  Argen- 
tino, sino  en  la  última  extremidad:  pero  en  ese  punto,  el  5  de 
Octubre,  los  escuadrones  de  Hornos  y  Ocampos,  no  se  sabe  aún 
si  espontáneamente  ó  impulsados  por  algunos  subalternos  ma- 
nifestaron su  decidida  voluntad  de  atravesar  el  Chaco,  y  diri- 
girse á  Corrientes  para  incorporarse  al  general  Paz.  Lavalle  supo 
esta  fatal  noticia  por  los  mismos  jefes;  y,  en  la  imposibilidad  de 
contenerlos,  los  dejó  partir.  En  la  noche  de  ese  mismo  día  se 
les  incorporó  el  coronel  Salas,  los  hermanos  Camelino  y  al- 
gunos otros. 

Este  acontecimiento  desbarató  los  planes  de  Lavalle,  que,  con 
poco  mas  de  100  hombres  se  dirigió  á  Jujuy. 


46o  CRUZADA  ARGENTINA 

El  8  de  Octubre  llegó  á  la  ciudad,  á  las  12  de  la  noche,  y  dis- 
puso que  se  acampase  su  fuerza  á  distancia  de  tres  cuadras  de 
ella  en  una  quinta  inmediata,  y  él  con  una  guardia  de  8  hombres 
mandada  por  el  teniente  Alvarez,  su  secretario  D.  Félix  Frias,  y 
su  ayudante  D.  Pedro  La-Casa  se  retiró  al  alojamiento  que  le 
tenía  preparado  de  antemano  el  gobierno  de  Jujuy. 

Esta  confianza,  este  menosprecio  de  la  muerte  cuando  estaba 
cierto  que  los  enemigos  venian  siguiendo  sus  pisadas,  prueban 
el  temple  diamantino  de  su  alma  y  el  brio  inquebrantable  de  su 
corazón  magnánimo. 

§  XVn.  Ultima  yiEDiTxcio's,  pág.  264,  —  Mientras  los  ejérci- 
tos de  Rosas  donde  quiera  que  han  puesto  el  pié,  han  dejado  un 
reguero  de  sangre,  y  conculcado  con  la  mas  inhumana  barbarie 
todos  los  principiosy  derechos,  los  libertadores  se  han  distinguido 
por  su  lealtad  caballeresca,  por  su  clemencia  y  liberalidad  suma. 

Las  seides  de  Rosas  entraban  en  una  ciudad  y  no  hay  crimen 
por  nefando  que  sea,  que  no  hayan  cometido  en  las  míseras 
Provincias  que  han  caido  bajo  su  yugo.  Hable  Corrientes,  Cór- 
doba, Tucuman,  Catamarca,  San  Juan,  Mendoza  ( i )....  Los 
libertadores  ni  fusilaban,  ni  perseguian,  ni  insultaban  á  nadie. 
Las  seides  de  Rosas  pasaban  á  cuchillo  á  sus  prisioneros  :  Lava- 
lie  les  devolvia  los  suyos  tomados  en  Santa-Fé;  Acha  respetaba 
la  vida  de  los  que  se  rindieron  en  Angaco  ;  Várela  (D.  Rufino) 
defendía,  en  una  ciudad  tomada  por  asalto,  exponiendo  la  suya, 
la  vida  de  los  que  en  el  ardor  del  combate,  puestos  de  rodillas, 
clamando  en  vano  misericordia,  veian  ya  á  una  pulgada  de  su 
pecho  las  bayonetas  de  sus  airados  vencedores. ...  Ese  mismo 
Várela  que  después  fué  tan  vilmente  asesinado,  al  ir  á  entregar 
á  Oribe  con  bandera  de  parlamentario  á  los  jefes  prisioneros  en 
Santa-Fé,  que  le  vieron  caer  bajo  el  puñal  de  un  asesino,  sin 
interponerse  entre  él  y  su  libertador  ;  sin  acordarse  siquiera 
como  militares,  que  su  honor  estaba  empeñado  en  que  volviese 


(  I  )  Nada  hemos  dicho  de  esos  horrores  porque  son  los  mismos  que  en  Bue- 
nos Aires:  no  hay  mas  que  variar  el  lugar  de  la  escena,  y  los  versos  escritos  para 
la  primera,  pueden,  poco  mas  ó  menos,  aplicarse  á  todas.  Sin  embargo,  reserva- 
mos algunos  para  el  canto  VI  ;  que  trataremos  de  hacer  tan  diabólico  y  horrible 
como  los  personajes  que  en  el  figurarán.  Reservamos  para  entonces  ocuparnos 
del  tremendo  episodio  de  Camila  Ogórman. 


APÉNDICE  461 


libre  é  ileso  á  dar  en  su  nombre  las  gracias  al  hombre  generoso, 
que  tan  noblemente  habia  roto  sus  prisiones  ! 

J^a.pirdida  que  ha  hecho  la  República  Argentina  en  esta  cru- 
zada, de  jefes  y  oficiales  distinguidos,  muchos  de  ellos  soldados 
de  la  guerra  de  la  independencia,  es  muy  notable.  Quisiéramos 
disponer  del  tiempo  necesario  para  leer  detenidamente  todos  los 
partes  oficiales  y  consignar  en  esta  nota  los  nombres  de  esos 
viejos  guerreros  argentinos,  que  han  puesto  en  la  frente  de  Bue- 
nos Aires  una  corona  de  laureles,  arrancados  en  diversas  regio- 
nes, peleando  por  la  independencia  americana ;  y  han  venido 
después  á  dejar  sus  huesos  en  los  campos  de  batalla  de  la  guerra 
civil,  sosteniendo  los  dogmas  de  aquella  revolución  inmortal. 

En  la  imposibilidad  de  hacerlo  como  deseáramos,  añadimos 
algunos  nombres  que  recordamos  en  este  instante,  á  los  nombra- 
dos en  las  notas  anteriores. 

Maciel,  tomado  prisionero  en  la  frontera  de  Corrientes  y  fu- 
silado por  orden  de  Oribe  :  Vilela,  después  de  Famalla :  Crám- 
mer  muerto  en  Chascomús  :  Manterola  en  Machigasta  :  Rojas, 
en  Catamarca :  Salvadores,  en  Mendoza  :  Sardina,  en  Tucuman. . . 

La  bravura  y  arrojo  de  la  juventud  que  acompañó  á  Lavalle 
es  también  ejemplar.  No  hay  mas  que  abrir  los  periódicos  de  la 
época  para  encontrar  en  cada  suceso  feliz  ó  desgraciado,  uno  ó 
muchos  rasgos  de  valor,  ejecutados  exclusivamente  por  ella. 

Y  es  digno  de  mencionarse  que  entre  tantos  nombres  distin- 
guidos, el  de  Alvarcj^  es  el  mas  notable. 

Recordamos  seis  individuos  de  este  nombre  (y  todavia  hay 
mas)  que  todos,  menos  uno,  han  sucumbido  bizarramente  sin 
desmentir  la  nobleza  de  su  raza. 

D.  Crisóstomo  Alvarez,  muerto  en  San  Juan  :  el  Dr.  D.  Fran- 
cisco Alvarez,  gobernador  de  Córdoba,  muerto  en  Angaco  ; 
D.  Zacarias  Alvarez,  jefe  del  escuadrón  Maza,  muerto  en  Sauce- 
Grande  ;  D.  Eduardo  Alvarez  (hijo  del  general  D.  Ignacio), 
muerto  en  esta  misma  batalla;  D.  Ignacio  Alvarez,  otro  hijo  del 
general,  muerto  en  Famalla;  Alvarez,  teniente,  uno  de  los  mas 
decididos  defensores  del  cadáver  de  Lavalle. 

En  la  bella  introducción  de  la  obra  que  acaba  de  publicar  el 
Sr.  Echeverria,  f  Ojeada  Retrospectiva,  etc. )  encontramos  re- 
producidas con  mas  elocuencia  las   ideas  que  expresamos  en  la 


462  CRUZADA  ARGENTINA 

estrofa  tercera,  pág.  266.  Sólo  nos  tomamos  la  libertad  de 
alterar  el  orden  gramatical,  para  que  puedan  aplicarse  indis- 
tintamente á  todos  los  jóvenes  que  han  muerto  en  esa  glorix^sa 
cruzada. 

«Mártires  sublimes. . . .  habéis  dado  vuestra  vida  toda  entera  á 
la  patria. ...  si  no  hubiera  nacido  un  tirano  en  ella,  la  ciencia  y 
la  reflexión  habrían  absorbido  vuestras  preciosas  vidas....  la 
espada  y  la  pluma,  el  pensamiento  y  la  acción  se  unían  en  vo- 
sotros para  engendrar  la  vida  :  —  sois  la  gloria  y  el  orgullo  de  la 
nueva  generación. 

Mártires  sublimes  de  la  Patria  I  vosotros  reasumis  la  gloria  de 
una  década  de  combates  por  el  triunfo  del  Dogma  de  Mayo.  » 

§  XVIII.  La  BALA  ANÓNIMA, /)i^.  20^, — En  la  mañana  del  9 
de  Octubre  de  184 1,  al  amanecer,  la  casa  donde  estaba  Lavalle 
fué  cercada  por  una  partida  de  25  ó  30  hombres.  Su  ayudante 
vino  á  prevenírselo.  —  Lavalle  le  preguntó  únicamente  que  clase 
de  enemigos  eran,  y  contestándole  La-Casa  que  eran  paisanos: 

—  Entonces  no  hay  cuidado  (respondió),  vaya  Vd.,  cierre  la 
puerta  y  mande  ensillar,  que  nos  hemos  de  abrir  paso.  (Nac,  cit,) 

De  allí  á  algunos  instantes  se  oyó  simultáneamente  el  galope 
precipitado  de  algunos  caballos  y  tres  tiros 

Cuando  entró  La-Casa  y  sus  compañeros,  el  primer  patriota 
de  la  República  Argentina  ya  no  existia  ! 

«Un  profundo  dolor  reunió  alrededor  de  sus  restos  á  la  pe- 
queña división  y  se  acordó  transportarlos  á  Bolivia.  »  (Nac.  cit,) 

Cuando  pasaron  los  primeros  momentos  de  consternación,  se 
colocó  el  cadáver  de  Lavalle  atravesado  sobre  su  caballo,  cu- 
bierto con  su  poncho.  El  general  Pedernera  se  puso  á  la  cabeza 
de  la  fuerza,  y  empezaron  la  marcha. 

No  habian  andado  una  legua  cuando  supieron  que  el  enemigo, 
por  distintas  direcciones,  fraccionándose  en  fuertes  partidas, 
venia  á  cortarles  el  paso.  Pero  ellos  sin  desanimarse,  y  atrepe- 
llando cuanto  se  les  ponia  por  delante,  siguieron  su  camino. 

A  cuatro  ó  cinco  leguas  de  Jujuy,  el  valiente  y  leal  teniente 
coronel  Mansilla,  se  hizo  cargo  del  cadáver;  y  atacado  y  perse- 
guido continuamente,  sin  alejarse  una  pulgada  de  él,  estuvo  tres 
ó  cuatro  veces  por  caer  en  poder  de  los  enemigos. 

Pero  la  corrupción  empezó  á  apoderarse  del  cadáver  y  en  el 


APÉNDICE  463 


temor  de  que  se  les  cayese  á  pedazos,  lo  descarnaron  en  Rodero, 
mas  allá  de  Humahuaca,  entre  dos  montañas,  en  una  quebrada, 
á  la  margen  de  un  riachuelo,  donde  lavaron  sus  huesos.  . .  . 

Impulsados  del  vivo  interés  que  nos  inspira  todo  lo  concer- 
niente á  Lavalle,  hemos  tratado  de  informarnos  de  alguno  que 
hubiese  estado  allí  y  hubiese  visto  con  sus  ojos  lo  que  nosotros 
hemos  leído.  —  Felizmente,  el  coronel  Dannél,  antiguo  vete- 
rano que  ha  hecho  toda  la  campaña  con  Lavalle,  que  era  su  ayu- 
dante y  ha  acompañado  su  cadáver  hasta  Bolivia,  bondadosa- 
mente, con  la  mejor  voluntad,  nos  ha  referido  cuanto  podiamos 
desear,  y  hemos  visto  con  placer  que  su  relato  coincide  con  lo 
que  ha  publicado  la  prensa  de  Bolivia  y  Chile,  reproducido  por 
la  de  Montevideo. 

En  la  persecución,  nos  ha  asegurado  el  coronel  Dannel  que 
estuvieron  cinco  y  seis  días  sin  comer :  y  cuando  al  cabo  de  ese 
tiempo  obtenían  un  poco  de  maiz  crudo  en  las  rancherías  de  los 
indios  por  donde  pasaban,  se  consideraban  muy  felices  y  lo  de- 
voraban sin  mas  preparación. 

§  XIX. — Defensa  del  cadáver  de  Lavalle,  pdg,  270.  —  He 
mandado  hacer  activas  pesquisas  sobre  el  lugar  donde  esté  ente- 
rrado el  cadáver  para  que  le  corten  la  cabera  y  me  la  traigan, 
(Carta  de  Oribe  al  gobernador  de  Córdoba  C.  Arredondo,  fe- 
cha 12  de  Octubre,) 

Los  restos  del  cadáver  fueron  depositados  en  la  Catedral  de 
Potosí.  En  el  §  III,  pág.  436,  hemos  señalado  algunas  batallas 
dadas  en  el  territorio  de  lo  que  hoy  es  República  Boliviana, 
donde  se  halló  Lavalle  y  peleó  por  su  libertad. 

Algunas  partidas  del  ejército  enemigo  pasaron  al  territorio  Bo- 
liviano persiguiendo  á  los  fugitivos.  El  general  Urdimenea,  jefe 
de  la  frontera,  les  intimó  que  inmediatamente  se  retirasen  so 
pena  de  tratarlos  como  á  enemigos:  Oribe  furioso  y  despechado 
reclamó  la  extradición  del  cadáver;  el  noble  jefe  boliviano 
lleno  de  indignación,  ni  siquiera  se  dignó  contestarle. 

Si  no  hubiéramos  sido  tan  sobrios,  tan  sobrios  que  no  conten- 
tos con  tomar  únicamente  los  rasgos  mas  notables  de  cada  su- 
ceso, según  nuestro  modo  de  comprenderlos;  al  pasar  en  limpio 
nuestros  borradores  hemos  suprimido  algunas  estrofas  que  nos 
han  parecido  ó  hecho  notar  que  eran  débiles  ó  innecesarias,  con 


464  CRUZADA  ARGENTINA 


gusto  habríamos  consagrado  algunas  páginas  á  este  virtuoso  y 
digno  soldado  de  Lavalle. 

Son  rarísimos  los  ejemplos  de  un  afecto  tan  vehemente  y  de- 
sinteresado,—  de  una  fidelidad  tan  acendrada  y  constante. 

Mansilla  era  un  indio,  gaucho  de  los  que  en  1829  pelearon 
contra  Lavalle  á  favor  de  Rosas.  Perseguido  mas  tarde  por  este 
último,  emigró,  y  apenas  supo  que  su  antiguo  enemigo  iba  á  ha- 
cerle la  guerra,  se  puso  bajo  sus  órdenes,  y  desde  que  salió  de 
Montevideo,  le  acompañó  fielmente  en  todas  sus  campañas. 
Cuando  se  trató  de  salvar  el  cadáver,  se  hizo  espontáneamente 
cargo  de  él,  y  no  le  abandonó  por  un' solo  instante:  llegó  á  Boli- 
via,  depositó  sus  restos  en  lugar  sagrado,  constituyóse  guardián 
de  ellos,  y  permaneció  allí  por  mas  de  un  año,  hasta  que  los 
condujo  á  Valparaíso  con  destino  á  la  familia  del  General.  En 
Valparaíso,  donde  hoy  existen  (1846),  murió  este  leal  y  bene- 
mérito soldado. 

Si  algún  día  la  patria  Argentina,  —  y  ese  día  ha  de  llegar  — 
recoge  los  huesos  desús  hijos  dispersos  en  los  campos  de  batalla 
ó  proscriptos  en  suelo  extranjero,  y  les  alza  un  monumento  que 
eternice  su  memoria,  al  lado  de  la  urna  del  General  Lavalle 
debe  de  colocarse  la  que  contenga  las  cenizas  del  Teniente  Coro- 
nel Mansilla. 

§  XX.  Himno  al  mártir, /j^.  27^.  —  Del  admirable  discurso 
pronunciado  por  el  General  Mitre,  al  pié  de  la  estatua  de  La- 
valle,  tomamos  los  párrafos  siguientes  : 

«  La  estatua  del  General  Lavalle  es  la  coronación  de  la  gloria 
y  del  martirio.  El  pampero  arrancó  una  noche  el  velo  que  la 
cubría,  como  si  la  tempestad  se  hubiese  anticipado  á  inaugurar 
en  la  sombra  el  monumento  del  libertador  y  el  mártir  cuya  exis- 
tencia fué  una  noche  tempestuosa. 

En  medio  de  la  oscuridad  de  esa  noche,  una  mano  anónima  ha 
estampado  una  mancha  de  sangre  sobre  el  pedestal  de  este  monu- 
mento, olvidando  que  un  rio  de  Ugrimas  y  de  sangre  la  ha  la- 
vado, y  que  un  nuevo  sentimiento  postumo  la  ha  purificado.  Yo 
l;i  vuehv  a  estampar  á  la  luz  del  día,  para  borrarla  por  la  mano 
del  pueblo.  Todo  debe  recordarse  y  nada  debe  olvidarse.  Los 
hombres  mas  puros  son  los  mas  respK)nsables  de  sus  acciones,  y 
los  que  honran  su  memoria  no  deben  declinar  cobardemente  la 
r^spon$4ibiUd;id  de  sus  errores. 


APÉNDICE  465 


Hace  más  de  un  cuarto  de  siglo  que  los  restos  mortales  de 
Lavalle,  salvados  por  el  amor  de  sus  últimos  soldados,  volvieron 
triunfantes  del  destierro,  después  de  merecerlas  oraciones  fúne- 
bres de  las  repúblicas  americanas  por  cuya  independencia  habia 
trabajado.  En  presencia  de  aquellos  huesos  peregrinos,  dije: 
«  Mejor  se  triunfa  muriendo  que  matando.  »  Y  todos  hermanos 
apaciguados,  pudieron  abrazarse  en  torno  de  su  sepulcro,  y  dor- 
mir tranquilos  el  sueño  eterno  en  el  mismo  recinto  el  sacrificador 
y  el  sacrificado. 

Hoy,  en  presencia  de  su  imagen,  completaré  la  lección  moral 
que  se  desprende  de  su  vida  y  de  su  muerte.  Matando  una  vez, 
fué  vencido,  y  de  la  sangre  de  su  ilustre  víctima  brotó  un  tirano. 
Muriendo,  redimía  á  su  patria  por  el  sacrificio,  y  de  su  sangre 
brotó  la  libertad  resucitada  y  la  nación  argentina  unificada  por 
el  dolor. 

Lavalle  no  sólo  fué  un  libertador  y  un  mártir:  fué  el  salva- 
dor del  honor  nacional,  y  el  agente  activo  de  su  regeneración 
política. 

Al  levantarse  en  armas  contra  la  tiranía,  consignó  en  la  histo- 
ria la  protesta  de  los  argentinos  contra  su  bárbaro  tirano,  y  salvó 
á  su  patria  y  á  sus  compatriotas  de  un  oprobio  eterno,  redimién- 
doles moralmente. 

El  basamento  con  sus  catorce  fases  y  sus  escudos  municipales, 
representa  las  catorce  provincias  que  él  recorrió  una  por  una  con 
sus  legiones  populares,  combatiendo  por  su  libertad  y  por  su 
honor,  y  reuniendo  por  primera  vez  á  todos  sus  hijos  y  á  todos 
sus  partidos  bajo  una  bandera  redentora  y  unificadora.  La  co- 
lumna que  se  levanta  sobre  la  fortaleza  de  las  catorce  provincias 
unidas,  es  el  símbolo  de  la  nacionalidad,  una  y  única,  por  cuya 
independencia  trabajó  Lavalle  en  toda  la  extensión  del  conti- 
nente americano,  y  por  cuya  libertad  y  unidad  pugnó  en  toda  la 
extensión  de  la   República  Argentina. 

En  nombre  del  pueblo  que  ha  erigido  esta  estatua,  propiciada 
por  los  poderes  públicos,  yo  la  entrego  á  la  municipalidad  de 
Buenos  Aires,  bajo  los  auspicios  del  Gobierno  de  la  nación, 
como  un  monumento  municipal  y  nacional,  y  debe  animarnos 

30 


466  CRUZADA  ARGENTINA 


á  todos  la  esperanza  de  que  nuestros  hijos,  agradecidos  al  recibir 
el  glorioso  legado,  confirmarán  la  leyenda  que  hemos  grabado 
en  las  cuatro  fases  cardinales  de  su  pedestal : 

EL    PUEBLO    Á    LAVALLE 

LIBERTADOR  Y  MÁRTIR, 

MUERTO    POR     LA     LIBERTAD 

RENACIDO     Á      LA     INMORTALIDAD. 

1887. 

§  XXI.  Horizontes  sombríos — Noble  ejemplo — Los  pros- 
criptos,j&j^.  2^^,  —  Después  de  Famalla  y  Rodeo  del  Medio,  la 
heroica  juventud  que  componía  los  dos  ejércitos  libertadores, 
emigró  á  los  estados  limítrofes  y  derramóse  por  la  República 
Oriental,  Chile,  Bolivia  y  Perú. 

Hemos  dejado  para  abrir  con  ella  el  canto  III  titulado  «  Cre- 
púsculo» la  travesia  del  Chaco  por  la  división  Salas  y  Hornos; 
porque  ligada  con  los  demás  acontecimientos  de  ese  canto,  que 
finaliza  en  la  batalla  del  Arroyo  Grande,  presenta  una  nueva  faz 
histórica  que  explica  fácilmente  la  idea  que  nos  proponemos. 

Bien  se  comprende,  que  sólo  en  sentido  figurado  podemos 
decir  en  la  estrofa  que  origina  esta  nota,  que  entonces  fué  sofo- 
cada de  nuevo  la  libertad  Argentina,  queriendo  expresar  mas 
bien  que  un  hecho  consumado,  la  desorganización  súbita  y  com- 
pleta de  todos  los  elementos  reunidos  y  asestados  contra  la  tira- 
nía por  el  noble  mártir  que  acababa  de  morir. 

En  esa  época  un  solo  pueblo  quedaba  en  pié:  Corrientes.  Pero 
Corrientes  no  hacia  mas  que  seguir  el  impulso  que  le  habia  dado 
anteriormente  Beron  de  Astrada  :  Corrientes,  como  Montevideo, 
no  ha  seguido  peleando  después,  sino  por  sostener  su  autonomía 
y  empeñada  en  la  lucha  por  compromisos  anteriores  ;  y  su  prin- 
cipal conato  como  el  de  Montevideo  no  ha  sido  otro  que  el  de 
salvar  su  independencia  provincial  á  todo  trance. 

Los  últimos  sucesos  prueban  suficientemente  lo  que  avanzamos. 

Mientras  la  cruzada  Argentina  y  la  conflagración  que  produjo 
en  toda  la  República,  empezaron  y  acabaron  con  Lavalle.  La- 
valle  es  respecto  de  ellas  lo  que  el  punto  céntrico  de  un  círculo 
respecto  de  las  líneas  que  parten  de  la  circunferencia  y  vienen  á 
confundirse  en  él.  Si  hacemos  abstracción  de  ese  punto,  las  líneas 
mudan  de  posición  y  el  círculo  desaparece.  Así,  muerto  Lava- 


APÉNDICE  467 


lie,  se  apagó  con  todas  sus   consecuencias  y  resultados  inmedia- 
tos, la  revolución  que  habia  hecho  nacer. 

«  El  soplo  de  fuego  que  vida  le  dio.  » 

Pacheco  y  Mitre, 

Desde  los  primeros  combates  de  la  guerra  de  la  Independencia, 
los  nombres  de  Orientales  y  Argentinos  han  dividido  los  laureles 
y  los  infortunios,  en  aquella  lucha  inmortal. 

La  sangre  Oriental  y  Argentina  se  encuentra  mezclada^  en  una 
misma  fila^  desde  18 10,  en  las  orillas  del  Plata,  del  Uruguay  y 
del  Paraná  :  y  después  en  los  cien  campos  de  batalla  que  se  han 
abierto  al  pié  de  los  Andes  en  aquella  guerra  de  titanes. 

Este  magnífico  recuerdo  de  gloria  nacional,  está  consignado 
en  una  de  las  calles  de  esta  ciudad  :  el  documento  oficial  de  esa 
nomenclatura,  uno  de  los  mas  bellos  timbres  de  su  autor, 
D.  Andrés  Lamas,  lo  expresa  con  las  siguientes  palabras  :  — 

. . . .  «  Los  Andes  han  visto  abrirse  á  sus  pies,  desde  la  cuesta 
de  Chacabuco  hasta  las  faldas  del  Chimborazo  y  del  Cordon- 
kanki ,  los  mas  gloriosos  campos  de  batalla  de  la  guerra  de  la 
independencia  Sud-Americana.  En  ninguno  de  ellos  dejaron  de 
brillar  las  espadas  del  Río  de  la  Plata,  y  en  muy  pocos  las  de 
su  margen  Oriental.  »  (  Nac.  /^^^. ) 

Los  Orientales,  en  efecto,  asistieron  á  ese  grandioso  drama, 
no  sólo  como  soldados,  oficiales  y  jefes  de  los  ejércitos  Argen- 
tinos, sino  también  formando  un  cuerpo  especial.  El  batallón 
N.o  9  que  salió  de  Buenos  Aires  para  el  Perú  en  1814,  al  mando 
del  coronel  D.  Manuel  Vicente  Pagóla,  y  que  sostuvo  digna- 
mente el  honor  de  las  armas  republicanas,  era  compuesto  to- 
talmente de  Orientales. 

Mas  tarde  en  Ituzaingó,  Juncal,  Yerbal,  Bacacay,  Valles  y 
tantos  otros  combates  de  glorioso  recuerdo.  Argentinos  y  Orien- 
tales pelearon  reunidos  bajo  un  mismo  pabellón,  ya  acariciado 
por  la  brisa  de  la  victoria,  ya  despedazado  por  la  metralla  es- 
pañola, portuguesa,  ó  brasilera. 

Decimos  que  pelearon  reunidos  bajo  el  pabellón  ArgenitnOf 
porque  aunque  en  1825  el  general  Lavalleja  desembarcó  con  la 
bandera  tricolor  de  1815  y  16,  fué  suprimida  poca  después:  y 
hasta  el  18  de  Diciembre  de    1828  no  tuvimos  otra  bandera  que 


468  CRUZADA  ARGENTINA 


la  Argentina,  (  Véase  el  Diarto  de  sesiones  de  la  H.  A,  Cons- 
titnyente^  N.^  I2y  tom.  Ijpág,  loi  )en  que  la  nacional  fué  creada 
por  ley  especial  de  ese  día. 

Y  en  fin,  «en  toda  la  presente  guerra  se  han  visto  mezclados  los 
nombres  Argentinos  con  los  Orientales  en  la  lucha  santa,  en  que 
la  paciencia  y  el  valor  se  han  puesto  á  prueba.  Junto  al  nombre 
del  general  Rivera  se  alza  el  del  general  Paz  :  al  lado  de  los  de 
Medina,  Aguiar,  Luna,  Silva,  Flores  y  otros,  se  encuentran  el 
del  Ministro  Pacheco  y  Obes,  Baez,  Olavarria,  Hornos  y  otros 
en  el  ejército  de  campaña.  En  el  de  la  capital :  esos  mismos 
nombres  Orientales  y  Argentinos  se  confunden,  y  el  día  que 
la  poesía  distribuya  sus  coronas,  y  vaya  cantando  las  víctimas 
que  murieron  en  defensa  de  esta  tierra,  encontrará  repetidas  oca- 
siones de  decir,  que  si  un  día  cayó  valiente  D.  Guillermo  Aguiar, 
no  menos  bravo  cayó  en  otro  el  esforzado  D.  Prudencio  Torres.» 
(Apuntes  Históricos  por  F,  Wright,  pdg,  244. ) 

§  XXII — ¡Arriba  corazones! — Pa'g.  282, — Cualquiera  que 
conozca  á  fondo  y  sepa  en  todos  sus  detalles  la  verdadera  histo- 
ria de  nuestras  miserias  políticas,  cualquiera  que  haya  meditado 
algunas  horas  sobre  las  causas  de  nuestro  desquicio  social,  mas 
de  una  vez  se  habrá  preguntado  involuntariamente :  ¿  el  día  de 
hojy  no  es  igual  al  de  ayer?  Si  el  porvenir  será  el  fruto  del  pre- 
sente, como  el  presente  lo  es  del  pasado,  razonablemente  ¿qué 
podemos  esperar  mañana,  en  ese  mañana  esperado  con  tanto 
afan^  y  que  nunca  llega? 

¡  Ay !  esperándolo  el  cabello  se  cubre  de  canas,  la  frente  de 
arrugas,  el  cuerpo  se  dobla  abatido,  el  alma  se  materiali;^a:  se 
exhala  y  agota  en  el  frió  prosaismo  de  la  vida,  ó  en  ingratas  vi- 
gilias, estériles  para  esta  época,  la  energía  física  y  moral  que, 
mejor  empleada,  sino  nos  hubiera  hecho  felices,  al  menos  nos 
habria  proporcionado  una  posición  social. 

¡  Y  esa  es  la  suerte  de  toda  una  generación  I 

Entonces,  como  nos  ha  sucedido  á  nosotros,  habrá  sentido  dila- 
tarse su  pecho  henchido  de  dolor:  alguna  lágrima  habrá  resbala- 
do en  su  pupila,  y  tristemente  habrá  dejado  caer  la  cabeza  sobre 
la  palma  de  su  mano,  lleno  de  tedio,  angustia  y  desaliento. 

Y  entonces  habrá  necesitado  de  toda  la  fortaleza  de  sus  convic- 
ciones, de  toda  la  inexperiencia  y  confianza  de  sus  tempranos 


APÉNDICE  469 


años,  de  toda  la  virginidad  y  brio  de  su  alma,  para  levantar  la 
frente  con  mas  arrogancia,  y,  de  buena  fé,  con  el  grito  de  esa 
misma  alma  que  fuerte  y  pura  porque  el  vicio  no  la  ha  manchado 
aún,  se  revela  contra  la  tiranía  del  destino,  decir  como  noso- 
tros.—  No,  no  í  la  realidad  es  mentira,  ...  el  porvenir  es  nues- 
tro! ¿qué  importa  el  presente?  ¿qué  importa  todo?  ..  .  ¡Ade- 
lante ! . .  . . 

— . . . .  la  esperanza  me  envuelve  con  su  manto^ 
Y  en  torno  mió  esparce  su  diamantina  luz! 

(  Brisas  del  Plata,  pág,  1^4*) 
1846. 

Tal  es  el  nuevo  libro  (  Palmas  y  Ombúes  )  del  Sr.  Magariños 
Cervantes,  que  ha  sido  saludado  como  un  acontecimiento  lite- 
rario por  la  prensa  de  su  patria,  y  que  sin  duda  merecerá  iguales 
honores  en  la  argentina,  pues  las  glorias  literarias  de  uruguayos 
y  argentinos,  que  reconocen  un  mismo  origen,  reflejan  honor  y 
crédito  sobre  las  repúblicas  que  baña  el  Río  de  la  Plata,  cuyas 
ondas  las  dividen  y  las  unen. 

El  Dr.  Magariños  Cervantes,  que  tan  fraternal  y  tan  simpático 
ha  sido  para  la  República  Argentina  y  para  los  argentinos,  así  en 
sus  grandes  calamidades  como  en  su  prosperidad,  seria  moral- 
mente  acreedor  á  esta  demostración,  aun  prescindiendo  del 
mérito  literario  de  su  obra.  —  Bartolomé  Mitre, 
1885. 

En  la  carpeta  Cru^^^ada  Argefitina,  encontramos,  entre  otros 
documentos  curiosos,  dos  cartas  anónimas,  ruines  pasquines,  da- 
tadas ( 1846)  del  Cerrito  y  Buenos  Aires,  que  guardamos  enton- 
ces con  intención  de  utilizarlas  en  alguna  nueva  edición  de  esta 
Reseña  histórica.  Durante  el  largo  tiempo  transcurrido,  la  cues- 
tión que  en  ellas  estúpidamente  se  promovia,  ha  sido  planteada 
y  resuelta  varias  veces  en  América  y  en  Europa,  y  como  doctrina 
de  interés  público,  juzgamos  oportuno  reproducir  la  cita  hecha 
por  Sarmiento,  en  un  caso  análogo,  de  la  obra  de  Robertson, 
(  France  his  reing  0/  terror,  tomo  II,  pág.  165  )  —  y  el  dictamen 
del  actual  Presidente  de  la  Suprema  Corte  de  Justicia  de  la 
Provincia  de  Buenos  Aires,  así  como  la  autorizada  opinión  de 


470  CRUZADA    ARGENTINA 

un  general  argentino  tan  inteligente  como  bravo,  sobrino  carnal 
de  Rosas,  en  el  incidente  promovido  en  la  capital  federal  contra 
el  escritor  D.  Guillermo  Godio,  por  D.  Enrique  López,  hijo  del 
Mariscal  F.  Solano  López. 

Tanto  en  el  juicio  de  Robertson  como  en  los  demás,  se  es- 
tablece la  sana  y  verdadera  doctrina  política  y  jurídica  que 
conviene  tener  presente,  ya  que  á  cada  mandón  que  se  sucede  y 
á  cada  libro  que  condena  sus  errores,  no  faltan  en  South  Ame^ 
rica  ilusos  ó  sofistas,  que  pretenden  hacernos  comulgar  con  rue- 
das de  molino. 

«  Después  de  haber  puesto,  dice  el  historiador  inglés,  á  las 
puertas  del  dictador  Francia  las  pruebas  de  sus  crímenes,  la 
cuenta  de  ellos  queda  entre  Dios  y  él.  El  no  puede,  en  el  curso 
de  la  naturaleza,  embarazar  el  suelo  con  su  presencia,  (tenia 
ya  ochenta  años) ;  y  creo  que  habria  sido  una  culpable  omisión 
en  los  anales,  horrible,  humillante,  instructiva  sin  embargo,  de 
los  hombres  malos,  haber  permitido  á  este  (  Francia  )  descender 
al  sepulcro  sin  el  desprecio,  maldición  y  reproche  de  todos  los 
buenos.  ¿  Qué  salvaguardia  tendríamos  contra  la  repetición  de 
las  mismas  prácticas  infames  que  han  caracterizado  el  reinado 
de  Francia,  sino  es  exponerlas  á  la  luz  pública  ?  Los  hombres 
pueden  dictar  leyes  locales,  y  tiranos  ejecutarlas  ;  'ptro  \2i  prensa 
alcanza  d  circular  por  toda  la  tierra  y  á  promulgar  de  genera- 
ción en  generación  la  narración  de  las  maldades  que  pueden 
inspirar  un  saludable  temor  en  el  alma  de  legisladores  futuros, 
y  aun  á  los  pueblos  sobre  los  que  aquellas  leyes  deben  obrar.  — 
Robertson.  —  Edición  de  1839,  London. 

Pienso  que  el  juicio  histórico  que  se  emita  sobre  los  hombres 
y  sobre  los  sucesos  que  han  figurado  en  los  tiempos  pasados, 
siempre  que  ese  juicio  no  tenga  el  exclusivo  objeto  de  zaherir 
individualidades  vivas,  —  no  puede  dar  lugar  á  los  descendientes 
de  aquellos  hombres  á  considerarse  personalmente  ofendidos 
por  los  juicios  que  provoquen  los  hechos  de  sus  antepasados. 

Acéptese  lo  contrario,  y  la  historia  es  imposible,  pues  seria 
más  peligrosa  la  serena  misión  del  historiador  que  la  siempre 
agitada  vida  del  militar. 

Los  hombres  públicos,  que  por  cualquier  acto  se  vinculan  á 


APÉNDICE  471 


la  historia,  son  personalidades  aisladas,  sin  parentesco  ni  víncu- 
los de  sangre.  Son  sólo  figuras  históricas  singulares,  que  obran  y 
se  agitan  en  la  escena  pública,  fuera  de  esas  encantadas  y  miste- 
riosas soledades  del  hogar. 

Los  descendientes  de  Rosas  y  Oribe,  distinguidos  y  estima- 
bles, son  hoy  los  amigos  de  los  que  juzgan  á  sus  genitores  con 
la  severidad  histórica  que  sus  hechos  autorizan,  y  jamás  á  nin- 
guno de  ellos  se  le  ha  ocurrido  que  el  deber  les  llama  á  la  pa- 
lestra en  defensa  de  ofensas  que  no  pueden  alcanzarles.  —  Luis 
V.  Várela. 
1888. 

Cuando  una  tiranía  ha  sido  un  hecho,  discutirla  es  perder 
tiempo  en  discutir  la  luz,  y  los  descendientes  irresponsables  de 
los  que  fueron  sus  instrumentos,  no  tienen  sino  dos  cosas  que 
hacer:  callarse  y  probar  con  su  vida  que  no  aceptan  la  iniqui- 
dad ni  agenas  responsabilidades. 

Por  consiguiente,  en  el  caso  que  Vd.  me  somete,  los  que  le 
provoquen  se  apartan  de  mi  criterio,  y  como  una  consecuencia 
de  ello,  Vd.  no  les  debe  reparación  alguna. 

Algo  mas;  dándola  Vd.  negaria  la  verdad  contemporánea,  que 
es  la  fatalidad  lamentable   de  los   inocentes  hijos  de  López. — 
Lucio  V.  Mansilla. 
1888. 

Q  — CLAMOR  DEL  PATRIOTISMO,  pág  ^op.  — Arranco 
del  folleto  la  Guerra  Civil  y  del  Discurso  pronunciado  en  el 
festival  celebrado  en  el  Teatro  de  San  Felipe  el  i.®  de  Diciembre 
de  1886,  las  dos  bellas  páginas,  escritas  por  su  autor  á  veinte  y 
treinta  años  de  distancia,  é  inspiradas  en  los  mismos  patrióticos 
sentimientos  que  hirieron  mi  alma  al  divisar  las  costas  urugua- 
yas, volviendo  de  Europa.  Los  nobles  conceptos  proclamados 
por  el  Dr.  Ramírez  en  la  última  guerra  civil  ( 187 1)  y  en  la 
fiesta  de  rempatrio,  han  sido  siempre  el  voto  de  todos  los  ho- 
nestos ciudadanos,  y  hoy  como  ayer  importa  mucho  no  olvi- 
darlos. 

....  hay  un  trabajo  inmenso  de  pacificación  y  de  fraternidad 
que  no  espera  para  consumarse  con  el  irresistible  empuje  de 


47^  CRUZADA  ARGENTINA 


una  ley  divina,  sino  la  vigorosa  iniciación  de  algunas  almas 
puras  y  valientes. 

Las  acciones  heroicas  han  sido  y  serán  siempre  el  bello  ideal 
de  toda  juventud  sobre  la  tierra. 

El  que  le  pide  debilidad  y  cobardía  sólo  incurre  en  su  desden 
y  su  desprecio. 

¡Espacio  para  el  águila  !  ¡campo  abierto  para  el  león  !  ¡  vastos 
cielos  para  el  ángel ! 

Lo  que  yo  le  pido  ala  juventud  de  mi  Patria,  lo  que  me  pido 
á  mí  mismo,  no  es  un  acto  de  debilidad  ó  cobardía. 

Es  un  gran  acto  de  heroismo,  de  heroismo  igual,  pero  mas 
elevado,  mas  humano  y  mas  fecundo  que  el  heroismo  desple- 
gado en  la  guerrilla  y  la  refriega  de  la  lucha. 

Suponed  un  torrente  desbordado  que  corre  á  los  abismos  ;  un 
hombre  se  lanza  á  favor  déla  corriente  y  superior  á  su  furia,  pa- 
rece majestuosamente  adelantarle  en  la  vertiginosa  carrera; 
otro  hombre  se  lanza  contra  la  corriente,  y  la  domina  y  la  vence 
salvando  con  orgullo  de  los  insondables  precipicios. 

Entre  esos  dos  heroismos  —  ¿  cuál  es  mas  grandioso  y  envi- 
diable ? 

Suponed  un  incendio  voraz  que  levanta  á  las  nubes  su  pena- 
cho ;  un  hombre  penetra  entre  las  llamas,  atraviesa  el  fuego  é 
iluminado  por  resplandores  siniestros,  lleva  la  destrucción  mas 
allá  que  la  fuerza  natural  del  elemento  ;  otro  hombre,  penetra 
también  entre  las  llamas,  atraviesa  el  fuego  y  pone  fin  á  los  es- 
tragos, levantándose  erguido  y  satisfecho  frente  á  los  edificios 
que  salvó  de  horrible  ruina. 

Entre  esos  dos  hombres  —  ¿  cuál  es  mas  generoso  y  meritorio  ? 

Si  hay  en  el  hombre  un  alma,  una  ley  moral,  una  chispa  di- 
vina, el  valor  cívico  es  la  suprema  virtud  de  la  política. 

Recojamos  nuestro  espíritu,  y  tengamos  la  resolución  de  oir 
esa  voz  interior  que  hace  mucho  tiempo  nos  murmura  entre  las 
exageraciones  ficticias  del  espíritu  departido  —  unión,  concor- 
dia y  fé. 

La  misión  de  las  generaciones,  que  nacen  á  la  vida,  no  puede 
ser  la  herencia  impuesta  del  pasado,  sino  las  aspiraciones  espon- 
táneas del  futuro. 


APÉNDICE  473 


Abandonemos  el  imperio  de  la  fantástica  leyenda,  la  santidad 
de  los  odios,  la  gloria  de  las  guerras  civiles. 

Nuevos  horizontes,  nueva  vida.  — Pa:^y  fraternidad! —  Car- 
los M,  Raviirei. 
1871. 

Y  ahora,  para  sintetizar  en  conclusión  el  sentido  íntimo  que 
yo  descubro  en  los  acontecimientos  de  estos  días  solemnes, 
séame  permitido,  yaque  estamos  en  un  teatro,  evocar  un  epi- 
sodio de  una  de  las  mas  originales  creaciones  del  teatro  contem- 
poráneo.—  Pasa  la  escena,  allá,  en  la  Edad  Media,  en  una  de 
aquellas  repúblicas  italianas  cuyas  tempestades  tanto  se  aseme- 
jaban á  las  nuestras.  —  En  el  asalto  de  una  ciudad,  el  jefe  ven- 
cedor ultraja  á  la  hermana  del  jefe  vencido.  —  Ella,  á  nadie  fía 
la  venganza  de  su  honor;  —  busca  en  el  campo  de  batalla  al 
hombre  que  la  ha  ultrajado,  y  le  hiere  mortalmente  ;  pero  vuelve 
á  encontrarlo  con  vida  aun,  devorado  por  las  angustias  de  una 
sed  horrible,  implorando  socorro  con  lamentos  desgarradores.  . . 
La  naturaleza  recobra  al  punto  sus  fueros  en  el  corazón  de  la 
joven ;  apiadada,  enternecida,  aplaca  la  sed  de  su  enemigo,  le 
salva,  le  perdona  y  le  brinda  su  amor  á  condición  de  que  con- 
sagre su  existencia  á  reparar  los  males  de  la  ciudad  cautiva.  — 
Creo  que  podemos  personificar  la  patria  en  esa  joven  ultrajada, 
algún  día  vengativa,  misericordiosa  después  ;  creo  que  podemos 
admirarla,  noble  y  magnánima,  perdonando  todos  los  ultrajes, 
y  brindando  á  todos  el  agua  pura  del  olvido  y  del  amor,  para  que 
renazcan  á  la  vida  de  los  hombres  libres  y  en  santa  paz  cultiven 
la  gloriosa  herencia  de  los  Treinta  y  Tres  I  —  Carlos  M,  Ramire:^. 
1886. 

R— FÉ  EN  EL  PORVENIR, /i^.  jii. 

En  tempestad  deshecha,  yo  he  visto  el  mar  bravio, 
Y  aunque  dudé  un  momento,  roto  el  celaje  umbrío, 
Al  suspirado  puerto  mi  nave  se  encamina. 

Distinguido  Sr.  y  amigo  :  Sé  que  Vd.  comprenderá  que,  lle- 
vando el  nombre  que  llevo,  no  puedo  darle  otro  título  que  el 
de  amigo,  aunque  nunca  haya  estrechado  su  mano.  Acéptemelo 
pues,  en  la  seguridad  de  que  los  cariños  que  mas  venera  mi 
corazón,  son  aquellos  que  ha  recibido  por  herencia. 


474  FÉ   EN   EL  PORVENIR 


Ayer  llegó  á  mis  manos  su  afectuosa  carta,  regreso  de  Viena. 
Palmas  y  Omhúcs  ha  quedado  allí  haciendo  las  delicias  de  mi 
secretario,  que  ha  tenido  el  buen  gusto  de  no  remitirmelo,  juz- 
gando con  razón,  que  aquí  me  seria  fácil  encontrarlo.  En  efecto, 
una  hora  después  de  recibida  su  carta  leia  su  libro.  No  le  oculto 
que  he  cometido  un  error,  pero  tenia  prisa  Debí  reservarlo  para 
Viena,  como  deben  reservárselos  recuerdos  dulces  para  las  ho- 
ras de  tristeza.  Me  habría  llevado  la  nota  de  la  Patria,  tal  como  la 
siente  el  corazón,  despojada  de  todo  atributo  de  progreso  ma- 
terial, en  su  aspecto  propio  y  genuino,  en  sus  rasgos  caracte- 
rísticos, la  Patria  vieja  de  nuestros  padres,  que  amaban  con  ter- 
nura en  su  humildad.  En  muchas  de  las  páginas  de  su  libro 
circula  esa  corriente  moral  que  con  ninguna  otra  se  confunde. 
Le  soy  deudor  de  haber  vuelto  á  sentir  por  un  momento,  al 
comenzar  el  declive  de  la  vida,  las  mismas  emociones  que  á  los 
1 8  años  despertaban  en  mi  alma  las  estrofas  de  Celiar,  Me  in- 
clino con  respecto  ante  el  temple  de  su  espíritu,  que  ha  conser- 
vado incólume  su  amor  sereno  por  las  cosas  bellas  de  la  vida,  al 
través  de  todas  las  amarguras  de  una  ruda  travesía,  entre  las  que 
no  son  las  menores  las  angustias  patrióticas  que  para  Vd.  deben 
ser  intolerables.  Vd.  ha  encontrado  en  las  alturas  un  refugio 
contra  las  miserias  del  suelo  y  en  la  pintura  de  los  mas  nobles 
aspectos  de  la  naturaleza  humana,  un  sostén  contra  las  cosas 
brutales  que  en  la  tierra  en  que  Vd.  y  yo  nacimos,  empujan  al 
escepticismo  ó  la  desesperación. 

En  la  época  revuelta  é  inquieta  en  que  estos  países  pugnaban 
por  salir  de  la  barbarie,  un  azar  me  hizo  nacer  en  Montevi- 
deo. —  Ese  vínculo  fugitivo,  que  es  un  honor  para  mí  porque  el 
primer  aire  que  respiré  fué  el  que  daba  vigor  á  hombres  de 
alma  levantada  que  combatían  por  la  libertad,  no  se  ha  roto  ni 
ha  podido  romperse.  Jamás  me  siento  extranjero  en  las  calles  de 
mi  ciudad  natal,  y,  lejos  ó  cerca,  hay  en  mi  corazón  ecos  gozosos 
para  sus  glorias,  pena  profunda  por  sus  dolores.  Déjeme,  pues, 
un  instante  apartar  mis  ojos  de  las  cosas  que  irritan  y  sublevan, 
para  llevarlos  á  las  que  consuelan. 

Saludo,  pues,  al  poeta  de  vigorosa  y  noble  inspiración,  cuya 
labor  intelectual  es  y  será  un  honor  para  su  patria,  y  que  prueba 


APÉNDICE  475 


con  sus  libros  que  no  ha  muerto  en  ella  la  aspiración  al  ideal, 
ni  el  nervio  y  la  fuerza  necesaria  para  alcanzarlo. 
Soy  de  Vd.,  señor  respetuoso  servidor  y  amigo.  — Miguel  Cañé, 

Buenos  Aires,  Noviembre  95  1885.  —  Saipacha  419. 

Montevideo,  Diciembre  3  de  1885. 
Sr.  Dr.  D.  Miguel  Cañé. 

Mi  distinguido  amigo:  Cuando  llegó  á  Montevideo  su  apre- 
ciada carta  del  27  del  pasado,  me  encontraba  en  el  Departa- 
mento de  Canelones. 

Viejo  amigo  de  su  padre  desde  el  sitio  de  Montevideo,  en- 
cuentro natural  que  el  digno  hijo  del  esclarecido  escritor,  que  en 
las  riberas  del  Plata  supo  hacerse  respetar  y  querer  por  la  no- 
bleza de  su  carácter,  por  su  talento  original  y  fecundo,  y  por  su 
ciencia  de  buena  ley,  revindique  el  título  de  amigo  mió,  aun- 
que jamás  haya  estrechado  mi  mano. 

Por  herencia  y  por  derecho  propio, 

<Et  par  droit   de   conqnéte  et  par  droit  de  naissaoce» 

como  diria  el  cantor  de  la  Henriada,  pertenece  Vd.  á  la  familia 
de  los  que  gozan  el  privilegio  de  insinuarse  hasta  el  fondo  de  las 
almas  con  la  magia  de  su  estilo,  y  á  través  de  los  odios,  las  lu- 
chas políticas,  el  clamoreo  de  los  intereses  heridos,  y  también 
de  las  aviesas  pasiones  humanas,  conquistan  doquiera  amigos 
desconocidos,  corazones  que  laten  al  unisón  del  suyo,  espíritus 
que  atrae  y  arrastra  en  su  órbita  poderosa  el  entusiasmo,  ó  la 
similitud  de  ideas  y  sentimientos. 

Vuelva  Vd.  á  leer  las  breves  cuanto  preciosas  líneas  en  que  ha 
sintetizado  todo  el  poder  de  la  palabra,  insertas  en  la  nota  5  de 
la  composición  Almas  hermanas  (T.  I^  pág.  182,)  y  ellas  le 
dirán,  mejor  que  podría  yo  hacerlo,  hast-i  donde  alcanza  esasubli- 
me  manifestación  de  la  inteligencia  humana,  «único  elemento  ca- 
paz de  sacudir,  guiar,  enloquecer  los  rebaños  de  hombres  sobre 
el  polvo  de  la  tierra!  Tiene  la  armonia  del  verso,  la  influencia 
penetrante  del  ritmo  musical^  la  forma  de  los  mármoles  artís- 
ticos, el  color  de  los  lienzos  divinos.  Y  entre  los  raudales  de  su 
luz,  las  olas  de  melodía,  las  formas  armoniosas  como  el  metro 
griego,  va  el  sarcasmo  de  Juvenal,  la  flecha  de  Marcial,  la  punta 
incisiva  de  Swft  ó  el  golpe  contundente  de  Junius,  el  sublime 
anónimo  !....:& 


476  FÉ   EN  EL  PORVENIR 


¡  Cuánta  delicadeza  en  sus  recuerdos  de  la  tierra  en  que  naci- 
mos! ¡Cuan  profundo  sentimiento  del  infortunio  que  hoy  pesa 
sobre  el  pueblo  oriental ;  sobre  las  nubes  tempestuosas  que  se 
amontonan  en  los  pavorosos  horizontes  de  su  presente  sombrío ; 
sobre  la  brutalidad  de  los  hechos  que  empujan  al  escepticismo  ó 
á  la  desesperación;  sobre  el  llanto  de  las  cosas  de  que  nos  habla 
Lucrecio ! 

Y  sin  embargo,  en  los  viriles  acentos  del  autor  de  Tedium 
viioB,  siento  rumor  de  alas  que  se  desplegan  ansiosas  de  hendir 
el  firmamento,  al  recordar  Vd.  las  glorias  de  la  ciudad  natal, 
donde  qI  primer  aire  que  respiró  era  el  que  retemplaba  el  cora- 
zón y  el  brazo  de  los  hombres,  émulos  de  Plutarco,  que  durante 
nueve  años  asombraron  á  la  América  y  al  mundo  con  su  heroís- 
mo, con  su  abnegación,  con  su  fé  inquebrantable  en  el  triunfo 
definitivo  de  la  causa  de  la  libertad  y  de  la  civilización  en  el 
vasto  escenario  que  se  dilata  desde  el  Atlántico  hasta  los 
Andes ! 

Gracias  á  ellos,  todavía  tenemos  derecho  á  esperar  que  la  si- 
miente regada  con  su  sangre  generosa,  oculta  bajo  los  escombros, 
pero  no  muerta,  volverá  á  brotar.  Todavía,  como  en  1844,  creo 
que  apesar  de  las  amarguras  y  desencantos  de  la  derrota,  el 
eclipse  no  ha  de  ser  eterno,  y  la  causa  inmortal  de  las  institucio- 
nes, á  la  voz  del  pueblo,  ante  la  protesta  armada  del  derecho,  ha 
de  alzarse  radiante  y  majestuosa  como  Lázaro  de  la  tumba,  por 
la  razón  ó  la  fuerza  ! 

Aun  nos  queda  una  raza  de  valientes 

Aun  existen  patriotas  eminentes, 

Aun  existe  un  hermoso  porvenir  I 

Altanero  está  en  pié  Montevideo, 

El  Mesias  del  Plata  giganteo, 

Cuyos  dogmas  no  pueden  sucumbir ! 

Y  en  el  Cerro,  en  el  mar,  en  las  trincheras 

Aun  ondean  las  célicas  banderas, 

Que  su  sombra  nos  prestan  al  morirI(*) 
1844. 
Doy  á  Vd.  las  gracias,  Señor,    por  los  elevados  sentimientos 


(*)  £1  18  de  Julio  de  1830 


APÉNDICE  477 


que  manifiesta  á  propósito  de  Palmas  y  Ombúes,  por  los  con- 
ceptos que  le  ha  merecido  el  libro,  y  sobre  todo  por  lo  que  se 
refiere  al  honor  que  pueda  acaso  reflejar  sobre  la  Patria  de  Joa- 
quín Suarez  y  Eduardo  Acevedo,  de  Juan  C.  Gómez  y  Adolfo 
Berro,  contribuyendo  con  su  grano  de  arena  á  la  obra  meritoria 
de  los  que  han  sabido  honrar  el  nombre  Uruguayo  en  todas  las 
esferas  de  la  acción  y  del  pensamiento,  dentro  y  fuera  de  sus 
hogares. 

En  uso  de  un  perfecto  derecho,  ha  podido  Vd.,  nacido  acci- 
dentalmente en  Montevideo  durante  la  tiranía  de  Rosas,  que 
llevó  al  destierro  á  su  progenitor,  optar  por  la  ciudadanía  ar- 
gentina :  para  nosotros  en  el  campo  neutral  de  las  letras  será 
Vd.  siempre  Oriental. 

Crea  que  desde  largo  tiempo  atrás  soy  su  amigo,  por  aprecio 
al  nombre  que  Vd.  lleva,  por  sus  propios  méritos  y  por  simpa- 
tías literarias.  Muy  grato  me  será  estrechar  mas  y  mas  estos 
vínculos  en  lo  sucesivo.  Sírvase  Vd.  pues,  darme  aviso  de  su 
domicilio  cuando  pase  por  Montevideo,  y  ordene  á  su  affmo. 
amigo  y  S.  S.  —  A,  M,  C, 

(Calle  Sarandi,  ia8  altos) 

S — TABARÉ,  pdg.  J20.  —  En  una  serie  de  artículos  sobre  al- 
gunos poetas  americanos  publicados  en  1882,  en  los  juicios  sobre 
el  poema  A  confederagao  dos  Tamoyos  y  sobre  el  canto  épico  á 
Junin,  deciamos : 

«  El  poema  de  Magallaens,  que  ha  sido  ensalzado  y  deprimido 
por  la  crítica  de  sus  propios  compatriotas  de  tal  modo  que  hace 
recordar  el  verso  de  Moliere,  no  merecia 

Ni  cet  excés  d'honneur  ni  celte  indignité. 

Su  importancia  es  grande  no  obstante  ;  pero  relativa,  y  desde 
que  no  se  aprecie  bajo  el  punto  de  vista  americano,  su  interés 
parecerá  secundario  como  el  de  todos  sus  congéneres,  sin  excep- 
tuar La  Araucana,  si  se  les  compara  con  las  grandes  epopeyas 
que  tienen  por  argumento  sucesos  que  abrieron  nuevos  hori- 
zontes á  la  civilización,  cambiaron  la  dirección  de  la  sociedad, 
ó  influyeron  poderosamente  en  los  destinos  del  linaje  humano, 
como  son  los  que  inspiraron  la  Iliada,  la  Eneida,  la  Divina  Co- 
media, Las  Lusiadas,  la  Jerusalen  Libertada. 

Pero  si  hacemos  esta  concesión  en  general  á  las  epopeyas  eu- 


478  TABARÉ 

ropeas,  hemos  sostenido  antes  de  ahora  y  lo  repetimos  hoy,  que 
el  descubrimiento,  conquista  y  población  de  América,  como 
tema  poético,  las  supera  en  importancia  bajo  cualquier  aspecto 
que  se  encare;  como  supera  Colon  á  Vasco  de  Gama  ;  Hernán 
Cortés  á  Aquiles;  Pizarro  á  Eneas;  y  Bolivar  á  Godofredo  de 
Bouillon. 

No  son,  pues,  justos  ni  colocan  la  cuestión  en  su  verdadero 
terreno  los  que  preguntan  con  desden:  ¿qué  interés  pueden 
ofrecer  oscuras  tribus  y  oscuros  combates,  librados  sin  más  ob- 
jeto que  esclavizar  á  los  pobres  indios  ? . . . . 

Lean  los  que  tal  escriben  las  Vidas  de  españoles  célebres  es- 
critas por  Quintana,  y  modificarán  algo  sus  juicios. 

La  verdadera  cuestión  por  consiguiente,  despojada  de  sutilezas 
y  distingos  —  en  puntos  sobre  los  que  podría  estarse  disputando 
hasta  el  día  del  juicio  final  sin  entenderse, — viene  á  quedar  re- 
ducida á  saber  si  los  poemas  americanos  traen  ó  no  nuevos  ele- 
mentos al  arte,  nuevas  y  peregrinas  guirnaldas  al  templo  de  la 
poesía  universal,  por  su  originalidad,  por  la  grande  cuestión  de 
la  autonomía  de  las  razas  que  poblaban  el  nuevo  mundo,  por  la 
historia  del  descubrimiento  en  que  se  destaca  la  figura  del  inmor- 
tal genovés;  por  la  lucha  de  los  colonos  con  los  indígenas  y  con 
el  suelo  penosamente  conquistado  palmo  á  palmo  á  la  civiliza- 
ción y  al  progreso  ;  por  los  acontecimientos  en  que  se  fundan 
esos  poemas,  vinculados  en  cada  región  como  el  cimiento  al 
edificio,  á  las  nacionalidades  que  debían  surgir  más  tarde,  y  por 
cierta  faz  inherente  al  medio  en  que  se  desarrolla  el  ser  humano 
—  la  topografía,  el  clima,  la  naturaleza,  con  todas  sus  maravillas 
y  esplendores  —  y  que  corona  como  una  aureola  de  luceros  la 
gloriosa  epopeya  de  la  Independencia  en  las  dos  Américas. 

Esos  hechos  en  realidad,  digan  lo  que  quieran  los  europeos  y 
los  partidarios  fanáticos  y  rutineros  del  clasicismo,  cuyas  bellezas 
por  mi  parte  admiro  sin  abdicar  mi  criterio  americano,  son  mas 
importantes  para  estos  pueblos  que  la  toma  de  Troya  por  los 
compañeros  de  Aquiles;  ó  el  paseo  del  Dante  por  los  infiernos  en 
compañía  de  Virgilio  ;  ó  el  descubrimiento  por  Vasco  de  Gama 
en  el  siglo  XVI  del  paso  á  las  Indias  Orientales  por  el  Cabo  de 
Buena  Esperanza,  ó  la  fuga  del  Eneas  délos  muros  incendiados 
de  Ilion  con  su  padre  Anquises  y  sus  penates  á  cuestas.  7/ 


APÉNDICE  479 


No  se  crea  por  esto  que  entiendo  que  en  todo  argumento,  sea 
cual  fuere,  han  de  figurar  los  indios.  Basta  que  el  poeta  sepa 
elevarse  á  la  altura  del  asunto  que  escoja,  é  imprima  á  sus 
creaciones,  en  el  fondo  y  en  la  forma,  en  cuanto  sea  posible,  el 
sello  de  su  personalidad,  la  del  país  á  que  pertenece,  y  la  de  su 
época. 

Después  de  cotejar  las  escenas  cantadas  por  Homero  con  otras 
del  mismo  género,  descritas  por  Olmedo,  Gon^alvez  Diaz  y  Er- 
cilla,  agregábamos  : 

«  Presentar  estas  originales  escenas  y  otras  semejantes  con 
toda  su  verdad,  con  toda  su  vida  y  esplendor,  en  las  que  se 
destacan  sucesos  y  personajes,  ideas  y  sentimientos  que  en  el 
curso  de  los  siglos  cambian  de  ropaje,  pero  en  el  fondo  son 
eternamente  los  mismos  en  el  corazón  del  hombre,  es  obra  de 
los  verdaderos  poetas  y  grandes  artistas  como  Olmedo,  Gon9al- 
vez  Diaz,  Ercilla,  de  los  que  con  los  sonidos  de  la  lira  saben 
imitar,  cuando  no  exceden,  la  habilidad  del  pincel,  que  roba  á  la 
luz  sus  líneas,  sus  relieves  y  matices,  y  los  deja  estampados  sobre 
la  tela. 

La  poesía  en  todas  sus  fases  y  manifestaciones  en  el  pasado, 
en  el  presente  y  en  el  futuro,  tiene  en  América  veneros  sin 
cuento  (  explotados  en  muy  pequeña  parte  )  que  ofrecen  riqueza 
inagotable,  horizontes  sin  límites,  á  sus  pensadores  y  poetas. 

Si  en  cuanto  á  la  forma  pueden  y  deben  estudiar  ellos  á  los 
poetas  que  les  han  precedido  en  otras  regiones,  y  tributar  res- 
petuoso culto  á  la  lengua  materna,  sin  rechazar  por  eso  las  lo- 
cuciones y  palabras  locales,  (punto  de  que  nos  ocuparemos  más 
adelante)  no  necesitan  ir  á  buscar  á  ninguna  parte  fuentes  de 
virgen  y  robusta  inspiración.  La  tierra  maravillosa  descubierta 
por  Colon,  en  su  naturaleza,  en  su  historia  antigua  y  moderna,  en 
el  destino  providencial  que  le  está  reservado,  en  la  evolución 
eterna  de  las  sociedades  humanas,  les  ofrece  un  océano  de  poe- 
sía. Todo  anuncia,  sin  vana  jactancia,  que  en  los  tiempos  veni- 
deros el  cetro  del  poder  y  de  la  inteligencia  será  suyo.  Dentro 
de  doscientos  ó  trescientos  anos,  decia  ya  Rivera  Indarte,  el 
equilibrio  político,  económico,  científico  y  social  del  mundo 
que  habitamos,  no  estará  en  Londres,  Berlin  ó  Paris. . . . 

La  posteridad  ha  conservado  á  Píndaro  el  título  de  príncipe 


48o  TABARÉ 

de  los  poetas  líricos,  que  le  discernió  Quintiliano.  Las  críticas 
de  los  Perault,  de  los  Lamothe  y  otros  innovadores  de  su  talla, 
que  preferian  Chapelain  á  Homero,  se  han  hundido  ante  el  fallo 
de  Horacio,  Cicerón,  Boileau,  Mad.  Dacier,  etc.  (*) 

Lo  mismo  ha  sucedido  y  ha  de  suceder  con  Olmedo.  El  juicio 
de  Bello  pesa  tanto  en  la  balanza  como  el  de  Quintiliano.» 

Hágase  la  aplicación  á  Tabaré  de  estos  principios,  y  la  crítica 
que  sabe  penetrar  hasta  el  fondo  de  las  cosas  (Palmas  y  Otn- 
búes,  T,  Ifpág,  jo^  ;J  crítica  que  tenga  en  cuenta  la  idea  capital 
del  poema,  las  convicciones  y  el  medio  ambiente  en  que  se  des- 
arrolla la  inspiración  del  autor,  aunque  tal  vez  no  participe  de  sus 
creencias  ni  de  sus  ideales,  no  podrá  menos  de  reconocer  sus 
relevantes  dotes  de  pensador  y  poeta  americano. 

Con  todos  sus  defectos  ( ¿  y  qué  obra  humana  no  los  tiene  ?  ) 
suponiendo  que  Tabaré  en  rigor  no  sea  una  epopeya,  ni  el 
Charrúa  un  personaje  poético;  que  la  trama  sea  demasiado  sen- 
cilla; que  estén  reñidas  con  la  realidad  algunas  situaciones;  que 
predomine  el  lirismo  con  exhuberancia  sobre  la  acción  dramá- 
tica; que  haya  monotonía  y  hasta  pobreza,  no  en  el  estro  que 
es  casi  siempre  altísimo,  sino  en  la  versificación  asonantada 
en  que  está  compuesto  todo  el  poema,  defecto  imperdonable  en 
un  poeta  que  versifica  tan  admirablemente  como  el  Dr.  Zorrilla 
de  San  Martin,  asimismo  el  poema  ó  leyenda  —  llámenlo  como 
quieran  —  sobreabunda  en  tantas  y  tales  bellezas,  que  por  mi 
parte  no  vacilo  en  colocarlo  en  la  primera  fila  de  los  mas  nota- 
bles trabajos  que  en  su  género  se  han  producido  hasta  ahora  en 
la  América  Española,  —  obra  de  un  eximio  poeta,  como  lo  es  sin 
ningún  género  de  duda,  el  laureado  cantor  de  La  Leyenda  Patria. 

No  es  este  el  lugar  de  entraren  un  análisis  detenido  del  poema; 
pero  bien  puede  asegurarse,  porque  está  en  la  conciencia  de 
todos,  que  aquel  canto  magistral  f  La  Leyenda  Patria )  y^ot  si 
solo  bastaría  para  inmortalizar  el  nombre  de  Zorrilla  de  San 
Martin,  cuya  gloria  nacional  revindicamos  con  orgullo  sus  com- 
patriotas. 

Diciembre  i8  de  x888. 


(  * )  Véase  el  discurso  preliminar  de   la  Traduction  complete  des  odes  de  Pitt' 
daré,  en  regard  du  texie  grec^  por  R.  Toürlbt. 


APÉNDICE  481 


T  — COMO  LLEVA  EL  CRISTIANO  SU  CRUZ,  — Re/eren^ 
c  ia  de  la  pág.  ^57. 

Por  gracia  singular  sumiso  vierte 
Lágrimas  dulces  al  llorarla  muerta ! 
La  carta  que  insertamos  en  este  §  es  en  rigor  un  auto-biogra- 
fía :  ella  da  la  medida  de  las  profundas  convicciones  y  del  genio 
de  Zorrilla  de  San  Martin,  sincero  católico,  que  en  medio  de  su 
inmensa  desdicha,  bajo  la  mano  de  Dios,  inclina  resignado  la 
cabeza  ;  cree  sinceramente  en  la  existencia  de  ultratumba,  en  las 
promesas  de  otra  vida,  y  confía  en  la  misericordia  infinita.  El  don 
de  la  gracia  ha  descendido  hasta  su  corazón  despedazado,  y  de- 
rramando sus  dolores  en  el  seno  de  la  amistad, siente  y  se  expresa 
con  la  elocuencia  y  el  fervor  de  un  ApóstoL 

La  crítica,  digna  de  ese  nombre,  que  sabe  comprender  y  uti- 
lizar esta  clase  de  documentos  bajo  el  triple  aspecto  de  la  natu- 
raleza de  cada  espíritu,  del  sentimiento  y  de  la  idea  religiosa  ó 
artística,  como  espontánea  revelación  del  ser  humano,  ha  de 
agradecernos  la  publicación  de  esta  página  intima,  que  como 
otras  semejantes,  por  mucho  que  nos  favorezcan  personalmente, 
honran  todavia  mas  á  sus  autores,  porque  ponen  en  transpa- 
rencia su  alma  luminosa,  genial  y  apasionada,  los  tesoros  de 
ternura  y  amor  que  se  albergan  en  su  nobilísimo  corazón,  y  los 
vínculos  misteriosos  que  en  el  mundo  y  mas  allá  de  la  tumba, 
ligan  eternamente  á  la  criatura  con  su  Hacedor.  Así  se  explica 
como  el  poeta  creyente  tiene  alas  para  remontarse  á  las  mas  en- 
cumbradas alturas. 

¿  Quién  de  nosotros  no  ha  sentido  mas  de  una  vez  la  avasa- 
lladora influencia  de  la  inspiración  poderosa  de  Zorrilla  de  San 
Martin?  ¿Quién  no  sabe  de  memoria  las  principales  estrofas  de 
su  admirable  Credo  ? 

«Yo  alzo  la  voz.  Señor,  alzo  la  frente; 

Y  entre  el  silencio  y  la  quietud  inmensa. 

Llego  tranquilo  hasta  besar  tu  mano 

¡Paso  hasta  mi  Señor....!  ¡Yo  soy  cristiano! 

Con  la  sangre  de  un  Dios  hasta  Dios  llego ; 

De  pié  sobre  los  mundos  humillados 

En  sus  brazos  me  entrego; 

Con  el  sello  del  Cristo  sobre  el  labio, 


482  COMO   LLEVA  EL    CRISTIANO   SU  CRUZ 


Con  solo  mi  bautismo 

Orgulloso  me  siento  ante  Dios  mismo. 

I  Dios  en  mi  corazón,  Dios  en  mi  frente ! 
Siento  bullir  la  fe  en  mi  pensamiento; 

Mi  corazón  se  expande  . . . 
Por  la  primera  vez  mi  canto  siento 
Grande  nacer  y  levantarse  grande.  » 

Leed  ahora  su  carta : 

Buenos  Aires,  12  de  Febrero   1887. 
Mi  poeta,  mi  amigo  : 

Muchas  gracias;  su  corazón  es  grande,  mas  grande  aun  que 
sus  cantos,  y  estos,  son  el  corazón  de  la  historia  de  nuestra 
patria. 

Le  escribo  llorando ;  no  podré  dar  forma  al  beso  que  mis  hi- 
jos, vestidos  de  luto  á  mi  rededor,  envian  á  la  frente  veneranda 
del  cantor  de  su  madre  muerta. 

Oh,  sí,  es  cierto,  poeta  querido  :  ella  era  lo  que  Vd.  dice 

y  mucho  mas.  Sus  últimas  lágrimas  se  evaporaron  en  ángeles. 
Era  mi  vida  entera ;  lo  mas  hermoso,  lo  mas  puro  de  mi  vida.  — 
La  amaba  desde  niño,  ese  amor  puro  perfumó  mi  niñez,  salvó 
mi  juventud,  fué  la  base  de  mi  hogar  y  el  alma  de  mis  hijos. 

Orábamos  juntos,  padeciamos  juntos,  nos  repartíamos  por 
igual  las  pocas  sonrisas  que  encontramos  en  nuestra  corta  pere- 
grinación sobre  la  tierra lY  ^^  hemos  muerto  juntos  1 

Pero  juntos  resucitaremos,  juntos  caeremos  algún  día  en  el 
regazo  de  Dios. 

El  me  la  dio  y  El  me  la  quitó.  Si  no  tenia  derecho  para  lo 
primero;  si  el  dármela  fué  un  acto  gratuito  de  la  divina  miseri- 
cordia, ¿por  qué  no  he  de  acatar  con  la  frente  sobre  el  polvo, 
la  inescrutable  disposición  que  la  separa  del  dominio  de  mis 
sentidos,  sin  separarla  ¡  no  por  cierto  !  del  dominio  de  mi  alma? 
¿Por  qué,  como  ayer  ofrecía  al  Señor  el  holocausto  de  mi  gra- 
titud en  la  felicidad,  no  he  de  ofrecerle  hoy  los  pedazos  de  mi 
corazón,  que  Él  ha  destrozado,  como  ofrenda  suplicatoria  y 
satisfactoria  ? 

¡Ah,  mi  poeta,  mi  grande  y  generoso  poeta  I  Yo  quisiera, 
movido  por  un  sentimiento  de  inmensa  caridad,  salir  clamando 


APÉNDICE  483 


por  calles  y  plazas  para  requerir  á  mis  hermanos  á  que  crean  en 
Jesucristo  Crucificado,  Nuestro  Dios  y  Señor,  á  que  lo  amen,  á 
que  la  adoren ;  yo  quisiera  proclamarlo  desde  la  Cátedra  sagrada 
del  doloFy  el  infortunio.  Yo  acabo  de  sentir  en  mi  alma  la  in- 
fluencia inefable  de  su  Religión  divina,  la  Religión  del  dolor, 
única  verdadera,  porque  el  dolor  es  también  lo  único  inevitable 
en  este  valle  de  lágrimas.  Aquel  grito  de  desolación  que  el  poeta 
ha  sentido  brotar  de  mis  labios  en  el  momento  indescriptible ^ 
fué  un  grito  cristiano  que  recorrió  dos  veces  lo  infinito,  porque 
por  la  misma  senda  trazada  por  él  para  subir  hasta  Dios,  des- 
cendió el  espíritu  de  Dios  hasta  mi  alma  derramando  en  ella  la 
simiente  de  la  esperanza  y  del  consuelo  inmortales. 

¡  Desgraciados  de  los  que  no  creen  y  no  esperan  ! 

Yo  he  oído  su  canto,  mi  querido  amigo,  desde  los  brazos  de 
la  cruza  que  estoy  abrazado  con  verdadero  amor.  —  Bendita 
sea,  pues  viene  de  manos  del  Señor. 

El  dogma  inefable  de  la  Comunión  de  los  santos  es  mi  amparo 
y  mi  refugio.  Yo  sé  por  él,  con  la  indestructible  seguridad  de  la 
fé,  incomparablemente  mas  vigorosa  que  las  vacilantes  y  siem- 
pre desmentidas  conclusiones  de  la  limitadísima  razón  humana, 
yo  sé  que  mi  ángel  se  durmió  sólo  en  la  muerte ;  sé  que  vive  y 
despertará  ;  sé  que  existe  una  solidaridad  eterna  entre  nosotros  ; 
que  mis  actos,  mis  oraciones,  mis  sacrificios  serán  para  ella, 
como  sus  cantos  de  felicidad  eterna  y  su  mediación  ante  Dios 
serán  para  mí ;  yo  sé  que  vela  en  la  eternidad  cuando  yo  duer- 
mo, padezco  ó  lloro  en  el  tiempo  ;  sé  que  besa  sus  hijos  en  la 
cuna ;  que  ios  seguirá  en  las  visicitudes  de  la  vida,  que  encen- 
derá para  ellos  la  estrella  que  los  ha  de  guiar  á  la  consecución 
de  sus  destinos  eternos;  sé  en  una  palabra,  que  seguimos  siendo 
miembros  de  un  mismo  cuerpo,  la  Iglesia  de  Jesucristo,  y  que 
participamos  de  la  misma  vida  inmortal,  de  esa  savia  de  amor, 
de  caridad,  de  purificación  ó  de  gloria  que  circula  en  ese  divino 
organismo  formado  por  el  Dios -Hombre,  vencedor  de  la  muer- 
te y  del  pecado. 

Y  sin  embargo  lloro,  lloro  mucho,  amigo  querido.  —  ¡  Ah  !  — 
También  lloró  el  Señor  sobre  el  sepulcro  de  Lázaro,  divinizando 
así  las  lágrimas  ;  también  lloró,  sublimándolas,  la  Virgen  desola- 
da que  aceptó  el  título  de  madre  nuestra  de  que  se  despojó  el 


484  COMO   LLEVA  EL   CRISTIANO   SU   CRUZ 

crucificado,  para  legar  al  hombre  que  lo  cruSificaba,  y  que  es- 
taba personificado  entonces  en  el  evangelista,  lo  último  que  le 
iba  quedando  en  la  tierra  :  su  madre. 

¡  Felices  los  que  podemos  sollozar  en  los  brazos  de  esa  madre ! 
¡  Quién  pudiera  hacer  que  no  existiera  un  solo  hombre  capaz  de 
repudiar  esa  incomparable  herencia  de  Dios  ! 

Pero,  después  de  Dios,  después  de  la  fé  católica,  el  corazón, 
que  también  es  un  pedazo  de  carne,  reclama  á  grito  herido  el 
consuelo  sensible ;  los  ojos  quieren   ver,   los  oídos  quieren  oir. 

¡  Cómo  habré  oído  yo,  mi  poeta,  mi  amigo,  la  indefinible 
armonía  producida  por  el  espíritu  purísimo  de  mi  santa  al  pasar 
por  las  cuerdas  de  su  preciosa  lira  ! 

¡  Con  cuánta  ternura  y  cuántas  lágrimas  no  habré  visto  que  la 
clarovidencia  de  la  inspiración  de  nuestro  gran  poeta  ha  repro- 
ducido é  inmortalizado  el  mas  grande  y  el  mas  santo  momento 
de  mi  vida,  y  ha  dado  eco  á  mi  grito  de  desolación  ! 

Gracias,  mi  amigo,  porque  me  ha  ofrecido  su  seno  generoso 
para  lloraren  él;  porque  me  dice,  en  el  idioma  del  arte,  lo  que 
estoy  oyendo  todos  los  momentos  repetido  en  el  idioma  de  la 
fé  :  que  ella  era  santa,  que  ella  era  inocente,  y  sin  embargo,  com- 
partió mi  merecido  adverso  destino,  mis  justas  amarguras,  mi 
triste  vida,  purificándose  así  mas  y  mas  en  el  dolor;  que  ella,  mi 
querida,  mi  compañera  incomparable,  no  se  ha  ido,  que  vive 
en  estos  pedazos  de  mi  corazón,  que  ahora  me  rodean  con  el 
luto  en  las  ropas  y  las  inconscientes  sonrisas  en  los  labios,  j  Los 
estoy  oyendo  reir,  mi  amigo;  los  estoy  oyendo  cantar  !  ¡  Son  los 
cantos  que  su  madre  les  enseñó  !  Benditos  sean  por  ella  ! 

Gracias  porque  me  habla  de  ella  y  de  Dios,  déla  esperanza  y 
de  los  amores  eternos;  déla  permanencia  de  su  espíritu  en  el 
mió  ;  de  la  misericordia  del  Señor  que  cura  con  la  misma  mano 
con  que  hiere,  que  gradúa  el  peso  del  yugo  teniendo  en  cuenta 
el  vigor  de  la  cerviz  en  que  ha  de  colocarlo,  y  que,  próvido  é  in- 
finitamente bueno,  nos  da  y  nos  vigoriza  la  fé  que  santifica  el 
dolor  y  hace  propiciatorio  el  infortunio. 

Siento  un  poco  fatigada  el  alma  ;  necesito  apagar  ahora  los 
recuerdos  que  me  lastiman,  necesito  vivir  para  padecer. 

Condenso  en  un  solo  beso  los  cinco  besos  de  mis  hijos,  y  lo 
envío  á  su  frente  en  nombre  de  mi  ángel;  le  doy  un  abrazo 
largo,  apasionado — Juan  Zorrilla  de  San  Martin. 


APÉNDICE  485 


U  —  PARA  ELLA,  referencia  de  la  pág.  ))j. 

....  Salud,  nobles  almas, 
Que  habéis  arrojado  mirtos,  lirios,  palmas, 

A  mi  serafín! 

Querido  amigo : 

Los  versos  que  le  adjunto  son  la  última  nota  inédita  de  la  fiesta 
nupcial  que  se  celebró  en  esta  su  casa,  el  mes  pasado,  y  á  la  que 
asistió  Vd.  con  su  bella  compañera. 

Escrita  la  composición  después  del  baile ^  no  pude,  como  hu- 
biera deseado,  vivamente  conmovido  por  la  galantería  y  precio- 
sas estrofas  del  Dr.  Pérez  Martinez,  dar  lectura  de  ella  á  las  dis- 
tinguidas personas  que  nos  honraron  con  su  presencia  y  valiosos 
obsequios.  Permítame  Vd.,  pues,  hacerlo  en  las  columnas  ó  tri- 
buna de  La  Ra¡^on,  y  darle  las  mas  expresivas  gracias,  lo  mismo 
que  á  los  órganos  de  la  prensa  que  tuvieron  la  bondad  de  favo- 
recer con  sus  benévolos  conceptos  á  los  jóvenes  desposados  y  á 
sus  deudos. 

Bien  quisiera  —  pero  no  lo  juzgo  ahora  necesario  —  transcri- 
bir, en  señal  de  aprecio,  algunos  párrafos  de  los  artículos  publi- 
cados. —  A.  M.  C. 

S/c,  Junio  ao. 

Sarah  Magariños,  la  hija  de  nuestro  primer  bardo,  con  delica- 
deza filial,  reservó  las  primeras  páginas  de  su  álbum  para  que 
la  inspiración  paternal  dejara  á  la  vez  sobre  ellas  la  tierna  des- 
pedida. 

Condensación  de  un  pasado — que  da  el  corazón  de  un  padre 
á  la  niña  que  desaparece  entre  los  blancos  tules  de  la  desposada ; 
y  la  bendición  á  la  mujer  que  traspasa  las  puertas  de  la  vida  de- 
jando en   sus  dinteles  blanca  estela  de  ñores  de  azahar. 

Con  lágrimas  y  sonrisas  ha  llenado  nuestro  querido  poeta  las 
páginas  de  Sarah. 

Que  la  Providencia  llene  sólo  con  sonrisas  todas  las  del  álbum 
de  su  vida. — El  Bien, 

Esta  reina  de  hermosura,  cuyo  imperio  se  acataba  en  Monte- 
video, vestida  de  novia,  con  un  traje  cuya  elegancia  corria  pare- 
jas con  su  riqueza,  pareció  querer  brillar  en  la  noche  de  sus 


486  PARA  ELLA 


bodas  con  esplendor  supremo,  produciendo  un  verdadero   des- 
lumbramiento. 

Al  mirarla,  recordamos  los  versos  de  un  gran  poeta,  de  quien 
otro  dijo  que  la  mejor  estrofa  de  sus  cantos  inmortales  era  Sara. 
Precisamente  del  autor  á  su  bella  hija  cuando  ésta  aun  no  había 
abandonado  sus  adoradas  muñecas. 

El  mas  que  el  p:idre,  artista,  hablaba,  al  decir : 

E¿  brillante  que  espléndido  rutila 
No  es  mas  fúlgido,  no,  que  tu  pupila. 

Misteriosos  ojos  aquellos  que  eran  el  centro,  el  foco  de  la 
atracción  de  todas  las  miradas  cuando  se  realizaba  la  solemne  ce- 
remonia de  enlazar  la  existencia  de  su  dueña  á  la  del  apreciable 
caballero  doctor  Decoud.  —  La  Época. 

EL   SUSPIRO    DEL     BARDO 

También  queremos  estampar  en  nuestras  páginas  las  melancó- 
licas estrofas  epitalámicas  con  que  el  viejo  bardo  canta  á  su  hija 
gentil  en  labora  misteriosa  en  que,  abandonando  el  antiguo  ho- 
gar, surge  mujer  de  entre  los  cendales  de  la  virgen. 

Hemos  leído  con  el  corazón  oprimido  esos  versos,  y  luego  de 
leerlos,  hemos  sentido  la  necesidad  de  visitar  á  nuestras  peque- 
ñuelas  dormidas  infantil  y  candorosamente  en  sus  pequeños  le- 
chos colgados  de  blanco. 

Hay  en  esos  versos  todas  las  ternuras  del  padre  y  todos  los 
entusiasmos  del  artista. 

Habla  de  su  hija  acariciándola,  y  su  palabra  esclava  de  su 
pensamiento  alígero,  rinde  luego  entusiasta  homenaje  á  la  forma 
divina  de  la  bella  criatura,  que  más  parece  formada  de  sus 
versos  que  de  su  sangre. 

Hay  algo  del  énfasis  oriental  entrelazado  á  la  piedad  cristia- 
na en  esas  endechas,  que  se  elevan  al  cielo,  como  en  las  ciu- 
dades andaluzas  se  ven  á  veces  recortarse  en  el  espacio  los  en- 
cajes de  un  antiguo  minarete  morisco,  coronado  por  nuestra 
sacrosanta  cruz. 

Los  versos  de  nuestro  poeta  traducen  en  bellísimos  pensa- 
mientos mucho  de  lo  que  habrán  sentido  otros  padres  en 
idénticos  casos,  y  todo  lo  que  pensamos  los  que  entre  las  incer- 
tidumbres  del  porvenir,  soñamos  muchas  veces   con    ese  cáliz 


APÉNDICE  487 


dorado  que  encierra  la   amargura  de  la   separación  de  cuanto 
mas  queremos  en  la  vida. 

Retornemos  al  poeta  sus  delicados  augurios  sobre  nuestros  hi- 
jos, pidiéndole  que  deshoje  estas  palabras  como  flores,  á  los  pies 
de  su  bella  y  amada  Sarali. —  La  Palabra, 

El  Dr.  D.  A.  Magariños  Cervantes  por  más  que  eleve  su  pensa- 
miento le  acompaña  con  las  alas  siempre  abiertas  de  su  inspira- 
ción y  el  perfume  de  su  noble  sentimiento. 

Ni  solloza,  ni  se  alegra,  coríizon  delicado,  por  la  partida  de  su 
hija;  se  la  entrega  al  esposo  derramando  una  lágrima  sobre  los 
despojos  del  salón,  y  haciendo  votos  porque  los  hijos  sean  va- 
lientes y  las  hijas  hermosas,  y  unas  y  otros  tengan  virtud. 

En  su  voto  se  revela  ciudadano  oriental,  poeta  y  artista,  y  hom- 
bre de  bien,  que  todo  eso  es  el  ilustre  cantor  de  La  Cumbre,  y 
por  ser  todo  eso  es  el  primer  poeta  de  la  República  Oriental. 

Caiga  esta  flor,  abierta  por  la  rmistad,  por  el  respeto  y  por  la 

verdad,  en  las  manos  del  cantor  uruguayo,  y  colóquela  él  entre 

las   que  no  se  marchitan  en  la  vida  del  hombre,  como  emblema 

de  felicidad  p.ra  la  espesa  y  el  esposo,  sin  olvidar  á  la  noble 

compañera  del  poeta  y  del  padre.  —  Eduardo  Flores. 

A  las  líneas  con  que  precedimos  sus  versos,  el  poeta  de  la 
tierra  oriental,  responde  de  este  modo. 

Publicamos  su  respuesta,  porque  ella  retempla  nuestro  cora- 
zón, y  justo  es  que,  mientras  pocos  ó  muchos  se  alimentan  con 
satisfacciones  materiales,  á  nosotros  nos  halague  una  satisfacción 
moral,  sobre  todo  cuando  ella  parte  de  uno  de  los  más  altos  re- 
presentantes del  pensamiento  nacional  y  de  un  ilustre  ciuda- 
dano, á  la  vez  que  de  un  hombre  de  bien. 
Sr.  D.  Eduardo  Flores: 

Gracias,  mi  querido  Eduardo,  porsus  líneas  en  Z(3r  Idea  de  hoy. 

Descartando  algo  de  lo  que  su  cariño  y  espíritu  generoso  le 
inspiran,  colocaré  con  placer  esa  para  mi  flor  inapreciable,  entre 
las  que  no  se  marchitan  en  la  vida  del  hombre. 

La  flor  que  se  abre  al  soplo  de  las  nobles  pasiones  que  ilumi- 
nan su  mente  y  mueven  su  pluma,  es,  como  tuve  ocasión  de  decir 
á  Sarmiento : 


488  PARA   ELLA 


....  Flor  que  no  muere. 
Porque  tiene  en  el  cielo  su  raíz  I 

Comprenden  y  se  asocian  espontáneamente  á  los  santos  afec- 
tos de  la  familia,  á  los  levantados  sentimientos,  al  homenaje  á 
la  belleza,  al  resplandor  de  la  virtud,  al  entusiasmo  por  el  valor 
y  por  todo  lo  que  redunda  en  honra  y  gloria  de  la  Patria,  los  que 
como  un  foco  perenne  de  luz  é  irresistible  imán,  los  llevan  den- 
tro de  su  alma,  máxime  si  ésta,  como  la  de  Vd.,  ha  sido  fundida 
en  la  de  un  héroe. . .  . 

Agradezco  y  retribuyo  cordialmente  sus  votos,  y  los  hago  á 
á  mi  vez  por  Vd.,  y  por  cuantos  seres  le  sean  caros  en  el  mundo. 

Suyo  por  siempre  amigo  affmo.  — A.  M.  C. 

Junio  33  de  1888. 

\  —  RECUERDO,  pág,  339—Sr.  Dr.  D.  Martin  C.  Martinez, 
Presidente  de  la  Comisión  de  la  Prensa, 

Montevideo,  Julio  16  de  1888. 
Señor: 

He  tenido  el  honor  de  recibir  la  nota  en  que  Vd.  me  comunica 
que  la  Comisión  de  la  Prensa,  constituida  para  recibir  á  los  pe- 
riodistas brasileros,  se  ha  servido  nombrarme  por  unamimidad 
su  Presidente  honorario. 

Agradezco  á  los  representantes  de  la  Prensa  de  mi  país  esta 
señalada  muestra  de  benevolencia  hacia  su  viejo  compañero,  y 
aunque  por  causas  agenas  de  mi  voluntad,  que  son  notorias,  no 
me  encuentro  en  estos  momentos  en  las  mejores  condiciones, 
considero  un  deber  y  un  honor  asociarme  á  un  acto  que  entraña 
con  el  homenaje  á  la  prensa  brasilera,  un  voto  de  simpatías  por 
la  grande  y  humanitaria  obra  á  que  ella  tanto  ha  contribuido  en 
la  hermosa  tierra  de  Santa  Cruz,  libre  ya  de  la  negra  mancha  que 
la  afeaba. 

En  el  último  tercio  de  la  vida,  veo  con  íntimo  placer  que  mi 
Patria,  después  de  haber  por  intermedio  de  su  prensa,  unido  su 
voz  al  coro  universal  que  celebra  en  el  mundo  la  redención  de 
los  esclavos  en  el  vastísimo  Imperio,  tiene  un  aplauso  entusiasta 
y  un  abrazo  fraternal  para  los  dignos  emisarios  de  sus  hermanos 
los  periodistas  brasileros,  que  con  el  concurso  de  su  ilustrado  y 
venerable  Emperador,  sus  estadistas,  sus  legisladores,  y  un  pue- 
blo patriota  y  generoso,  han  puesto  al  servicio  de   aquella  gran 


APÉNDICE  489 


conquista,  el  prestigio  y  la  fuerza  incontrastable  de  la  opinión 
pública,  electrizada  y  levantada  por  su  tenaz  y  valiente  propa- 
ganda. 

¡ Ejemplo  admirable  délo  que  pueden  y  alcanzan  la  inteligen- 
cia y  el  patriotismo,  cuando  los  prohombres  de  una  nación  y  sus 
partidos  subordinan  en  un  momento  supremo  hasta  sus  mas 
legítimas  aspiraciones,  para  concentrar  todos  sus  medios  de 
acción  y  su  esfuerzo  mancomunado,  al  triunfo  de  lo  que  responde 
á  la  honra,  á  la  grandeza  y  al  bien  de  la  patria  ! 

Reitera  las  gracias  y  saluda  á  los  miembros  de  la  prensa 
montevideana  por  al  órgano  de  su  distinguido  Presidente  con 
toda  su  consideración  y  aprecio  — A.  M.  C. 

W  — SOBRE  LA  TUMBA  DE  SARMIENTO,  referencia 
de  la  pág,  )6o,  —  Como  un  pequeño  arroyuelo  comparado  con 
el  Océano,  es  el  número  délos  que  en  el  mundo  tienen  ocasión, 
tiempo  ó  afición  bastante  para  leer  todo  lo  bueno  que  suele  es- 
cribirse sobre  los  grandes  hombres  contemporáneos,  especial- 
mente después  de  su   muerte. 

Siempre  hemos  creído  obra  meritoria  contribuiría  la  difusión 
y  popularizar  las  fecundas  lecciones  que  esos  datos  encierran, 
asociándolos  á  la  forma  rítmica,  que  acaso  vibra  por  mas  tiempo 
en  la  memoria  fugitiva  de  las  multitudes. 

Esta  consideración  y  el  plan  que  nos  hemos  trazado,  (véase 
tomo  I,  pág,  2()8J,  nos  inducen  á  ser  pródigos  con  Sarmiento  en 
el  espacio  que  le  concedemos,  y  á  complementar  lo  que  consig- 
namos en  las  extensas  notas  del  texto,  con  algunos  otros  juicios, 
rasgos  y  pensamientos  que,  unidos  á  los  anteriores,  forman  la 
digna  guirnalda  de  una  de  las  primeras  y  legítimas  glorias  de 
América  y  del  mundo.  En  la  imponente  apoteosis  celebrada  re- 
cientemente en  Buenos  Aires  (el  21  de  Septiembre  de  1888), 
el  pueblo  argentino,  de  quien  fué  uno  de  los  grandes  apóstoles, 
redimido  de  la  tiranía,  y  representado  por  todas  las  clases  so- 
ciales, ha  depuesto  esa  guirnalda  sobre  su  tumba,  y  con  el  rocío 
de  sus  lágrimas  se  ha  abierto  ya  en  ella  la  Flor  auE  no  muere, 
ó  como  dice  el  texto,  la  que 

Jamás  su  vida  ni  perfiíme  agota. 
Porque  tiene  en  el  cielo  su  raiz. 

Noviembre  x6.  —  1888. 


490  SOBRE   LA  TUMBA  DE   SARMIENTO 

• 

Entre  todos  los  jucios  que  conocemos  sobre  el  libro  principal 
de  Sarmiento,  ninguno  nos  ha  parecido  mas  acertado  que  el  de 
el  Dr.  Blanco,  publicado  en  los  Anales  del  Ateneo  del  Uruguay 
en  1882.  —  Los  párrafos  que  van  á  leerse  son  el  complemento 
de  las  breves  líneas  anotadas  en  la  pág.  360  cit. 

¿Quién  descifra  la  esfinge  ? 

¿  Cuál  es  la  mano  vigorosa  que  se  apodera  del  modelo  y  pinta 
al  gaucho  y  nos  revela  su  secreto,  su  vida,  su  alma,  en  páginas 
que  guardará  la  historia? 

El  momento  es  solemne.  Más  tarde  será  necesario  recomponer 
la  legendaria  personalidad  con  los  vestigios  que  ha  dejado  en  su 
vertiginosa  carrera,  como  se  recompone  el  ser  extinguido  con  los 
restos  encontrados  en  las  capas  geológicas. 

Pero  el  lema  del  gaucho,  del  caudillo,  ha  sido  como  el  del  an- 
tiguo sajón  :  Nulla  vesiigia  retrorsum,  ¡  Nada  detrás  de  mí ! 

Importa,  pues,  á  la  historia,  á  la  literatura  y  á  la  leyenda  de 
estos  países,  detener  un  instante  esa  creación  fantástica  de  nues- 
tra época  de  hierro,  para  fijar  su  misión  y  su  destino,  su  vida  y 
su  acción  en  nuestro  suelo,  antes  de  que  la  losa  funeraria,  pronta 
á  caer,  la  haya  ocultado  para  siempre. 

Por  fortuna,  la  tarea  ha  sido  ya  realizada. 

Se  ha  descifrado  la  esfinge  y  descubierto  su  secreto  á  las  épo- 
cas venideras. 

Hay  un  libro  que  lo  ha  revelado  en  páginas  inimitables,  donde 
aparece  todo  con  su  asombrosa  originalidad,  teatro  y  actores. 

Es  el  Facundo  de  Sarmiento. 

Escrito  en  1845,  cuando  la  tiranía  de  Rosas  había  completado 
su  obra,  pasando  el  rasero  de  la  sania  federación  por  todas  las 
cabezas  y  abatiendo  las  que  no  se  doblegaban,  refleja  un  cuadro 
histórico  empezado  en  1810,  donde  se  ve,  de  un  lado,  la  tribu 
triunfante  con  el  caudillo  de  ruanos  rojas  en  el  alto  solio,  de 
otro,  los  caciques  inferiores  que  intentan  disputarse  la  herencia 
feudal  del  señor  de  las  ocho  provincias,  caído  en  Barranca-Yaco 
al  golpe  de  la  espada  de  Santos  Pérez,  y  en  el  fondo,  la  extensa 
llanura,  la  dilatada  zona,  que  guarda  en  sus  arenas  y  en  sus  bos- 
ques, con  el  gaucho  7naloy  el  comandante  de  campaña,  el  embrión 
de  donde  salieron  Rosas,  Quiroga  y  Aldao,  á  la  vez  que  por  in- 


APÉNDICE  491 


explicable  contradicción,  personalidades  gloriosas,  cuyos  hechos 
se  agrandarán  á  medida  que  el  tiempo  venga  á  separarnos  mas  de 
la  época  en  que  se  produjeron. 

Todo  en  ese  libro  está  á  la  altura  del  asunto:  pensamiento  y 
forma.  — Juan  Carlos  Blanco. 
1882. 

Fué  en  su  período  de  presidente,  que  el  hilo  eléctrico  puso  en 
contacto  todos  los  pueblos  de  la  república  y  que  los  rieles  de 
los  trenes  empezaron  á  extenderse  para  llegar  á  formar  más  tarde 
la  red  completa  que  ciñe  y  estrecha  el  territorio  de  la  república. 
Fué  él  que  organizó  una  oficina  topográfica,  que  creó  el  censo, 
que  nos  dotó  de  un  observatorio  astronómico,  y  el  que  realizó, 
en  fin,  muchísimas  otras  obras  que  tienen  contacto  directo  con 
los  propósitos  que  persigue  la  asociación  (Sociedad  geográfica  ar- 
gentina) en  cuyo  nombre  hablo. — /.  B.  Astigueta, 
1888. 

El  que  refiriéndose  á  la  oración  de  Avellaneda  sobre  la  tumba 
de  Velez  Sarsfield,  decia:  «la  selva  era  digna  del  cónsul»,  no  ha- 
llará para  su  triunfo  mortuorio,  por  grande  que  sea  la  elocuen- 
cia de  sus  panegiristas,  el  lienzo  que  reproduzca  en  toda  su  fron- 
dosidad el  roble  corpulento,  ni  el  brazo  que  alcance  con  la  corona 
de  laurel  hasta  la  frente  de  la  soberbia  estatua  de  dimensiones 
andinas. — José  M,  Sienra  Carrancla, 

Todo  hombre  de  acción  ó  de  pensamiento  tiene  en  su  vida  un 
discurso  ó  una  palabra  que  reasume  su  vida  y  cuyo  eco  repite  la 
posteridad.  El  discurso  de  Sarmiento,  por  excelencia,  es  el  que 
pronunció  en  la  convención  de  Buenos  Aires  en  1860,  en  medio 
de  opiniones  disidentes  que  olían  á  pólvora,  al  día  siguiente  de 
una  batalla. 

Con  ese  discurso  él  hizo  borrar  de  la  constitución  el  nombre 
de  Confederación  Argentina,  triunfante  por  las  armas,  haciendo 
estampar  en  ella  el  glorioso  nombre  de  «Provincias  Unidas  del 
Río  de  la  Plata»,  juntamente  con  los  históricos  nombres  de  Re- 
pública Argentina  y  Nación  Argentina  de  la  tradición  liberal, 
que  han  prevalecido. 

Hemos  principiado,  dijo  Sarmiento,  este  debate  tan  difícil  en 


492  SOBRE   LA  TUMBA  DE   SARMIENTO 

los  términos  mas  acres  y  con  el  corazón  cargado  de  hiél ;  pero  el 
debate  con  la  razón,  con  la  verdad,  produce  siempre  los  mismos 
resultados  que  ha  producido  aquí.  Todas  las  pasiones  hostiles 
han  desaparecido,  y  hoy  estamos  en  fin  unidos  por  los  mismos 
sentimientos.  Todos  hemos  concluido  por  hacernos  justicia. 

I  Que  se  levanten,  pues  (volviendo  la  vista  hacia  los  bancos 
de  la  oposición  y  poniéndose  involuntariamente  de  pié ),  y  que 
exclamen  con  nosotros:  queremos  unirnos,  q.ueremos  volver  á 
SER  LAS  Provincias  Unidas  del  Río  de  la  Plata. 

(  La  convención  se  pone  de  pié  en  masa;  las  tribunas  de  la  barra  sofocadas 
por  nn  inmenso  concurso,  se  conmueven,  el  presidente  y  secretarios  se  levan- 
tan de  sus  asientos,  y  todos  los  concurrentes  y  los  convencionales  dándose  las 
manos,  prorrumpen  en  gritos  de:  ¡Vivan  las  provincias  Unidas  del  Rio  de  la 
Plata  !  ¡  Viva  la  convención  de  Buenos  Aires!  j  Viva  Sarmiento!  disolviéndose 
la  sala  después  de  declarada  por  aclamación  sancionada  la  reforma  en  medio  de 
la  emoción  del  público.  —  La  prensa  argentina. 

Señores,  la  obra  fecunda  de  Sarmiento  no  ha  concluido  con  su 
vida.  Habíase  esparcido  en  estos  últimos  tiempos  la  creencia 
funesta  deque  la  nación  argentina,  arrastrada  en  la  carrera  de  su 
prosperidad  material,  venia  olvidando  ya  los  altos  y  puros  idea- 
les. Hoy  venimos  á  desmentir  magníficamente  esa  calumnia  y 
demostrar  que  el  materialismo  argentino  puede  ser  una  fiebre  pa- 
sajera y  superficial,  pero  que  no  están  contaminadas  las  fibras  ín- 
timas del  alma  nacional.  La  gran  metrópoli  comercial  no  existe 
hoy  sino  para  la  apoteosis  de  un  apóstol  de  la  idea :  se  agrupa 
toda  entera  al  rededor  del  féretro  de  un  hombre  pobre,  de  un 
maestro  de  escuela,  de  un  escritor!  Pues  bien,  ya  que  habia  de 
llegar  este  momento  inevitable  y  fatal,  ya  que  Sarmiento  habia 
tocado  al  término  de  su  prolongada  y  gloriosa  existencia,  bendita 
sea  su  primera  hora  de  inmortalidad,  puesto  que  rasga  el  velo  de 
nuestros  sofismas  y  muestra  al  sol  de  la  verdad  el  alma  desnuda 
de  un  gran  pueblo.  La  apoteosis  de  Sarmiento  nos  ha  devuelto 
nuestra  verdadera  actitud,  es  la  vindicación  de  nuestro  buen 
nombre ;  y  así  puede  decirse  que  después  de  muerto  ha  ganado 
su  mas  bella  victoria  este  nuevo  Campeador.  Sarmiento  vivo  era 
grande,  pero  su  mármol  estatuario  se  levantará  mucho  mas  arriba 
délo  que  alcanzara  en  sus  años  de  lucha  y  triunfo,  porque  cada 
habitante  de  la  república  entera  ha  traído  una  piedra  para  su  glo- 
rioso pedestal ! — Pablo  Groussac, 


APÉNDICE  493 


X— GREGORIO  S.  ORTIZ.-^  Referencia  de  la  pág.  ^76,  — 
Nuestra  opinión  sobre  el  tiranicidio  está  consignada  en  términos 
inequívocos,  en  el  juicio  crítico  que  hicimos  del  libro  del  Dr. 
Ordoñana:  Interesantes  correspondencias  á  la  Asociación  Rural 
del  Uruguay  y  publicado  en  1887. 

«Excusamos  advertir, dijimos  entonces,  que  en  tesis  general,  la 
doctrina  del  tiranicidio  está  condenada  por  la  razón  y  la  expe- 
riencia, y  que  sólo  se  acepta  como  hecho  y  recurso  desesperado 
de  los  pueblos,  cuando  mandatarios  infieles  han  colmado  con 
sus  desmanes  la  medida  del  sufrimiento,  y  no  hay  otro  medio 
para  libertarse  de  ellos  y  del  cúmulo  de  males  que  ocasionan. 

Entenderlo  de  otro  modo,  es  peligroso,  de  resultados  funestos 
y  contraproducentes,  como  hemos  visto  en  San  Juan  y  en  otras 
provincias  argentinas.» 
1887. 

Sobre  la  tumba  de  Gregorio  S.  Ortiz  no  debiera  inscribirse 
sino  este  epitafio  /wir/íV/ porque  su  muerte  simboliza  un  he- 
cho que  será  inmortal  en  los  anales  déla  historia. 

Cuando  la  patria  gemía,  el  dio  el  alto  ejemplo  de  sacrificar 
por  ella  su  existencia. 

¿Fué  un  iluso?  ¿fué  un  poseído? 

Tuvo  la  pasión  del  amor  á  los  principios  llevada  hasta  el  mar- 
tirio. 

Pasará  el  tiempo,  y  su  figura  se  agigantará  revelando  al  mundo 
que  en  esta  tierra  la  virtud  cívica  no  ha  sido  una  palabra  vana. 

No  muere  en  la  conciencia  popular  el  nombre  ni  el  recuerdo 
del  que  nos  trazó  con  su  sangre  la  senda  del  deber,  en  época  en 
que  todo  pareciera  sumido  en  el  lodo  y  la  vergüenza. 

Por  eso  se  recuerda  su  noble  acción  y  su  apellido,  ya  inmorta- 
lizado en  la  jornada  de  los  Treinta  y  Tres  fundadores  de  nuestra 
nacionalidad. — La  Época. 
1888. 

Solicitado  el  doctor  don  Juan  Carlos  Blanco,  para  que  tomara 
la  palabra,  en  el  banquete  dado  el  23  de  Octubre  á  los  Dres. 
Martinez  y  Acevedo,  —  levantó  la  voz  para  historiar  la  vida  de 
La  Razón,  desde  su  nacimiento  hasta  la  época  actual,  en  frases 
elocuentísimas  que  arrancaron  nutridos  aplausos  al  auditorio.  Re- 
cordó las  épocas  calamitosas  en  que  los  redactores  de  este  diario 


494  GREGORIO   S.    ORTIZ 


mantenian  en  la  prensa  el  baluarte  último  contra  el  despotismo 
triunfante,  y  dijo  que  así  como  del  polvo  del  último  de  los  Gra- 
cos  nació  Mario  para  vengar  á  las  libertades  públicas  ultrajadas, 
habia  surgido  la  personalidad  de  Ortiz  del  polvo  de  Teófilo  Gil, 
caído  gloriosamente  en  el  Quebracho.  El  discurso  del  doctor  Juan 
Carlos  Blanco  concluyó  entre  grandes  manifestaciones  de  aplau- 
sos. —  La  Ra^ón. 
1888. 
Plácenos  entresacar  de  los  discursos  leídos  en  la  fiesta  cele- 
brada en  Buenos  Aires  los  párrafos  siguientes. 

Hechos  y  hombres  extraordinarios  los  de  aquella  época,  (1825) 
se  presentan  ante  la  imaginación  de  los  contemporáneos  con  el 
prestigio  de  sus  prolongados  sacrificios  y  sus  gigantescas  haza- 
ñas. Diríase  y  con  razón,  que  el  temple  de  sus  almas  se  habia 
modelado  á  semejanza  del  de  los  hijos  de  la  antigua  Esparta, 
teniendo  por  norte  y  por  objetivo  de  su  existencia,  el  culto 
sagrado  de  las  pasiones  heroicas,  que  colocaban  el  amor  d  ¡a 
patria,  como  la  primera  y  la  mas  poderosa  de  las  afecciones 
morales.  — Juan  A,  Golfarini. 
1888. 

Este  recuerdo  de  la  niñez,  (las  primeras  luchas  en  la  prensa, 
defendiendo  las  tradiciones  nacionales)  que  se  refiere  á  veinti- 
cinco años  de  distancia,  que  evoca  un  debate  menos  solemne 
que  característico  de  su  tiempo,  y  que  por  el  prestigio  intelec- 
tual del  adversario  mostraría  que  en  todas  las  épocas  puede  la 
exaltación  de  la  pasión  legítima  poner  la  honda  de  David  en  la 
mano  de  la  mas  tierna  criatura,  —  sirve  para  sugerir  también  el 
ejemplo  de  como  la  reñexion  y  la  experiencia,  y  los  nuevos 
datos  alumbrados  día  á  día  por  la  antorcha  de  la  historia,  coope- 
ran ala  justificación  délas  causas  nobles,  imponiéndola  admi- 
ración de  los  gloriosos  sacrificios  y  la  vindicación  de  los  grandes 
movimientos  populares. 

•  ••••••••••••••••••• 

Entre  tanto,  no  somos  míseros  juguetes  de  ilusiones  de  la  va- 
nidad cuando,  cada  año,  próspera  ó  adversa  la  fortuna,  en  el 
seno  de  la  patria,  bajo  el  cielo  hospitalario  de  la  patria  hermana, 
ó  por  lejana  que  sea  la  distancia,   donde  quiera   que   existen 


APÉNDICE  495 


orientales  palpitan  los  corazones  al  unisón,  y  se  escapa  desde 
el  fondo  de  las  almas  el  grito  del  entusiasmo,  bendiciendo  en 
este  día  el  acta  redentora  que  proclamó,  con  nuestra  emancipa- 
ción de  todo  poder  extranjero,  el  hecho  de  la  absoluta  indepen- 
dencia, afirmada  por  la  voluntad  soberana  y  sustentada  por  el 
brazo  armado  del  pueblo  que  recobraba  sus  derechos. 

Tal  es  el   suceso  histórico  que  justifica  nuestra   arrogancia, 
basándose  en  la  mas  alta  fórmula  de  la  existencia  de  una  nación 
independiente:  por   la   ra\on   ó  la  fuer:{al — José  M.  Sienra 
/Oarrania. 
1888. 

Y— ERNESTO  VILLAR.  —  Véase  pág,  ^77, 
^Primero  mi  verdugo  sea  mi  mano 
Que  recibir  de  un  déspota  insolente 
El  perdón  de  ser  libre  y  ser  Cubano. :h 

Los  juveniles  labios  de  este  niño  heroico  Ernesto  Villar,  re- 
petían frecuentemente  la  inspirada  estrofa  del  intransigente 
poeta  desterrado.  Su  inteligencia  clara  y  vigorosa  unida  á  un 
temperamento  entusiasta  y  apasionado,  sabía  comprender  toda 
la  energía  y  patriotismo  que  encerraba  ese  grito  de  indignación, 
que  se  complacía  en  recordar  cuando  se  trataba  el  tema  poético 
en  las  conversaciones  amistosas.  Sus  amigos  conservan  el  re- 
cuerdo de  esa  cita,  como  también  la  evocación  constante  que 
Villar  hacía  del  sacrificio  de  Catón  de  Utica. 

De  esa  manera  explican  su  muerte  por  no  rendirse  á  las  fuerzas 
triunfantes  en  el  Quebracho;  la  explican  en  esa  tendencia  al  culto 
de  los  grandes  rasgos  de  patriotismo  y  de  valor  consignados  en 
las  historias  de  Grecia  y  Roma,  á  cuya  lectura  se  dedicaba  afa- 
nosamente el  malogrado  niño.  Esa  tendencia  al  culto  del  herois- 
moy  el  arrojo  y  precipitación  de  sus  resoluciones,  continuamente 
extremas,  nos  dan  la  clave  de  su  muerte. 

En  futuros  libros  de  lectura  escolar,  esperamos  ver  consigna- 
do ese  rasgo  espléndido  de  patriotismo,  desgraciadamente  estéril, 
realizado  por  Villar. 

Será  un  admirable  ejemplo,  por  extraviado  que  se  le  considere. 
Mas  admirable  aun  si  se  piensa  que  lo  realizaba  un  niño,  que 
recien  acababa  de  cumplir  los  18  años. 

I  Un  niño  de  18  años! ¡Cuan  inmensa  y  profunda  fé  debía 


496  ERNESTO  VILLAR 


albergar  su  alma  en  la  justicia  de  la  causa  que  defendía:  llegó  á 
creer  una  vergüenza  sobrevivir  á  la  derrota! 

No  cabía  en  su  mente  la  idea  de  una  rendición.  Al  serle  inti- 
mada contestó  con  altivez:  /  Yo  no  me  rindo! — y  encarándose 
con  sus  compañeros  les  apostrofó  con  estas  palabras:  ¡Es  una 
vergüenza  que  siendo  orientales  nos  rindamos  de  esta  manera. 
Yo  no  me  rindo.  Antes  me  mato! 

Y  descalzándose  un  pié,  lo  apoyó  en  el  gatillo  del  fusil  apli- 
cado b^jo  la  barba,  y  se  destrozó  el  cráneo. . . 

Villar  era  oriental.  Nació  en  Montevideo.  Poco  tiempo  hacia 
que  habia  desempeñado  un  empleo  en  la  casa  de  GalliyC* 

Allí  hemos  recogido  estos  datos  y  otros  que   publicaremos  con 
mas  tiempo  y  espacio  para  enaltecer  cual  se  merece  la  memoria 
resplandeciente   del   niño  heroico. — Alberto  Palomeque, 
1886. 

Z— SOLIS  Y  COMPAÑEROS.—  V,  pág.  ^75. —  Por  los  in- 
teresantes datos  que  contienen,  además  de  su  mérito  histórico  y 
literario,  honramos  estas  páginas  con  algunos  párrafos  del  bello 
discurso  pronunciado  por  el  Presidente  de  la  Comisión  inicia- 
dora, en  la  inauguración  del  monumento  de  la  referencia. 

«  Hacemos  memoria  de  los  marinos  que  bulliciosamente  se 
desprendían  de  las  playas  españolas  en  el  primer  tercio  del  siglo 
XVI,  en  busca  de  nuevos  mundos  que  descubrir  y  de  nuevas 
tierras  que  explorar,  fiando  sus  vidas  y  movimientos  á  naves  de 
escaso  tonelaje,  confiados  á  rústicos  astrolabios  que  habían  de 
indicar  en  las  inciertas  navegaciones,  los  rumbos  que  se  reco- 
rrían y  las  latitudes  que  se  cortaban. 

Rememoramos,  pues,  á  los  que  así  cruzando  los  mas  procelo- 
sos mares,  abordando  encrespados  golfos  y  surcando  ensenadas 
y  ríos  velados  por  desconocidas  gentes,  habían  de  llegar  y  lle- 
gaban á  estas  alturas,  los  unos  para  morir  con  el  infortunado 
Solis  en  aquellas  dunas  que  se  divisan  en  el  horizonte,  los  otros 
con  Gaboto  para  penetrar  con  varonil  ardimiento  en  ese  mar 
interior  que  se  desplega  á  nuestra  derecha,  denominado  Paraná" 
Gua^úy  los  otros  para  remontar  este  nuestro  espléndido  Uru- 
guay, y  perecer  con  Alvarez  Ramón  á  manos  de  los  aborígenes, 
en  el  dédalo  de  Tarantanas. 

Se  observa  también,  desde  esta  cúspide  de  Punta  Gorda,  los 


APÉNDICE  497 


paralelos  hasta  los  cuales  llegó  el  denonado  Magallanes,  los  re- 
conocimientos que  ejecutó  el  piloto  Serrano  con  la  carabela 
SantiagOy  las  desconocidas  corrientes  que  surcó  el  alentado  Die- 
go Garcia,  el  emplazamiento  que  sucesivamente  ocuparon  Anto- 
nio Grajeda  y  Juan  Romero  en  la  embocadura  de  San  Juan  de 
Aguiñandi,  los  canales  por  los  cuales  discurrieron  los  perpetua- 
mente mentados  Oyólas,  Irala,  Garay,  Arias  de  Saavedra,  el  Pa- 
dre Guzman,  Zabala,  todos  para  las  respectivas  conquistas  é  ins- 
talaciones sociales  de  la  Asunción,  Buenos  Aires,  Soriano  y 
Montevideo,  y  algunos  para  morir  á  manos  de  los  indígenas  des- 
pués de  escalar  los  Andes  y  cruzar  los  más  enmarañados  bos- 
ques. 

Se  divisa,  además,  desde  esta  cresta,  la  estela  que  debieron 
descubrir  las  almadías  de  Salinas,  penosamente  cruzando  de  Za- 
rate á  la  boca  del  arroyo  que  se  denominó  de  las  Vacas,  para 
constituir  la  riquísima  colonización  pecuaria  del  Oriente  del 
bajo  Uruguay,  y  se  descubren,  en  fin,  los  caminos  fluviales  que 
en  nuestro  siglo  recorrieron  los  voluntarios  de  Liniers  para  la 
reconquista  de  Buenos  Aires  ;  las  silenciosas  flotaciones  que  en 
el  delta  hicieron  las  chalanas  de  los  inmortales  Treinta  y  Tres, 
para  producir  la  libertad  y  la  independencia  oriental,  jurada  por 
el  egregio  libertador  Lavalleja  en  las  umbrías  riberas  de  la  Agra- 
ciada, y  la  batalla  librada  por  el  almirante  Brown  en  esa  espaciosa 
cancha  del  Juncal,  que  totalmente  dominamos,  en  victoriosa 
pelea.  —  Domingo  Ordoñana, 
1888. 

AB — LA  caída  del  laja,  referencia  delapág.  414, — 
Romances  históricos  y  descriptivos. — La  poesía  americana 
SEGÚN  LOS  poetas  Soffia  Y  CoRONADO. — Tienen  por  objeto  las 
notas,  entre  otros,  acumular  datos  y  temas  dignos  de  ejercitar  el 
ingenio  y  el  estudio  de  nuestros  jóvenes  poetas  y  escritores,  pág. 
298,  tomo  L  Por  eso  transcribimos  la  siguiente  descripción,  to- 
mada de  un  periódico  chileno.  El  Mercurio  de  Valparaiso,  sino 
nos  es  infiel  la  memoria. 

La  mayor  cascada  del  mundo, — Generalmente  se  cree  que  este 
puesto  corresponde  á  la  del  Niágara,  porque  es  la  mas  visitada  y 
descrita  por  los  viajeros,  pero  aun  hay  otra  mucho  mayor  y  mas 


498  LA   caída  del   laja 


imponente  en  Chile,  la  caída  del  Laja,  sólo  que  la  falta  de  cami- 
nos impide  visitarla. 

Véase  cómo  la  describe  un  viajero  en  la  Gaceta  geográfica, 
«  ¿Cómo  pintar  semejante  cuadro?  Un  río,  un  río  poderosísimo 
que  se  lanza  entero  en  un  abismo  de  sesenta  y  seis  metros  de 
profundidad,  justamente  la  altura  de  las  torres  de  Nuestra  Se- 
ñora de  Paris,  y  veinte  metros  mas  que  el  Niágara  (45  metros 
75)  con  el  estrépito  mas  espantoso  que  he  oído  en  mi  vida. 

La  catarata,  dividida  en  dos  partes  como  la  del  Niágara,  por 
una  isla  parecida  al  Goat  Islán ,  se  despliega  en  dos  inmensas  te- 
las que  caen  sin  interrupción  y  sin  descanso,  sin  que  nada  pueda 
detenerlas  en  su  carrera.  Los  oídos  quedan  sordos  y  los  ojos  casi 
ciegos,  y  sin  embargo,  no  trata  uno  de  arrancarse  á  la  contem- 
plación de  aquellas  magnificencias. 

Estaba  mojado,  empapado  por  la  atmósfera  húmeda  que  reina 
al  rededor  de  la  catarata^  y  con  los  ojos  desmesuradamente  abier- 
tos contemplaba  la  espantosa  trayectoria  de  las  dos  caídas  que 
debieran  lógicamente  llamarse  «el  salto  chileno»  y  «el  salto 
araucano».  Pero  esto  no  es  todo.  El  marco  corresponde  al  cua- 
dro. ¡Qué  fisonomía  tan  austera  y  salvaje  presenta  el  país  que 
contiene  las  cascadas! 

En  el  fondo,  la  cadena  de  las  cordilleras  escalonadas  hasta  per- 
derse de  vista  y  cubiertas  de  su  blanca  sábana;  en  medio  de  ellas, 
el  volcan  eternamente  activo,  y  por  todos  lados  la  voz  terrible 
de  la  cascada,  cuyos  cristales  se  descomponen,  al  caer,  en  los 
colores  del  arco  iris.  » 

Romances  históricos  y  descriptivos  —  Abrimos  hoy  una  nueva 
sección  para  transcribir,  ya  extractos,  ya  composiciones  íntegras 
de  un  género  de  literatura  especial,  no  por  la  forma,  sino  por  la 
originalidad  de  su  objeto,  importante  bajo  muchos  aspectos  y 
que  poco  se  ha  cultivado  entre  nosotros. 

Nos  proponemos  al  hacerlo,  despertar  el  gusto  si  es  posible, 
por  esta  clase  de  composiciones  literarias,  referentes  á  lejanas 
épocas  de  nuestra  historia, y  cuyo  fin  primordial  es  dará  conocer 
bajo  la  forma  poética,  el  carácter,  las  costumbres,  los  hábitos  de 
las  razas  primitivas  que  habitaban  estas  regiones  antes  de  la 
conquista. 

Hay  aquí  un  campo  vastísimo  donde  puede  ejercitarse  la  ima- 


APÉNDICE  499 


ginacion  del  poeta  ó  del  novelista  con  fines  útiles  y  elevados. 
Los  anales  de  aquellos  tiempos  son  oscuros  y  confusos,  y  la  crítica 
histórica  hasta  ahora  poco  se  ha  preocupado  de  aclararlos.  Los 
autores  españoles,  únicas  fuentes  á  que  se  puede  recurrir  en 
estas  materias,  se  ocupaban  mas  en  exagerar  sus  proezas,  que  en 
estudiar  á  los  pueblos  que  sus  compatriotas  conquistaban. 

La  novela  histórica,  el  drama,  el  poema,  pueden  contribuir, 
ciñéndose  en  cuanto  sea  posible  á  la  verdad  y  á  la  verosimilitud,  á 
despejar  las  sombras  de  aquellas  edades  primitivas,  reproducien- 
do en  cuanto  lo  permitan  los  conocimientos,  las  escenas  de  la 
vida  salvaje,  el  carácter  de  las  razas  aborígenes,  sus  costumbres 
domésticas,  sus  reuniones  públicas,  sus  ideas,  su  religión,  su 
manera  de  expresarse  y  sus  guerras,  tanto  civiles  como  contra  el 
dominio  extranjero. 

Asilo  han  comprendido  algunos  de  los  literatos   mas  notables 
del  Plata,  como  A.  Magariños  Cervantes,  Adolfo  Berro,  Juan  M. 
Gutiérrez,  Vicente  F.  López  y  otros,  que  han  ensayado  este  gé- 
nero de  composiciones  —  El  Espíritu  Nuevo. 
1879. 

Justo  nos  parece  incluir  en  este  número  al  distinguido  poeta 
chileno  D.  José  A.  Soffia,  fallecido  hace  pocos  años  en  Colom- 
bia, donde  era  ministro  residente  de  su  patria,  el  que  en  las  po- 
cas composiciones  que  nos  dejó,  supo  demostrar  que  compren- 
día, sentía  y  sabía  realzar  las  maravillas  de  nuestro  continente, 
con  rasgos  tan  bellos  como  éste,  en  su  soneto  Á  los  Andes,  anti- 
cipándose al  día  en  que  los  cruzara  el  ferro-carril : 

¡  Deja  que  trepe  tu  eminente  cima, 
Y  vuele  audaz  hasta  la  opuesta  zona 
El  gran  motor  que  todo  lo  reanima  ! 

¡  Al  par  de  tu  grandeza  al  mundo  asombre 

La  fuerza  humana,  y  sirva  de  corona 

Al  portento  de  Dios  la  obra  del  hombre!. . . 
1874. 

Dirigiéndose  á  su  compatriota  el  joven  poeta  D.  Ambrosio 
Montt,  con  motivo  de  su  libro  :  Veladas  líricas,  le  dice  : 

«La  descripción  exacta  y  la  pintura  natural  del  Cosmos,  que 
confunde  y  enlaza  lo  inanimado  con  lo  racional,  son  temas  ina- 


500  LA  caída  del  laja 


gotables  y  modelos  preciosos  que  espíritus  observadores  y  vivos 
como  el  suyo,  deben  explotar  con  originalidad  y  constancia.  El 
desengaño  para  los  escépticos,  las  lágrimas  para  los  cobardes! 
Le  pido,  pues,  una  descripción  de  la  naturaleza  espléndida  que 
lo  rodea,  con  sus  peculiaridades  y  atributos,  seguro  de  que  su 
desempeño  corresponderá  al  asunto  y  al  genio  del  poeta  ! 

«  En  América  necesitamos  poesía  americana.  Nada  he  leído 
que  haya  dejado  mas  honda  huella  en  mi  espíritu  que  el  Celiar 
del  señor  Magariños  Cervantes,  por  el  sabor  local  que  su  leyenda 
encierra.  La  pintura  de  las  faenas  campestres,  del  payador,  de 
las  reuniones  de  familia,  déla  locuaz  guitarra  y  del  maie  servido 
bajo  la  sombra  del  ombú,  son  todavía  solaz  de  mi  memoria;  y 
hace  veinte  años  largos  que  no  he  vuelto  á  divisar  en  parte  al- 
guna aquel  libro  con  olor  á  tomillo. »  — José  A.  Soffia. 
1885. 

No  es  menos  explícito  el  joven  bardo  argentino,  uno  de  los  de 
su  generación  que  vuelan  mas  alto;  poeta  de  ley,  inspirado  en  las 
nativas  fuentes,  y  autor,  entre  otros,  del  Canto  de  guerra  de  los 
Querandies,  En  las  islas  del  Paraná,  A  mi  patria^  y  La  cautiva, 

1  Cómo  en  esta  última,  personificación  de  las  Malvinas,  truena 
y  estalla  en  patrióticas  y  viriles  estrofas  contra  el  inglés  usurpa- 
dor, vencido  y  obligado  en  la  reconquista  de  Buenos  Aires,  á 
entregarse  á  discreción  en  sus  calles;  y  como  indignadas  hacen 
oir  las  olas  del  platino  río 

<c     .     .     .     .     á  San  Martin  su  arrullo, 

Y  al  ronco  mar  los  gritos  del  Pampero  ! 

«  Allá,  tras  la  neblina 
En  que  parece  que  á  tocar  sus  brumas 
El  cielo  al  mar  se  inclina. 
Hay  una  tierra  que  nació  argentina 

Y  en  la  borrasca  se  ciñó  de  espumas. 

«  A  aquella  tierra  un  día 
El  sol  de  Mayo  la  besó  en  la  frente, 

Y  hoy  llora  todavía 

Perdida  y  sola  en  la  extensión  vacía 
Con  el  recuerdo  de  su  amor  ausente. 


APÉNDICE  501 


«  Cual  víctima  expiatoria 
A  su  cadena  la  amarró  el  pirata 
De  aventurera  historia, 
Para  olvidar  la  tempestad  de  gloria 
Que  á  sus  milanos  arrojó  en  el  Plata  !  » 


1879. 


Buenos  Aires,  Setiembre  8  de  i88jí. 
Distinguido  señor: 

Mi  amigo  el  poeta  Obligado  acaba  de  entregarme  el  ejemplar 
de  su  hermoso  libro  «Palmas  y  Ombúes»  que  Vd.  ha  tenido  la 
amabilidad  de  enviarme,  y  que  ha  llegado  á  mis  manos  con  algún 
retraso  por  haber  estado  yo  ausente  de  esta  ciudad  hasta  ahora. 

Sintiendo  por  Vd.  una  profunda  simpatía  desde  muchos  años 
atrás,  quizá  esté  de  mas  decirle  con  cuanto  gusto  é  interés  he  leí- 
do su  último  libro.  Él  viene  á  la  vez  á  proporcionarme  el  placer 
de  dirigirme  á  Vd.,  expresándole  el  cariñoso  respeto  que  siem- 
pre me  ha  inspirado  su  personalidad  literaria. 

Es  Vd.  para  mí,  en  efecto,  uno  de  los  mas  valientes  é  infatiga- 
bles luchadores  de  las  letras  americanas  ;  y  comparte,  con  D.  Juan 
Maria  Gutiérrez,  el  inolvidable  maestro,  la  gloria  de  haber  con- 
tribuido con  una  vida  de  labor  y  propaganda  continuas,  á  enca- 
minar la  literatura  en  el  Plata  por  la  senda  luminosa  que  le  trazó 
Echeverría,  f  V,  Pág.  ^96.) 

Partidario  decidido  de  esta  escuela,  (si  así  puede  llamarse  á 
tan  natural  y  lógica  tendencia  del  espíritu)  que  hace  de  la  patria 
el  principal,  ya  que  no  el  único  centro,  en  torno  del  cual  puedan 
girar  todos  los  vuelos  de  la  inspiración,  Vd.  y  don  Juan  M.  Gu- 
tiérrez, verdaderos  patriarcas  de  la  lucha  por  el